Flor Artificial
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Por
Kuraudea
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Capítulo IX
Depuración de lo añejo.
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«En cualquier momento que comience, es el momento correcto. Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.»
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—Díganos, ¿Cuál fue su mayor inspiración, Ingeniero?—preguntó una periodista de espectáculos quien sostenía una grabadora de mano con micrófono.
La cámara y los flashazos capturaban la escena, justo en el momento cuando al Huracán Rojo le fue entregado el reconocimiento de la noche. Y todo, debido a su trabajo como jefe en obra del famoso hotel turco RIU. (Ubicado en las afueras del la Capital del Este).
—¿Mi mayor inspiración?—reafirmó la pregunta el Ex Coronel.
—Así es, Ingeniero.
—Es sencillo. Todo impulso emocional—suspiró fuerte y continuó—Se lo debo a ella.—señaló a la mujer de cabello negros, quien lucía radiante a sus 33 años de edad.
—¿Su esposa, cierto?
—Así es: Mi flor.
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Inevitablemente su voz fue un hervor en su pecho. Quemaba y ardía de manera explosiva; faltaba el aire. Pues justo en ese momento se vio perforada por el reclamo de lo añejo; respiró una sustancia tóxica que le contaminó y no oxígeno. Era un veneno mortal, muy conocido para muchos. Aquel que sentencia por años, por siglos. Latente siempre en las entrañas como si se tratara de una fiebre. El amigo agrio del Pasado siempre presente, haciendo acto de presencia cuando menos se le necesitaba. El protagonista de muchas recaídas, el encargado de hundir a sus víctimas en el hoyo más profundo, aunque éstos dieran «patadas de ahogado» en resistencia.
Esa noche sin esperarselo, sin sospecharlo siquiera; brotó lo añejo con sabor a Champagne. Festejó con confetis de cristal de la copa que se había hecho añicos contra el suelo. A la herida del pasado le importó muy poco que la estuviese pasando de maravilla y que sus orbes azabaches besaran a los azules con la mayor devoción.
Quién lo diría.
Estaba a sus espaldas.
Después de dos años sin verse, su oído reaccionó a su acento de forma natural.
¿Y cómo no hacerlo?
Casi una década juntos. Claro, con sus malditos altibajos y desilusiones dolorosas. Todas éstas representadas en carne viva por cada lagrimas que derramó por él; quedó en total sequía. Sin alma, con la convicción arrastrándose en pasos oxidados, pesados. La depresión formó parte de la faz de su rostro por buen tiempo y ni el mejor maquillaje lo hacia disimular.
Pero pese a eso siguió viviendo.
O quizás en mejores términos vivió a medias.
Pues cuestiones tan absurdas como el buscar el porqué de la problemática principal; abrumaban su mente noche y día. Todas las interrogantes eran como una ola de mar: grande y espumosa. Así como la misma efervescencia que mostraba la copa de Champagne en sus manos.
La cúpula de cristal estaba a sus espaldas. Y la voz del pasado le llamaba en susurros.
—Mai...
El vestido rojo escarlata se salpicó de la sustancia embriagante al igual que sus zapatillas.
El ruido de la copa captó la atención de algunos de los presentes. Entre ellos, el Presidente Brief que mientras hacía trato con industrias Hiroshi, volteó de reojo. Pues ciertamente algo había llamado su atención.
El resto de las personas pensaron que solo se trataba de un simple accidente.
De esos que suelen pasarle a cualquiera.
Pero no.
La verdad se retomaba a algo más serio que una simple copa de Champagne en el piso.
—¿Cómo estás?—preguntó el hombre de cabellos rojos. El que una vez fue su amor de antaño.—Me da gusto verte.
»Silver...—susurraron sus labios carmesí.
Era obvio que de su boca no saldría ni un «Hola» o un «¿Cómo estás?» sino se fue directo a una postura poco amigable. A la defensiva preguntó:
—¿Qué haces aquí?—continuaba dándole la espalda.
—Yo...solo quería saludarte.—contestó el hombre.
—¡No debes!—exclamó al fruncir sus cejas—Tú no debes de acercarte a mi. Nunca.
—No te lo tomes así, Mai—esbozó el rojo con cierta molestia al agitar su cabeza—Es que no es posible que sigas molesta conmigo. Ya pasaron más de daños años y...
—¿Y...?—le interrumpió la mujer—Como si eso fuera lo que importara.—brotó una lágrima en su mejilla por la rabia—¡Se ve que no comprendes nada!. Sin importar cuánto tiempo pase, la herida que provocaste siempre existirá—se miraba agitada—Es mejor que te retires.
Y sí. Definitivamente era lo mejor.
Suficiente era la vergüenza que estaba pasando, pues había personas en el evento que los conocieron a ambos como la pareja «sólida» que eran. Ahora seguramente él venía acompañado de su compañera actual. Aquella persona que interfirió en su matrimonio, en su vida. Y claro, si es que seguía con ella.
Sin importar la situación era mejor estar en sus últimos roles.
El rojo sin careta.
Y Mai de esposa a dejada.
Paradojas de la vida que siempre se encargarán de colocarnos en situaciones difíciles. Dolorosos retos que hay que superar. Y sin importar seguir avanzado.
Las desilusiones duelen.
—Por favor, vete—dijo nuevamente la de vestido rojo.
—No.
Mai volteó.
Él no había cambiado del todo. Alto, fornido, de traje negro. Con la mirada fruncida y sus orbes marrones. El huracán de sus caballos rojos siempre rebelde. Su semblante más cansado, pues estaba cerca de sus 45 años.
—¡¿Por qué no?!—le echó en cara.
—Yo...
—Creo que no hay más que decir.—agitó la cabeza con ligereza y se dio la media vuelta.
—¡E-Espera! Mai!—le detuvo—Aunque suene absurdo y no lo creas ...aún...aún siento algo por ti.
Eso fue la gota que derramó el vaso.
—Hay que hablar, por favor—suplicó el hombre.
—Tu...Tu estás loco, Silver ...—esbozó la mujer ofendida.
—Sin tan solo me escucharas un momento. Estoy seguro que me comprenderías.
Mai comenzó a dar sus primeros pasos rumbo a dirección de la recepción. Caminaba desorbitada, con los pensamientos nulos. Pues lágrimas de coraje hacían camino en la blancura de sus mejillas. Y éstas barrían el color de su rubor.
Parecía un chiste de mal humor. «Yo aún te amo» Entonces, ¿Por qué la engañó?
—Patrañas...—susurró la mujer molesta.
El Coronel no obstante la seguía. Estaba encaprichado con el afán de hablar. Pues vio la oportunidad perfecta de darle solución al problema de lo añejo.
—Espera por favor, Mai.
Siempre habrá personas que exigirán ciertos derechos sobre otra.
Aunque unos exigen demasiado tarde.
Por celos.
Por Caprichos.
Por soberbia.
Nunca se sabe realmente cuál es el motivo que los impulsa. Pero lo hacen.
Como si «ÉL» solamente tuviese el privilegio de pasarla bien y equivocarse cuantas veces fuera necesario. Y así, disponer de la flor a su antojo y merced para enfrascarla en sus manos a la hora que quisiera.
El egoísmo del ser humano es tan grande que, siempre existirán individuos molestos al apreciar la felicidad de los otros.
Por más mínima.
—¿Estás saliendo con ese sujeto?—preguntó el hombre.
Ella no contestó, le ignoró.
Pues lo más triste era que la poca alegría que le había regalado el joven empresario. El rojo con su aparición triunfal se encargó de arrebatársela.
Otra vez la encerró dentro de la cúpula del pasado.
La desilusión.
El porqué.
La tristeza.
Los sentimientos encontrados de recordar TODO lo sucedido causó un brote.
Buscaba desaparecer.
Que la tierra le tragara.
El llanto la consumió. Lágrimas poco notorias salieron de sus orbes negros. Brillantes, frágiles como los propios cristales. Valiente alzó lo largo de su vestido y sin importar lo alto de sus tacones caminó a paso apresurado.
Ante todo la dignidad.
—Mai, por favor. ¡Detente!.
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Los zafiros no pudieron ignorar la escena. Pues en definitiva algo pintaba muy mal.
—Señor Hiroshi— Trunks le dio una tarjeta de presentación al empresario—Contácteme por favor, mi secretaria nos agendará una cita. Ahora tengo...tengo que salir. Discúlpeme.
—Sí, de acuerdo. Pero, ¿Todo bien, Brief?
El joven asintió.
—Todo bien...
A paso veloz siguió la ruta marcada por el hombre rojo. El joven con prisa esquivaba a las personas que sin querer se interponían en su camino.
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Comenzó la persecución.
En fila recta las tres personas se perseguían. El huracán rojo tras la flor y el azul tras el rojo.
Sus pasos eran fuertes, firmes, como si estuviesen caminando sobre las teclas de un piano en sus notas más graves; se aumentaba el estrés.
La Flor Artificial pasó de largo la recepción. Estaba abrumada. Su faz era el de un fantasma que ignoraba todo entorno que le rodeaba. Empujó entre llanto la puerta de cristal que la conducía a las pronunciadas escaleras de la entrada. Y salió.
Olvidándose de su saco, del frío, y sin tener rumbo fijo a donde ir; continuó bajando las escaleras a paso firme. El frío la consumía. Y por propia lógica una tos yacía de sus labios debido al clima. Pues no hacía tanto que se había recuperado de la bronquitis que había padecido. Definitivamente el salir así fue una gran imprudencia de su parte.
Pero lo único que tenía en mente era escapar del depredador del pasado. Sin importar nada.
Escapar.
Huir.
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Justo cuando el Ex Coronel iba atravesar la puerta de cristal. Una voz exigente le hizo frenar.
—¡Detente!.—exclamaron a sus espaldas.
El hombre observó sobre el cristal el reflejo de Trunks.
Divisó al causante del reclamo.
Tras meter sus manos a los bolsillos del pantalón, volteó medio cuerpo, torció sus labios y al levantar una de sus cejas, contempló al joven de pies a cabeza.
—¿Y por qué habría de detenerme?—preguntó al encararlo. ¿Qué tienes que ver en esto? Este es asunto mío. Así que será mejor que no estorbes.
En joven sin fundamentos suficientes esquivó su mirada. Pues dentro de lo engreído tenía algo de verdad su comentario. Aun así, fijó su vista nuevamente en él.
—Es verdad.—contestó—Tal vez pienses que no debería de meterme en tus asuntos pero, ¿no crees que fastidiar a la dama tampoco te corresponde ya? Digo, deberías de dejar tu ego a un lado.
El hombre esbozó una sonrisa.
—Vaya, vaya—rió—Supongo que crees que me conoces, ¿Cierto?
—No—negó Trunks—Solo he oído hablar de ti.
—¿Entonces, qué quieres?
—Que la de dejes en paz. ¿Por qué la molestas? Te invito a que regreses con la persona que te acompañó esta noche.
—Por favor, qué buen chiste.—contestó el rojo con cierta ironía.
—¿Acaso piensas qué puedes hacerle un bien con todo lo que causaste?
—Eso no te concierne.
—Te equivocas.
El joven estaba molesto. Una vena sobresalía en su sien producto del coraje. Pues qué se creía ese tipo para aparecer de la nada y molestar a su flor.
No lo permitiría.
Pues dónde quedaría el esfuerzo que hizo por hacer sonreír a Mai. Fuera injusto que la mujer volviera a recaer por caprichos estúpidos.
No lo merecía.
—¿A sí?—contraatacó el mayor.—¿No será que te gusta mi ex mujer?
—Ella me importa más de lo que crees. Y el que me guste o no, creo que no difiere en nada para poder proteger a una mujer.
Se acercó al ingeniero.
Y sin ni siquiera mirarle tomó de su hombro.
Recalcó.
—Tu tiempo ya fue...—esbozó una sonrisa y continuó su camino.
Solicitó los abrigos al encargado de la recepción. Se colocó la gabardina. Y con el abrigo de Mai en mano atravesó la puerta de cristal. No invertiría más tiempo con ese infeliz, más sabiendo que su flor lo necesitaba.
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La estrella de Polaris miraba para todos los lados en busca de un sitio de taxi. Titiritaba, seguía tosiendo; se cuestionaba sobre lo sucedido.
—¿Por qué tenía que haber aparecido hoy?—apretó los puños de sus manos con coraje.
Y justo hoy cuando la noche había sido más que hermosa.
«El primer beso entre dos personas es a través de los ojos»
Resignada se cruzó de brazos para menguar el crudo frío del Norte. Pues qué hacerle a algo que estaba más que estropeado.
—Tonta...—se dijo a sí misma por la situación. Y por la torpeza de salir a prisas sin su abrigo. Tosió.
Pero a los pocos segundo el abrigo café cayó sobre sus hombros arropándole del frío.
—Mai...—susurraron su nombre.
Y no el rojo del pasado sino el azul del presente.
El que le había besado con los ojos.
Ella volteó.
—Tr-Trunks...
El hombre dio un par de pasos pequeños. Bajó justo al ras de la acera de la banqueta; se giró hacia ella. De esa forma se originó igualdad entre sus estaturas.
Tomó de sus hombros, le miró fijamente. Y entonces cuestionó:
—¡¿En qué rayos estabas pesando?!—le agitó un poco debido a su reclamo—Salir así, propensa a enfermar. Estar en aprietos y en vez de solicitar mi ayuda, huir.
—Yo...—más lagrimas se resbalaban por sus mejillas. La estrella de Polaris agachó el rostro por la pena que sentía.
—Esta noche tú eras mi responsabilidad. Mi acompañante, mi pareja de evento. Mi obligación como hombre era cuidar de ti y dejarte en la puerta de tu cabaña, ¡¿Lo comprendes?!
—Perdóname...—limpiaba su rostro.
—Escúchame...—el joven esbozó. Luego suavizó la voz—...cerca o lejos puedes contar con mi ayuda para lo que sea.
—G-Gracias—la mujer le miró—Eché a perder el momento con instruías Hiroshi, ¿verdad?.—suspiró triste.
—No, no fue así—negó el muchacho con la cabeza.
—Por eso no te quise molestar.
—Bueno...—interrumpió, Trunks.—Pasemos a lo importante. El tipo nos sigue observando desde los cristales de la puerta. ¿Quieres regresar al evento?
—Supongo que ya no hay mucho por hacer. Además...—su vista se elevó al cielo—...está comenzando a nevar.
—Vaya, eso complicará el regreso.
—Lo sé.
—Mira, vamos a buscar una bebida caliente. Estás hecha un témpano—frotó sus brazos para calentarle—Y no sé, busquemos donde pasar la noche. ¿Qué dices?
—¿Te sabes desplazar por la cuidad del Norte?—preguntó la mujer.
—Un poco, no te preocupes.
—E-Esta bien.
—Una pregunta más.
—¿Eh...?—parpadeó Mai con los ojos irritados del reciente llanto.—S-Sí, dime...
Trunks de la gabardina sacó una cápsula que descomprimió al tiempo que la aventó al aire. Cuando se disipó el humo de la ligera explosión, apareció nuevamente su coche.
—Solo dime, ¿Hasta cuándo?—postró sus manos en la cintura de la mujer. Aquellas llegaron a su espalda y se escondían por lo pronunciado del abrigo generando ese calor mágico (el mismo de la noche del baile)
—¿Q-Qué dices...?—se ruborizó la fémina.
—¿Hasta cuando vas a cargar esa maleta del pasado contigo? Llevas más de dos años lamentándote por alguien que ni lo merece. No me es justo verte así.
La estrella suspiró triste. Inevitablemente agachó otra vez la mirada. Trunks con el dedo índice y pulgar levantó su barbilla.
Los orbes negros y los zafiros se besaban nuevamente.
—¿Vamos por un café con «dos de azúcar y mucha crema»?—invitó el muchacho con media sonrisa en su rostro. Pues su intención era hacerle sentir mejor.
Ella asintió entre risas. Pues le causó gracia que aún recordara la combinación con la cual preparaba sus cafés.
—Gracias, Trunks...
—Anda, vámonos.
Tomó de su mano. Y en ella, le plantó un beso.
—Sonríe un poco, ¿sí?
»Lo mejor de las personas es verles sonreír.
Fueron hacia la puerta del copiloto; Mai subió. Y así, ambos decidieron partir en busca de un rico café. Además de encontrar un buen lugar para hospedarse.
Los ojos marrones del pasado observaban el vehículo plateado tomar camino. Pues no hay peor cosa para un hombre que, ver uno de sus amoríos escapársele de las manos. Su flor, su más sincero amor en las manos de otro hombre.
Mientras fruncía su mirada pensó en sus errores, en sus fallas. Pues tal y como se lo dijo el joven azul «Tu tiempo ya fue». Lamentable se le adjudica cierto valor a las personas cuando ya no están en nuestra vida. El egoísmo ante todo. Pues su flor se iba con alguien más. Y le dolió.
»Mi flor...
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—Aquí tienes tu café, mi flor—Trunks le hizo entrega del vaso desechable.
—G-Gracias.
El muchacho compró la bebida en «Capital Xpress» aquellos establecimientos que ofrecían sus servicios las 24 horas. Muy famosos en cualquiera de las Capitales.
Antes de encender el autor sacó de la bolsa de plástico una cajetilla de cigarros. Mismos que había adquirido en la tienda en compañía de otras cosas comestibles como chocolates y mentas. Le dio un par de golpecitos al empaque. Lo estrellaba en la otra palma de su mano como si se tratara de un aplauso en discreción.
En pocos segundos con el encendedor le dio vida a su vicio; se dispuso a fumar.
Para no impregnar el interior del coche, bajó un poco la ventanilla para que el aire circulara. Le pareció prudente para que no le molestara a la mujer.
—Bien.—expulsó una bocanada de humo—Debemos de buscar un lugar para dormir.
Mai le daba sorbos al café. Miraba sobre el cristal las escarchas que se adherían a éste. Pues nieve con granizo comenzó a caer de los cielos como si fuesen lágrimas. Los cambios climáticos eran muy irreverentes en la Capital del Norte.
El empresario con su celular buscaba la dirección de un buen lugar para alojarse. Todo con el fin de sincronizar la dirección con el GPS del coche.
—Este lugar me parece bien.—le mostró a Mai la imagen desde su móvil.
Se trataba de unas cabañas tipo rústico. No era un sitio de lo más lujoso, pero al menos era lo más cercano en distancia y tiempo.
—Se ve acogedor—añadió la estrella aún con café en mano. Éste humeaba.
Trunks lanzó la colilla del cigarrillo por la ventana; encendió el auto.
—Adelante, vamos para allá—metió el cambio de velocidad en primera. Prendió luces y aceleró con chillido de llanta.
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La campanita que se mantenía sobre el mostrador de la recepción sonó dos veces. En seguida, una mujer mayor que vestía de kimono salió al escuchar el llamado; atendió.
—Buenas noches—saludó amablemente con una cálida sonrisa.
—Buenas noches—respondió el empresario.—Verá, me interesa alquilar dos habitaciones, por favor.
El hotel era estilo del Japón tradicional. Sus pisos eran de madera. Había cuadros de antiguos imperios, estatuillas de dragones, pergaminos con kanjis y demás adornos. Las puertas en su mayoría eran corredizas. A través de grandes ventanales se miraban los árboles de cerezos sin hojas. Sus ramas cargaba una capa gruesa de nieve. Y justo a un lado del árbol estaba un estanque hecho hielo.
—Me parece bien.—asintió la anciana—El único detalle es que solo me queda un cuarto disponible, joven.
—¿S-Solo uno?
—Asi es. Pero no se preocupe es bastante amplio. Además en el parte del closet hay una colchoneta que puede usar.
Sin más alternativas, aceptó.
—De acuerdo...
Ni hablar, le tocaría dormir en el suelo. Pero considerando lo extremo del clima era mejor quedarse que salir a buscar otras opciones.
—¿Sucede algo, Trunks?—preguntó la estrella a sus espaldas. Mai se mantenía sentada en un sillón cercano a la recepción.
Él volteó y negó con la cabeza.
—Descuida, todo está bien.
...
Al firmar los papeles del alquiler le hicieron entrega de las llaves del cuarto.
—Aquí tiene las llaves, joven Brief.
Trunks la recibió.
La mujer aseguró que estaban en perfectas condiciones los servicios de calefacción y agua caliente. Así como también lo necesario para la higiene personal: toallas, pijamas nuevas, jabón, shampoo, algunas bebidas, etc.
—En nuestra área de comedor estamos ofreciendo un plato de sopa de Miso y arroz al vapor. Por si gustan cenar.
—Qué amable—asintió el muchacho—Muchas gracias.
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La flor y el empresario caminaron a la par por un largo pasillo. Éste era alumbrado por algunos velas anchas empotradas en bases de herrería. Irradiaban calor a su paso y a la vez una exquisita fragancia a jazmín.
Mai iba con los brazos cruzados. Se mostraba lo esponjoso de su abrigo de la parte del pecho. Por cada paso que daba salía a relucir el ruido de su tacones.
El azu llevaba en la mano la llave del cuarto. En el antebrazo del mismo descansaba su gabardina negra. La otra mano se mantenía sumergida en el bolsillo del pantalón.
Trunks le explicó a Mai que por cuestiones del hotel estarían en la misma habitación.
»¿E-En la misma habitación?—preguntó sonrojada.
«Así es.
La flor no tuvo más opciones que aceptar. Solo deseaba que al menos la habitación tuviese dos camas.
Continuaban caminando.
—Trunks...
—¿Qué sucede?
—Verás, yo...—apretó los labios. Se sentía avergonzada—Cuando volvamos mañana a la construcción te pagaré parte del hospedaje.
Justo cuando terminó su comentario llegaron a la habitación indicada.
El muchacho introdujo la llave; abrió.
—No digas tonterías, no tienes que pagarme nada—contestó.
—P-Pero...
—Adelante, entra.—indicó con la mirada y un ligero movimiento de cabeza.
Al cerrarse la puerta dio por hecho que era tema que no se discutiría más.
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La lámpara de base de metal que descansaba en el buró se encendió. Proporcionó luz tenue al lugar; ambos observaron el entorno a detalle. Había un closet, el cual sus puertas no eran de madera sino espejos grandes. En ellos se reflejaban casi toda la habitación como la puerta del baño, el televisor y la cama cubierta de colchas blancas vaporosas.
Había un comedor con dos sillas. Más delante estaba un pequeño estante con bebidas de todo tipo (agua, sake, tequila). Así como también otra variedad de golosinas.
El empresario dejó su abrigo en el respaldo de la silla del comedor. Se quitó el saco y lo aventó a la cama. De un jalón aflojó el nudillo de la corbata y se dispuso a tomar una bebida alcohólica.
»S-Solo hay una cama—pensó la flor para sí misma.
De tan solo imaginarse que dormirían juntos se puso como tomate. Agitó un par de veces la cabeza para aclarar sus pensamientos.
La estrella resignada se sentó al ras de la cama justo en el medio (donde van los pies). Cabizbaja se negaba mirar al lado derecho. Pues ahí estaba uno de sus grandes enemigos: El espejo.
—No te preocupes—dijo Trunks al dirigirle la mirada.—Tu dormirás en la cama. La anciana me aseguró que hay una colchoneta dentro del closet.
—Si quieres puedes dormir en la cama tú y yo...
—NO.—negó rotundamente.
Con botella en mano se sentó a un lado de la mujer.
—¿Gustas?—ofreció risueño.
—No, no me apetece. Gracias.—suspiró la estrella. De forma natural quitó su abrigo. Pues la calefacción estaba neutralizando el ambiente y por lo tanto se empezó a sentir acalorada.
—¿Aún te sientes mal por lo sucedido?—preguntó el muchacho buscando su mirada.
Mai asintió.
—En verdad me encantaría poder ayudarte, lo digo en serio.
—Te lo agradezco, Trunks.—le miró con serenidad y mostró una ligera sonrisa.
—Ahora que recuerdo, ¿No te gustan los espejos, cierto?. Y mira qué habitación nos fue a tocar.—esbozó una sonrisa y le dio otro trago a la bebida.
— ¿Cómo es qué lo sabes...?—le extrañó. Pues solo Violet sabía de esa fobia.
—El primer día que nos vimos en el cuarto piso de la edificación, tomaste una sábana y cubriste aquel espejo ovalado como cierto recelo. Me fue curioso, pues las mujeres aman verse en el espejo a cada segundo.
La estrella suspiró.
—¿Por qué no te gustan, Mai?
—Porque te muestran la realidad.
—¿Eso crees?
—Sí.
—Hay unos espejos que son engañosos, sabes. A lo contrario de ti, creo que a veces no nos muestran la parte esencial de las personas. Sin embargo, son buenos veredictos. A veces son crueles. Tal vez...llega un punto en que uno ve lo que desea ver.
La mujer elevó la mirada. Cuan certero había sido su comentario.
—Dime, ¿En verdad deseas olvidarte de todo?—preguntó el azul.
—Lo dices como si existiera una forma de olvidar diez años de matrimonio, dos de divorcio y una noche sorpresa—irónicamente mostró una sonrisa por lo absurdo.
—La hay.
—¿La hay?—frunció una de sus cejas sin comprender— ¿A qué te refieres...?
Trunks se levantó de la cama. Hincado frente a Mai tomó sus manos y les apretó.
—Bueno...—le dirigió la mirada—Quizás puede ayudar en algo.—agregó.
—¿Y-Y qué es..?—la estrella estaba asombrada. Tartamudeaba debido a los nervios.
—Puedes hacer justo lo que «ÉL» hizo para olvidarte.
—¿Eh...?¿Có-Cómo dices?
Le ayudó a levantarse.
—Déjame ayudarte, ven.
—P-Pero...
Llevó a la mujer hacia el espejo. Él se postró detrás de ella al tomar su cintura.
—Mírate en el espejo—indicó entre susurros al oído.
La mujer en negación desvío la mirada. Pero Trunks, insistió.
—Por favor, Mai. ¿Dime qué ves?
Suspiró, torció sus labios. Y sin más alternativas respondió:
—Veo a alguien suplida por la flor de juventud—suspiró nuevamente— Esa es mi historia, Trunks. Lo sabes. Ahora por favor ya no me insistas más —trató de zafarse de sus brazos pero el muchacho no lo permitió y la regresó de un jalón.
—¿Eso crees?—se prendió otra vez de su cintura.
—Sí, eso creo—contestó cabizbaja con los brazos flojos a cada lado.
—¿Sabes algo, Mai?—Mi deber ciertamente no es llenar vacíos del pasado—él miraba su propio reflejo con la mujer en brazos—Sé que no puedo sustituir ausencias importantes en tu vida. Pero...
La mujer no comprendía sus palabras.
—...puede ser muy reconfortante ser la herramienta que necesitas para curar todas las amarguras que existen en tu interior. Debes de sanar todas tus heridas. No puedes vivir así por siempre.—e insistió nuevamente—¿Dime qué ves?—tomó su rostro de la barbilla e hizo que fijará su vista en el espejo.
—¿Por qué haces esto, Trunks?—preguntó la mujer con ojos cristalinos.
—¿No es obvio?—suspiró sentidamente—Yo solo quiero que sanes—susurró.
Y sin prejuicios besó su mejilla.
La mujer respiró de forma agitada e inevitablemente cerró los ojos al sentir sus labios frescos con fragancia a alcohol. Trunks se aferraba a la flor artificial como si él fuese el pilar principal para mantenerla de pie en ese momento. Con libre albedrío continuó al besar pausadamente su cuello, el cual lucía decorado por el collar de perlas negras; un gusto quizás anticuado pero único en ella. Le iba bien.
Sombrío y seductor se sumergió en el entallado vestido rojo escarlata. Y sin el debido permiso, bajó el cierre; lo desabrochó un poco. Pero la mujer respingó.
—N-No juegues conmigo, Trunks...—entre discretos jadeos sujetó sus brazos para frenarle.
—¿Y quién dice que lo estoy haciendo?—le respondió con esa pregunta—Me es injusto que desperdicies un año más con la misma traba.
»Libérate de él, Mai.
»Piensa en mí.
»Mil veces en mí.
Pues el objetivo era crear nuevos recuerdos para la mujer. Suplir al rojo de una vez para liberar traumas. Dejar su sello en ella: sonrisas y no más lágrimas.
Los tirantes del vestido se deslizaron. Quedaron descubiertos sus hombros y parte de sus pechos.
El empresario con los ojos cerrados acariciaba con su nariz el cuello de la mujer. Iba y venía repetidas veces. Besaba detrás de su oreja.
—¿Sabes...?—sus orbes se abrieron—Yo veo una mujer hermosa—observó el espejo en busca de su rostro y regresó a besar su cuello.
Sin permiso jaló con sus dientes el broche que sostenía el peinado de la flor. Los cabellos negros se estiraron, cayeron marcando su longitud a ras de media espalda. Se adherían al esparcirse en sus hombros y pechos.
—Mi flor—susurró en su nuca.
La mujer recibía una dosis explosiva en su pecho. Y no era para menos. Pues tenerlo cerca, oler su perfume, sentir su aliento. Era demasiado.
Trunks era especial. Siempre lo tuvo claro desde el primer día que escuchó su voz.
—Déjame ayudarte...—seguía susurrando entre caricias.
Ver al Presidente en esa faceta seductora, oscura e íntima, era algo que nunca pensó que vería en su vida. Tal vez en sueños. Pero ahora era más que real. Lo sentía.
Él estaba dispuesto a desintoxicarla.
—Trunks yo...
Pero el prejuicio apareció a la par de la consciencia. Deseosa de corta la motivación que los impulsaba a ambos a seguir. Pues el poco grado de cordura que había en Mai la detenía. Las manos del hombre que se aferraban a desnudarla eran prohibidas. Su edad, la edad de él y otras tantas variantes le acomplejaban.
Pero pese a todo no tenía valor para decir «Alto». Pues por alguna extraña razón se sentía bien estar en las manos de ese joven hombre.
—Mai...
La mujer se giró hacia él para atender su llamado.
Ambos con los rostros sonrojados se observaron. Sus ojos se besaron mientras en sincronía acariciaban sus mejillas.
—Trunks...
Y él se ofreció.
Dijo las palabras exactas.
—Puedes vengarte conmigo...
Con eso bastó para que en pocos segundos sus labios se juntaran como imanes en un beso amplio, bien ejecutado. Como si ambos conocieran de ante mano el ángulo perfecto en el que mejor embonaban. Él estrelló su cuerpo contra el suyo. Estrujó el vestido con sus manos fuertes. Ella se apoderó de los mechones lilas que se entrelazaban en sus dedos debido a los jalones.
El Sol de su vida desapreció de sus pensamientos. Tenía claro que de ahora en adelante él sería la herramienta, el impulso, el favor que ayudaría a la mujer afligida a salir adelante.
¿Y se podría llenar ese vacío? Llenar esa ausencia de vida, de sentir y de vivir.
¿Se podrá obsequiar una nueva oportunidad? En concreto lo importante era hacerla olvidarse del pasado dañino.
Pues el favor no interferiría en su vida personal para nada; una cosa era Marron y otra Mai.
Era un favor. No una infidelidad.
Eso nunca.
No deseaba en lo absoluto dañar a su Sol.
Juró y perjuró entre besos arrebatados que solo sería esa ocasión. Y nada más.
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El vestido rojo escarlata se aflojó de la parte de enfrente. Los pechos de la mujer brotaron hacia la libertad. Suaves, redondos, blancos, víctimas de la gravedad y dispuestos a calmar la sed del hombre. La mano bronceada tomó uno de los pechos de la mujer; lo apretaba. Sin pensar siquiera si lo estaba haciendo demasiado fuerte o no. Pues no había razón, solo impulsos bajos. La otra mano del muchacho sostenía la cintura de la estrella y forcejeaba con el cierre del vestido para bajarlo en su totalidad.
Las uñas brillantes por el esmalte rojo; se deslizaron en el pecho fornido del muchacho. Y sin despegar sus labios, los botones de la camisa blanca se desabrochaban uno por uno consecutivamente. Por propia lógica la prenda se deslizó por los brazos musculosos y quedó atrapada en la parte de los puños. Trunks se encargó con prisa de darle solución a ese detalle. Y sin rumbo fijo, arrojó la camisa al suelo junto con el reloj de mano.
Abrazó a la mujer. Sintieron el roce de sus pechos desnudos. Gruñidos salían a relucir entre besos, mientras sus respiraciones se escuchaban a un ritmo desesperado e incluso forzado; faltaba el aire. Sus pies por sí solos se liberaron de los zapatos. De la forma típica que uno se quita el calzado al presionar con la punta la parte del talón.
Entre pasos cortos llegaron al ras de la cama.
Él elevó un poco a la mujer de la cintura y la hizo caer con lentitud en la suavidad del colchón. Despegó por un instante sus labios de los rojos y se dirigió a besar la blancura de sus piernas. Poco a poco descendió hasta llegar a sus pies. Debido a que las zapatillas de Mai eran de tiras le ayudó a desabrocharlas y las retiró delicadamente.
Como león regresó a postrarse encima de su cuerpo. Le besó libre. Con magnitud y fricción al abrir y cerrar sus labios. Estaba eufórico. La adrenalina bombeaba por sus venas a mil por hora.
Ella era sumergida en sus brazos. Y por propia naturaleza femenina sus piernas se abrieron dándole regocijo a la cadera del azul. Inevitables movimientos de pelvis provocaban ciertos rebotes del colchón. E incluso se escuchaban rechinidos debido a lo mismo. Por suerte su cuarto estaba aislado del resto. Así que el ruido no fue suficiente motivo para frenarse. Pues el objetivo principal era el goce. Embestidas fuertes le regalaba a la mujer. Una tras otra sin importarle siquiera que tuviesen sus prendas. Puesto que el brote de la excitación llegó justo a sus partes íntimas; simpatizaban entre roces. Pues él sentía humedad y ella firmeza.
El muchacho besó de forma escurridiza todo su rostro: ojos, mejillas, cejas y nariz. Se desviaba ocasionalmente en la zona de cuello y oreja. La mujer volteó su rostro al lado derecho; abrió los ojos. Se observó entre jadeos que era deborada por la ola azul. Mordió sus labios debido a la imagen que le mostraba el verdugo cruel del espejo. Y bajo esa proyección una lágrima brotó de sus orbes. Pues una sensación de sentimientos encontrados se desprendió de su interior.
Justo en ese instante el joven jadeante susurró a su oído.
—Mírate...
Él también observaba la imagen de reojo. Con los ojos cabizbajos debido a la excitación.
—¿Dime qué ves, Mai...?
Entre forcejeos apasionados el vestido rojo le fue arrebatado. La hebilla del cinto sonó al abrirse la pretina del pantalón. Y con solo sus prendas de interior continuaron con el roce de cuerpos. Ejecutaron de forma natural «un misionero» improvisado. Buscaron sus rostros y al mirarse, el joven preguntó:
—¿Deseas que continúe? N-No quiero hacerte sentir obligada o algo así...
Sus ojos se besaban.
Mai estaba deslumbrada por la hermosura de los zafiros. Por sentir su cuerpo, por estar en la posición en la que estaban. Pues quien pensaría que la noche culminaría de esa manera.
Su instinto de mujer quería, deseaba y lo anhelaba. Pues después de tanto tiempo de estar en las mismas manos por diez años, ¿Por qué no darse la oportunidad de gozar un poco? Tomar la situación como tal. Un deliz.
Gritar.
Sentir.
Depurarse de lo añejo.
Tomó el rostro del muchacho. A los pocos segundos de contemplarse fijamente, asintió. Dio aprobación para que continuara con el acto.
Trunks estiró su mano en dirección del buró. Apagó la luz de la lámpara. Todo se volvió penumbras en ese momento. Retiró la prenda íntima de la mujer al deslizarla por sus piernas. Después hizo lo mismo con su prenda que por desesperación quedó a la mitad de sus piernas. Pero con un ligero movimiento le hizo caer al suelo.
Se sumergió en total desnudez sobre la Flor Artificial; gemía.
Sus cuerpos se miraba bronceados, sombríos, pero luego de aclimatar su visión a la oscuridad se miraron perfectamente. Sincronizaron el movimiento de sus cuerpos. Él sumergió uno de sus brazos para sostener con firmeza la cadera de la mujer. El otro brazo fue su soporte. El pilar que se mantenía firme a un lado de la almohada.
Al sentir el contacto de sus «miembros» gimieron al mismo tiempo. Ambos tenían experiencia en materia de la intimidad; no era algo nuevo para ninguno. Aunque su forma de «hacerlo» estuviese moldeado bajo el criterio de los años y la monotonía de otras personas. Ahora su misión sería buscar su propio estilo. Pues todas las parejas por lo general gozan de tener una posición predilecta. Aquella (o aquellas) que facilitan llegar al punto más bajo del placer.
Poco a poco con movimientos suaves entró en la mujer. Estaban unidos para gozar, para depurar lo añejo.
Para gritar.
...
Y comenzó el turbio acuerdo.
La cundió con embestidas.
Por cada choque de pelvis, un gemido salía de sus labios delgados. Primero discretos y después más elevados.
Libres. Sueltos.
Mai solo jadeaba. Paladeaba al pasar su propia saliva.
Desde la perspectiva del techo se miraba el cuerpo desnudo del joven establecer un ritmo fuerte. Su cadera era envuelta por las piernas de la estrella como un cinto. Su espalda se miraba erguida. Y por la contracción de los músculos, sus piernas y glúteos se mostraban rígidos.
La cama era un desastre. Pues en las sábanas se dibujaron miles de sonrisas arrugadas; las almohadas se perdieron de la vista. El vestido, el pantalón y las prendas de interior decoraban dispersas el piso alfombrado. Tal y como si fuese la decoración original de la habitación.
Un hermosa obra de arte.
Una mano de la mujer reposaba justo arriba de su cabeza, como toda una damisela en apuros. Mientras tanto con la otra sostenía los glúteos del muchacho buscando más profundidad o unión entre ellos.
En la faz del azul se mostraba el apretar de sus dientes. Pues siseaba y gemía con fuerza al lanzar sus ataques.
A Mai le aturdía.
Era un bello cántico.
Una sonata de invierno.
Pues su voz le hacía sentir sensaciones poderosas en el pecho. Escucharlo de esa manera era mágico. Lo convertía en verdadero placer para sus oídos.
Era maravilloso que un hombre se enloqueciera de tal manera.
La hizo gemir junto con él.
Con intensidad.
Libre de penas.
—Mi flor.—repetía entre gemidos.
Una y otra vez.
—Mi flor.
Al seguir unidos impulsó con ambas manos el cuerpo de la mujer. La llevó al ras de la cama. Sus piernas fueron el soporte, la silla. Sus rostros se observaban frente a frente, jadeaban en sincronía.
Trunks tomó de sus caderas. Las hacía entrar y salir de su cuerpo con furia. Y como si fuesen cántaros de agua fresca, bebió de sus pechos justo cuando su posición se vio inclinada unos grados hacia adelante.
Mai levantó su mirada. Se vio reflejada en el espejo. Éste le mostraba la espalda del muchacho brillosa de perlas. Sus mechones lilas lucían despeinados. Otros tantos planos debido al sudor de su frente. Lo miraba desde el espejo gemir, gritar, desesperarse.
Ella se observaba jadeante, sonrojada. Gimiendo a la par de él.
Pero no supo en que momento un sentimiento de felicidad y de nostalgia le llegó al pecho. Pues un hombre después de tanto tiempo se llenaba con ella.
Un hombre que por cada embestida susurraba que era su flor.
La espalda de la estrella comenzó a sudar. Pero no gotas. Sino por cada roce que le daba el hombre con sus manos, se desprendía un cascarón escarchado de rojo. Como si fuese un salero que se agitaba al sazonar la comida. Y en vez de sal, brillos rojos caían esparcidos en el suelo.
El color rojo se perdía de su piel. El azul conquistaba, marcaba su fragancia en ella.
Ya no era más del rojo. Era del azul.
El azul del empresario.
Del joven que demostraba a pulso ser un hombre.
Un hombre de verdad.
Azul. No rojo.
El Azul de la depuración de lo añejo.
El que de ahora en adelante sería causante de buenos recuerdos de color azul cielo en su vida. Opacándo al rojo del pasado para siempre.
Así sería.
Y así era.
...
Lo insoportable llegó para ambos. Segundos gloriosos los hizo estallar de placer. Gritaban a los cuatro vientos ese poderoso sentir que emergía de sus partes íntimas y salía por sus gargantas en auténticos gemidos genuinos. Sueltos y sonoros. Desesperados recibían esa sensación con movimientos bruscos, con furia. Un quejido fuerte por parte del azul dio por finalizado el pecado de la depuración.
Cerró los ojos. Gotas de sudor se escurrían por su frente amplia. Frunció sus cejas, jadeaba satisfecho; estaba cansado.
El cuerpo lo sentía entumido por esa sensación de fragilidad que queda después de haber llegado al punto máximo del acto. Balanceaba a la mujer en sus brazos hacia adelante y hacia atrás.
Mai al verse en el espejo tan frágil y envuelta en las manos de Trunks; una lágrima se escapó de sus ojos. Y todo se debía por el hecho de volver a sentirse una mujer nueva. Luego yació un llanto. Ocultó de inmediato su rostro en el cuello del muchacho y sollozó. Cada vez lo hacía con más sentimiento. Se aferró a él con fuerzas.
Y en silencio le agradeció.
»Gracias...
Los zafiros se abrieron desorbitados tras escuchar el llanto.
—Mai...—le nombró con poco aliento e intentó buscar su rostro.
¿Pues qué era lo que sucedía?
Ciertamente esperaba cualquier reacción por parte de la estrella.
¿Pero llanto? ¿Por qué?
Sintió un poco de culpabilidad de momento.
Eso le preocupó. Su garganta en tanto se impregnó de un sabor agridulce. Pero sin importar esa sensación le abrazó sentidamente. Pues buscaba de alguna forma consolarle de ese extraño llanto que se apoderó de su flor.
—Descuida, todo está bien.
Continuó susurrándole al oído. Le daba pequeños besos en la nuca y se mecían.
—Todo está bien, tranquila...
Fue su paño de lágrimas durante esa noche.
»Todo está bien...
.
.
.
.
Los orbes azules miraban por la ventana de su oficina. Éstos apreciaban en silencio parte de la construcción; el entorno se vestía de blanco. En el cristal se reflejaba su rostro. Portaba sus lentes de fino armazón, discretos. Pues hace unos instantes trabajaba frente al monitor. Un cigarrillo se mantenía en sus labios. Y la gabardina negra con bufanda roja le vestían con la misma faz cotidiana; típicas prendas del trabajo. Suspiró ante el recuerdo. Pues apenas se cumplían tres días de lo que había pasado en el hotel. ¿Y qué fue después? Lo que se supone que sería un fuerte lazo entre la estrella y el empresario, se desmoronó por completo. En realidad ya no supo si hizo bien o no. Pues al situarse en su realidad, en cuanto Mai le miraba le evadía.
¿Vergüenza?
¿Desilusión?
El empresario no sabia como tomar sus reacciones. Durante el trayecto de regreso se marcó una gran distancia entre ambos. Pues en vez de platicar amenamente, que conste, Trunks estaba en total disposición de hacerlo. Un silencio se apoderó de la situación.
¿Pero por qué?
En verdad no lo entendía.
Pues no hacía un par de horas que habían intimado de manera fogosa. Aunque claro, con su final agridulce lleno de incertidumbre. Pero aún así era para que hubiese florecido una charla amena ¿Y por qué no? Hasta darse algunos besos.
Frotó su frente con la mano, desganado. El cigarrillo al ser ignorado totalmente, se consumía en sus labios mientras las cenizas caían en el suelo. Su faz era de preocupación. Había signos de ojeras en su rostro. Pues las tres noche que transcurrieron se habían convertido en total insomnio para él. Miraba al techo y se preguntaba en repetidas ocasiones: ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué hizo mal? Pues las lágrimas y el llanto de la flor le perturbó a sobremanera.
Pues había «ciertos» factores a considerar. Uno, sus lágrimas. Dos, si realmente ella quería hacerlo. Y tres, su impulso fue tan grande que cometió el mayor error de todos; no cuidarse. Como si fuese de su propiedad disfrutó en depositar todo su «afecto» en su vientre maduro.
»Imbécil—se maldijo a sí mismo.
Pues pensó que ese detalle era el motivo principal de su rechazo.
Seguramente la mujer estaba el doble de preocupada que él. Y Marron, por lógica, rondó también en su mente con toda la revoltura que traía consigo. Aún así cumplió como pareja al marcarle y charlar con ella en diversos ratos. Cada palabra que salía de sus labios era con sabor a culpabilidad.
Agitó la cabeza.
Volvió de sus pensamientos.
»Solo es un favor...Sólo un favor.—pensó para sí mismo.
Sin el afán de seguir pensando en lo mismo, se empeñó de alguna forma en hacer contacto con la mujer de Polaris. Tenían que hablar con ella. Sino en la noche seguro y no dormiría otra vez por la incertidumbre.
—Si tuvieras el gato negro sobre tu hombro—esbozaron una sonrisa—Fueras la viva imagen de tu abuelo.
Al verse interrumpido su trance, Trunks volteó.
»¿Eh?
—Ah—esbozó el empresario con desgano—Eres tu, Zerk.
—¿Y a quién esperabas?—preguntó el hombre— Ten, aquí tienes—arrojó en el escritorio una carpeta con papeles. En seguida tomó asiento.
—¿Y esto...?—preguntó Trunks al acercarse al escritorio y sentarse.
Zerk era un viejo amigo allegado a la familia. Convergió con Trunks en algunas materias durante sus estudios en la universidad. Ahora eran colegas de trabajos. Pues Zerk era contratista y se encargaba de conseguir materias primas para la construcción de la Sede: varillas, cemento, arena, ladrillo entre otras cosas a precios accesibles.
El joven que vestía una gabardina de piel, miraba fijamente al empresario revisar las facturas. Sus ojos eran claros como la miel. Su cabello era por naturaleza despeinado, verde oscuro. Y en sus mejillas había signos de crecimiento de su barba.
—Brief...Te ves cansado.—después de mirarle llegó a esa conclusión.
—Lo estoy—suspiró fuerte el empresario. Dejó de hojear los papeles y volteó hacia él.—¿T..Te puedo hacer una pregunta?—cerró la carpeta para luego hacerla a un lado.
—Sí, adelante— el nombrado asintió natural.
—¿Por qué las mujeres lloran?—los zafiros mantenían una mirada penetrante.
Al escuchar la pregunta una de sus cejas se alzó. Encogió los hombros y abrió las palmas de sus manos.
—¿Es en serio? ¿Esa es tu pregunta?—insistió Zerk con un semblante de extrañeza.
—Aja.
—Bueno...—comenzó a reír—Una mujer llora hasta por la puesta del sol, Trunks. ¿Qué clase de pregunta es esa? Es como si yo te preguntara ¿Por qué lloran un niño?
—Y yo te contestaría que por un dulce o quizás por un juguete.
—¡Lo ves! No hay mucho que profundizar. Tendrías que ser más específico.
—Esta bien, está bien, ¿Tienes un minuto?
—¿Tienes cigarrillos y cerveza?
Del cajón del escritorio sacó la cajetilla de cigarros.
—Aquí tienes—de un empujón deslizó la caja para que llegara hacia el otro extremo del escritorio. Hizo lo mismo con el encendedor.
Se levantó. Del pequeño refrigerador tomó un bote de cerveza y a distancia se lo aventó al muchacho.
El contratista al «cachar» el bote y tras haber prendido el cigarrillo, respondió:
—Bien, soy todo oídos—expulsó humo del vicio.
Trunks regresó a su asiento.
—De acuerdo...—asintió.
—Ve al grano, Trunks—le dio un sorbo a la bebida—No cuento con mucho tiempo.
—Esta bien, aquí voy—suspiró para agarrar valor— ...¿Por qué una mujer cae en llanto después de haber tenido sexo?—se sonrojó un poco.
—Fiuuu~—soltó un silbido—Vaya, vaya, conque de eso se trata. Y dime, ¿Qué clase de llanto?
—No sé, quizás de tristeza.—contestó el azul.
—Bueno, aquí no hay de tres, Brief.
—¿Y son...?
—Uno.
—Aja.
—Andaba con las hormonas hechas un desastre y lloró. Típico de las mujeres...—acompañó su frase con un singular movimiento de mano—...la inmortalidad del cangrejo y cosas así.
—Entiendo...
Continuó.
—Punto dos—indicó con los dedos el número dicho.
—Aja, te escucho.
Los hombres cada vez iban acercando sus rostros al centro del escritorio. Cabizbajos. Como si se estuviera hablando de algo prohibido y el propósito fuese que nadie los escuchara.
—Quizás no tendría humor ese día para el acto.
—Oh...Y-Ya veo...—Trunks desvivió la mirada—¿Y cuál es la tercer respuesta?—regresó a postrar los zafiros en el hombre.
—Y tres...
Se miraron a los ojos por unos segundos. Al chico se le pintó media sonrisa en los labios. Y contestó:
—...Eres malísimo en la cama, viejo.—soltó una carcajada.
La respuesta había sido como cubeta de agua fría para el empresario.
Se sonrojó, parpadeó un par de veces. Y al cubrir su rostro con la palma de la mano inevitablemente comenzó a reír.
—Ya sabía que contigo no se puede hablar en serio, Zerk.
—Pero si todo lo que te dije fue en serio.
—¡Largo de mi oficina, idiota!—lo corrió entre risas.
El muchacho se levantó.
—Agradezco tus buenas atenciones, Trunks.—pero justo antes de abrir la puerta divisó al empresario desde su hombro—¡Oye, Brief!
—¿Y ahora qué quieres?—le miró a distancia.
—Si tanto te preocupa...Solo habla con esa persona y ya.—asintió y finalmente salió.
Trunks torció los labios. Dejó caer su espalda en el amplio respaldo de su silla.
»Hablar con ella...—le dijo a la nada.
.
.
.
La noche para la construcción llegó. Todo era tranquilidad para el área de las cabañas. Pues todos los trabajadores ya habían cenando y terminado la jornada de ese día.
...
El ruido de la regadera se escuchaba sin interrupciones. La visión era densa en el baño debido al vapor que soltaba el agua caliente. Pues el día había sido tan cansando que fue necesario tomar una rica ducha antes de ir a la cama.
Su cuerpo se relajaba. Los cabellos negros se adherían a su piel. Sus manos retiraba la espuma y justo en el momento en que sus dedos tocaron sus labios recordó a muchacho.
»Véngase conmigo, mi flor.
Bajo el chorro del agua agitó con exageración la cabeza. Pero por más que lo negara debía de admitir que había sido lindo. Que disfrutó cada beso. Y que fue la locura cuando la estrujaba en su cuerpo fornido.
Él era bello.
Se sonrojó de solo recordarlo.
¿Pero qué pasaba por su cabeza? ¿Por qué esa negación después de tanta pasión correspondida?
A lo contrario de él, ella pensó que le tuvieron compasión por su situación. Aunque el detalle del espejo de cierta manera había sido lindo. Por ello, se hizo a la idea de que Trunks tuvo sexo con ella solo por lastima. Pues finalmente no dejaba de ser hombre y por desgracia la mayoría mentía. Eso y otras tantas cosas le abrumaban de forma letal.
¿Le habría gustado a él involucrase con alguien de su edad? ¿Qué pensaría de su cuerpo?¿Lo disfrutaría? Pues Trunks era diez años menor que ella. También le era inevitable no pensar en la señorita Jinzo. Eso especialmente le hacía sentir un golpe en el pecho lleno de culpabilidad.
»¿Por qué no me resistí?—se cuestionó a sí misma.
Pero por más que le daba vueltas al asunto. Existía el detalle que pese a sus complejos y cuestiones morales; le gustó. Y le gustó mucho.
Entonces, si la situación quedaría oculta en el hoyo más profundo de los secretos. De alguna forma pensó que era mejor haberlo hecho con él y no con otro. Pues Trunks había sido el único que después de dos años de abstinencia le provocó una excitación natural.
—Dios...esbozó.
Y entre un mar de pensamientos continuó con la ducha.
.
.
.
Él estaba frente a la puerta de la cabaña correcta. No sabía si estaba haciendo bien o no. Pero ya no lo soportaba más. Quería dormir tranquilo.
Así que después de haber tomado un café en su casa de descanso, divisó por uno de los ventanales la cabaña de Mai. Y sin pensarlo mucho tomó su abrigo y fue hacia allá.
Caminó con cuidado de que nadie lo viera. Y a pocos minutos llegó a la cabaña de su Flor. Era buena hora, el frío era crudo y absolutamente todos descansaban en sus respectivos lugares.
Su mano se postró a un lado del tablero de seguridad. Él sabía el comando para desconfigurar el seguro de las puertas. Ese secreto su abuelo se lo había compartido a discreción cuando solo era un niño. Pues Bulma le prohibía a Trunks que entrara a jugar a los almacenes del jardín de la Corporación Cápsula.
—Será nuestro pequeño secreto, muchacho.
—¡Si, genial!—contestó alegre el pequeño.
»#-3-2-1-T-M
—Ese es el código—sonrió el mayor. Pues era fiel cómplice de las travesuras de su nieto—Solo no hagas destrozos, Trunks.
—Así será, abuelo. Gracias.
—Ten criterio, Trunks...—se resistía. Pero Mai lo evitaba y ya no lo soportaba más.
»#-3-2-1-T-M—tecleó.
El sistema se reinició. Y por consecuencia tuvo minutos a su favor para acceder a la habitación sin problemas. Giró enseguida la perilla de la puerta y entró.
A pasos lentos, que por fortuna el piso estaba alfombrado llegó hasta a la cama.
La luz estaba apagada. Solo se emitía un poco de alumbrado por debajo de la puerta del baño. Con eso era suficiente para ver bien y no cometer alguna torpeza. Se sentó al ras del colchón. Acarició al gato negro que dormía plácidamente y volteó a dirección del baño. Pues claramente se escuchó que el ruido del agua de la regadera había desaparecido.
Dedujo entonces que la mujer ya no tardaba en salir de la ducha.
...
Mai tomó la toalla; secó su cuerpo. Finalmente se enrolló con ella y dio un par de pasos para dirigirse a la puerta. Su cabello se escurría en sus pechos, espalda y hombros. Abrió la puerta de baño y el azul estaba de pie esperándola.
—Mai...
La mujer quedó sorprendía, boquiabierta.
Cruzó de inmediato sus brazos según ella para cubrirse.
—¡¿Q-Qué haces aquí?!—preguntó histérica.
—Quiero hablar contigo.
—¡¿Ahora?!
—Sí, ahora.
La mujer agachó el rostro y se sonrojó.
—¿Có-Cómo entraste?—cuestionó entre jadeos mientras su vista se mantenía fija en sus pies.
—Eso no importa ya estoy aquí—esbozó el azul—¿Por qué me evitas?—fue directo.
—Yo...
—¿No te gustó lo que hicimos esa noche?
—No, no es eso...
—¿Entonces qué?—reclamó—No entiendo, Mai. ¿Qué es lo piensas? Te alejas de mí en vez de estar más cerca. Como si el hecho de intimar contigo hubiera sido suficiente razón para tu lejanía.
La estrella levantó el rostro y le encaró.
—Te acostaste conmigo solo porque sí. Por lastima.—contraatacó molesta.
El hombre negó al compás de su cabeza.
—¿Por lastima?—llevó una mano a su frente—Estás equivocada, Mai. Muy equivocada...Tal vez no estaba en mis cinco sentidos pero entiende que todo, absolutamente todo lo que hecho por ti, ha sido sincero.
—...Aunque no lo creas en ese instante fui muy feliz.—le respondió.
—¿Entonces, Mai?
—Es solo que pensé en tantas cosas, Trunks. Mi edad, tu edad, nuestros trabajos. La culpa de causarte algún problema con la señorita Jinzo no me deja tranquila. En verdad tengo mucho miedo. Es que...todo fue tan hermoso que...—mordió sus labios y continuó—...después de verlo desde otra perspectiva se me hizo una falacia total. Yo no estoy para más mentiras—frunció sus cejas.
—Lo sé, lo entiendo. Es complicado, pero sabes. Lo hago con buenas intenciones. Porque quiero ayudarte. Cuando lloraste—hizo un silencio y continuó—me desmoroné por completo. Me sentí un cretino y pensé tanta estupidez. Principalmente que te había obligado, lastimado ¡O que se yo!. Esto que pasó, créeme, es la parte de mí que estoy dispuesto a compartir contigo. No hay que mezclar el trabajo o la vida personal. Lo hago porque quiero hacerlo, porque quiero verte feliz. Porque quiero que sonrías.
»Porque lo mejor de las personas es verles sonreír.
—Trunks...
—No sé...tal vez me excedí y me disculpo por ello. Si deseas que no te moleste más... puedo dejar de buscarte.
—NO.
Negó de inmediato la mujer. Pues sin Trunks volvería a ser el mismo muerto en vida.
—Sé que no es correcto esto. Pero me ofrezco ser tu herramienta, tu impulso, tu espejo. Y cuando sea el momento de que todo acabe, lo aceptaré.
Se acercó a la mujer. Le abrazó sentidamente. Y a falta de respuesta su nariz y labios acariciaban su cuello.
Preguntó en voz media:
—¿Quieres continuar...?
La mujer elevó la mirada. Su fleco estaba disperso, húmedo. Sus ojos azabaches lucían brillantes mientras los pómulos de sus mejillas no eran blancos sino rozados. Sus manos en tanto, se mantenía en el pecho del muchacho.
Y como respuesta sus ojos se besaron por eternos segundos. Como en la noche del baile.
—Prometo ser «cuidadoso», mi flor. Verás, en estos momentos nuevamente no vengo preparado, así que trataré de...
—No hace falta que te preocupes por eso—le interrumpió la mujer—Lamento no haberlo dicho antes.—se sonrojó.
—¿Có-Cómo dices?—parpadeó con extrañeza el azul.
—Uso un dispositivo, Trunks. El último que me proporcionaron... aun no pierde su vigencia. Por falta de tiempo, problema con el divorcio, o trabajo. Nunca me di tiempo de hacer una cita para que lo extrajeran.
—Entiendo...—el muchacho asintió. Había sido un gran alivio escuchar eso.
—Así que puedes estar tranquilo.
El muchacho sonrió, sus cejas se suavizaron.
Se abrazaron nuevamente. Y a causa de tanta emoción y sentimientos encontrados, un beso surgió en los nuevos amantes.
.
.
.
La ropa se destiló en el suelo. La toalla quedó a unos cuantos pasos de la cama; gozaban del arte de la intimidad.
Los cuerpos se mantenía al ras de la colchón. Lo hacían sentados. Frente a frente con los rostros sonrojados.
Jadeaban víctimas del goce.
Sus orbes se besaban infinidad de veces.
Susurros salían del alma. Mismos que retroalimentaban a la mujer.
»Eres hermosa.
»Mi flor.
El ritmo lo marcaban sus brazos fuertes posicionados en la cadera de la fémina. La «herramienta» hacia bien su trabajo.
¿Y qué pasó con la promesa?
La promesa se rompió al ritmo de sus gemidos.
.
.
Cuando la cúspide del sentir llegó para ambos. Las embestidas fueran más abruptas. Firmes.
Con esa poderosa sensación de placer, un mundo de lágrimas se desprendían de los ojos negros.
—No, por favor—suplicó el muchacho jadeante mientras secaba los cristales con sus pulgares.—Por favor no llores, Mai.
—Perdóname...—contestó la mujer con la voz entrecortada.
—Todo está bien, mi flor.—susurró—Si te hace sentir mejor...—le miró a los ojos—Me gustas mucho...
La mujer esbozó víctima de la sorpresa. Cubrió su boca con la mano. Y más lagrimas comenzaron a brotar.
—Trunks...
—No llores, Mi Flor.—restregó su rostro en ella.—No llores...
.
.
.
Las cuatro de la mañana marcó el reloj de su móvil. Su despertar se originó debido a que su garganta estaba seca; le exigía un poco de agua.
La estrella de Polaris calmó su sed con la botella de agua que se mantenía sobre el buró. Al regresar la vista hacia el lado derecho de la cama, divisó con más claridad al muchacho. Éste dormía plácidamente boca abajo con los brazos a los costados. Su rostro estaba en dirección a ella.
A Mai se le pintó un sonrisa en los labios. Pues era la segunda vez que dormían juntos.
Era lindo sentir el calor de un compañero.
Con atrevimiento acarició los mechones lilas con suavidad. Y juró al besar su frente que todo a partir de hoy valdría la pena. Porque después del primer rayo de luz que se filtrara por su ventana. Sería la línea que marcaría el inicio de una nueva etapa.
Diferente a la hace de 10 años.
Con otro sabor.
Con otro color.
Azul. No rojo.
Pues nunca es tarde para volver a sentirse viva. Nunca es tarde para volver a soñar, sentir, reír. Y sobre todo nunca es tarde para amar.
Aunque sea en complicidad.
Aunque sea en las sombras.
Pero feliz.
Nunca más una Flor Artificial.
Los zafiros se abrieron lentamente al sentir sus caricias. Al visualizar a la azabache sonrió. Sus ojos se besaron por segundos.
Y la nombró.
—Mi flor.
CONTINUARÁ...
~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~
Hola, ¿Cómo están? Espero que les haya gustado mucho el capítulo de hoy. Les he de contar primeramente que este capítulo, oh dios, si qué fue difícil su elaboración. De repente se me hizo horrible y me entristeció. Hasta me daba temor publicarlo, en serio.
Disculpen lo extenso. Pero con las escenas Lemon se debe de ser muy muy cuidadoso, detallista y demás. Ojalá les haya movido alguna fibra de sus sentimientos.
Me esmeré muchísimo para que el capítulo fuera digno de ustedes. Hasta me agotó, lo juro. Pero bueno, aquí lo tienen. Espero no haber defraudado a nadie porque lo hice con todo mi cariño.
Y bueno.
¿Cómo vieron a Silver? ¿Se lo merecía? ¿Qué tal con los nuevos amantes? ¿Qué pasará con Marron?
Zerk es un Oc que hice para Con Aroma de Café. Él era un amigo de Trunks de la preparatoria. Y como necesitaba a alguien para rellenar la escena sin que fueran Violet & Goten, pensé en él.
Por cierto, ¿Ya vieron la foto de portada de FA? ¡Corran a verla! Este fan art fue hecho por Evelyn Cotrina, inspirándose en el capítulo 8 justo en la escena del baile cuando los ojos de Trunks y Mai se besan. Evelyn, gracias. Saludos para ti.
Y bueno, pues la depuración de lo añejo sucedió. Y de qué forma, ¿no? Las cosas se complican principalmente para Trunks donde más adelante se verá en vuelto en las dos paradoja de su vida, y ...y...¡Rayos! ¿Qué más pasará?
Continuo con los saluditos n.n
-Bri17: Hola linda n.n qué gusto me da verte por aquí. Pues que te digo, hay mucho misterio, dudas y demás. Tal vez se leé sencillo, pero la situación en si es fuente para que me ponga un poco nerviosa durante su estructura. Si ustedes se emocionan, imagínate yo xDDDD ¡Gracias por leer, linda!
-MariaEnriqueta: Tus buenos deseos que se múltiples para ti al doble. Gracias por tus maravillosos mensajes, Bendiciones.
-Nancy Cephiro: Amo que lo ames xD En verdad no sabes el gusto me dio y principalmente alegría el hecho de que te dieras el tiempo de ponerte al corriente con los capítulos. Un placer saludarte y leerte n.n GRACIAS.
-Karol: ¡BIENVENIDA! Querida amiga y fiel lectora te echaba de menos. Me alegra tanto verte ahora en FA. Mil gracias por leer, por tus rws, ¡Gracias!
-Cereza de Paatel: Holis, otra vez fui mala contigo porque no te enseñé el resto del capítulo xDDD ¡Perdóname! Jaja Gracias por pasarte a leer y por tremendo rw gemela maligna. Que el poder del agua milagrosa nunca te falte. XD
-WTF: Lo sé, lo sé, jajaja ¡Perdón! Parece que corto en la escena más buena xD. Pero te recompenso con este capítulo. Y ah, ¿Quién no se derrite cuando Trunks dice «Mi flor»? ¡Carajo! Me mata con eso jaja gracias por leer y escribirme.
-Himeko03: Himeko, Himeko...Himeko xD Que lindo el hecho de sueñes con FA, en verdad me hace muy muy feliz. Porque bueno, eso me hace pensar que cumplo con el objetivo de transmitirte de forma satisfactoria la historia. Y bueno, en primera, te felicito por tu gran observación "EL MOMENTO SE ACERCA"¡ y mira! jajaja te grabaste muy bien el epílogo del vestido rojo y el collar de perlas negras, eh xD ¡qué gusto! Espero con ansias locas esos hermosos dibujos Gracias infinitas por leer y escríbeme, adoro tus rws.
-Jackesita Frost: Es lindo verte por aquí compañerita Trumai n.n No nos mirábamos desde el final del HelMR. Muchas gracias por leer, cariño. Por hacerte presente. Besos miles.
-Konnishiha Mundo: No, no, gracias a ti por leer y hacerte presente. En efecto tienes toda la razón, la Mai de FA es correspondiente al diseño Mirai. En Con Aroma de Café utilicé a la Mai clásica debido a que en ese entonces los autores de Fics, solo teníamos como referencia DB y la película de BoG para crear historias Trumai. En HelMR como ya hubo cierta influencia con la saga Mirai de DBS, opté por el diseño Mirai Mai (ojos negros) debido a que esa forma guerrillera le iba más a la historia que se situaba en una aventura. Y finalmente en FA, decidí el mismo diseño ¿Por qué? Porque considere que ambas mujeres protagónicas fueran físicamente lo inverso: Marron (rubia, joven, ojos celestes) Mai (Madura, azabache de ojos negros) Además para que no fuera tan repetitivo el color de ojos, pues tan solo Violet, Trunks, Marron son de ojos azules. Y así n.n. Muchas gracias por escribir y por leer, muchos saludos para ti.
-Schala S: Hola. Schala sé que vas en el capítulo 4 pero aquí te dejo tu salidito. Me alegra mucho que te haya gustado. En verdad aprecio el tiempo que te tomas para ponerte al corriente, gracias miles. Yo también pienso que el Dr Brief, es de alguna manera una gran influencia para Trunks, es como lo contrario de Vegeta, cada uno a su forma aporta un tanto al muchacho. Por ello pienso que siendo heredero de la CC su máxima figura, sin duda, es su abuelo. Con esa sencillez tan característica de él que ni parece el hombre más rico del mundo. Gracias por tus consejos y observaciones, gracias por leer n.n
—Vilandra & Odette: ¡Ay, Gris! Jajaja siempre me haces reír xD eso del baile horizontal fue genial. Y bueno, al fin "Te dí" ¿Complacida? XDDD gracias por estar aquí, baby.
-Lectores silenciosos: Gracias amigos por sus visitas que cada día hacen que se incremente la cantidad de views. Un abrazo para ustedes, sé que están ahí ;)
-Saludos especiales para:
-Evelyn Cotrina: bella, gracias por tu dibujo.
-NeonQueenDBZ que esta haciendo un dibujo precioso de FA, ¡GRACIAS! Cuando esté listo para el próximo update, lo pongo de portada para que lo vean. :D
-Giorgia Podda, ésta última me contacto por Facebook, muchas gracias por tus palabras por leer y escribirme. ¡Saludos hasta la bella Italia!
Sin más que decir, les agradezco nuevamente a todos por pasarse a leer. ¡GRACIAS INFINITAS!
Nos leemos en el próximo capítulo.
¿Alguien quiere conocer y tener la canción de «Hadashi no megami»? Por PM déjenme su correo electrónico y con gusto se las mando para que canten conmigo xDDDD
¡SALUDOS A TODOS!
Con cariño:
Kuraudea.
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20/Enero/2017
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