AMOR SANGRANTE

10. Dejando Washington

Había corrido durante más de una hora cuando por fin decidí pararme para tomarme un descanso. No había sido mi idea más inteligente pero tenía que intentarlo y ayudar. No iba a quedarme sentada tranquilamente mientras James arriesgaba su vida por una maldita cacería. Me dejé caer contra un árbol y miré a mi alrededor. Árboles y arbustos me rodeaban y no me ofrecían ningún tipo de orientación para saber qué camino tomar. ¿Por qué había tantos árboles en Washington? Es decir, ¿no podría ser como en otros bosques con señales que ayudaran a moverse? Intenté tragar algo de mi propia saliva, ya que también había olvidad traer una botella de agua, otra cosa inteligente por mi parte.

—A James no le gustaría nada saber que te has escapado—dijo Laurent acercándose junto a mí

—Lo sé —dije—Pero tenía que intentar ayudar

—¿Cómo? ¿Yendo directa al centro del problema? Los Cullen han dejado la casa. No hay razón para que vayas allí.

—¡No lo sabía! Al menos me sentía mejor pensando que lo había intentado.

—Lo has hecho, pero ahora es momento de que te vengas conmigo y esperes a que James vuelva.

—¿Pero qué pasa si no vuelve? Quiero decir, acabo de romper mi promesa y no hay forma de estar seguros de la suya

—¿De qué promesas hablas?

—Le prometí que no me iría si me prometía no morir

—Ya estás conmigo y si vienes a Denali no estarás rompiendo tu promesa. Y si no la rompes, estoy seguro de que James tampoco lo hará. Puede ser un peligroso cazador, pero es un hombre de palabra. Esa es otra razón por la que no puede abandonar una cacería.

—Ojalá hubiera algo que pudiera hacer. Odio ser humana ahora que sé que hay vampiros en el mundo. Me siento tan débil, tan vulnerable…

—Cuando estás con nosotros no eres en absoluto vulnerable.

—Pero soy débil

—No te preocupes, no te va a pasar nada. Ahora, andando. Creo que Carlisle ha llamado al clan de Denali para que nos esperen.

—¿Cuánto vamos a tardar?

—No mucho. Probablemente dos días si nos tomamos algunas horas para descansar.

—¿Acaso necesitas descansar?

—No, pero tendré que cazar. Iré mientras duermes.

—Parece una moda: marcharse cuando duermo

—Es lo más seguro para todos. Dejamos salir nuestra verdadera naturaleza cuando cazamos y hasta que no estamos llenos nos cuesta mucho recuperar el control sobre nuestros instintos.

—Ah…—dije. Me quedé en silencio y esperé a que Laurent hiciera el siguiente movimiento.

—¿Estás lista? —preguntó Laurent al fin

—No creo que tenga elección

—Siempre la tienes, no lo olvides. Así que, ¿estás preparada?

—Sí —me encaramé a la espalda de Laurent y me sujeté con fuerza. Empezó a correr por el bosque. Los árboles se volvían borrones por la velocidad del vampiro y pequeñas lágrimas se me acumulaban en los ojos.

oOoOoOo

Dormí durante la mayor parte del viaje. No es que fuéramos a parar para hacer turismo de camino a Denali. Además, la mayoría de las vistas eran borrones. Laurent mantuvo su palabra de cazar solo por la noche mientras yo dormía. Cuando le pregunté qué cazaba evitó la pregunta y echó a correr de nuevo.

Cuando por fin llegamos a Denali, me sorprendí al ver una casa preciosa, más como una casa de campo. Había algunas luces encendidas pero todas las ventanas tenían persianas.

—¿Crees que están despiertos? —le pregunté. Simplemente me miró con el rabillo del ojo porque ya sabía la respuesta —Lo sé, lo sé, ha sido una pregunta estúpida. Por supuesto que están dormidos— dije con sarcasmo.

De repente se abrió la puerta y apareció una mujer de pelo rojizo. Otros la siguieron pero ella era, obviamente, la líder.

—Debéis de ser Laurent y Cerys

—Efectivamente. Tú debes de ser Tanya —contestó el vampiro

—Sí. Carlisle me llamó y me informó sobre vosotros. Por favor, entrad, no quiero que la humana pase frío —dijo Tanya empujándonos dentro —Tenemos dos habitaciones preparadas para vosotros. ¿Sabes si estáis de paso o estaréis aquí una temporada?

—Ahora mismo no lo sé

—Estamos esperando a alguien más —dije encontrando la voz por primera vez

—Carlisle me dijo que solo seríais dos. Ni siquiera sabía si Cerys vendría al final.

—James vendrá, simplemente no sabemos cuándo —dije a la defensiva

—¿James? ¿El mismo James que está persiguiendo a la novia de Edward?

—No sabemos cuál será el resultado de eso —dijo Laurent —De todas formas, James sabe que planeábamos venir aquí.

—Yo no le esperaría. Edward es extremadamente protector con lo que le pertenece. Moriría por ella si tuviera que hacerlo. Además, su familia le ayuda. Pueden llegar a ser un poco… feroces cuando se les arrincona.

—¿Puedo irme a mi habitación? —pregunté al hartarme de los pensamientos pesimistas que circulaban por la estancia.

—Por supuesto. Eleazar, ¿por qué no le enseñas a Cerys su cuarto? —uno de los vampiros avanzó y comenzó a andar por un pasillo. Rápidamente me amoldé a su paso.

—Esta es tu habitación. Laurent estará en la de enfrente y yo estoy al lado con mi compañera Carmen. La hermana de Tanya, Kate, está al otro lado. La otra hermana de Tanya, Irina, está en frente del pasillo junto a Laurent.

—Gracias —dije —Creo que he visto más vampiros antes a parte de vosotros cinco

—Ahora mismo tenemos a otros dos viviendo con nosotros. Pero están en otro corredor.

—Vale, vale. Bueno, gracias de nuevo —dije antes de desaparecer en mi habitación. En la pared del fondo había una cama con sábanas azul clarito bajo una ventana. Había un armario en una de las paredes y en la otra había una televisión encima de un escritorio. Me dejé caer sobre la cama y observé el mundo moverse fuera de la ventana. Aún había una fina capa de nieve en el suelo aunque parecía que la mayoría ya se había fundido.

—Espero que todo esté bien —me giré para ver a Tanya entrar en la habitación

—Es maravilloso —dije en voz baja

—Estás muy unida a ese cazador, ¿verdad?

—Bastante, sí —contesté —Lo siento, pero no estoy de humor para hablar de sentimientos ahora mismo, especialmente con alguien a quien acabo de conocer. Esperaba tener algo de tiempo para mí y ordenar mis pensamientos

—Claro, si necesitas cualquier cosa, dímelo. Hay algo de comida en la cocina pero la mayoría es comida enlatada. No estamos acostumbrados a visitantes humanos. Podemos ir a la tienda mañana u otro día para asegurarnos de que estamos mejor equipados.

—Puedo hurgar. Gracias de todas maneras —respondí. Tanya me sonrió antes de retroceder y dejarme sola.

Cuando estuve segura de que nadie más iba a entrar e interrumpirme, escarbé en mi gastada mochila en busca de mi pequeño diario. Lo llevaba conmigo pero no había escrito nada desde un año después de que mi padre muriera. Me lo había regalado nuestra última Navidad juntos pero no me sentía con ánimo de escribir. Cuando murió decidí utilizarlo para conservar sus recuerdos y sacar todas mis emociones. Supongo que ahora es un buen momento para añadir otra parte.