N/T: No voy a comenzar disculpandome por el retraso, ha sido muy difícil poder continuar con los fics debido a algunos problemas, sin nada más que decir mejor los dejo con la historia
Advertencias: ¡Lenguaje fuerte y referencias sexuales!
Tainting the Roses Red
Por Child of the Ashes
Orihime apenas había registrado sus pies en contacto con el sólido concreto de la azotea antes de ser liberada y tropezó por un segundo tratando de enderezarse. El borde de la esquina y la fuerte caída más allá surgió como una boca abierta en su visión periférica.
Bueno, no hay donde correr.
Ella sabía que no era una coincidencia.
A esta altura, el cálido aire de la noche volaba sin restricciones entre los edificios. Azotaba su cabello en su cara y de nuevo antes de que pudiera empujarlo fuera de sus ojos. Aquí en lo abierto, estaba expuesta y vulnerable. La necesidad de localizar el peligro era como una bengala contra la niebla nublando su mente, ardiendo con una claridad cegadora. Ella tenía que saber dónde estaba él; tenía que ver de qué dirección iba atacar.
Ella lo ubico al otro lado de la azotea. Fundido en el resplandor de una luz de seguridad naranja, la estaba observando; inmóvil, excepto por la briza que soplaba su shihakushou alrededor de él como un aura oscura. El brillo de la lámpara iluminó su cabello, convirtiéndolo en llamas y brillando sobre el borde de la hoja de Zangetsu. Lo hacía parecer depredador y demoníaco.
Un escalofrió se abrió camino por su espalda, a pesar de la noche cálida. Y la parte del cerebro de Orihime que todavía era capaz de lógica racional le dijo que no había manera de que una persona fuera capaz de moverse así de rápido. Levantando una sola mano, él hizo a un lado la máscara y se desvaneció en una nube de reiatsu rojo oscuro.
Ella se puso rígida cuando vio su rostro, sorprendida de que él se pareciera tanto a Kurosaki-kun y, sin embargo, no del todo. Incluso a esta distancia, apenas pudo distinguir la intensidad de la mirada que estaba estudiándola.
Orihime permaneció en silencio, tratando de no respirar o parpadear o hacer algo que pudiera hacerlo enojar. Ella sabía que él era volátil, reaccionando a la más ligera provocación. Luchando contra otro escalofrío, ella apretó sus puños en su lugar, escavando las uñas en la palma de sus manos hasta que dolió. Eso era bueno. El dolor era bueno. La ayudaría a permanecer en el momento y ahogar el pánico en su mente gritando que ella iba a morir.
"¿Ahora qué…?
¿Él de verdad iba a matarla? No parecía así. Él no se había movido o hizo un intento por amenazarla. No es que eso la reconfortara en absoluto, considerando lo rápido que él podía moverse. Sin embargo, él todavía estaba allí, mirando en silencio complacido, sobre quién sabe qué, y desprendiendo el aire de intimidación de un tigre perezoso, pero ligeramente sociopata; del tipo que podría arrancarte la cabeza, sin previo aviso, solo por diversión, o para ver si las personas de verdad sabían a pollo.
Aunque para ser justos, él la había rescatado en primer lugar, ¿no es así? ¿O ese había sido Kurosaki-kun? Ella no estaba segura… Había parecido Kurosaki-kun, pero… él había estado extraño, diferente. Su reiatsu había sido tan oscuro… es por eso que ella no se había dado cuenta inmediatamente que era él aferrándose a ella.
Hizo a un lado la culpa de atacarlo. No era momento para estar pensando en eso. No cuando el verdadero peligro estaba mirándola como un verdugo.
Ella se lamió los labios.
¿Por qué solo estaba allí parado?
Su ansiedad estaba aplastándola como un peso en el pecho. Al menos si él la atacaba, ella no tendría que seguir pensando en cuándo él podría hacerlo.
Ella no podía leer nada en sus ojos. Eso era lo que la molestaba más. Los ojos de Ichigo eran expresivos. Contenían un mundo de pensamientos si sabías cómo mirarlos, pero los ojos del Hollow eran oscuros como la obsidiana y contenían un brillo malvado. Daban nada más que emoción superficial. Escondían sus pensamientos tan efectivamente como cualquier máscara que había visto, humano o hollow.
El viento se arremolino en su rostro de nuevo y ella tuvo que cerrar los ojos contra la picadura de ello. Cuando los abrió, ella podría estirar una mano y tocarlo.
Ella jadeó, dando un paso hacia atrás, antes de recordar la saliente detrás de ella. Apretó sus manos más fuerte, no muy segura de sí era para evitar levantar su escudo por reflejo, o para evitar gritar. Ella tenía la clara sensación de que cualquiera habría sido un error.
Luego él inclinó su cabeza a un lado y sonrió, y eso la asusto más que nada hasta ahora, porque Ichigo no sonreía así.
Él se quedó mirándola escrutándolo desde el otro lado del techo. Ella tembló una o dos veces y él prácticamente podía escuchar sus pensamientos, sus miedos, e incluso sus malditas esperanzas infundadas. Y esas, sabía él, estaban tan profundamente arraigadas en ella que probablemente ni siquiera podía evitarlo.
Era delicioso…
Ella apretó sus manos fuertemente, y él pudo sentir, más que ver, su sangre fluyendo. Sus ojos cayeron a sus pequeños puños blancos. Él quería mirarla, y remotamente se preguntó de dónde había venido ese pensamiento. Él sabía cómo se veía la sangre. Él había visto montones; montones derramada.
No, era más sobre la idea de su sangre y el cortar su propia carne lo que le atraía. Y ya que él siempre hacia lo que quería, no había razón para adivinar él mismo ahora.
Cuando se detuvo en frente de ella, ella se tambaleó hacia atrás, claramente esperando que él se quedaría en su lado del techo. Él se tomó un momento para medir y disfrutar el temor sorprendido destellando en sus ojos, observando su luz parpadear momentáneamente, antes de dejar que su mirada viajara apreciativamente por el resto de su cuerpo.
Sus puños se apretaron de nuevo y él sabía que habría más sangre, pero ella se mantuvo firme, mordió su labio y endureció su cuello luciendo cada poco martirizada, y sin embargo todavía asustada, su nombre implica princesa.
El viento azotaba su cabello alrededor de su delgado marco y su pecho exhaló y por un segundo fue distraído por el juego de luces contra cada hebra, incluso aunque él sabía que era el pensamiento de su otra mitad. Sintió su propia sonrisa.
Bueno, si ella iba a quedarse allí y ofrecerse como una especie de sacrificio virginal real, él estará más que feliz de jugar al dragón hambriento.
Ella se estremeció cuando él tomó su muñeca, pero no hizo ningún intento por alejarse o soltarse. Chica inteligente… Él de verdad no quería tener que arrancársela. Principalmente, porque le había tomado un poco de su orgullo de hollow salvarla en primer lugar, lo cual era algo que él no hacía. Bueno, eso es, si hubiera sido alguien más, pero esta era suya; que él había salvado, a sus propias expensas. Repetidamente. Era cuestión de supremacía. Cualquier otra estúpida mierda que pensara que tenía el derecho a matar lo que él había salvado, tenía que morir, preferiblemente en una manera desmoralizante y dolorosa.
Y luego estaba también el hecho, que ella solo se veía mejor con ella adjunta.
Él llevo la mano de ella hacia arriba justo debajo de su barbilla, la palma primero, y sintió un pequeño cosquilleo de orgullo cuando ella estiró sus dedos y lo observó con inseguros ojos grises. Él la recompenso con una sonrisa maliciosa, mostrando sus dientes.
No era mucha sangre, casi en absoluto, solo unas gotas en la palma y en sus dedos. Era fascinante, rojo profundo contra la carne pálida de su palma. Él jugó con la idea de extraerla, antes de que cediera a un impulso mucho más fuerte.
Él miró sus ojos cuando llevo su dedo índice a su boca y chupó la sangre de él, resistiendo el impulso de morder. Un profundo gruñido bajo retumbo en su pecho ante el sabor de ella y trago de vuelta, mirándola a los ojos a través de los flequillos naranja de su contraparte, midiendo su reacción.
Sus ojos estaban nublados, sus emociones en estado de agitación. Él se tomó su tiempo para descifrarlos, mientras avanzaba al siguiente dedo. Ella estaba sorprendida y definitivamente incomoda. Sin embargo, no por sus acciones, él era un monstruo, y ella esperaba que él actuara como tal. Más que probable, era que su propia respuesta la tenía tan molesta.
Él podía verlo allí, más allá del exterior asustado. Más allá una docena de otras emociones retorcidas y complicadas, había un destello de deseo. Ella no se sentía amada o segura o querida o cualquiera de las otras cosas que le habían sido enseñadas que igualaran el deseo y sin embargo, ella quería de todas maneras. Era joven y casta. Él podía decir que su princesa era intocable.
Su cuerpo era un remolino de hormonas. Ella no lo entendía, él lo sabía, y era increíblemente provocativo.
Él liberó su último dedo y ella pareció aliviada, hasta que él bajo su boca a su palma. Ella trato de retroceder entonces, muy lentamente, casi como si ella esperara que él no se diera cuenta de cuánto tiempo había estado en silencio por ello. En su lugar, él dejó escapar un gruñido, bajo, del tipo de advertencia de una vez de pacto. Él añadió una mirada por si acaso y ella se quedó quieta.
Él bajó su cabeza de vuelta a su palma y lamió el último rastro de sangre, dejando que su lengua se quedara más tiempo de lo que era estrictamente necesario antes de dejar caer su mano. Esta se sacudió a su costado, dándole a él un presumido sentido de satisfacción.
Las presas podían ser aplastadas, asesinadas, y mutiladas en cualquier número de formas, a la vez que retrocedían y temblaban de miedo. Pero ser capaz de hacerlos quererlo; envolverlos y retorcerlos, hasta que arriba fuera abajo y los laterales fueran transversales, hasta que al final, cuando supieran qué estaba por venir y lo quisieran de todas maneras. Ese el trabajo de un maestro.
Él sonrió, dándose cuenta de que ella estaba enojándose por algo. Él espero, flexionando su cuello; saboreando el dolor apagado de su propia carne maltratada.
"¿Qué…?"
Ella hizo una pausa, tragó y trató de nuevo. "¿Qué quieres conmigo?"
Él respondió casi tan pronto como la pregunta estaba fuera, anticipando que ella preguntaría algo entre esas líneas.
"Ahora eso es grosero, Hime-chan. ¿No es de buena educación al menos decir gracias después de que alguien acaba de salvar tu vida?"
Él se aseguró de encajar su voz llena de dulzura empalagosa, dándole una sonrisa que la hizo estremecer y bajar sus ojos. Él la observo mirar a sus pies, su frente arrugándose en confusión ante sus palabras, luchando entre la buena etiqueta y el sentido común. Pero él no quería o necesitaba escucharlo. Él lo había hecho por sus propias motivaciones, después de todo.
"Tu hermano estaría tan decepcionado."
Su cabeza se levantó de golpe; la ira brillando en sus ojos.
Un pequeño aleteó de emoción se disparó por su espalda ante su mirada enfurecida. Por lo general su furia venía y se iba rápidamente, como si ni siquiera hubiera pasado en absoluto. No era fácil sacarla de quicio. Él se dio una palmadita mental en la espalda. Esto sería mucho más divertido si ella peleara o se defendiera.
Sin embargo, parecía que ella sabía de inmediato que él estaba hostigándola. Ella apartó la mirada, y él estrechó sus ojos, particularmente no gustándole el hecho de que había sido rechazado tan fácilmente. Tal vez debería dar un paso atrás, antes de que fuera tentado a aplastar su bonita cara.
Pero ella ya estaba continuando.
"¿Por qué hiciste eso? Me salvaste. Y antes… ese fuiste tú ¿no es así? ¿En el domo…?" Ella se interrumpió, incapaz de aclarar sus pensamientos cuando él estaba tan cerca. Se sacudió y trató de encontrarse con sus ojos oscuros.
"¿Por qué?"
Él resopló. "¿Estás quejándote?"
Él se dio vuelta hacia el borde del edificio e inclinó su cabeza para observarla por el rabillo del ojo.
Ella frunció el ceño, arrugando la nariz en una manera que él sabía que le gustaba secretamente al rey, pero todavía sin responder la pregunta. Llego a la conclusión razonablemente rápido, que él no era una persona muy paciente. Estiró un brazo, casi vanamente y la empujo hacia un costado del edificio. En el último momento, la atrapó por la muñeca, dejándola colgando en el medio del aire.
Ella gritó antes de darse cuenta que ella no había caído a su muerte e hizo la única que pudo hacer la situación peor; miró abajo. Boquiabierta y jadeando, ella intento agarrar su otro brazo, suplicando con sus ojos. Él sonrió. Ella de verdad podía ser entretenida.
"¿Hay algo que querías, Hime-chan?"
"¡S-súbeme!" Ella miró hacia abajo a la caída de ocho pies de nuevo antes de cerrar sus ojos fuertemente.
"¿Cuál es la palabra mágica?" él la miró con severidad, asegurándose de tomarse su tiempo. Después de todo, eso no haría que su princesa no lo apreciara completamente.
"Ah… ¿Por favor…? ¡Por favor!"
Él la subió de vuelta y la dejó ir, sin preocuparle si ella tenía su equilibrio o no. No lo tenía. Ella gorgoteó sobre el borde antes de agarrar el único anclaje disponible, su shihakushou. Ella parpadeó un par de veces, como si estuviera sorprendida de haber sido maltratada de tal manera.
Él no pudo decidir si una sonrisa o un gruñido la molestaría más, por lo que optó por una sonrisa insufrible. Pareció haber tenido el efecto deseado, porque ella parpadeó de nuevo antes de adoptar un ceño molesto.
Una vez más, el fuego de su irritación le trajo pequeñas punzadas de deseo. La observó atrapar sus labios entre sus dientes y él se moría por saber cómo se sentía morder ese labio lleno. Frunció el ceño ante la idea, preguntándose si de verdad había sido suya.
Los hollow no besan. No hacían el amor o follar o como sea que los humanos lo llamaban. Simplemente no lo hacían. Un hollow estaba lleno solo de impulsos básicos. Y para la mayoría, no había nada más que el hambre, todo lo demás solo era un recurso para lograr ese medio.
Y, sin embargo, él quería hacerlo. Intensamente.
Inclinó su cabeza, en contemplación silenciosa, pero no encontró respuestas fácilmente disponibles. Tch. Lo que sea… Él siempre hacía lo que quería, de todas maneras, además… su princesa era especial. No era como si ella se rompería por un poco de manejo brusco.
Le había tomado un largo tiempo descubrir qué había en ella que llamó su atención. Al principio pensó que era porque el rey la quería. Pensó que simplemente había sido arrastrado impotente a otro de sus deseos. Tenía sentido, supuso. Su otra mitad todavía era más fuerte en voluntad, después de todo. Por lo que había resistido al principio.
Pero él había esperado, y la había observado… y finalmente había aislado exactamente qué era lo que lo tenía tan obsesionado.
Era la pureza.
Su corazón era puro, y tan fluido como la luz, el agua o el aire. Todas las cosas en las que los humanos nunca se molestaban en pensar, pero aun así todo sin lo que no podían vivir. Su corazón cedía bajo presión, pero fluía de vuelta, sin daño. Para una criatura como él, era el equivalente a un banquete.
Él sabía cómo tomar la vida de sus enemigos; suplicante o valiente, no importaba. Poderoso o débil, todo se veía igual en el suelo cubierto de sangre y suciedad. Pero su princesa era especial. Su vida no podía ser tomada, porque ella la daba libremente y esa era su fuerza. No poder, porque el poder venía del dolor; venía del sufrimiento y el deseo de poner fin a ese sufrimiento a cualquier precio. Eso era fundamentalmente lo que hacía un hollow, y lo que hacía un shinigami para el caso. La fuerza venía de un corazón inquebrantable. Él podía romper su cuerpo, pero su espíritu era intocable.
Se lamió los labios lentamente.
Esa era la verdad que su retrasado alter-ego sabía, incluso si él no sabía que lo sabía. El otro lo había sabido también, el cuarto espada, ese estúpido alado que él había matado. Había sido en su último aliento, esas palabras. Y esa era la verdad de la que Aizen se había dado cuenta. Incluso la había probado; la observo de cerca, pero no demasiado cerca, porque al final, su poder era sutil, pero temible. Su poder pisaba los dedos de dios, crear y destruir; aceptar y rechazar. Su princesa era especial. Y solo eso la hacía valer la pena.
Pero él estaría muy condenado, antes de comenzar a recitar ese tipo de mierda poética.
Orihime se aferró a él finalmente recuperando su equilibrio. No podía creer que él la había arrojado casualmente de un edificio. Y solo para vengarse de ella por no estar apropiadamente agradecida. Eso era tan… infantil. Y ahora tenía la audacia de estar allí luciendo divertido por su fragilidad humana de necesitar tener ambos pies sobre el piso para poder estar de pie; algo que él aparentemente no necesitaba, considerando su habilidad para luchar en el aire. Estúpido hollow.
¿Y por qué sus manos estaban hormigueando?
Ella miró hacia abajo para verlas todavía firmemente enredadas en sus ropas y contra su persona. Ella las retiró, escondiéndolas detrás de ella. Manos tontas, ¿qué estaban pensando? Él podría haberte mordido. No es que él pareciera querer hacerlo. Él estaba mirando su labio entre sus dientes. No parecía molestarle en absoluto que ella lo había atrapado mirando sus labios, tampoco.
Él extendió un dedo ligeramente afilado bajo su barbilla, y uso su afilada punta para atraerla más cerca. Ella tragó saliva, sintiendo mariposas aletear en el interior de su vientre.
¿Qué…? Él no va a…
Él se movió hacia adelante con deliberación metódica, como si realizara un experimento. Su estómago se enrosco en una manera divertida que hizo que la piel de sus brazos se erizara, y ella no estaba segura si no debería estar haciendo un mejor trabajo en resistir sus atenciones. No es que ella pensara que le haría algún bien si él ponía su mente en ello. Su cuerpo dio otro escalofrió mientras él le inclinaba la cabeza hacia arriba y se inclinó hacia ella.
Él atrapó su labio entre sus dientes y hormigueos casi dolorosos de electricidad se dispararon a través de sus labios y bajaron por su pecho hacia ese lugar cálido y apretado en su vientre. Él chupó y las chispas brillaron en sus ojos. Ella inhaló, los ojos se abrieron, y no estaba segura de cuándo los había cerrado.
Ella se apartó y dio el único paso hacia la izquierda, antes de quedarse corto.
Tenía que alejarse. Podría no tener mucha experiencia, pero sabía que sentimientos como este eran peligrosos. Pero no había lugar a donde ir, a menos que ella quisiera saltar… y si él trataba algo como eso de nuevo, puede que ella tenga que comenzar a considerarlo seriamente.
Ella lo miró con ojos amplios.
Él se veía ligeramente aturdido como si no hubiera esperado eso, antes de que su rostro adoptara un ceño y por un momento él se veía mucho más como su Ichigo, que ella sintió las lágrimas picando sus ojos. Él estaba molesto por el beso. No lo había dicho; pero ella había visto a Ichigo fruncir el ceño así.
Tal vez, solo tenía demasiados sentimientos inesperados para procesar. Él era un hollow. Su manera de tratar con las cosas inesperadas generalmente podría ser expedido al matar a todos los involucrados. Así que no debería haber sido sorprendente que él no estuviera seguro de qué hacer sobre algo como esto.
El viento agitó los flequillos naranjas que caían sobre los ojos de él y ella se moría por empujarlos hacia atrás. No lo hizo.
Se sentía mal por él. Ella quería decir algo, decirle que estaría bien, incluso si él la había acosado y asustado un poco… Bueno, un montón en realidad, pero ella había tenido peores, había perdonado peores.
Y, además, si ella inclinaba su cabeza de cierta manera, él se veía terriblemente vulnerable.
Ella no se dio cuenta de que estaba acercándose a él hasta que su cabeza se levantó de golpe y algo violento y feo destelló en sus ojos. Luego él se había ido y el viento del que su cuerpo la había estado protegiendo se estrelló de lleno en su cara. La hizo farfullar y tambalearse por un momento antes de que tropezara hacia atrás, lejos del borde y cualquier posibilidad de una muerte prematura y accidental.
Ella cayó de rodillas, temblando por las emociones sobreexcitadas, la mayoría de las cuales ella estaba segura que necesitaría mucha terapia solo para identificar. Miró a su alrededor, preguntándose si él todavía estaba allí en algún lugar, pero encontró la azotea completamente estéril de cualquier objeto con forma de Kurosaki-kun.
Repasó lo que había pasado y la mirada que él le había dado. ¿Había estado molesto de que ella había querido ayudarlo? Así parecía.
Frunció el ceño. ¿Qué sentido tenía eso?
Él la había puesto a prueba, claramente disfrutándolo. Prácticamente la había secuestrado… insultó la memoria de su hermano… lamió su sangre—en lo que ella no iba a pensar de nuevo, nunca… la arrojó del edificio... y luego la besó.
Nada de eso tenía sentido.
Luego, tan pronto como ella había decidido que él no podría ser una causa perdida, malo y aterrador, sí, pero tal vez no irremediablemente malvado, él se enojó y la dejó aquí.
¿…Y dónde era aquí?
Ni siquiera vio una escalera. Arrugó la nariz, deseando poder gritar o dar pisotones con sus pies y lanzar un ataque. No lo haría, pero de verdad quería hacerlo.
Y él la asusto.
Ni siquiera quería pensar en lo que él podría hacer si se encontraban de nuevo. Esa mirada que le había dado no era un estímulo de confianza. Hasta ahora, la única cosa predecible sobre él era que con seguridad haría la cosa más impredecible posible.
Bueno, tiene sentido…
¿Y cómo demonios se suponía que saldría de este edificio?
Esta vez sí dio un pisotón su pie, diciéndose a sí misma que la siguiente vez que lo viera, le diría exactamente lo que pensaba de ser dejada aquí arriba. Rodeó el edificio por media hora antes de encontrar una salida de incendios por la que podía bajar con seguridad, e incluso después de que había bajado todo el camino hasta el suelo todavía estaba echando humo.
Él ni siquiera había jugado limpio.
Orihime suspiró, buscando una señal de tráfico. Estaba teniendo una de esas terribles sensaciones desconcertantes de que había olvidado algo importante, pero después de unos minutos de tratar de recordar, se rindió y optó por ir a casa. Le tomaría al menos treinta minutos caminar todo el camino de vuelta a su apartamento. No es que estuviera segura de que podía solo volver a casa… Si el hollow de Ichigo estaba en control, entonces quién sabe lo que podría estar dispuesto a hacer.
Ella frunció el ceño y consideró ir a la Shouten antes de empujar la idea al fondo de su mente. Ichigo por lo general era muy privado con los problemas de su hollow. Probablemente no querría eso a menos que no hubiera otra opción disponible. Intento alcanzarlo con su mente, tratando de sentir algún rastro de la presión espiritual más oscura de su hollow y estaba sorprendida de encontrarla cerca. Muy cerca.
Miró a su alrededor y no estaba ni un poco sorprendida de no ver nada. Arrugó la nariz y comenzó a caminar, con la esperanza de conseguir una mejor idea de exactamente dónde estaba. Se movía y ella se dio cuenta de que venía de por encima de ella en algún lugar. ¿Estaba siguiéndola?
La presión espiritual era débil, casi como si estuviera suprimiéndola a propósito, lo cual funcionó; de lo contrario todos la sentirían y vendrían corriendo.
Se preguntó si la habían sentido. No estaba segura de qué diría si le preguntaban. Ella no quería traicionar la confianza de Ichigo si él no quería que los otros supieran sobre esto. Y realmente no era como si pudiera ir hablar sobre su hollow robándole besos.
Su rostro se encendió en rubor.
Hizo a un lado el pensamiento, determinada a no pensar en ello y trató de concentrarse en la tarea a mano.
Sin embargo, resulto que no necesitaba molestarse, porque después de unos minutos se dio cuenta de que él estaba siguiéndola. Nunca descubrió exactamente dónde estaba, pero se quedó detrás de ella hasta que llego a su apartamento y se había ido antes de que ella cerrara la puerta detrás de ella.
Dejó escapar un largo suspiro después de que una vez más estaba metida de vuelta en la seguridad de su apartamento y trató de relajarse. Su estómago gruñó, recordándole que no había comido desde el almuerzo esa tarde. Estaba a mitad de camino comiendo una bola de arroz, cuando recordó qué era lo que había estado molestándola. Su comida cayó de sus dedos flojos y rebotó por el suelo.
Yuri-chan.
Ella había salido corriendo después de que Orihime había sido atrapada. No había manera de saber dónde estaba ahora o si estaba a salvo. ¿Y si el hombre guapo la había encontrado? No había ninguna manera de saber. Orihime comenzó a caminar en una línea corta con pánico, entre la sala de estar y la cocina. Necesitaba a Kurosaki-kun, pero…
Agarró la punta de su cabello, tirando con frustración. ¿Por qué ella no era mejor en esas cosas? ¿No había dicho ya que se volvería más fuerte, por lo que no sería tan inútil en esas situaciones?
Dejó de caminar. No importaba. Puede que ella no sea muy buena peleadora, pero eso no importaba tampoco. No había manera de que pudiera dejar a una niña pequeña sola valerse por sí misma.
Fue hacia su armario, y sacó su abrigo y sus mejores zapatos deportivos. La buscaría sola si tenía que hacerlo. Kurosaki-kun tenía sus propios problemas por resolver; ella no sería capaz de apoyarse en él esta vez. Cerró la puerta detrás de ella y se dio vuelta, bajando las escaleras y volvió a entrar en la noche.
