Capítulo 10: "Buenas" noticias
-¿Qué?, ¿Cómo?, ¿Cuándo?, ¿Dónde?, ¿quién?, ¿para qué?, ¿por qué?...
-¡Marlene!- grita Skipper- ¿estás bien?
Marlene mira para todos lados... y observa el hábitat de los pingüinos.
-Pe-pero...
-Te desmayaste cuando besaste a Skipper-argumenta Kowalski.
-Depende- explica Marlene- ¿en la primera o en la segunda vez?
-¡Estás loca!- explica Skipper también- solamente nos besamos una vez... y eso fue por accidente.
-Parece que el segundo beso lo soñaste- dice Cabo.
-Te desvaneciste cuando besaste a Skipper la "primera vez"- dice Kowalski- y Skipper solamente quedó parado inmóvil.
Marlene no podía creer que eso hubiera sido un sueño... miraba para todos lados y todo estaba en su contra...
-¿Y qué pasó con Arlene?- pregunta Marlene esperando tener al menos una prueba de que no fue un sueño.
-Dormiste por dos días enteros- explica Kowalski- Arlene se fue ayer, ya que ya habían pasado los siete días.
Marlene estaba destrozada, no esperaba todo esto.
-¿Sabe qué?- pregunta Marlene tratando de ocultar su gigantesca frustración- estoy bien y me voy a mi hábitat.
Marlene sale con la mirada hacia el piso, y los pingüinos solo se ven entre sí.
Al día siguiente...
Marlene estaba barriendo todo su hábitat, por alguna razón estaba extrañamente feliz...
-¡Ring!- sonó su celular.
-Qué extraño- murmuraba Marlene- las únicas personas que conocen mi número son...- Marlene corre hasta el aparato, lo agarra de un manazo y presiona el botón verde.
-¡Papá!, ¡Mamá!- grita Marlene llorando de felicidad.
-¡Marlene, cariño!
-Mamá, no puedo creer que seas tú la que me está hablando.
-¿Y qué hay de mí?
-Hola papi, y... ¿Cuál es la razón de su llamada?
-Es una sorpresa... bueno- contesta la señora-... ¡llegaremos al zoológico de...!, ¿cómo se llama?... ¡ah!, al zoológico de Central Park.
Marlene se sostiene de su cama para no desmayarse.
-¡Queremos hacerte una visita después de diez años sin verte!
-Te esperamos a ti y a tu novio.
-Espera... no-no-¿novio?
-Así es, esperamos que una mujer grande como tú ya tenga novio... ¿o me equivoco?, tal vez hasta tengas crías...
-¡Mama!
-Nos vemos mañana- se despidió su mamá con un acento español.
-Adiós- dijo su papá también con un acento español.
-Oh no...- Marlene corrió hasta el hábitat de los pingüinos, entró por el subterráneo y abrió la puerta golpeándola contra la pared- ¡muchachos!
-Te dije que todavía no estaba del todo consciente, pero no mi hiciste caso, Skipper- advierte Kowalski.
-No te preocupes, a Marlene solo de dio un ataque de paranoia, se le pasará pronto...- Skipper no terminó de decir esto, porque Marlene lo levantó del suelo y lo miró fijamente- ¡un ataque de paranoia puede ser peligroso!
-Skipper, necesito que me ayudes a encontrar un novio- fueron sus primeras palabras.
Los pingüinos se callan por unos diez segundos, y luego se ríen como si jamás volvieran a reír.
-Me temo que no podremos hacer esto- contesta Skipper, y luego Marlene lo baja al piso otra vez.
-¡Pero por qué no!
-Porque tenemos cosas más importantes qué hacer que buscarte un novio- Marlene no puede creer que rechacen una misión.
-¡Porfa!, además recuerden que es una misión.
-¡Negatorio!, en nuestras operaciones solo entran misiones básicas e importantes, no pequeñeces.
-Bien… Skipper- agrega Kowalski.
-¿Si?
-Bueno... no tenemos nada programado para hoy.
-¿En serio?- silencio- ¡truchas!, parece que le ayudaremos a Marlene.
La nutria solo salta de felicidad. Y luego de pensarlo un poco deciden hacer un casting para ver quién será el novio de Marlene. Obviamente el primero en la fila es Julien.
-¿Qué?, ¿cola anillada?, ¿qué estás haciendo aquí?- pregunta Skipper muy molesto, aunque trata de que no se note.
-Yo ni loca sería tu novia- agrega Marlene, eso tranquiliza a Skipper.
-¡Ja!, prueba el sabor de la derrota.
-¡Volveré!
-¡Julien!- grita Cecile- dice Maurice que ya encontró tu pelota de golf.
-¡Ya voy!- y el lémur se va.
-Bueno... continuemos... ¡siguiente!- grita Skipper.
Y pasa Fred.
-Quiero uno de fresa, dos de limón y...
-Fred, esto es un concurso, no una heladería- explica Kowalski.
-¿Si?- y Fred saca un mapa- ¡oh!- lo voltea de cabeza- lo tenía al revés... ¡adiós chicos!- y la ardilla se va.
-Kowalski- ordena Skipper- borra este suceso del expediente.
-Ya voy- y con el borrador de su lápiz borra la bitácora.
-¡Siguiente!- grita Skipper otra vez.
-Hola, saludos...
-¿Quién eres?- pregunta Skipper.
-Soy Antonio, la nutria soltera de Central Park, vivo en el parque enfrente de este zoológico- contesta la nutria.
-Mmm...- Skipper lo duda un poco- ¿qué opinas, Marlene?
-Ponlo en la lista de los "posibles"- ordena Marlene.
-Ya voy- y Cabo anota algo en una hoja de papel.
-Y... ¿cuándo me llamas?- pregunta Antonio a Marlene.
-¡Qué!, ¡piérdete enano!
-Pero...
-Adiós- contesta Marlene-no quieres que los pingüinos te saquen de aquí, ¿verdad?
-¡Por favor!, ¿qué me pueden hacer esas aves no voladoras?
Skipper se molestó, personalmente lo sacó del zoológico a patadas, regresando dio otra orden.
-Siguiente- dijo desanimado.
-Skipper
-¿Si Cabo?
-Eso significa que borro a Antonio... ¿no?
-¡Claro que si, soldado!... ¿Dónde estaba?... ¡ah!, si, siguiente.
Entra Maurice.
-El rey Julien me envió- dice el lémur.
-No se admiten apartados- dice Kowalski.
-Afirmatorio- confirma Skipper.
-Bien... se lo diré- dice Maurice-me va a obligar a comer mangos podridos otra vez-piensa Maurice.
-Siguiente- dice Skipper... pero ya no hay nadie.
-¿Acabamos?, ¿tan pronto?, ¡qué bien!- Skipper se detiene- ¡esperen!, al menos alguien debe estar como candidato... ¿no?
Kowalski niega con la cabeza luego de leer su bitácora.
-¡Sardinas empanizadas!, bien... supongo que ya no hay nadie... nadie excepto nosotros.
-Eh, Skipper...
-Tenemos que encontrar una opción aunque sea.
Marlene no tarda en pensar que ella y Skipper se verían tan bien...
-¡Marlene!- grita Skipper- te veo algo rara.
-No, estoy bien, gracias por preguntar, Skippy.
-¿Qué?- pregunta Skipper confundido.
De pronto Marlene se queda inmóvil, su boca se dirigía directamente al pico de Skipper.
-¿Por qué me pasa esto?- pensaba Marlene- no es normal que un mamífero se enamore de un ave... ¡no!, debe haber una explicación lógica... algo no es normal...
-¡Traslado!- grita Rico.
Esa palabra sacó de los pensamientos a Marlene.
-¡Papá!, ¡mamá!- grita Marlene.
-No hay tiempo para presentaciones, Marlene, tenemos que ir a tu hábitat.
Y todos se van al hábitat de nutrias... y los pingüinos se esconden dentro de la cueva.
-Bien... déjala... ¡ahora!- ordena Alice, la caja cae.
-Supongo que es todo... ¡vámonos!- grita Alice y luego se sube a la grúa donde estaba la caja y salen del zoológico.
En eso los pingüinos salen.
-Eso no es ser responsable- dice Cabo.
-Descuida Cabo, son mamíferos.
Marlene se molesta al oír eso.
-¡No tienes ningún derecho de ofender a nuestro reino porque...!
La caja se abre... Marlene grita, salta y cae en los brazos de Skipper, Marlene le da una sonrisa nerviosa al pingüino, el cual, muy tranquilo, la deja caer despacio en el piso. De pronto salen dos siluetas de la caja, los pingüinos se forman en posición de defensa. Marlene abre la boca y los ojos hasta que le duelan.
-¡Marlene!- gritan las dos figuras al mismo tiempo- ¡no puedo creer que te vuelva a ver!- dicen al mismo tiempo otra vez.
-¡Yo tampoco!- grita Marlene abrazando a sus padres.
-Y me imagino también a tu novio tan feliz- agrega su mamá.
Marlene deja de sonreír.
-¡No tengo novio!- piensa Marlene.
-¿Cuál es el afortunado?- pregunta su madre.
Marlene no sabe qué decir, de pronto pierde la cabeza y dice como si nada:
-¡Es el!- dice tapando sus ojos y apuntando su dedo índice hacia un lugar.
-¡No puede ser!- grita su madre molesta.
-Sabía que esto iba a pasar, y tengo la oportunidad de confirmarlo- dice su padre.
Mientras Marlene continuaba con los ojos cerrados. ¿Por qué su madre se enojó tanto?, ¿por qué su padre estaba tan tranquilo? Abrió los ojos...
-Hablaremos en mi hábitat, Marlene- dice Skipper y el junto con los demás pingüinos se van a su hábitat.
-Sabía que estabas enamorada de un pingüino, hija- dice su padre.
-Pe... Pero... ¿Cómo?
-Te lo explicaré después de que desempaquemos- dice su padre y entran al hábitat. Pero Marlene tenía una sola opción: decirle a Skipper que le ayudara a convencer a sus padres. Aunque ya sabía la respuesta, valía la pena intentarlo...
