Primero: Pediros disculpas por está largísima espera. La culpa fue de mi USB que insistía en eliminar los archivos de este capítulo cada vez que intentaba escribirlo, lo cual me desanimó bastante, pero bueno, esperemos que a partir de ahora todo salga bien.
Segundo: Muchisimas gracias por todos los reviews y el apoyo.
Tercero: Felices Fiestas para todos!
CAPITULO 10
Se lo habían pasado más que bien.
Hermione no recordaba haber comido tanto en mucho tiempo. Hamburguesa con queso y bacon, patatas fritas, nuggets de pollo, un refresco grande de cola y un helado con trocitos de chocolate y después, en mitad del partido, Remus les había invitado a una manzana de caramelo a cada uno.
Al principio Alex había estado muy tenso y nervioso, pero poco a poco y gracias a las atenciones y el carácter amable y apacible de Remus, su hijo se tranquilizó lo suficiente para que volviese a ser el mismo niño alegre de siempre.
Hacía frío, pero a Alex no le importaba, saltaba y gritaba animando a su equipo favorito como si no estuviese helando. De vez en cuando se volvía para hablar con Remus sobre algo que había sucedido durante el partido y sobre todo para alabar al famosísimo Tim Campbell, que como si lo hubiesen pactado, hizo uno de los mejores partidos de toda su carrera de jugador de quiddich profesional.
Hermione estaba convencida que al día siguiente tendría un buen catarro a causa del frío que habían pasado, pero por ver a su hijo tan feliz, pasaría por un millón de de ellos si hiciera falta.
Además, bueno, ella y Remus se había comportado como dos quinceañeros en su primera cita. Ni siquiera aquella primera vez en el Caldero Chorreante habían sido tan estúpidos. Se habían pasado la mayor parte del día echándose miraditas, sonrisitas y en algún momento tímidas caricias. Las tres que ella he había hecho a él habían sido a propósito. Había disimulado bien, haciendo creer que ambas manos se habían rozado sin querer al sujetar a Alex para que no cruzara la calle, o para colocarle bien el gorro y que no cogiera frío. La realidad es que necesitaba ese contacto tanto como respirar.
De vuelta en la casa, Alex le había preguntado a su padre si se iba a quedar a vivir con ellos de nuevo, pero él le dijo que de momento no podía.
-Anda, ve a bañarte que mañana tienes que ir al colegio- le pidió Hermione.
El niño comenzó a subir con desgana las escaleras y de pronto miró hacia atrás, bajó corriendo y se abalanzó sobre Remus, él se agachó y el niño le beso, le dijo algo al oído y salió corriendo escaleras arriba.
Hermione se quedó observando a Lupin, se le notaba emocionado, con los ojos brillantes por unas incipientes lágrimas –Es un niño maravilloso- dijo Remus.
-Si, lo es. Se parece muchísimo a ti- contestó ella.
Ambos se quedaron mirando y antes de que se diera cuenta, Hermione estaba atrapada entre la barandilla y el cuerpo de su marido. Tenía que hacer algo para salir de allí, aunque le deseaba no estaba preparada para caer tan fácilmente en sus encantos, seguía demasiado dolida por todo lo sucedido.
Sus piernas no reaccionaron, así que le dijo – Hacía mucho que no veía a Alex tan feliz, gracias por venir a pasar el día con él- Tal vez si centraban su atención en su hijo su cuerpo fuera capaz de reaccionar antes de que fuera tarde.
-Gracias a ti por acompañarnos- le susurró Lupin acercándose más a ella.
Él no podía apartar los ojos de los labios de Hermione ni ella de los de él. Remus levantó una mano y le acarició con suavidad la mejilla. Ese leve contacto consiguió erizarle toda la piel y cerró los ojos instintivamente. Abrirlos fue muy mala idea, ya que el rostro de su marido estaba a escasos dos centímetros suyos y su tibio aliento le había hecho perder la capacidad de razonar.
Atraídos como si fueran dos imanes, sus labios acortaron la mínima distancia que les separaba y se encontraron en un ansiado beso. A tientas se acariciaron húmedamente, sus manos enredándose en su pelo y sus cuerpos amoldándose a la forma del otro que tan bien conocían y tanto habían echado de menos.
Las manos de Remus comenzaron a descender desde su pelo hacia su cuello, y desde allí hasta sus pechos mientras se devoraban la boca con fiereza.
Nada deseaba más que hacerle el amor a su marido, pero Hermione, en una décima de segundo de lucidez, se dio cuenta que no podía caer de ese modo, tenía que ser fuerte, así que giró la cabeza –Remus, no- le dijo respirando agitadamente.
Pero él parecía que no le oía y atacaba su cuello con sus labios y sus dientes –Remus, para-
Confundido, Lupin la miró -¿Qué sucede?-
-No puedo, es demasiado pronto para esto- el licántropo apartó sus manos de los senos de Hermione y apoyó su cabeza en la frente de ella respirando con dificultad.
-Necesito tiempo- susurró Hermione.
-Lo siento, no quería que esto pasase. Bueno si, lo deseaba con todas mis fuerzas, quiero decir que no quería presionarte- le dijo separándose de ella.
Con las manos temblorosas, Hermione se limpió la saliva de los labios –No pasa nada- respondió mirando al suelo.
-Quiero recuperaros a los dos y voy a luchar con todas mis fuerzas para que eso ocurra. Te lo prometo-
…
Fred Weasley estaba en la sala común de Gryffindor, su casa mientras estaba en el colegio, sentado frente a la chimenea, esperando a que su hermano George se uniese a él. Esa noche utilizarían el mapa del merodeador para colarse en las cocinas, sin que nadie les viese y convencer a los elfos para que les dieran algo de comer.
Mientras esperaba se le iban ocurriendo nuevas ideas para productos que estaban inventando, tenían que perfeccionar algunos de ellos, pero poco a poco se iban haciendo con una clientela fija en el colegio. El producto estrella era el surtido saltaclases del cual se sentían muy orgullosos.
George apareció y en cuanto la sala común se quedó vacía ellos sacaron el mapa, le dieron un golpe con la varita y susurraron –Juro que mis intenciones no son buenas- Ante ellos comenzaron a formarse geométricos dibujos y a surgir nombres que se movían dependiendo de su ubicación en ese instante en el castillo. El señor Flinch y su gata, la señora Norris, estaban en la otra punta del castillo. Perfecto para ellos, nunca era agradable salir a dar una vuelta y encontrarte alguno de los dos.
Otra cosa con la que tendrían que tener cuidado era con los fantasmas que habitaban Hogwarts, sobre todo con Peeves.
Fred estaba a punto de cerrar el mapa cuando George le llamó la atención por algo.
De pronto, en la tercera planta apareció un nombre. Sabía que lo había oído en alguna parte, pero no podía recordar donde.
- Su nombre me suena ¿quién es? ¿Alguno de Hufflepuff?- preguntó George.
Fred se quedó pensando. Peter Pettigrew, ese nombre le resultaba familiar pero por más que se esforzaba no conseguía recordar – Puede ser, venga, da igual, si no nos damos prisa Flinch nos va a encontrar- le respondió a su gemelo.
Ambos salieron de la sala común y no fue hasta el día siguiente, cuando la profesora McGonnagall entró en la sala común de Gryffindor que recordaron quien era la persona que habían visto la noche anterior en el mapa del merodeador.
La bruja quería saber si todos estaban bien, por lo visto algo grave había sucedido en el colegio. Según les explicó algo malo le había sucedido a un alumno del colegio y les advirtió que no saliesen de las sala común hasta que ella no les diese permiso.
En cuanto Mcgonagall se marchó la sala común estalló en comentarios.
Fred miró hacia su derecha, Grace Lupin permanecía al lado de su hermana Ginny, de Violet Potter y de su amiga Natalie McDonall, otra alumna de primer año. Grace parecía algo nerviosa y una idea comenzó a fraguarse en su cabeza. Sujetó a su gemelo por el brazo y se lo llevó a un rincón para contarle su idea sin que nadie le oyera.
-Tenemos que hablar con McGonnagal, creo que se quien es la persona que vimos ayer en el mapa- le dijo a su hermano.
-Tenemos que esperar a que nadie nos vea para salir, si no ¿cómo vamos a explicarles porque necesitamos hablar con McGonnagal tan urgentemente?- respondió George.
-¿Eres consciente que si decimos algo sobre el mapa nos podemos meter en problemas?-
-Lo se-
Minerva McGonnagall entró con la cara desencajada -Todos los alumnos tienen que ir inmediatamente al Gran Comedor, allí, nuestro director les comunicará algo muy importante-
-¿Qué es lo que ha sucedido, profesora?- preguntó Percy Weasley, el prefecto de Gryffindor.
La bruja se quedó pensativa unos instantes -Una alumna de Hufflepuff ha aparecido muerta, así que por favor vayan saliendo en orden hacia el Gran Comedor- dijo muy seria –Y sin hacer ninguna travesura- añadió mirando hacia los gemelos. Ambos, Fred y George asintieron.
-Tenemos que contárselo a McGonagall- susurró Fred. -Estoy de acuerdo contigo- le dijo George.
…
Como odiaba ese lugar, pero dentro de poco lo abandonaría para siempre. Sonrió ante esa idea.
Desde su camastro recordó todo lo sucedido la noche anterior. Se había adentrado en Hogwarts, solo quería hacer unas pintadas en tono amenazante para asustar a la gente que habitaba en castillo, pero de pronto apareció una alumna y él actuó sin pensar. No sabía quién era aquella muchacha pero se alegraba de haberla encontrado, así su plan causaría mayor impresión.
Cerró los ojos cansado por haber pasado toda la noche en vela y se alejó de allí, de los gritos, de la soledad, de los recuerdos.
Faltaba tan poco para conseguir sus objetivos que ya podía sentir la sensación recorriéndole el cuerpo.
…
-¿Están seguros que fue ese el nombre que vieron en el mapa?- les preguntó Dumbledore a los gemelos. No es que no les creyese, pero, por decirlo de una manera agradable, esos dos muchachos eran bastante traviesos, y quería estar completamente seguro que aquella historia era completamente cierta. Lo que había sucedido la noche anterior era demasiado grave como para no asegurarse por completo.
Fred y George Weasley asintieron -Completamente seguros- aseveró Fred. Al principio no recordábamos de que nos sonaba, pero de pronto lo he recordado. En alguna reunión con los Lupin y los Potter en casa ese nombre ha salido a relucir. A George y a mí siempre nos había hecho gracia ese nombre y esta mañana cuando McGonnagal ha venido a contarnos que algo había sucedido lo hemos recordado-
-Sí, los Potter y los Lupin conocían muy bien a Peter Pettigrew, él era como un hermano para ellos- les explicó Dumbledore.
-Profesor ¿Cree que Peter Pettigrew es la misma persona que secuestró a Grace Lupin y que mató a Susan Bones anoche?- dijo George claramente preocupado.
El mago se mesó la barba, no quería asustar a esos chicos, pero no le gustaba mentir. Desde lo que le sucedió a Grace Lupin, él mismo había tenido la sospecha que Pettigrew podría estar detrás de todo aquello, incluso había ido a Azkaban y había preguntado en la prisión sobre Colagusano. Según le habían informado el preso no había abandonado ni un solo instante su celda en los últimos nueve años ni siquiera para recibir visitas.
–Hay que esperar a ver que dicen los aurores y ahora, si me disculpan…- les dijo el director poniéndose de pie -…tengo otros asuntos urgentes que atender- quería ir al Ministerio de Magia y hablar personalmente con Cornelius Fudge, el Ministro. También quería darse otra vueltecita por Azkaban para saber que estaba pasando.
Antes de que los chicos salieran les pidió que le entregasen el mapa del merodeador, en cuanto tuviera tiempo le echaría un vistazo. Cuantas travesuras se hubiesen evitado si hubiese tenido conocimiento antes de la existencia de ese mapa. Los gemelos se miraron entre ellos y finalmente, con pesar, le entregaron al director aquel pedazo de pergamino que tanta ayuda les había brindado.
Antes de salir le pidió a Minerva McGonnagall que redactase una carta para contarles a los padres del resto de alumnos lo sucedido en el colegio. Prefería que se enterasen directamente por ellos que no por los pérfidos comentarios de Rita Skeeter. No sabía como hacía esa bruja para enterarse siempre de todo y terjiversarlo a su antojo.
-Ya están enviadas, profesor-
-Gracias, Minerva. Intentaré regresar lo antes posible-
-Suerte con Fudge, Albus-
…
Se había despertado mucho más feliz de lo que había estado en mucho tiempo.
Había pasado el día anterior con su mujer y con su hijo y se lo habían divertido muchísimo. Habían paseado juntos, habían comido juntos, habían ido a ver un partido de quiddich juntos, habían reído juntos, pero la mejor parte llegó cuando les acompañó hasta la que no hacía mucho había sido su casa. Al despedirse de su hijo, este le había abrazado y le había dicho que le quería. No pudo evitarlo, sus dulces palabras le emocionaron, ni siquiera todo lo que había sucedido entre ellos había conseguido que su hijo dejase de quererle, pese a que tal vez se lo merecía. Por si eso hubiese sido poco, Lonna y él se habían besado y había sido…mágico, como al principio de conocerse.
Él no era estúpido, sabía que ese solo había sido el principio y tenía que seguir luchando por recuperar a su familia.
Animadamente comenzó a vestirse para ir a trabajar. Estaba haciéndose el nudo de la corbata cuando alguien llamó a la puerta. Soltó el trozo de tela y se dirigió a abrir.
Al otro lado se encontraba Jewel con Tom, el dueño del Caldero Chorreante. Remus le había avisado que si ella ponía un solo pie en el bar, primero la registrase y le requisase la varita. Al principio, Tom no había querido hacerlo, según le había dicho a Lupin, él no era quien para hacer algo como eso, pero Remus le explicó la situación y terminó aceptando.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Lupin.
Ella miró al hombre que le acompañaba -¿Podemos hablar a solas?- le preguntó.
-No- respondió cortantemente.
-Por favor, Remus, solo quiero hablar-
Se quedó pensativo unos instantes, si ella no llevaba varita no correría ningún tipo de peligro, el problema era que después de todo lo que había sucedido desconfiaba de ella.
-Entre nosotros no hay nada que hablar- respondió Lupin.
Ella miró sobre su hombro, Tom seguía allí -Solo quiero pedirte perdón- Su tono parecía sincero, pensó Lupin. Tal vez fuera cierto que estaba realmente arrepentida.
-Por favor- le volvió a pedir Jewel.
Estaba bien, le daría una oportunidad para que pudieran hablar y después no volverían a verse nunca más -Tom, gracias por todo- El dueño del Caldero Chorreante le miró confundido, pero no dijo nada, se dio media vuelta y les dejó solos.
Remus le indicó con la mano que podía pasar a su dormitorio y ella le obedeció.
No cerró la puerta, no le parecía buena idea, a cambio la entornó dejando una abertura de veinte centímetros.
Jewel se giró y se quedo frente a él. Estaba nerviosa, se frotaba las manos, una contra otra como si quisiera que entrasen en calor.
-Bien. ¿Qué es lo que quieres decirme?-
-Yo…verás, he estado pensando en…mucho estos días y…se que actué mal, que os he hecho daño a ti y a tu familia y lo siento. Yo no soy así, no sé que me pasó para reaccionar así, bueno, si lo sé, nunca había sentido nada parecido a lo que siento por ti-
-Eso no quita para que reaccionases de ese modo. Por tu culpa estuve a punto de matar a mi propio hijo y hacerle daño a mi esposa. Eso nunca te lo voy a perdonar-
-Remus, lo siento, por favor, perdóname. No puedo soportar saber que me odias-
-Eso lo tenías que haber pensado antes de todo lo que has hecho-
-Lo pensé, más de lo que te puedas imaginar y en aquel momento me pareció la mejor idea. No sé lo que me pasó, solo sabía que quería estar contigo, necesitaba estar contigo. Estaba desesperada por estar contigo-
Lupin negó con la cabeza. No se podía creer que alguien hiciera algo como eso por él –No se puede obligar a alguien a hacer algo que no desea, deberías aprender eso-
Ella se acercó a él, caminando con lentitud, insegura por la proximidad física –Y ahora me he dado cuenta, el precio que estoy pagando es demasiado alto- Lupin observó como se la llenaban los ojos de lágrimas -¿Podríamos por lo menos ser amigos?- le dijo con la voz entrecortada.
Le daba mucha pena esa muchacha, pero mantenerse alejado de ella era lo mejor – No creo que sea buena idea, Jewel. Yo estoy intentado recuperar mi familia y nuestra amistad solo me perjudicaría-
Ella comenzó a respirar aceleradamente –Remus, por favor, dame otra oportunidad. Te prometo que no te vas a arrepentir- le suplicó.
Él nunca le había negado la amistad a nadie –Por favor- le susurró acercándose a él. De ese modo parecía tan inocente, tan desvalida que le dieron ganas de abrazarla. Jewel le acarició la cara y antes de que pudiera reaccionar ella le estaba besando en los labios.
…
Estaba a punto de salir de casa para llevar a Alex al colegio cuando una lechuza apareció con un pergamino atado a su pata derecha. Lo desató y lo abrió para echarle un vistazo por encima. Era procedente de Hogwarts y lo firmaba Minerva McGonnagal, subdirectora del colegio.
Algo había sucedido en el colegio, pero no fue hasta que dejó a Alex que leyó con calma el pergamino. En el no se daban muchos datos de lo ocurrido, pero ella se alarmó y preocupada decidió ir a buscar a Remus para enseñarle y la carta y que se acercara por el Hogwarts, ella había faltada demasiado al trabajo en el último mes y a él le daría tiempo antes de abrir la tienda.
Muchas veces desde que Lily le había dicho que su marido se había mudado al Caldero Chorreante había pensado en ir y hacerle una visita, pero en el último momento cambiaba de opinión. Ahora tenía una muy buena escusa.
Nerviosa por volver a verle se apareció en el Callejón Diagon y entró en la taberna. Tom, el dueño, no estaba, así que la camarera le atendió y le dijo en que habitación se hospedaba Lupin.
Se extrañó al acercarse y ver la puerta entornada. Curiosa se asomó levemente, allí estaba su marido junto con su ex amante, o eso es lo que le había hecho creer.
–Y ahora me he dado cuenta, el precio que estoy pagando es demasiado alto- le decía ella al borde de las lágrimas-¿Podríamos por lo menos ser amigos?- ¡Oh, Dios! Lo sabía. Sabía que esa zorra no iba a dejar a su marido en paz.
– No creo que sea buena idea, Jewel. Yo estoy intentado recuperar mi familia y nuestra amistad solo me perjudicaría- ¿Qué clase de respuesta era esa?
–Remus, por favor, dame otra oportunidad. Te prometo que no te vas a arrepentir- le suplicó. Se la estaban revolviendo las entrañas, pero iba a aguantar, quería ver que iba a suceder en esa habitación.
–Por favor- le susurró acercándose a él. Jewel le acarició la cara y se abalanzó hacia él para besarle. Hermione tuvo que ahogar un gemido de sorpresa al presenciar la escena. Con toda su furia sacó su varita, iba a darles a ese par su merecido, pero su marido sujetó de los brazos a su ex empleada y la empujó con fuerza consiguiendo que casi se cayera al suelo.
-¿Estás loca? ¿Qué diablos pretendes?- gritó Remus después de limpiarse los labios con asco –Más te vale salir de esta habitación antes de que pierda las formas-
-Yo…-
-No quiero oír ni una sola palabra más de tu boca, y ni se te ocurra volver a buscarme ni para hablar ni para nada. ¿Está claro?-
-Pero Remus, yo…-
Su marido caminó hacia donde estaba ella, le sujetó por el brazo y prácticamente la sacó arrastrando de aquella habitación. Al abrir la puerta, tanto Remus como Jewel se sorprendieron con su presencia y se quedaron paralizados.
-Te puedo explicar todo esto- le dijo Lupin.
-No hace falta, lo he visto todo- respondió ella con dureza. Pese a que él había rechazado a Jewel la ira que sentía por lo sucedido era más fuerte que ella.
-Entonces sabrás que yo en ningún momento he querido que esto sucediera-
-Lo sé- respondió ella cortantemente.
-Está bien, déjame que acompañe a Jewel a las escaleras y hablamos- le dijo Lupin.
Antes de que volviesen a caminar, Hermione empuñó su varita y apuntó directamente al corazón de la muchacha –Como te vuelva a ver cerca de mi marido, te juro por la vida de mis hijos que es lo último que vas a hacer en tu desgraciada vida- le amenazó.
Jewel ni siquiera se atrevió a responder, pero la vena del cuello se le hinchó de tal manera que parecía que le iba a estallar de un momento a otro.
Para asegurarse que nada más volvía a suceder entre ellos, les acompañó y cuando ambos se cercioraron que la intrusa había dejado la taberna, Remus se giró para mirar a Hermione y dijo –Lonna, te juro que yo…-
-No me jures nada- le dijo con dureza -¿Sabes? Estoy muy cansada de todo esto-
- No ha sucedido nada, estábamos hablando y de pronto se ha abalanzado contra mí y me ha besado, te juro que ni siquiera la he devuelto el beso y la he alejado de mí lo antes posible-
-Eso lo he visto, pero lo que me duele es que sabiendo todo el daño que nos ha hecho sigas hablando con ella. ¡Por Merlín! Si ni siquiera la has denunciado-
-No creí que hiciera falta, pensé que con lo que le dije aquel día bastaría para que me dejase en paz- Ella se cruzó de brazos y miró al suelo –Yo te quiero a ti, Lonna, solo a ti, eres la única mujer que ocupa mi mente y mi corazón- él puso una de sus manos sobre su mejilla izquierda –Reconozco que fue un imbécil y que te hice mucho daño, pero si me das otra oportunidad…-
-Estás hablando igual que ella- le interrumpió dando un paso hacia atrás y alejándose de él.
-La diferencia entre los dos es que yo lo estoy diciendo de corazón-
Hermione quería creerle y lo que había presenciado le decía que Remus tenía razón, pero encontrársele con ella en su dormitorio le había hecho revivir todo lo malo que había sucedido en los últimos meses, los desprecios, los malos modos, incluso el ataque que hizo que ella se rompiera la clavicula.
Miró a su alrededor, desde allí, desde lo alto de la escalera tenía una buena vista de la taberna. No pudo evitarlo, la primera vez que había ido allí con Lupin se abrió paso entre sus recuerdos. Había pasado tanto tiempo y tantas cosas desde aquello que le parecía mentira haber llegado a esa situación, que su esposo hubiera cambiado tanto.
-Eso es lo que deseo, Remus, que sea de corazón-
Él sujetó sus manos con fuerzas, se las llevó a los labios y las besó con suavidad.
-No te voy a volver a defraudar nunca más, te lo prometo- Ella asintió.
Ambos se quedaron en silencio sin saber que más decirse hasta que Lupin lo rompió -No es que me importe pero ¿porqué estas aquí?-
Casi se había olvidado –He recibido una carta de Hogwarts, por lo visto ha habido algún problema y pensaba que tal vez tú podrías pasarte por allí a ver qué había sucedido, tal vez no sea nada malo, pero tengo una mala corazonada y de ese modo me quedaré más tranquila. Yo he faltado demasiado al trabajo este último mes- le explicó Hermione. Metió la mano dentro de su túnica, sacó el rollo de pergamino y se lo entregó.
-Sin problema. Ahora mismo me acerco-
...
