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¡No puedo creerlo, capítulo 10! :3 Que bonito. En realidad este capítulo es un accidente xD ni siquiera debía salir a la luz pero ya que me tomé la libertad de escribirlo, ¿Why not? Además esta historia necesita el suficiente relleno para mantenerlos en suspenso mientras pienso en que cosas hacer para los capítulos más interesantes :b (es broma, todos los capítulos son interesantes... ¿Verdad? ¿VERDAD? O_o)
De nuevo regreso a hablar sobre música porque ahhh, si hay algo que disfruto a plenitud es la buena música. Y "Mr. Children" ha sido una de mis más grandes fuentes de inspiración en los últimos capítulos así que creo que merecen una mención más. Éste cap en cuestión ha encontrado refugio en la canción "Marshmallow day". Una canción muy bonita y alegre (como Sahori :3 :3 :3) que habla sobre amor. Pueden encontrar la traducción al inglés en internet n_n aunque el feliz sentimiento se intuye al escucharla.
¡Gracias a todos y ojalá se diviertan leyendo!
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CAPITULO 10 - LA CITA
10:00 a.m.
Dos montones gigantes de ropa descansaban sobre el suelo y crecían por momentos. Aunque aún no había encontrado el atuendo ideal, no podía darse por vencida. Repasó con la mirada el montón que había bautizado como "Aceptables" y tomó una blusa de color blanco con flores naranjas. Ugh, por supuesto que nadie iba a encontrar nada bonito en esa prenda. Un suspiro y la lanzó hacia el montón de "Detestables". A pesar de que se había levantado a las 8 de la mañana para no perder el tiempo y poder hacer todo con calma de alguna u otra manera había podido desperdiciar dos horas en aquel montón de ropa. ¿Qué habría de hacer? Tal vez resignarse por aquel vestido blanco con detalles azules que vio casi al inicio, aunque estaba insegura de si la combinación de colores le beneficiaba. Tal vez debía optar por algo más fresco, unos pantalones de mezclilla y la blusa de color vino que tanto le encantaba. Se decantó por el segundo atuendo y los probó por encima de sí frente al espejo, tratando de imaginar cómo se vería realmente con ellos puestos.
— ¿Vas a estar ahí todo el día? — Una voz ronca le hizo girar la cabeza a un lado.
Iori descansaba cruzado de brazos y recargado en el marco de la puerta de su habitación mirándola con incredulidad desde hacía quien sabe cuánto tiempo. Tenía el pelo mal peinado y una playera de tirantes acompañando los jeans obscuros que llevaba, sus pies descalzos. Para cualquier mujer en su sano juicio aquello hubiera sido el motivo de una muerte por sobredosis de excitación, pero no para Sahori, quien miraba a su hermano con un cariño especial casi hasta el punto de ser inconsciente de su atractivo.
— No, pero es que aún no tengo idea de que usaré hoy — Dijo con cierto pesar mientras giraba la vista de vuelta a la ropa que tenía entre las manos.
— No te veía tan nerviosa por un atuendo desde el funeral de nuestro padre — Exclamó Iori en un tono parecido al reproche. Sahori tragó saliva — ¿Qué es lo que te pone tan inquieta? —
— Bueno, es que... — A pesar de que sabía la reacción que su hermano iba a tener, decidió decírselo de todas maneras. No le había mentido ni ocultado nada nunca y ciertamente no iba a comenzar hoy — Tengo una cita más tarde — Replicó con un semblante serio.
Tanto la cara como la postura de Iori cambiaron en cuestión de segundos. Sus ojos entrecerrados por acabar de despertarse se abrieron de par en par, las palmas de sus manos ya no se encontraban cruzadas junto a sus brazos sino se posaban en los hombros de Sahori y esa expresión serena de a quien le aburre ver a otro cambiarse se modificó a un ceño fruncido. "¿Con quién saldrás? ¿A dónde irás? ¿Porque no me preguntaste primero?" Las preguntas querían salir de su boca, pero él no lo permitía, Iori se encontraba visiblemente enojado casi a punto de echar humo por la nariz. Su hermano nunca había sido bueno con el manejo de la ira y eso ciertamente se veía reflejado en los gestos bruscos que a veces solía tener con ella. Sin embargo se los tenía todo perdonados, sabiendo que aquello no podía ser sino un reflejo de sus tormentos en la infancia.
"Si tu quisieras, podrías obligarla a que se quedara en casa esta tarde"
— Suéltame... — Ella se revolvió en su lugar sintiendo como la presión de la mano de su hermano aumentaba cada vez más. Lo miró a los ojos notando una lucha interna en su interior y a pesar de que no le temía a él, no podía predecir la reacción que su hermano podría tener. Quien sabe, se le podrían cruzar los cables y alguien podría salir lastimado. Iori levantó una mano al aire sin que ella lo notara — Santo cielo, Iori, dije ¡Que me sueltes! — Ella se sacudió con fuerza para librarse del agarre de su fuerte mano.
— No me di cuenta — Contestó él dando un paso hacia atrás ¿Acaso había estado a punto de pegarle?
— No es para que te pongas así, sólo iremos a comer y volveré temprano. No puedo estar encerrada aquí toda la vida ¿Sabes? —
"Si ella no puede es porque tu no quieres, 'maestro'..."
Iori no sabía si darse un golpe a sí mismo para castigarse por dejarse llevar por la voz o para de algún modo castigar a la voz dentro de sí. Nunca en su vida había estado tan a punto de ponerle la mano encima a su hermana, mucho menos por una cosa tan estúpida como una cita. Los ojos acusadores de Sahori le atravesaban el pecho como un par de espadas pero no pudo encontrar en ellos asomo alguno de miedo. ¿Estaría ella consciente de lo cerca que había estado...?
— Creo que la blusa... Te queda mejor —
— ¿¡Eh!? ¿Tú crees? — Los ojos que antes le habían mirado haciéndole sentir culpa ahora se posaban sobre el espejo.
"Ella ingenua y tu débil. Son madera del mismo roble"
Iori suspiró. No tenía ni idea. Por un momento pensó en disculparse pero no quería hacerla pensar que había sido un accidente en lugar de una reacción natural. Pensó que lo mejor sería dejar el asunto por la paz. Su hermana era ya lo suficientemente grande como para salir por si sola y hacer lo que le viniera en gana. Aquellos ojos acusadores le dolieron más en el alma que el pensar que ella había dejado ya de ser una chiquilla y tenía derecho a convivir con otras personas y vivir su vida. Lo más correcto era salir de la habitación antes de que cometiera cualquier otra estupidez.
12:00 p.m.
Una vez que había decidido por el atuendo que usaría, pudo meterse a bañar. Se hizo una ducha a conciencia para quedar lo más presentable posible. Desodorante, crema, perfume y todo lo que pudo recordar para verse bien. También debía lavarse los dientes, pues ya se había bebido las dos cervezas tal y como se lo había aconsejado su amiga. Del puro nerviosismo se le había pasado la hora de almorzar, pero no había tiempo de pararse a pensar en ello. Revisó su aspecto por última vez en el espejo del baño y salió disparada como un cohete a la sala, en búsqueda de su bolso. Otro chequeo. Llaves, teléfono, cartera... Parecía estar todo en orden. Respiró por última vez camino a la puerta. Como no estaba muy segura de cómo llegar al lugar utilizando el transporte público decidió ponerse en marcha desde temprano para estar lista.
Salió a la calle y se puso en marcha. No solía abandonar a solas la casa que compartía con su hermano, excepto en contadas ocasiones como cuando necesitaba algo de la tienda o las pocas veces en las que había tenido que buscar a Iori después de que se esfumaba por varios días sin dar pistas de su paradero. Iori era una persona voluble y a partir de cierta edad se había vuelto también muy impredecible; Habían noches que no llegaba a dormir, probablemente vigilando los movimientos de su rival. Pensó que aquello se detendría una vez que dejara los enfrentamientos con el descendiente de la casa Kusanagi a quien estaba destinado destruir, pero no fue así ¿Que podría estar haciendo toda la noche fuera de casa? Entendía que a veces salía a ensayar con alguna de más múltiples bandas a las que había participado, pero ¿Tantas veces por semana? Además, cuando regresaba, rara vez lo hacía en buen estado. Siempre con las ropas llenas de sudor, arrugadas y apestando a tabaco. ¿Tal vez se iba a beber a algún lugar de mala muerte? No recordaba haberlo visto borracho nunca.
Pero habían también otras veces en las que se esfumaba por varios días. Estas veces le producían más preocupación por varias razones: Para empezar Iori se negaba a cargar con un teléfono móvil lo cual lo hacía más difícil de localizar. Segundo, fuera lo que fuera que hacía durante ese tiempo lo hacía siempre volver en muy mal estado. A veces con las ropas con una buena cantidad de sangre seca encima. A veces un poco anímico, como quien no come durante días. En otras veces un poco insomne como si algo terrible le mantuviese despierto durante días. Y muchas veces con todos los síntomas juntos. Todas las veces que eso ocurría, Iori se encerraba en su habitación muy al estilo hikikomori y no abandonaba la casa ni su habitación durante varios días. No es como si le tuviese miedo a su hermano, más bien era que nunca encontraba la manera correcta de abordarlo para tratar algunos de esos temas.
Más bien era que le daba miedo conocer la respuesta.
Un ruido le hizo girar la cabeza de pronto. En un parque al otro lado de la calle un grupo de niños correteaban de un lado a otro sin cesar, dando brincos y riéndose. Una opresión en el pecho le impidió seguir mirando. ¿Porque su hermano tendría que haber sido elegido para dicha tarea? ¿Porque su infancia había tenido que ser sacrificada por el bien de una deuda entre clanes que nada tenía que ver con ellos, sino con sus antepasados, con personas que casi nadie conocía? ¿Qué clase de persona habría resultado ser de haber vivido una vida común y corriente como ella? Tal vez aquel muchacho ensimismado, enfadado y amargado hubiera continuado siendo alguien alegre y cariñoso, tal y como lo recordaba ¿Acaso algún día lograría traer de vuelta a ese niño sonriente?
02:17 p.m.
Había pasado casi una hora desde que había llegado, se había ya aburrido de ver la misma acera y la misma calle sin parar. ¿Habría sido tal vez una cruel broma? Por la banqueta transitaba gente de todo tipo, hombres de negocio caminando a paso rápido para meterse a los altos edificios, chicas de secundaria con sus uniformes iguales, madres caminando con sus hijos de la mano. Por la calle el trafico cambiaba por momentos, a ciertas horas le podía tomar a un automóvil esperar tres semáforos antes de poder cruzar la avenida y en ratos aquello parecía desértico. Tomó asiento en una de las mesas afuera del local, volviendo a esperar.
A los pocos minutos pudo divisar un par de figuras acercándose a ella. Eran dos chicos idénticos, casi parecían gemelos, ambos con cabello castaño y piel clara, vestían de maneras similares y quizás lo que más les diferenciaban eran sus estilos de peinado. Mientras uno lo llevaba relativamente corto al otro le colgaban algunos mechones. Ambos hicieron una breve pausa al llegar y la miraron intercambiando algunas palabras entre ellos. ¿Acaso alguno de ellos sería ... ?
— ¡Hola! — Dijo el muchacho de cabellos largos y al cual reconoció como la voz que le habló al teléfono — ¿Tú eres la chica del karaoke si no me equivoco? — Sahori asintió un poco roja de vergüenza mientras aquel chico se sentaba a la mesa junto a ella — ¡Shingo, no me habías dicho que era tan linda! — Agregó hablando al otro muchacho que no se movía, se había quedado congelado en su sitio y su piel se había tornado roja como un tomate.
Dando un suspiro de exasperación, el chico de cabellos más largos tuvo que acercarse a Shingo para hacerlo sentarse en la misma mesa, junto a él. De vez en cuando levantaba un poco la cabeza para mirarla, pero al contacto con su cara volvía a agachar la cabeza, avergonzado. Sin embargo la mirada de Sahori no recaía en él, sino en el chico desconocido, con la bonita chaqueta de cuero, la nariz perfecta y el mentón marcado que hablaba con aquella voz tan dulce. ¿Pero quién era ese chico?
— Heh, tienes que disculpar a mi amigo. Desde que te vio en el karaoke un día que salimos a beber no ha dejado de hablar de ti, pero es demasiado tímido como para dirigirte la palabra. Le debo muchos favores, por lo que accedí a arreglar esta comida para que pudiese conocerte un poco mejor. Espero no haberte confundido, casi te das cuenta por teléfono — Dijo entre risas y verlo con esa sonrisa en el rostro fue algo increíble, su corazón se derrito como mantequilla caliente, no creyó haber sentido algo así jamás. ¿Era esto enamorarse?
— ¿Quién eres tú? — Preguntó viéndole directo a los ojos color marrón.
— ¡Ah! Claro, que torpe soy. Mi nombre es Kyo Kusanagi y este de aquí es mi amigo y compañero de entrenamientos Shingo Yabuki. Espero que no te importe que les haga mal tercio en el resto de la tarde... —
Aquello fue como una puñalada trapera para Sahori, como un balde de agua fría. Ciertamente no conocía al descendiente de los Kusanagi en persona pero claramente sabía su nombre. No sabía cómo reaccionar, por un momento le pareció todo tan cómico que le dieron ganas de reír, pero aquello no era correcto y probablemente no hubiera tenido sentido para nadie que no fuese ella misma. Quería pellizcarse para salir de este mal sueño. ¿Cuáles eran las probabilidades de que algo así ocurriera? ¿Casualidad o destino? Por una vez quería darle la razón a su hermano y no volver a intentar salir con nadie nunca jamás. ¿Y ahora como iba a salir de ese enredo? La cara que tanto parecía gustarle ahora le daba un poco de miedo.
— Para nada, será un placer — Contestó sonriendo, tratando de mantener la calma, aunque pudo sentir un poco de sudor bajando por su nuca.
— ¿Y tú eres? —
— Sahori Y... — Se cubrió la boca al darse cuenta del error garrafal que estuvo a punto de cometer — Lo siento, estoy un poco nerviosa, mi nombre es Sahori —
— Sahori... ¡Es un lindo nombre! ¿Qué edad tienes Sahori? ¿A qué te dedicas? — Preguntó Kyo tratando de hacer conversación, sabía que si tenía que dejárselo a Shingo aquello sería una tarde para morirse de aburrimiento.
— Tengo 21, me dedico a... Pues, a nada, cuido la casa que compartimos mi hermano y yo — "Demonios" pensó al haber dejado escapar ese detalle pero pensó que era algo lo suficientemente ambiguo como para no levantar sospechas — ¿Y ustedes? —
— Yo tengo 23 y estoy tratando de terminar la universidad al igual que mi amigo — respondió Kyo dándole un codazo — ¿Cuántos años tienes, Shingo? —
— 22 — Contestó levantando la mirada en un intento por incorporarse a la conversación — S-Sera mejor que vaya por la comida. Ah, ¿Que quieren que les traiga? —
— Lo que sea, sorprende a tu maestro, Shingo — Contestó Kyo.
— Yo también quiero que me sorprendas — Dijo Sahori y Shingo tragó saliva.
— ¡S-Seguro! ¡Les traeré el platillo más sabroso y caro del menú! ¡No les decepcionaré! — Y salió disparado hacia el interior del lugar.
Kyo suspiró.
— De verdad, discúlpalo, siempre se comporta como un tonto pero hoy realmente se está esforzando por parecerlo. Aunque si tienes ganas de correr es mejor que lo hagas ahora, no quiero que se haga ilusiones contigo. Me sorprende que haya tenido la valentía de invitar a salir a una bella chica como tú. Tendría que haber estado muy borracho porque ya ves, hoy no puede ni siquiera dirigirte la palabra — Kyo dijo esto sin mirarla directo a los ojos, parecía ser un chico que rezumaba confianza y hablaba las cosas directamente tal y como eran. Ahora que estaba de perfil pudo observarlo un poco mejor, tenía un rostro amigable con la frente cubierta con sus mechones de cabello obscuro. Tenía unas cejas gruesas que en combinación con aquella mirada intensa le daban un aspecto pícaro. Portaba una indumentaria simple, ajo la chaqueta de cuero una camiseta de color blanco y bajo ella sin duda unos marcados músculos que dejaban ver su preparación para los combates. Un chico malo de aspecto, pero amigable — ¿Eh? ¿Pasa algo? — Aquellos ojos vivos le miraron con algo de indiferencia.
— ¿Tienes pareja, Kyo Kusanagi? — Preguntar aquello le parecía bastante atrevido pero no pudo evitarlo. Pronunciar su nombre era como comer de la fruta prohibida, una absoluta maravilla y una maldición a la misma vez.
— ¿No creerías que alguien como yo iba a estar soltero o sí? Sólo estoy de chaperón por el bien de Shingo — Kyo se hundió un poco en su silla y se pasó las manos por detrás de la cabeza — Ella se llama Yuki —
— Ya veo... — Aquello fue otro golpe para su corazón, pero de algún modo también resultó ser un alivio, involucrarse con él sólo le traería problemas — ¿Cómo es que no has terminado aún la escuela? ¿No deberías estar ya trabajando? —
—¿A qué viene esa pregunta? — Kyo frunció el ceño visiblemente enojado, si había algo que se le dificultaba de sobremanera eran los estudios — Creo haberte escuchado decir que tu ni siquiera has comenzado la universidad —
— Lo siento. No quería hacerte enfadar, era sólo simple curiosidad —
— Esta bien. Es sólo que aún con todas mis responsabilidades de la escuela, he tenido que entrenar duro todos los días desde muy corta edad, no por nada he terminado ganando varias veces el torneo de The King of Fighters ¿Acaso tienes idea de lo que es entrenar duramente todos los días y tener solo un par de horas libres? Es normal que no pueda darle prioridad a la escuela, a veces no se puede hacer todo, ni siquiera siendo un Kusanagi. No es fácil ser un peleador —
— Si me imagino que debe ser un suplicio — Comentó Sahori con cierta ironía disfrazada. Entre más abría la boca, mas entendía porque Iori lo odiaba con tantas ganas. Siempre le había escuchado decir que Kyo era sino un niño mimado y arrogante. Y aunque no tenía para nada aspecto infantil, sí que podía notar en sus palabras que era alguien que desconocía por completo el significado del trabajo duro y el esfuerzo. Los "duros entrenamientos" seguramente no se acercaban ni a la quinta parte del sacrificio que su hermano había tenido de vivir.
Casi terminando de decir esto, Shingo volvió a la mesa cargando dos grandes bandejas con todo tipo de comida japonesa y unas bebidas. Los tres no perdieron el tiempo y se pusieron manos a la obra. Se notaba que Shingo había invertido gran parte de sus ahorros en tal festín, solo para complacer a Kyo y Sahori. La comida había resultado deliciosa. Durante la siguiente hora lograron mantener una charla constante y mientras más tiempo pasaba, Shingo se abría cada vez más, tratando de atraer la atención de Sahori. Sin embargo, su eterna devoción por el Kusanagi hacía difícil esta tarea pues de alguna manera u otra siempre terminaba haciendo de Kyo su tema de conversación: "Estoy muy contento de ser su discípulo", "Kyo es el mejor", "Kusanagi me enseñó todo lo que sé", etc. Esto le resultaba doblemente desagradable a Sahori quien ya había desarrollado una cierta aversión al rival de su hermano. Era una desgracia que detrás de un rostro tan agraciado pudiese existir una actitud tan nefasta. Y sin embargo, ¿Cómo podía detestar a alguien a quien encontraba tan atractivo? El flechazo que sintió al verlo era innegable. Su mente se bloqueaba al escuchar ese timbre de voz que entraba como suave seda por sus oídos. Incluso aunque de su boca salieran cosas absurdas conseguía ignorarlas mientras se concentraba en la manera en la que esos labios delgados se movían de arriba a abajo y de lado a lado. Cada vez que un Sahori abandonaba su boca mil mariposas revoloteaban en el interior de su estómago.
Por su parte Kyo estaba disfrutando de la cita, sobre todo porque disfrutaba de ser el centro de atención, a pesar de que no había querido ir en primera instancia. Pero por desgracia, su poco interés en los estudios y la escuela le habían hecho ya suspender un año, cosa que le hizo encontrarse en el mismo nivel que Shingo. De alguna manera tenerlo como discípulo tenía sus ventajas ya que siempre estaba disponible para hacerle los deberes, siempre atento para ayudarle a no suspender los exámenes y agradecido de poder formar equipo con él, a pesar de que Kyo nunca hacía ningún esfuerzo. Le debía demasiado y era por eso que había accedido a acompañarle, de todas maneras el año escolar estaba cerca de concluir y no quería hacer algo que enfadase y alejara a Shingo antes de que pasaran los finales.
A pesar de todo, algo había estado molestándole desde el inicio y era que alguien tan torpe como Shingo lograse captar la atención de una chica tan fina y encantadora como lo era ella. Le costaba mucho admitirlo, pero el atractivo de Sahori superaba con creces el de Yuki y a pesar de que siempre le había sido fiel, había que ser estúpido como para no girarse a verla. Al inicio pensó que era muy bella, pero conforme fue transcurriendo la cita había visto también que su interior era igual o más bonito que el exterior y no sólo eso, sino también era muy inteligente. "Lo suficientemente inteligente como para ignorar a Shingo" pensó. Y es que, no es que odiara a Shingo, pero si había de ser muy sincero al torpe de Shingo le quedaba grande una chica como ella. Aprovechó que Sahori se excusó en dirección a los aseos para externar sus molestias a Shingo.
— ¿No es increíble, maestro Kusanagi? — Shingo suspiró — Es la chica más linda que he visto en mi vida —
— Oye — Dijo a la par que le daba un codazo — ¿Cómo es que te hiciste con una muchacha como esa? —
— No tengo idea. S-Solo le pregunté y ella accedió —
— Si sigues comportándote como un torpe, no me sorprendería que se fuera pronto —
— No diga eso por favor, es muy cruel —
— No soy cruel, solo soy realista. Si quieres tener una oportunidad con alguien como ella necesitas tener más confianza, hablar con la cabeza erguida y sin titubear. Como lo hago yo ¿Entiendes? Esto también es parte de tu entrenamiento — Kyo se cruzó de brazos, a pesar de que su consejo era sincero se imaginó que si Shingo terminaba haciéndose novio de aquella chica se convertiría en la burla. El discípulo superando al maestro, aunque solo fuese una cuestión de amores.
— Lo entiendo, muchas gracias, lo aprecio mucho en verdad —
— Chicos, es hora de que me vaya — Sahori interrumpió — No suelo salir mucho y le prometí a mi hermano que volvería temprano —
— Es un buen gesto de tu parte — Comentó Kyo.
— S-Sí. Tu hermano... Debe preocuparse mucho por ti — Agregó Shingo.
— Si, a veces demasiado — Comentó Sahori riendo, cosa que estremeció a ambos chicos. No la habían escuchado reír en todo el rato — Muchas gracias por todo, me lo he pasado muy bien ¿Cuánto les debo por la comida? —
— No te preocupes por eso — Dijo Kyo poniéndose de pie — Shingo estará feliz de pagar toda la cuenta ¿No es así? —
— ¡Ah, c-claro que sí! — Contestó él también levantándose de su asiento.
Sahori se sonrió, se acercó a Shingo y se paró de puntas para darle un pequeño beso en la mejilla que lo dejó helado como un bloque de hielo. También se acercó a Kyo para depositarle un beso en la mejilla que duró un poco más que el de Shingo. Kyo se tensó un poco al tenerla tan cerca, "Pero que bien huele" dijo para sus adentros y se tuvo que contener para no decírselo en voz alta. Cuando ella se separó de él, le hizo un pequeño guiño con el ojo antes de despedirse.
— ¡Nos vemos! —
Y comenzó a alejarse del lugar. Su corazón latía a mil por hora. Cuando se sintió lo suficientemente lejos se dio la vuelta para revisar que ya les hubiera perdido de vista y sacó de su bolso su teléfono móvil. Marcó rápidamente el número telefónico que ya conocía de memoria.
— Si, ¿Diga? —
— ¿Vanessa? — Preguntó y al confirmar que era ella la recipiente de su llamada continuó — No creerás lo que me acaba de pasar... —
