Disclaimer: Ni los personajes, ni los caracteres de la historia me pertenecen. Son de . Solo me atribuyo la trama de esta historia, que en muchos sentidos realmente es MIA.
Capitulo 10.
Cena para dos
(Bella pov)
Edward me estrechaba en sus brazos suavemente, hamacándome, mientras yo hipaba sin poder controlarme y me estremecía en sollozos.
No sabía que guardaba tanto dolor dentro de mí. No encontraba mi voz. El dolor simplemente salía en oleadas, barriendo mi interior y estaba desmoronándome completamente frente a él sin remedio.
-Shh, Bella… mi Bella...shhh mi hermosa Bella...shhhhh… cuanto lo siento…
Solamente atiné a estrecharlo más fuerte y hundir mi rostro en su cuello en respuesta a sus palabras. No se cuánto tiempo estuvimos así pero la conciencia me volvió cuando noté que el olor de su cuello me estaba embriagando de una manera torturante. Ya había dejado de llorar, pero por alguna razón no podía soltarlo.
En realidad no quería soltarlo. Por primera vez en tanto tiempo me sentía completa de nuevo, y sentía que si lo soltaba, que si dejaba que se alejara siquiera unos pasos de mí, me partiría en dos irremediablemente.
-Bella - susurró Edward en mi oído. -Bella, no quiero soltarte pero tal vez deberíamos… cambiar de posición o algo…
Una de sus manos acariciaba mi cabello tratando de despejar mi cara.
-Pues… sentémonos allí. –
Señalé el sillón aún hipando, y caminamos abrazados hacia él. Iba a sentarme a su lado pero Edward me acomodó en su regazo y me estrechó nuevamente con fuerza entre sus brazos.
-Mi hermosa Bella -. Volvió a decir mientras me hamacaba y de repente la cordura volvió a mi mente y salté. Edward se asustó.
- ¿Qué sucede, Bella?
- ¿Que qué sucede? ¿Que te apareces en mi puerta así como así y pretendes que me rinda a tus brazos sin más? ¿Qué sigue ahora Edward Masen? ¿Besarme? ¿Empalagarme con promesas que no cumplirás para irte de nuevo?
-No, Bella. Yo solamente… pues,… solo hice lo que… Perdóname, no quise confundirte o lastimarte. Soy demasiado consciente de lo que ya he hecho contigo antes... yo... no pude resistirme al verte llorar. Llevo tanto tiempo con ganas de volver a verte, a estrecharte en mis brazos. Te he extrañado tanto Bella… mucho más de lo que imaginas…
Había dolor en su rostro luego de mis palabras, y en su voz… y las suyas me desarmaron de nuevo.
-Y yo a ti…- admití - pero ahora estoy con Jake, Edward… Y él no se merece esto.
Tenia que recomponerme. Yo ya no era su hermosa Bella y lo estaba recibiendo como si fuera mi novio que volvió de la guerra.
- ¡Jake! - Gritó de repente Edward, y se puso de pie, asomándose al pasillo hacia el cuarto y el baño.
-¿Qué haces? – pregunté alarmada por su extraño comportamiento.
- Jake no está… no hay nadie aquí, Bella. Solo estamos tú y yo ahora.
Comencé a temblar, era muy consciente de eso y tenía que poner todo mi esfuerzo para no perderme en… toda su perfección frente a mí después de haberlo añorado tanto.
Dios, Bella… ¿te das cuenta de que Él está aquí? – me pellizcaba mi mente.
-Yo… no sé cuando se vuelva a dar una oportunidad como esta Bella –
Su rostro se puso sombrío y captó mi atención.
– En realidad, yo no creo que vuelva a tener una oportunidad como ésta para estar contigo alguna vez- murmuró y pude ver como se entristecían sus ojos.
-Y la verdad es que no quisiera irme pero lo haré si es lo que quieres.
Edward me contempló interrogante y afligido unos instantes y mis palabras sellaron el destino de esa noche.
- No, quédate.
Me di cuenta de que hablé sin pensar, pero pensando en lo que había dicho antes, Edward tenía razón, esto: la trampa de Alice era una oportunidad, sería de necios desaprovecharla. Yo tenía tantas preguntas, y solamente quería respuestas.
- Bien, me quedaré y hablaremos. Y te daré todas las razones que me pidas Bella... pero tú me dirás ¡qué diablos haces con ese Jake!
- Me parece bien –. Dije, tratando de no reír por el tono en su última frase. Se veía adorable en ese arranque de celos.
-Imagino que aún no cenaste ¿pedimos algo? - dije luego de un breve silencio y tratando de darle un toque de normalidad a toda la locura en que se había convertido mi gran noche de amigas con Alice.
-Bueno… uhh... no creo que... yo... creo que eso no será necesario porque... Bella... Alice… ella me hizo traer ésto –. Concluyó después de un horrendo momento en que pensé que había perdido la capacidad del habla.
Me acerqué a la caja que estaba sobre la mesa y Edward señalaba con aprensión.
-Me sonó un poco raro el pedido pero… creo que ya sabes como es ella. No pude contradecirla.
Abrí para encontrarme con un carísimo vino y una bandeja con una muy evidente cena de comida italiana para dos.
-Bueno, ya que Alice preparó la cena iré a cambiarme y prepararemos la mesa para comer -. Dije sarcásticamente.
- ¿A cambiarte? ¿Por qué?
- Estoy algo ridícula con un vestido tan elegante cenando en casa –. Dije señalándome.
- Para nada. Estás hermosacon ese vestido Bella, mucho más hermosa de lo que te recordaba. Incluso así descalza estas más que hermosa con ese vestido.
Sus ojos me recorrieron de arriba a abajo sin ningún tipo de miramiento, haciendo que me ruborizara hasta las palmas de las manos. No me había dado cuenta ni siquiera de que estaba descalza.
-¿Déjatelo? ¿Para mí? – pidió y rió suavemente de mi cara de sorpresa al contemplar mis pies.
-Algunas cosas sin embargo no han cambiado en ti, Bella Swan.
Su murmullo demasiado cercano me sobresaltó junto con el ardiente toque de sus dedos en mi mejilla completamente sonrojada.
-En ti tampoco –. Dije sin pensar, dejándome llevar por la sensación.
-¿Qué es lo que no ha cambiado?
- Tu risa, tu olor...
Sentí que me incendiaba de nuevo de solo pensarlo y me apresuré a buscar mis zapatos y platos para calentar la comida y poner la bendita cena en marcha.
Absorta en mi tarea, me estremecí cuando unas manos suaves me rodearon lentamente por la cintura mientras el dulce aliento de Edward despeinaba los cabellos de mi cuello.
-¿Necesitas ayuda Bella Swan? –murmuró, demasiado cerca de mi oreja.
- Mmmmm... nop, no por el momento -. Logré carraspear.
-Bien, me quedaré por aquí por si necesitas algo -. Dijo, apoyando su barbilla en mi hombro y rodeándome la cintura con sus brazos, tal como solía hacerlo años atrás mientras yo cocinaba.
Mis lágrimas rodaron otra vez mientras preparaba los platos para cenar con Edward sujetándome. Ya me estaba empezando a odiar a mí misma por ser tan débil.
¡Pero era tan perfecto estar con él! Edward era, aunque no quisiera admitirlo una parte de mí, y ahora me completaba perfectamente.
¡Habíamos sido tan felices! El estar con él así ahora en mi cocina, era como un salto en el tiempo, un hermoso deja vu, aunque en el fondo supiera que esto no era real.
Y Edward se iría, horas después, mañana, en dos días... no importaba, yo sabía que él se iría y yo estaría destrozada de nuevo.
Una de mis lágrimas cayó sobre su mano y Edward me giró, tomándome del mentón y levantando mi cara hacia él. Sus ojos verdes profundos estaban conmovidos.
Sin decir una palabra se acercó a mi rostro y comenzó a besar el recorrido de mis lágrimas hasta la comisura de mis labios. Mi corazón de debatía entre acelerarse y dejar de latir.
¿Podía ser tan dulce? Lo era, y más de lo que yo recordaba... ¿Cómo podía ser todo tan injusto?
Cerré los ojos. Sus pequeños y suaves besos recorrieron cada centímetro de mi cara, mis mejillas, mis parpados, la frente, el hueso del mentón hacia mi oreja, el hueso del mentón hacia mi cuello…
Mi corazón comenzaba a acelerarse demasiado y mi respiración también. No me atrevía a abrir los ojos o a moverme siquiera, por miedo a que parara, a que se desvaneciera.
Quería que me besara.
Y lo hizo.
Sus labios se posaron suavemente en los míos, una y otra vez en apenas un roce hasta que entreabrí los míos. Entonces tomó mi rostro con sus manos y me besó, totalmente desatado, apasionado, sin medirse, recorriendo con su lengua las profundidades de mi boca, devorándome con ansias y una mezcla de ternura que me hacia estremecer y derretir al mismo tiempo.
Mis manos, que hasta ese momento colgaban inertes a un lado de mi cuerpo, se aferraron a sus hombros atrayéndolo. Edward se apretó contra mí, aplastándome contra la mesada y sentí cómo todo mi cuerpo se plegaba al suyo como antes, como siempre, como si volviera por fin a su lugar. Mis manos se enredaron en su cabello, acariciando su nuca, bajando por su espalda, tirando de su cintura hacia mí.
De repente Edward abrió los ojos y se alejó un paso de mí mirándome fijamente, con una expresión interrogante, entre avergonzado y rendido.
-¡No me pidas perdón por esto, Edward Masen o no vivirás para contarlo!- dije, adivinando la culpa en el fondo de sus ojos.
Sabía, sabía que Edward temía lastimarme, sabía que esto no era real y que no tendría que dejar que sucediera, no así… pero también sabía que nada me lastimaría más en este momento que su rechazo, y confirmar que lo que creí todo este tiempo era verdad: que él me había dejado antes simplemente porque no me amaba. Pero ahora, yo sabía que eso no era verdad: su corazón no podía mentir tanto, yo lo estaba escuchando.
Yo lo sabía ahora, que Edward en este instante me amaba. Y no quería pensar en nada más.
Edward sonrió en respuesta y se revolvió el cabello, nervioso.
-En realidad no estaba arrepentido –admitió, respirando más tranquilo al comprobar que no había hecho algo que yo no quisiera.
-Mejor así entonces… - repliqué fingiendo una seriedad que no tenía.
- Si no le importa señorita Swan, la verdad me encantaría retomar justo donde lo dejamos - murmuró tomándome de la cintura nuevamente.
-Me temo que esta vez no será posible señor Masen -, dije sarcásticamente- o la cena se enfriará por segunda vez.
…
Nos sentamos a la mesa distendidos y sonriendo. Edward descorchó el vino y sirvió las copas ofreciéndome un brindis luego de comentar lo descabellado de que Alice hubiera mandado un vino ya que ninguno de los dos tenía costumbre de beber.
-Por el reencuentro.
-Por el reencuentro concordé, haciendo que nuestras copas chocaran.
Edward besó mis labios también y antes de que las cosas se salieran de control otra vez, le volví a recordar la cena.
-Tienes razón… además, dicen que no es bueno comer el postre antes de la comida –. Bromeó y me sonrojé otra vez.
Mientras lo observaba comencé a cuestionarme hasta donde llegarían las cosas esta noche.
No podía creerlo. En solo cuestión de minutos me había desmayado, había llorado, nos habíamos besado, hasta le había gritado… y ahora cenábamos uno junto al otro como antes… como si todos esos años sin ni siquiera saber si estaba vivo no hubieran existido…
Ni todo el dolor…
Unos momentos después, la pasta con salsa de champiñones había desaparecido de los platos y a pesar de nuestra "cero" costumbre alcohólica la botella de vino había bajado considerablemente también.
Edward tenía los ojos brillantes y se reía como un niño mientras repasábamos por centésima vez los mensajes de Alice. Yo no podía dejar de mirarlo, de notar que no había cambiado tanto, o al menos no podía notarlo aún.
Antes, antes de que él se fuera, la mayor parte del año y medio que nos conocimos usaba una desprolija barba que le ocultaba la mitad del rostro. La otra mitad se la tapaban los marcos de unos gruesos lentes proclamando una miopía extrema, y casi siempre usaba jeans y camisetas, o ropa deportiva. A veces usaba unas camisas a cuadros algo grandes que le daban una apariencia desgarbada y flacucha y al verlo con ellas solía imaginarme que era su disfraz de Clark Kent. En cambio, mis malvadas compañeras de cuarto en aquel entonces decían que me perseguía unnerd.
La barba desapareció en cuanto comenzamos a salir convirtiéndose en un prolijo "candado" y revelando unas facciones hermosas, delicadas y unos labios carnosos, demasiado rojos, que enmarcaban su perfecta hilera de pequeños y blanquísimos dientes cada vez que estallaba en carcajadas.
Solíamos reír mucho. Siempre. No pude evitar sonreírme al recordarlo.
-¿En qué piensas? – preguntó y sus profundos y acuosos ojos verdes me contemplaban demasiado cerca otra vez.
-En cuanto has cambiado- dije, alzando mi mano para acomodar uno de sus mechones rebeldes.
-¿Y por qué sonríes? ¿Te gusta algo de lo que vez ahora?-
Se irguió en la silla con petulancia, haciéndome reír de nuevo.
-¡Eres tan engreído Masen! - reí. – Aunque no voy a negarte que la vista es algointeresante, pero ya sabes... eso no es lo que amo de ti... quiero decir… lo que…yo...amaba de ti.-tartamudeé.
Edward abrió un poco los ojos con mi lapsus pero lo dejó pasar.
-Bueno, tú has cambiado, Bella. De hecho estas mucho, pero mucho más impresionantemente bella que antes –. Dijo sonriéndome con cierto rubor -. Pero como ya sabes, lo mío contigo no pasa por la belleza.
Y aunque los dos reímos de la broma, también sabíamos que era verdad, que nuestra relación siempre se había basado en una conexión mucho más profunda que eso. Aunque recordáramos con claridad el día en que nos conocimos y la electricidad que corrió entre nosotros la primera vez que nuestras manos se rozaron.
Pero fuimos estrictamente amigos casi un semestre completo, mientras que nos adueñábamos poco a poco del alma del otro hasta que cuando nos dimos cuenta ya era demasiado tarde.
También supimos la primera tarde, después de tantas horas juntos conversando que nos dolía algo adentro al separarnos.
-El día que nos conocimos debo haberte parecido la chica más atolondrada del mundo – dije recordando como terminé en el suelo después de chocar contra él.
-La verdad es que ya te había visto antes en la cafetería, pasaste frente a mí con el cabello suelto y riendo y tu perfume y el sonido de tu risa me golpearon como un tren expreso. Quise hablarte en ese momento pero yo recién llegaba y no conocía a nadie. Pero después… esa mañana que nos conocimos, tuve la suerte de que mi jefe me enviara por unos papeles y que eso me diera el placer de que enterraras tu nariz en mi pecho dos veces.
Enrojecí de solo recordar mi torpeza esa mañana.
-Claro que hubiera sido un poco más ridículo si mi conciencia no me hubiera gritado antes -. Concluyó y no entendí.
- ¿Cómo?
-Apenas si me contuve de abrazarte ese día... Bella.
Edward me miraba con una intensidad que no podía manejar. Nunca me había contado eso antes y yo siempre pensé que nuestro amor se había dado de a poco para los dos con el paso del tiempo. Ahora sus palabras me revelaban que Edward me había querido desde el primer momento en que me vio.
Pero eso no explicaba el hecho de que me hubiera dejado. Saberlo solo lo hacía más incomprensible, ymás doloroso.
-Ese día también Ashley nos presentó en el almuerzo –, siguió recordando Edward -. Debió ser inolvidable para ti.
-Uf seee, sobre todo porque eras la única cosa en la que yo podía ocupar mi mente. No tenia un trabajo, ni clases, ni exámenes... nada que me distrajera de pensar en ti y en nuestro "milagroso encuentro" de la mañana - me burlé.
-Si, en ese tiempo eras "María ocupaciones"… en cambio yo solo ó con cierta nostalgia.
-Supongo-. Dije alzando los hombros.
La verdad era que muchos los recuerdos de ese año, sobre todo del segundo semestre eran sombríos y nubosos para mí. Charlie, mi padre, había fallecido ese año luego de una larga agonía que me mantuvo viajando de la universidad a casa durante todo el mes de agosto hasta que finalmente, luego de despertar unos minutos para clavar sus grandes ojos cafés en los míos, había decidido rendirse. Y a los pocos meses Renée decidió separarse un tiempo de Phil y se mudó a una casa cerca del campus.
Fueron demasiados cambios.
-Además, estabas muy ocupado viajando con el coro selecto –.Agregué, recordando que casi no nos veíamos en ese tiempo.
- Nunca podrás imaginarte lo que sufría en esos viajes alejado de ti –. Dijo con intensidad, tomando mi mano entre las suyas.
Entonces me levanté de un salto, agitando la mesa y haciendo que la copa de Edward se volcara y manchara todo el frente de su camisa blanca. Estaba tan furiosa de nuevo. En ese tiempo ni siquiera teníamos algo. Empecé a gritarle.
-¡Cómo eres…! ¿Cómo eres capaz? ¡Tú! No te imaginas lo que ¡Yo! sufrí por ti ¡todo este tiempo alejada de ti!
Me sentía fuera de control y antes de decir algo más de lo que luego fuera a arrepentirme, caminé hasta la mesada y tomé un paño con furia para secar la mesa y la camisa de Edward. Me aferré unos instantes al borde de mármol, respirando profundamente y tratando de calmarme. Cuando me volví, Edward, con la camisa en las manos y su perfecto torso desnudo, estaban frente a mi nariz.
-Yo lo lamento, Bella… perdóname, soy un torpe - murmuró, acunando mi rostro en su mano.
Se veía algo avergonzado. No le respondí.
-¿Crees que en la bolsa de Alice habrá algo que pueda ponerme? - Preguntó con timidez moviendo su camisa manchada frente a mis ojos.
-No lo sé – dije.
Aún estaba furiosa, mis manos temblaban tanto que el paño se me cayó y me incliné a recogerlo, pero Edward como siempre fue más rápido en sus movimientos y ya estaba de pie cuando apenas volvía a levantarme, mi cabeza dio vueltas y me tambaleé torpemente.
Ese vino está haciendo estragos por aquí- me dije.
Sus brazos cálidos me rodearon para enderezarme e inconscientemente me aferré a ellos. Cuando ya estuve completamente en pie no pude alejarme. El perfume de Edward era magnético, hacia efectos extraños en mí y sentía que no podía pensar con claridad ¿o era el vino? Pero definitivamente no pensaba cuando besé su pecho desnudo y apoyé mi cabeza a la altura de su corazón, escuchando sus latidos.
Edward no se movió. Su brazo seguía alrededor de mí mientras su otra mano acariciaba mi cabeza con suavidad, ordenando mi cabello.
De repente mi broche se soltó y desapareció junto con su mano en lo profundo del bolsillo, haciendo que una avalancha de recuerdos despertara en lo más hondo de mí y levanté la vista con las palabras en la punta de mi lengua... solo para encontrarme con su rostro iluminado por esa pícara sonrisa infantil que recordaba, demasiado.
-¿No vas a dármelo verdad? –me rendí antes de siquiera intentar.
- Mmmm… no lo sé... tal vez tengas que ganártelo -. Respondió insinuante.
-A Alice no le gustará. Me lo envió junto con el vestido –. Me quejé.
-Mmmm…
- ¿Y sabes? Eso es algo extraño... ese broche... digo… porque se parece mucho a uno que yo tenía hace tiempo y perdí. Lo curioso es que no recuerdo cómo o dónde… pero más curioso es que Alice haya dado con uno igual… ni siquiera es del "estilo Alice."
Sacudí mi mano restándole importancia a todo mi absurdo razonamiento. Aunque el asunto del broche no había dejado de darme vueltas en la cabeza era consciente de que estaba un poco ¿incoherente?
-Bueno, ya sabes cómo es Alice –. Comentó quitándole importancia también.
-Y no quería ponérmelo -, seguí hablando - pero Alice no me dio opción… ella… ella me hizo prometer antes de enviarme las cosas que usaría todo lo que mandara. ¿Lo puedes creer?
Edward estalló en una carcajada y lo miré un poco consternada ¿se estaba riendo de mi?
-¿De verdad hizo eso? ¿Y por qué no querías usarlo? – dijo retomando su atención con una repentina y concentrada seriedad.
-Porque... porque - mis ojos buscaron los suyos al decirlo - yo nunca olvidé la última vez que me lo puse.
Era sub real recordar ese momento justo ahora, con Edward frente a mí… y sin camisa.
-Yo tampoco – murmuró él. Y sus ojos estaban completamente apagados.
¿Podríamos ver en la bolsa de Alice? De repente siento algo de frío - dijo cortando el doloroso silencio.
Me di cuenta que de verdad el todavía seguía sin camisa y caminé hasta mi habitación a buscar la bolsa.
-Parece que conoces bien a Alice -, dije cambiando de conversación luego del espeso silencio que se instaló entre nosotros.
-Si… es una larga historia.
Edward me siguió hasta la habitación. Pude ver cómo se detuvo a contemplarlo todo. Sus ojos se detuvieron en una foto de Jake en bermudas, con su musculoso torso desnudo y descalzo en la arena de la playa. Su rostro se tensó pero siguió recorriendo la habitación hasta que dio con los zapatos de Jake asomando debajo de mi cama y su boca se torció en una perfecta "O".
-¿Vives con él? - casi gruñó.
-No, pero algo así... - dudé.
Era un tanto complicado de explicar, teóricamente yo vivía sola y Jake a pocas cuadras con su hermana Raquel, pero él solía quedarse a dormir a menudo, por lo que algunas de sus cosas estaban en casa.
- ¿Entonces... ustedes…?
El rostro de Edward enrojeció pero no terminó su pregunta. Había solo un dormitorio, una sola cama... pude notar que le molestaba saber el nivel de intimidad que parecíamos tener con Jake.
- En realidad no.
Me mordí la lengua inmediatamente después de que lo dije. El vino me hacia soltar la lengua… demasiado para mi gusto y estaba empezando a odiar ciegamente a Alice.
Mi cabeza empezó a gritar:
-Bella, estúpida, ¿qué haces? ¿Qué sabes tú de él ahora? ¿Qué diablos le importa a él lo que tú haces con tu vida?
-¿Y por qué no? – preguntó.
¿Y por qué no? ¡Dios! ¿él quiere saber por qué no? ¿Quiere que le diga que es porque cada vez que Jake me toca pienso en él y me doy cuenta de que jamás sentiré lo mismo por nadie? ¿Qué si alguna vez me dejara llevar completamente, probablemente gritaría "Edward" y Jacob jamás me lo perdonaría? Porque había descubierto que irremediablemente amaría a Edward por el resto de mi vida.
-Porque yo... no… porque creo que no estoy lista aún ... –dije, y volqué la bolsa sobre la cama.
Dios, esto era demasiado incómodo… nuestra conversación daba saltos enormes y no podía creer que estuviéramos hablando de ello… era surrealista.
Increíblemente, Edward siguió con la preguntadera.
- ¿Cuánto hace que están juntos?
-¿De verdad quieres saber?
- Lo estoy preguntando.
Bien… esto se va a poner complicado.
- Pues exactamente desde un tiempo después a quetú no aparecieras aquella vez, dejándome plantada en mi vieja casa. Si, después de pasarme dos días enteros esperándote, después de abrir mi correo para encontrarme tu maldito mensaje donde te burlabas de mí, refregándome lo feliz que eras con esa tal Kristen Den... no sé qué…
Mis palabras salieron en borbotones, cargadas de furia e indignación. Edward me miraba con la boca abierta y se había puesto pálido, como en shock, su expresión era inescrutable.
-¿Kristen? … ¿Un email? No, no, no. ¿Que yo te…? Esto… esto es demasiado. No puedo creerlo… ellos no… no, no pudieron ser... tan… ¡malditos!… yo...
De repente estaba furioso, incoherente, caminando de un lado a otro de la habitación y hablando con los dientes apretados. Su mano apretaba con fuerza el puente de su nariz y creí que empezaría a golpear las cosas, o algo. Hasta que se detuvo para mirarme otra vez, anhelante y vi el dolor asomarse desde el fondo de sus ojos.
-Bella, se que lo que voy a decirte te sonará a cliché, pero ¿sabes? Las cosas no son como piensas. Nunca hubo una tal Kristen - remarcó.
- ¿De todas formas qué importa ahora, Edward? El daño ya está hecho.
Otra vez sentí el dolor anegando mi garganta. Me dejé caer en la alfombra, apoyando mi espalda contra el borde de la cama y Edward se sentó a mi lado. Por mas que me dijera cualquier cosa ya nada iba a cambiar el dolor y las consecuencias que todo eso tuvo para nosotros, para mí…
-Hubo una razón Bella, una razón por la que no asistí a nuestra cita – dijo suavemente.
Alcé mis hombros en un gesto de resignación. ¿Qué podía cambiar saberlo?
-Hubo un accidente… - murmuró y lo miré interrogante.
-Ese día, el día que iba camino a la Terminal de omnibus para venir a verte, cuando cruzaba la calle, un motociclista me llevó por delante. Nunca se detuvo, me golpeé la cabeza y mi pierna izquierda se quebró en varias partes. Tuvieron que hacerme varias cirugías. Estuve unos cuantos días inconsciente, me internaron varias semanas en el hospital, imposibilitado de moverme o comunicarme. Lo primero que hice cuando me recuperé lo suficiente fue intentar comunicarme contigo. Pero mi casilla de email estaba deshabilitada y por más que traté ya no pude recuperarla. Hice otras nuevas, pero desde todas las que intenté contactarte tu correo me rechazaba. Pensé que la habías cerrado por mi causa y te envié una carta con un mensajero pero ya no estabas en esa dirección… y yo… yo simplemente dejé de insistir, supongo que... me di por vencido.
-¿Ahora estás bien?
- Si, estuve en rehabilitación unos meses para volver a caminar sin muletas, pero sí. Gracias.
Edward se volvió hacia mí con la mirada torturada.
-Imagino que no hay nada que pueda hacer ahora para reparar el daño que te hice – dijo.
-No te odio Edward, si es lo que te preocupa. Yo nunca pude hacerlo realmente. Y aunque no lo creas, puedo entender que sucedan esas cosas que escapan a nuestro control. Sufrí mucho sí, me heriste profundamente, aunque ahora sepa que no fuera por cosas que me hicieras directamente. Las marcas son demasiado profundas en mí pero ya he aceptado que no se borraran jamás. He aprendido a vivir con ellas... o por lo menos es lo que intento.
-¡Y estoy tan orgulloso de ti! ¡De lo que has hecho todo este tiempo! Tu fortaleza Bella, siempre tan noble, valiente. ¡Has logrado tanto en todo este tiempo! Aquella tarde que salí por última vez de tu casa rogué tanto por eso… y cada día, Bella, he rogado cada día para que seas feliz, tan feliz como todavía puedo recordarte.
-Solo he intentado cumplir con mi promesa –dije abrazando mis rodillas.
-Yo no olvidé lo que te prometí Bella, no he roto mis promesas. Ninguna de ellas. Algún día lo entenderás todo.
- Edward dime realmente ¿por qué estas aquí ahora? Estoy empezando a creer queesto es más que una simple trampa de Alice.
-Porque no soy feliz, Bella, y se que tú tampoco lo eres, y porque sé que no arruinaré nada que hayas logrado hasta ahora con verte.
Me puse de pie, otra vez. No podía creerlo…
- ¿Y cómo diablos sabes que no lo soy Edward?
- Yo… vi tus fotos... en el escritorio de Alice.
Mis ojos se abrieron como platos.
-Es verdad… hace un tiempo… yo hice un trabajo para ella y te reconocí en sus fotos... te conozco demasiado Bella y tus ojos no brillaban en ninguna de ellas. No como yo lo recuerdo. Y si Alice no hubiera tendido esta trampa, yo tarde o temprano hubiera aparecido en tu puerta, solo que tal vez la hubiera abierto Jake...
- ¿Estabas planeando... tu ibas a venir a verme?
- Bella… yo... ya no tengo fuerzas para seguir alejado de ti. No tengo voluntad para seguir manteniéndome lejos... eres mi otra mitad, lo sabes. Dejarte atrás fue lo más doloroso que hice en toda mi vida… Alice solo adelantó las cosas.
-No consigo entender por qué, Edward por qué lo hiciste….
-Tenía que hacerlo. Tenía que alejarme para que estés segura. ¿Recuerdas la carta? ¿Lo que te conté sobre James? ¿Lo que pasó con Victoria y el pequeño Laurent? No quería que la próxima fueras tú. O que me sucediera algo a mí estando contigo… no pude soportarlo de solo pensar el dolor que algo así te causaría.
-Tendrías que haberme dicho algo Edward, yo hubiera podido elegir al menos.
Había leído mil veces aquella carta rogando que toda la pesadilla que Edward narraba no fuera cierta. En algún rincón de mi mente hasta rogaba que él hubiera enloquecido. Eso era más fácil para mí que aceptar que me había dejado porque no me amaba, o que vivir sabiendo que me había amado demasiado, demasiado como para arriesgar a que nos sucediera algo.
Edward se había sentado en el borde de la cama. Sus hombros hundidos y el rostro surcado de dolor me recordaron una antigua imagen. Bajó su cabeza, sosteniéndola entre las manos y sus hombros comenzaron a moverse, primero lentamente, luego, todo su cuerpo empezó a temblar, y por primera vez en mi vida, vi a mi Edward llorando.
-¡Te causé tanto dolor Bella! No sé si un día puedas perdonarme por todo el daño que te hice, por todas las explicaciones que no pude darte a tiempo. No sabes lo que he sufrido este tiempo sin poder acercarme a ti. Sabiendo que no eras feliz… sé que tienes a Alice, y a Jacob, y créeme que no lo odio… es solo que… me gustaría ser yo, ser yo el que te consuele cuando lloras, el que vela tus sueños, el que se roba tus caricias… el que está aquí para ti…
Me senté silenciosamente a su lado y pasé una mano por sus hombros.
"También yo quisiera que fueras tú Edward"
- Yo todavía no puedo acercarme a ti Bella, todavía es peligroso que esté contigo. No sé lo que ellos podrían hacerte si se enteraran de lo que me importas, de lo que tú significas para mi…
Lo abracé en silencio, sin alcanzar a comprender del todo sus palabras. Edward se acomodó en mi regazo apoyando su cabeza en mis piernas como solía hacerlo años atrás, dejando que le acariciara el cabello, el rostro, los labios. Tenía los ojos cerrados y un esbozo de sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios después de un largo momento. Se había calmado.
-¿Entonces tú nunca hablas sobre mí? – pregunté pensando en todo lo que había dicho.
-No, pero mi padre supo sobre ti aquella vez que llamaste a casa. Tuvimos una discusión horrible porque te había dado el número. Y mi madre, con ella... no hace falta que le diga nada… ella simplemente lee a través de mí.
-¿Y Alice? ¿Cómo fue que pudo tendernos esta trampa?
- Bueno... Alice, yo estoy empezando a sospechar que es psíquica o algo.
Sonreí, asintiendo.
-Como te dije, su empresa me contrató. Es decir, contrató a la mía para actualizar todos sus programas de diseño en las computadoras y actualizar algunas instalaciones de sus redes de trabajo. Es mi área, no te lo he dicho, pero estoy bastante avanzado en mi carrera de ingeniería electrónica y también trabajo, hace poco quedé como director del área de programas avanzados... en fin, Alice estaba histérica, no quería perder un ápice de información en sus equipos e insistió en que "el mejor estuviera en carne y hueso supervisando todo el trabajo".Y como ese soy yo… No suelo hacerlo, tengo otras formas de supervisar a mi equipo pero esa vez no pude negarme.
-Me lo puedo imaginar.
- Alice quiso que me encargara personalmente de las máquinas de su oficina y ahí estaba yo conectando unos cables debajo de su escritorio cuando tu foto quedó en mi nariz. Admito que me quedé paralizado, había varias y pude ver que eran de los últimos cuatro años. Y ya sabes una de ellas llamó mi atención y la levanté para mirarla más detenidamente… ahí me percaté de tus ojos… y en ese momento también alguien tosió detrás y me encontré con la pequeña duende de brazos cruzados, ceja levantada y golpeando el piso con su pequeño pie. Supongo que ya conoces el significado de esa expresión.
-Claro... - pude visualizarlo casi - y no hace falta saber mucho más. Alice te hizo un interrogatorio, ató cabos, supo que tú eras mi Edward. Ergo, aquí estamos…-concluí.
- Supongo que algo así… ¿sabes que Jasper es escritor verdad?
- No entiendo a qué viene.
-Bueno, su representante contrató a la empresa de Alice para la publicidad de su último libro y "¡eso fue amor a primera vista!"a la semana ya estaban comprometidos.
- ¿Comprometidos? ¡Alice comprometida!
- Ops, no lo sabías… perdón.
-Creo que mi cerebro tiene sobrecarga de información en este momento.
Un gran bostezo me atravesó.
-Me iré, así puedes dormir -. Dijo Edward levantándose.
-¡Edward! ¡ No! ¡Te quedas! Ya es muy tarde para ir a ninguna parte – dije atolondradamente – quiero decir, puedes dormir aquí en mi cama que yo iré a ordenar la cocina y me acostaré luego en el sillón.
Que idiota, después de largar mis palabras sin ningún tipo de filtro pensé que tal vez él tenía dónde ir, o con quien…
-De ninguna manera Srta. Swan, no lo permitiré.
Mi corazón se encogió al darme cuenta de que el tiempo se había terminado. No quería que se fuera, desesperadamente quería alargar cada segundo, aunque después fuera peor… pero él estaba aquí, y yo no quería soltarlo.
-Si voy a quedarme -, murmuró contemplándome con preocupación - Pero primero te ayudaré a ordenar, y después yo armaré mi cama en el sillón. ¿Cómo crees?
….
Faltaban unas horas nada más para que amaneciera cuando terminamos de ordenar las cosas y armar la cama de Edward en el sillón. Cerré las persianas por completo y trabé la puerta, quitando las llaves de la cerradura para que pareciera que no había nadie en él desde la calle. Incluso baje el volumen del timbre y del teléfono. Edward observaba mis movimientos con curiosidad.
-Mañana no existo -, expliqué - necesito descansar realmente…una vieja técnica del internado para despistar -. Dije señalando lo que había estado haciendo.
-Oh.
Definitivamente la noche me estaba pasando factura y ya no podía sostenerme en pie. Me dirigí hacia la habitación, dispuesta a derrumbarme sobre la cama pero antes.
-Edward... te puedes ir cuando lo necesites... yo realmente debo descansar, las llaves están aquí. No hace falta que me llames si tienes una razón para irte-. Le dije, liberándolo, consciente de que esto era un tiempo robado.
- No pensaba fugarme, pero con tanto cerrar puertas... es bueno saber que aún conservo mi libertad -bromeó, revolviendo sus cabellos con la mano.
Noté que lo había desconcertado mi repentina frialdad y sus nervios habían vuelto a aparecer, pero tal vez así le sería a él más fácil irse sin culpas si tenía que hacerlo.
-Hasta mañana Masen, que tengas dulces sueños , y me arrastré a mi cuarto cerrando la puerta.
Una vez sola en mi cuarto, mi incoherente cerebro intentó ordenar lo sucedido sin éxito. Solo estaba segura de tres cosas.
ía a Alice en cuanto pusiera un pie dentro de mi casa.
a Edward me había removido hasta los cimientos.
moriría si para cuando despertara él ya no estaba ahí.
Bueno, al fin despues de pelear tres dias con FF estoy logrando a traves de un truquito subir capis...Espero que les guste y me dejen sus opiniones...
Tambien las invito a leer un OS que participa del concurso CUANDO EL AMOR NO BASTA, en el blog de las yeguas del caos. se llama JAZMINES Y ROSAS BLANCAS... y no tienen que votar, el ganador se elegira por jurado...
www cuandoelamornobasta blogspot com (agreguen los puntos)
Lakentsb
