Lo prometido es deuda… jajajaja
Primerop: mañana no reo que vaya a ver internet para mí, asi que FELIZ CUMPLEAÑOS ARTHEMISA!! shaaaaaaaaaaa jajajajajaja
Y pues espero tu historiap PLUMA ENCADENADA :p jajajajjaa
Segundop: lirio de fuegop que bueno verte por aquí otra vez jijijijijiji!!
Tercero: aduuuuuuuuuuuuuu!! Me encanta lisias!! Te lo digoooooooooooooo no me canso de decirlop jijijiji SHIII LA MUCHACHA EN LAS SOMBRAS jajajajja arthemisaaaaaa suertuda :p
Cuartoooooooooooooo: zamaritaaaaaaaaaaaaaaap! Gusto leerte por aki jajjajajaj no le digas a quien tu sabes q esto se trata de él ¬¬ le daría un patatús
Ahhhh pus aki vap.
Mundo humano
Hoy, decidí visitar a mi amiga Marcela después de clases. A Hell no le agrado mucho la idea, ya que el día estaba soleado y no podría acompañarme.
-¿por qué no esperas a que sea de noche para que yo pueda salir contigo?- preguntó él ceñudo mientras jugueteaba con las llaves de la casa.
-es que es una salida de solo chicas –le guiñé un ojo mientras me ponía un suéter negro.
-bah -puso los ojos en blanco- eso solo es una excusa para que no vaya contigo, no tienes que ser tan diplomática si no quieres que yo vaya entonces dímelo de una buena vez.- dijo mientras me abrazaba por la espalda.
-no es que yo no quiera que vayas- mi voz sonó ofuscada porque él me estaba haciendo cosquillas en el cuello con la punta de su nariz- para serte sincera me da miedo de que mi amiga… se interese por ti.
Soltó una risotada, su respiración entrecortada me acariciaba dulcemente la nuca.
-pero eso no es culpa mía
Abrí la boca para protestar.
-tu sabes que… –guardó silencio mientras presionaba sus fríos y suaves labios contra mi cuello- solo tengo ojos para ti.- me atajó.
Me quedé callada mientras experimentaba ese delicioso hormigueo que procedía del contacto entre nosotros dos, él también parecía estarlo disfrutando.
-bueno entonces si te vas dame un largo, apasionado y agresivo beso de despedida- murmuró en mi oído.
Suspiré, su voz era miel; no había forma de resistirse a él ¡menudo tramposo!; Me di vuelta para estar de frente a él, me empiné para que nuestros labios se encontraran.
De repente, sonó el teléfono.
-¡Maldita sea! –Vituperó – ¿quién osa a interrumpir tan dulce momento?
Me enojé tanto o más que él, ¿quién sería tan inoportuno de cortar la magia?; decidí no prestarle atención y enfocarme en Hell.
-No importa quién…
Una chispa de comprensión brilló en mi cabeza, ¡mi madre!
-había olvidado su existencia- murmuré con fastidio. No tenía nada en contra de ella pero había interrumpido algo crucial.
-¿existencia de quién?
El teléfono seguía sonando con insistencia.
-mamá, se va a preocupar si no contesto.
Hell se veía confuso.
-debo contestar.
Intenté desasirme a regañadientes, pero él no me dejo, en el fondo sabía que yo no quería irme de su lado; y eso hubiera estado bien, de no ser porque el insoportable timbre del teléfono no dejaba de sonar.
-ya esta bien, Hell déjame ir.
Mi voz no sonó lo suficientemente imperiosa como yo pretendía que sonara.
-soy un muchacho caprichoso, así que no.
-vamos, si no contesto mi mamá va empezar a sospechar que me traigo algo entre manos.
-tal vez no es tu madre, ¿no has pensado esa posibilidad?
-Estoy segura que es ella, o ¿quién más va a ser? Tú más que nadie sabes que tengo muy poca vida social.
- bien –suspiró derrotado- ve entonces
Desasió su presa y me dejó ir. Bajé las escaleras como una flecha, hasta la sala y contesté el teléfono; temiendo que ya hubieran colgado.
-¿aló?
-¡oh! Agatha ¿por qué has tardado tanto en contestar?
Sin duda alguna, era mi mamá, se escuchaba preocupada.
-No ha sido nada mamá, solo estaba en la ducha; tu sabes lo maniática que soy con eso de bañarme dos veces al día.
No era una excusa muy convincente ya que esa maña se me había quitado hace meses, pero mi mamá no estaba lo suficientemente informada sobre mis hábitos.
-ahhh… bueno ¿Cómo has estado? ¿Has comido bien?
-pues si últimamente he comido mami.
-eso esta bien, tenía miedo de volver a casa y verte desaparecer.
Era hora de formular la pregunta del millón.
-¿Cuándo vuelves mami?
-uhmm… mañana, creo
-Que alivio mamá.
Que mentirosa. Me sentí sucia por decir eso.
-si nena no te preocupes.
Hubo un pequeño silencio, horriblemente incomodo. Las palabras quería salir de mi boca: mamá imagínate que he estado viviendo con un muchacho, se ha quedado en mi casa y dormimos juntos…
A mi madre le daría un patatús si supiera esto.
-y… ¿Cómo te ha ido? ¿Todo marcha bien con el gato? ¿Le has comprado comida?
Había olvidado que mi mamá no sabía que ese gato no era exactamente normal, que ni siquiera comía wishkas, su dieta era totalmente diferente. Reprimí la risa al pensar que mi mamá no se imaginaba lo agradable que era tener a ese "gato" de compañía.
-todo anda muy bien mami, el gato es muy… ¿Cómo decirlo? Es muy decente y no ha causado ningún daño.
-¿y qué fue del muchacho nuevo en tu escuela?
Me sorprendió un montón que mi mamá aún se acordara de la conversación que habíamos tenido antes de que se fuera. Sin duda merecía una salva de aplausos.
-ehh… Patrick y yo no hemos vuelto buenos amigos.
-¿amigos?
La voz de mi madre sonó incrédula, me conocía lo suficiente como para saber de mis conductas aislantes y antisociales. Total ella fue la que pagó por el psicólogo -y ahora que lo recuerdo de nada sirvió-. Guardé silencio para ver que decía ella.
-me parece genial que al fin puedas hablar con otra persona. Habías empeorado desde la mudanza de tu amiga; pero veo que estas mejorando.
-pues si.
El amor lo puede todo.
-me imagino que me lo vas a presentar cuando vuelva ¿no?
-pero mamá solo es un amigo, ni que fuera mi novio.
Me sonrojé, él era mucho más que eso.
-pero una madre tiene derecho a conocer las amistades de su hija, además recuerdo que me habías dicho que era muy guapo, yo quiero verlo con mis propios ojos a ver que tan bueno esta.
-¡mamá!–Protesté- no hables de él como si fuera mercancía.
-no te preocupes solo bromeaba, pero en todo caso me lo vas a tener que presentar, tal vez mañana cuando venga, entonces nos vemos mañana hija.
-adiós mamá- respondí aunque ella ya había colgado.
Colgué el auricular, me fui a sentar en el sillón; pero estaba ocupado.
-¿con que solo amigos? – habló Hell con rabia y diversión mezcladas en la voz.
-¿has escuchado la conversación?- le pregunté con fingida desaprobación.
-obviamente- dijo con sorna.
-ahh bueno.- dije tratando de evadir su mirada inquisidora.
-explícame eso de "amigos"- noté el entrecomillado de la palabra por la entonación de su voz.
-tú sabes que nosotros no somos novios… -hice una pausa para estudiar su reacción, una mezcla de emociones crisparon su inmaculado rostro; pude identificar ira, decepción, frustración, tristeza.- …somos algo más que eso –continué rápidamente al ver que ya iba a protestar- y no le puedo decir eso a mi madre, se moriría.
-bueno, tienes razón ¿pero estas consiente de que mañana tendrás que decirle sobre mi?
-yo…- miré el reloj que estaba en la sala- ¡le dije a Marcela que nos viéramos a las tres y ya son las tres y media!
Me revisé a ver si me hacía falta algo, ¡la tarjeta!; La cogí de encima de la mesita de café.
-¿tú me vas a abrir o llevo llaves?- le pregunté a Hell.
Él estaba realmente enojado.
-¿entonces es un no o un si?
Con un movimiento grácil y elegante, se puso de pie, se acercó y tomó mi rostro entre sus gélidas manos.
-a veces debo tener una paciencia infinita contigo –me dijo con voz suave y calmada, pero sus ojos aun refulgían de enojo.
Nos dimos un beso corto y agresivo; él tenía ganas de más –y yo también-, pero no me dejé engatusar y me detuve.
-¿me abres entonces?
Soltó un suspiro sonoro.
-si yo te abro, pero procura no demorarte ¿si? Y si te queda tiempo almuerza y trae algo para cenar.
Me soltó el rostro.
-cuídate, te amo-dijo él.
-adiós entonces.
Salí de la casa, como esperaba el sol brillaba; no había rastros de nubes en el perenne cielo azul. Corrí como loca por la calle. Había citado a marcela en el centro comercial más cercano a mi casa –esto no significaba que estuviera cerca, solo que estaba más cerca en comparación a otros-. Detuve un taxi, y me subí. El viaje se me hizo realmente largo, pensé que sería fácil separarme de Hell, pero no; a cada momento que pasaba pensaba en él, estuve tentada varías veces a decirle al conductor que me llevara de nuevo a casa pero yo le había prometido a marcela que íbamos a salir. Después de quince minutos de tortura psicológica llegué al centro comercial. Le dejé una generosa propina al taxista y me bajé. El centro comercial seguía siendo el mismo, en la entrada los chorros de agua que manaban del piso del ajedrez gigante cuyas fichas estaban hechas de metal retorcido por algún artista burgués, salpicaban a los transeúntes desprevenidos; el gran edificio gris de una arquitectura extraña –meramente construido con fines comerciales-, la plazoleta de comidas que daba a alamedas llenas de mesas, el insoportable ruido de la gente niños, ancianos, jóvenes parejas enamoradas –sentí un pinchazo de tristeza al pensar en Hell-. En ese centro comercial se veía el contraste de las diferentes clases sociales que frecuentaban el Mall, niñas ricas hablando por su celular, solitarios que miraban con ansia los escaparates de las tiendas deseando el dinero para comprar el objeto de su codicia, el señor cuarentón cargado de paquetes que complacía todas las exigencias absurdas de su joven cortesana, la familia con hijos que correteaban de un lado a otro, esposas que se detenían en cada vitrina diciendo "¿mi amor has visto ese bolso tan bonito?, ¿has visto eso? es igualita a la que tiene Vilma en su casa", cuyos esposos miraban como diciendo: ¿me importa?
Después de escrutar a las fastidiosas pero interesantes personas en busca de Marcela, la encontré sentada en una mesa del cafetín que siempre frecuentábamos, supuse que estaba bebiendo capuchino –tal vez con licor-. Estaba, igual como yo la recordaba, tenía es misma apariencia de que; si uno le quitaba los ojos de encima, ella iba a desvanecerse como un espectro; ojeras marcadas –a decir verdad todavía sufría de insomnio- cabellos negros que la hacían ver más irreal, rostro redondo y esa misma expresión de amabilidad de siempre –que se asemejaba a la expresión afable que una abuelita le mostraría a su nieto predilecto- se estaba tronando los dedos de manera nerviosa y compulsiva, hasta que me vio llegar y sospechando lo que yo le iba a decir se detuvo, cogió su café y dio un gran sorbo. Suspiró aliviada a ver que yo corría una silla y me sentaba al frente de ella.
-siento la demora es que se me presentó un pequeño percance.
-no importa- dijo ella despreocupada- yo llegué tarde, se me había olvidado que habíamos quedado de encontrarnos
La mala memoria de Marcela ataca de nuevo.
-bueno ¿qué más niña loca? cuénteme algo de lo que ha hecho en mi ausencia, ¿han pasado cosas divertidas?-dijo ella en tono casual.
-la verdad no se, no ando muy informada que digamos.
-¡que aguafiestas!
-¿capuchino?
-si- admitió ella antes de darle un sorbito a su taza.
De nuevo yo había adivinado. No había tema de que hablar con marcela, excepto Hell pero no estaba en mis planes contarle sobre él y mucho menos sobre su extraña "dieta".
-tengo que comprar una tonelada de cremas para el sol, tu sabes por eso de mi alergia ¿me acompañas?
-claro.- le dije mientras nos poníamos de pie.
Fuimos entre el mar de gente hasta una tienda llamada la Riviera, allí vendían perfumes, cremas y todo tipo de cosas que tenían que ver con cuidado personal. Marcela sacó una lista larga de compras –supuse que lo había anotado ya que no se fiaba de su retentiva- empezó a sacar montones cremas y cosas de varios estantes.
-entonces ¿todavía cargas un maletín solo para las cremas?- le pregunté con la mirada fija en un brillo de labios diseñado por mi tocaya Agatha Ruiz de la Prada.
-creo que esa pregunta se responde sola- dijo ella mientras cogía una cajita de polvos de arroz y la metía en la canasta de compras.- ¿vas a llevar eso?- me preguntó con curiosidad mientras señalaba el brillo que tenía en mis manos.
-supongo, así mi madre se sentirá complacida.
-ahhh… ya veo, entonces lleva un poco de rímel también- dijo mientras sacaba del estante un rímel.
-entonces también llevaré lápiz negro de ojos- le dije mientras cogía uno del mostrador.
Marcela esbozó una sonrisa de cómplice y metió en la canasta un frasco de perfume.
-ya terminamos entonces.-dijo ella complacida.
Fuimos al cajero, yo insistí en pagar todo; ella se negó al principio pero luego al ver lo insistente que yo era dio su brazo a torcer. Salimos de la tienda cargadas de paquetes, yo me dejé tentar por el consumismo así que terminé metida en la tienda de discos buscando entre los estantes en busca de algo bueno.
-¿te parece bien un poco de metal?- le pregunté a ella mientras le mostraba un disco de Korn.
-no se si eso sea metal, pero si lo quieres comprar- dijo ella mientras encogía los hombros.
-no creo que son muy mechudos para mi gusto- dije en tono socarrón.
-je, si tu lo dices.
Salimos de la tienda con varios discos, de música variada; había desde clásica –dios salve a Mozart- hasta rock setentero –gracias the doors por sacar de nuevo una recopilación de sus éxitos-. Estando con marcela olvidé por completo los últimos acontecimientos de mi vida, era como si ella y yo estuviéramos en los viejos tiempos, hablando de estupideces y conspirando contra los demás.
Caminamos un rato por el centro comercial, en busca de una tienda de ropa decente; hasta que nos rendimos y entramos a la tienda de ropa que frecuentaban los niños emo, la ropa era bonita; sin duda así que terminé comprado una corbata de seda negra con calaveras –un regalito para mi Hell-, y una falda de tul rosada con negro. Compré varios pares de zapatos, -para que mi mamá se sintiera orgullosa de su derrochadora hija- y aproveché para comprar las novelas de Stephen King que me tenían tentada desde hace tiempo pero que no había podido comprar porque mi madre no me dejaba leer novelas de terror.
Invité a comer a Marcela, en un restaurante árabe –único lugar que vendían comida vegetariana- nos sentamos en una mesa y descargamos los paquetes, teníamos los dedos blancos por el peso de las bolsas.
-entonces esto es tuyo – dijo ella mientras sacaba de un paquete el perfume, el rímel, los brillos, -compramos de todos los sabores porque no pudimos decidirnos cual era el que olía mejor- y el lápiz de ojos.
Lo cogí todo y lo metí en la bolsa donde estaba la corbata de Hell.
-y esto –dijo ella mientras sacaba una cajita que parecía ser más maquillaje- lo cogí para ti pensando que yo lo pagaría pero en todo caso tómalo
Cogí la cajita negra y la abrí eran sombras para ojos.
-gracias, aunque no se como echármelas- y no importaba porque tal vez no las usaría.
Después de comer salimos del centro comercial a parar un taxi, cuando salí me di cuenta de lo tarde que era, ya había oscurecido, me había olvidado de que Hell me estaba esperando.
Puesto que vivíamos lejos la una de la otra tomamos diferentes taxis, nos despedimos y ella me ayudo a subir los paquetes al carro –ya que yo había comprado más cosa que ella- me sumí en mis pensamientos mientras veía la calle pasar a través de la ventana del carro, definitivamente Hell iba estar de mal humor, y no lo culpo yo también me habría enojado si él me dejara sola; sin Marcela empecé a sentir esa horrible desazón causada por la separación; que tonta fui debí quedarme con él, en vez de dejarlo solo; pero Había ido al mundo "humano" y había sido grandioso –aunque me costara admitirlo- obviamente no era tan grandioso como estar con Hell, pero era algo estimulante; había olvidado como se sentía la compañía humana, ya que desde hace meses que no compartía tanto tiempo con una persona, no mas bien un humano –si porque Hell es una persona aunque sea un vampiro-. Definitivamente el amor me estaba cambiando, ahora no me
reconocía ¿Dónde quedo el temor a hablar con una persona? ¿Dónde quedó el fastidio hacia alguna muestra de cariño? ¿Dónde quedo el odio irascible por la gente?, definitivamente el amor lo puede todo.
¿Qué diría el psicólogo si viera que a pesar de su negativa había encontrado a alguien que me aceptara tal como soy; una loca obsesiva?
Sin duda alguna que el amor lo puede todo.
Después del largo viaje llegué a mi casa, y apenas llegó el taxi se abrió la puerta de mi casa. Hell salió de la casa hermoso como ningún otro, de nuevo su belleza me tomaba por sorpresa. Al contrario de lo que yo había sospechado Hell estaba notablemente contento a verme llegar.
-¡amor mío! Has llegado por fin.-exclamó aliviado.
-esto…-su inverosímil belleza me había dejado sin habla.
-déjame que te ayude con todo esto- dijo mientras levantaba del suelo todos los paquetes como si no pesaran nada.
Los entro a la sala, yo lo seguí y me deje caer en el sofá; estaba exhausta por el frenesí de compras.
-y ¿eso por qué tantas cosas?
-no se –dije mientras encogía los hombros.
-¿que has hecho? Te has demorado mucho, temí que te hubieran robado o algo así- dijo él con una extraña preocupación paternal.
-pues hicimos lo que hacen las mujeres cuando van de compras.
Frunció el ceño.
-eso no es gran información yo no se nada de chicas y mucho menos se lo que hacen cuando van de compras. ¿Te importaría ser un poco más específica?
-bueno acompañé a mi amiga a comprar unas cosas, nos medimos ropa, zapatos y compramos algunas cosas libros, cd cosas así.
-tengo curiosidad de ver lo que compraste.
Hell observó cada bolsa con curiosidad, lo que más le llamó la atención fue los brillos porque parecía que no comprendía su uso; a decir verdad yo tampoco. Le di la corbata y el sonriente le hizo un nudo y se la puso. Me senté en sus piernas y recosté la cabeza en su pecho.
-tú me haces recordar cosas que había olvidado hace mucho tiempo.
-¿que clase de cosas?
-no se, cosas.
-¿no me vas a decir que?- levanté la cabeza de su pecho y miré su rostro inmaculado, perfecto. Estaba radiante de felicidad.
-No- dijo mientras me daba un beso en la punta de la nariz.
-No se puede razonar contigo.
Me susurró al oído versos de una poesía anticuada, aunque con su voz era como música.
-… dulce agonía que me provocas…-susurró –…debe ser eso lo que llaman amor…
-¿te gusta mi romancero? Tú lo has inspirado.- dijo al terminar de recitar.
Era incapaz de hablar, estaba seducida por la aterciopelada voz de Hell.
-Y aún tengo muchos más para ti.
-No los vayas a pronunciar porque si lo haces creo que moriré en tus brazos.- le dije con voz embelesada.
-No exageres, no soy tan bueno.
-¿Qué no eres bueno? ¡Ja! Eres la perfección hecha hombre.-señalé.
Él rió de esa forma desenfadada y encantadora que me agradaba tanto. El sonido de su acompasada respiración era realmente reconfortante, aún más que el sonido de un corazón latiendo…
Que ironico, va al centro comercial…. No te acuerda algo arthemisa? Jajajaj gracias por leerme pus aki seguirep jajajajajjaja
Attte shinigamivamp :p
