¡Muy buenas noches queridas y sensuales lectoras! Sí, sé que me desaparezco mucho y todo, pero lo que importante es que vuelvo y les traigo su dosis de Ahomine y Tatsuhisa. Las personas que pensaron que no habría drama ni triángulos amorosos, estaban muy equivocados y este capítulo lo demuestra (?). Bueno, no tanto así, pero al menos las entretendrá :D Solamente no me odien jajajaja. Sean felices y bueno, saquen sus propias conjeturas.

Agradecimientos especiales a Mini Sun por agregar mi fanfic a favoritos. Lo agradezco enormemente *3*9. Ahora sí, ¡disfruten de la lectura! Matta ne~

Capítulo 10

Contrastes

No tenía ningún problema en comerse todos esos deliciosos chocolates; la cuestión es que eran demasiadas cajas y su apetito ya tenía fecha de caducidad.

Por lo que era claro que terminaría rindiéndose y quedándose, botado sobre el sillón.

—¿Por qué demonios tengo que comerme todos estos chocolates? Hasta donde recuerdo te los dieron a ti.

—Es demasiado para mí. Además no me gusta el chocolate dulce -agregaba el rubio desde el comedor. Habían terminado de desayunar y estaba recogiendo los platos.

—Quisquilloso...

—No es mi culpa tener gustos definidos -aclaró.

—Gustos excéntricos diría yo -refutó. Se sentó, tomando el control del televisor-. Por cierto.

—¿Qué sucede? ¿Otra vez te dejé adolorido? -cuestionó alegremente tras tomar asiento a su lado.

—¡Idiota! ¡No hablo de eso, además deja de hacerlo como si no sintiera nada!

—No te oí quejándote -tarareó.

—Como sea... Iba a preguntarte algo.

—¿Ah, sí? ¿Y eso sería?

—¿Por qué has estado actuando raro toda la semana? -su mirada estaba fija en el programa de variedades que se trasmitía por televisión. Quería evitar el contacto visual.

—Quién diría que serías un poco observador -no estaba al tanto de las reacciones de Daiki, pero podía hacerse a la idea de que ese comentario lo tomó como insulto.

—Idiota.

—Estoy meditando cierto asunto -habló, echándole el brazo alrededor del cuello, acercándolo a él.

—Casi puedo adivinar que está relacionado con una de tus ex parejas -después de todo había visto a una chica esperando por el rubio al término de las extra clases durante toda la semana.

—Ella sólo es parte del problema -mencionó un tano serio-. Por su culpa no pude divertirme contigo en toda la semana.

—Te desquitaste todo el día de ayer, te aclaro.

—Los maratones siempre son interesantes -el comentario como tal no le incomodó, pero sí aquel gesto del rubio; le había soplado suavemente al oído, provocándole cosquillas.

—¡Ya te dije que no hagas eso!

—¿Y si vemos la película que renté ayer? -él era mucho de cambiar el tema de golpe y ahora se había apartado de su lado para meter el disco al dvd.

—¿Hablas de esa película sosa de dos chicas que se van de viaje para cumplir sus sueños y que terminan endeudándose?

—¿Por qué recuerdas ese tipo de cosas intrascendentales? -alzó su ceja divertido.

—Haré palomitas entonces -el moreno se fue directo hasta la cocina.

—¿No que ya no tenías hambre?

—No puedes ver una película sin palomitas. Es sentido común -agregaba el moreno tras haber llegado a la cocina y meter el paquetillo al microondas.

Después de que las palomitas estuvieran hechas y en el regazo del moreno. La película dio inicio. Aunque no pasó más de media hora antes de que alguien se quedara totalmente dormido.

—Oye, oye...caíste demasiado rápido -irónicamente el que terminó durmiéndose fue Kai. Quien ahora había terminado recargando su cabeza sobre su hombro-. Supongo que no es tan malo tener un domingo normal haciendo cosas que cualquier otra pa...-las palomitas casi se le atoran en la garganta. Sus descarriados pensamientos le estaban conduciendo justamente hacia donde no le interesaba llegar-. ¡¿Pero qué rayos estoy pensando?! Él y yo no tenemos esa clase de relación... Somos más bien como… -en ese momento se le vino a la mente cierta insinuación hecha por Kagami hace tiempo atrás.

Sacudió su cabeza con aquellos pensamientos y se puso a ver la película. Era lo mejor que podía hacer. Y un par de horas después ya se hallaba viendo los créditos de la cinta mientras intentaba digerir el final.

—¿Pero qué demonios fue eso...? -Aomine había flipado con el desenlace y Kai, él continuaba durmiendo tranquilamente- Seguramente se cabree si lo despierto, así que...

La buena voluntad del peli azul se fue en el instante en que sus labios tocaron los del blondo. Aunque quizás el sobresalto se lo llevó Daiki. Pareciera que había tomado demasiado por sorpresa al rubio, que hasta se había apartado de él abruptamente.

—Tu conciencia realmente debe estar muy turbia -le sonrió descaradamente. Tatsuhisa por su lado entendió lo que había pasado, volviendo a quedar hombro con hombro con él.

—Me quedé dormido, ¿no es verdad? -el moreno asintió-. Espero que al menos haya estado entretenida.

—Lo que viene en ese disco no tiene que ver con la sinopsis.

—Pareces algo...perturbado.

—La protagonista en realidad era la hija de su hermana mayor. Y eso no fue lo peor...Su padre era al mismo tiempo su abuelo -incluso alguien como Kai quedó bastante desconcertado.

—No volveré a rentar ninguna película allí...

—Te lo agradecería.

—Y viendo que ya es tarde, me pondré a hacer de comer -no le emocionaba la idea pero debía hacerlo-. Haré hamburguesas -le informaba al peli azul.

—¿Hamburguesas? Mmm... Suena bien -una sonrisa de complacencia se estampó en sus labios- ¿Sabes hacer las de Teriyaki?

—Me pensaré si las hago o no -comentó burlón.

Mientras Kai estaba absorto en sus tareas culinarias, el moreno parecía curiosear en el pequeño librero que permanecía cerca de la televisión.

Al parecer había hallado algo así como un álbum fotográfico que seguramente sería de Kai.

—A propósito, cuando eras joven te veías buena gente -decía con normalidad. Y para que el rubio le escuchara fue hasta la cocina a decírselo.

—Tengo un pincho y sé cómo usarlo -le amenazó sutilmente.

—Así que estuviste en Kaijou -sus celestes pupilas se enfocaron en la foto que le habían hecho en medio de un partido. Era ridículo apreciar que físicamente no había cambiado mucho-. Te ves igual.

—Soy como el buen vino -se echó flores como sólo él podía hacerlo.

—Más bien empiezo a notar por qué te gustan jóvenes -insinuó.

—Que constante que no le robo la juventud a nadie. Y que nunca había salido con alguien menor que yo... Y antes de que sueltes un mordaz comentario, tú serías visto como un asaltatumbas.

Kai le había arruinado el chascarrillo.

—No tuerzas el ceño, mejor ve a hacer algo más mientras está esto o terminaremos pidiendo pizza otra vez.

Aomine entendió la obvia sugerencia hecha por Kai. Y aunque le agradaba la idea, hasta el punto de hacerlo sonreír, prefirió salirse y entretenerse con cualquier otra cosa.

Pensaba que su decisión sería otra...-se quedó callado por largos segundos intentando hallar la causa de todo ello.

Aomine había desistido de seguir escudriñando en las fotos del chico y optó por deambular por el apartamento ya que tenía tiempo. Generalmente sólo llegaban, tocaban tema y se despedían; era algo así como una rutina que adquirieron hace un mes atrás.

De momento estaba en el cuarto de huéspedes. Había una repisa con trofeos deportivos; por lo visto el rubio había estado en algo más que básquetbol.

—Tennis...Karate...

Sus celestes ojos se deslizaron sobre la cabecera de la cama. Ahora que apreciaba bien, existían unas curiosas figurillas; alguien parecía ser fan de esos osos monocromáticos amantes del bambú. Y eso no era todo, también existían bonitos cuadros de paisajes.

Se notaba que no era el tío más observador y menos si había otras cosas de por medio, como por ejemplo el rubio.

Está bastante pesada -al lado de la cama individual, permanecía una gran caja de cartón con quién sabe qué cosas adentro. Únicamente se limitó a alzarla-. Bueno, a mí tampoco me gustaría que revisarán mis pertenencias -después de dejar eso por la paz su atención se dirigió de inmediato hacia el cuarto del blondo. Y hasta donde su memoria le decía, jamás habían experimentado nada dentro de esa área.

—¿Te diviertes? -por lo visto el rubio había decidido aparecer de improviso frente a él.

—No es como si tuvieras demasiadas cosas...para fastidiarte.

—Mi vida es impecable, Daiki. Así que pierdes el tiempo.

—Seguramente hay algo de lo que te avergüences, Tatsuhisa -cruzó sus brazos tras la nuca con soltura.

—Es más factible que ese sea tu caso. Empezando por tus malas notas -agregó vil, dedicándole una bonita sonrisa.

—Pero debes reconocer que soy muy bueno para otros temas -se jactó pícaramente.

—Lástima que eso no te permita ganar dinero en el futuro -calló de golpe, dándole el dramatismo adecuado a su siguiente frase-. Espera, si puedes ganar dinero vendiendo tu cuerpo. Déjame ser tu mánager.

—¡Maldito bastardo! -bramó.

—Te venderé al mejor postor.

—¡Si serás...!

—Eres un idiota -dijo fresco. Su siguiente acción fue aquel fugaz beso.

—Qué...raro...-y tras aquel fugaz contacto, el blondo había desaparecido de su campo de visión.

Una hora más bastó para que la comida estuviera lista. Y contra todo pronóstico esas deliciosas hamburguesas estilo Teriyaki estaban servidas. Y claro, las papas fritas no podían faltar.

—Me cuesta creer que te emociones por algo tan simple como la comida -Kai había empezado con sus papas.

—Estas hamburguesas son de lo mejor -ya le había dado el primer mordisco y estaba de más decir que estaban deliciosas.

—¿Y cómo quedaron? -interrogó. El moreno solamente le hizo señas de que estaban en su punto-. Troglodita -sonrió de manera apenas perceptible. Gesto que el moreno fue incapaz de notar-. Por el momento se ha limitado a mandarme cosas toda la semana, pero no estoy seguro hasta cuándo continuará siendo tan pasiva -le dio un rápido vistazo a su celular, notando dos llamadas pérdidas. Al menos no eran de su loca admiradora-. Ya conseguiste un hombre que te aguante, ¿Eiko? -decidió matar un poco el tiempo y llamarle a su querida hermanita.

—Mamá me dijo que te invitara a comer. Así que mueve tu humanidad hasta aquí -demandaba amablemente la chica.

—Lo siento, pero estoy ocupado. Además, estoy justamente comiendo en este momento.

—Comer solo debe ser algo deprimente.

—No lo sé, tú eres la experta -mencionó con toda la saña que su bonita voz le permitía.

—No sabes lo mucho que me arrepiento por no haberte subido a esa camioneta o haberte cambiado por esa reja de naranjas -confesó.

—Debiste de haber aprovechado.

—Pero ya en serio, deja de mentirme y ven.

—No te estoy mintiendo -soltó. Aomine estaba demasiado centrado repitiendo que no le prestaba atención alguna.

—Alguna mujer...

—Nuevamente fallaste -y para que le dejara en paz le mandó aquel mensaje multimedia.

—Te voy a denunciar con la policía.

—Como quieras.

—¿Por qué sigues aún con Aomine-kun? Pensé que te habrías cansado de él para finales de mayo y ya casi es agosto.

—No he encontrado alguien más interesante... ¿Quizás?

—Si vas a seguir con ese pensamiento, mejor termina eso.

—Bueno, un gusto hablar contigo. Hasta luego -antes de que la castaña pudiera decir algo, le colgó.

—¿Hablabas con alguien?

—Mi hermana. Molestando como siempre, ya sabes -ya se había encargado de apagar su celular.

—Tienen una relación bastante particular.

—Un hijo único no sabe la buena vida que tiene hasta que conoce a tipos como yo de familia numerosa -al fin estaba saboreando la hamburguesa.

—Recuerdo que dijiste que tenías una hermana mayor, un hermano mayor y una hermana menor.

—Justamente. Así que no es divertido cuando se ponen a molestar todos a la vez.

—Pues no he visto a tu hermano mayor.

—Eso es porque Kenshou vive en Osaka con su familia… Mi hermana menor está en Rakuzan y Eiko, ella vive para molestarme -soltó con malhumor; y por si a Aomine no le quedaba claro, clavó peligrosamente aquel cubierto sobre sus papas.

—Debió de haberte hecho muchas cosas de niño.

—En realidad no... Pero lloraba con mucha facilidad cuando caía en alguna de mis bromas -contó con una inocencia y añoro que dejaron frío a Aomine-. Echo de menos esos tiempos.

—Ya eras un cretino desde niño -omitiría la parte en que hizo llorar a Satsuki cuando le puso esa rana en la cabeza o todas esas veces en que la molestaba.

—Si no te das prisa, me comeré tu hamburguesa -como sabía que las palabras no eran suficientes para él, ya estaba llevando su tenedor hasta el plato del moreno.

—¡Es mía! -quitó casi en acto reflejo su plato, protegiéndome como si fuera una bolsa llena de diamantes.

—Eres tan fácil de provocar -comentó gustosamente.

La semana había dado inicio en un santiamén y pronto se halló fuera de la escuela, un tanto agobiado por la cercanía de los exámenes finales y ese ambiente que se creaba en la sala de profesores. Por lo que lo único que deseaba era olvidarse de todo aunque fuera por una noche.

Quizás hasta alguien como él no consideraba mala idea salir de vez en cuando, especialmente tras una jornada laboral tan pesada, pero quizás la persona a la que le aceptó la propuesta no fue la más indicada.

—Escuché que estás dando clase en la Academia Tōō -empezó la charla aquel pelinegro de ojos castaños, que era unos cuantos centímetros más bajo que el rubio.

—Sí. Tu información es cierta, Takeru.

—Aunque es sorprendente. Considerando tu nula paciencia y que odias enseñar.

—De algo tengo que vivir -alegó casi triunfal.

—Bueno, eso fue por qué no quisiste irte a vivir conmigo a Hokkaido.

—Estoy bien viviendo aquí -aclaró. Al fin habían llegado a un pequeño bar y no dudaron en entrar.

—¿Qué tal te va con tus fanáticas locas? -se sentaron frente a la barra y pidieron de inmediato.

—Exasperantes como siempre. No podría ser de otro modo.

—Es tu culpa por dejarlas tan fascinadas contigo -sonrió bribonamente.

—Con ninguna de ellas llegué a eso, para empezar.

—No necesitas acostarte con nadie para que después te sigan como polillas a la luz.

—Pues qué alentador suena todo eso...-le dio un par de tragos a su whisky y prosiguió-. Que se consiguieran un nuevo propósito sería ideal para mí.

—¿Quieres que hagamos algo después de aquí? -el rubio únicamente sonrió ladinamente; sabía para dónde iba esa pregunta.

—No estoy de humor para nada diferente -al fin había terminado su bebida, por lo que no tenía más razones para permanecer allí.

—¿Hablas en serio?

—¿Por qué no habría de hacerlo? Sabes que las bromas no son lo mío -se había puesto de pie y tomó sus cosas-. Mañana tengo cosas que hacer, así que te dejo.

—¿Acaso estás saliendo seriamente con alguien?

—Hay de relaciones a relaciones -fue lo último que dijo antes de marcharse.

Su cara de total desagrado dejaba más que claro que no quería estar allí por más tiempo y que deseaba largarse. Sencillamente no entendía por qué demonios todos los ex miembros de Teiko se habían reunido en el departamento de Kagami. Y sobre todo, por qué lo habían arrastrado a él a esa locura.

—¿Por qué demonios los invitaste? -le reclamaba nada sutil a Kagami.

—Fue idea de Kuroko -se defendió.

—Vamos Aominecchi, hace tiempo que no nos veíamos.

—Nos veremos en la copa de verano, aguántate y lárgate.

—Mine-chin, no seas amargado. Ni parece que tienes una relación plena y feliz.

—Eso es porque es el sumiso -mencionó inocentemente Kuroko.

—¡Te agrego que el único sumiso aquí, eres tú Tetsu cabrón!

—¡El idiota de Aomine tiene razón! -Taiga debía defender su honor de seme.

—Daiki, no seas receloso. Simplemente era un buen momento para reunirnos y dejar la rivalidad dentro de la cancha –hablaba Seijuurou tomando un poco del ponche recién preparado.

—Por lo visto Midorima se les escapó –comentaba el moreno al notar que faltaba el friki de los ítems.

—En realidad está en la habitación de huéspedes…inconsciente –relataba Kuroko-. Takao-kun sabía que ese era el único modo en que viniera y pudiera divertirse.

—Empiezo a sentir lástima por él…-confesó Daiki al tiempo que pensaba de qué manera pudo haber hecho el pelinegro para haberlo dejado fuera de combate.

—Ya que estamos todos listos, sería buena idea dar inicio a la fiesta –llamaba Akashi. El resto parecía feliz con la propuesta y Aomine no tenía buena cara al respecto; pero en cuanto notó que llevaba sus tijeras consigo, cooperó.

La comida era deliciosa ya que la había preparado Kagami, por lo que no hubo quejas. Bueno, sólo de Murasakibara que quería golosinas y no las había; razón que lo llevó a ir a la tienda por unas cuantas.

Y la pequeña celebración podía haber concluido en paz si cierta boca suelta no hubiera propuesto algo que estaba de más.

—¿Qué les parece si conocemos al hombre que trae tan relajado y manso a Aomine-kun? –todos estaban interesados en la idea del peli azul. Incluso Akashi estaba sonriendo con complacencia.

—¡¿Pero qué demonios estás diciendo Tetsu?! De ninguna manera van a hacer eso –cruzó sus brazos en total desaprobación.

—¿Sabes dónde podemos localizarlo, Tetsuya?

—Mañana es sábado, así que podríamos ir a buscarlo –sugirió alegremente Kise.

—Umm…Quiero conocer a tu novio, Mine-chin. Seguramente es tan dulce y lindo como Himuro~

—¡Deja de decir esas cosas aquí! –regañaba Kagami. Él no necesitaba saber esos detalles innecesarios sobre la vida íntima de su amigo de la infancia.

—No tienes nada de qué avergonzarte, Daiki. Tampoco queremos robarte a tu pareja… -relataba el buen Akashi.

—Por cierto, ¿tú con quién andas? –porque el moreno no se hacía a la idea de quién pudiera llamar la atención del pequeño Hitler.

—Furihata Kou –se adelantó a decir Kagami-. Y no, no me hace feliz verlos juntos después de las prácticas.

—Aominecchi, Aominecchi, ¿no tienes interés en saber quién es mi pareja?

—En realidad…no… Imagino que Murasakibara sale con el emo ese retraído, Midorima con el burlón…-había ignorado completamente al rubio, quien lloriqueaba-. Y seguramente eres el de abajo –dictaminó cruelmente.

—¡No lo soy! –exclamó, agitando sus brazos de arriba a abajo, de forma frenética.

—Bien, entonces está decidido, mañana por la mañana conoceremos a Tatsuhisa Kai –concluyó Akashi, valiéndole un comino las quejas de Aomine Daiki.

El resto de la velada transcurrió con temas menos controversiales y estresantes para el moreno. Aunque quizás hubiera deseado que las cosas continuaran así hasta que todos se durmieran de cansancio físico.

Si bien Kuroko y Kagami se habían ido seguramente no a dormir a su cuarto, quedaban personalidades igualmente fastidiosas. Midorima debía soportar compartir la angosta cama individual con el hiperactivo de Murasakibara que quería seguir engullendo dulces y llamaba cada diez minutos a Himuro. Akashi se había quedado dormido en uno de los tres sillones que conformaban la pequeña sala, luciendo tan inocente y frágil; malvadas apariencias.

Y él, él estaba totalmente lúcido lidiando con un rubio que se había pasado de copas y que estaba muy animado para ser las cuatro de la mañana.

—¿Por qué demonios quisiste lucirte ante todos diciendo que podías beberte esa botella de vodka sin emborracharte? –Aomine ya quería irse a dormir, porque iban a pararse seguramente en menos de tres horas.

—Aominecchi, no seas aburrido y bebe un poco –animaba el blondo tras ofrecerle ese vasito de vidrio. Claramente el moreno lo tomó y dejó lejos de su persona.

—Ya te dije que no –gruñó.

Lo siguiente de lo que se percató es de que Ryouta no iba a darse por vencido tan fácilmente y que le empinaría ese vaso de vodka aunque fuera lo último que hiciera, y recurriendo al método que fuese.

Aomine no podía probar el sabor del vodka sobre sus labios ya que se le escapaba por la comisura de sus labios. Pero sí podía experimentar esa calidez, esa suavidad, ese extraño sabor que se derivó entre los labios de Kise y el exquisito sabor de aquella bebida.

Por largos segundos que le parecieron una verdadera eternidad, no se movió, no reaccionó, solamente se quedó petrificado sin saber lo que estaba pasando. Para él era como si todo fuera un extraño sueño que le llegó de repente y del que debía despertar tarde o temprano.

Sin embargo, supo que la realidad no era ésa y que ese contacto verdaderamente se había suscitado entre los dos gracias al metanol en las venas del rubio.

—Aominecchi, te has quedado mudo –soltaba burlonamente el modelo, sonriéndole con picardía, relamiéndose los labios ante los residuos de vodka que todavía quedaban.

—¡Idiota, ¿pero qué demonios has hecho?! –y es que el resto no se despertaban porque el alcohol que tomaron los arropó como bebés, que si no, ya estarían preguntándose qué estaba pasando entre esos dos.

—Vamos, solo te di vodka –levantó sus hombros sin preocupación alguna-. Admite que te divirtió.

—Claro que no –expresó claramente cabreado y ofuscado.

—Aominecchi, divirtámonos un poco esta noche –Daiki dio un par de pasos para atrás en cuanto sintió aquel par de brazos alrededor de su cuello al tiempo que ese rostro se acercaba peligrosamente al suyo. ¿Pero qué demonios le hacía el alcohol a Kise? Estaba irreconocible.

—Para, ¿quieres? –su mano se había postrado sobre la boca del chico, impidiendo así que algo más pasara-. En unas horas vas a arrepentirte de todo esto.

—¿Por qué? –el moreno sintió extraño el tono de seriedad que estaba emergiendo de sus labios, por lo que se mantuvo a la expectativa de lo que fuera a decirle-…Aominecchi, me has gustado desde que estábamos en secundaria…