¡Halo! Estoy aquí, otro viernes ;n; bien feliz, por los follow, favoritos y los reviews… En serio que ahora recibí muchos y soy extremadamente feliz :3 ¡MUCHAS GRACIAS POR TODO SU APOYO!

A Janii-chan le agradezco enormementepor hacerme notar mi estrepitoso error :I sí lo sé, pero no sé porque terminé poniéndolo ahí .-. Soy un caso perdido, de hecho, tuve una profesora que decía que era hasta los 10 meses por el hecho de que ahora hay muchos productos transgénicos… En fin, te agradezco mucho por decírmelo :)

Y bueno, yo no sé qué decir para expresarles lo realmente agradecida que estoy con todos y cada uno de ustedes por el tiempo que se toman para hacer algo con mi historia :') soy de verdad feliz. Tanto que me dan ganas de escribir otro fic… Pero esta vez quiero hacer algo depresivo y con un final triste (no sé, me encantan ;n;), pero quizá eso ya sea en un futuro, hacerlo ahora me traería muchos problemas, en fin.

Espero que disfruten este capítulo y tengan una preciosa semana llena de yaoi y cosas bellas *-*

.-.-.-.-.-.

8 meses.

Esa noche, volviendo del trabajo, lo que más deseaba el moreno era llegar a su casa, tomar una buena ducha, cenar e ir a dormir, ¿qué tan difícil era ser complacido en eso? Mucho.

Como todos los días regresaba agotado, sin muchas ganas de preparar algo para picar, pero debía hacerlo, si no se preocupaba él por su alimentación, nadie lo haría, quizá tendría que empezar a reparar en la idea de conseguirse alguien, quien se hiciera cargo de la mocosa y de la casa en general, porque tener niñeras provisionales no dejaba nada bueno; como en aquella ocasión.

Al abrir el refrigerador, ¡oh, sorpresa! Estaba totalmente vacío, ¿no había hecho la despensa recién iniciada la semana? Entonces, ¿por qué carajo estaba despejado?... Esa mujer, definitivamente estaba vetada de su casa por y para siempre. Suspiró con pesadez, recargando su frente en el electrodoméstico, ahora tendría que ir al supermercado y comprar lo necesario para sobrevivir lo que restaba de aquellos días laborales.

Se dirigió a la sala, donde la pequeña pelinegra se encontraba sentada en su sillita, mientras jugaba con un pequeño pingüino de peluche, sin prestar mucha atención a su alrededor, le dedicó un último vistazo y se perdió por el pasillo de cuartos, entrando al suyo, tomando de éste, su saco para cubrirse del frío, una chamarra para la menor y una cobija. Volvió al centro de su casa, cogió entre sus brazos a la niña y le colocó la prenda, seguida por la cobija; bajaron hasta el estacionamiento y subieron al coche, donde la acomodo en la silla para auto, puesta en el asiento trasero, para así, el tomar su lugar en el del conductor.

20 minutos más tarde, se hallaban ingresando en el establecimiento, Rivaille había colocado a su hija en la silla que va usualmente integrada en los carritos; recorrieron los pasillos, buscando lo necesario para sobrevivir por el próximo tiempo. Sin darse cuenta el mayor había comenzado a hablar sobre lo que sería bueno llevar con la chiquilla, quien no dejaba de mirar cada acción realizada por su progenitor, respondiéndole con pequeños sonidos, como si de verdad entendiera.

"¿Levi?" preguntó una voz detrás de ellos.

El aludido dio media vuelta, encontrándose con una mujer, de cabello rojizo corto, piel clara, figura menuda y ojos color azul, los cuales iban acompañados de unos sutiles lentes.

"¿Quién eres tú?" cuestionó mirándole fijamente.

"¡Oh! ¿Ya no me recuerdas?" dijo soltando una risita. "Soy Alissa, de la facultad" sonrió.

"Creo que empiezo a recordarte" soltó con desinterés.

"Sigues siendo igual, tanto físicamente como en lo demás."

"No veo razón para cambiar" se encogió levemente de hombros.

"Eso es lo que te hace llamativo" habló con gracia.

"¿Llamativo?" enarcó una ceja.

La mujer se acercó a paso lento, quedando a una distancia prudente, mientras la sonrisa no se borraba de sus labios.

"Pa, pa, pa, pa" una vocecita intervino en la conversación, llamando la atención de ambos adultos.

El de ojos opacos, volteo a ver a la nena, quien le miraba fijamente; por otro lado la pelirroja se acercó más, consiguiendo tener total visibilidad de la dueña de aquellas palabras, abriendo los ojos totalmente sorprendida.

"No me digas… ¿Es tuya?" preguntó sin salir de su sorpresa.

"Lo es" contestó cortante.

"No me lo puedo creer, digo, ya estamos en la edad de querer tener una familia, pero no me lo esperaba de ti" rio con incomodidad. "Incluso pensaba que Petra y yo tendríamos hijos antes, hablando de ella, ¿la has visto? Perdí comunicación con ella hace dos años más o menos."

"No la he vuelto a ver desde que terminamos."

"Oh, ¿de verdad? Ella nunca me lo dijo" aseguró.

"Supongo que aún teníamos una relación cuando dejaste de saber de ella" suspiró. "Sabes, debo irme."

"¿Cómo así? ¿No me presentarás a la señorita?" dijo juguetonamente mientras se acercaba a la criatura, quien la miraba atenta. "Hola corazón" acercó una mano a su mejilla y le acarició mientras la contraria hacia cara de desagrado.

"Pa, pa, pa" volvió a decir la niña, mientras sus ojos comenzaban a ponerse llorosos.

"Es muy bonita, se parece totalmente a ti, Levi" siguió acariciándole. "¿Me presentarás a su mamá?" la bebé se soltó en llanto, provocando la sorpresa la de la mujer, quien se separó y miró al azabache.

Él, tomó a la pequeña, comenzando a consolarla, para empezar a caminar, empujando el carrito, con dificultad.

"Debo irme, es tarde y está cansada" dijo el hombre, continuando su camino.

Poco después la de ojos negros dejo de llorar, su tutor la colocó de nueva cuenta en su lugar y sonrió de medio lado, cuando ambas miradas se encontraron con complicidad.

"Has hecho bien Amara" la mencionada sonrió amplio, luego soltando una risa. "Me siento orgulloso de ti mocosa."

Porque no existe mejor arma contra mujeres indeseadas, que tu propia hija.

Regalo.

La tensión se podía sentir claramente en el ambiente, la más chica no se atrevía a decir palabra alguna con temor de que la bomba explotara, así que sólo se dedicó a mirar las espaldas de ambos hombres quienes iban en los asientos de enfrente sin pronunciar absolutamente nada, siendo así todo el camino.

—Gracias por todo lo de hoy—rompió el silencio el Jaeger cuando el coche se paró frente al edificio donde vivía—Nos vemos el lunes Amara—agregó, volteándose para verla y sonreírle—Hasta luego—le dijo al otro individuo y bajó.

—Levi…—susurró con temor la pelinegra—Levi—repitió con un poco más de confianza al no obtener respuesta—¡Levi! —gritó.

—No grites—habló con molestia—¿Qué quieres mocosa?

—¿Qué tienes? ¿Pasó algo con Eren? Se veían como incómodos—se animó a cuestionar, recibiendo la mirada seria de su padre por el espejo retrovisor.

—No pasó nada, deja de hacer preguntas—la menor hizo un puchero como signo de inconformidad ante la respuesta.

—A mí no me engañas—el contrario bufó.

—Debería hacerlo, eres una niña de cinco años, los niños normales no van por ahí preguntándole a sus padres si están bien.

—No tengo un padre normal, así que no veo que le encuentras de raro—sus miradas se encontraron por el espejo—Simplemente me preocupo por ti—le sonrió ampliamente.

—Estoy bien, no pasó nada—aseguró con tranquilidad, para concentrarse en lo que hacía.

—Bueno—dirigió su vista a la ventana—Levi—le llamó de nueva cuenta.

—¿Qué?

—¿Qué les gusta a los hombres?—él, enarcó una ceja, extrañado por la pregunta.

—Depende de cada persona, no a todos les gusta lo mismo—respondió.

—¿Qué crees que le guste a Eren?—preguntó sin dejar de mirar hacia el exterior.

—Tú lo conoces más que yo, ¿no?

—Su cumpleaños es en una semana—continuó la niña—Justo el día del festival y estaba pensando que podría aprovechar para hacerle un regalo especial.

—Es un mocoso tan simple, que seguramente se conformará con cualquier cosa—la ojinegra frunció el ceño, molesta por la contestación—No necesitas pensarlo mucho, con algo hecho por ti, se alegrará.

—¿Tú crees?

—No lo estaría diciendo si no lo creyera —ella, asintió y la conversación se terminó.

Durante lo que restaba del fin de semana, Amara se dedicó a iniciar con el regalo de Eren, teniendo clara su idea pero sin poder realizarla completamente por sí misma, razón por la cual, fue en ayuda de su progenitor, quien en un principio se negó, diciendo que tenía trabajo, siendo remplazada poco después, por, yo no tengo paciencia para esas cosas y finalmente siendo convencido por la mirada tierna y totalmente manipuladora de su querubín.

El lunes por la mañana llegó, los alumnos comenzaron a llegar de a poco a la escuela. El joven de cabellos castaños, aquel día se retrasó un poco, debido a que había tenido una larga conversación con su hermana, quien durante todo el fin de semana no dejó de insistirle con el mismo tema, haciéndole negar una y mil veces la situación. Cruzó la calle, justo cuando un carro negro se paraba frente a la institución; del cual bajo una pequeña azabache que ya conocía de memoria, al pasar junto al automóvil vio de reojo al conductor, quien al notar su presencia desvío la mirada, ignorándole olímpicamente.

—¡Buenos días Eren!—saludó la de luceros negros.

—Buenos días Amara—correspondió al saludo—¿Qué tal tu domingo?

—Muy productivo—aseguró sonriendo—¿Y el tuyo?—caminaron lentamente, adentrándose a el colegio.

—Pesado—contestó con simpleza.

—¿Por qué?—ladeo la cabeza con curiosidad, sin dejar de caminar a su lado.

—Mikasa a veces se pone muy insistente—abrió los ojos al darse cuenta de lo que había dicho, golpeándose mentalmente—Perdón, olvida lo que dije.

—Está bien, puedes contarme si quieres—le sonrió.

—No Amara, agradezco mucho que quieras escucharme, pero eres una niña y los adultos no deben meter a los niños en sus problemas.

—Te empiezas a parecer a Levi, seguramente con el tiempo que han pasado juntos se te ha pegado algo—infló las mejillas.

—Supongo que puede estar pasando—pausó, pensando si era correcto o no—Pero, ¿por qué lo dices?

—¿Eh?—pensó un momento antes de responder—El sábado, después de dejarte le pregunté si le pasaba algo o si había ocurrido algo entre ustedes y me dijo que los niños no debían ir por ahí, preguntándole a sus padres sobre eso—suspiró—Ustedes los adultos son complicados.

—Mientras vas creciendo, te vas volviendo complicado—rio, percatándose que habían llegado al salón, abriendo la puerta del mismo—Adelante—le cedió el paso a la chiquilla quien asintió y entro dando las gracias.

—Buenos días profesora—saludó educadamente el joven, siendo seguido por la azabache, quien le saludó de igual forma, para después irse a sentar a su lugar.

Cuando las clases dieron inicio, lo primero que se comentó fue la realización del próximo festival, dándoseles a conocer que harían en el mismo, sería algo sencillo, una pequeña presentación de unas cuantas canciones, para lo cual, debían conseguir un traje, de un animal o insecto de su elección; lo cual ya se les había comunicado a los padres con anterioridad, así que, no había más comentarios al respecto.

—¿Ya sabes de que te disfrazarás?—le preguntó el ojiverde a la morena.

—La verdad es que no lo he pensado—le contestó.

—¿No has hablado con tu papá sobre eso?

—Sí, llegamos al acuerdo de que Christa me llevaría en la semana a ver algunos trajes, para que escogiera uno—acomodó su barbilla sobre sus manos.

—Ya veo—hubo un corto silencio—¿Vendrá a verte?

—Ya que es en la tarde, supongo que lo hará, además, seguramente tío Irvin y tía Hanji insistirán en que debe venir a verme—dio una risita—Tal vez tía Hanji venga con él, cada vez que puede se le pega.

—Se sentirá muy orgulloso de verte ahí—le dedicó una amplia sonrisa, la cual fue devuelta.

—Eren…—el aludido le miró, esperando a que prosiguiera—¿Vendrás ese día?

—Por supuesto, debo venir a verte, además…—rio con suavidad—Tengo cierta obligación.

—Ese día es tu cumpleaños, ¿no? —él, asintió—¿Está bien que vengas? ¿No tienes planes?

—Bueno, probablemente Mikasa prepare algo para pasarla en casa, quizá vayan unos amigos, la mayoría de ellos estudia, así que, no creo que les incomode hacerlo por la noche.

—¿Por qué tú no estás estudiando?

—Estoy esperando que me acepten.

—¿Qué te acepten?—preguntó curiosa.

—Lo que planeo estudiar, tiene buenas escuelas aquí, pero la mejor de todas, está en Estados Unidos—suspiró—El año pasado solicité en esa escuela, pero tiene tan altos estándares que se me negó, este año lo volveré a intentar, por lo mismo, estoy trabajando, necesito dinero para cuando esté allá.

—Seguramente este año lo lograrás sin problema alguno—le alentó.

—Eso espero, de todas formas, debo estar prevenido para cualquier cosa—dirigió su mirada a la mesa—Aunque, si se me niega otra vez, planeo entrar a una de aquí.

—Todo saldrá bien—aseguró—Así que no te desanimes.

—Amara—una compañera de ella, ingresó al aula—Tu papá está esperando por ti—le informó y ella asintió, parándose de su asiento.

—Hasta mañana, Eren—dijo, despidiéndose con su mano y salió del lugar.

La nena, no tardó ni cinco minutos en salir de la escuela, visualizando al instante el coche de su papá, subiendo al mismo, acercándose a su tutor, desde el asiento trasero y dejando un pequeño beso sobre su mejilla.

—¿Qué tal tu día?—se aventuró a preguntar el de ojos grises.

—No me quejo—respondió encogiéndose de hombros.

—Sucedió algo, ¿no?—más que una pregunta fue una afirmación.

—Eren me dijo algo—el azabache le visualizó por el espejo, viendo la expresión triste de su rostro.

—¿Qué fue?

—Él quiere irse a estudiar a Estados Unidos…—soltó—Yo no quiero que se vaya—aceptó.

—Si es lo que él quiere, ¿no deberías apoyarlo?

—Es lo que hice, pero sinceramente yo no quiero que lo haga—suspiró con melancolía—¿Tú no le extrañarías si él se fuera, Levi?

—Puedo contratar a cualquier otro que me ayude con los arreglos de la casa—contestó con indiferencia.

—Sí…—dejó la mirada gacha.

Durante la semana la menor estuvo recorriendo unas cuantas tiendas junto a Christa, en busca de un disfraz que llenara las expectativas de la menor, lo cual en un principio fue bastante difícil, ya que cada uno de los vistos, tenía un "detallito", que lo hacía ser desechado al instante. Durante sus largas tardes de compras, la más chica aprovecho para adquirir unas cuantas cosas que añadiría al regalo que daría próximamente; el último día, lo encontró y era simplemente perfecto.

Aquel viernes todo transcurrió como normalmente lo hacía, con excepción que todos en la escuela estaban yendo de un lado para otro, acomodando cosas, arreglando otras y llevando unas más, antes del mediodía todo estaba listo. Durante la mañana Amara no tuvo oportunidad alguna de acercarse al joven de hebras castañas, quien se la había pasado corriendo por toda la institución; en la tarde ya sería otra cosa, o al menos eso esperaba.

—No, no abras los ojos todavía—le pedía la rubia a la pequeña.

—Christa—dijo bajito, mientras se mantenía con los ojos cerrados.

—Mande.

—¿Por qué las cosas no pueden ser más sencillas?—cuestionó, dejando confundida a la chica.

—¿A qué te refieres? —afinó unos cuantos detalles—Ya, puedes abrirlos.

—Eren se irá y mi plan no ha funcionado en absoluto—abrió sus ojos, encontrándose con la mirada azulina, llena de ternura.

—Amara, el amor no es algo que pueda obligarse, se da cuando y donde se tenga que dar—acarició suavemente su cabeza—Si se da o no, depende de ellos; además, deberías sentirte feliz por Eren, es su sueño, cuando uno cumple sus sueños, es una sensación indescriptible—aseguró sonriente.

—¿Y dónde quedan los míos?—la Renz quedó sorprendida ante aquellas palabras.

—¿Cuáles son tus sueños, Amara?—cuestionó, colocándose detrás de ella para comenzar a peinarla.

—Quiero a alguien que se quedé al lado de Levi y mío, quiero saber que se siente tener una familia completa—susurró.

—¿Y por qué esa persona debe ser Eren?

—Porque así lo presiento.

La jovencita se quedó sin habla, además de que no existía algo que pudiera decir en ese momento, todos estaban al tanto de que en algún momento la menor, comenzaría a desarrollar la inquietud de tener una madre, pero al mismo tiempo, no dejaría que cualquiera entrase a su vida.

Al poco rato, apareció Rivaille, quien, como siempre, iba de mal humor, por culpa de unos clientes con los que habían comenzado a tener problemas, razón por la cual, estuvo durante algunos minutos al teléfono, intentando responder de la forma más relajada y menos grosera que se podía. Hacia entradas las 4, el trío partió del apartamento, con dirección al colegio, llegando al mismo en cuestión de veinte minutos.

—¡Amara! ¡Amara!—la aludida fue abordada en cuanto bajo del vehículo, por una mujer castaña de lentes—¡Mírate! ¡Estás tan linda!—dijo mientras reía emocionada.

—¡Tía Hanji, viniste!—le sonrió con amplitud.

—¿Crees que me lo perdería?—se agachó a la altura de la pelinegra—Aunque tu padre no quería que viniera, le dije que me esperara en la oficina y me abandonó, es cruel—le susurró.

—¿Qué haces aquí, loca?—intervino en la conversación el mayor.

—Buenas tardes, señorita Hanji—saludó con amabilidad la de cabellos rubios.

—Buenas tardes Christa—hizo un gesto con la mano, para después dirigirse al otro—No me perdería ver a mi sobrina sobre el escenario, por nada del mundo.

—¿No es que tenías trabajo pendiente?

—El trabajo puede esperar, mi linda niña no—respondió mientras abrazaba a la aludida fuertemente.

—Mañana no quiero verte en mi oficina quejándote de que no dormiste o gritando desesperadamente porque no lo has terminado—avisó.

—Sí, sí, ya—soltó sin poner real interés.

—Sonrían—una voz tras ellos detuvo cualquier indicio de continuar con la discusión, mientras agitaba de un lado al otro la cámara que llevaba en la mano.

—¡Eren!—la cara de la morena se iluminó cuando le vio, soltándose del agarre que mantenía con su tía y corriendo a él.

—Hola—bajo hasta su altura y la atrapó entre sus brazos, primero abrazándole, para después cargarla—Déjame decirte que eres la mariposa más linda que he visto.

La chiquilla se sonrojó fuertemente ante el comentario, provocando una risita en Zoe, una leve sonrisa en Christa y la mirada fulminante de Levi, quien al instante fue provocado por la mujer de lentes.

—Deberías aprender al niño—dijo con gracia—Él trata mejor a tu hija que tú—picó las costillas del hombre, quien no tardó ni un segundo en darle un buen golpe.

—¡Levi!—gritó la ojinegra aún en los brazos del joven de ojos verdes—¡No golpees a tía Hanji!—le reprendió mientras negaba en claro signo de desaprobación.

—¡Amara, tu padre es malo conmigo!—lloriqueó la violentada, corriendo al lado de la niña y el chico, abrazándose a ambos.

Renz volteó a un lado, intentando contener la risa que le provocaba la escena, mientras la furia del otro aumentaba considerablemente, le sacaba de quicio, realmente lo hacía. Después de la reacción dramática de Hanji, otra pequeña pelea por parte de los mayores y unas cuantas fotos, en las cuales, claramente, Rivaille no salía; finalmente se dirigieron al reducido anfiteatro, donde por poco más de una hora, pudieron disfrutar de las presentaciones de los alumnos.

Finalizado el evento, Amara desapareció junto con Christa y Zoe, pidiéndoles que le acompañaran al coche, a sacar lo que había hecho para el cumpleañero; el cual ayudaba recogiendo algunas sillas y partes de la escenografía. Cuando todo estuvo terminado se dispuso a salir del lugar, el cual se encontraba en su totalidad vacío, apagó las luces y comenzó a caminar, encontrándose en la puerta el hombre de baja estatura, quien al verle, dio media vuelta.

—¿Podríamos hablar?—le preguntó, siendo ignorado—Yo… Realmente lamento lo que pasó.

—Antes de hacer las cosas, deberías pensarlas un poco—contraatacó el de ojos opacos sin dejar de caminar.

—Lo siento—soltó el castaño.

—¿Qué sientes?—preguntó el otro siguiendo su camino.

—Yo…—se quedó mudo, sin saber que decir.

El más bajo detuvo su andar, volteando y viéndole de frente, se acercó unos cuantos pasos al chico, quedando a poca distancia; levantó su mano derecha y la empuñó, el Jaeger cerró los ojos, esperando el golpe que se veía venir, pero no fue para nada lo que él esperaba. La mano del contrario se cerró en sus cabellos, apretándole con firmeza pero suavemente, sin hacerle daño y le atrajo sin mucho cuidado, haciendo chocar sus labios.

—La próxima vez que hagas algo, piénsalo antes—susurró el azabache, separándose levemente.

—¿Eh?... —dijo aún sorprendido y consternado el contrario.

La única respuesta que recibió a aquello fue un pequeño roce de labios, seguido por un beso corto.

—Feliz cumpleaños, mocoso.

Y todo empezaba ahí.

.-.-.-.-.-.

Antes que nada, quiero hacer una pequeña aclaración de lo del inicio del capítulo :3 según leía por ahí, a cierta edad los niños empiezan a tener como una etapa, donde las personas desconocidas les resultan desagradables y sólo están bien con los padres, he ahí el por qué Amara lloró XD Rivaille lo sabe, pero aun así, se lo agradeció :B

En fin, espero que les haya gustado el capítulo *-* que lo hayan disfrutado y eso u disfruten su semana y nos vemos el próximo viernes :3 .