Hola, vuelvo con el décimo capitulo de Luz y Sombra, espero que les guste.

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[10] La Batalla

Estaba sentada en su cama, con la vista perdida, cuando alguien abrió la puerta de un fuerte golpe. Harry llego hasta ella con una sonrisa en el rostro y respirando entrecortadamente.

— Harry, ¿Cómo pudiste pasar?, el tobogán…— Dijo confundida, pero el la interrumpió.

— Eso no importa— Le dijo sin borrar su sonrisa— Las encontraron, ven.

Sin darle tiempo a reaccionar tomo su mano y empezaron a correr, no podía describir la intensa felicidad que sentía en ese momento, la habían encontrado, al fin la habían encontrado. Se sentía viva, hacia mucho tiempo había olvidado como era sentirse así, porque que sin ella estaba muerta, sola en la oscuridad.

Corrieron por lo que le pareció quince largos minutos, hasta que Harry se detuvo en seco, cerca de la enfermería.

— Ginny esta en la torre de astronomía— Le dijo entre jadeos— Yo iré con Luna que esta en la enfermería— Explico.

Herms asintió y dando la vuelta comenzó a correr en dirección contraría. No le importaba la puntada que sentía en el costado, solo quería verla y poder abrazarla, saber que toda esa pesadilla había terminado. Sin minimizar su velocidad comenzó a subir la larga escalera que llevaba a la Torre, tropezó varias veces y estuvo a punto de caer, pero se las arreglo para sujetarse de la baranda en el momento oportuno.

Finalmente llego a la Torre de Astronomía, el tiempo pareció detenerse cuando la vio. Estaba parada de espaldas a ella, sujetando la baranda con ambas manos, examinando el paisaje. Era de noche y el lugar se hallaba en penumbras, solamente iluminado por la luz de la Luna, que las bañaba a ambas de un color plateado.

— Gin— Susurro con un hilo de voz.

La aludida se dio vuelta y la miro, al tiempo que una radiante sonrisa se formaba en su rostro.

Hermione dio un par de pasos en su dirección, pero Ginny fue más rápida, acortando la distancia que las separaba y arrojándose a sus brazos.

Ella la sujeto con fuerza, la sentía contra su cuerpo, era real, había vuelto y no dejaría que nadie volviera a dañarla.

— Te extrañe tanto— Musito con voz temblorosa— Te amo.

Terminaron el abrazo y sin separarse Gin la beso. Al principio fue solo un pequeño roce de labios, pero luego fue tomando intensidad. Gin la tomo de la cintura apretándola contra su cuerpo y profundizando el beso.

Le rodeo el cuello con los brazos y lanzo un pequeño gemido cuando el beso llego a una máxima intensidad. Sus manos abandonaron su cuello y comenzó a recorrer sus hombros, bajando hacía su brazo. Cuando recorría casi la mitad del brazo derecho, sus dedos notaron que la suave piel de Gin se interrumpía, volviéndose rugosa y áspera. Abrió los ojos congelándose en seco y de un rápido movimiento se separo de ella.

Retrocedió un paso horrorizada, al mismo tiempo que señalaba hacia su brazo.

— Tu brazo…— Musito con voz temblorosa— tienes la marca Tenebrosa.

La luz le había dado de lleno a Gin y efectivamente la marca parecía brillar en su pálido brazo. Una sonrisa burlona se formo en su rostro, mientras observaba a Hermione con frialdad.

— El Señor de las Tinieblas volverá a alzarse al igual que hace quince años. Esta vez nada ni nadie podrá vencerlo, ni siquiera tú.

Cuando termino de pronunciar las palabras desenfundo una varita, antes de que ella pudiera hacer algo una luz verde surgió del extremo y le dio de lleno en el pecho. Sin poder hacer algo cayo hacia atrás quedando inmóvil en el suelo, con los ojos abiertos, muertos. Lo último que pudo escuchar fue la fría risa de Gin.

Abrió los ojos, se había incorporado en la cama y tenía todo el cuerpo bañado en un sudor frió. Estaba respirando entrecortadamente y su corazón latía con fuerza, como si todo lo que acababa de ver habría sido real. Se restregó los ojos limpiándose las lágrimas que caían por ellos. Había vuelto a tener esa horrible pesadilla.

La cortina que cercaba su cama se abrió y el rostro de Lavender Brown apareció en su campo de visión.

— Herms, ¿estas bien?, estabas gritando— Le dijo con expresión preocupada— ¿Volviste a tener pesadillas?

El cabello castaño de la chica estaba totalmente despeinado, al parecer otra vez la había vuelto a despertar.

— Si, pero ya estoy mejor— Le dijo débilmente— Siento haberte despertado de nuevo, la próxima vez pondré un hechizo.

— No te preocupes— Le respondió restándole importancia— ¿Quieres hablar de ello?— Le pregunto con comprensión, ella sabía lo mucho que le había afectado a la prefecta el secuestro de Ginny Weasley.

— No, estoy bien, creo que volveré a dormir.

— Está bien— Le susurro dedicándole una pequeña sonrisa para tratar de levantarle el ánimo— Que duermas bien.

Lavender volvió a desaparecer, dejándola sola nuevamente.

Las lágrimas que había contenido para no llorar enfrente de ella, finalmente hicieron acto de presencia. Volvió a acostarse en la cama y enterró el rostro en la almohada para evitar que sus llorosos se hicieran aludidles.

Había vuelto a tener esa pesadilla, desde hace cuatro meses se despertaba gritando y llorando y siempre era el mismo sueño, que terminaba en la Torre de Astronomía. La mayoría de las veces ponía un encantamiento sobre su cama, que no permitía que sus gritos fueran escuchados por alguien mas, pero esa noche se había olvidado.

Veinte minutos después cuando se tranquilizo un poco se levanto de la cama y se dirigió al baño, sabiendo que no podría volver a dormirse a pesar de que recién era medianoche. Con la vista todavía empañada tomo una túnica de su baúl y se dirigió al cuarto de baño.

Cuando salió de la ducha y termino de vestirse se detuvo frente a espejo. Paso la mano por el espejo empañado y admiro su reflejo. Esos últimos meses habían hecho mella en ella, estaba sumamente delgada, tanto, que parecía tener un aspecto enfermizo.

Observo su rostro decorado por unas profundas ojeras, sus ojos marrones se veían apagados, tristes, sin el brillo que solía caracterizarlos.

Salió del baño y camino hasta la ventana, para sentarse en el alfeizar. Desde allí se podía ver casi toda la magnitud de los terrenos del colegio, desde el lago, hasta la entrada varios cientos de metros más adelante. Rodeo sus piernas con los brazos y bajo la cabeza cuando la tristeza volvia a invadirla.

Hacia seis meses Gin había desaparecido, seis largos meses en los que cada minuto se le hace eterno y cada hora parece no llegar nunca. Las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos, la extrañaba tanto, aparte de amarla, Ginny también era su mejor amiga. La primera que había tenido y desde el tercer curso nunca se habían separado, pero al ahora no tenerla la magnitud de lo importante que era en su vida era enorme, ella simplemente lo era todo.

Lo era todo para ella y ahora ya no estaba. No podía verla, ni oírla, había desaparecido y caer en esa realidad, era como si vida anterior solo había sido un simple y hermoso sueño del cual había tenido que despertar.

Hacia un mes el ministerio había cesado las búsquedas, argumentando que ya era muy improbable que siguieran con vida. Sin embargo la Orden continuaba buscándolas, había rastrillado medio mundo mágico y habían interrogado muchas personas, incluidos Mortífagos que habían atrapado, pero nadie parecía saber que había pasado con ellas.

No había nada, ni un indicio que pudieran seguir. Era como si el mismísimo Lord Voldemort las estuviera ocultando.

Oculto aún más el rostro entre sus piernas, mientras sus llorosos se hacían más fuertes.

Una persona envuelta en una túnica negra con capucha, caminaba con rapidez por los pasillos de Hogwarts. No había desenfundado la varita para iluminar el sombrío lugar, al parecer sabía muy bien hacia donde se dirigía.

La túnica ondeaba detrás de el mientras bajaba unas escaleras, unos minutos después se encontraba en las mazmorras. Al finalizar el corredor doblo hacia la izquierda, introduciéndose en un pequeño pasillo. Se detuvo un momento y observo hacia ambos lados, para asegurarse que nadie lo seguía. Cuando se dio por satisfecho se introdujo en la primera aula.

Cerro la puerta tras si y camino hacia el centro de la habitación, donde cuatro figuras aguardaban su llegada. Todos tenían las varitas desenfundadas y estaban utilizando el encantamiento Lumos. Desenfundo la suya y los imito, para luego detenerse frente a ellos.

Asintió con la cabeza y se quito la capucha que dejo ver el rostro de Neville Longbottom.

Delante de él se hallaban Draco Malfoy, Padma y Parvati Patil y Theodore Nott.

Todos vestían igual que él y poseían la misma mirada de frialdad en el rostro. Sin decir una palabra comenzaron a caminar hacia la salida. Finalmente su misión había comenzado.

Hermione se levanto y camino hacia su cama, con delicadeza tomo uno de los dos retratos que se hallaban en su mesita auxiliar. Volvió sentarse en el alfeizar, al tiempo que desenfundaba su varita.

Lumos— Susurro.

La luz de la varita ilumino de lleno el cuadro, permitiéndole contemplar la fotografía. En ella estaba abrazada a Ginny y reían contenta sentadas debajo del Sauce Llorón, a la orilla del lago. Recordaba ese día a la perfección, había sido el curso anterior. Acababa de salir de la enfermería, luego del enfrentamiento en el Ministerio y Gin la había obligado a acompañarla al lago para levantarle el ánimo. Sonrió con tristeza, parecía que había pasado una eternidad desde ese día.

Estaba muy perdida en sus recuerdos, rememorando el día que Gin le había enseñado a volar, cuando una luces llamaron su atención. Miro hacia abajo y vio a varias personas caminando hacia la entrada del colegió. El resplandor de las varitas le permitió contarlos, eran cinco. Los siguió con la vista hasta que llegaron casi llegaron al portón cuando algunos Aurors que se hallaban custodiando el portón salieron a su encuentro.

Entorno los ojos tratando de ver algo, pero le resultaba imposible.

Visum Máxima— Dijo apuntándose al rostro.

Sus pupilas se dilataron un segundo y el color marrón fue reemplazado por un gris metálico. Su vista se empaño por un momento, volvió a mirar a los desconocidos. Esta vez los vio con claridad como si estuviera solamente unos metros por detrás.

Vio como cuatro Aurors caminaban hacia ellos, claramente confundidos. En encapuchado que encabezaba el séquito levanto la varita, ante la sorpresa de los magos del ministerio. Antes de que pudiera reaccionar para defenderse, una luz verde salio del extremo de la varita y le dio de lleno en el pecho.

Los demás encapuchados lo imitaron y antes de que los Aurors pudieran hacer algo, las maldiciones asesinas habían acabado con ellos.

Las cinco figuras pasaron por encima de los abatidos y se detuvieron frente al portón. De sus varitas surgían luces amarillas, estaba rompiendo las protecciones de la entrada. Su corazón dio un vuelto al ver del otro lado alrededor de un centenar de Mortífagos, todos ellos con el rostro cubierto por las horripilantes mascaras.

Con el miedo asaltando su cuerpo volvió a apuntarse con la varita.

Finite— Exclamo.

El encantamiento ceso y ella se puso de pie de un salto. Tenía que dar la alarma, avisar a todos. Lavender era la única que estaba en la habitación en ese momento, por alguna razón eran la una de la madrugada y Parvati no se hallaba durmiendo en su cama.

— Lavender, Lavender despierta— Grita yendo hacia la cama de la chica y descorriendo las cortinas.

— ¿Qué pasa?— Le pregunta adormilada, abriendo los ojos.

— Están atacando Hogwarts.

Ella abre los ojos asustada y se sienta en la cama.

— ¿Estas segura?— Le pregunta con miedo.

— Si, hay Mortífagos fuera del portón y algunos están rompiendo las defensas desde dentro. Tenemos que avisar a los demás.

Giro sobre si misma y comenzó a correr hacia las escaleras, al mismo tiempo que Lavender se levantaba de un salto y comenzaba a ponerse la túnica. Metió las manos en su bolsillo y saco el galeón con el cual se comunicaba con los del ED. Rogando porque lo tuvieran encima, creo un mensaje para decirles lo que estaba ocurriendo. Corrió hacia el cuarto de los chicos y abrió la puerta de un golpe.

Seamus, Dean y Ron se pusieron de pie de un asalto asustados y empuñando las varitas. Recordó que Harry no estaba allí, había abandonado el colegio para buscar un Horrocruxe.

Les contó lo que ocurría y tres minutos después bajaban corrían a toda prisa, hacia la entrada de la sala común. Cuando llegaron al cuadro Lavender, que había avisado a los de séptimo los alcanzó.

Corrieron a toda prisa y cuando había bajado ya dos pisos doblaron un corredor encontrándose con algunos de los miembros del ED. Ron choco contra Ernie Macmillan y casi perdió el equilibrio.

— Hermione, es verdad que están por atacar el colegio— Le pregunto jadeando y sujetándose el costado.

Detrás de el Susan Bones, Michael Corner y Terry Boot parecían igual de agotados. Al parecer se habían encontrado en su carrera hacia la sala común de Gryffindor, para comprobar la veracidad del mensaje.

— Si, tenemos que separarnos— Le dijo rápidamente— Vayan a avisar a los Jefes de las Casas, nosotros iremos al despecho a McGonagall.

— Alguien tiene que decírselo a Dumbledore— Exclamo Susan Bones.

— El director no esta en el castillo— Le contesto con rapidez.

Nadie le pregunto como lo sabía, en ese momento no había tiempo para distracciones, comenzaron a correr en diferentes direcciones.

Llegaron al fin hasta el despacho de McGonagall, se detuvieron jadeando y Hermione abrió la puerta de un tirón. La profesora que estaba sentada detrás de su escritorio se puso de pie de un salto al verlos entrar con las varitas en alto y respirando agitadamente. — ¿Qué esta sucediendo?— Les pregunto alarmada. Hermione se adelanto un paso, sin bajar la varita. —Profesora, están atacando Hogwarts— Exclamo.

Minerva se llevo una mano al pecho asustada y observo a Hermione como si no creyera lo que estaba diciendo.

— Hermione, ¿Estas segura totalmente?— Le pregunto, olvidándose de las formalidades.

— Si profesora, vi como cuatro personas mataban a los Aurors que custodiaban la entrada y después trataban de quebrar las protecciones de la entrada, para dejar entrar a todos los Mortífagos.

— Debemos actuar con rapidez entonces.

Desenfundo su varita e hizo un movimiento con ella. Cuatro Patronus con forma de gato atravesaron la sala y desaparecieron de la vista al traspasar la pared.

La puerta se abrió de golpe haciéndolos sobresaltar, con las varitas en alto voltearon hacia la puerta, preparados para atacar. Las bajaron automáticamente al ver que estaba apuntando a Remus y Tonks.

— Profesora, hay Mortífagos tratando de entrar en el colegio.

— Si Remus, Hermione ya me informo, tenemos que preparar las defensas. ¿Cuantos guardias hay hoy en el castillo?

— Somos 20 Aurors, además de quince miembros de la Orden del Fénix. El director había ampliado la seguridad esta noche.

— Perfecto, Tonks avisa a todo los demás y que vayan hacia el Gran Comedor— Le dijo, la Auror asintió y salió de la habitación— Remus, tenemos que reforzar las protecciones. Por nada del mundo podemos permitir que crucen el umbral, debemos proteger a los estudiantes.

Y ustedes— Agregó volviéndose hacia ellos— Deben ir a su Sala Común y esperar allí.

— Pero profesora…— Comenzó a protestar.

— Pero nada Hermione, eres prefecta y como tal tu deber es proteger a los demás estudiantes. Confío en que harás un buen trabajo y no permitirás que nadie abandone la sala común. Lo mismo te digo a ti Weasley.

— Si profesora— Respondió Ron, intimidado por su tono.

— Ahora váyanse y no permitan que nadie salga.

No tuvieron más remedio que hacerle caso y volver a su sala común, por el camino volvieron a encontrarse con los chicos. Ellos también los acompañaron a la sala común por órdenes de los profesores.

Al llegar vio que todos los Gryffindor estaban despiertos y se quedaron observándolos expectantes, esperando que alguien hablara.

— ¿Qué esta pasando?, ¿El Innombrable esta aquí?— Pregunto pánico un pequeño niño de primer año.

En ese momento se escucho una fuerte explosión, habían destruido el portón. Les costo mucho contenerlos pero finalmente lograron que volvieran a sus dormitorios. Para asegurarse de que nadie se escapara, hicieron un complicado encantamiento sobre el cuadro, sellando la entrada.

Ya había pasado media hora desde que habían llegado y desde la ventana de su habitación vio como la Marca Tenebrosa se materializaba en el cielo, sobre el castillo. Un miedo atroz la invadió, ¿a quien habían matado? Se tranquilizo un poco al pensar que Harry no estaba en el castillo, pero Tonks y Remus estaban en la batalla, necesitaba saberlo.

Miro por la ventana hacia los terrenos, los encantamientos cruzaban entre ambos bandos sin cesar. Pudo ver como el enjambre de túnicas negras parecía inmenso comparados con los pocos que defendían el castillo.

No podía soportarlo más, tenía que ayudar. Se volteó hacia Lavender y Susan Bones, que también miraban las escena con horror.

— Voy a ir a ayudarlos— Les dijo con decisión.

— Yo también.

— Y yo.

El tono firme de sus voces no dejaba lugar a replicas, después de todo ellas eran parte del ED y debían proteger Hogwarts.

— ¿Pero como iremos? no podemos desbloquear el cuadro de la Dama Gorda, los más chicos podrían salir y eso sería horrible.

La respuesta se le vino a la mente tan rápido que les sorprendió tener preparado un plan, que ni siquiera se había dado cuenta que ideo.

— Necesitamos escobas.

Corrieron hacia la habitación de los chicos y abrieron la puerta chocándose con ellos, al parecer se estaba volviendo costumbre.

— ¿También van a pelear?— Les pregunto Ron la varita en la mano.

— Si, ¿Quién tiene escoba?

Contando con la Saeta de Harry tenía cuatro escobas, pero ellos eran nueve, necesitaban otra más para que todos pudieran ir.

— Creo que deberías quedarte— Le dijo Ron a Lavender protectoramenté.

— No, no pienso quedarme mientras todos ustedes luchan— Le respondió ella mirándolo enfurecida— ¿Por qué no te quedas tú?

Ron pareció retroceder ante su tono, pero se preparo para debatir.

— No hay tiempo para pelas— Exclamo exasperada, cada segundo que pasaba podría significar otra muerte.

Comenzó a pensar con rapidez, necesitaban otra escoba y rápido. Finalmente recordó que las cosas de Gin todavía estaban en su habitación. Seguramente la escoba también.

— Iré por la escoba de Gin— Les dijo sintiendo un vació en el pecho al pronunciar su nombre— Ustedes salgan por aquí, yo lo haré por la otra habitación.

Los chicos asintieron y montaron las escobas, mientras ella daba media vuelta y corría hacia la puerta.

— ¿Dónde esta Neville?— Escucho que preguntaba Susan antes de salir de la habitación.

Subió las escaleras a toda prisa y abrió la puerta de la recamara de Ginny. Oyó los gritos de las chicas que estaban en la recamara.

Comenzaron a tratar de interrogarla, pero ella no les hizo caso y camino hacia el baúl de Gin. Lo abrió sintiendo las manos temblorosas y tomo la escoba, su corazón pareció paralizarse cuando el perfume de Ginny invadió sus pulmones.

Sentir su fragancia nuevamente la hizo paralizarse por un momento y no pudo evitar cerrar los ojos al rememorar su imagen. Los volvió a abrir de nuevo, para volver a la realidad, no tenía tiempo que perder, la necesitaban.

Cerró el baúl y abrió la ventana de un movimiento de varita. Paso la pierna sobre la escoba y se deslizo hacia el vació. El aire frió de la noche le dio de lleno en el rostro y sintió como comenzaba a titiritar. Unos metros más adelante, sus amigos volaban hacia el lago.

Se inclino sobre la escoba para aumentar la velocidad y alcanzarlos. En ese momento los recuerdos la asaltaron, vio con claridad la espalda de Gin delante de ella y su pelo color rojo fuego agitándose con el viento.

Sintió sus dedos sujetándose a su cintura y su perfume embriagándola completamente. Abrió los ojos y el recuerdo de su primera clase de vuelo la abandonaron tan rápido como habían llegado. Había alcanzado ya a los chicos y en ese momento volaba al lado de Ron que llevaba a Lavender.

Pasaron por sobre el lago y llegaron a la zona de los invernaderos. Era el lugar más seguro para bajar, porque estaba alejado del campo de batalla y allí nadie los podía alcanzar con algún hechizo.

Se sumergieron en una zambullida de cuarenta metros, los ojos comenzaron a llorarle a causa del viento. Finalmente aterrizaron con fuerza, dejaron las escobas detrás de unos arbustos, para que nadie pudiera usarlas para huir.

Comenzaron a correr hacia el lago donde estaba teniendo lugar la batalla. A los pocos minutos se unieron a la lucha y sin poder evitarlo se separaron.

Expulso— Oyó que alguien gritaba.

Se volteó en el preciso instante en que una maldición de color amarillo se dirigía hacia ella.

Protego— Grito.

La fuerza de su escudo hizo tambalear al Mortífago y ella no dejo escapar esa oportunidad. Lanzando un hechizo aturdidor que él no pudo esquivar a tiempo, lo dejo inconsciente.

Al mirar a su alrededor vio que Tonks combatía a duras penas contra un fornido Mortífago que le lanzaba encantamientos sin descanso.

Corrió hacia ella para ayudarla, estaba a cinco metros cuando un encantamiento dio contra la Auror y la arrojo al piso, haciendo que la varita se le resbalara de la mano.

Avada

Desmaius— Bramó apuntándolo.

El hechizo de color rojo le dio de lleno en el pecho, arrojándolo varios metros hacia atrás donde quedo inconsciente.

Incarcerus— Exclamo.

El Mortífago se encontró apresado por gruesas cuerdas y ella piso su varita, partiéndosela por la mitad, de esa forma no podría dañar a nadie. Se inclino sobre Tonks que estaba algo aturdida por el golpe y la ayudo a levantarse.

— Nunca estuve tan contenta de verte— Le dijo con una sonrisa, tomando su varita que ella había encontrado.

Hermione le sonrió, pero no pudieron continuar hablando porque un hechizo no les acertó por un centímetro. Veinte minutos después seguía peleando, se había separado también de Tonks y ahora peleaba con un Mortífago algo cojo que a pesar de eso esquivaba sus hechizo con agilidad. Cuando finalmente pudo deshacerse del Mortífago se volteó hacia el castillo, ya no había nadie junto a ella. Todos se habían replegado hacia la entrada del castillo, donde se llevaba a cabo ahora la lucha.

Comenzó a correr hacia allí, sintió un grato alivio al ver que la mayoría de los Mortífagos estaban fuera de combate e incluso algunos se retiraban.

Algo la golpeo en un costado, haciéndola caer al suelo. Jadeo cuando su espalda choco contra el piso y se quedo sin aires en los pulmones. Ignorando el dolor que ahora sentía en el hombro se puso de pie de un salto, empuñando la varita con fuerza.

Delante de ella había un Mortífago cubierto con una capa negra con capucha, que ocultaba sus facciones. Agitó su varita y un encantamiento voló hacia ella a toda velocidad.

Protego— Bramó.

El hechizo fue tan fuerte que al chocar contra su escudo la hizo tambalearse, pero no tardo en reaccionar.

Incendió— Exclamo dirigiendo la varita hacia su oponente.

Una enorme bola de fuego voló hacia el Mortífago que la congelo a un metro antes de que chocara contra el y la hizo estallar en miles de fragmentos que se dirigieron hacia Hermione a toda prisa.

Impervius— Murmuro deteniendo el avance de las piezas que cayeron al suelo— Bombarda.

Su contrincante hizo un rápido movimiento con la varita, como cortando el aire y un brillante escudo que absorbió el hechizo, se materializo en el aire.

La lucha continuo por aproximadamente diez minutos, en los que en ningún momento pudo llegar a dar en el blanco. Un hechizo de color blanco que no pudo detener a tiempo le dio de lleno en el pecho, tirándola hacia atrás. Escucho una fría risa de mujer, estaba luchando en realidad con una mortífaga.

Rodó por el suelo para evitar el otro hechizo y se levanto lo más rápido que pudo. Realmente ella era mucho más poderosa que cualquier otro Mortífago con el que se hubiera enfrentado, por un momento pensó que era Bellatrix Lestrange, pero lo descarto rápidamente.

Aquella mujer era mucho más baja y su voz no se asemejaba en nada, aunque le parecía remotamente familiar.

Depulso— Exclamo.

El hechizo poderoso se dirigió hacia la Mortífaga, que con un ágil movimiento lo esquivo, sin siquiera conjurar un escudo.

Confringo.

Protego— Dijo tratando de detener el hechizo.

Su escudo logro contenerlo, pero la fuerza del impacto la hizo caer al piso.

Reducto— Contraataco todavía sin levantarse.

Sentía un fuerte latido en sus oídos y la vista se le desenfocaba por momentos, el último golpe la había afectado demasiado. Pero aún así no estaba dispuesta a rendirse y se puso de pie. La Mortífaga volvió a conjurar el escudo y el hechizo dio de lleno en el, sin dejar ni un rasguño.

Impedimenta— Grito apuntándola.

Reacciono muy tarde y el hechizo la alcanzó, volviéndola a arrojar al piso. Se quedo tirada en el suelo, tratando de recuperar el aire que se le había escapado de los pulmones. Iba a perder y lo sabía, la Mortífaga iba a matarla y no volvería a ver los chicos, ni a Ginny.

Una llama pareció inundar su interior, no, no se dejaría vencer, pelearía con todas sus fuerzas, hasta morir. Oyó el sonido de unas pisadas que se acercaban a ella lentamente. Apretó su varita con más fuerza y todavía con los ojos cerrados, se concentro los sonidos, además de las explosiones a la distancia, todavía podía oír como se acercaba.

Cuando la sentía ya a unos pocos metros, se preparo. Abrió los ojos y se incorporo a medias levantando la varita.

Expeliarmus— Exclamo.

La Mortífaga no pudo rechazar el ataque y el encantamiento le dio de lleno, haciéndola volar hacia atrás, donde dio con fuerza contra el suelo. Hermione se levanto a toda prisa y la volvió a apuntar, lista para volver a atacar.

Pero las palabras que iba a pronunciar murieron en su garganta al ver a la Mortífaga incorporarse, con la capucha que se le había resbalado, sobre los hombros.

Jadeó sin poder creerlo, allí parada frente a ella, con la varita apuntándola y una expresión de frialdad en el rostro, estaba Ginny Weasley.

Bueno aquí termina el décimo capitulo… Que final no??, de hecho me costo mucho escribir este capi y espero que haya quedado bien. Bueno, desde este momento la historia se pone mucho más interesante y la trama va a dar un gran avance.

El próximo capitulo se va a llamar La Cruda Verdad y lo publicare el jueves que viene: como siempre les dejo un adelanto.

Gin— Exclamo sin poder creer lo que sus ojos veían.

Eso no podía ser verdad, no podía ser una Mortífaga, no Gin, ella no. Sintió que su mundo se rompía en pedazos y el dolor le atenazo el corazón.

Hola Hermione— Le respondió Gin, mirándola con frialdad.

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