Hola! Espero que disfrutéis de este nuevo capítulo y no os desesperéis porque pronto vienen las respuestas :)

Gracias por vuestros comentarios, y GreenApple86... un poco de paciencia! Ya casi.


Confusión

10

20 de noviembre

Cuando Henry encontró a Emma no se creía lo que estaba viendo. Había seguido el sonido de los llantos de su madre, para después divisar una figura encogida y triste apoyada en la puerta de la habitación que era de Regina. O más bien, que había sido de ella.

La rubia se había despertado temprano por sí misma, algo raro en ella dado que era domingo, pero la ausencia del cuerpo de la morena a su lado la hizo desperezarse rápidamente para ir en su busca. Quizás estaba preparando el desayuno, a Regina le gustaba hacerlo todos los fines de semana. La cocina estaba vacía, al igual que el resto del apartamento, a excepción del cuarto de Henry donde este aún descansaba. Incluso se atrevió a entrar a la habitación de otra mujer, para verlo todo perfectamente ordenado y vacío. La morena se había ido.

- ¿Mamá?

Emma se sobresaltó al escuchar la voz de su hijo, trató de secarse las lágrimas y se levantó fingiendo una sonrisa. Sonrisa que Henry, por supuesto, no se creyó. Ella lo sabía.

- Lo siento si te he despertado, Henry. – susurró la rubia, con desgana. – Yo sólo… - Ella sólo… ¿qué? ¿Se iba a disculpar por llorar? ¿Por estar triste? ¿Por qué Henry no estaba triste? Él estaba muy unido a Regina.

El chico se acercó despacio a su madre y la abrazó, reconfortándola de la mejor manera que sabía o podía. Emma se abrazó a él y trató de controlar sus lágrimas, que amenazaban con seguir saliendo con fuerza durante un rato más. No le gustaba que nadie la viera así. Menos él. Pero un montón de preguntas se amontonaban en su mente, Henry no parecía afectado, pero lo sabía. Tenía que saberlo, si no su comportamiento no tendría sentido.

- ¿Te apetece un chocolate con canela para desayunar? – dijo Emma con media sonrisa una vez se hubieron separado del abrazo. – Así hablaremos mejor.

¿Le iba a contar lo que le pasaba a su hijo? Por supuesto que no, quería darle la noticia de que Regina se había ido, y quería hacerlo con el mayor tacto posible. Aún existía la posibilidad de que no se hubiera dado cuenta.

- ¿Estás enamorada de Regina? – preguntó Henry de pronto, lo que sobresaltó a Emma de nuevo y la hizo quemarse con el chocolate.

- ¡Ay! – se quejó - ¿de dónde has sacado ese disparate, chico? – intentó sonar calmada. – Sólo estoy triste porque se ha ido. Me sorprende que tú no lo estés. – Ya está, lo había soltado. Esperaba lágrimas, gritos o quejas por parte de Henry, pero no los recibió. Únicamente una mirada escéptica que no se quitaba de encima de ella.

- Tú debes saber algo. – continuó la rubia. – Así que ya puedes soltarlo.

- No hasta que reconozcas que estás enamorada de ella.

Emma suspiró. Había descubierto que cuando al chico se le metía algo en la cabeza, no paraba hasta conseguirlo. Y esta vez no sería una excepción. Además, ¿por qué no reconocerlo de una vez? Se lo había dicho incluso a ella. Dios mío, ¿y si finalmente se había ido porque se sentía incómoda? Emma desechó ese pensamiento rápidamente, Regina le había dicho que se quería ir antes de que la besara.

- Está bien. Sí, estoy enamorada de Regina. ¿Contento?

- Más que contento, así las cosas serán más fáciles.

- ¿Y tú cómo sab…?

- Vino a despedirse de mí esta mañana. – la interrumpió Henry. – Yo ya lo sabía. No quiso despertarte porque sabía que no la dejarías ir. También me explicó por qué quería irse y la entendí. Mamá, por favor, no te enfades con ella. – Henry calló unos segundos y se entretuvo revolviendo su taza, pero enseguida levantó la cabeza de nuevo y dirigió otra mirada a su madre – Me dejó una carta para ti.

Se fue a buscar la carta mientras Emma seguía sorprendida por todo lo que le había dicho, incapaz de mover un músculo. Que no se enfadase con ella. Ya vería, ella quería una explicación y no le valía con la que le había dado anteriormente. Detrás de todo aquello había algo más.

-x-

- ¿Dices que Regina se ha ido? – preguntó Ruby sin dar crédito a lo que le estaba contando su amiga.

Emma había ido al bar a despejarse un rato. Desde que Ruby había vuelto a aparecer la amistad entre ellas se había hecho más fuerte, y Emma siempre estaba pendiente de que la otra estuviese bien, lo que en ocasiones podía llegar a agobiar a la simpática morena, pero lo entendía.

- Sí. Se ha ido, y sólo me ha dejado una carta. – hablaba Emma, casi más para sí misma que para su amiga. – Que por cierto, aún no me he atrevido a leer.

- ¿Quieres que la leamos juntas? – dijo Ruby. – A lo mejor no se te hace tan pesa…

- ¡NO! Por supuesto que no. No dejaré que leas lo que sea que haya escrito Regina ahí. Es privado. La leeré yo sola, y si me apetece te haré un resumen.

- Vamos Em, no seas mala. Tienes que contármelo. Pero primero tienes que mejorar ese humor, ¿de acuerdo?

-x-

21 de noviembre

La carta seguía intacta. Tenía miedo de abrirla. Se había acercado, había acariciado el sobre en la parte donde se encontraba su nombre escrito en la perfecta caligrafía de Regina, y lo había vuelto a dejar en su lugar. Emma. Su propio nombre la hacía sentir escalofríos.

Antes de irse, volvió a acercarse al sobre, y consiguió abrirlo. Acto seguido, lo cerró de nuevo. Tenía miedo de lo que había dentro. Diez minutos se pasó indecisa entre si abrir aquella carta al fin o no hacerlo, hasta que Henry tocó en su habitación avisándola de que si no salían en ese instante, llegarían tarde. Aún le costaba asimilar que la morena no estaba. Acompañó a Henry, fue a por sus cafés de siempre y se dirigió al súper. Sus compañeros notaron su mirada triste, pero no dijeron nada. Sin embargo, intentaron levantarle el ánimo durante todo el día, algo que agradeció mucho pero no llegó a demostrarlo con palabras, sino con alguna que otra sonrisa que lograban que escapara de sus labios.

Por la tarde, a la vuelta, se encontró con David en el ascensor.

- Hola, Emma. ¿Cómo estás? Pareces cansada. – preguntó él tras abrirle la puerta caballerosamente.

- Sí, algo…no he dormido muy bien. ¿Y tú?

- Bien, por suerte. Oye…me preguntaba… ¿le ha ocurrido algo a Regina? Hoy no ha venido a trabajar.

Regina no había avisado a David de que se iba, eso era extraño, pero hizo sentir un poco mejor a Emma. Al menos no solo a ella la tomó por sorpresa.

- Sí, ella… ha tenido que irse por un asunto… familiar, sí. Ya sabes, esas cosas son complicadas y no tuvo tiempo de avisar. Volverá en cuanto pueda, pero no tengo ni idea de cuándo será. Se fue con prisas y no me dijo nada más. Lo siento.

- Vaya… - dijo David rascándose la barbilla. – Creía recordar que Regina no tenía familia. Pensé que lo sabías.

¡Joder! Ya la había fastidiado. David le había pillado una mentira, y ahora las cosas solo podían ir a peor. No tenía duda. ¿Y ahora qué?

- Sí, bueno… - empezó a balbucear Emma, nerviosa. – Es que…

- No pasa nada, Emma. Es una buena excusa, pero solo queda en eso. Aunque ya podría haberse inventado alguna mejor… - suspiró.

- ¿Qué quieres decir? – preguntó esta vez la rubia, algo confundida.

- Creo que puedo contártelo. – se quedó en silencio unos segundos, en los que Emma no quiso mirarlo, por miedo. – El viernes besé a Regina. – dijo por fin – Me dijo que no quería tener nada conmigo porque estaba interesada en otra persona, pero no creí que fuera tan grave como para no querer verme de nuevo, y largarse así como así.

David había besado a Regina. ¿David había besado a Regina? Ella estaba interesada en alguien. ¿Sería por eso que se fue? ¿Estaría interesada en aquel cartero llamado Robin? Solo los había visto intercambiar palabras un par de veces, así que sería extraño. Pero más extraño sería que se hubiera fijado en ella, así que Emma borró ese pensamiento lo más rápido que pudo. Las palabras de su vecino la habían dejado en shock, pero gracias al cielo o a lo que fuese, el pitido de su piso la libró de continuar aquella locura de conversación.

Iba a entrar en su casa sin responder nada más, pero se sintió mal por él y antes de desaparecer tras la puerta, le dijo:

- Si Regina te ha dicho que no está interesada en ti, lo mejor que puedes hacer es creerla. David, me gustaría verte feliz y con una pareja si eso es lo que quieres, pero sinceramente creo que deberías buscar a otra persona. Lo siento. – Además, a Regina la he besado yo también, y ha dormido conmigo, añadió mentalmente.

Lo siguiente fue una carrera a su habitación, en busca de aquel sobre que tanto miedo le había dado esa mañana. Algo se activó en ella durante la conversación con David, y finalmente decidió abrirlo. Le gustaba la forma de escribir de Regina. Era delicada, fina, y… dios mío, estaba peor de lo que creía. Le encantaba aquella mujer.

Emma:

Siento la forma en que te dejaré mañana por la mañana, pero no podría hacerlo de otra manera. De verdad necesito irme.

Quiero agradecerte todo lo que has hecho por mí durante estos meses, desde sacarme del hospital hasta añadirme como un miembro más de tu familia. Porque así me sentía, y espero que para ti haya sido igual. Contigo y con Henry me he sentido querida, aceptada y he podido disfrutar de cosas que creo que nunca había valorado tanto. Debo reconocer que me encanta ver la cara de satisfacción que pones al beber tu chocolate con canela cada mañana, Henry tienes la misma expresión que tú. Me he encariñado mucho con él, pero también contigo. Creo que lo sabes, pero me gustaría confirmártelo.

Sé que mi explicación de esta noche no ha sido lo suficientemente clara para ti, pues no te he visto convencida, así que aquí te intentaré explicar un poco mejor.

No te he mentido, realmente quiero que dejes las terapias y las medicinas, y me disculpo por haberte animado a empezar a ir en primer lugar, pero estaba preocupada. He visto los botes de pastillas que estás tomando. Son las mismas que me daban a mí. No sé exactamente para qué sirven, aparte de para calmarte y relajarte, pero sé que sirven para algo. Así que por favor, te ruego que dejes de tomarlas. Encontraremos otra solución, te lo prometo.

Pero también necesitaba irme porque quiero pensar. Quiero aclarar algunas dudas que tengo, ya sabes que mi mente no es la mejor, tampoco. Quiero saber si estoy en lo cierto en algo que lleva un tiempo en mi mente, pero no quiero que te preocupes o que te pongas en peligro.

Esto sigue siendo un poco confuso, ya lo sé, pero es lo único que puedo adelantarte.

Volveré. Si mis cálculos no fallan, estaré allí de nuevo en Navidad, con una gran sorpresa para ti y para Henry.

Espérame hasta entonces, Emma. Por favor. Aunque si no quieres hacerlo, lo entenderé.

Regina.

Pd: Yo también quería besarte.