Los personajes que reconocen son de Stephenie Meyer, el resto son solo miooooooos!
Mil gracias a mi amiga y Beta DaniiEverdeen, eres un cielo por ayudarme con esto. y Un beso enorme a mis AGP! las extraño u.u
NOTA ABAJO!
Capitulo 9
Siempre sale el sol
-Bella, mi amor – gimió despacio mientras unas pequeñas lágrimas caían por sus mejillas – van a estar bien, te juro que tú y nuestra bebé van a estar bien – podía escuchar la desesperación de su voz y eso aumentaba mi angustia por no poder asegurarle que nuestra hija estaría bien.
-No lo sé – murmuré mientras más lágrimas caían de mis ojos – No sé si ella va a estar bien.
-Tranquila mi vida – se sentó a mi lado – pase lo que pase estaremos juntos en esto. Somos fuertes amor.
Y era verdad, éramos fuertes, pero…
¿Podríamos soportar perder a nuestro bebé?
Estaba en una habitación blanca.
¿Qué demonios hacía allí?
Lo último que recordaba era que estaba en los brazos de Edward minutos antes de que llegara Emily y pudiéramos ver que es lo que pasaba, porque estaba sangrando y la pregunta más importante de todas, cómo estaba mi bebe.
Me encontraba recostada en una cama muy dura e incómoda, solo cubierta con esa horrorosa bata de hospital que tanto había llegado a odiar con el paso de los años. De a poco mis aletargados sentidos comenzaban a percatarse en donde estaba y lentamente tratar de entender lo que estaba pasando, porque había tanto silencio y soledad a mi alrededor. Estaba en una habitación de paredes y pisos blancos, con un pequeño ventanal que daba a un precioso jardín lleno de duraznos en flor, podía escuchar el trinar de algunos pájaros y el sonido del viento al rozar con las hojas de los árboles. No habían máquinas, ni nada que monitoreara mis signos vitales.
Un mechón de mi cabello cayó frente a mis ojos y por acto reflejo traté de alzar una de mis manos para sacarlo, pero algo me lo impedía. Mis muñecas estaban firmemente atadas a la camilla por correas de cuero firmes, como si alguien estuviera reteniéndome.
La desesperación empezó a llegar de a poco dejándome sin aliento.
¿Qué estaba pasando?, ¿Dónde estaba?, ¿Qué había pasado con mi bebé?, ¿Edward y Eddie?
Necesitaba que alguien me dijera algo, cualquier cosa para poder saber que no había perdido la cabeza y me había vuelto completamente loca.
Antes de comenzar a gritar y pedir auxilio, por la puerta que estaba en uno de los costados de la habitación entro una enfermera algo mayor, bajita y con un rostro dulce. Se sorprendió un poco al verme despierta, pero me dio una sonrisa que ayudó notablemente a tranquilizarme.
-Hola, querida – susurró mientras quitaba el mechón de cabello de mis ojos – ¿Cómo te sientes?
-No… - mi voz sonaba rasposa – no, no lo sé
-Apuesto a que estas un poco desorientada, pero en unas pocas horas pasará
-¿Qué hago aquí? – fui directa al grano, necesitaba respuestas y las necesitaba ahora.
-¿No lo recuerdas? – Negué mientras rodaba los ojos, era absolutamente obvio que no recordaba lo que sea que me pasó – bueno… no sé si sea conveniente que te cuente – me observó dudosa y eso disparó algo en mi, algo que presentía que me podría destrozar.
-Necesito saber lo que ha pasado – le rogué – por favor, trataré de no alterarme.
-¿Lo prometes? – Se sentó a mi lado en una silla de plástico mientras asentía rápidamente – está bien – suspiró – sabes que estás en una casa de reposo ¿cierto?
-¿En una casa de reposo? – repetí un poco asombrada.
-Así es. Hace unos días sufriste una perdida muy importante en tu vida y no lo tomaste nada bien. Tu esposo y sus padres al verte tan mal decidieron que necesitabas ayuda profesional para poder lidiar con tu dolor y comenzar a salir adelante con tu vida, por tu familia y…
Y el mundo desapareció para mí.
No era necesario seguir escuchando lo que aquella mujer me estaba relatando. La única pérdida importante y dolorosa en mi vida, sería perder a alguien de mi familia y no debía ir más lejos tratando de averiguar quién sería.
Mi bebé… había perdido a mi pequeño bebé.
-Mi bebé- susurré antes de que mis ojos se llenarán de lágrimas y estas de a poco cayeran por mis mejillas – mi bebé – murmuraba mirando a la nada y sintiendo todo el peso de la culpa y el dolor por no tener a ese precioso ser que tanto había anhelado, dentro de mí.
-Cariño, tranquilízate – escuché a esa mujer, pero era un murmullo apagado por la desesperación.
-No, no, tiene que ser mentira – comencé a jadear y retorcerme para tratar de salir de allí – ¡usted tiene que estar mintiendo! – le grité pero salió como un grito de alguien quien no tiene más por lo que luchar.
-Si no se calma tendremos que volver a sedarla – me advirtió, pero ya no me importaba, solo necesita a Edward y poder llorar por el dolor de perder a un hijo.
-¡MI BEBÉ! – grité mientras la angustia se apoderaba de mi y la respiración comenzaba a faltarme, cerré firmemente los ojos, ya no quería mirar al mundo con todo el dolor que sentía
-Bella – alguien me agitaba por los hombros suavemente, pero no quería responder, solo quería hundirme en la oscuridad que tanto me tentaba.
El dolor de mi pecho seguía avanzando sin piedad y los amargos sollozos solo ayudaban a que devastara todo a su paso. Ya no quería seguir, no sentía la fuerza para hacerlo y no me importaba en lo absoluto.
-Bella, amor mírame – los movimientos se volvieron más firmes y violentos, pero la preocupación con la que me llamaban hizo que una pequeña luz apareciera entre toda la oscuridad en la que me encontraba.
-Bells, despierta amor – su voz cada vez más desesperada logró que abriera mis ojos y lo primero que vi fue a mi Edward mirarme con sus ojos llenos de preocupación..
Antes de siquiera darme cuenta estaba entre sus brazos, con mi cabeza apoyada en su hombro dejando salir en forma de lágrimas todo el dolor que estaba sintiendo, quería gritar de frustración, pero los amargos sollozos no me dejaban. Mientras Edward acariciaba dulcemente mi espalda y mi cabello, diciendo palabras llenas de amor y ternura, me di cuenta de que mis muñecas estaban libres de esas horribles correas y no estaba en ningún lugar que no sea mi casa.
-Amor, ya está, tienes que tranquilizarte un poco – dijo pacientemente mientras me alejaba un poco de él para secar mis lágrimas – Respira conmigo preciosa… inhala… exhala… inhala… exhala, eso es amor – hice las respiraciones que me pidió y de a poco todo comenzó a aclararse en mi mente.
Nuevamente había tenido aquella estúpida pesadilla, se sentía tan real al igual que el dolor que me provocaba tenerla. Comenzó dos días después de salir del hospital, y cada noche que pasaba sin Edward se repetía una y otra vez hasta que mi madre o el mismo Edward me despertaban.
-¿Ya estas mejor? – Asentí torpemente mientras me acomodaba mejor en su regazo – eso está bien – suspiró más tranquilo - ¿Ha sido el mismo sueño?
-Si – susurré con mi voz ronca.
-Sé que esto lo hemos hablado muchas veces y aún estas un poco temerosa pero… - titubeó un segundo antes de seguir – pero ¿tienes claro lo que pasó?
Lo pensé un segundo mientras el ritmo de mi corazón disminuía y la seguridad de estar entre los brazos de Edward sustituía todo ese dolor que había sentido. De pronto todo comenzó a tener mucha claridad y a mi memoria llego el recuerdo de aquel día hace dos semanas atrás…
-Bella, mi amor – gimió despacio mientras unas pequeñas lágrimas caían por sus mejillas – van a estar bien, te juro que tú y nuestra bebé van a estar bien – podía escuchar la desesperación de su voz y eso aumentaba mi angustia por no poder asegurarle que nuestra hija estaría bien.
-No lo sé – murmuré mientras más lágrimas caían de mis ojos – No sé si ella va a estar bien.
-Tranquila mi vida – se sentó a mi lado – pase lo que pase estaremos juntos en esto. Somos fuertes amor.
Nos mantuvimos uno entre los brazos del otro, esperando que nuestros corazones encontraran el consuelo necesario en los brazos de otro, pidiendo al cielo y a Dios que esto solo fuera una pesadilla y que nada le haya pasado a nuestra bebé. No sabía cómo podríamos soportarlo, teníamos a Eddie y una familia que nos apoyaría pasara lo que pasara, pero el dolor de perder a un hijo ni siquiera lo podía imaginar.
Mientras seguíamos esperando a nuestra ginecóloga, me concentré en estar fuerte y entera para que Edward también pudiera encontrar la tranquilidad que necesitaba. Sabía que por su cabeza corría un montón de posibilidades, buscando en que había fallado tratando de cuidarnos y protegernos. No quería que se sintiera culpable por un error que yo había cometido.
-Muy bien chicos – con una pequeña sonrisa Emily entró a la habitación arrastrando un ecógrafo delante de ella – vamos a ver qué es lo que está pasando con ese bebé.
Con cuidado y con mucha delicadeza mi esposo se desprendió de nuestro abrazo, dejando un dulce beso en mi frente y quedando de pie a mi lado con mi mano entre las suyas y la ansiedad escrita por todo su rostro. Miraba detalladamente todo lo que Emily hacía, desde que ubicó el ecógrafo a un lado de la cama hasta cuando colocó el frio gel en mi vientre.
Estaba nerviosa, casi al borde de la histeria, pero la preocupación fue más grande que yo. Tomé una onda respiración y apreté la mano de Edward para hacerle saber que estábamos juntos pasara lo que pasara.
-Veamos – murmuró Emily mientras comenzaba a mover el aparato sobre mi vientre – primero veremos cómo está el bebé, si el sangrado le afectó en algo y así tranquilizarlos un poco. Luego veremos qué es lo que paso allí adentro – señaló mi vientre y me tranquilizó un poco el que ella aun considerara que nuestro bebé estaba bien.
Ambos respondimos positivamente y esperamos a que la doctora nos dijera algo, mientras, en la pantalla se podían ver diversas figuras en blanco y negro. De pronto la habitación se llenó de ese maravilloso sonido que logró que todas mis preocupaciones se disiparan, el corazón de nuestro bebe latía fuerte y velozmente como si quisiera decirnos '¡Hey! Mami y papi estoy bien'.
Un suspiro de puro alivio salió de ambos y con un pequeño beso en nuestros labios realmente pudimos ver que todo estaría bien.
-Como pueden escuchar, el corazón de este pequeño se escucha fuerte y sano – se volvió a nosotros un segundo – y por lo que puedo ver, está muy bien es su tamaño. Así que chicos, su hijo se encuentra bien.
-Gracias a Dios – escuché murmurar a Edward antes de besar mis manos – ¿Escuchaste amor? Nuestra bebita está bien - poco a poco la preocupación de sus ojos se iba disipando mientras que se humedecían por la emoción y la tranquilidad que sentía.
-Si – mi voz se quebró – está bien – sollocé.
-Ahora, buscaré que es lo que pasó en tu útero para que sangrara de esa manera ¿Les parece? – ambos asentimos al mismo tiempo.
Pasaron unos cuantos minutos mientras ella examinaba lo que había en mi útero, Edward no dejaba de darme pequeños besos en la frente y tiernos mimos en las manos, pero a decir verdad necesitaría más que mimos para poder superar el terror que sentí durante demasiado tiempo, creo que desde ahora tendré a mi esposo pegado a mí las veinticuatro horas del día y de verdad no podría reprochárselo.
-Observen aquí chicos – en la pantalla habían manchas blancas, grises y negras, pero hubo una mancha que me llamó poderosamente la atención. Se veía más oscura de lo normal, se encontraba rodeada de manchas claras – ven esto – señaló la mancha que llamó mi atención – lo que sucedió es que la placenta se desprendió unos pocos centímetros y la mancha que hay aquí es una acumulación de sangre.
-O sea, ¿hay un desprendimiento de placenta? – la ansiedad de Edward volvió, pero no era lo suficientemente grande como hace unos minutos.
-Lamentablemente si – suspiró Emily mientras apagaba el aparato y me ayudaba a limpiar mi vientre – por fortuna, solo son unos cuantos centímetros y no causarán un daño importante al bebé, pero necesito que Bella guarde reposo absoluto al menos dos semanas para ver como evoluciona esto.
-Me encargaré de que sea así – aseguró mi esposo – pero ¿Por qué se produjo?
-Muchas veces estos cuadros de desprendimiento de placenta se producen de forma natural o por movimientos bruscos producidos dentro de los tres primeros meses de gestación, que es cuando el bebé se está afirmando del útero de la madre.
Y como un impulso nervioso, supe lo que había producido esto.
-Nemo – susurré lo suficientemente alto para que Edward me escuchara.
-Tienes razón – dijo asintiendo – lo que pasa es que hace unos días, por accidente nuestro perro empujó a Bella, logrando que ella callera de espaldas.
-Es muy probable que eso haya producido este pequeño desprendimiento.
-¿Qué quiere decir desprendimiento de placenta? – pregunté un tanto ansiosa.
-Bueno Isabella, el desprendimiento de placenta, en palabras simples es cuando la placenta donde estará él bebe durante toda su gestación se separa del útero. En tu caso, al no ser tan complejo solamente produce sangramiento vaginal y dolor, pero si este cuadro no se detiene a tiempo, el desprendimiento puede ser completo lo que produciría una muerte fetal.
Esto último lo dijo de forma tranquila, pero tratando de no alterarme.
-Por eso es importante que hagas reposo absoluto hasta nuestra próxima consulta dentro de dos semanas, solo debes levantarte para cosas muy puntuales, como ir al baño y nada más.
-¿Pero el bebé está bien con eso? – pregunté ansiosa, haría cualquier cosa para que estuviera bien.
-Sí, al ser algo de menor complejidad, con un reposo completo será de mucha utilidad, pero es importante controlar como va todo dentro de dos semanas. Si para nuestra próxima consulta el desprendimiento ha disminuido ya podemos estar más tranquilos, pero si no es así comenzare a darte medicamentos para ayudar en el proceso de recuperación.
-Está bien – susurré.
Dentro de todo, podía estar tranquila, mi bebé estaba bien y seguro en su pequeño mundo dentro de mí. Ahora debía cuidarme y obedecer todo lo que Emily y Edward me indicaran.
-Nuestro bebe está bien – susurré volviendo de mis recuerdos.
Su sonrisa se volvió enorme mientras el miedo iba desapareciendo.
-Así es – besó mi frente – mis chicas están bien y mañana podremos ver a mi princesita de nuevo – murmuró sobre mis labios mientras le daba suaves caricias a mi pequeño vientre, que ya se hacía notar claramente.
Bese a mi Edward suavemente, con calma y delicadeza. A decir verdad lo había extrañado mucho, pues había tenido turno de 36 horas en el hospital y mi madre había estado ayudándome con Eddie durante estas semanas.
-Te extrañé – susurré terminando nuestro beso - ¿llegaste hace mucho? Murmuré bajándome del regazo de Edward.
-Amor, son las dos de la madrugada – rió un poco mientras se levantaba de la cama. Aún estaba vestido con su ropa del hospital, así no debería haber pasado mucho tiempo desde que llegó – llegué a las doce y lleve a Renee a casa para que pudiera estar con Charlie y luego me vine a casa, me recosté contigo un momento y me dormí hasta que comenzaste a llorar.
-Lo siento – susurré al ver lo cansado que estaba – no quise despertarte.
-Bella – me llamó mientras se acostaba a mi lado – no lo sientas, es normal que aún tengas pesadillas por todo lo que nos tocó pasar con mi princesa – me atrajo a sus brazos dejando un pequeño beso en la cabeza – pero ya verás que después de mañana, esas pesadillas desaparecerán.
-Espero que sí – murmuré mientras mis parpados comenzaban a pesar nuevamente – gracias por estar conmigo – bostecé – te amo muchísimo.
-También te amo – me recosté sobre su pecho y volví al mundo de los sueños, sabiendo que al despertar tendría a mi familia a mi lado.
La mañana llegó de forma silenciosa mientras la luz se comenzaba a filtrar entre las cortinas de nuestra habitación y los ruidos de la pequeña comunidad comenzaban a llenar el ambiente. Desde hace unos minutos me encontraba despierta mirando al hombre que estaba durmiendo junto a mí, se veía tan pacífico y dulce durmiendo con una pequeña sonrisa.
En algún momento de mi vida pensé que nunca sería lo suficientemente atractiva, encantadora o inteligente como para que alguien se enamorara de mi o siquiera conocer a alguien a quien amar con tal pasión como lo leía en mis libros, pero por alguna especie de milagro Edward se cruzó en mi camino o yo me crucé en el de él. Amar en la forma en que lo amo, y sentir que es completamente correspondido es una de las cosas más mágicas y maravillosas que podría sentir en la vida.
Me reí suavemente, tratando de no despertarlo por lo cursi de mis pensamientos esta mañana. Al llegar a los cuatro meses de gestación, al parecer las hormonas me estaban volviendo más cursi y menos agresiva.
La puerta de la habitación se abrió suavemente dejando ver a mi madre que venía con una bandeja con comida para mí.
-Buenos días corazón – sonrió al ver a Edward profundamente dormido - ¿dormiste bien?
-Si mamá – con cuidado me senté antes de que me pasara la bandeja y se sentara a los pies de la cama. Me gustaba mucho estos desayunos en la cama hechos por mi mamá.
Después del incidente que tuvimos, mi madre decidió adelantar su viaje a Seattle tres semanas para poder cuidar de mí y de Eddie mientras Edward estaba trabajando, sobre todo cuando tenía turnos largos. En un principio me sentía agobiada por tantos cuidados, pero con el pasar de los días comprendí que esa era su forma de procurar de que estaba bien, así que simplemente me dejé mimar. Las primeras semanas, dormía en una de las habitaciones de invitados en nuestra casa, pero desde hace unos días, ya dormía en su nueva casa a unas pocas cuadras de aquí junto a Charlie.
Pero lo que más agradecía de tener a mis padres cerca, es que Eddie no estaba tan solo. Después del accidente tomamos la determinación de que Nemo debía de estar lejos de mí, por lo menos hasta que naciera el bebé. Por un lado Eddie estaba de acuerdo en hacer todo con tal de cuidar a su hermanita, pero como niño de cinco años que era, extrañaba no poder jugar con su mascota pero ingeniosamente a Charlie se le ocurrió una genial idea. Ellos cuidarían a nuestra mascota el tiempo necesario y así Eddie podría estar con su mascota y pasar tiempo con el abuelo Charlie ¡Mataba dos pájaros de un tiro!
-Charlie dice que Eddie se ha portado maravillosamente bien – sonreí ante la mención de mi pequeño. Hace dos días se había ido con Charlie y Carlisle a acampar en los bosques de Forks.
-Lo sé – murmuré antes de tomar un bocado de fruta – mi pequeño es un buen niño
-Está agotado – Renee señalo a Edward mientras veíamos que dormía profundamente – ¿siempre tiene turnos tan extensos?
-Por lo menos tres veces al mes, sí – suspiré, nunca me gustaron esos turnos
-Es un gran hombre – murmuró mientras se levantaba y comenzaba a salir – recuerda que hoy tienen la cita Bells.
-Lo recuerdo mamá – sonreí.
Después de mi delicioso desayuno, tomé un baño para tranquilizarme por los repentinos nervios que me atacaron solo de pensar en la consulta de este medio día.
Cuando salí del baño, Edward se estaba desperezando y pasando su mano donde usualmente dormía, buscándome a su lado con los ojos cerrados y el ceño fruncido. Rápidamente abrió sus ojos y se sentó en la cama buscándome hasta que me vio de pie frente a la cama completamente vestida y lista para salir.
-¿Porqué estas de pie? – su ceño estaba fruncido.
-Buenos días amor – me reí antes de caminar y besar sus labios, suavemente.
-Buenos días – sonrió mientras me tomaba de la cintura y me ayudaba a sentarme a su lado – ¿porque estas tan nerviosa?
-Tenemos nuestra cita hoy… ¿lo recuerdas? - me mordí el labio ansiosamente.
-Claro que sí, pero eso es como en una hora y media más.
-La verdad es que no soportaba estar más en la cama – hice un puchero.
-Pero…
-Edward, enserio, me siento bien y de todas formas tenía que levantarme y caminar aunque sea un poco.
Mi respuesta no le gustó absolutamente nada y me lo dejo demostrado al levantarse furioso de la cama para ir al baño y cerrar la puerta de un portazo. Al parecer ahora él estaba pasando por la etapa de las hormonas furiosas del embarazo.
El silencio incomodo se mantuvo desde que bajó a tomar desayuno y durante todo el camino al hospital. Me estaba ignorando completamente y a mí no me importaba en lo absoluto, tenía muchas cosas en las que preocuparme como para más encima agregarle un esposo furioso solo porque me levanté de la cama.
Al llegar al hospital salí del automóvil sin siquiera esperar a que él abriera la puerta, si estaba enojado conmigo entre menos interacciones tuviéramos, mejor ¿no?
La secretaria de Emily nos indicó que deberíamos esperar unos cuantos minutos mientras estaba con otra paciente. Nos sentamos en los cómodos sillones de la sala de espera, rodeados de mujeres con grandes vientres y ojos brillantes de felicidad. Por un segundo mi memoria retrocedió cinco años y recordé mi propia imagen, con un vientre enorme, una sonrisa feliz pero mis ojos no brillaban de felicidad, porque el padre de mi hijo estaba lejos de mí y ya no me amaba.
Sacudí mi cabeza ligeramente para alejar esos recuerdos agridulces. Tenía que concentrarme en el ahora y dejar atrás partes de ese pasado que aún dolía un poco.
-¿estás bien? – Susurró suavemente al verme distraída, asentí - ¿estás segura? – Volví a responder afirmativamente – pareces triste.
-Solo recordaba – sonreí, pero al parecer no sirvió para tranquilizarlo.
-¿Qué cosa? – la curiosidad le estaba matando, y como ya su furia había desaparecido, podía hablar libremente con él.
-Recordaba como me veía al estar igual que ellas – señale a una de las chicas. Se veía de unos 23 años y estaba con su novio acariciando suavemente su gran vientre.
-Estabas preciosa en esa época – sonrió antes de dejar un beso en mi mejilla – lamento tanto haberme perdido eso – murmuró con pesar.
-No lo lamentes, eso ya pasó, ahora estas con nosotros y cada día le demuestras a nuestro hijo que sin importar haberte pedido casi tres años de su vida, lo amas incondicionalmente. Le hemos compensado con creses esos años de ausencia y todo lo que le estaba quitando estúpidamente por ser tan cabezota.
-Ya amor, no llores – susurró secando las lágrimas que no me había dado cuenta – eso esta atrás de nosotros.
-Lo sé – sollocé - ¡Estúpidas hormonas! – chillé mientras él reía suavemente.
Antes de que pudiera decir algo, la amable secretaria nos indico que era nuestro turno.
Como siempre Emily nos saludo y comenzó con las preguntas de rutina ¿cómo me había sentido? ¿Había vuelto a sangrar? ¿Hice el reposo como me lo había recomendado? Después de eso realizó el chequeo normal, midió mi peso, la presión y la temperatura. Al ver todo normal me pidió que fuera a cambiarme y que la esperara en el cuarto contiguo en donde estaba el ecógrafo.
Me subí a la camilla y esperé algunos minutos mientras pedía en silencio a Dios por mi bebé y por nuestra familia.
-Bien Bella, ya sabes cómo es esto, levanta el camisón dejando tu vientre al descubierto y recuerda que el gel está frío – asentí mientras Edward llegaba a mi lado y tomaba mi mano.
Emily comenzó a mover el aparato, tomando medidas y deteniéndose más tiempo en ciertos lugares hasta obtener la imagen que requería ver detalladamente.
-Bien chicos, tengo buenas noticias para ustedes – solo con eso, toda la preocupación salió por la ventana de la consulta – la placenta está completamente aferrada al útero y cualquier tipo de riesgo ha sido reducido al mínimo.
-Gracias Dios – murmuré antes de que los labios de mi esposo estuvieran sobre los míos, besándome amorosamente.
-Está bien, nuestra bebé está bien – susurró solo para nosotros dos.
-Aún no descartamos que este episodio no volviese a ocurrir, pero ya puedes retomar tu vida normal, teniendo más cuidado en ciertas actividades.
-Gracias Emily – dijo Edward con una hermosa sonrisa en la cara.
-No es nada – dijo retomando su atención al monitor – y también les tengo otra buena noticia.
¿Otra? Por favor que no sea que este embarazada de mellizos o gemelos y no nos diéramos cuenta.
-¿Qué es? – pregunte ansiosa.
-Ya podemos saber el sexo del bebé.
CHAN CHAAAAAAAN!
Hola! no ven que no soy tan mala y nuestro pequeño está bien *-* solo fue un sustito
Ya el proximo capitulo sabrán el resultado de la votación y comiencen a pensar en nombres de niño o niña, para que veamos cual queda mejor :D
Gracias por los review's *-*
Adriu: Linda! Tienes muchísima razón, el o la pequeña tiene la misma fuerza que su familia y sea como sea llegara al mundo. Besos para Ti desde Chile (en una de esas cosas de la vida, este verano conoceré Ecuador :P)
Recuerden pasar por el blog: Piensoantesdesentir . Blogspot . com
BESOS y nos leemos pronto
Rommy
