Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen.

CAPITULO 10

Yamato llegó a su departamento.

Ya había pasado un mes desde su llegada de París y durante ese tiempo, la relación que tenía con Sora se consolidaba cada día más. Era común entre ellos dos el quedar para salir a cenar e inclusive una visita rápida solo para ver cómo estaba. Hacer el amor con ella era algo tan perfecto, que se había convertido en una parte de él. Le parecía tan natural estar con ella. Y daba igual dónde estuvieran: en la cama, en su departamento, en el de él, en la cocina, en un hotel… Se deseaban intensamente y satisfacían sus impulsos.

Solían hablar de todo, salvo del pasado, y poco del futuro. Pero él sí que se planteaba ambos a menudo y se preguntaba hasta cuándo podría seguir con aquello antes de sincerarse con ella. Y qué sucedería cuando lo hiciera…

Decidió invitarla a cenar a su casa, el cocinaría y le contaría la verdad una vez por todas. Había estado comprometido con una mujer hace unos años. Todo había sido un desastre y nunca sintió nada parecido con ella de lo que sentía actualmente por Sora, simplemente aquella mujer era la antítesis de su pelirroja.

Estaba en la cocina sirviéndose una taza de café cuando escuchó el timbre de la puerta.

Miró el reloj. Marcaban las cinco con cuarenta. No esperaba a nadie a esa hora. Sora había quedado formalmente de llegar a las siete. Extrañado abrió la puerta sin mirar por la mirilla y frunció el ceño al ver a Zoe Orimoto con esa sonrisa sínica, detrás de ella se encontraba Ryo exaltado.

−Señor Ishida…

El hombre tenía la respiración entrecortada, pareciera que hubiese corrido un maratón.

−Está bien, Ryo.– interrumpió el rubio adivinando las palabras de su fiel guardaespaldas. Conocía de sobra a esa mujer −Puedes retirarte.

La rubia aprovechó la situación para colarse en su casa. Yamato cerró la puerta, se cruzó de brazos y la miró.

−¿Qué carajos quieres?

−¡Uy! que humor, Ishida. Esa no es manera de tratar a tu ex prometida− se acercó a él, pero este retrocedió −He venido a verte− dijo con una sonrisa radiante dejándose caer en el sofá y cruzó las piernas para mostrar una buena parte de los muslos bajo la minifalda.

Yamato le dirigió una mirada de asco.

−Ya lo has hecho− fue hasta la entrada y abrió la puerta −Ahora, lárgate que espero a alguien.

La rubia se levantó molesta.

−Entonces, ¿era verdad?

−¿Qué cosa?

−Lo de cierta pelirroja, ¿Qué pasó, Yamato?, Pensé que te gustaban rubias…− puso su mano en mentón como si estuviese pensando en algo −Sería bueno darle una visita a Sora Takenouchi para presentarme formalmente… Digo, si es algo serio obviamente le contaste de mi ¿o no?

Miró a Zoe con odio y trató de contener el rechinar de dientes. Fue hasta ella y la tomó del brazo. A la rubia se le borró la sonrisa y soltó un quejido de dolor.

−Llega a hacerle algo o acercarte y yo mismo acabaré con tu vida.

La chica se liberó de su agarre, notó que le había dejado una marca.

−Solo te doy la oportunidad de que cuentes la verdad− lo encaró −Nuestra verdad− puso sus manos alrededor de su cuello.

Yamato la detuvo con sus ojos de iceberg.

−Entre nosotros, ya no hay nada.

La chica molesta se soltó del agarre y se dirigió a la salida.

−Solo atente a las consecuencias…

Yamato respiró con dificultad. Odiaba a esa mujer.

Tomó su teléfono.

−Ryo, asegúrate de que esa mujer no se acerque a Sora. Vigílala todo el tiempo, ¿Entendido?

Molesto fue al baño para darse una ducha. Su invitada llegaría en menos de una hora, y sabía que tendría que tener una larga charla con ella.

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Sora estiró las piernas en la cama cuando despertó. Se giró y se talló los ojos, tomó su celular, que, descansaba en el mueble continuo y observó la hora. No tenía ningún mensaje nuevo.

Le pareció extraño, ya que desde su viaje a Francia no había día en el que no tuviera un mensaje de Yamato deseándole buen día. La noche anterior tuvo la sensación durante la cena de que algo no iba bien. Yamato mencionó que debían hablar, ella aceptó. Sin embargo, él no dijo nada. Mencionó que no era importante y ella no le dio importancia. En varias ocasiones lo descubrió mirándola de reojo en más de una ocasión. Y cuando terminaron de cenar, él la envío a su departamento con Ryo. Así de simple, sin hacer el amor. Sin ser él quien la llevara. Suspiró fuertemente. Entregarse a él la había dejado con un sentimiento de vulnerabilidad imborrable. Si permitía que creciera, nunca se apartaría de su lado aferrándose a él como un títere, sin voluntad propia.

«Sólo es una aventura», se recordaba una y otra vez. Pero en el fondo sabía que lo que estaba creciendo entre ellos era otra cosa. ¿Amor? Quizás. Lo único que sabía era que él la hacía sentir tan bien en todo momento, la encendía y la hacía sentirse protegida.

Justo cundo se iba a levantar su teléfono vibró en sus manos. Era un mensaje de él:

Espero de todo corazón que hoy tengas un maravilloso día. Lamento mi actitud de ayer. Tengo una reunión importante de trabajo y no podía concentrarme. Lo lamento.

Yamato

Sora se llevó el celular al pecho, satisfecha que de no hubiera vuelto a mencionar que tenían que hablar. Se tumbó sobre la cama con una sonrisa en los labios. De nueva cuenta su imaginación había ido más allá.

Una llamada entrante la sacó de su lucha interna. El numero era desconocido. Parpadeó y decidió contestar.

¿Hola? ¿Sora Takenouchi? —preguntó una voz en francés.

Un cosquilleo invadió todo su cuerpo. Esa voz femenina se le hacía conocida de algún lado.

−Sí, ella habla− contestó firmemente. Hubo una pausa. La chica esperó a que la mujer hablara. A través de la línea percibía una leve tensión −¿Se le ofrece algo?

Escuchó una risa burlona y bufó molesta. En definitiva, no le daba buena espina.

Disculpe, Señorita Takenochi. Soy una de sus clientas. Me encantaría que nos encontráramos para comer o algo semejante para discutir acerca de un diseño…

Frunció el ceño.

−En ese caso, podríamos vernos en mi despacho.

Perfecto, nos vemos a las ocho en su oficina.

−A las ocho se cierra la oficina, Señorita.

El silencio pareció prolongarse para siempre. Escuchó varios ruidos que no pudo percibir.

No le quitaré mucho tiempo.

Sora colgó el auricular juzgando loca a la mujer. Normalmente sus clientes eran diferentes y las citas las hacían con Meiko, su asistente. Decidió no darle importancia y fue directo al baño para así iniciar su día.

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El sol ya se había escondido entre las nubes dando paso a la noche. Sora se encontraba en su gran escritorio, dibujaba a toda velocidad. Raras veces solía tener esa inspiración, así que no la desaprovecharía.

Meiko, siempre anunciaba su salida. Y ese día no fue la excepción. Lo que si fue diferente fue escuchar otra frase muy diferente a la que solía decir siempre a la misma hora.

−Señorita Takenouchi.

Levantó la vista y la vio parada en la entrada, parecía más nerviosa de lo habitual.

−Dime, Meiko.

−Alguien la busca.

Sora arqueó una ceja y antes de poder articular una palabra, una mujer muy atractiva apareció detrás de su asistente, adentrándose al lugar con una confianza única.

Catherine Deneuve, iba sensual y curvilínea en su vestido rojo, le lanzó una mirada desafiante. Sora la reconoció. Era esa mujer que se había colgado del cuello de Yamato el día del desfile.

−No te preocupes, Meiko. Puedes retirarte− sugirió Sora con un forzado tono de cortesía. Por dentro hervía de furia. Así que ella era quien había llamado en la mañana… Estaba confundida.

Meiko hizo una reverencia y se retiró del lugar dejando a ambas mujeres solas.

Catherine se dedicaba a observar a su alrededor. Sus ojos azules recorrían toda la habitación y tenía una sonrisa cínica en sus labios. Era más que evidente que lo último que quería era un vestido…

Sora suspiró contando hasta diez.

La chica la percibió molesta y sonrió más, mostrando sus dientes perfectos.

−¿En qué puedo servirte?

−¡Oh, vamos! No imaginaras que estoy aquí por un vestido ¿o sí?

Sora arqueó una ceja. No se dejaría intimidar, así que también sonrió.

−Lo sé. Así que si mi "instinto" no me falla− enfatizó −estás aquí por Ishida, ¿cierto?

La mujer se irguió como pavorreal. Su labial rojo hacía un juego perfecto con su vestido.

−Veo que lo entiendes…

−Desde un inicio lo hice…

La sonrisa de la rubia desapareció, parecía molesta.

−Mira… no te quitaré mucho tiempo.

−No lo harás. Por qué no quiero discutir ese tema contigo...

−¿No? Pues eres una tonta. ¡Aprenderías algo! A él no lo conmueve tu estúpido enamoramiento. No le interesan tus patéticos valores de niña mojigata, ni el modo inepto y aburrido de hacerle el amor...

−¿Y tú qué sabes de eso?

−¡Él me lo dijo! ¿Sabes que se ríe de ti, a tus espaldas?

Sora se levantó de su asiento, molesta.

−¡Suficiente! −interrumpió el discurso de la rubia −Ya me lo hiciste saber, ahora te puedes marchar− lo dijo señalando la salida.

Los ojos azules se clavaron en la delgada figura de Sora sin moverse de su lugar.

−Entiendo cómo te sientes− persistió, venenosa −A todas nos ha tratado igual. Te investiga, te da regalos, dice que eres la única mujer con la cual ha recurrido a ese estúpido método, te lleva a su departamento y dice que eres la única que ha estado ahí, al igual que su casa familiar en Francia.

Sora intento ignorar las palabras de esa mujer.

−¿Ya terminaste? −Logró articular, pese a todo su voz sonaba dolida.

−Zoe era mi mejor amiga, supongo que sabes que al igual que yo, se enamoró de Yamato, pensando que él sentía lo mismo por ella, en especial cuando le pidió que se casaran− Sora sintió que el estómago se le anudaba al saber que Yamato había estado comprometido…−Pero en lugar de corresponderle, la despreció una semana antes de la boda. Mi amiga tomó una sobredosis de tranquilizantes... por fortuna, la encontraron antes de que muriera...

Sora tragó saliva.

−Escucha mis advertencias. No te conviene. No confíes en él− su mirada estaba fija en el rostro de la pelirroja. – Él también me sedujo a mí y huyó de Francia, hizo que mi amistad con Zoe se rompiera…

Ante esas palabras arrogantes, una nube de rabia la envolvió.

−No... no te imaginas cuánto lamento oír lo que le sucedió a esa mujer− al fin pudo decir algo, caminó hasta la puerta para invitarla a salir de ahí, de una vez por todas – Puedo imaginarme la amargura que sientes− la miró fijamente −Pero, si hubieses sido su amiga como dices… jamás te hubieses acostado con él, ¿no?

Catherine se levantó de su sitio, no borró su sonrisa, dejó en el escritorio un portafolio y caminó hasta la salida, en donde se detuvo antes de irse para mirarla directamente a los ojos.

−Yo solo digo la verdad de todo… si no me crees, puedes preguntárselo a él. Estás a tiempo antes de que termine tu momento.

Azorada y respirando de prisa, la vio salir.

Regresó a su escritorio y encontró un folder, con sus manos temblando, abrió el sobre. Eran fotografías de Yamato y una chica rubia, una tras otra con diferentes fondos, pero había una que relucía más y era de ellos dos. Yamato hincado frente a ella sosteniendo un anillo, con la torre Eiffel de fondo.

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Movida por la emoción, Sora abandonó su estudio y subió a un taxi, no se sentía apta para manejar. El corazón le dolía. Cuando pensó en la posibilidad de salir lastimada, jamás imagino que sería tan rápido. Las palabras de la rubia aun resonaban en su cabeza. No era de extrañar que quisiera tener una aventura con ella. Pero, ¿por qué se enfadaba? Desde el principio supo que se trataba de sexo sin compromiso. Nada más.

Regresó a la realidad cuando había llegado a su departamento. Sintió un alivio una vez que estuvo dentro, sentía que solo ahí podría tener seguridad, ¿por qué Yamato había mentido?

Se quitó sus zapatillas y dejó su bolso en el primer lugar que pudo. No pudo evitar que las lágrimas se derramasen por su rostro. Ella era la única culpable. Nadie le pidió que se enamorase. No debería haber puesto su corazón en ello. Pero lo había hecho y estaba pagando el precio.

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Yamato esperaba ansioso a su pelirroja en el restaurante del hotel al que habían acudido juntos en aquella segunda cita, la razón de estar ahí era porque su intención era llevar la relación a un nuevo nivel, pero primero tenían que hablar. No quería que ella se enterara de otras fuentes lo que había pasado años atrás con Zoe, le preocupaba que hubiese malentendidos. Ryo, quien había estado al pendiente de la situación, le había confirmado que la rubia se había ido a su país natal y no se había acercado para nada a su pelirroja. Eso lo alivió.

Ya le había dejado varios mensajes a Sora, pero no le había contestado. Sabía que estaba muy ocupada, su misma asistente se lo confirmó. No fue sino hasta hace unas horas que ella contestó su llamada y aceptó la invitación. Sonaba distante y extraña.

Contuvo el aliento al verla. Iba vestida de negro, del mismo tono que había utilizado la vez que la había conocido en aquel evento. Ella miró en su dirección y caminó con seguridad hasta él. Yamato iba a sonreír, pero la mirada que Sora le dirigió lo dejó paralizado. Tal vez y estaba molesta por que no fue él quien pudo ir por ella, sino Ryo. No fue su culpa, tuvo una junta de último momento y tuvo que mandar a su fiel guardaespaldas.

Había llegado a conocer a Sora tan bien, que pudo percibir que especialmente en esa noche algo había cambiado en ella.

Le ofreció asiento y esperó a que les tomaran la orden, no quería interrupciones.

Se quedó unos segundos en silencio, mirándola con intensidad. Sora se obligó a mantener su mirada, como si su curiosidad fuera inocente. Tenía intenciones de conocer más a Yamato, conocer su pasado amoroso, para después mandarlo a volar. Sabía que no tenía derecho a preguntarlo, pues las intenciones habían quedado claras desde un inicio, pero no pudo evitarlo.

−Hola…

−¿Estás bien? —preguntó él.

Ella asintió.

−Sí− dijo y soltó una risa forzada −Al menos ahora…

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Recorrieron varios kilómetros en los que lo único que rompió el silencio fue la música suave del automóvil. Sora se mostraba distante, parecía tener frío a pesar de llevar su chaqueta que le había puesto al salir del restaurante, le quedaba enorme. Él intentó poner la calefacción.

−No te molestes, puedo soportarlo.

Lo detuvo sin mirarlo.

El hombre apretó el volante y contó hasta diez. Su paciencia estaba terminando. En el poco tiempo que tenía conociéndola, jamás la había visto así de distante y fría. Había soportado su actitud durante toda la cena, pero su tolerancia estaba llegando a su límite.

Cuando llegaron al complejo departamental, ella rápidamente se deshizo del cinturón y cuando iba a abrir la puerta para salir él la detuvo.

−Escucha, no sé qué es lo que tienes− le lanzó una mirada profunda haciendo que un escalofrío le recorriera el cuerpo −Si hice algo que te hizo enfadar, dímelo y te dejaré en paz…

Sora soltó una risa.

−No es necesario que sigas fingiendo− aseguró −Te ahorro el trabajo. Dalo por terminado.

Salió al exterior y cerró con un portazo.

Yamato quedó perplejo. Salió como una fiera del coche y la volvió hacia él.

-¿Qué diablos se supone que significa eso?

−No quiero volver a verte.

Sora lo miró desafiándolo, conteniendo las lágrimas, roja de ira. No jugaría con ella. Aunque él no lo supiera, le había hecho llorar la noche anterior y ella no había llorado nunca por un hombre. Nunca había pensado que ninguno se lo mereciera

Caminó a toda prisa hasta su departamento y subió las escaleras, creyéndose incapaz de tener paciencia para tomar el elevador, pues, el rubio la seguía y antes de que pudiera dar un portazo en las narices de Yamato y poner el seguro, éste metió el hombro por la abertura y forzó su entrada, cerrando la puerta con un estruendo brutal.

Observó la apariencia temblorosa de la chica. Avanzó un paso hacia ella.

−No te acerques... −le advirtió con amargura, mirandolo con los ojos brillantes por las lágrimas.

−No seas tonta, Sora. Sólo quiero hablar contigo− declaró, reduciendo el espacio que había entre ambos.

−Yo no quiero hablar contigo, me mentiste.

−¿En qué te mentí? −inquirió con suavidad.

−¡En todo! ¡no te conozco! ¡No quiero hablar contigo; ni siquiera quiero verte de nuevo! Debí estar loca al confiar en ti como confié…

− Sora− intentó calmarse y respirar −Lo que dices no tiene mucho sentido… ¿Pasó algo? ¿Por qué de repente me dices que ya no confías en mí?

Un silencio tenso se prolongó entre ambos…

−¿Quién es Zoe Orimoto?

Yamato parpadeó sorprendido, ¿Cómo era que sabía Sora acerca de Zoe?

Se suponía que Ryo había dicho que nunca se acercó a la pelirroja. Ryo jamás se equivocaba… de seguro había sido otro medio por el cual se había enterado…

−¿Co…cómo es…?

−Solo dime la verdad− interrumpió la pelirroja.

El rubio volteó hacía los lados. Pasó ambas manos por su cabello.

−Alguien de mi pasado…

−¿Fue importante? −interrumpió una vez más.

Yamato tomó su tiempo antes de contestar.

−Si…− Sora bajó la mirada, dolida −Ah, así que es eso− sus ojos fijos la perturbaban −¿Estás celosa?¿A estas alturas del juego?

La muchacha le lanzó una sonrisa irónica.

−¿Celosa? No precisamente. Sólo que pisoteaste una serie de valores que tú, como resulta obvio, no tomas en cuenta…

−¿De que hablas?− preguntó confundido.

Hubo un largo silencio. Confusa y enojada, Sora decidió confesarle. Así que no le quedaba otro remedio que terminar con esa situación. No aceptaría que el siguiera jugando con ella.

−Catherine fue a verme−confesó.

Yamato logró mantener su ira bajo control. Ahora entendía todo… Zoe había mandado a su mejor amiga en representación.

−¿Qué es lo que quería? ¿Qué te dijo?

−Te involucraste con ella...

−¡Basta!− Había logrado provocarlo. La ira brillaba en la mirada azul − Deja de hablar de mi pasado, como si conocieras las circunstancias... – tomo un tiempo para volver a hablar −Pensaba que tal vez y podríamos platicar de una manera más racional... relajados, sin presiones... intercambiando frases civilizadas.

−Quizá no sostenemos una relación civilizada y nunca lo lograremos.

−Quizá.

Sin saber qué hacer, Yamato se quedó pasmado enfrente de ella. Tenía la respiración entrecortada. Él quería decirle su versión de las cosas que habían sucedido, pero simplemente había algo que se lo impedía. Iba a hablar, pero Sora se adelantó...

-¿Sabes una cosa?...Terminé enamorándome. Sí -añadió, al ver la mirada atónita de él-. Estoy de acuerdo. Es una locura. Y, si te sirve de consuelo, creo que me hace tan poca gracia como a ti. Pero es la verdad. No tiene sentido y no soy tan tonta como para pensar que tú sientas lo mismo, pero eso no ha impedido que ocurriera…

−Sora...

La voz profunda contenía una nota cargada de compasión, que le cortó el aliento, llenándola de pánico. No quería escucharlo, él no sentía lo mismo…

−Por favor, déjame en paz...− susurró, con una súplica entrecortada −Vete, Yamato... vete.

La invadió un alivio cuando, después de un corto y tenso silencio, la puerta se cerró con un ruido final. Volvió la cabeza y a través de sus lágrimas, se dio cuenta de que él la había obedecido.

CONTINUARA

Hola, queridos lectores. Ofrezco una disculpa por la tardanza, sé que los motivos y excusas sobran, de todo corazón les confieso que no planeo dejar esta historia que ya está a punto de llegar a su fin.

Muchas gracias a todas las personas que se han tomado un poquito de su tiempo para leerme. Sus comentarios y reviews son bienvenidos y en verdad me ayudan y alientan a continuar, así que si tienen alguna sugerencia o comentario les pido que me lo hagan saber. Su opinión es de suma importancia :D

Sin más que decir, me despido, ¡Adios!