Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita, porque es la mejor tata del mundo, a mi cuñadita Tamii porque es un solete, a mis hijas Kath, Valen, Esther y Regina Jr, a mi tatita vero porque me sorprende cada día, a Bego porque es una corrompe menores muy legal y yo la quiero mucho y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y a esthefybautista.

CAPÍTULO 10 RETROCEDIENDO

Durante unos instantes, Regina no se atrevió a moverse, plantada en su portal con la vista perdida en el punto exacto por donde el coche de Emma había desaparecido. Inconscientemente esperaba que la rubia volviese, apareciese avergonzada, con el rostro cubierto de rubor y le diese alguna explicación a su comportamiento, mas pasados diez minutos en los que por mucho que lo intentó no pudo comprender qué había hecho para asustarla, decidió subir a su casa ya que estaba refrescando notablemente y estaba claro que Emma no iba a volver.

Como una autómata giró la llave en la cerradura y entró sin hacer ruido, no quería despertar a su Kathe de ninguna manera. La luz del salón estaba encendida y el murmullo de la televisión le llegó nítido, por lo que se dirigió a ese lugar de puntillas y con sus tacones en las manos. Al asomarse vio a Mery dormida sobre el sillón y una sonrisa tierna nació en su rostro. Con cuidado se acercó a ella y la despertó de forma suave, intentando no asustarla. Mery abrió los ojos pesadamente y parpadeó varias veces observando su alrededor, certificando que no estaba en su casa sino en la de Regina. Fijó su mirada color miel en su amiga y enseguida supo que algo no había ido bien, por lo que se enderezó en un instante, ofreciéndole sentarse a su lado. Regina aceptó con un suspiro y durante unos instantes no pronunciaron palabra, unos instantes de silencio necesarios para reorganizar las ideas inconexas que bailaban en su mente.

Finalmente fue Mery quien se atrevió a preguntar qué había ocurrido en la cena para turbar tanto la mirada de Regina.

-¿Qué ocurrió Regina?

-"No lo sé, todo fue bien hasta llegar al portal, en ese momento supe que no quería despedirme pues lo estaba pasando bien, quería conocerla un poco más, pero de pronto se apartó y se marchó, en cuanto le pedí que subiera"

-Bueno, por lo que me has contado es una mujer reservada, quizás no le pareció apropiado subir a tu apartamento en la primera cita

-"No creo que sea eso, en cuanto llegó me admitió que pensaba que cenaríamos aquí en casa, tiene que haber algo más…"

-Bueno, seguro que meditará y te dará una explicación

-"Eso espero, aunque creo que se la tendré que sacar por la fuerza… Me voy a acostar Mery, estoy cansada"

-Está bien, yo me marcho a casa, llámame mañana si quieres

Se despidieron con un tierno abrazo y, en cuanto su amiga había desaparecido en el ascensor, cerró su puerta y se dirigió a su habitación. Su cama estaba literalmente invadida por su hija, completamente estirada en el colchón, ocupando todo el espacio posible y profundamente dormida. Esa visión le hizo sonreír mientras se deshacía de su vestido y se ponía su camisa de dormir, apartando a su pequeña a un lado y acomodándose en el colchón, calentito ya que Kathe se había ocupado de ello ocupando toda la cama. En cuanto su hija notó en medio de sus sueños la presencia de su madre, se pegó por completo a ella murmurando, llenando su alma de ternura y dibujando en sus gestos una sonrisa se dedicó a acariciar con cariño sus rizos rubios y a contemplarla.

Irremediablemente sus pensamientos la llevaron a unas horas antes, en el restaurante, los ojos de Emma carentes de barreras, sus suaves avances, la ternura que sintió al ver como poco a poco se iba abriendo a ella, como la analizaba de forma tímida, como iba superando sus propios miedos a abrirse, quizás no hablaran mucho de ellas mismas, de sus vidas, los temas que trataron eran tan cotidianos como importantes para aprender a conocerla, el tipo de música que escuchaba, que tipo de libros leía, qué películas la estremecían… así descubrió que amaba el rock, aunque se perdía ante una buena letra, que prefería los libros de misterio o aquellos que te hacen plantearte la vida de mil maneras distintas, descubrió que adoraba la acción en las películas pero ante una buena historia se quitaba el sombrero.

Descubrió ese lado bromista de la muchacha, los pequeños chistes fáciles, su risa que en pocas ocasiones había podido apreciar, su inmensa capacidad intelectual, su facilidad para hablar de cualquier cosa e incluso su curiosidad cuando no conocía el tema, anhelando aprender y comprender.

Ella misma se dio cuenta de lo fácil que era dejarse conocer, discutir entre risas sobre los gustos completamente adolescentes de la joven, alegando que Pavarotti no tiene rival en el mundo de la música, le habló de sus mil aventuras ejerciendo como reportera, la cantidad de gente extraña que había llegado a conocer, las experiencias que llevaba a sus espaldas que la habían convertido en una mujer hecha y derecha… Mientras hablaba de sí misma leía la admiración, la curiosidad, incluso el aprecio en las pupilas verdeazuladas de Emma.

Había llegado a sentir una conexión, estaba convencida de que se abriría a ella, de que podría llegar a descubrir por qué necesitaba esos muros impenetrables que construía en un instante, mas en su portal, tras una velada realmente bonita, todo se había ido por la alcantarilla y no podía comprender por qué, lo intentaba, le daba vueltas en su mente mas no había respuesta.

Esa noche no pudo dormir, su mirada estaba fija en el techo de su habitación, en las sombras, mientras escuchaba la suave respiración de su hija justo a su lado, notaba su cálido cuerpo pegado a ella, su torpe abrazo entre sueños y el murmullo de su corazón.

Para Emma la noche había empezado demasiado bien, tanto que desde que bajó de su coche y vio a Regina, con ese vestido azul eléctrico, pegado a su figura, resaltando sus formas se desbocaron sus pulsaciones de forma no podía controlarlas.

El suelo tembló bajó sus pies cuando supo que debía improvisar, Regina la estaba retando y pensaba salir victoriosa, elegir restaurante no fue difícil, un lugar donde se sentía cómoda, donde solía ir a menudo, su territorio.

Descubrió con gusto que no le resultaba difícil hablar con ella, era dulce y sencilla, no la presionaba, no la angustiaba, le daba su tiempo y le inspiraba confianza, le gusto dejar que Regina entrara poco a poco en lo que era su mundo, sus gustos, sus aficiones, descubrir detalles de la vida de la morena, pequeñas pinceladas, anécdotas divertidas, sin duda se sentía bien, por primera vez en años el miedo que asfixiaba su alma se estaba disipando, poco a poco, mirando los ojos oscuros de Regina pensó que podía dejarse conocer, dejarse querer, dejar que alguien aceptara sus defectos y fantasmas, le ayudase con su carga para no hacerla tan pesada.

Pero como venía siendo normal en su vida, todo lo que le parecía bello y hermoso se acababa rompiendo, esa cena no podía ser menos. Cuando llegó a casa de Regina la acompañó al portal, no se veía aún preparada para despedirse, sus labios la llamaban como si de un imán se tratara, se acercó para que sus palabras rompieran su alma en mil pedazos, un nombre, el mismo que torturaba su mente desde hacía años, Kathe.

Quiso certificar que había escuchado bien que no eran sus fantasmas los que estaban torturando su mente una vez más, pero volvió a escucharlo, nítidamente, el nombre de su hija en labios de Regina.

Huir le pareció la mejor opción, levantar nuevamente sus barreras. Se marchó sin mirar atrás, volver significaba dar explicaciones, significaba enfrentarse al peor de sus fantasmas y no estaba preparada ni dispuesta.

Condujo dejando que las lágrimas empaparan sus mejillas y que su interior se quebrara en mil pedazos una vez más, siempre que la vida le regalaba un buen momento acababa empapada en lágrimas y destrozada, debía aprender la lección.

Cuando llegó a su casa se dejó caer en las sombras, sus aliadas, las únicas que habitaban en armonía con sus fantasmas y estalló en un llanto enfermizo, repitiendo una y otra vez el nombre de su hija, maldiciendo su suerte, de todas las mujeres de Nueva York tenía que haberse fijado en aquella cuya hija llevaba el mismo nombre que la niña que ella tuvo que dejar, en ningún momento pasó por su mente que pudiera ser su pequeña. Una broma tan cruel del destino le parecía demasiado macabra, lloró sin descansó, en un pequeño rincón, en silencio y soledad, aislada, descargando ese dolor lacerante que se había aferrado a su pecho, sabiendo que tarde o temprano debería disculparse con Regina pues había sido de muy mal gusto dejarla de esa manera.

Cuando se hubo desahogado, a rastras se metió en la cama, eran casi las seis de la mañana pero no podía dormir, no con los fantasmas destrozando su mente.

Harta de no poder dormir, Regina miró su reloj, eran las seis y media de la mañana. Suspiró pensando en la gran capa de maquillaje que debía usar para tapar sus ojeras y se levantó a buscar un vaso de agua, vislumbrando su teléfono móvil en el salón. Durante unos instantes se lo quedó mirando pensativa, para finalmente tomarlo y escribir un mensaje, esperando quedarse más tranquila y poder conciliar el sueño.

Cuando su teléfono sonó estridente, Emma saltó en la cama pues no esperaba recibir un mensaje a esas horas de la madrugada. Encendió la pantalla y vio que había sido Regina la que le había escrito, por lo que lo abrió en ese momento, entre ansiosa y asustada por lo que podía decirle.

-"Sé que hemos retrocedido, pero no voy a rendirme Emma Swan"