Capítulo 8
Tom Bertram llegó puntual a la cita y se sorprendió de no encontrar a nadie más. La anfitriona parecía nerviosa, aunque no se mostró triste ni desilusionada al saber que Edmund y Fanny no irían.
– No sabe cuánto me alegra que haya podido venir. La mayor parte de los otros invitados informó que no asistiría.
El comentario fue un puñal enterrado directamente en la determinación de Tom, que ya maquinaba una excusa para irse tan pronto como los buenos modales indicaran correcto.
– Beh, a todos les sucede. Una vez mi madre, que es muy hogareña y poco social, se decidió hacer un día de campo en Mansfield Park. No recuerdo bien el motivo, pero estaba tan emocionada que hasta hizo instalar lo necesario para jugar criquet. Llegó el día. Mis hermanas habían comprado sombreros nuevos y Edmund había ayudado a Fanny a construir una cometa. Sin embargo, treinta minutos antes de la hora planeada se soltó la mayor lluvia del año; un verdadero vendaval. Las únicas visitas que recibimos fueron de los sirvientes para informarnos que sus amos no irían… –calló al ver la expresión confundida de Georgiana– …esta es una historia terrible, ¿verdad?
– Muy mala, si me lo permite –le contestó riendo discretamente– pero agradezco el intento. Quizá el truco sea invitar mayor número de personas, aunque confieso mis círculos son limitados.
– El problema con la sociedad londinense no es el número, sino que es impredecible, sujeta a cambios de humor de manera constante y radical. En una ocasión, fui invitado a casa de la familia Smith, donde me comporté como acostumbre. Luego, me vi excluido de una serie de tertulias sin saber bien porqué, así que supuse que se debió a una indiscreción mía; después de unas semanas me topé con la Sra. Smith que me reclamó haberlos abandonado y ahí mismo me dio pase vitalicio a su hogar. Hasta la fecha no soy capaz de explicar qué pasó. Desde entonces me niego a sacar conclusiones absolutas, a menos que se me diga de manera directa y sólo de la persona en cuestión.
–Me alegra oírle decir eso, quiere decir que es una persona dispuesta a dar segundas oportunidades.
–Todo el mundo merece una segunda oportunidad, si lo sabré yo.
–¿A qué se refiere? –preguntó intrigada por el tono con que había sido proferida la frase.
–Alrededor de año y medio, caí severamente enfermo, al punto que mis padres creyeron que no me salvaría.
–¡Dios mío!
–Los meses subsecuentes pensé mucho en porqué me había sucedido aquello, por qué me había salvado, en lo que habría pasado en mi familia, cómo habría sufrido. Creo que se me dio la oportunidad de corregir mis errores, es una lástima que... en fin... –calló, dándose cuenta que había hablado de más.
–¿Una lástima qué? –lo instó a continuar Georgiana. Él intentó sonreír pero le ganó la amargura.
–Digamos que es más fácil curar la salud que los malos hábitos.
Ella bajó la vista sin saber qué decir.
–Disculpe, la he incomodado.
–No... un poco, pero está bien. No es fácil adaptarse a los cambios. Cuando mi hermano se casó, y con una mujer más que agradable, no fue sencillo para mí, que en cierto sentido era quien gobernaba Pemberly; sufrí mucho para ajustarme, pues no quería parecer ingrata con él, que siempre ha dado todo por mí sin pedirme nada a cambio. Pero no pude y terminamos discutiendo por trivialidades. Estaba tan apenada de mi conducta, sentía que lo había herido y decepcionado. Él me perdonó y prometió que ellos harían un esfuerzo.
–¿Cómo se sintió cuando escuchó eso?
–Terrible. Por eso procuro hacer bien todo aquello a lo que me dedique; lo que menos quiero es causar mayores molestias a mi hermano.
–Tiene un buen corazón, Srta. Darcy.
El halago, dicho con auténtica admiración, la desconcertó más que cualquier galantería que le hubiesen dedicado hasta el momento, por lo que se apuró a agregar:
–No siempre lo logro.
–Al menos lo intenta.
–Usted también podría; estoy segura que no le iría tan mal como cree.
–Es usted muy amable.
Un silencio relajante reinó entre ambos, el cual ninguno de los dos se atrevió a romper.
El mayordomo anunció la visita de María Bertram.
Toda la buena disposición de Tom se desvaneció en ese instante.
Su hermana apareció y, sin darle tiempo de reaccionar, se aproximó a tomar sus manos y saludarlo efusivamente.
–No sabes cuánto me alegra verte hermano.
Él asintió confundido, buscando en los ojos de Georgiana una explicación, pero su anfitriona se negaba a encararlo.
–No esperaba encontrarte aquí –alcanzó a decir.
–La Srta. Darcy y yo nos hemos hecho buenas amigas, lo cual aprecio mucho; ella comprende mi situación...
–Que conveniente... –un poco de sarcasmo se escapó de sus labios.
–Sr. Bertram, estoy perfectamente consciente de las circunstancias de su hermana –agregó Georgiana con el objetivo de suavizar la actitud del mayor de los hermanos.
–Si te molesta mi presencia, me marcharé enseguida –ofreció María con el rostro lleno de pesar.
Tom dudó por unos segundos, mas al final consideró que no valía la pena ningún drama. Aunque nunca había tenido, ni tenía motivos de discordia con María, pues ambos habían vivido de manera egoísta velando por sus propios intereses, la conocía lo suficiente para creer que su amistad con la Srta. Darcy careciese de motivos ulteriores. El Tom de antes habría optado por la indiferencia, pero algo dentro de sí se indignó ante cualquier posible abuso de su hermana hacia la Srta. Darcy, cuyo interés y buenas intenciones se observaba genuino.
–No –se oyó a sí mismo decir –, no; quédate por favor.
–¿No le dije que mi hermano era una excelente persona?
–Así es –respondió Georgiana– Creo que es un caballero muy noble.
Por primera vez en mucho tiempo, Tom no sabía cómo conducirse. Sólo las observaba hablar y asentía o negaba conforme a las preguntas que le hacían. Quería actuar de manera natural pero su memoria se negaba a sacar algo de su repertorio de anécdotas y, cuando se acordaba de alguna, las palabras no se prestaban a ayudarlo.
–¿Recuerdas, Tom, esas vacaciones en Bath?
–¿Eh...? No.
–Sí, cuando la tía Norris se quejó de una dolencia en la rodilla.
–Fue hace ya tiempo.
–Yo todavía puedo recordarlo.
–Pues será que tienes una memoria privilegiada –respondió de manera brusca–, quiero decir, es confuso, la tía Norris siempre encuentra motivos de queja.
–Es verdad, nuestra querida tía se aflige por todo, pero es tan buena. Es como una segunda madre para nosotros.
–¿En verdad? Debe ser grato contar con ella. Mi madre murió cuando era pequeña. Aunque mi padre la sobrevivió, siento que murió temprano. Me habría gustado tener a alguien así a mi lado para guiarme. Tuve una institutriz y mi hermano ha hecho lo mejor que pudo, mas confieso que siento un poco de envidia por aquellos que pueden contar con un familiar que les haya servido de figura materna.
–Siempre es importante el rasgo de familia –intervino María–. La relación filial es un nexo inquebrantable e insustituible.
–Hay, sin embargo –interrumpió Tom–, a veces tantas diferencias entre parientes, ya sea por carácter o por educación, que la relación llega a parecer un mero accidente. No es que sea algo malo, aunque ciertamente resulta curioso. En ocasiones, un amigo puede tener más en común contigo mismo que tu mismo hermano.
–Tales casos son extraordinarios.
–Pues entre Edmund y yo hay un gran abismo y mira que me siento de lo más ordinario –espetó levantando la voz.
–Creo que lo que Sr. Bertram quiere decir –saltó Georgiana al rescate de la conversación– es que, por ejemplo, mucha gente me ha dicho que los caracteres de mi hermano y el Cnel. Fitzwilliam se parecen al mío, mas a mí no me lo parece. Los percibo a ambos tan distintos del mí que me cuesta ver aquello que los demás aseguran que tenemos en común. No creo que esas personas estén equivocadas, y tampoco creo estarlo yo, por lo menos no al grado que no conozca mi propio carácter.
–¿Y en el caso, por ejemplo, de su tía, Lady Catherine de Bourgh? Tengo entendido que es hermana de su madre, como lo es la tía Norris de la nuestra, ¿cuáles serían sus sentimientos hacia ella, que tiene poco contacto con la gente y un carácter diametralmente opuesto al suyo, si me lo permite?
Tom se sorprendió a sí mismo por la agudeza de la pregunta; tal vez sí estaba pasando demasiado tiempo con Margaret Dashwood.
–Es cierto que entre mi tía y yo no hay una conexión tan profunda pero no me atrevería a negarla en manera alguna. Siempre será mi familia, y eso me da una pequeña certeza. Con los extraños no pueden evitarse los riesgos, los cuales, en cambio, se pasan por alto con los parientes gracias a esa intimidad inmediata que no requiere tiempo para construirse.
Inconscientemente él sonrió al escuchar la respuesta, contento de que saliera airosa sin fallar a sus convicciones.
–Diría que la familia lo es todo para usted Srta. Darcy –dijo, dándole el triunfo.
–Como debe serlo para todo el mundo. Algunos no nos damos cuenta de lo vital que es hasta que la hemos perdido con nuestras acciones egoístas e irreflexivas, ¿no es así, Tom?
El aludido tragó saliva, más que nada por la rabia que le causaba no tener la autoridad moral para responderle a su hermana como era justo y conveniente.
Se escuchó que alguien llamaba a la puerta y al mayordomo abrir. Dado que había recibido instrucciones de no anunciar a nadie que no fuera cualquiera de los hermanos Bertram, el hombre se disponía a despachar a las visitas, pero la voz de Georgiana, quien temía que se rompiese el delicado hilo de la civilidad tan trabajosamente tejido, le indicó que los hiciese pasar.
Tom aprovechó la oportunidad para despedirse e incluso ofreció escoltar a su hermana a su hogar, mas María rechazó la oferta. No insistió, pues necesitaba enfriar su cabeza.
CONTINÚA... el próximo año...
No, no, es broma XD. Aunque con mis hábitos lo más seguro es que sea cierto, pero prometo aplicarme. Los capítulos ya están escritos pero no he encontrado el tiempo de pasarlos a la computadora. Una disculpa. Confieso que las repentinas e inesperadas lectoras me animan a seguir escribiendo, no sólo por las que ya siguen el fic, sino por las que en algún futuro distante lo seguirán, espero.
Dispensen las faltas de ortografía y anexas, juro que lo reviso pero siempre se me va una coma, un espacio, una letra o la concordancia.
Bueno, mucha palabrería. El próximo capítulo estará tan pronto sea posible. Gracias a quien sea que esté allí por la paciencia.
Saludos.
