CAPITULO 10
Vegeta llegó a casa al día siguiente, después del mediodía. Estaba tan elegante e inmaculado como siempre; no obstante, parecía como si hubiera estado despierto toda la noche. Además de su ligera palidez y de la tensión que se notaba reflejada alrededor de su boca, Bulma no notó otra emoción reflejada en su semblante o en su mirada. Vegeta la miró y se dejó caer sobre el sofá. Por un momento mantuvo la cabeza inclinada, después la levantó y el aire de vulnerabilidad había desaparecido.
— Debí llamarte, mas creo que es el menor de mis pecados – dijo Vegeta.
— Tights y Raditz vinieron anoche. Sé que los viste – le informó Bulma y una fría sonrisa apareció en la boca de él.
— Estuve a punto de hacer un mal comentario respecto a ellos, mas tú tienes un dicho acerca de la gente que vive en casas de cristal...— Vegeta hizo una pausa — . Pasé la noche en el coche. No sabía qué decirte...necesitaba tiempo. Tu hermana me informó que te dijo la verdad antes de casarte conmigo. ¿Por qué no me lo dijiste?
— Sabía que no me creerías – respondió Bulma. Vegeta soltó una carcajada y se estudió las manos.
— Me conoces demasiado bien, no debí hacer esa pregunta. Un marido más cariñoso y menos intimidante hubiera invitado a la confidencia. No te culpo por mantenerte en silencio. Raditz... ¿fue él quien te llamó cuando estábamos en la isla? Ese día estabas muy feliz – su tono de voz no reflejaba ninguna emoción.
— Por supuesto que estaba feliz...después de todo el tiempo transcurrido, al fin tuve esperanzas de que todo pudiera aclararse – dijo Bulma.
—Ya todo está aclarado – indicó Vegeta y dejó salir el aire de sus pulmones despacio, mientras la miraba— . Una disculpa, sin importar con cuánta sinceridad la dijera, sería otro insulto a los muchos que ya te he hecho. En mi deseo de venganza, te hice un daño incalculable. Nada de lo que pudiera hacer o decir borraría el dolor que te causé. Al escucharlo, Bulma palideció y sus dedos se cerraron sobre el brazo del sillón. Se sentía enferma porque tenía miedo. Si él la amara podría hacer muchas cosas, pero no era así. Vegeta sentía el peso de su conciencia por haberla juzgado mal y no encontraba palabras para expresar su pesar por todo lo sucedido entre ellos desde aquel día en Venecia.
— Dijiste que el reloj no camina hacia atrás – le recordó Vegeta — . Tenías razón, y aún antes que ellos se pusieran en contacto conmigo ayer, ya lo había comprendido. También comprendí que un... marido amoroso no se hubiera comportado de la manera como lo hice hace cuatro años. Debí saber que si mi esposa terminó en los brazos de otro hombre, mi comportamiento contribuyó a esa traición, sin duda alguna...mas entonces no era capaz de entenderlo...
—Vegeta... yo...— Bulma no pudo seguir hablando. Le dolía verlo sufrir, mas su control frío la detenía. Vegeta se puso de pie de pronto y movió una mano para silenciarla.
— No, no digas que no hable de ello...tengo que decirlo. Me enamoré de ti porque estabas llena de vida y después me dediqué a quitarte esa alegría. Peor aún, ni siquiera me di cuenta de lo que te hacía. Bulma enterró las uñas en el terciopelo del sillón.
— No fue tan malo – murmuró Bulma con voz débil.
— No seas tan generosa conmigo – pidió Vegeta — . ¿Cuándo lo fui yo contigo? Si te hubiera permitido vivir a tu gusto, ahora no me sentiría como un tirano de Edad Media... pero no fue así. Una vez más tuve que acercarme a tu vida y convertirla en una ruina, hasta llegar al punto de dejarte embarazada otra vez. ¿Y por qué sucedió eso? Porque te chantajeé hasta llevarte a la cama... fue como si te hubiera violado. Bulma se estremecía al notar la comprensión en Vegeta, la cual con seguridad existía desde antes del día anterior, pues él no podía haber llegado a esa conclusión en una noche. No obstante, lo que escuchaba era tan extremoso, que no sentía consuelo. Vegeta se sacó algo del bolsillo y dijo:
— Este es el contrato que te obligué a firmar – rasgó el documento por la mitad — . Ahora no tienes ataduras. Dejaré que vivas tu vida como lo desees. Si no quieres que vea a Trunks... lo aceptaré. La emoción la dominaba. ¡Todo se repetía de nuevo! Sólo que esta vez, Vegeta tenía la decencia de no enviar a un abogado para que se encargara del trabajo sucio. Bulma recordó las cartas que escribiera y las llamadas que hiciera y esto selló sus labios. Si él quería alejarse, ella se lo permitiría. ¿Por qué decirle que lo amaba, si él no sentía lo mismo?
— Te casaste conmigo nada más para vengarte, ¿no es así? – preguntó Bulma — . Una vez que lo lograste, ya no tiene objeto seguir casados.
— Sé que el darte la libertad que nunca te debí haber quitado es una recompensa pobre, pero es todo lo que puedo dar.
— ¿Y ahora qué se supone que debo hacer? – preguntó .
— Haz lo que quieras, yo no haré nada – respondió Vegeta — . Puedes tener el divorcio o la separación, lo que escojas. También es decisión tuya decidir el lugar para vivir. Por supuesto que te dejaré esta casa...
— Eso no es muy amable de tu parte, mas yo también puedo ser generosa – le aseguró Bulma con voz temblorosa — . ¡Te haré el equipaje!
— Ya le pedí a Lucrecia que se encargue de eso – murmuró él — . Esto es lo que deseas, ¿ no es así?
— Por supuesto que es lo que deseo. ¿Pensabas que iba a suplicarte que te quedaras? – preguntó Bulma con voz aguda. Un músculo del extremo de la boca de Vegeta brincó, como si sus palabras lo golpearon. Atormentada y ciega por la ira y la desesperación, Bulma vio como abandonaba la habitación. Escuchó sus pasos cuando subió la escalera y cuando poco después bajó, ella todavía no se movía. Por la ventana escuchó el ruido producido por la puerta de un coche al cerrarse. Inesperadamente, Vegeta volvió a entrar en la habitación, sin su arrogancia habitual, la miró con frialdad, y preguntó:
— ¿Olvidaste algo? Bulma se preguntó cómo podía él hacerle eso de nuevo, mas no dijo nada. Cuando Vegera se volvió para partir, ella se llevó una mano temblorosa a la boca e inclinó la cabeza. ¿Por qué, sin importar lo que ella hiciera, él se alejaba? Bulma esperaba que sintiera el mismo alivio que ella sintió después de escuchar la confesión de Tights, pero olvidó que Vegeta no la amaba y que reaccionó de acuerdo a sus principios. El la forzó a ese matrimonio y para disculparse, se alejaba de nuevo de su vida. Bulma agradeció el haberlo dejado marcharse creyendo que eso era lo que ella deseaba, pues el amarlo la humilló de nuevo. Un silencio sepulcral se extendió en Casa de Fiore. Lucrecia la miraba con compasión. Una semana más tarde, Bulma ya no tenía más lágrimas. Su tristeza hizo que Trunks se sintiera inseguro y ella tuvo que controlarse por el bien del niño. Después de la tensión producida por tener que sonreír todo el día, una noche, Bulma terminó por telefonear a Yamcha. Fue una llamada larga y cuarenta y ocho horas más tarde, Yamcha llegó a su puerta. Trunks lo saludó con júbilo y ante la mirada atónita de Lucrecia, Bulma lo abrazó—
— ¡Eres un gran apoyo! – le aseguró Bulma y él sonrió.
— Esa es una de las pocas cosas para las que soy bueno – respondió Yamcha.
— ¿Por qué no le dijiste lo que sientes? – le preguntó más tarde Yamcha cuando Trunks ya estaba en la cama.
— No tenía objeto hacerlo – respondió Bulma.
— No conozco aVegeta...
— ¿Acaso no eres de las personas con suerte? – murmuró Bulma, limpiándose la nariz — . La primera vez, él fue sumamente celoso; sin embargo, esta vez fue más...al final, fue demasiado agradable, era como vivir con un santo durante las últimas semanas. Esa no es mi idea de Vegeta.
— Mi opinión es que él pensó que hacía lo adecuado al irse, como uno de los personajes de esas obras melodramáticas que tanto disfrutan en Grecia.
— Si él no quisiera dejarme no lo hubiera hecho. Pero hablemos de algo más agradable. El se fue y es todo...no quiero volver a verlo. ¿me escuchas? – Bulma tomó otro pañuelo desechable y se secó los ojos. Yamcha estuvo allí tres días y mencionó que vendería el negocio, puesto que Sangya lo convenció de que para él sería mejor atender una tienda sencilla, en una ciudad en donde hubiera más demanda de sus servicios y le dijo que ella buscaría un trabajo más cercano. Bulma tuvo la sensación que los de ella iban en aumento. Volvió a contratar a los trabajadores en la casa y se dijo que su vida no se destruiría de nuevo. Con anterioridad logró vivir sin Vegeta y lo lograría de nuevo. Se mantuvo ocupada y todas las noches se acostaba agotada. Tres semanas después de que Vegeta se fue, Athene llegó sin previo aviso. Sorprendió a Bulma con una pañoleta alrededor de la cabeza, con pantalón y una camiseta de Vegeta.
— Tal vez debí avisarte que vendría – dijo Athene. Bulma la llevó a un pequeño recibidor, pues estaban redecorando la sala — . Si no es una pregunta impertinente, ¿quién era el hombre que te visitó? – sorprendida, Bulma la miró — . Tu ama de llaves es parienta de una de mis sirvientas y esas noticias viajan con rapidez. Bulma se ruborizó y se dijo que Athene podía compararse con el iceberg que hundió al Titanic. Le dio una explicación a Athene, insistiendo en la existencia de Sangya en la vida de Yamcha. La mirada fría de Athene fue un poco más cálida.
— ¡Ah! Eso tiene más sentido. No pareces muy feliz con la ausencia de mi hijo.
— Eso es asunto de opiniones – respondió Bulma con orgullo.
— Todavía no estoy senil –aseguró Athene y casi sonrió — . La ropa que usas sólo puede ser una explicación de pena – hizo una pausa — . No me resultó sencillo venir. Tú y yo sólo tenemos algo en común: A Vegeta, y vine por el bien de él.
— Vegeta me dejó... – comenzó Bulma, y Athene movió una mano.
— Creo que no es necesario que me des detalles. Desde el primer momento en que te vi, hace seis años, supe que Vegeta y tú sólo podrían tener una relación tormentosa. Dada tu personalidad, nada más era cuestión de tiempo para que comenzaran los problemas...
— ¿Mi personalidad?
— Eres demasiado defensiva. ¿Me dejarás hablar? – preguntó Athene — . Si Vegeta se hubiera casado con una joven más tranquila que se contentara con agradarlo, es probable que el matrimonio hubiera durado. Tu eras muy comunicativa y alegre y Vegeta sentía que no podía confiar en ti. La falta fue de él. Pude haber puesto un alto al hablar con él, pero escogí conservar mi dignidad, por lo que no intervine...
— Me temo que no comprendo a qué se refiere – dijo Bulma y suspiró. Athene sonrió.
— Habrás notado que Vegeta y yo no estamos muy unidos. ¿Alguna vez te preguntaste el motivo? Vegeta fue mi primogénito y mi favorito; sin embargo, creo que su lealtad siempre fue primero para su padre. No obstante, cuando era niño éramos bastante unidos, hasta que ocurrió cierto episodio – su voz se escuchaba dudosa — . Perdí el respeto de mi hijo. ¿Te habló él de ello? Bulma estaba sorprendida por las palabras de Athene y se maravillaba de que hubiera podido hacer algo que la hiciera caer ante los ojos de su hijo.
— Vegeta no me hubiera dicho algo de esa naturaleza, a menos que fuera necesario que yo lo supiera – murmuró Bulma y Athene suspiró.
— Una necesidad que él no hubiera reconocido, además, ha hecho todo lo posible por olvidar el episodio. Cuando me casé con el padre de Vegeta, Vegeta Ouji, lo admiraba mucho. Era apenas una adolescente cuando comprendí que el mayor deseo de mis padres era que me casara con el hijo de sus mejores amigos. No fue un matrimonio arreglado, aunque sí esperado.
— ¿Fue infeliz con el padre de Vegeta? – preguntó Bulma sorprendida.
— Cuando me enamoré, por primera y única vez en mi vida, fue cuando fui infeliz – respondió Athene. El rostro de Bulma se tensó al comprender que Athene admitía haber amado a otro hombre.
— ¿Por qué no yo? – continuó Athene — . Nadie nace siendo santo. Me sentía satisfecha con Vegeta, él era un buen hombre y un marido fiel y me amó hasta el día de su muerte. Nunca supo que durante unas cuantas semanas de nuestro matrimonio yo tuve una aventura con otro hombre. Le hubiera causado un gran dolor descubrir ese secreto. Él siempre me tuvo una fe ciega. Bulma comprendió que a Athene le costó un gran esfuerzo hacer esa confesión.
— Nos conocimos casi por accidente – siguió Athene — . El era un hombre de negocios, aunque no rico. Para mí fue algo como una locura, no pensé en las consecuencias cuando me involucré con él. Cada momento que podía robarle a mi familia lo pasaba al lado de Tomaso y fue inevitable que nos descubrieran. La voz de la mujer era casi un susurro. — Deseaba con desesperación estar con él en algún sitio en donde estuviéramos a solas. Teníamos una casa de campo en Cannes. Vegeta estaba en un internado en esa época y pasaría allí conmigo sus vacaciones. Hubo un epidemia en la escuela y lo dejaron salir antes de tiempo. Vegeta fue a la casa de campo para sorprenderme y me encontró en los brazos de Tomaso. Entonces tenía apenas trece años y yo quedé aterrada pensando que podría decírselo a su padre. Demasiado tarde, comprendí lo que había hecho. Me alejé de Tomaso y nunca volví a verlo, pues tenía que pensar en mis hijos y en mi esposo. Vegeta guardó silencio, comprendió que si hablaba lo único que lograría sería herir a su padre y desilusionarlo. Al escuchar la triste confesión, Bulma supo que no debería de demostrarle compasión, puesto que la señora no se la aceptaría. Athene suspiró y añadió:
— Vegeta no me traicionó, pero ese día perdí al hijo que amaba y respetaba a su madre. Nunca volvió a mencionar el incidente. ¿De qué otra manera podría comportarse? El amor que sentía por su padre lo obligaba a guardar silencio. Ese día Vegeta maduró, pues aprendió que las apariencias engañan. Ahora comprenderás por qué para él resulta muy difícil confiar en una mujer. Bulma comprendió que Vegeta se divorció de ella y no se acercó debido a que temía terminar en la posición débil en que estuvo su padre durante su matrimonio. La alejó de su vida para evitar ese peligro.
— ¿Por qué me habla de esto? – preguntó Bulma.
— Por Vegeta... es el pago de una deuda – dijo Athene con énfasis — . Ahora tal vez te acerques a él para decirle que en tu vida no hay otro hombre.
— No es tan sencillo como eso... Vegeta no me ama – dijo Bulma.
— ¿Eso importa si él te necesita? – preguntó Athene, como si fuera una leona que defiende a su cachorro — . ¡Si hubiera una cura para que él te olvidara, yo se la hubiera dado! Eres la única debilidad de Vegeta. No sé cómo pudo estar alejado de ti durante cuatro años... y tú dices: "El no me ama" – la imitó — . ¿Crees que me resultó fácil venir aquí a pedirte ayuda? Él está en la isla y cuando lo vi la semana pasada, estaba ebrio. ¡Mientras tú pintas tus paredes, mi hijo se rompe en pedazos! Cuando Athene se encaminó a su coche, Bulma imaginó a Vegeta de pie junto a la puerta, aquel mismo día...El no habló, sólo la miraba por última vez. Recordó que él le dijo: "Nunca estás conmigo cuando te necesito". Bulma sintió un nudo en la garganta. Se dijo que si Vegeta tenía problemas, ella iría a su lado y una vez más apartaría su orgullo. Esa noche cuando bajó del helicóptero y el piloto colocó el cuerpo dormido de Trunks en sus brazos, Bulma pensó que se apresuró demasiado para ir al lado de Vegeta. No lo llamó, no quería que Vegeta tuviera tiempo para prepararse para su llegada. Maron salió a recibirla, vestía camisón y la seguía Ten. Bulma colocó a Trunks en los brazos de Ten y suspiró. Creía que Vegeta aparecería sorprendido por su arribo inesperado, mas no fue así. Maron intentó persuadirla par que se fuera a la cama. Un rayo de luz salía por debajo de la puerta del estudio y al verlo, Bulma la abrió. Las cortinas estaban cerradas y el aire invadido por el olor a whisky. Vegeta estaba en un sillón y Bulma no necesitó preguntarse por qué él no salió a recibirla. No se había afeitado en días y tenía una palidez enfermiza. Estaba más delgado y la veía sin enfocar la vista, como un borracho que acepta la presencia de elefantes color de rosa.
— ¡Oh... Vegeta! ¿Cómo pudiste hacerte esto? – murmuró Bulma con pesar. Corrió las cortinas y abrió las ventanas. Pisó algo y se inclinó para recoger una fotografía arrugada, en la cual ella salía de la tienda charlando animada con Yamcha. Vegeta murmuró algo incoherente, cerró los ojos y volvió a abrirlos.
— ¿Bulma? ¡No vuelvas a irte! Bulma se colocó frente a él con los brazos cruzados.
— ¿Me amas? – exigió, con voz temblorosa, segura de que él le revelaría la verdad, debido a la condición en que se encontraba.
— Desaparecerás si digo que sí – murmuró Vegeta con voz acusadora.
— No desapareceré, estás equivocado – protestó Bulma. Vegeta se pasó los dedos temblorosos por el cabello.
— Sí – respondió él.
— Entonces, dilo – pidió Bulma.
— Te amo – logró decir Vegeta — ...te amo demasiado para aferrarme a ti.
— ¡No...no! – exclamó Bulma — . Eso es típico en ti, Vegeta. Ni siquiera puedes pronunciar esas dos palabras de la manera como yo quiero escucharlas. He esperado seis años...y durante esos seis años, sólo una vez las pronunciaste, pero en tiempo pasado...y ahora las dices condicionadas. Si tuviera un poco de orgullo, no estaría aquí dispuesta a decirte te amo...— Bulma se apartó, impresionada por haber perdido el control.
— La alucinaciones no gritan... – dijo Vegeta, se puso de pie.
— No fue mi intención gritar – respondió ella con voz temblorosa. Vegeta extendió la mano para tocarle el cabello.
— ¿Hablaste en serio? – preguntó Vegeta.
— Sí – respondió Bulma y notó que los ojos de Vegeta brillaban.
— ¡Y tenía que estar ebrio! – exclamó él. Caminó hacia la puerta — . Necesito darme una ducha...y un café. No te vayas. Cuando él salió de la habitación, Bulma se secó los ojos. En el rostro de Vegeta vio reflejado lo que no podía decirse con palabras...la misma pena, el mismo temor y la misma soledad que ella sintiera. Quería sentarse y llorar. Si Vegeta se alejó de ella, no fue porque quisiera dejarla. Casi una hora después, él reapareció. Ya estaba sobrio, una poción milagrosa, o la fuerte impresión, lograron que sucediera. Era el Vegeta de siempre, aunque no parecía tan confiado como antes. Salió del baño y se sorprendió al verla sentada sobre la cama.
— Pensé que habías desaparecido – comentó Bulma ruborizada.
— Y yo creí que estabas con Yamcha – dijo él. Vegeta escuchó de labios de Bulma y lo que ella le dijera esa misma tarde a Athene— . ¿Él quiere a otra? ¿Cómo es posible?
— Se conocen desde que eran adolescentes y algunas veces no se ven durante meses – explicó Bulma — . Es un milagro... – dudó — , no me sentiría atraída a él de otra forma. Puede llegar a ser muy molesto.
— Muy molesto... – repitió Vegeta — , y lo único que yo vi durante meses, fue la manera como te miraba – sonrió.
— Vi esa fotografía – dijo Bulma — . Me espiaste, ¿por qué?
— ¿Acaso siempre hay una buena explicación para lo que hacemos? – preguntó Vegeta — . Me decía que tenía derecho a saber lo que hacías, puesto que tenías a mi hijo, pero cuando empezaste a salir con Yamcha, no lo soporté y me preguntaba qué podría suceder detrás de las puertas cerradas. Temía que te casaras con él. Cuando volví a verte, todo lo que me negué durante años, renació. Durante unos días fui como un hombre poseído. No me importaba lo que tuviera que hacer para recuperarte y ni siquiera me pregunté por qué lo hacía. Una tierna sonrisa apareció en los labios de Bulma.
— Estás perdonado – le aseguró Bulma — . Si no hubieras ejercido presión, no estaríamos juntos ahora.
— ¿Cómo puedes decir eso? Me comporté como un salvaje y tú lo dijiste.
— Te amo, Vegeta – al escucharla, él se acercó.
— Comprendí que todavía te amaba la primera vez que volvimos a hacer el amor, pero creí que tu querías a Yamcha. Pensé que al menos me tolerabas y después del incidente en la playa, estuviste tan fría en mis brazos, que imaginé que también había matado eso.
— Estaba enfadada y asustada por tus celos – explicó Bulma.
— Lo sé – la miró con culpabilidad — . Sin embargo, todavía no podía dejarte partir. No podía enfrentarme al hecho de perderte y al final, sentí alivio cuando supe que esperabas otro hijo, pues era otra manera de no dejarte ir. No importaba que ya no pudiera hacerte el amor, no me importaba que te interesara otro hombre, pues todavía te tenía y eso era suficiente. Cuando Tights y Raditz me contaron la verdad, todo se rompió en pedazos...antes, pensaba que tenía derechos y buscaba como justificarme, pero cuando ya no fue así, lo único que podía hacer era dejarte ir. Bulma empezó a perder la paciencia y se preguntó si él pensaba quedarse de pie toda la noche, tratando de convencerla de que ella no lo merecía. Se acercó a él, y colocó las manos sobre las mejillas de Vegeta, mientras lo miraba a los ojos.
— No quería que me dejaras partir...te amo – murmuró Bulma — . Mas no iba a suplicarte que te quedaras
— Pero... – musitó Vegeta.
— No hay peros – le aseguró, y colocó un dedo sobre sus labios. Se estremeció junto a ella. Bulma correspondió a su afecto. Vegeta hundió la cara en su cabello y murmuró:
— ¿Sabes lo que fue el tener que dejarte? Espero que sepas lo que haces, pues no podría volver a alejarme – la mantuvo prisionera en sus brazos durante mucho tiempo y cuando se movió fue para colocarla sobre la cama con un suspiro — . Te confesaré algo... nunca hubo otra mujer.
— No creo que... – empezó Bulma. El la miró divertido.
— Tengo...una complicación – dijo Vegeta. Sus dedos jugaron con los botones de la blusa mientras los desabrochaba — . Siempre que me acercaba a una mujer, pensaba en ti y el deseo... se apagaba. ¿No notaste los desesperado que estuve aquella noche en Londres? Cuatro años es mucho tiempo para sentir que uno es la mitad de un hombre por no querer admitir que todavía se ama a la esposa – al escucharlo, ella sonrió — . No fue muy gracioso.
— Te lo mereces – murmuró Bulma, acariciándole los muslos. Al darse cuenta de lo que hacía, se ruborizó y él la miró con adoración.
— Sí, lo merecía – la abrazó — . No lamenté el tenerte de nuevo a mi lado, siempre nos hemos pertenecido uno al otro. Debo de recordarlo siempre – le besó la boca con frenesí y pasión.
— ¿Qué te hizo venir a mí? – preguntó Vegeta, cuando ella todavía se sentía lánguida, después de haber hecho el amor. Bulma ocultó el rostro contra el hombro de él y lo abrazó con fuerza.
— Athene me visitó – al escucharla, Vegeta se tensó y levantó la cabeza — . Sí. Ella me lo dijo, a pesar de lo que le dolió. Te ama mucho, Vegeta. El dejó escapar el aire con fuerza.
— Ella no amó a mi padre, ¿admitió eso? Él la adoraba. Después de aquel día, no soporté ver cómo él le dedicaba toda su atención. Temí que a mí me sucediera lo mismo con una mujer... sí, eso me influenció cuando nos casamos por primera vez. Nuca pude aceptar que me amabas de la misma forma como yo te amaba.
— Sin embargo es así como te amo ... y el amarme no es una debilidad, Vegeta. Vegeta le tomó la barbilla y sonrió.
— Sin embargo, soy débil cuando te amo. Mi vida es un infierno sin ti, ¿cómo podría ser de otra manera? Tantos años perdidos porque fui demasiado orgulloso para acercarme a ti...¡Qué tonto fui! Nada compensa lo que sufrimos separados... tanta infelicidad...tantos errores – al escucharlo, Bulma sintió un nudo en la garganta. Antes de abrazarla, la miró con ojos vulnerables — . Esta vez te amaré, sin importar lo que nos depare el futuro. Es probable que nunca tenga palabras para expresarte lo mucho que significas para mí – Vegeta suspiró.
— No lo sé. El supermarido no actuaba mal – bromeó Bulma — . Fui muy lenta para comprender.
— ¿Super...marido?
— Toda esa afabilidad...— murmuró Bulma y él sonrió.
— No fue sencillo. Esperaba alejarte de Yamcha, mas la paciencia no es mi punto fuerte. No sé cómo pude mantener las manos alejadas de ti...fue una tortura – confesó él, con voz ronca — . No volverá a suceder. Bulma se recostó de manera invitadora.
— Secundo la moción – musitó ella.
—¿Por qué siempre tienes que decir la última palabra? – preguntó Vegeta y Bulma sonrió antes de entregarse a Vegeta.
FIN
