Capítulo 10
Novios
-¡¿Qué le has hecho?!- Gruñó el profesor, acercándose con cierta amenaza en su rostro. Era uno de los maestros que odiaba a Carrie por considerarla arrogante.
Ella no podía moverse, dirigía la mirada entre el pálido rostro de Danny y la figura evanescente de Richard. Algo le había hecho él a Danny.
"¿Qué le hiciste? Por favor, dime que no está muerto." Pensaba desesperada.
Pero no recibió respuesta. Eso la asustó aún más.
-¡Respóndeme Francess!- El grito del profesor la hizo volver a la realidad.
-Yo no fui, sólo se desmayó.- Contesto Carrie al borde de las lágrimas.
Sus compañeros la observaron impresionados, no era el momento para levantar una pared y esquivar las miradas de los demás, Danny necesitaba ayuda y era inevitable no esconder sus emociones.
-Una semana suspendida, Francess. Ahora, ustedes dos.- Señaló a unos chicos robustos que estaban sentados. -Lleven a Fenton a la enfermería.-
Los chicos levantaron a Danny, uno lo afirmó de los brazos y el otro de las piernas. Salieron de la sala, seguidos por el profesor.
En cuanto la única persona con autoridad se retiró, Carrie se sintió como si estuviera en medio de una manada de lobos.
-¿Qué te hizo él? Era amable contigo.- Le dijo un chico.
-Ni siquiera debió haberte hablado, estás loca.- Contratacó otro de sus compañeros.
-¡Una psicópata!-
Toda la fuerza, todo el odio desapareció. Carrie estaba indefensa, no era capaz de responderle los insultos, no podía cubrirse los oídos y dejar de escuchar.
Ellos tenían razón.
Richard sabía que se había excedido, los pensamientos de Carrie eran alarmantes. Era como nadar contra la corriente, contra un mar de ideas. Chocaba con una, luego con otra y no alcanzaba a leer ninguna. No supo qué iba a hacer su amiga cuando se levantó, agarró su mochila y se fue corriendo del salón.
Carrie corrió sin saber a dónde ir, sólo quería alejarse de las cortantes palabras de sus compañeros.
Cortantes.
Eso era lo que necesitaba. Eso calmaría la culpa.
No lo había hecho desde que comenzó a hablar con Danny, pero ahora era un caso especial.
Apagaría la agonía.
Se encerró en los baños y echó el cerrojo a uno de los cubículos, no llevaba ninguna navaja, aunque una tijera serviría.
Después de encontrarla en medio del desorden de su mochila, respiró hondo y oprimió el filo de esta contra su piel. No sucedió nada, sintió un leve ardor y apareció una línea roja por donde pasó la tijera, pero no sangró.
Debía aplicar más fuerza.
Un hilillo de sangre descendió por su brazo a la segunda vez, podía sentir como todas las preocupaciones se iban con ella.
Corrió más sangre al cuarto corte, después del sexto vio que las baldosas del baño estaban manchadas de sangre. Pasarían desapercibidas en un baño de chicas.
-Detente.- Escuchó de pronto.
Richard estaba sentado a su lado, en el suelo. Ya no se veía peligroso, incluso esa mirada tierna y preocupada había vuelto a sus ojos.
Eso le recordó a Danny.
-¿Es por él?- Inquirió Richard, leyendo los pensamientos de Carrie.
Ella negó con la cabeza y sonrió, alzando la cabeza al techo para no ver como la sangre chocaba contra el suelo.
-Al principio... por ti.- Dijo ella luego de unos segundos. -Ahora... creo que es por mí. Soy una mala persona.-
-No, no lo eres.- Richard se acomodó y la abrazó. Ese frío que caracterizaba su tacto envolvió a Carrie, doliéndole más que antes. Ella tembló y Richard tuvo que soltarla si no quería matarla.
-¿Por qué cada vez que te toco comienzo a sentir frío?-
-Porque estás tocando a la muerte.- Le respondió él, con la voz apagada.
Richard la ayudó a secar la sangre y a vendar los cortes.
Carrie lo miró y comenzó a llorar.
¿En qué estaba pensando? Richard estaba muerto, nunca sería igual que antes.
Ella tenía 16, pronto 17 y su amigo seguía con la apariencia que tenía a los 15, era triste saber que cuando ella fuera anciana, el fantasma de él estaría ahí merodeando.
Richard le secó las lágrimas y la volvió a abrazar. Esta vez duraron más.
-Sé lo que piensas, pero no te preocupes. Ahora, debes aparentar que todo está bien.- Carrie se limpió el rostro y se maquilló con delineador negro mientras Richard limpiaba la sangre del piso.
-¿Qué le hiciste a Danny?- Insistió ella otra vez.
-Lo toqué, es demasiado débil. Tú resistes, él en cambio cayó de inmediato.-
-Pero estará bien, ¿cierto?-
Richard hizo una mueca y asintió.
-Lo estará, lamentablemente.-
Eso la tranquilizó un poco. Al menos Danny no había sufrido daños, aunque todos pensaran que ella le había hecho algo.
-Iré a verlo.- Dijo ella de repente.
Richard suspiró y no reclamó, no era el momento más adecuado para criticar, su amiga estaba preocupada y sus comentarios sólo lograrían que ella se sintiera peor.
Cuando estaba por entrar a la enfermería, sonó el timbre. Carrie se apresuró entrar antes de ver a sus compañeros de clase.
Había tres camillas, dos vacías y la que estaba al lado de la ventana ocupada por Danny. Se veía sereno, con los ojos cerrados y la respiración acompasada.
Carrie acercó una silla que encontró al lado de un estante de medicamentos y se sentó a su lado.
-Danny, despierta...- Susurraba en su oído.
Richard se cruzó de brazos y se apoyó contra la pared, la escena le habría causado nauseas, si es que las hubiese podido sentir. -Despierta... idiota, no hagas que me preocupe por ti.- Siguió susurrándole.
La puerta se abrió y la enfermera del colegio entró. Se quedó mirando a Carrie y la forma en que estaba inclinada al lado de Danny. -¿Eres su novia? Se pondrá bien, sólo le bajo la presión y se desmayó, despertara dentro de poco.-
Carrie no le dijo nada, tal vez si le decía que no era su novia la correría de allí. Y tal como lo dijo la mujer, Danny comenzó a abrir los ojos de a poco.
La luz lo cegó por unos segundos, pero en cuanto recuperó la vista, se encontró con la sonrisa de ella.
¿Acaso estaba soñando?
-¿Carrie?- Ella volvió a sonreír y Danny hizo lo mismo en un acto reflejo. -¿Qué sucedió?
-Te desmayaste.- Richard abrió la boca para agregar algo más a lo que dijo Carrie, pero la cerró y prefirió omitir los comentarios acerca de la debilidad del pelinegro.
-Y ahora tendrás que andar despacio si no quieres hacerlo de nuevo.- Dijo la enfermera, cuya presencia había sido ignorada.
Ambos chicos rieron, pero Carrie hizo una mueca cuando chocó su brazo contra el borde de la camilla.
La enfermera la miró con suspicacia, con eso bastaba para saber que algo andaba mal con esa chica, tantos años trabajando allí hacían a sus ojos unos expertos para detectar chicos con problemas.
-Déjame ver tu brazo, cariño.- Le dijo la enfermera, pero Carrie se apartó y escondió su brazo tras su espalda.
-No pasa nada, me golpeé, eso es todo.- Pero Danny también se dio cuenta y la agarró del brazo. Carrie gritó y eso hizo que Richard se enojara.
¿Acaso tenía que hacer que le diera un infarto para que dejara tranquila a Carrie?
Caminó furioso hasta el lado de Danny, esta vez lo mataría, esta vez lo haría de verdad.
-¡NO, RICHARD!-
Silencio.
El grito de Carrie había hecho que Danny la soltara y que la enfermera diera un paso atrás.
Richard se detuvo a un centímetro de Danny y Carrie tenía los ojos abiertos por la impresión.
Era un desastre, simplemente un total y fracasado desastre.
Pero la enfermera se recuperó y cuando Carrie estuvo distraída la agarró del brazo y le levantó la manga.
-Ya veo a que Richard te refieres.- Dijo la mujer, examinando la profundidad de los cortes. -Eras la amiga del chico que se suicidó.- Abrió las puertas del estante y de allí sacó unas vendas y desinfectante.
Obligó a Carrie a sentarse otra vez y empezó con la tarea de limpiar las heridas. –Pero, cortarte no lo traerá de vuelta.-
-¿Qué sabe ella?- Bufó Richard.
Estaba más calmado, tendría que aprender a controlarse, sin embargo, la rabia era más fuerte que él.
Danny estaba vivo y podía conversar con Carrie de lo más normal, podía tocarla sin dañarla. Él, en cambio, no era nada.
Tenía que hacer algo al respecto, pero no dejaría que Danny le robara a su mejor amiga.
-No lo hagas más... - Murmuró Danny, incorporándose en la camilla. Se afirmó con los codos para sentarse, pero la cabeza comenzó a darle vueltas y tuvo que tirarse de nuevo contra la almohada.
Carrie ya estaba harta de aparentar ser ruda cuando en realidad se quejaba como una niñita llorona.
Danny la estaba ablandando.
-Escucha a tu novio, tienes muchas cosas por las que vivir...- Decía la enfermera, pero Carrie la interrumpió.
-No estoy intentando suicidarme.- Le dijo.
La enfermera hizo como que no había escuchado nada y siguió vendando su brazo. Cuando ella los dejó solos, Danny levantó una ceja y la miró divertido.
Desde hace dos semanas se había dado cuenta que caería enamorado de Carrie, desde hace dos semanas no encontraba la ocasión para hablarle, mas ahora estaban solos.
O al menos esos creía él.
-¿Novios?- Inquirió.
-No me dejaría entrar si le decía lo contrario.- Danny le creyó, aunque prefería pensar en otra versión de los hechos.
Richard leyó el pensamiento del pelinegro y no evitó en soltar una carcajada.
-Carrie, le gustas.- Logró decir entre la risa que le provocaba esa idea.
"¿Acaso tiene eso algo de malo?" Pensó ella.
-Es que...- Suprimió otra risa. -No con él.-
A Carrie le gustaba ver sonreír a su amigo, aunque no a costa de Danny.
-Bueno, ¿y qué si a mí también me gusta?- Le dijo ella.
Richard se calló y tanto él como Carrie miraron a Danny.
"Dime que lo pensé."
El silencio inundo la habitación. Carrie miraba hacia Richard con una mirada de preocupación.
"Por favor, dime que lo pensé."
-¿Quién te gusta?- Preguntó Danny, sin entender de que estaba hablando.
"Lo dije"
-Cálmate, sólo dile que te gusta el chocolate.- Comentó Richard, pero ella no lo escuchó.
Carrie dudó unos segundos, hasta que al fin se decidió.
-Tú.-
Me hacéis un día muy feliz con sus comentarios... Por cierto no se olviden de comentar, no es lindo tener lectores fantasmas como Richard:(
Abrazos desde España...
