AL FIN JUNTOS


En una sala de alumbramiento la joven madre hacía el esfuerzo sobrehumano que la naturaleza demandaba para que un nuevo ser abriera sus ojos a la luz del maravilloso mundo por primera vez.

–¡Muy bien señora! Lo está haciendo muy bien, un poco más, sólo un poco más y conoceremos a este hermoso bebé…

–Estoy un poco cansada… siento que me faltan las fuerzas

–Respire profundo e impulse cuando sienta la siguiente contracción… vamos 1,2,3… Eso es… un poco más… Listo, es hermoso…Un gran llanto inundó la habitación, ese recién nacido tenía los pulmones más fuertes que Candy hubiera escuchado, sonrió al saber que el bebé estaba bien. Seguro era tan sano y fuerte como su papá. Kyle debía ser fuerte como Terry.

–Señora Grandchester aquí está su hermoso bebé… es un niño muy grande y sano. Mírelo por un momento que es necesario que lo aseemos y luego se lo traeremos para que le dé de comer.

–Hijito mío, Kyle, mi amor, soy mamá, eres hermoso, te pareces a papá. Tienes el mismo color de pelo y ya conoceré tus ojitos. –lo llenó de tiernos besos y se lo entregó a la enfermera para que lo bañara, midiera y le hiciera el tamiz de rigor. Su corazón se contrajo cuando escuchó por segunda vez el llanto de su pequeño Kyle, esta vez no era por el deseo de aire como la primera vez sino por el dolor que sintió cuando su pequeño taloncito fue invadido por una fina y delgada aguja para extraer un poco de sangre.

En la sala de espera, Elroy esperaba pacientemente informes de la recién convertida en madre, le había avisado a su nieto que Kyle había decidido nacer y Albert regresó lo más rápido que pudo a San Antonio. Pero Albert no se presentó directamente en el hospital en donde se encontraba Candy, él la amaba lo suficiente para hacer un enorme sacrificio que significaba su agonía.

Aparcó en la zona para visitas en el gran estacionamiento de "G-K Empire, empresa petroquímica".

–Con el Señor Terrence Grandchester, por favor.

–¿Tiene cita?

–No, pero lo que tengo que decirle es muy importante y seguro me recibirá.

–¿Quién le busca?

–El Ingeniero Albert Andrews.

–Espere un momento Señor Andrews, le avisaré en el momento en que le recibirá el Licenciado Grandchester.

Albert conocía a Terrence por las innumerables fotos que adornaban la habitación de Kyle y lo reconoció en cuanto pasó junto a él. Iba discutiendo con una señorita bien parecida a quién no le importó montarle una escena delante de todas las personas que esperaban en aquella elegante sala.

–Terry, por favor, si a ti te gustaba actuar, me he enterado que lo hacías en Inglaterra a la par de tus estudios, por favor, ¿Qué impide que ahora lo quieras hacer?

–No tengo tiempo Susana, entiéndelo de una vez.

–Terry, no me puedes hacer esto. –Él exasperado detuvo sus pasos y giró hacia ella que iba casi tres pasos atrás de él.

–¡Basta Susana! ¿Qué diablos crees que te estoy haciendo?

–Esto, precisamente esto. Humillarme delante de todos –Bajó la cabeza y miró a los visitantes que disimulaban su mirada posándola en cualquier punto de la sala. Algunos se centraron en las revistas o folletos con información de la empresa.

–Susana, yo no te estoy humillando. ¡Por Dios Santo, déjame en paz!. Ya te dije que yo no estoy disponible para ti. Estoy comprometido y amo a mi prometida.

–Me quedé en San Antonio después de la Navidad pensando que me podrías amar como lo hago yo.

–Por favor, Susana, lo digo en serio. Amo a Candy y la voy a encontrar y me casaré con ella tal y como se lo prometí, y por favor, deja de montarme este tipo de escenas. – Terry apenado se dirigió a los visitantes y les pidió una disculpa por lo que acababan de presenciar. Afirmó que G-K era una empresa seria y les rogaba una vez más que olvidaran el enterarse de ese episodio de su vida privada.

–Sandra –Se dirigió a la asistente de la recepción –¿A quién debo recibir primero?

–Licenciado, los visitantes tienen cita con sus hermanos pero hay un Arquitecto que se ha presentado sin cita y dice que lo que tiene que mencionarle es información muy importante.

–Gracias Sandra, en cinco minutos le recibiré en mi oficina. Necesito un respiro y tiempo para serenarme. Te ruego que le pidas un taxi a Susana y que lo liquide la empresa y tráeme una aspirina que no aguanto el dolor de cabeza.

–En seguida Licenciado. –Sin más Terrence se dirigió a su apartado y reclinó su frente en sus manos que estaban apoyadas sobre su fino escritorio de cristal. Se masajeaba frenéticamente las sienes intentando disipar todo dolor y tensión que aquella muchacha obsesiva le había generado.

Sandra se presentó con un sobrecito y un vaso de agua. –Licenciado si gusta le puedo solicitar a la visita que regrese otro día, usted no está bien.

–No, al contrario, dile que pase. Estoy bien, gracias por preocuparte. –Sandra le sonrió. –¡Ah, Sandra! Antes de que te retires quiero decirte que a mi padre no le importará si le dices que sí a Josh–Terry sonrió pícaramente haciendo sonrojar a esa joven asistente que trabajaba por la mañana y estudiaba en la modalidad online la universidad, Sandra era de escasos recursos pero Josh, el hijo segundo de Richard se había enamorado de ella y valoraba su esmero por sobresalir, Sandra no se atrevía a salir con el hijo del dueño de la empresa en la que trabajaba, aunque ella sufría también en silencio, su razón era porque temía perder su empleo y pensaba que sólo era un capricho del hermano de su jefe. La verdad este pensamiento no tenía sustento porque los chicos Grandchester no eran conocidos como mujeriegos sino como varones de estabilidad emocional e integridad. La escena anteriormente presenciada era una muestra de las muchas veces que Terrence había rechazado a Susana por la chica que esperaba encontrar.

–Señor Grandchester –Terry miró a Albert que se mantenía de pie ante su escritorio, las píldoras no habían hecho para nada efecto en el cuerpo de Terry y se sentía enfadado.

–Tome asiento, por favor. Dígame en qué puedo servirle.

–Usted no me conoce, pero yo sí le conozco a usted y la escena que acabo de presenciar hace un momento en el lobby me da la fuerza para decirle lo que por algún momento dudé.

–Le ruego nuevamente disculpas y le pido que por favor no lo mencione. Estoy avergonzado por ello y no quiero que mi vida privada sea de incumbencia para nadie… dígame entonces, ¿Qué es lo que tiene qué decirme que lo anterior le ha animado?

–Conozco a Candy y ella ha sufrido todos estos meses por usted.

Al escuchar el nombre de su amada se puso de pie tan bruscamente que sus piernas rosaron su escritorio y su silla ejecutiva se estrelló contra la pared que tenía a sus espaldas. Apoyó las manos hechas puño sobre la enorme mesa de cristal –¿Sabe en dónde está? Lléveme con ella, ¿Cómo está?

–Así como usted, yo amo a Candy y me duele hablar de esto con usted porque significa que yo la perderé para siempre… pero lo hago por ella. Candy nunca me ha dado una esperanza, siempre fue muy clara desde el principio. Su corazón le pertenece. Terrence, Candy está en este momento en una sala de maternidad. No sé si hago bien en decirle, pero sé que ella lo agradecerá.

Terry estaba desesperado mientras escuchaba los sentimientos de Albert, quería la dirección para ir por la mujer de su vida. Pero todo perdió sentido cuando Albert mencionó la clínica de maternidad –Lléveme con ella o dígame en donde encontrarla. Necesito verla. ¿Por qué está en una maternidad?

–Candy ha traído al mundo al hijo de ambos. Con gusto le acompaño. –Terry se apresuró a la puerta y esperó a que Albert le alcanzara, sentía que los segundos eran horas… tenía urgencia de ver a su amada Candy.

Cada uno se fue en su carro. Terry conducía muy cerca del camaro de Albert, su mente no podía comprender cómo habían pasado las cosas, esperaba encontrar a su novia y ahora ella era mamá y él era padre… estaba lleno de emoción y culpa… tantos meses… ella sola… se había perdido la bendición de ver crecer el vientre de su mujer mientras albergaba a su hijo. Tanto tiempo de espera llegaba a su fin. Estaría con su esposa, lo haría realidad, ya nada los separaría.

Mientras él iba sumido en sus pensamientos, en un lujoso auto negro un triste hombre rubio sabía que había hecho lo que debió hacer desde el principio. Él no podía cuidar una familia que no le pertenecía, encantado de la vida lo hubiera hecho pero Kyle tenía el derecho de vivir a lado de su papá y de su mamá como una verdadera familia y él tenía la obligación de hacer lo imposible para hacerlo realidad. Candy había intentado tantas veces ponerse en contacto con Terry que él había perdido la cuenta. Conocía las intenciones de Neil y la situación de Candy y la empresa de su padre. Candy tenía también el derecho de ser feliz al lado del hombre que amaba. Había dudado en decirle a Terry cuando presenció la penosa escena con Susana, pero las palabras de Terry cuando dijo que él era un hombre comprometido y amaba a Candy fue lo suficiente para saber que no se había equivocado.

Llegaron al hospital e ingresaron. Se dirigieron a paso acelerado hacia la sala de espera en donde estaba Elroy.

–¡Qué bueno que llegaste hijo!

–¿Cómo está todo? –Preguntó Albert

–Yo creo que bien, aun no me dan las nuevas, espero que no demoren.

–Abue, él es el esposo de Candy, es Terrence, el papá de Kyle –La voz de Albert era triste pero segura.

–Es un gusto Señor.

–El gusto es mío. Les agradezco con todo el corazón que hayan cuidado de Candy y de mi hijo en todo este tiempo.

–Es un encanto de niña.

En ese momento la puerta que separaba la sala de alumbramiento de la sala de espera se abrió y salió una joven doctora.

–Familiares de la señora Grandchester –Terry se alegró que Candy usara su apellido, se le hinchó el pecho de amor y ternura. Ella lo amaba, él la amaba. Todo comenzaba a estar bien. Conocería a su hijo y juntos lo verían crecer.

–Soy su esposo.

–Felicidades, ha tenido un hermoso varoncito que ha pesado 7.71 libras y mide 20 pulgadas. Acompáñeme por favor.

Caminaron por un pasillo, Candy estaba en una habitación con su hijito en brazos, era la primera vez que ella le daba de comer, la habían asistido para evitar que el bebé sufriera algún atragantamiento con la leche. El pecho de recién convertido padre latía fuertemente agolpando su sonido en los oídos de Terry y su pulsación en cada una de las terminales nerviosas.

Cuando la doctora le indicó cuál era la habitación de su amada se sintió un imbécil porque no llevaba nada para darle a la mujer que le acababa de dar un hijo. Pero tenía algo que ofrecerle: su corazón lleno de amor por ellos.

Abrió despacio la puerta y grabó para siempre la imagen que vio, Su hermosa mujer con la espalda recargada en la cabecera y en su regazo un pequeñito con la cabecita castaña descubierta con su boquita alimentándose de su preciosa madre. –¡Mi vida! Corrió hacia ella –Candy al escuchar su voz cerró por un momento sus ojos incrédula de saber si en verdad escuchaba la voz de su amado Terry.

–Terry… Terry –Dijo levantando la mirada hacia él quien ya se encontraba cerca de ella. Sus lágrimas de felicidad surcaban sus mejillas y él la envolvió en un tierno beso. –Él es kyle –separó a su bebito de su regazo y se lo ofreció a Terry–nuestro hijo. Intenté establecer contacto contigo pero nunca tuve éxito, quise decirte pero no supe cómo… Neil no ha dejado de buscarme y he tenido tanto miedo… conocí a dos buenas personas que me han apoyado en este tiempo… –Candy daba tantas explicaciones que Terry solamente sonrió mientras tenía a su hijo en sus brazos. Se acercó y ella se movió en la cama para hacerle un espacio para que él se sentara. Con un brazo Terry sostenía a su hijo y con el otro envolvía a su amada esposa.

–Te busqué por todos lados princesa, llegué de Malibú y me enteré de lo que pasó con tu padre, no regresé a Inglaterra, no ha pasado un día que no te buscara. –Recargaba su frente en la sien de Candy que escuchaba muy atenta. –No me hubiera perdido ningún instante a tu lado de saber a lo que te enfrentarías al separarnos y menos al saber que estábamos esperando un hijo. Perdí el móvil en Malibú y no sabía cómo localizarte, no volviste a comunicarte con Annie o Alice. Te busqué y me enfrenté a Neil…. Pero todo eso ha pasado hermosa, no te dejaré nunca más. –Colocó a su retoño en los brazos de su madre y los envolvió en un abrazo con la firme seguridad que eso representaba la protección que él le ofrecía a su familia, besó tan apasionadamente a la mujer que era su felicidad. –Tenemos muchas cosas de qué hablar hermosa, ya tendremos tiempo, afuera hay dos personas que están esperando conocer a Kyle Grandchester y ver cómo estás.

–¿Los has conocido?

–Sí, fue Albert quien me dijo dónde encontrarte y me guió hasta aquí.

El corazón de Candy latía de agradecimiento ante el noble gesto de Albert, ella sabía que él se había enamorado desde el principio de ella, pero trató de ser muy cuidadosa para que Albert nunca mal interpretara alguna muestra de afecto hacia él –¿Te importaría dejarlos pasar?

–Claro que no, estoy muy agradecido con ellos, aunque te he de confesar que al principio sentí celos de Albert. Él estuvo todos estos meses muy cerca de ti, pero ya ha pasado. Usaste mi apellido como toda una señora Grandchester y eso eliminó toda duda, me mostraste una vez más que me amas… Voy por ellos. Luego platicaremos tú y yo.

–Hay mucho qué contarnos amor. Estoy muy feliz que estés conmigo. Terry te amo.

Con una gran sonrisa de satisfacción el joven padre salió por las dos visitas que esperaban en la sala de espera. Elroy valoraba en su corazón el acto hermoso de su nieto al buscar a Terry, reconocía que debió haberlo hecho desde hacía mucho tiempo y conocía los sentimientos que se habían gestado en el ser de Albert. Éste por su parte no se lamentaba haber buscado a Terry, no había conocido tal amor en una mujer, el amor que todo lo espera, que todo lo sufre, que todo lo soporta, el amor que no amenaza, que no disfruta de lo malo, que no es vanidoso… esa clase de amor que Candy profesaba por Terry cada vez que hablaba de él. Y esto Albert lo conocía muy bien, él había sido el paño de lágrimas de Candy, quien a pesar de estar sufriendo injusticias, persecución de un obsesivo, de enfrentarse a las habladurías en la Universidad por su embarazo y amistad con él nunca permitió que la amargura echara raíces en su corazón, ella se aferraba al amor de Terry y al amor de su hijo. Candy le había enseñado a amar de una manera muy diferente. Candy mencionaba que amar no es esperar a que te den sino en lo que tú estés dispuesto a ofrecer.

–Candy y Kyle les esperan–La voz de Terry estaba cargada de orgullo, emoción y gratitud.

Ingresaron respetuosamente por la presencia del padre, a ella la conocían y los tres se tenían una gran confianza, pero Terry era un desconocido para Elroyy Albert, pero esa situación no menguaba su emoción por conocer a Kyle y agradecer al cielo que todo haya salido bien y sin complicaciones.

–Es un hermoso bebé, –Elroy tomaba en sus brazos al pequeñito Kyle –Estás hermoso Kyle, ya queríamos conocerte y tenerte en nuestros brazos y llenarte de besitos y cariñitos… Mira Allbert, tu SOBRINO es hermoso –Elroy tenía la sabiduría que la vida te añade, no quería herir a su nieto sabía que él estaba sufriendo pero tampoco quería que se alejara por completo de aquella familia. También sabía que algún día su nieto tendría su propia familia y ella sería feliz porque él lograra encontrar a alguien así como Terry tenía a Candy.

–¡Eh! Campeón –Albert tomó en sus brazos a Kyle –Estás enorme y te pareces a tu padre, sólo sacaste los cabellos alborotados de tu madre –Todos rieron. Kyle había abierto sus ojitos tratando de acostumbrarse a la luz y hacía gestos graciosos, pero qué se le puede pedir a un recién nacido… tenía los ojos azules como su padre y era castaño, de Candy solamente tenía el leve rasgo de los cabellitos en rizos pero todo él era una copia fiel de su atractivo padre.

Terry sabiendo que Candy había encontrado en ellos un consuelo, seguridad… una familia, se prometió a sí mismo no arrancarla de ahí. Por alguna razón ella no había recurrido a sus amigas y había encontrado en dos perfectos extraños la comodidad de sentirse en familia. A Candy nunca se le quitaría la costumbre de confiar en los extraños, eso estaba claro, pero él se encargaría de cuidarla, ahora que la había encontrado no se lo prohibiría sino que la cuidaría. Se alejó unos cuantos pasos de la feliz escena y sacó su móvil, tenía que avisarles a sus padres…

Terry, me da gusto hijo. Al fin. Tráela a la casa…

–Sí papá. Estoy que no quepo en mi felicidad y hay algo más.

–¿Qué hay de más, hijo? –Richard estaba a la defensiva en cuanto a Neil y temía que algo le hubiera acontecido a la mujer que su hijo amaba.

–Recién me he convertido en padre, papá estoy inmensamente feliz, he tenido a mi hijo en mis brazos, es la experiencia más hermosa, es un pedacito de mí y de ella, papá la amo con todo mi corazón. Mi hijo es igualito a mí…

Terrence, no quiero ofender hijo pero

–Papá, estoy en el hospital con ella, recién ha nacido Kyle, tiene casi tres horas de nacido, no hay lugar para las dudas, como experto en números es el tiempo exacto desde que estuvimos en verano juntos.

Richard recordaba una extraña llamada en la que él le había ofrecido dinero a una joven que le había dicho que esperaba un hijo de Terrence. Se sentía vil y arrepentido, ese bebito que estaba hinchando a su hijo de orgullo también le convertía en abuelo. Kyle es su primer nieto, el nieto primogénito es varón, el legado de los Grandchester tenía un nuevo heredero. Aunque si el primer hijo de cualquiera de sus hijos hubiera sido mujercita él estaría igual de feliz y contento. Había un error que corregir y una disculpa qué dar, por su mente pasaban pensamientos imaginándose que si Candy hubiera aceptado su ofrecimiento, su nieto jamás existiría.

–Terry, necesito hablar con tu esposa, ponla por favor a la bocina.

–sí, dame un momento.

Terry no quería interrumpir el emotivo tiempo en el que Albert, Elroy y Candy disfrutaban a Kyle. Escuchaba los consejos que la anciana le daba a Candy para cuidar los primeros días a su hermoso hijo. –Amor, es papá que quiere hablar contigo –Candy entre cerró los ojos, no sabía lo que Richard pudiera decirle después de tanto tiempo.

–Sí –Contestó Candy

Hija, lo siento tanto, en aquella llamada que realizaste no sabía que era verdad. Te ruego que me disculpes, hija estoy muy arrepentido, ya tendré oportunidad de hacértelo saber personalmente. Estoy muy feliz porque al fin estás con mi hijo, quiero decirte que te aprecio…

–Me imagino, como usted lo mencionó aquella vez, que no era la primera vez que recibía una llamada similar. No se preocupe, tener a Kyle entre mis brazos y a mi amado a un lado me hace la mujer más feliz. Mi corazón está lleno de felicidad y no hay lugar para el rencor. ¿Quiere conocer a Kyle?

–Eso me haría el abuelo más feliz. Le avisaré a mi esposa e iremos en un momento más a la clínica.

Sin decir más, la cita quedó concertada. Todo estaba tomando el curso que debió tener desde el principio. Ser la familia feliz. Candy no podía dejar de pensar en su padre y en las palabras que le dijo minutos antes de marcharse para siempre: Unos llegan y otros se van, es la ley de la vida. Sería una buena mamá para Kyle, él crecería en un hogar en donde no faltara ninguno de sus progenitores. La vida le devolvía la seguridad, los días de tormentas habían quedado atrás.

Albert y Elroy se despidieron dejando a los jóvenes padres solos con su tierno niño.

–Candy – Terry tomó en sus brazos a su hijo nuevamente –Gracias mi amor, gracias por esta bendición, gracias por ser fuerte, gracias por darme esta dicha hermosa de hacerme padre. Míralo es tan hermoso –Mientras más hablaba Terry con su hijo en sus brazos Kyle se movía y quedaba quietecito, hacía ambas cosas en los brazos de su padre. Terry se sentía un poco contrariado pensaba que era porque Kyle era muy pequeñito y se sentía incómodo. Candy observaba risueña la escena y sabía la razón.

–Dile que lo amas y que siempre estarás con él.

Terry levantó a su bebé e inclinó a su rostro y le habló cerquita del oído a Kyle –Hijo, Kyle, te amo y siempre estaré contigo –Por respuesta Kyle abrió sus ojitos y los cerró inmediatamente y se acurrucó quietecito en los brazos de su padre. Terry miró sonriente e intrigado a su esposa.

–¿Recuerdas el pequeño video que tomé en Malibú y que me decías esas mismas palabras?

–Sí

–Todas las noches después de hablarle por horas de ti, ponía el video muy cerca de mi vientre y le decías esas palabras a tu hijo. Luego él se dormía.

–Amor… gracias por esto. Por no sacarme de tu vida.

Después de un momento una joven enfermera llegó por Kyle para llevarlo a los cuneros y darle de comer a la mamá del recién nacido.

Fue un tiempo para Candy y Terry.

–Te fui a buscar hasta tu casa en navidad y no tuve éxito, llamé, grité y casi me entregan a las autoridades por escandalosa –Candy recordaba con gracia ese día.

–Corrí a responder tu llamada pero cuando llegué ya no estabas a la línea. –Terry se escuchaba frustrado.

–Lo importante es que estamos juntos.

–Sí, princesa. Por fin.

–Es importante que sepas que en la universidad los estudiantes confundieron mi amistad con Albert y muchos me llamaban "Andrews" por él, pero jamás ha pasado nada entre él y yo. Siempre fui muy clara con él. En mi corazón sólo estabas tú y Kyle.

–¿Estás en la Metropolitana? –Terry no olvidaba que fue la única universidad en donde le dijeron que la chica de la foto se parecía a alguien... A la chica de la biblioteca que salía con el profesor de Arquitectura. –¿Eras la chica becaria de la biblioteca?

–Sí ¿cómo lo sabes?

–Recorrimos cada universidad buscándote, y en la Metropolitana nos dijeron que la chica de la biblioteca se parecía a la chica de la foto que llevábamos…

–Me conocían por el apellido de mamá. Entonces Neil no fue el único que me buscaba.

–Está bien princesa. Maldigo a Neil por todo lo que te ha hecho, pagará por ellos. En relación con Albert me queda claro que entre él y tú nunca hubo nada, él fue muy sincero conmigo hoy al ir a buscarme. Le agradezco que te haya cuidado y nos haya juntado de nuevo. Cielo, hay alguien que está obsesionada conmigo desde navidad…

–¿La chica de cabello cobrizo? La vi cuando cerrabas la puerta del carro en navidad.

–Cielo, no sabía que estabas tan cerca. Lamento herirte sin saber. Sí es ella, se llama Susana y no pierde la oportunidad de decirme que me ama. Yo nunca le he dado motivos para que piense que puede haber una oportunidad entre ella y yo, pero quiero que lo sepas porque es muy cercana a la familia. Estará en casa al menos hasta la siguiente navidad, mamá está orientándola en actuación. Ella es actriz de teatro.

–Podemos vivir en el apartamento que renté, es muy pequeño pero es acogedor.

–Tendremos que buscar el propio. Pero por lo pronto sí, al menos estos primeros días. Le pediré a Sandra que se encargue de ello. No quiero que Susana esté cerca de nosotros.

–Gracias amor, pero quiero que sepas que Albert es el dueño del condominio en donde vivo.

–Será solamente unos días, yo me ausentaré de la oficina y estaré contigo todo el día, todos los días –Esto último hizo sonreír a Candy, sentía que Terry estaba exagerando pero ella también deseaba estar con él y con Kyle.

–Te amo Terry con todo mi corazón. ¿Sabes? Kyle y yo debemos pasar la noche aquí y mañana a primera hora seremos dados de alta.

–Me quedaré contigo como aquella vez en California. –Terry sonrió – Aquella vez firmé como tu esposo y me quedé a velar tu recuperación, y ahora es igual, espero que esto no se vuelva una costumbre –Los dos rieron sonoramente –Te miré la primera vez en el aeropuerto y deseaba encontrarte y pasé la primera noche como tu esposo… en un hospital. Después te dejé de ver en un aeropuerto y te encuentro en un hospital y me quedaré contigo… Candy te amo… eres la mujer que Dios hizo para mí. Y nunca te dejaré, cualquier cosa que tengamos que enfrentar lo haremos juntos y juntos le daremos a Kyle un hogar.

Terry veló nuevamente el sueño de su hermosa esposa, Candy estaba agotada por el alumbramiento, después de platicar, besarse, platicar, besarse… besarse y abrazarse…. Candy cedió su ser al descanso. Su esposo estaría con ella, más tarde le llevarían de nuevo a Kyle para ser alimentado. Terry estaba agradecido con el cielo por la bendición de tener a su mujer y a su hijo con bien y los había unido otra vez. Ninguno de los dos se imaginaba que les deparaba el futuro, pero Terry lo había mencionado sabiamente, lo que viniera lo enfrentarían juntos…


LINDA NOCHE AMIGAS.

ABBY =)