Hola! Me he retrasado, lo se, y me disculpo por eso. Pero ahora no tendré exámenes hasta... bueno, hasta que me los pongan jajajajaja así que aun me queda tiempo para poder publicar seguido. Se que había prometido que publicaría el viernes, pero la semana pasada a penas dormí por estudiar y me fui tan pronto a la cama que no tuve tiempo para nada. Luego el fin de semana quedé y... se me pasó... Por suerte, la semana no pasó tan mal como podría haber pasado y aún sigo en el lado luminoso :)
Como siempre, quiero dar las gracias a todas las personas que leeis la historia y sobre todo, a vosotas, a las geniales chicas que comentáis :) Este capítulo va dedicadas a vosotras: Claaw, Sara, Mara Jade, Kheyra Amidala Skywalker y a hjghermionegranger aunque sobre todo, se lo dedico a Kheyra Amidala Skywalker por todo lo que hace por mi :) Miiiiil gracias por las reviews :)
Bueno, en ese capítulo creo que descubrireis muchas cosas...
Un beso a todas, espero que os guste el capítulo!
Disclaimer: Esta historia no es mía, es una traducción de Foundations of Hope. (fanfiction.net/s/4131632/1/Foundations_of_Hope) de la escritora Lilac Moon: (fanfiction.net/u/107437/Lilac_Moon) /Todo Star Wars pertenece a George Lucas.
Capítulo 10: Hoth.
- Ohhhwww… Me duele la cabeza – se quejó Owen mientras se sentaba en la mesa de la cocina, a la mañana siguiente. Beru le tendió una taza de café.
- Bebe esto y te dejará de doler – le dijo. Él la miró con los ojos inyectados en sangre. – Deja de mirarme como si yo te hubiese hecho esto.
- Pero lo hiciste… tú y ese pequeño hijo de puta – escupió Owen.
- Siento lo de tu padre, Owen, pero Anakin y yo no tenemos nada que ver con su muerte. Ni tampoco te dijimos que bebieses tanto como para casi provocarte una muerte prematura – le espetó.
- Los problemas siguen a ese maldito chico a donde quiera que valla. ¡Papá murió por su culpa! – gritó Owen.
- No, fue una terrible tragedia y no deberías culpar a Anakin de ello. – dijo Beru.
- Y una mierda. A ti y a esa basura de esclavo os importa una mierda que esté muerto – escupió Owen.
- Tienes razón, no nos importa. Tu padre abusó de mi hermano sin razón, solo porque le odiaba. Nunca os perdonaré haberle hecho daño – dijo Beru. Owen se burló.
- No es tu hermano. Ni siquiera estás relacionada con él.
- Es mi hermano, de sangre o no – le dijo Beru.
- Así que… me dejaste por ese canalla, ¿eh? – le espetó Owen.
- Ben no tiene nada que ver con esto. Te dejé porque no quiero pasar el resto de mi vida como tu esclava – dijo ella mientras Anakin y Padmé entraban en la cocina, prácticamente el uno sobre el otro, riendo alegremente. Beru sonrió. Estaba muy contenta por su hermano aunque sentía dolor en su corazón y anhelo por encontrar un amor como el que Anakin sentía por Padmé. Hacían una hermosa pareja; perfecta, como si hubiese salido de un cueto de hadas. La hermosa princesa y su caballero elegante. Sabía que lo suyo era mucho más profundo que eso, pero le gustaba el ejemplo. Le daba esperanza.
- ¿Vas a parar con eso? – rió Padmé mientras le golpeaba la mano para que dejase de hacerle cosquillas.
- Lo siento, no me puedo resistir – le susurró, mientras se colocaba tras ella y sus labios dejaban besos en la parte de atrás de su cuello, volviéndola completamente loca. Ella se giró entre sus brazos y apretó sus labios con los del chico con pasión. Ninguno parecía ser consciente de que no estaban solos.
- Creo que voy a vomitar – escupió Owen. Beru se aclaró la garganta juguetona.
- Buenos días a los dos. Parece que habéis dormido bien – dijo la chica sonriéndoles.
- Bueno, es difícil no hacerlo cuando tienes a un ángel entre tus brazos – dijo Anakin mirando con cariño a Padmé. Ella se ruborizó.
- Anakin… - dijo ella, de repente muy tímida.
- Es cierto – respondió él con sinceridad. Ella le sonrió, mientras cogía algo de fruta de la nevera y empezaba a cortarla.
- Bueno, si me quedo aquí, creo que perderé mi desayuno… - dijo Owen de mal humor mientras se marchaba. Beru sonrió a la joven pareja y se fue a limpiar, dejándolos a solas.
Anakin se le acercó a Padmé por detrás y suavemente apartó sus hermosos rizos, para empezar a besar su cuello. Padmé sintió una especie de zumbido en su garganta mientras disfrutaba de todas las sensaciones que ese nuevo amor le otorgaba. Dejó el cuchillo sobre la encimera y se giró entre sus brazos. Rodeó el cuello del chico con sus brazos mientras los labios de él se posaban sobre los suyos. Sus labios se encontraron una y otra vez a un ritmo apasionado. Padmé jadeó emocionada cuando sus fuertes brazos la levantaron y la sentaron en la encimera. Ella le sonrió antes de que sus labios se encontrasen de nuevo, esta vez febrilmente mientras cada uno luchaba por tener el control del beso. Poco después, Ben entró en la cocina acompañado de Chewie y los miró molesto.
- Oh, por el amor de… ¿os importaría no hacer eso en mi cocina? – les dijo. Padmé rió mientras Anakin rompía el beso y la ayudaba a bajar.
- Lo siento, Ben, creo que nos dejamos llevar – se disculpó Anakin.
- ¿En serio lo crees? – preguntó con sarcasmo. Las mejillas de Padmé se tiñeron de rojo.
- ¿Te apetece desayunar, guapo? – preguntó a Anakin.
- Suena maravilloso, precioso ángel – respondió él sentándose en la mesa, mientras que Padmé empezaba a preparar el desayuno para todos.
Ben se acercó a la sala de pilotaje y presionó unos cuantos interruptores, preparándose para salir del hiperespacio. Odiaba quedarse a solas con sus pensamientos, pero solía pasarle con demasiada frecuencia. Cuando calmó sus pensamientos, los recuerdos empezaron a surgir…
- Lo siento, Obi-Wan, pero entrenado… no serás – dijo Yoda.
- Pero… creía que el Maestro Jinn iba a tomarme como su padawan – respondió el joven Obi-Wan Kenobi.
- Entrenarte, el Maestro Jinn, no lo hará. Roto el código ha. Mucho que explicar, debe – le respondió Yoda.
- Que… ¿Qué va a pasar conmigo? – preguntó Obi-Wan.
- A los Agri-Corps irás – respondió Yoda. El joven chico salió de la sala del Consejo, dolido por las palabras de rechazo. Le iban a mandar al último vuelo hacia Bandomeer para quedarse en un lugar donde iba a ser olvidado por todos… Mientras Obi-Wan caminaba en silencio hacia el ascensor, escuchó unas voces que veían de detrás de uno de los pilares. Silenciosamente, se escondió en la esquina más cercana, y se puso a escuchar la conversación cuando se dio cuenta de que uno de los que hablaban era el Maestro Jinn. Obi-Wan lo vio con la Maestra Tahl, la cual movía suavemente al bebé que tenía entre sus brazos. Había oído los rumores. El Maestro Jinn y la Maestra Tahl habían roto el código estableciendo una relación amorosa que los dos se habían negado a terminar. El bebé que ella tenía en sus brazos era la única razón por la que aún no habían sido expulsados de la Orden. El Consejo quería al chico. Llamaban al chico, El Elegido, porque su número de midiclorianos era increíblemente alto. Pero Obi-Wan no entendía por qué se armaba tanto alboroto por eso. Era solo un bebé. ¿Qué podía tener de especial?
- ¿Que te dijo el Consejo cuando fuiste a hablar con ellos? – preguntó Tahl mientras mecía al bebé.
- La basura de siempre. Hablarme sobre los peligros del apego y como piensan que Anakin no es mi hijo – gruñó Qui-Gon.
- Es tu hijo, mi amor. No me importa lo que ellos piensen – insistió Tahl.
- Ellos creen que Plagueis manipuló los midiclorianos para crear a Anakin, cuando tú te negaste a estar con él. ¡Debería ir a la zona de celdas ahora mismo y matarle por haber tratado de ponerte las manos encima! – dijo Qui-Gon.
- No lo harás. No vale la pena. Te amo, y eso es lo que importa – respondió ella.
- Ellos quieren que hables con él. Piensan que podrá darte una pista sobre la identidad de su aprendiz… que quizá bajase la guardia si eras tú. Yo me negué. – dijo Qui-Gon.
- Puede que sea la única manera de saber la verdad. Hay un Lord Sith por ahí destrozándolo todo desde las sombras y tenemos que detenerlo – dijo Tahl.
- No te pondré en ese tipo de peligro – insistió Qui-Gon.
- Por favor, cálmate, mi amor – lo tranquilizó Tahl. Él la miró a los ojos con todo el amor que sentía por ella. Suspiró y la besó en los labios, mientras que Anakin parloteaba entre ellos. Tahl miró hacia su hijo con adoración – Mira… Ani sabe que eres su padre, y eso es lo que importa. –dijo Tahl. Qui-Gon sonrió a su hijo.
- Volvamos a nuestra habitación y disfrutemos de una tarde tranquila. Olvidemos todo esto y lo demás – sugirió.
- Suena maravilloso, pero ¿ahora no tienes un nuevo padawan? – preguntó ella.
- No, les dije que no me podía ocupar del chico… no con todo lo que está pasando. Toda mi atención está en ti y en nuestro bebé. Si quieren echarme por eso, me parece bien. Pero Anakin se viene con nosotros… pase lo que pase – dijo Qui-Gon. Tahl sonrió.
- Te amo – dijo ella.
- Yo también te amo – respondió él.
Obi-Wan sintió como se le retorcía el estómago. Qui-Gon no lo quería. Lo único que le importaban eran ella y ese mocoso…
- Ben… ¿Estás bien? – preguntó Beru. Él apartó sus dolorosos recuerdos cuando escuchó el sonido de su voz.
- Estoy bien. Abróchate el cinturón – le dijo.
- No pareces estar bien – insistió ella.
- Lo estoy. Ahora, por favor, ponte el cinturón porque estamos saliendo del hiperespacio – dijo él. Beru sonrió y se fue rápidamente. Ben suspiró con frustración, mientras atendía a los controles de la nave.
- Maldita sea… este lugar es una enorme bola de hielo – dijo Ben, mientras pilotaba el Halcón sobre el plañera, el cual estaba cubierto de nieve y hielo. Chewie gruñó dándole la razón, igual de contento con el planeta que su amigo – Más vale que Organa nos pague bien – dijo Ben, mientras aterrizaba la nave en la plataforma de aterrizaje de la nueva base de Hoth. Cuando terminó de aterrizar, bajó la rampa. Anakin ayudó a Padmé a bajar por la rampa. Bail y Breha esperaron ansiosos y abrazaron fuertemente a Padmé.
- Estábamos muy preocupados. – dijo Breha.
- ¿Fue todo bien? – preguntó Bail.
- Tuvimos que parar en Tatooine para cambiar el alternador. Pero el resto del viaje fue bien – dijo Anakin.
- Eh, necesito una nave para volver a casa – le ordenó Owen a Anakin.
- Majestad, este es mi hermanastro, Owen. Debido a un pequeño problema que tuvimos en Tatooine, nos vimos obligados a traerlo con nosotros – explicó Anakin.
- Lo siento, Owen, pero el Comandante Antilles dice que las patrullas imperiales en el borde exterior se han triplicado desde la destrucción de la Estrella de la Muerte. Ahora mismo no es seguro viajar a ninguna parte. – dijo Bail
- ¿Quiere decir que me tengo que quedar aquí? – exclamó Owen.
- No te preocupes. Tendrás una habitación a tu disposición y analizaremos tus habilidades para ver donde puedes echarnos una mano – dijo Bail. Owen sonrió.
- Está bien. Trabajaré aquí hasta que pueda conseguir un transporte para marcharme. ¿En qué trabaja el perdedor de mi hermano? Estoy seguro de que sería bueno supervisándolo – dijo Owen con aire de suficiencia.
- Hum… bueno, Anakin es nuestro mejor piloto y el Teniente Comandante, justo después del Comandante Antilles, y se ocupa de todo lo relacionado con el pilotaje. Y con respecto a sus otras obligaciones, es un Caballero Jedi y le entrena el Maestro Dooku. Creo que tendremos que buscarte otra área de trabajo en la que podamos utilizar tus habilidades – dijo Bail. Owen parecía muy avergonzado, pero poco después se puso serio, son su mueca de suficiencia habitual.
- ¿Teniente Comandante? ¿Esa basura de esclavo? Tiene que estar de broma – escupió Owen.
- Discúlpeme, pero no estoy muy seguro de quien te crees que eres, pero yo he nombrado a Anakin como mi segundo al mando, convirtiéndolo en alguien superior a usted. Él es el responsable de que la toda la Alianza siga con vida y si usted se va a quedar aquí, entonces tendrá que trabajar para quedarse. ¿Es usted piloto? – preguntó Antilles con dureza.
- N… no – balbuceó Owen.
- En ese caso, estoy seguro de que encontraremos un lugar para usted en uno de los equipos de mantenimiento. Tendrá que llamar Oficial o al menos Señor a sus superiores en ese rango. Espero que los respete a ellos y al Comandante Skywalker. Le enseñarán su habitación por la noche y deberá estar despierto mañana para empezar con sus ocupaciones a las 0600. Hasta entonces. – dijo Jagged con severidad antes de retirarse para atender otros asuntos. Anakin y Padmé no pudieron evitar burlarse, ganándose una mala mirada de Owen. Ben le dio unas palmaditas en el hombro.
- No te preocupes. Estoy seguro de que serás un buen fontanero, o mejor aún, un limpiador de naves. Asegúrate de poner dos capas de cera en el Halcón y no solo una. Lo diré por ahí si no lo haces – dijo Ben. Los ojos de Owen ardieron a fuego lento cuando Ben rodeó la cintura de Beru con su brazo. – Voy a ir al bar a tomar algo. ¿Te gustaría acompañarme?
- Claro – respondió ella.
Ben y Beru entraron en la sala de la comunidad que acababa de crearse. Se suponía que era un lugar para que los Oficiales y el resto de la gente fuese a refrescarse después de que su jornada de trabajo hubiese terminado. Había sido diseñada para relajarse y socializarse para así ayudar a hacer frente a las tensiones diarias y a los peligros a los que se tenían que enfrentar. Bail pensó que era importante crear la sala de inmediato, sobre todo porque salir a la calle en Hoth, no era tan agradable como lo había sido en Yavin. La espaciosa habitación tenía salones, sillas, mesas y un bar, además de una pista de baile. La sala estaba diseñada como un bonito y lujoso restaurante libre de maldad y tiranía.
- Un whiskey doble y cualquier cosa que esta bella dama quiera – le dijo Ben al camarero. Miró a Beru, esperando su respuesta.
- No me gusta demasiado beber. Creo que solo tomaré un poco de leche azul – dijo Beru. Ben rodó los ojos.
- No, cambia la leche azul por un Grandana berry twist – dijo Ben.
- ¿Qué es eso? – preguntó Beru.
- Está hecho de vodka y zumo de baya de grandana. Es muy dulce. Las bayas de grandana crecen principalmente en Bandomeer. Te gustará, y es mucho menos aburrido que la leche azul. – dijo él. Ella sonrió.
- ¿Me estás llamando aburrida, Capitán? –preguntó.
- No, para nada. Es solo que eres demasiado… conservadora. No es necesariamente algo malo, pero eso sí, siempre viene bien darle un poco de aventuras a la vida –dijo Ben mientras el camarero les entregaba sus bebidas e iban a buscar una mesa. Una vez sentados, Beru tomó un sorbo de su bebida y abrió mucho los ojos.
- Wow… es muy fuerte. Muy rica, pero fuerte – dijo ella.
- Si, asegúrate de beberlo a sorbos – dijo él tomando un largo trago de whiskey. Ella le lanzó una mirada inquisitiva. – A no ser que seas como yo y tengas una legendaria tolerancia al licor – dijo él con una sonrisa. Ella sonrió.
- Me sorprendió cuando me preguntaste si quería tomar algo contigo – mencionó Beru.
- ¿Y eso por qué? – preguntó mientras tomaba otro sorbo de su bebida.
- Es solo que antes me pareció que actuabas como si no quisieses saber nada de mí. Tenía miedo de… de haber hecho algo que te hubiese molestado – contestó ella.
- Eso no tenía nada que ver contigo, siento si la tomé contigo – dijo él.
- ¿Quieres hablar de ello? Puede que te ayude – dijo ella.
- Lo dudo. Solo estaba reviviendo malos recuerdos. Pero pertenecen al pasado – dijo él. Ella se encogió de hombros.
- Está bien– dijo ella aceptando que él no iba a decirle nada. Decidió cambiar de tema. – Por lo que parece, sabes un poco de agricultura. No me había esperado que supieses tanto de los cultivos, como las bayas que tiene esta bebida – dijo. Él sonrió.
- Muy perspicaz. Viví unos meses en Bandomeer cuando era joven. Allí fue donde conocí a Chewie – respondió.
- No sabía que habían Wookies en Bandomeer – dijo ella. Él se rió entre dientes.
- No los hay. En la transición de la República al Imperio, Bandomeer estaba siendo atacado. Habían capturado a Chewie en Kashyyyk, fue uno de los primeros en caer bajo las Fuerzas del Impero – explicó Ben.
- Estás hablando de la purga Jedi, ¿verdad? – preguntó ella. Él la miró fijamente.
- Si – respondió suavemente. – De todos modos, Chewie estaba en la prisión a la que me llevaron a mi – dijo Ben mientras recordaba ese oscuro día…
- Comandante, encontré a este mocos tratando de robar uno de nuestros cazas de batalla – dijo el Soldado Clon mientras arrastraba al joven Obi-Wan del brazo.
- Ponlo en la nave con el resto de la "basura". El emperador ha ordenado que todos los prisioneros deben ser ejecutados cuando acabemos con los Agri-Corps. Él recibirá el mismo destino que los otros – dijo el Comandante. El teniente arrastró al muchacho a una celda donde estaba un Wookie. La criatura parecía defraudada y triste llegando al frágil corazón de Obi-Wan. El Soldado no se había molestado en mirar si el chico llevaba algún arma encima, así que cuando Obi-Wan sacó un sable de luz del interior de su túnica, pilló al Soldado con la guardia baja y lo derrotó con facilidad. Obi-Wan derritió la cerradura de la celda del Wookie y liberó a los demás ocupantes. Criaturas de todo tipo llenaron los pasillos de la nave. El sonido de muchos blaster disparando sonó en la nave mientras los prisioneros intentaban salir. Obi-Wan se golpeó la cabeza en la pared por culpa de un Soldado de Asalto que avanzaba por el pasillo hacia él. El Clon apuntaba con la pistola al muchacho inconsciente, dispuesto a matarlo, cuando un furioso gruñido le llamó la atención. El Wookie agarró al Soldado por el cuello, partiéndolo como si fuera una ramita. Después recogió al niño del suelo y se lo colocó sobre el hombro, antes de escapar…
- Así que escapasteis juntos. No tenía ni idea – dijo Beru, asombrada por su historia.
- Si, le dije a Chewie que podía volver a Kashyyyk si quería, pero quiso quedarse conmigo. Hemos hecho nuestro camino juntos como socios desde entonces – dijo. Beru sonrió.
- Así que, Ben Kenobi tiene un corazón – bromeó ella. Él sonrió y la apuntó con el dedo juguetonamente.
- Esa es información confidencial. Si se lo dices a alguien, lo negaré – bromeó. Ella rió.
- Bueno, tu secreto está a salvo conmigo. Me gusta que solo yo pueda ver ese lado de ti – dijo Beru e inmediatamente se sonrojó y no continuó con su comentario. Ella se sonrojó todavía más cuando él puso su mano sobre la de ella.
- Nadie me ha afectado de la misma forma que lo haces tú… y tengo que admitir que eso asusta al Sith que hay en mi – dijo.
- No tienes que tener miedo mostrarme tus sentimientos. Yo nunca te traicionaría – dijo Beru. Él suspiró.
- Lo sé… es solo que me resulta muy difícil abrirme – dijo él. Ella le apretó la mano.
- ¿Sabes que? Vamos a dar un paseo, y si quieres hablar, podemos hacerlo. Si no quieres, pues entonces nada – respondió ella.
- Está bien, pero no prometo nada, así que no te hagas muchas ilusiones – le adviritió.
- Lo he pillado – respondió ella mientras se levantaban y se marchaban justo cuando Padmé y Anakin entraban.
- Wow… esto es genial – dijo Anakin.
- Iba a decir lo mismo – dijo ella mientras buscaban una mesa.
- ¿Quieres algo de beber? – preguntó él.
- Un fizz de shuura, por favor – dijo ella. Anakin asintió y se acercó a la barra.
- Un fizz de shuura y un zumo de jawa – dijo cuando llegó a la barra. El camarero preparó las bebidas y las deslizó hasta Anakin. Volvió a la mesa con ellas y se sentó. Se quedó mirando fijamente a la chica, cautivado por su belleza seductora. Se dio cuenta de que muchos de los otros oficiales y del personal, también la estaban mirando. Pero ella solo estaba interesada en él. Y ese pensamiento le hizo sonreír. Ella le sonrió de vuelta, intrigada por lo que pensaba.
- ¿Qué? – preguntó ella.
- No puedo dejar de pensar en lo hermosa que eres – respondió él. Ella sonrió y acercó su silla a la de él.
- Bueno, si lo soy, eso es porque estoy enamorada… muy enamorada de ti – dijo ella mientras sus rostros se ibas acercando cada vez más hasta que sus labios se unieron en un beso cargado de pasión. Cuando él rompió el beso, ella lo miró a los ojos. – Cada vez que me besas, siento como que estoy caminando sobre el aire – susurró con la voz entrecortada.
- Eso nos pasa a los dos – respondió.
- ¿Vas a volver a entrenar por la mañana? – preguntó ella.
- Si, a las cinco de la mañana – respondió con una sonrisa.
- Así que tendrás que levantarte temprano – dijo ella. Él bebió un sorbo de su bebida.
- Cuesta un poco acostumbrarse, pero siento que estoy haciendo lo que tenía que hacer – respondió.
- Eres un guerrero nato - afirmó la chica.
- Gracias. Pero tú también eres una guerrera, pero de un modo diferente. Naciste para ser líder.
- No lo creo – dijo ella.
- Yo sí. Tu convicción para hacer lo correcto y defender las cosas en las que crees, es impresionante. Eres tan bella por dentro como por fuera. Eso no es muy común – respondió mientras le besaba el dorso de la mano. Ella se ruborizó.
- Gracias, Anakin, pero no creo que todo el mundo esté de acuerdo.
- Entonces están locos.
- Puede ser, pero los caminos que tomo suelen meterme en problemas. Y la gente prefiere que me quede en silencio por eso. Pero si me quedo callada y permito que cometan esas atrocidades sin que tengan ningún obstáculo, entonces me temo que me perdería a mi misma – respondió Padmé.
- Entonces tienes suerte de tener a alguien que te proteja – respondió él con una sonrisa, que ella le devolvió.
- Sin duda tengo buena suerte. Cuando estoy contigo es cuando me siento más segura.
- Nunca dejaré que te pase nada, lo prometo – dijo él sellando la promesa con un beso…
La Maestra Jedi Shaak Ti estaba sentada en el bosque de Felucia que estaba cerca de su casa, meditando. El fuerte entorno natural de Felucia, normalmente, le permitía meditar muy tranquilamente. Pero esa mañana, ella sintió una presencia cercana. Una fuerte presencia humana. Eso la puso inmediatamente en guardia, ya que temía que la hubiesen descubierto. Saltó sobre sus pies y encendió su sable de luz dorado.
- ¡Se que estás ahí! ¡Muéstrate! – exigió. Otra hoja dorada brotó de un sable de luz mientras que una figura elegante salía de entre los árboles. Shaak Ti dejó caer su sable de luz, el cual se extinguió por el choque. – Es… es imposible – dijo Shaak mientras miraba a la mujer rubia. Tahl apagó su sable de luz y sonrió amable.
- No, amiga mía. Soy yo de verdad – respondió Tahl.
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