Questions & Confessions

Rukia no podía saber hasta qué punto sus palabras resultaban perturbadoras para Nel, la cual sólo fue capaz de abrir los ojos por la sorpresa. Era imposible. No. Probablemente se hubiese confundido con otra persona.

—Al principio no estaba segura—siguió hablando Rukia—, pero entonces me di cuenta de que el tatuaje de los ojos era el mismo. Tres lágrimas negras en cada lado. Es inconfundible.

—Es imposible que le conozcas. —Nel mantenía con empeño su hipótesis. Sería demasiado fácil, ¿no? Años y años buscándolo y, de repente, aparece una chica misteriosa que dice conocerle. Probablemente hubiese miles y miles de personas con un tatuaje similar. No tendría por qué ser el mismo. Dudó. Aun así… ¿Y si era cierto? No podía perder la oportunidad de averiguarlo—. ¿Dónde le has visto?

Rukia estaba a punto de responder a la cuestión de Nel cuando en ese preciso instante, la puerta del dormitorio se abrió dando paso a la figura apesadumbrada de Ichigo. Pudo apreciar la tensión en el rostro de la chica al verle salir, su mirada nerviosa, como si temiese que se hubiese dado cuenta de lo que estaban hablando.

Se incorporó con brusquedad del sofá y recogió los dibujos desperdigados torpemente, incluido el que Rukia sostenía en las manos. El retrato de la discordia.

—Voy a guardarlos en el cuarto de Ishida, no sea que se enfade si se le estropean—se excusó mientras desaparecía del salón poniendo pies en polvorosa.

Rukia suspiró con decepción. Era evidente que el interrogatorio se había acabado y que no obtendría más información por parte de Nel.

Por suerte para ellas, Ichigo no parecía percatarse de lo que estaba ocurriendo. No tardó en ocupar el lugar vacío de su hermana con una expresión que la morena no supo descifrar con certeza. ¿Preocupación?

—Rukia...—Abrió la boca para decir algo más, pero se detuvo cuando se dio cuenta de que no sabía cómo empezar. ¿Debía contarle la conversación que acababa de tener con su hermano?

— ¿Te ocurre algo?—inquirió ella con cautela, colocándose frente al chico. No tenía buen aspecto, y eso que hacía un momento gozaba de buen humor.

Ichigo optó por mirar al techo y frunció su ceño inconscientemente. Quizá lo mejor era tantear el terreno. Descubrir, como mínimo, si lo que había hablado minutos atrás era una locura o era cierto. Podía intentarlo.

—Rukia, ¿tú…estás bien?

Rukia dio un pequeño respingo ante la pregunta. ¿Que si estaba bien? Bueno, dados los últimos acontecimientos no es que su vida fuera un cuento de hadas, pero tampoco iba a contar sus penas.

—Sí—dijo con toda la sinceridad que pudo.

—Ya…—Ichigo parecía estar sumido en un mar de pensamientos y preguntas. Como si estuviese decidiendo internamente qué decir—. Me dijiste que tenías un hermano, ¿no?

Rukia no sabía qué tenía que ver el tocino con la velocidad, pero pensó que tal vez el salto de temática en la conversación por parte del chico se debía a que quería conocerla mejor y no sabía por dónde empezar. Su intento le resultaba tierno a la par que cómico.

Se detuvo a pensar un instante su respuesta. Hisana. No podía decirle la verdad aún, era demasiado pronto. Así que no le dio toda la información.

—Sí, un hermano mayor.

— ¿Cómo se llama?

—Kuchiki Byakuya—respondió ella no sin cierto orgullo—. Nii-sama es presidente del tribunal superior en Osaka.

Aquello no eran buenas noticias para Ichigo. Por lo pronto todos los datos cuadraban, y la idea de que un miembro respetado e importante de la justicia japonesa le estuviera gastando una broma telefónica empezó a perder puntos estrepitosamente. ¿Sería cierto que Rukia estaba en peligro? Quería obtener respuestas, pero no sabía cómo. Tal vez ni la propia Rukia fuera consciente del peligro que se cernía sobre ella, por lo que ponerle sobre aviso podría ser contraproducente. Necesitaba más información antes de seguir con el interrogatorio.

Como si las plegarias de Ichigo hubiesen sido escuchadas, el teléfono de Rukia comenzó a sonar con una estridente melodía acerca de un tal Chappy. Habría jurado que se trataba de una canción infantil.

—Es Renji. Supongo que querrá venir a por mí.

Ichigo no dijo nada, se limitó a levantarse para dejarle espacio e intimidad, a hacerse el loco y a poner la oreja lo más disimuladamente posible mientras fingía estar entretenido con la preparación del desayuno.

— ¿Renji? Me alegro de escucharte—saludó Rukia con tono animoso al descolgar. Se sentía mejor después de haber dormido un poco, más optimista—. ¿Necesitas que te dé la dirección?

El pelirrojo se apresuró a negarlo.

—No, no. No hace falta. No te llamaba por eso…—Resopló con fuerza—. Joder Rukia, lo siento. No…no puedo ir a recogerte.

— ¿Tienes trabajo? ¿Una urgencia?

—No. Es por ti—respondió quedamente.

Rukia no entendía nada. Su tono de voz era extraño, y le conocía lo suficiente como para saber que estaba preocupado. Había algo que no quería contarle y ni siquiera encontraba la manera de empezar.

—Renji, dime qué ocurre.

—No te va a gustar lo que te voy a decir. Pero tienes que prometerme que harás lo que te diga.

— ¿De qué narices estás hablando?

—Prométemelo—insistió.

La morena comenzó a sentirse inquieta. No le gustaba lo más mínimo el rumbo que estaba tomando la conversación.

—No puedo prometerte algo que no sé ni lo que es.

Renji gruñó exasperado. Sí que era terca.

— ¡Joder, Rukia!

—Está bien, está bien—aceptó crispada—. ¿Vas a decirme qué demonios te pasa?

—Mira, no quiero asustarte, pero necesito que pienses algo detenidamente. Antes de ser yo el que lo diga, quiero que seas tú quien llegues a tus propias conclusiones. ¿No te parece extraño que el apartamento se incendiase de repente? ¿Después de estar desde prácticamente desde el amanecer fuera de casa? Piénsalo bien—repitió, otorgándole un tiempo para ello—. El cuadro eléctrico del edificio está en buenas condiciones, por lo que sólo hay una posibilidad. Un aparato encendido, algo prendido…Ahora dime, ¿qué tipo de descuido tarda más de doce horas en arder?

En un principio no supo a dónde quería llegar con aquella pregunta que le había lanzado, no obstante le hizo caso y reflexionó sobre lo que había ocurrido. Había estado tan ocupada pensando en los posibles desperfectos, en lo que suponía haber perdido sus pertenencias –algunas muy preciadas-, que no se había parado a pensar en las posibles causas. De hecho, cuando se lo preguntó la policía se sentía tan consternada que apenas pudo dar una respuesta clara. En cierta manera sí que le había parecido extraño, no recordaba haberse dejado nada encendido cuando se fue. La mayoría de las ocasiones ni siquiera utilizaba los fogones, pues era un desastre como cocinera. Obviando, además, el hecho de que Renji entró al apartamento cuando fue a recogerla. Sería difícil dejarse nada encendido sin que él tampoco se diese cuenta. Rukia fue la primera en sorprenderse cuando descubrió su infortunio, pero tampoco había pensado en otra posibilidad que no fuera un despiste o fallo de los fusibles. Hasta ahora. Las palabras de Renji habían sembrado en ella la semilla de la duda, y aunque se hacía una ligera idea de lo que quería decir con su misteriosa actitud y aquellas preguntas, prefería que fuera él quien se lo confirmase.

—No me gusta ser alarmista—comenzó a decir Renji con prudencia—, en verdad ni yo mismo estoy seguro del todo…Pero Rukia, yo trabajo en esto. Sé cómo funcionan las cosas. Y conozco tu situación—remarcó esta última palabra—. En circunstancias normales no le daría importancia, pero sabiendo lo que sabemos, tenemos que tener en cuenta todas las posibilidades.

Rukia tardó en responder. Necesitaba poner sus sentimientos en orden.

Había viajado hasta Japón precisamente por la seguridad que representaba para ella. Porque allí nadie la conocía, nadie la buscaba, nadie cuestionaba ni juzgaba. Era Rukia, sin más. Las crecientes náuseas que comenzaban a brotar desde su estómago eran un aviso de que un nuevo tormento estaba por llegar.

Cansancio, hastío, desaliento.

Hacía prácticamente un año que no tenía que preocuparse por cubrir sus pasos allá donde fuera, que no se detenía cautelosa antes de doblar una esquina, que no volteaba su rostro en busca de un perseguidor.

El hecho de que la hubiesen encontrado tan sólo avivaba en ella el amargo recuerdo de años y años de obsesión, huida y aislamiento.

Otra vez no, por favor…

— ¿Nii-sama lo sabe?—consiguió preguntar. Al menos él sabría qué hacer.

Renji asintió.

—Le llamé nada más enterarme de lo ocurrido. No quería preocuparte por si eran tonterías mías, así que preferí decírselo antes a él. —Intentó que su voz aparentase normalidad, de modo que pudiese inhibir la desazón que estaba sintiendo Rukia en aquellos momentos. Por mucho que fuese tan sólo una mera posibilidad, sabía que para ella significaba una vuelta a empezar. La vuelta al infierno—. Aún no sabemos nada—volvió a recordarle—, la policía está investigando cualquier cosa que se salga de lo común. En cuanto sepamos qué ocurrió realmente, iremos a por ti.

— ¿En cuanto sepáis…? —No terminó la frase por lo absurda que le parecía—. No entiendo nada. Deberías venir ya, no sé qué estoy haciendo aún aquí. Deberíamos avisar a Urahara.

Ahora llegaba la parte difícil: convencer a Rukia de que se quedase en casa de Ichigo. No iba a resultar sencillo, sabía que obtendría una firme oposición, por lo que depositó su fe en que Byakuya hubiese cumplido su parte y lograse haber convencido al chico para el propósito de ambos.

—Hemos pensado que lo mejor es que te quedes donde estás hasta el lunes. Entonces tendremos suficiente información como para saber si hay peligro real o no. —Aprovechando que la extraña petición había dejado a Rukia boquiabierta, siguió hablando—. Ya sé que no te gusta andar escondiéndote, pero tienes que entender que es por tu bien. Sólo serán un par de días.

— ¿Me estás sugiriendo que me quede aquí el fin de semana?—inquirió aún estupefacta—. ¿Esta es vuestra solución?

Debían de haberse vuelto locos. Pero si no tenía nada que ver con aquella gente. ¿Cómo iba a quedarse dos días enteros, así, por la cara? ¿Querían que se auto invitara?

—No estoy sugiriendo nada, Rukia. Es lo que vas a hacer—su voz se volvió imperativa. Cuando se trataba de la seguridad de su amiga, ya podían decir misa—. Yo soy el primero que querría que te vinieras conmigo, pero Kuchiki tiene razón. Si son ellos los causantes podrían tener información que te relacionara conmigo. Me buscarán para poder llegar hasta ti.

—Espera, espera, ¿a por ti? Pero Renji, ¿qué estás diciendo? —El corazón de Rukia se desbocó cuando las palabras de su amigo fluyeron por su cerebro y fueron procesadas. Lo último que deseaba era involucrar en sus problemas a la gente que quería—. ¿Estás seguro de lo que dices?

—No, la verdad es que no—contestó su amigo al otro lado, notoriamente abatido—. Ahora no puedo explicarte todo como querría, he de tomar un avión en un par de horas para ir a Osaka. —Empezó a recoger su maleta y a colocarse el abrigo mientras sujetaba el teléfono con el hombro—. No te preocupes, supuestamente me han elegido como miembro de un jurado popular, por ello he de ausentarme unos días. En todo caso, si me siguen, acabarán por descubrir que no estás conmigo.

Rukia enterró el rostro entre sus manos, tan afligida que por poco se le resbala el teléfono de las mismas. Aquello era una auténtica locura.

—Renji, yo…Yo nunca he querido meterte en esto.

—Estúpida.

Arqueó las cejas en señal de sorpresa. Aquella respuesta sí que no se la esperaba.

—Eres una estúpida—repitió—. No te atrevas a pensar que es por tu culpa. Sabes que hago esto porque yo quiero. Estoy aquí porque es mi decisión. No lo dudes ni por un momento. —Adoptó un tono con aire despreocupado—. Estaré bien. Sé que eres tan tonta que estás más preocupada por mí que por ti.

— ¿De qué te quejas? Si tú eres igual.

— ¡Pues vaya dos tontos!

Ambos rieron tímidamente.

—En serio Rukia, tengo que irme. Quiero que tengas cuidado y no vuelvas a tu casa o pases cerca de mi barrio, ahora que estás en Karakura. No tiene por qué pasar nada, pero por si acaso. —Volvió a mirar su reloj, no le quedaba mucho tiempo—. Te llamaré en cuanto llegue e iremos comentando los avances de la investigación. No te preocupes, si atisbamos un leve indicio de sospecha avisaremos a Urahara e iremos a por ti.

—Bueno, ¿y yo qué hago? ¿Cómo voy a convencer a Ichigo de que me acoplo en su casa?

—No lo sé, improvisa.

Sonrió internamente, confiando en que Ichigo ya estaría al tanto y ayudaría a su amiga sin necesidad de que ella dijera nada.

—Seguro que se te ocurre algo. —Oyó que Rukia estaba intentando decir algo y quejarse, pero siguió a lo suyo—. Te dejo, que tengo prisa. Cuídate Rukia, no hagas tonterías.

— ¡Eh! ¡Pero Renji…! —Silencio—. ¡Renji!

La llamada se había cortado.

— ¡Mierda!

¡Será cabrón!

Le había dejado con el culo al aire sin ningún tipo de escrúpulo. Tanto él como su hermano. Es más, nii-sama ni se había dignado en llamar y ofrecer algún tipo de solución alternativa o alguna historia congruente que le sirviera de excusa. Tenían más cara que espalda, y estaba totalmente convencida de que tendrían su merecido.


Tatsuki arrastraba su maleta con dificultad a través de toda aquella multitud de gente que no hacía otra cosa que estorbarle.

— ¡Quítate de en medio!—le espetó a una señora que caminaba en zigzag obstruyendo el adelantamiento.

Se encontraba en el aeropuerto internacional de Narita en plena hora punta de la mañana, a medio camino entre la facturación de su equipaje y la facturación de su propio cerebro.

¿Cómo podía ser tan imbécil?

Había jodido su relación con Renji y ni siquiera ella sabía cómo. Tantos y tantos años entrenando la mente y el cuerpo para que le entrase el pánico en el peor momento posible.

—T-Tatsuki-chan, ¿estás bien?—se atrevió a preguntar una voz femenina tras ella. Se trataba de Inoue Orihime, su mejor amiga y, en ese instante, espectadora del peor de los demonios que invadía a Tatsuki.

No, no estaba bien. Para colmo la rueda de su maleta se había salido del eje y ahora iba trastabillando por los pasillos. Estúpida maleta. Estúpido aeropuerto. Estúpido Renji. ¿Por qué tuvo que besarla?

Tenía ganas de vociferarle a alguien a la cara, pero no a Orihime. Al fin y al cabo, ella era la única que la soportaba en sus peores momentos.

—Lo siento—se disculpó deteniéndose en seco—. No he dormido demasiado.

Su amiga le sonrió con dulzura.

— ¿Es por lo de Abarai-kun?

Tatsuki puso una mueca de disgusto, pero no se atrevió a negarlo. ¿Qué sentido tenía hacerlo? Su amiga poseía una intuición especial para esas cosas, lo acabaría descubriendo quisiese o no.

—No te preocupes, estoy segura de que se arreglará. Llámale cuando llegues—le aconsejó mientras apretaba su mano en actitud cariñosa.

Resopló aún con la tensión del recuerdo en todo su cuerpo. Si las cosas fueran tan fáciles…

—Gracias por haber venido—repuso con franqueza. Sacó el billete de bolsillo del abrigo y miró la hora de embarque. Aún tenía casi una hora y media por delante—. ¿Vas a quedarte o…?

Orihime no le dejó terminar.

— ¡Por supuesto! No voy a dejar que esperes aquí sola. Además, he traído unos tentempiés para comer mientras esperamos al avión.

Tatsuki temió preguntar, pero tuvo que hacerlo por su propia salud.

— ¿Los has hecho tú?

Orihime asintió con energía, hinchando su gran pecho con orgullo.

—Son bizcochos de chocolate con carne de ternera, pasta de arroz y virutas de coco. —A pesar de que la cara de la morena transmitía puro espanto, la chica no le dio importancia alguna—. Lo sé, lo sé, ¡es demasiado atrevido! Pero te van a encantar. Si quieres los hago para Nochebuena. ¡Oh! —Se llevó el dedo índice a los labios en actitud pensativa—. Es cierto, estas navidades estarás fuera… ¡No te preocupes Tatsuki-chan! Te llevas unos cuantos y si es necesario te los enviaré por correo.

—Creo que no te dejan pasar comida. Y menos a Estados Unidos.

No podía afirmarlo con certeza, pues nunca había viajado hasta allí, pero deseó con todas sus fuerzas que así fuera.

La muchacha abrió su bolso y sacó una tartera con varias raciones de aquella atrocidad culinaria.

— ¿Quieres uno?

Tatsuki se llevó la mano a la boca en acto reflejo, reteniendo todo lo posible las arcadas que luchaban por abrirse paso a lo largo de su laringe.

— ¿Te encuentras bien? No tienes buen aspecto.

Asintió con vehemencia mientras alcanzaba uno de los pedazos del bizcocho y hacía de tripas corazón. No sería la primera vez que comía una rareza preparada por Orihime. Su estómago estaba más que dispuesto a soportarlo.

Con toda la valentía que pudo reunir, se metió el pedazo en la boca de un tirón, consciente de que si osaba masticarlo tendrían que llamar a la señora de la limpieza por vomitona incontrolable.

—Mmmm, ¡qué rico! —se acarició la tripa fingiendo disfrutar de toda una delicatesen.

Como se le ocurriese enviarlo por correo pensaba redirigirlo a las fuerzas especiales como posible arma de destrucción masiva.

Orihime sonrió de nuevo complacida y guardó la fiambrera en el bolso, mientras se acomodaban en uno de los bancos de la sala de espera.

—Oye Tatsuki-chan…Sé que no debería preguntar pero…—Su semblante se tornó serio y apenado—. Necesito hacerlo. —Tomó aire antes de lanzar su pregunta—. ¿Cómo le fue a Kurosaki-kun ayer?

Evitó mirar a Tatsuki a los ojos y se concentró en enredar el pelo entre sus dedos. Aquella tarea era más sencilla que confesar abiertamente a través de la mirada que se había pasado la noche en vela pensando qué podría haber salido de la cita a ciegas.

Tatsuki por poco se atraganta.

—Bueno…no sabría decirte. —Se limpió las migas de la comisura y tragó el bizcocho infame antes de seguir hablando—. Fuimos al restaurante como habíamos acordado, pero tuvimos problemas y al final acabamos separándonos. Renji se vino a mi casa pero Ichigo…La verdad es que no he hablado con él, la última vez que le vi estaba con su cara de perro discutiendo con la chica por una tontería.

— ¿Cómo es ella?

—Orihime…—Quiso que su tono fuera reprobatorio, pero como siempre le ocurría con su amiga, acabó siendo casi maternal—. ¿De verdad quieres saberlo?

—Sé sincera. Por favor.

Tatsuki se frotó la frente con cansancio. ¿Qué podía decirle?

—Es como Ichigo.

La realidad era que no se le ocurrió una descripción mejor. Escueta pero clara.

Una punzada de dolor cruzó el rostro de Orihime.

— ¿Estás molesta conmigo? —Tatsuki se aproximó a ella con actitud reconfortante. No es que fuera demasiado efusiva en sus sentimientos, pero conocía la sensibilidad especial de Orihime y todo lo que había pasado con Ichigo—. Por buscarle una cita. Quizá no debería haberlo hecho.

Orihime negó con la cabeza una y otra vez, sus labios temblorosos.

—Es tu amigo. Hiciste lo que tenías que hacer.

—Tonta—le susurró—. A lo mejor le sirve para darse cuenta de lo que ha perdido al dejarte ir.

Orihime luchó contra viento y marea para no romper a llorar en ese mismo instante. Ese era precisamente el problema, que le había perdido.


Mientras Rukia mantenía su propia discusión surrealista, Ichigo se entretenía preparando el desayuno para todos. No pensaba complicarse demasiado, unas tostadas estarían bien. Sacó varias rebanadas de pan de molde y las introdujo en la tostadora, sirviendo seguidamente unos vasos de zumo preparado. En esas mañanas tan poco inspiradoras era cuando más extrañaba a su hermana menor, Yuzu. Sus desayunos sí que merecían la pena.

Por más que intentaba escuchar la conversación tan sólo lograba captar escuetas expresiones o palabras aisladas. Rukia no hablaba demasiado, parecía ser Renji el que mantenía el grueso del diálogo. Lamentablemente, desde aquella distancia era imposible enterarse de nada.

—No está bien espiar las conversaciones ajenas—murmuró Nel con una pícara sonrisa, sentándose en la encimera de un grácil salto.

Ichigo fingió indiferencia.

—No estaba escuchando.

—Te veo la parabólica desde aquí—le dijo señalando su oreja.

—Ni una palabra o te quedas sin desayuno.

Nel esbozó una mueca de disgusto, pero asintió obediente.

— ¿A qué hora tenemos que irnos?

—Media hora como mucho—respondió ella, relamiéndose mientras observaba el tarro de mermelada de fresa—. Puedo ir yo sola si quieres. Por si te necesita Ishida.

Ichigo negó con la cabeza.

—No te preocupes, te acerco con el coche en un momento. —Frunció el ceño pensativo—. Quizás tengas que ir a casa de papá a la vuelta.

Nel fue a preguntar por qué, pero su hermano la detuvo haciendo un gesto con la mano.

—Te lo explicaré cuando esté seguro.

Nel se encogió de hombros, más interesada en la comida, la cual empezaba a provocarle salivación compulsiva, que en los tejemanejes de Ichigo.

— ¡Mierda!

La exclamación de Rukia no pasó desapercibida para ninguno de los dos hermanos, los cuales no pudieron evitar dirigir su mirada hacia ella con curiosidad e interés.

Ichigo torció el gesto. No parecía que la llamada hubiese terminado satisfactoriamente, por lo menos para Rukia. Dejó sus quehaceres en la cocina y se acercó a ella aparentando neutralidad.

— ¿Ocurre algo?

Rukia se mordió el labio lamentando haber hablado, quizá, demasiado alto. Tenía que inventarse alguna excusa y pronto, porque Ichigo esperaría respuestas. Tendría preguntas. ¿Qué podía decirle?

Reunió todas las emociones que había experimentado en las últimas horas, aquellas sensaciones de pérdida, abandono y nostalgia que tantos quebraderos de cabeza le habían dado, y las transformó en algo mucho más poderoso a ojo del prójimo: las lágrimas.

—Es…es… ¡es terrible! —Dejó que un par de gotas comenzaran a fluir por el lagrimal, concentrándose por completo en el énfasis sentimental que necesitaría para lograr su propósito—. La madre de Renji ha sufrido un accidente muy grave y ha tenido que salir corriendo al hospital, en Osaka.

Ichigo sintió cómo se le revolvía el estómago, pero no del hambre, sino de la pura indignación. ¿Qué coño estaba diciendo? Renji era huérfano, Tatsuki le confió en una ocasión que no tenía ningún vínculo familiar con nadie. Su relación más importante y duradera había sido con Rukia, y biológicamente era imposible que fuera su progenitora.

Nel abrió los ojos con sorpresa ante aquella revelación tan espantosa.

— ¿Es muy grave?—preguntó visiblemente preocupada.

—Sí, sí, ¡podría morir en cualquier momento! —Fingió que se limpiaba las lágrimas con el mangote del pijama—. El coche estaba siniestro total, han tenido que rescatarla de entre los hierros y los escombros. —Ante la expresión de duda que percibió en ellos prosiguió con su relato, aprovechando para introducir mayor dramatismo en su voz. Simuló tener el hipo propio de los sollozos—. Se ha caído…por un terraplén, el suelo estaba congelado y…Bueno, resbaló y cayó por una zanja, dando varias vueltas de campana y…

Ichigo no daba crédito. Pero, ¿qué estaba diciendo esa loca peliculera?

—Pero eso no es todo—continuó diciendo, con los ojos cada vez más anegados en lágrimas—, como mi casa se incendió anoche no ha querido molestarme, y se ha ido solo hacia allí. Ahora, encima que no puedo acompañar a Renji en estos momentos tan duros ni a…—ningún posible nombre cruzó por su mente, así que lo omitió— la señora Abarai en su delicada situación, no tengo ningún sitio donde comer o dormir.

Se acercó a Ichigo, aún estupefacto, y le agarró sin pudor de la camiseta, tirando de él hacia ella.

— ¿Qué voy a hacer Ichigo? Yo sola, vagando por esta ciudad que no conozco…Con el frío que hace… ¡ni siquiera tengo dinero! No puedo costearme ni un hotel... ¿qué voy a hacer?

Aun a escasos centímetros el uno del otro, Ichigo consiguió sostenerle la mirada con el temple serio, reflexivo.

Son avellana.

Se sorprendió a sí misma pensando en el color de los ojos de Kurosaki. ¿Era lerda o qué demonios le pasaba?

Le soltó de la camiseta y siguió con su teatrillo particular, llevándose de forma dramática las manos a la cabeza.

— ¿Qué puedo hacer?

La intención era hacer creer que se lo preguntaba a sí misma, pero Ichigo estaba completamente seguro de que se trataba de una clara indirecta: invítame.

Aunque se sintió ofendido y molesto por la mentira tan obvia que pretendía colarle, pronto se dio cuenta de que prefería no indagar en la verdad. Estaba más que claro que Renji no le había comentado que él ya estaba al corriente de la situación, que el estirado de su hermano se había asegurado personalmente de que accediera a alojarla en su casa. El hecho de que tanto Kuchiki Byakuya como Renji ocultaran esa información y de que Rukia no optara por relatarle la realidad de su situación no hacía más que darle razones para pensar que podría tratarse de un asunto peliagudo del que nadie debía saber nada. Además, por si fuera poco, Byakuya había llegado a alarmarle con sus parcas palabras. Más motivo aún para intuir que podía haber algo grave detrás de aquella, en principio, inocente petición, por lo que concluyó que, muy probablemente, cuanto menos supiera, más feliz sería. Total, iban a ser dos días. No podía ser peligroso… ¿no?

—Puedes quedarte aquí si lo necesitas—propuso no sin cierta reticencia. Rukia sonrió aliviada sin terminar de creerse que su treta hubiera funcionado—. Pero sólo el fin de semana—puntualizó—. Dile a Renji que puede recogerte lunes por la mañana.

— ¿De verdad? ¡Qué generoso eres!—Puso su cara más inocente, aunque quien la conociera veía a la legua que era más falsa que Judas. E Ichigo estaba empezando a comprobar que cada vez la conocía más y mejor—. Gracias por tu ofrecimiento.

¿Generoso?¿Ofrecimiento?

Lo que le faltaba por oír. No se lo creía ni ella. Pero no fue eso lo que le contestó.

—No hay de qué—sacudió la cabeza aún aturdido y optó por regresar a la cocina para retomar su labor con el desayuno. Necesitaba tiempo para pensar en todo lo que había ocurrido y para reprenderse por ser tan rematadamente estúpido y meterse en berenjenales que ni le iban ni le venían.

—Puedo dejarte ropa si quieres—sugirió Nel, curiosa por el término al que estaba llegando la conversación. Una chica en casa de Ichigo. Que no sólo se queda a dormir, sino que, además, va a permanecer en la casa el fin de semana entero. Lo nunca visto, vaya. O su hermano estaba al borde de la demencia o ahí estaba ocurriendo algo raro.

Rukia no pudo resistir la tentación de observar a Nel otra vez de arriba a abajo. Definitivamente su constitución no tenía nada que ver con la de la joven, pero aceptó agradecida el gesto. Menos era nada. Su ropa o bien se había carbonizado o bien el hedor a humo y hollín la habría impregnado por siempre.

—Gracias.

Por primera vez en lo que llevaban de mañana, Ichigo sintió que estaba siendo plenamente sincera. Y, en efecto, así era. No todo el mundo habría accedido a hacerle ese favor a una completa desconocida. Más aún si horas antes no habían hecho otra cosa que discutir y llegar a las manos. Puede que fuera borde e impulsivo, pero no podía negar que, tras ese rostro arrogante, yacía un buen corazón.


Lo último que habría deseado Tatsuki antes de volar rumbo a otro continente por primera vez, camino a una nueva etapa de su vida como karateka profesional, era llevarse consigo un mal sabor de boca. Arrastrar junto con su maleta palabras como decepción, tristeza, culpabilidad o arrepentimiento.

Después del altercado que tuvo con Renji, pensó que la compañía de Orihime aliviaría su espíritu y mejoraría su ánimo, pero pasó por alto el detalle de que su amiga no había sido capaz de olvidar a Ichigo ni su problemática ruptura. Era evidente que en un momento u otro acabaría preguntando por cómo había salido la cita a ciegas, pero estaba tan ocupada pensando en sus problemas que no cayó en la cuenta. Al final tuvieron que despedirse con mayor congoja de la que ambas hubieran deseado, pero no se puede detener un torrente de emociones contenidas una vez éstas se han desbordado.

En el instante en el que Orihime se atrevió a mirarla directamente a los ojos, Tatsuki logró advertir hasta qué punto su amiga seguía enganchada a Ichigo. Desde que el chico había cortado con ella habían seguido viéndose frecuentemente como amigos, incluso se habían quedado a dormir en más de una ocasión junto con el resto del grupo en la casa de alguno de ellos. No obstante, no había falta ser muy perceptiva para darse cuenta de que, a pesar de haber terminado amistosamente, Orihime aún se sentía incómoda estando en su presencia. Preocupada por cómo pudiera sentirse, Tatsuki habló con ella en lo sucesivo, mas su amiga le reiteró una y otra vez que se encontraba perfectamente.

—Estoy bien Tatsuki-chan. Kurosaki-kun y yo somos amigos, es lo que importa—era lo que siempre decía.

Su sonrisa parecía sincera, pero Orihime era muy buena escondiendo sus sentimientos. Si le embargaba la tristeza o la rabia, jamás lo diría abiertamente. No hasta que hubiese rebasado el umbral que era capaz de soportar.

Por no hablar de que el halo de esperanza que guardaba con tanto recelo nunca se desvanecía. En el fondo siempre esperaba una llamada de Ichigo que nunca llegaba.

Aun a riesgo de resultar entrometida, Tatsuki determinó que quizá fuera positivo hablarlo con él. Temía que Orihime siguiera adelante con una relación que pudiera resultar dañina para sí misma.

Ichigo, haciendo gala y honor a su gran torpeza en esas instancias, ni siquiera lo había notado. Sin embargo aceptó poner todo de su parte para intentar solventar el problema. No quería perderla, pues la apreciaba enormemente y siempre había estado para apoyarle cuando lo había precisado, por lo que procuró con todo su esfuerzo dejar las cosas claras entre ellos pero sin dañarla en demasía.

Habían transcurrido unos meses desde lo acontecido y no parecía que las cosas entre ellos fueran a cambiar, por lo que, al comprobar que el Ichigo huraño y poco receptivo había regresado, Tatsuki se decidió por tomar las riendas y ser ella misma la que le concertara una cita. A la hora de efectuar la elección de la chica confió plenamente en Renji, pues el pelirrojo le aseguró que conocía a alguien en la misma situación que Ichigo y que era totalmente diferente al resto de las chicas con las que podía haber estado. Soltera, solitaria, a priori poco sociable, con malas pulgas y terca como una mula. Podría resultar un cóctel explosivo, ambos lo sabían, pero a Tatsuki se le habían acabado las candidatas. Si Orihime, la novia perfecta y dispuesta, había fallado, quizá hubiese que cambiar algún miembro de la ecuación.

—Señorita, ¿puede enseñarme su tarjeta de embarque?

Estaba tan ensimismada que no se había percatado de que la fila de viajeros donde se encontraba se había ido moviendo hacia el interior del avión.

Asintió torpemente y rebuscó en su bolso todo lo que necesitaba. Cuando se lo entregó a la azafata, ésta le sonrió amablemente señalándole la puerta hacia la pasarela.

—Buen viaje—le deseó.

Tatsuki apretó los labios maldiciendo interiormente. Había dejado muchos cabos sueltos tras de sí e iba a alejarse de ellos más de catorce mil kilómetros. Pasaría un tiempo hasta que pudiese tomar cartas en el asunto con Renji como ella querría y no podría estar pendiente de Orihime ahora que la vida de Ichigo podía dar un vuelco en el terreno sentimental. Conociendo a su amigo no es que tuviese demasiadas esperanzas puestas en él, pero desde que les había observado en el restaurante había tenido un extraño presentimiento que no podía quitarse de la cabeza. Sólo logró encontrar una palabra que pudiera definirlo: conexión.


El desayuno que habían preparado era de lo más sencillo, pero después de tanta tensión acumulada, a Rukia le supo a gloria. Nada más terminar de comer, Ichigo le informó de que tendría que quedarse sola toda la mañana y tal vez parte de la tarde. Al parecer Nel tenía que ir a un lugar a no más tardar y después regresaría a casa de los Kurosaki en autobús. En lo que concernía a Ichigo, trabajaba en un negocio de encargos llamado Unagiya. Debido a un contratiempo que le surgió ya se había escaqueado el fin de semana pasado y su jefa se negaba a darle tregua otro más, por lo que no tenía otra opción que acudir sin falta.

A Rukia no le importó demasiado, bastante con que habían aceptado de buen grado que se quedara dos días a vivir de gratis como para que encima tuvieran que hacerle compañía.

—Si te apetece ducharte, tienes toallas limpias en el armario blanco del baño. Utiliza lo que necesites. Ah, y si Ishida se levanta asegúrate de que vuelve a acostarse boca abajo. Por si tiene que vomitar, que no sea tan estúpido y se ahogue él solito.

Rukia asintió esforzándose por no recrear esa escena tan horrenda en su imaginación.

—Si necesitas cualquier cosa, mi número está apuntado ahí—señaló un post-it pegado en el frigorífico—. Bien, creo que eso es todo.

Sonrió un tanto incómodo, observando al tiempo a Rukia y el apartamento. Era la primera vez que salía de su casa dejando a una chica dentro. A él mismo le parecía ciencia ficción.

Tras una despedida cortés y la promesa de Nel de regresar al día siguiente para poder conocerse mejor—a Rukia le pareció que más bien para controlarla—, Ichigo y su hermana se dirigieron hacia el coche con cierta prisa.

—Joder, qué frío—masculló nada más pisar la calle.

Con las lluvias tan intensas y la entrada plena del invierno, la humedad del ambiente se impregnaba en su piel de forma instantánea. Se arrebujó en su cazadora y observó el vaho que producía su propia respiración. No fue hasta que estuvo en el interior del coche con la calefacción al máximo cuando sus músculos pudieron destensarse. Arrancó el coche sin más dilación y condujo en dirección hacia el centro de Karakura.

— ¿Por qué tengo que volver a casa?—quiso saber Nel con cierto resentimiento—. Pensaba que podía pasar el fin de semana contigo.

Ichigo no supo qué responder. Quería ser franco con ella y contarle lo que había averiguado, pero tampoco quería asustarla. Obviando el hecho de que no es que supiera demasiado precisamente, más bien casi nada. Todo resultaba demasiado confuso.

—Tengo la sensación de que Rukia puede tener problemas.

— ¿Problemas?

El chico asintió.

—Creo que hay alguien que quiere hacerle daño. No me preguntes quién ni por qué—aclaró vista la reacción de estupor de su hermana—. Pero es así. O eso creo. Tsk. —Apretó el volante sin darse cuenta fruto de su propia frustración—. El caso es que necesito hablar con ella del tema, y prefiero que estés en casa con papá para entonces.

— ¿Vas a ayudarla?

Ichigo se sintió tremendamente tonto cuando oyó su propia respuesta.

—Si lo necesita sí.

Hay que joderse. Siempre metido donde no le llaman. No podía evitarlo.

Nel agachó la mirada con una tímida sonrisa. Lo que a Ichigo tanto le molestaba, a ella le fascinaba. Era motivo de orgullo y admiración.

—Quizá ella también pueda ayudarte a ti—susurró con vacilación.

Aquello sí que captó la atención de Ichigo. ¿Ayudarle a él? No alcanzaba a entender cómo.

—Itsygo…

Un temblor recorrió la columna vertebral del muchacho. Así le llamaba cuando era pequeña y apenas sabía pronunciar la mitad de las palabras. A medida que fue creciendo dejó aquel apodo tan particular atrás, utilizándolo tan sólo cuando algo malo había ocurrido o no se había comportado como debiera.

— ¿Qué has hecho?

Nel hinchó los mofletes ofendida.

— ¡Yo no he hecho nada! Bueno…—dudó—. Creo. No sé si debería decírtelo—admitió rascándose la mejilla—. Pero creo que tú querrías saberlo.

A Ichigo tanto secretismo le estaba inquietando, por lo que instó a su hermana a que le contara lo que tenía en mente con toda la confianza.

—Hace un rato, cuando estabas hablando por teléfono, le estaba enseñando a Rukia los dibujos de Ishida…—Escudriñó el semblante de Ichigo en busca de alguna señal de comprensión, pero la realidad es que no sospechaba nada de nada—. Estuvo mirando los retratos y entonces, bueno…—Se mordió el labio pensando cómo seguir—. Me dijo que conocía a uno de ellos.

— ¿Qué tiene eso de raro?

Tokyo era una ciudad grande y cosmopolita, a ella acudía un montón de gente de las ciudades y pueblos colindantes. Que conociese a alguno de ellos era una casualidad, sin más.

—La persona del retrato era el asesino de mamá—espetó con todo el coraje que pudo reunir.

Ichigo pegó un frenazo en seco en mitad de la calzada, su rostro lívido, el corazón paralizado y la imagen de su madre ensangrentada y suplicante empañando su visión.


He tardado un poquito en subirlo, pero como podeis comprobar ha sido un capítulo largo comparado con los anteriores. Ya he comenzado con el siguiente, así que espero tenerlo la semana que viene preparado. Con tan poco tiempo libre he tenido que ir escribiéndolo a ratitos, espero que no se haya visto mermada la redacción. He tenido un mes muy estresante XD

Supongo que las dudas se van disipando poco a poco. A los que apostábais por Aizen...creo que esta revelación habrá cambiado vuestro blanco. A partir del próximo capítulo ya vamos al meollo del asunto con Ichigo y Rukia trabajando codo con codo y arrejuntaditos para...¿qué? Hagan sus apuestas. Espero de todo corazón que os guste y os atraiga lo que está por venir.

¡Nos leemos! Gracias por vuestra atención ;)