—¿Qué pasó después...? —pregunta Francia en un susurro cuando se separan.

—No le descubrió los ojos e hicieron el amor en la azotea del Louvre mientras sonaba un acordeón en la calle y llovía un poco sin que les importara —susurra. El francés sonríe apretando los ojos.

—Hay alguna posibilidad de que...

Abre los ojos verdes y le mira, escuchándole. Francia levanta una mano y le acaricia el labio de abajo, que se le entreabre y su respiración se hace más profunda.

—Vamos a hacer todas esas cosas.

—Ya las estamos haciendo —sonríe y le da un beso rápido en los labios.

El francés sonríe también y en cuanto se separa Inglaterra y vuelve a la realidad se da cuenta de que algo va mal con sus papas.

—Meeeerde!

El inglés parpadea sin saber qué pasa de repente. El galo va a las papas y las saca de las brasas en donde las había metido directamente envueltas en papel aluminio

—JAAA! mira el graaaaan chef —se burla Inglaterra acercándose.

—Esto es tu culpa por estarme diciendo todas esas cosas que me licúan el cerebro —protesta e Inglaterra se sonroja de golpe.

—¡No quieras darme a mí la culpa ahora! —protesta—. Ni siquiera sabes hacer bien las papas, seguro metes mostaza en el café.

Abre las papas y están negras y duras porque aunque deberían estar en su punto con el tiempo que se han tardado el fuego era especialmente grande.

—¡Claro que se hacer bien las papas!

—Sí, ya veo que sabes carbonizarlas perfectamente bien —se ríe.

—Esto es tu culpa por acercarte al fuego —le señala con un dedo con el ceño fruncido

—¡Ni siquiera lo he tocado! —se defiende.

—¡Has tocado el fuego! —le medio ladra.

—No lo he tocado desde que las has metido.

—¡Eso no lo sé! Me tapaste los ojos —le acusa infantilmente.

—¡Estaba agarrándote todo el tiempo que tenías los ojos cerrados!

—¡Eso no lo sé! —se queja mirando sus papas un poco desconsolado.

—Bloody hell! ¡Admite que hasta tú puedes equivocarte cocinando! Si no, no tiene mérito que seas un genio en eso y nunca te equivoques, idiota —protesta cruzándose de brazos y haciendo ojos en blanco, sin pensar mucho en lo que dice. Francia levanta la cara y le mira. Luego sonríe, inclinando la cabeza.

—Has dicho que soy un genio cocinando.

—What? ¡NO es verdad! —da un paso atrás.

—Yo admito que me equivoqué, si tú admites otra vez que lo soy.

Inglaterra le mira y aprieta los dientes.

—Eres idiota —sentencia sentándose junto al fuego, medio enfurruñado.

—Está bien, puedo equivocarme cocinando y que me salga una mierda —le enseña las papas y sonríe. Los ojos verdes le miran y sonríe un poco de lado.

—Eres muy tonto —sigue, fingiendo que sigue enfurruñado pero escapándosele la sonrisilla.

—No! ¡Eso no es lo que tienes que decir! —protesta.

—Tontotontotontotonto.

Los ojos azules le fulminan mientras él se ríe con burla.

—¡Yo dije que podía equivocarme!

—Y al parecer es una ofensa a su deidad —replica.

—Pues claro que lo es, ¿tú te equivocas al hacer té?

—No es lo mismo.

—¿Por qué no?

—¿Quieres que siga con la historia o no?

—Es injusto que se quemen las papas y luego no admitas que soy un genio —protesta sirviéndole el pescado y unas papas carbonizadas.

—Well, pues tenían que volver a casa de Jeanne, pero Gilbert seguía allí —sigue a su rollo. Francia bufa y empieza a comer haciendo como que no le presta atención.

—Así que Hans dejó a Jeanne en su casa y se marchó —empieza a comerse el pescado que evidentemente está buenísimo.

—Oh, ¡para colmo se marcha! —protesta

—¿Pues qué más iba a hacer? —le mira.

—Yo qué sé... —se mete una papa a la boca y hace cara de asco, pero no la escupe haciendo un esfuerzo—. ¿Y después? —se mete otro trozo de pescado

—Después nada, ya te he dicho que ella se quedó con Gilbert y él se fue, querría saber que habrías hecho tú —mientras Inglaterra se las come igual carbonizadas como están y hasta le saben bien.

—Correr a Prusse —le mira de reojo.

—Oh, ¿y tú te llamas amigo?

—Prusse no se ofendería... le pediría que fuera a casa de Espagne.

—Pues no. Una hora más tarde, alguien toco el timbre de su casa.

Francia levanta las cejas y le mira

—Oui?

—¿Y quién crees que era?

—Tú.

Inglaterra se ríe.

—¡Que no soy yo!

Los ojos azules ruedan, aunque sonríe.

—Hans?

—No, era un hombre misterioso que Jeanne no había visto nunca.

—Oui? ¿Y Jeanne se lo tiró? ¿Estaba guapo? —bromea con cara de malo.

—Pues quizás —frunce el ceño. Francia se ríe ahora él, poniéndole una mano en la pierna con toalla y percatándose de...

—Hey! Traes toalla!

—En realidad le dijo a Jeanne que su transporte la estaba esperando, mostrándole aparcada en la puerta de su casa una limusina.

El galo levanta las cejas con cierto brillo en los ojos y sonríe sin poder evitarlo.

—Mon dieu, que ridiculez —suelta sin pensarlo ni siquiera un poco, es decir, no cree que sea ridículo... miente.

—Y le entregó una copia de "Much ado about nothing" de parte de Monsieur Benedicto —sigue, entrecerrando los ojos porque le está viendo sonreír.

—I learn in this letter that Don Peter of Arragon comes this night to Messina —empieza a recitar la primera escena de la obra, sin pensar... cuando se da cuenta, abre los ojos como platos y cierra la boca, carraspeando.

—No, no, no... No, tu texto es I pray you, is Signior Mountanto returned from the wars or no? —le corrige con la primera replica de Beatriz.

—He set up his bills here in Messina and challenged Cupid at the flight; and my uncle's fool, reading the challenge, subscribed for Cupid, and challenged him at the bird-bolt —sigue con la siguiente linea de Beatriz cerrando los ojos—. ¡Deja de hacerme recitar a Shakespeare!

—Creí que peferirías la de "I promised to eat all of his killing." —responde mostrándole el pescado.

—En realidad prefiero "he hath an excellent stomach" —le señala las papas y sonríe.

Inglaterra se ríe, Francia le sonríe también.

—¿Y ha ido en limusina para entregarle un libro?

—No, le ha entregado el libro y la ha ido a buscar en limusina para dirigirla a su palacio.

—Oh, ¿tiene un palacio el chauffeur de la limusina? Debes pagarle bien...

—Al palacio de ella, en realidad... A Versailles

—Ohhhh... —sonríe de nuevo y le cierra un ojo.

—Y allí estaba esperándola Hans, of course —sigue, nerviosito con el gesto de guiñarle un ojo.

—Por supuesto... ¿bailaron un vals en el salón de los espejos a mi salud?

—No, solo cenaron.

—Oh, bueno... en realidad, no sería la primera vez que bailamos vals en ese salón, pese a tus quejas...

El inglés traga saliva y se sonroja recordando alguna de esas.

—Bah... —responde apartando la cara pero sonriendo un poco.

—Horas de circo para lograr que bailaras, eso sí...

—¿Qué quieres decir? —le mira.

—Que cada vez que te pedía que bailaras te negabas... tenía que planearlo muchísimo. Espagne se hartaba.

—¿Qué es lo que le hartaba a Spain?

—Toda la preparación para que terminaras diciendo que no y yo volviera con él llo... yo... riendo.

—Pues siempre era igual, ¡Tú intentado humillarme frente a todos! —le acusa.

—Bailar no es humillante.

—¡Hacerles creer a todos que me desvivía por ello si lo es!

—Te desvivías por ello.

—NO! —se sonroja

—¿Entonces? Era bastante, BASTANTE ridículo pedirte que bailaras y que te negaras rotundamente, ¿sabes?

—¡Pero si tú siempre lo pedías como si yo te hiciera un favor!

—¿Como si tú me hicieras un favor? Non... lo pedía intentando que fuera lo más digno posible, como si yo te estuviera haciendo un favor al bailar contigo.

—¡En sarcasmo entonces! ¡Todo el mundo lo sabía!

—Tenía que salvaguardar mi dignidad para cuando me dijeras que no, créeme... las primeras veces te lo pedí sin sarcasmo y me dijiste que no igual —se encoge de hombros.

—Las primeras veces eran como si yo lo estuviera deseando —se cruza de brazos.

—NUNCA pareció que lo desearas... ¡pregúntale a Espagne!

—¿Por qué iba a desear bailar con mi enemigo?

Francia parpadea, Inglaterra le sostiene la mirada.

—Pues... —piensa que él quería bailar igual siempre.

—¿Tú sí querías?

El galo frunce el ceño y se cruza de brazos.

—Eres idiota y siempre lo has sido.

—¡Tú sí querías! —acaba de caer en la cuenta y se retuerce de risa en la arena. Francia le mira como si estuviera viendo una babosa con sal retorcerse... es decir, con cara de asco.

—¡Eres imbécil y nunca me ha interesado un bledo bailar contigo! —protesta.

—Que patético de tu parte, pero resulta hilarante —sigue riéndose (perdonadlo, mundo, es medio troll y más bestia que unas bragas de esparto). El francés le mira, frunciendo el ceño y levantándose de la arena.

Inglaterra le mira de reojo mientras sigue riéndose sin acordarse, por supuesto de cuando él iba a dar vueltas por Westminster, a escondidas, aprendiendo a bailar para no pisarle y hacerle daño siendo completamente torpe al lado de lo elegante que era Francia (y motivo por el que se negaba a bailar al principio) Además de la vergüenza que le daba que todos vieran como se sonrojaba si Francia le tocaba siquiera.

Sí, claro... pero eso no deja que se esté burlando de algo que Francia le ha "confesado". Camina hasta la playa metiendo los pies y frunciendo el ceño.

El inglés se levanta y se le acerca malignillo, porque eso era lo que Francia hacia todo el tiempo y él nunca lograba.

—Querias bailar conmiiiigooooo —canturrea burlón. Francia suspira.

—Oui.

Inglaterra se ríe.

—¡No digas que no! ¡Lo has dicho! ¡Te he oído! —sigue—. Podías bailar con quien quisieras, pero tú me querías a miiiiii —cuando Inglaterra nota lo que acaba de decir se sonroja el solo y sonríe porque le gusta mucho esa idea.

—Y tú también querías bailar conmigo, solo que no te atrevías por idiota, porque te daba vergüenza y solo hacías cosas imbéciles como esta que estás haciendo —le mira con los brazos cruzados. El inglés parpadea.

—Wh-what? ¡Eso no es cierto! —miente—. ¡No quería y no me da vergüenza y no hago cosas imbéciles!

—Entonces yo soy el único que quería y el único que hacía la imbecilidad de invitarte.

—Yes! —se burla de nuevo. Francia suelta el aire por la nariz

—¿Sabes? En realidad quería burlarme de ti y dejarte en ridículo frente a todo el mundo, era feliz cuando lo lograba... sólo por el placer de hacerlo.

El británico deja de reír de golpe, mirándole desconsolado.

—Ya lo sé, siempre fuiste un capullo —protesta frunciendo el ceño.

—Y tú un idiota que no sabe cuándo no se debe de burlar de la gente que está diciendo algo bonito.

—Of course not!

Francia facepalm.

—¿Qué es lo gracioso de que quisiera bailar contigo? ¿Eh? Me gustabas, oui, ¿y?

—P-Pues que te... Gustara —responde vacilando, porque es una de esas cosas que le llenan, pero la formula en pasado aun es un poco dura.

—Tú acabas de dejar claro que, según tú, yo no te gustaba a ti y no querías bailar... y que soy patético. ¿Algo más que quieras decir? —le riñe.

Los ojos verdes le miran, hundiendo la cabeza en los hombros un poco.

—Aun así me hiciste más fuerte —se pasa una mano por el pelo y sonríe—. Y en el fondo siempre supe que te gustaba.

—¡No me gustabas ni me gustas! —chilla.

—Non? —sonríe acercándosele.

—Of course not! you're my worst enemy! —repite mirándole.

—¿Y por eso estás histérico y sonrojado?

—¡No estoy histérico y sonrojado! —paso atrás aún más histérico y más sonrojado.

—Sí que lo estás, mon amour... Y te ves muy lindo.

—¡No es verdad! —otro paso atrás.

—Mírenlo... ¡Está sonrojado por MI! —le mira y frunce el ceño, sonriendo un poco.

Inglaterra se sonroja aún más y da otro paso atrás tan nervioso que se tropieza y se cae de culo en la arena.

—¡Que no estoy sonrojado!

Francia da dos pasos al frente y se hinca en la arena, frente al inglés. Sonríe maligno otra vez.

—Siempre te he gustado —se ríe un poco.

—NOO! —chilla y le pone un pie en el pecho para que no se acerque. El francés le toma del tobillo y le acaricia la cara interna de la pierna hasta el muslo

El británico tiene un escalofrío sin dejar de mirarle y hace un poco de ademán para que le suelte, pero no lo hace, claro, subiendo la mano al tobillo otra vez y empujándole hacia afuera. Se recuesta un poco sobre él

Echa la espalda más hacia atrás levantando las manos, porque aparentemente sigue en la postura "voy a apartarte" y no sé sabe cómo, se ruboriza aún más, porque Francia en plan depredador le gusta mucho.

Francia sonríe más aun, sin dejar de moverse hacia él, poniendo sus dos manos una a cada lado de la cabeza de Inglaterra y acercando su cara hasta estar a un par de centímetros de la suya, mirándole a los ojos.

El inglés le pone las manos en los hombros mirándole con el corazón aceleradísimo.

—¿No te gusto ni un poco? —pregunta ignorando completamente las manos en sus hombros. Se acerca y le besa la mejilla

Aparta la mirada verde hacia el fuego y niega con la cabeza. Francia le besa más cerca de los labios

—¿Nada, nada?

Inglaterra se revuelve y vuelve a negar, pensando que ahora le va a besar en la comisura de los labios y no quiere abrirlos apretándolos y apretando los ojos también.

Francia le besa la barbilla. Él parpadea relajando la cara otra vez, descolocado y ahí aprovecha para besarle la comisura de los labios que entreabre buscándole y cuando se da cuenta aparta la cara apretándolos otra vez.

—¿No te gustan estos besos? —se acerca al oído que tiene frente a él seguro porque le ha volteado la cara y le muerde el lóbulo.

Inglaterra tiembla intentando que le gusten menos...

—Estás temblando... —susurra en su oído lamiéndole un poco.

Intenta, de verdad, de verdad que la arena se abra debajo de él y se lo trague, histericolocoperdido…

—No... no... —solo puede susurrar de la forma menos convincente del universo.

Francia gira la cabeza hasta estar otra ve junto a sus labios y vuelve a besarle en la comisura. El inglés vuelve a cerrar los ojos entreabriéndolos y buscándole.

El francés le lametea un poco el labio e Inglaterra vuelve a buscarle y consigue morderle un poco. El galo se echa un poco para atrás sonriendo

El británico, en cuanto nota que se separa y se da cuenta de lo que están haciendo se sonroja un más y se lleva las manos a los labios, mirándole histérico.

Francia se incorpora un poco y le toma las manos haciendo un poco de fuerza para que se las quite de los labios mientras sonríe genuinamente y le mira a los ojos. Él se suelta pero intenta darse la vuelta para escaparse corriendo y salir de debajo suyo con todas sus fuerzas, reptando por la arena.

El francés impide girarse y le busca los labios mientras el inglés se retuerce y zarandea todo lo que puede apartando la cara y empujando a Francia para que salga de encima de él que se quita cuando ve que va demasiado en serio.

Inglaterra consigue levantarse y se larga corriendo, con la toalla medio cayéndosele, hasta que la deja por ahí y se hace bolita tras unas rocas. (Lo siento, mi niño es un poco agresivo y nervioso cuando Francia hace esas cosas).

Francia le conoce, le mira irse sonriendo un poco, pasándose la mano por el pelo, caminando lentamente hasta donde está la toalla.

—Porlareinaporlareinaporlareina... —el archiconocido mantra de Inglaterra.

A este Francia de hecho este inglés le hace sentir más normal pues este Inglaterra avergonzado y temeroso es más lo que él conoce a diferencia del inglés seductor que desconoce. Dobla la toalla a la mitad y luego a la mitad, camina hasta la cesta, saca unos cigarros, camina hasta la playa, coloca la toalla en el aquello y se sienta a unos dos o tres metros de ella, donde pueda verla de reojo. Prende su cigarrillo.

Inglaterra sigue agazapado un buen rato y se sonroja cuando se da cuenta de que además, por si fuera poco, ha perdido su toalla, mira a Francia sacando un poco la cabeza por encima de las rocas. Hace un pucherito, porque este Francia es malvado y le hace avergonzarse y no le quiere y él solo quería un beso y ahora no va a querer un beso nunca más. Se convence a si mismo infantilmente. Y es un tonto y él no le quiere y no le va a contar más historias... Mira la toalla demasiado lejos de él y demasiado cerca de Francia con cara de angustias.

Francia está cantando algo en francés sobre un papalote sin hacer caso siquiera de la toalla...En teoría.

Inglaterra trata de mantener la calma y valorar la situación para encontrar una solución más efectiva. Decide que esperara a que Francia se duerma, le robara la toalla y se largará con el bote y el barco para hacer como que nada de los últimos dos días ha existido nunca. (Lo siento, Inglaterra no tiene ni una poquititita de tolerancia al rechazo).

Después de un rato largo, cuando supone ilusamente que ya se ha tranquilizado, Francia toma la toalla del suelo y se acerca a la piedra.

—Angleterre?

Inglaterra, que no ha dejado de espiarle en todo el tiempo, tiene un infarto, escondiéndose más lejos.

Camina con la toalla en la mano buscándole pero él sigue huyéndole, cambiando de piedra.

—¿Dónde estás? —sigue preguntando buscándole

—Déjame tranquilo—chilla. Francia frunce un poco el ceño al reconocer el tono.

—Te traje la toalla —replica en señal de tregua.

—Déjala ahí y lárgate —replica.

—Pero...

El británico se mueve de nuevo, quedándose sin rocas y sale corriendo cubriéndose por delante, hacia el bote.

Francia le mira sin entender unos instantes. Cuando llega al bote, empieza a recogerlo todo frenéticamente.

—¿Qué haces? —pregunta idiotamente mirándole y trotando a él, reconociendo bien los movimientos histéricos, en cuanto le ve acercarse, empieza a empujar el bote hacia el agua sin responder.

—¿Pero qué haces? —pregunta poniéndose más nervioso esta vez, corriendo más rápido.

Inglaterra se tensa al notar que le va a alcanzar, saltando dentro del bote ya en el agua, buscando los remos. Francia se detiene al darse cuenta que realmente está montando al bote y yéndose, mirándole desconsolado sin podérselo creer.

Inglaterra empieza a remar alejándose de la playa.

—¿A dónde vas? ¿Por qué te vas? —sigue mirándole desconsolado y luego frunce el ceño, pensando que el idiota de Inglaterra es capaz de dejarle ahí para... ehm... ¡siempre! Así que corre al mar por completo, metiéndose al agua helada intentando nadar hacia él, que rema más deprisa, histérico.

Francia nada lo más rápido que puede, aunque la túnica de sábana se le enreda en las piernas y termina por tener que detenerse un poco para intentar quitársela y perdiendo seguramente muchísimo tiempo con ello, echándose a nadar otra vez. La idea era detenerlo, no necesariamente atraparlo, puesto que suele ser imposible atrapar a Inglaterra cuando huye, que sigue remando sin perderle de vista pero sin detenerse

El señoritingo empieza a cansarse después de unos minutos de nadar. Tras los que Inglaterra ya ha conseguido llegar al barco, subiéndose y levando el ancla lo primero.

—ANGLETERREEEEEEE! —grita histérico y asustado, empezando a pensar que quizás todo esto fue un plan macabro de Inglaterra, que vacía el bote y decide dejarlo ahí, lanzándolo hacia el francés con los remos, de una patada.

Francia piensa que va a morirse igual, con ese bote que sin él, volviendo a empezar a nadar, aunque sin poderse creer que el inglés realmente vaya a dejarle en el mar, de noche, sin ropa. No tiene tiempo de hacer mucho drama, vuelve a nadar hasta la lancha.

Inglaterra empieza a alejarse con el barco ya más tranquilo, llama a la guardia costera el pueblo más cercano para avisar del avistamiento de un náufrago, dando las coordenadas.

El francés le mira irse, sin podérselo creer... ¡le ha dejado ahí! Le ha dejado ahí sin más aun cuando él había ido con la toalla y después de todas las cosas que se han dicho. Asustado, toma los remos, pensando como coño va a salir de ahí, empezando a remar de regreso a la costa, suponiendo que seguramente mañana por la mañana un barco o una lancha o la guardia costera pasarán por ahí y podrán rescatarle.

Pasados unos minutos, Inglaterra se da cuenta de lo que está haciendo, que Francia seguramente no volverá a hablarle después de esto y llora amargamente porque no se supone que todo esto debiera pasar, se suponía que ambos estaban enamorados y habían llegado a eso juntos, era injusto que ahora volvieran a estar como siempre, él enamorado de muerte y Francia tan fresco.

Francia llega a la playa aun sin entender un pimiento, con las manos llenas de ampollas (en el drama total), sacando el barco de hule hasta la playa, tomando la toalla de Inglaterra, secándose un poco, tratando de ordenar sus pensamientos para entender qué era lo que había salido mal.

Ni siquiera le había detenido, se había parado ahí como un imbécil, ¡le había rechazado y aun le preguntaba qué demonios hacia!

Venga, se había echado un poco hacia atrás en el beso, pero sólo era parte de tentarle un poco como tantas otras miles de veces había hecho... y siempre había resultado mal pero él se había burlado de él ¡Y le había llamado patético e hilarante! Era lo mínimo que podía hacer, ¡darle un escarmiento! Aunque claro, la idea del escarmiento no era, en lo absoluto, que se fuera... no había pensado nunca que se iría en el bote y luego en el barco dejándole ahí, sólo, en una playa, en la noche, sin ropa y sin repelente de moscos.

Quizás era mejor llamar a Estados Unidos... el mismo Francia lo había dicho "haré algo mal y todo se irá a la mierda" sigue lloriqueando el británico.

Y luego... debía de haberle pedido que no se fuera, pero estaba tan sorprendido, todo lo que había pasado era tan sorprendente... sigue pensando el francés, mira el fuego que ha hecho y piensa en todo el rato que estuvieron ahí, cuando le ha cantado La Vie en Rose al oído, cuando le ha abrazado y le ha dicho que no se iba a acabar a menos de que él lo quisiera... y ahora estaba solo en una playa que ni siquiera sabía cuál era. Regresa al bote y se acuesta en él, hecho bolita, tapándose lo mejor que puede con la toalla y llora, por idiota, por haberse quitado, por no haber ido antes por él, por no haber corrido más rápido, por no haberle suplicado que no se fuera... y por estar teniendo un sueño tan cruel y no poderse despertar.

Y después de todo ese resumen de drama absoluto y total, se sienta en el bote, decidiendo que esta es la última vez que se deja engañar por el cruel Inglaterra, que seguro no le quiere y solo le llevó ahí para burlarse de él. Va a vengarse de esto...