Los personajes no me pertenecen, son creaciones del mangaka japonés Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación del libro "Cautiva en su cama" de Sandra Marlon.
Capítulo 9.
Los días y las noches se sucedían. No había relojes ni calendarios. Nadie del mundo exterior que los observara. Ninguna regla que obedecer. Los amantes reían y charlaban; disfrutaban de la comida que Evalina preparaba, bebían los vinos que había en la bodega.
Nadaban en la piscina olímpica que había tras la casa y disfrutaban del spa del patio. Daban largos paseos por el bosque y conducían por las estrechas carreteras que recorrían las montañas. Jugaban al Monopoly y al Scrabble y veían películas de miedo realmente malas en la tele por satélite. Eso era lo que hacían cuando no estaban haciendo el amor.
- ¿Te gusta esto? -diría Sasuke, inclinándose sobre los pechos de Sakura-. ¿Esto? susurraría, separándole los muslos-. ¿Y esto? -preguntaría con voz ronca, deslizándose dentro de ella. Sus suspiros, sus gemidos, el movimiento de sus músculos cerrándose alrededor de él, le decían todo lo que necesitaba saber.
Todo excepto la auténtica razón por la que había huido de Cartagena. Ya la conocía. Era guapa y femenina. Pero era fuerte en todo lo importante. No se la podía imaginar huyendo de Akasuna No. Lo hubiera mirado a los ojos y le hubiera dicho a ese canalla lo que pensaba de él, pero huir... Cuanto más conocía a Sakura, menos se parecía a lo que había creído que era.
Había desistido de pedirle que le contara la verdad. Le dolía que no lo hiciera, pero suponía que ella tendría buenas razones para no hacerlo. Cuando estuviera preparada, se la diría, compartiría la verdad con él. Mientras tanto, estaban inmersos en un viaje por los sentidos. Sakura, desinhibida en sus respuestas sexuales, había sido, al principio, reservada a la hora de explorar el cuerpo de Sasuke.
-Dime lo que te produce placer -había susurrado, y él le había dicho que era ella lo que le producía placer.
Era cierto. Sólo verla peinarse o entrar en el baño era suficiente para que tuviera una erección.
-Dímelo -había insistido.
-Tócame y descúbrelo -había respondido finalmente con una sonrisa.
Y lo había hecho. Una noche, en la terraza, con sólo la luz de la luna, se desnudó para él. Sakura no se dejó ayudar, tampoco tocar. Lo hizo ella sola, muy despacio. Para cuando la ropa estaba en el suelo, Sasuke estaba medio loco. Empezó a quitarse la camisa, y ella lo detuvo.
-Es mi trabajo -dijo ella con suavidad.
Le quitó la camisa. Los vaqueros. No llevaba ropa interior, y cuando su sexo quedó libre, entre las manos de ella, tuvo que apretar los dientes para no terminar en ese mismo momento.
- ¿Esto es para mí? -ronroneó ella.
Y lo llevó hasta el límite. Lo acarició. Lo saboreó. Bajó sobre su hinchado miembro mientras lo miraba a la cara. Lo montó, con la cabeza echada para atrás, con los ojos cerrados, en éxtasis. Dejó que creyera que era ella quien tenía el control hasta que, con un grito primitivo, la colocó debajo, le puso los brazos por encima de la cabeza y la llevó hasta el final una y otra vez, hasta que lloró pidiendo piedad.
-Por favor -susurraba-. Sasuke, por favor...
Le soltó las muñecas. La besó. Después se subió sobre ella de nuevo y consiguió que volviera a gritar su nombre en la noche. Cayó sobre ella. Sabía que era demasiado grande, demasiado pesado, pero no podía moverse, no quería. Sakura tampoco quería que se moviera.
-No te muevas -susurró ella.
La besó en la boca, en el cuello, después se tumbó a su lado y la abrazó hasta que se quedó dormida. Sasuke miró la luna. Aquellos días y noches lo habían cambiado. Años antes una mujer con la que hubiera tenido una aventura se habría enfadado con él por su actitud. Era, hubiera dicho ella, un lobo solitario. Y era cierto. Menos con sus hermanos, siempre había preferido estar solo. Pero se encontraba feliz con Sakura. ¿Qué significaba eso? Sasuke meditó, pero desistió de buscar la palabra. ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Otro largo y perfecto día. Fueron hasta una pequeña ciudad en Los Andes donde sólo con cruzar la calle estaban en Brasil. Sasuke compró a Sakura una muñeca hecha con maíz.
Ella a él, un fetiche que colgaba de una tira de cuero. Era, según dijo el vendedor, un trozo de hueso del más valiente de los animales: el águila.
-Un águila para un hombre que lleva un águila -dijo Sakura suavemente mientras le colgaba del cuello el amuleto. Para alegría de Sakura, Sasuke se ruborizó.
- ¿De verdad te creías que no había visto el tatuaje? Es precioso, como tú.
Sasuke se ruborizó aún más.
-Vas a pagar por esto -dijo, lo que hizo aumentar la alegría de ella.
-Eso espero -y echó a andar de nuevo-. ¿Te hiciste el tatuaje en el ejército?
- ¿En el...? -tensó la mandíbula-. ¿Quieres decir cuando era soldado? No. Antes. Fue una cosa de críos. Tengo dos hermanos.
- ¿Mayores?
-Sí. Nos llevamos un año y siempre hemos estado muy unidos. Bueno, la cuestión es que los tres hicimos una estupidez la noche antes de que Shikamaru, el mayor, se fuera a la universidad.
-Se dieron cuenta de que se iban a separar, seguramente por primera vez, y eso les afectó -acarició el hombro-. Me parece bonito.
-La verdad es que estábamos borrachos. En ese momento nos pareció un recuerdo, algo que podríamos compartir. Así que fuimos a un sitio que conocía Shikamaru y discutimos sobre qué tatuarnos: una calavera con unos huesos cruzados o un águila.
-Me alegro de que eligierais un águila.
-Sí, yo también. De todos modos, fue una chiquillada.
-Una bonita chiquillada -dijo, abrazándolo.
- ¿Crees? -dijo, encantado con la sonrisa que veía en su rostro.
-Seguro. Soy hija única. Hubiera dado cualquier cosa por tener hermanos o hermanas -lo miró-. Además... el águila es muy sexy.
-Tú eres la sexy -dijo Sasuke, y la besó en medio de la calle para que todo el mundo lo viera.
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Una tienda atrajo la atención de Sakura. Sasuke vio cómo miraba un vestido color melocotón en el escaparate.
-Entremos para ver las cosas más de cerca -dijo él.
Sakura negó con la cabeza. No era una tienda para turistas, sería todo muy caro.
-No -dijo ella-, es precioso, pero...
Sasuke la agarró de la mano y la arrastró hasta la tienda. Una sonriente mujer estaba en pie delante de ellos.
-Buenos días.
-Buenos días, señora. Queremos comprar un vestido, el del escaparate -dijo él.
- ¡No! -Sakura dedicó a la señora una breve sonrisa, después se volvió a Sasuke -. No quiero comprar el vestido -susurró-. Es demasiado caro.
-Quiero comprarlo -dijo él con suavidad.
-No puedo dejarte.
-Ajá -dijo-. ¡Discriminación! -su expresión era sería, pero había risa en sus ojos-. Un helado sí, pero no un vestido.
- Sasuke -Sakura trató de no sonreír-. Eso es una estupidez.
-Primero discrimina y después me insulta -se volvió hacia la dependienta-. ¿Qué se supone que tiene que hacer un hombre con una mujer como ésta, señora? A menos... -miró a Sakura-. A menos que no te guste el vestido.
-Claro que me gusta. Es precioso, pero...
-Crees que no es de tu talla. En realidad, parece un poco pequeño.
-No es demasiado pequeño.
- ¿Seguro?
-Sinceramente, Sasuke...
-Sinceramente, Sakura -dijo cortés-. Voy a comprar el vestido -la agarró de la cintura, la señora sonrió-. Quiero verte con él... y después quiero quitártelo. Desabrochar todos esos diminutos botones...
Los ojos de Sasuke se oscurecieron del mismo modo que cuando hacían el amor. La besó, y después sus miradas se encontraron. Mía, pensó, mía para siempre. Estaba profunda, apasionadamente enamorado.
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Sakura se cambió en el probador. El vestido era bonito. Nunca había tenido nada así. Su vista se dirigía a los pequeños botones que lo recorrían de arriba abajo y se imaginaba a Sasuke desabrochándolos uno a uno. Llamaron a la puerta. Unas manos masculinas entraron lo justo para mostrar unas sandalias, un bolso dorado y una mantilla negra demasiado fina como para ser real.
La emoción que llenó a Sakuea era igual: demasiado, frágil para ser real. Inclinó la cabeza hacia la puerta, y dijo:
- Sasuke, de verdad, no puedo...
-Vamos a cenar en un restaurante que la señora asegura precisa de toda esta elegancia -se podía sentir la sonrisa en su voz-. ¿Cómo vamos a decepcionarla?
La señora tenía razón. El restaurante era perfecto. Era pequeño y con velas. Un grupo de músicos tocaban suavemente. Su mesa, en un rincón, ofrecía una vista como la de un cóndor. Además, la única visión que Sasuke quería era la de Sakura. Había acertado con el vestido. Parecía hecho para ella.
Su piel, sus ojos, su pelo cayendo sobre los hombros, parecía todo hecho de oro. Pidió para los dos carne, ensalada y una botella de vino chileno. Sakura decía que todo estaba maravilloso, y él la creía, pero no podía saborear nada. Ella llenaba sus sentidos. La amaba. ¿Y qué demonios iba a hacer? ¿Puede un hombre decir a una mujer que la quiere cuando guarda un secreto que no quiere compartir con él? Porque la verdad era que las tripas le decían que lo que Sakura había dicho de dejar a Akasuna No era mentira. ¿Por qué no le dejaba conocer la verdad? Lo mataba que no confiara lo bastante en él... pero, ¿quién era él para juzgarla? También él tenía sus secretos. Le había contado que había sido soldado. De acuerdo, lo había sido, pero había mucho más. Había sido espía.
Había sido agente de una agencia del gobierno sin rostro y, aunque hubiera sido por su país, había hecho cosas... ¿Cómo se sentiría ella si supiera que tenía un pasado que aún lo perseguía? ¿Si sabía que había sido incapaz de salvar a Alita o de vengar su muerte? Demasiadas preguntas. Muy pocas respuestas. Pero sólo una importaba: ¿cuándo le dijera a Sakura que la amaba, le diría ella que también lo amaba? Se inclinó sobre la mesa en busca de su mano. Se lo diría en ese momento.
- ¿Sakura?
- ¿Sí?
Sus miradas se encontraron. Nunca la había visto tan feliz. Se enorgullecía de su coraje, pero en ese momento tenía la boca seca.
-Sakura -dijo, y echó para atrás la silla-. Nena, ¿bailas conmigo?
La tomó entre sus brazos. Cerró los ojos y la abrazó más fuerte. Acarició su pelo con los labios.
- ¿Feliz? -preguntó son suavidad. Sakura asintió con la cabeza. Tenía miedo de hablar y de que se le escaparan las lágrimas. ¿Cómo podía haberse convertido su horrible huida de Cartagena en semejante felicidad? Había preguntas que no tenían respuesta, pero ¿qué más daba? Todo lo que importaba era aquello.
Estar entre los brazos de Sasuke. Saber que lo amaba. Saber que confiaba en él. Porque era así. No importaba lo que había creído al principio que era, confiaba en él. Era el momento de decirle la verdad. Contarle todo de principio a fin: que trabajaba para algo sin rostro llamado la Agencia y para la que no volvería a trabajar nunca; que había sido enviada a Cartagena como asistente personal de Akasuna No para descubrir que estaba trabajando para el cártel de Rosario; que Sasori se había ido volviendo suspicaz; que la había acusado de espiarlo, que ella lo había negado y él había decidido recurrir a lo que llamaba «su seguro»: hacer que pareciera que ella había tratado de introducir coca en Estados Unidos.
-Haz cualquier tontería, y te entregaré a las autoridades locales -había dicho con una sonrisa cínica-. Imagínate lo que debe de ser pasar unos años en una prisión colombiana.
Y había dejado igual de claro que parte del precio que tenía que pagar por permanecer fuera de la cárcel, era calentarle la cama. Ahí había sido cuando había decidido escapar. Había encontrado la lista de los contactos de Sasori con el cártel y las cantidades que le habían pagado ocultas en su ordenador. Descargó los datos en un minidisco y huyó. Si hubiera conseguido llegar a Bogotá, a la embajada... Pero Sasuke la interceptó. Y aunque lo había enviado Sasori, había llegado a confiar en él.
- Sasuke -dijo sin aliento. Las parejas a su alrededor seguían bailando, pero Sakura se detuvo-. Tengo que hablar contigo.
Vio inmediatamente que él había entendido. Que no se trataba de comentar la calidad del vino o de la comida. Quería hablar de lo que los había unido... y al mismo tiempo los mantenía separados. Volvieron a su mesa, se echó la mantilla por encima de los hombros y recogió el bolso mientras él dejaba un puñado de billetes en la mesa.
Salieron a la oscuridad de la noche.
Fueron en silencio en el coche. Cuando llegaron a la casa, Sasuke se bajó del Escalarle y ayudó a salir a Sakura. La luna colgaba encima del bosque, convertía en marfil el camino entre los árboles, el que llevaba al claro con la cascada y el estanque de zafiro. Al lugar que sólo les pertenecía a ellos.
Todo estaba en silencio. Expectante. Incluso las criaturas que cazaban en esas horas de oscuridad estaban quietos. Cuando llegaron al claro, Sasuke se volvió hacia ella.
-Sakura -dijo con suavidad.
No, pensó ella, todavía no, y le cubrió la boca con la mano.
-Has dicho que querías verme con este vestido -susurró-. Ya es hora de que me veas sin él.
La llamó por su nombre, la trajo hacia él y la besó, suavemente al principio, después cada vez con más urgencia. Ella lo besó del mismo modo, como si ambos temieran que la noche se les escapara. Despacio, uno a uno, desabrochó los botones del vestido.
Cuando cayó a sus pies, Sasuke sintió que se le detenía el corazón. Sakura sonrió.
-Era un secreto -murmuró-, entre la señora y yo.
El sujetador era de encaje transparente del mismo color que el vestido. Lo mismo que el tanga. Con aquella luz, parecía un regalo de los dioses. Sasuke la besó en la boca. A lo largo del cuello. En el nacimiento de los pechos mientras desabrochaba el sujetador. Después en los pezones, con los dientes y la lengua.
Sakura le quitó la chaqueta gris de los hombros. Desabrochó los botones de la camisa. Era precioso, todo músculos y piel bronceada. Lo besó en los labios, los hombros, el pecho. Acarició los bíceps y el tenso vientre. Él la agarró de las muñecas.
-Sakura -dijo con fuerza-. Lo eres todo para mí. Quiero que lo sepas. No importa lo que pase.
Se puso de puntillas y lo besó. Después deslizó la mano por debajo de la cintura y agarró su sexo duro y caliente. El tiempo de hablar se había agotado. Sasuke se quitó el resto de la ropa, y deslizó el tanga de seda de ella por las piernas. Después la tumbó en la hierba y la penetró.
- Sasuke -susurró, levantándose para él. Moviéndose con él. Uniéndose a él en cada empujón hasta que volvió a gritar, hasta que la cara de él se contorsionó y su cabeza se cayó hacia atrás y llegó a un caliente e interminable clímax que llenó sus entrañas. Que llenó su corazón.
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Un largo tiempo después, entre los brazos de Sasuke, Sakura suspiró.
-Tenías razón -dijo con suavidad-. Me siento segura aquí. Me gustaría no irme nunca.
Era la primera vez que uno de los dos admitías que aquellos días se los habían robado al tiempo.
-Este claro nos pertenece, nena. Donde quiera que estés, pase lo que pase, cierra los ojos y volverás aquí.
¿Sería verdad? Sakura tenía la sensación de que no volvería a ver ese claro del bosque. Sintió un escalofrío a pesar de que la noche era cálida y Sasuke la tenía entre sus brazos.
- ¿Qué pasa, nena?
-Nada -dijo rápidamente-. Sólo que... he sentido frío, eso es todo.
-Vamos, encenderemos fuego en la chimenea, tenemos brandy...
-Y hablaremos.
-Sí.
-Porque... porque tengo que contarte la verdad, Sasuke, la verdad sobre Sasori y yo.
-En cuanto lleguemos a casa.
Se vistieron. Sasuke le pasó el brazo por los hombros y caminaron juntos a la luz de la luna. Tenía que decirle la verdad, había dicho, sobre Akasuna No y ella. ¿Por qué sonaba aquello tan inquietante?
