Capítulo Diez
Pequeños y Sucios Secretos

"Minamino te envía una tarjeta de mejórate pronto y dos capítulos del libro de matemáticas. Que maestro tan simpático," Yuusuke dijo, con un tono que le tiraba a sinceridad pero no dejaba de ser sardónico. Obviamente no sabía que Hiei sí quería practicar, y que, además, silenciosamente agradecía la distracción. El hospital era algo aburrido.

Ya que Yuusuke, fiel a su palabra, pagaría por su cuenta de hospital, no iban a correr a Hiei hasta que estuviera decentemente sano. Ya llevaba dos días aquí, así que se había perdido las clases del Lunes.

"Como sea," Hiei dijo, tomando la tarjeta y dándole una mirada extraña antes de colocarla descuidadamente en la mesita de noche, necesitando de esa mano libre para tomar los libros. "¿Por qué sigo aquí?" preguntó, mientras revisaba las páginas marcadas. "Ya me siento bien..." Eran solo unos rasguños y un brazo roto que ya estaba enyesado.

"Quiero que terminen las pruebas que pedí," Yuusuke dijo, jugando con las flores en la mesita de noche, tomando una pequeña y arrancando los pétalos uno a uno. "No quiero que regreses a casa con alguna enfermedad venérea y sin medicamentos."

Los dedos de Hiei se detuvieron en las páginas, y se curvaron suavemente encima de un párrafo. Oyó a Yuusuke moverse junto a él, levantándose incómodamente del costado de la cama. Este no era un tema que Hiei quisiera tocar. Mucho menos con Yuusuke. Y el Detective lo sabía. Pero rara vez pensaba antes de hablar, si no era en una pelea. Y eso era porque en la lucha, no era necesario ser un genio verbal.

"Como sea..." continuó, voz algo rasposa. "Toma esto como una pequeña vacación, ¿sí? ¿O es que acaso no adoras estos pequeños emparedados y este fresco jugo de manzana?" preguntó en tono más alegre, empujando ligeramente la bandeja de comida en el regazo de Hiei.

No le serviría de nada enojarse con Urameshi. Y no quería enojarse con quien le estaba pagando la cuenta del hospital (o eso se diría a si mismo si alguien más preguntaba), así que alzó la mirada después de un momento. El fuego eterno que palpitaba en su pecho estaba vivo en sus ojos, y al juntar los orbes rojos con los marrones de Yuusuke, creyó ver una ligera chispa en el color chocolate... pero era... ¿tristeza?

"Claro. Y en especial me encantan los rellenos sorpresa de las gelatinas." Usó el tema improvisado para apartar sus ojos de los de Yuusuke, y miró con asco e interés el semi-transparente "postre" sobre el plato que ya había levantado. "Creo que hoy son trocitos de pescado."

Una carcajada. Listo. El hielo se había derretido completamente, y lo único que tenían que hacer para que siguiera así era evadir cualquier tema personal. Pero últimamente era más difícil... ¿dónde quedaron esos días en que Hiei caminaba con Yuusuke para alejar el estrés, en los que pensaba en el chico solo como una distracción? Más importante: ¿cuándo habían empezado los días de preocupación mutua?

Los resultados les llegaron esa misma tarde. Hiei estaba sano, así que, después de tres pequeñas guerras, Yuusuke accedió a dejarlo salir del hospital... pero insistió en que el chico fuera a dormir a su casa por una noche más. Hiei accedió, solo porque sabía que Yuusuke estaba preocupado. Seguro que no pensaba que la casa de Hiei fuera un lugar seguro, si lo habían lastimado tanto en ese lugar.

"¡No necesito que me cargues los libros!" Hiei vociferaba, moviendo su único brazo sano alrededor para tomar los volúmenes que Yuusuke sostenía fuera de su alcance. "¿Quién me crees? ¿Un inútil?"

"De hecho, preferiría verte como una sexy colegiala," Yuusuke molestó, haciendo gala de la baja estatura de Hiei al alzar los libros por sobre su cabeza. "que me ofrecerá de sus bombones al llegar a casa. Aunque tú no pareces tener muchos al frente... ¡me conformaré con los de atrás, pues!

"¡Eres un...!" Hiei se detuvo abruptamente casi al llegar a la recepción, y suspiró ligeramente. "Olvidé la tarjeta de Minamino. Enseguida vuelvo..."

Al llegar a la habitación, tuvo alo de suerte. Una de las enfermeras estaba limpiando el cuarto, y estaba a punto de tirar la tarjeta a la basura cuando Hiei se la pidió. No era que le importara... pero no podía tirar un obsequio así como así. Yukina siempre le decía que debía ser agradecido por lo que le dieran. Hiei solo lo aplicaba a objetos, claro. La tarjeta se iría directo a su cajón de ropa sucia, probablemente. No era como si fuera especial. Minamino seguro la había comprado de último minuto al escuchar que uno de sus alumnos estaba en el hospital


Yuusuke silbaba para si al esperar a Hiei. El chico no debería tardarse más de cinco minutos en ir y venir... un poco más, si no tomaba el ascensor. "Mejor que lo tome, no debería estar haciendo mucho esfuerzo." Una pausa, y una sonrisa socarrona. "Soy toda una mamá pato."

Miró alrededor, apoyado contra la pared junto a la recepción. Personas normales, entrando y saliendo del hospital. Algunas sangrando ligeramente, otras con dolores de estómago, y un hombre con traje más alto que todas las demás personas caminando por la entra—

Yuusuke parpadeó, reconociendo al hombre. Lo había visto... hace... dos o tres años, cuando Yuusuke seguía en una etapa "dócil" y veía a Shigeko mucho más seguido. Fue solo una vez, y ni siquiera le había hablado por más de dos segundos. Pero era imposible olvidar a alguien así.

"¿Bui?" llamó, mientras el hombre se aproximaba, pero seguro para pasarlo de largo.

La cabeza del hombre giró, obviamente confundido y algo molesto. Después de mirar al chico por tres segundos, se calmó ligeramente. Seguramente se 'forzó' a calmarse. Uno no podía gritarle al hijo del jefe. Menos, si no sabían que ya no pasaban la mayor parte del día juntos. El hombre avanzó hacia Yuusuke, parándose a una corta distancia y estrechando su mano, seguramente con más delicadeza de la que usaba con otras personas.

"Joven Yuusuke," el hombre dijo. "Que bueno verlo."

Este tipo lidiaba con drogas o algo así... bueno, no vendía personalmente, por lo que Yuusuke había escuchado la única vez que lo vió, pero si se aseguraba de que otros pagaran. El día de la reunión estaban 'celebrando' que varios empleados cambiaban del mando de alguien más, al de Shigeko.

"Sí, igual," Yuusuke dijo con una pequeña sonrisa. "¿Alguien que conozcas está en el hospital?"

"Sí... vengo a preguntarle algo," dijo. Por el modo en que sus ojos divagaban al decirlo, y por el tono que su voz tomó, Yuusuke supo que no era un asunto lindo. Pobrecito del que visitase Bui.

"Muy bien, pues... trata de no caer en problemas. Mis mejores deseos a quien sea que saludes." Que no estuviera muerto para el final del día.

"Claro, joven Yuusuke. Fue un placer." Y sin más, se fue, dejando a Yuusuke para que se preguntara a quién iba a ver.

Como cinco segundos después, llegó Hiei. Yuusuke le sonrió, pero la expresión falló al notar un par de signos negativos en el cuerpo del chico. La mano que llevaba la tarjeta de Minamino estaba apretando tan fuerte que la tarjeta estaba doblada a la mitad, arruinando el lindo dibujo de una carita feliz. Sus hombros estaban tiesos, y las sutiles líneas que Yuusuke le veía en la cara indicaban gran estrés. El fuego en sus ojos era una barrera casi sólida de dolor, y Yuusuke frunció el ceño.

"¿Te pasó algo?"

Ligera sorpresa en el rostro del otro chico, y algo de enojo: seguro que él creía que, además del puño apretado, no había nada que revelara su estado de ánimo. Eso era verdad para la mayoría de la gente, pero no para Yuusuke.

"No," contestó Hiei, bajando la mirada. "Ya vámonos."

La tensión de la mañana había regresado. Hiei no miraba a Yuusuke por nada del mundo, y Yuusuke intentaba que sus ojos se encontraran. Le entró nostalgia. Antes era él quien trataba de apartar la mirada. Pero se estaba acostumbrando mucho a leer a Hiei fácilmente, sólo por medio de los ojos. Ayudaba mucho el que Hiei mirara fijo a los ojos mientras fulminaba con la mirada.

"¡Estoy en casa!" llamó al llegar al apartamento, sacándose los zapatos en la entrada y esperando a que Hiei hiciera lo mismo. El silencio era total: seguro que Atsuko había salido al bar de la esquina. "¿Qué te pasa?" preguntó finalmente.

"Nada," Hiei espetó, agitando la cabeza un poco. Pero los 'nada' de Hiei eran como los 'nada' de Keiko. Aunque estos estaban cargados de indiferencia y no llamadas de atención. Hiei quería que lo dejaran solo. Razón por la cual Yuusuke debía insistir.

"¿Te golpeaste el brazo en el hospital? ¿Te duele algo?" Hiei pasó por su lado, dirigiéndose a la sala. Ya sabía donde estaba, ya que habían pasado un corto tiempo de su última visita ahí. Yuusuke lo siguió, colocando los libros en la pequeña mesa del comedor al pasar, mirando a Hiei sentarse en el sofá de la sala. Era como hablarle a la pared. "¿Estas molesto conmigo?"

Aún nada.

"Mira, Hiei, estas siendo un bebé. Si no me vas a decir—"

"¿De donde conoces a Bui?" Los ojos rojos finalmente estaban clavados en el rostro de Yuusuke.

Yuusuke parpadeo. ¿Bui...? ¿Hiei conocía a Bui? ¿Pero por qué...? Se tensó como Hiei lo había hecho, aunque involuntariamente. Los ojos de Hiei se achicaron con suspicacia. Pero Yuusuke no se tensaba por las razones que Hiei pensaba...

"Hiei, yo..." Tuvo que detenerse cuando su teléfono celular comenzó a sonar. Lo sacó, bajo la mirada fulminante de Hiei, y contestó apretadamente: "¿Bueno? ¿Keiko?" se paró, dándole la espalda a Hiei, para concentrarse a medias en el sermón de Keiko. Este era el que empezaba con "no puedo creer que seas tan irresponsable". Al parecer, Yuusuke había olvidado que tenía una cita con Keiko hoy, planeada desde la semana pasada. "Oh... lo siento, Keiko, lo olvidé por completo. No, no creo que... pero comprende, Hiei estaba en el hospital y yo... sí... sí, muy tierno. Escucha, Keiko, ¿puedo hablarte más tarde? Tengo un asunto aquí... Sí, yo igual. Adiós."

Era bueno que Keiko fuera tan inocente. No era tan bueno que Yuusuke no pudiera decirle que la amaba. Era casi pacto el decir "Te amo" al final de la llamada telefónica, pero últimamente ya no lo decía. Había algo distinto ahora.

Regresó la mirada a Hiei, frunciendo el ceño más profundamente. "Bui es..." ¿pero qué podía decir? Si le decía que era un empleado de su padre, sabrá dios lo que asumiría Hiei. Tal vez llegaría a la conclusión correcta, si sabía lo que Bui era. "Es el tío de mi madre," decidió. "No es alguien que veo seguido... y lo saludé en el hospital. ¿Lo conoces? ¿No te agrada?"

Ahora Hiei estaba en la posición incómoda. Pero eso le decía a Yuusuke la clase de relación que Bui tenía con Hiei.

"No, no... no es nada," dijo Hiei tras agitar la cabeza, levantándose para tomar sus libros de la mesa. "Voy a hacer mi tarea..."

"Muy bien... yo solo..." Apretó los puños. "Yo voy a ir a tu casa por un cambio de ropa y tus otros libros, ¿sí? Entraré por la ventana si está cerrada la puerta... tú quédate aquí por si mi madre regresa, nunca se lleva su llave."

Sin esperar por una palabra de aceptación, se largó de la casa. Al salir del complejo de apartamentos, echó a correr hacia la casa de Hiei. Le ardían los músculos con adrenalina, y la mirada casi se le borraba con la furia. ¿Había sido Bui el que había atacado a Hiei esa noche?

"Hijo de..." masculló, saltando un par de botes de basura al correr. Por mucho que quisiera revisar los hechos, no podía. Sí iba a ir a la casa de Hiei. Sí iba a hacer lo que le dijo al chico que haría. Y si podía golpear a alguien de camino allá, mejor.

Se estaba calmando un poco para cuando llegó a la calle de Hiei... pero la espina del odio se clavó firmemente en su pecho cuando vió a Bui, y a otros dos hombres, parados frente a la puerta de la casa. "Maldito," gruñó por lo bajo, antes de correr aún más rápido. Al llegar junto a los hombres, se dirigió directo a Bui, dio un pequeño salto para impulsarse, y le atestó un golpe directo a la cara.

"¡Oye tú--!"

"¿Quién te crees que--?"

"Bui," Yuusuke dijo, ignorando a los dos hombres. Parecía que querían agarrarlo a golpes, pero ante la falta de respuesta de su líder, no se habían movido. "Deja en paz a Jaganshi."

"Jaganshi no es a quien quiero," Bui dijo calmamente. "Es con Karasu. Jaganshi—"

"No tiene nada que ver en esto. Déjalo en paz. Si vuelvo a escuchar que lo lastimaste..." dejó la advertencia volver el aire alrededor denso. Observó, satisfecho, como se congelaban los tres hombres.. "Busca a Karasu en otra parte, pero deja de venir a esta casa." No tenía ni idea de quien era Karasu. Tal vez algún pariente de Hiei. "Si me entra alguna sospecha de que estas molestando de nuevo..."

"No pasará. Urameshi-san no tiene por que enterarse de esto," Bui dijo, con voz apacible.

"Cierto," Yuusuke accedió. "Mientras no se repita..."

"No sucederá de nuevo," aseguró. Le hizo una señal a los hombres a sus costados, y los tres se fueron sin chistar. Yuusuke suspiró ligeramente, corriendo sus dedos entre su cabello. Había salido bien... Regresaría a su casa después de tomar los libros y la ropa de Hiei.

Por el mes que siguió, las cosas se calmaron un poco. Hiei no fue atacado ni se rompió nada, y su brazo se curó satisfactoriamente. Yuusuke no se metió en pleitos que no pudiese ganar, no escucho de su padre ni de Bui, y no se lastimo gravemente. No hubo intentos de suicidio por parte de ninguno. No era una meta olvidada, sólo... postergada. La tensión que llegaba y se iba en los frescos días de otoño los entretenía y apartaba sus mentes del siniestro acto.

Hiei dejó las tutorías.

"Ya puedo retener información satisfactoriamente, además de que las unidades que no entendía de cada materia están claras ahora," declaró el chico cuando se lo comentó a Yuusuke. "Y ya no aguanto a los pájaros amorosos. Kuwabara no le quita los ojos de encima al profesor. Solo porque saben que no le voy a decir a nadie importante creen que esta bien coquetearse frente a mi." Yuusuke prontamente le golpeó la cabeza por insinuar que él no era importante.

Yuusuke mejoró sus calificaciones.

Debido, claro, a los esfuerzos de Hiei por enseñarle un poco de todo. Yuusuke parecía aprender muy bien cuando se le daban muchos ejemplos intercalados con bromas referidas solo a Hiei. El chico había comenzado a pensar que era caso perdido.

Las temperaturas bajaron un poco, los vientos aumentaron, y las clases seguían tan tediosas como siempre habían sido. La vida era igual... y sin embargo, Yuusuke nunca había estado tan contento. La muerte había dejado de ser la única opción, ya que Yuusuke pensaba más seguido en su futuro. Claro, cuando le llegaron noticias "formales" de que Shigeko quería verlo, el estomago pareció llenársele de gusanos.

"Mi papá quiere verme," Yuusuke dijo.

Él y Hiei estaban sentados al borde de un río. Bueno, era un acueducto, pero habían saltado la barda de metal y estaban sentados en el concreto, observando el agua medio-cristalina que corría por el paso. Hiei había comprado unos pastelillos dulces para compartir con Yuusuke, con el dinero que consiguió de un pequeño empleo de repartidor. Estaban cubiertos de canela y un polvo blanco muy sabroso, y Hiei ya se había comido dos de los tres que le tocaban. Yuusuke seguía mirando el primer suyo, que estaba a medio comer.

"¿Tus padres están divorciados?" Hiei preguntó, lamiéndose los dedos ausentemente, aunque sus ojos estaban fijos en el rostro de Yuusuke. Hiei nunca había visto a Shigeko, y ya había ido a casa de Yuusuke varias veces. Más de la mitad, se había quedado a dormir.

"No. Pero sería mejor si así fuera. Mi padre nunca viene a casa, de todas formas." La clásica y monosilábica respuesta de Hiei le indicó que podía continuar. "Realmente lo detesto, ¿sabes? Nos venimos peleando desde hace un par de años..."

"Que mal. ¿Te puedo preguntar algo?" Ya estaba terminándose su último pastelillo.

"Sí," Yuusuke dijo, parpadeando de sorpresa y mirando a Hiei, después de darle un mordisco a su golosina.

"¿Por qué demonios decides abrirte conmigo, de entre todas las personas?" Hiei dijo, su labio inferior algo sobresaliente en un inconsciente puchero. "¿Qué hice para obtener tu confianza?"

Yuusuke lo miró dijo por un momento, antes de reír ligeramente. Estiró la mano y limpió con su pulgar una pizca de polvo blanco, que estaba testarudamente pegado a la comisura de los labios de Hiei. "Porque eres terriblemente adorable."

"Deja de molestar," el bajito chico dijo, apartando la cabeza velozmente y lamiéndose los labios, limpiándose con el dorso de la mano antes de suspirar ligeramente. "Bueno... ¿No puedes negarte a ir? ¿Decirle que estas ocupado?"

"Mi padre no es del tipo que toma un 'no' por respuesta," Yuusuke dijo, haciendo una pequeña mueca de resignación. "Voy a tener que asistir." Lo bueno es que no había pedido que fuera Atsuko. Estaría más molesto y más preocupado de ser así. Y si hubiera dicho que solo fuera Atsuko... Su mirada se nubló un poco, y miró a Hiei un instante. El chico estaba muy concentrado en el agua... por la mueca que tenía, era obvio que no encontraba al agua tan hermosa como las flamas a las que era adicto.

Yuusuke sonrió un poco y empujó el pequeño empaque de pastelillos dulces hacia Hiei. El chico tomó la invitación prontamente y tomó uno de los pasteles que quedaban, los que pertenecían a Yuusuke. Pero a él no le gustaban tanto las cosas dulces.

"¿Extrañas mucho a Yukina?"

Hiei, muy discretamente, casi se atraganta con lo que tenía en la boca. Era normal...

Últimamente, Yuusuke tenía la costumbre de hablarle a Hiei de su día. No solo de a quien había molestado. Todo su día. Lo bueno, lo malo, y lo que pensaba al respecto. No de sus sentimientos, porque eso era de niñas. El punto era, que no se enfocaban en Hiei. El chico parecía contento de solo escuchar.

"¿Por qué preguntas?" dijo, una vez que pudo pasar lo que tenía en la boca. Curiosamente, no perdió su apetito, y dio otra mordida al dulce. Más pequeña que la anterior, pero aún así la había dado.

"Que, ¿no puedo?"

"Hn..." Masticó y tragó, pero se quedó en silencio por un rato. "Algo." Se terminó el pastelillo. "Pero sé que en donde está, le va mejor que a mí."

Yuusuke arqueó una ceja a modo de interrogación. "¿Y eso te hace sentir...?" Plática de chicas, pero era algo curioso.

"Contento," Hiei dijo, encogiéndose de los hombros. "Yukina es una buena persona. Merece ser feliz."

"¿Y tú no?" Hiei giró la cabeza para mirarlo, con una expresión algo confundida. Yuusuke le dio una mirada divertida, y le revolvió el cabello afectuosamente. "Tienes un complejo de inferioridad, Hiei."

"¡No tengo un complejo de inferioridad!"

"Apuesto a que sufrirías si tú tuvieras algo que Yukina no," Yuusuke dijo, agachando la cabeza cuando Hiei trató de golpearlo. "¡Vamos, Hiei, estoy jugando! Además, es lindo que te preocupes tanto por tu hermanita," dijo con una sonrisa. Hiei se ruborizó ligeramente y atentó contra la salud de Yuusuke con otro golpe, también fallido.

"Ya cierra el pico," Hiei dijo, calmándose un poco solo porque no quería que ninguno cayera al agua. Estaba helada, seguramente. "¿Te reconciliaste con Keiko ya?"

"No," Yuusuke dijo, haciendo una mueca. "Creo que... que voy a terminar con ella."

"Creí que se llevaban bien. Hacen una pareja... interesante." Porque "linda" no era un adjetivo disponible para describirlos. Keiko era, como decían muchos, "demasiado buena para ese vago".

"Me cae bien," Yuusuke admitió, moviéndose hacia atrás un poco. "Y sí la quiero mucho, pero... últimamente, no se..."

Era más como una hermana. Yuusuke no quería pasar todo el día con ella, o hablar de su día con ella, o ir a la cama con ella. Eran amigos de la infancia, y hubo una pizca de interés romántico por un rato, aunada e intensificada a los problemas intensos por los que el chico estaba pasando... pero Yuusuke ya había descubierto que era ese "algo" distinto. Hace una semana, de hecho.

"No creo que tenga la chispa que busco. Quiero a alguien más..." volteó a ver a Hiei, quien lo estaba mirando. Sus ojos estaban tan vivos como siempre, pero la llama estaba tranquila. "salvaje."

Pasó un momento en silencio entre los dos. Y solo esa brisa de ligero entendimiento se necesitaba para que el incendio volviera.

"Hn..." Hiei se levantó, quitándose el polvo de las piernas. "Tengo que ir a casa. Se está poniendo oscuro." Karasu, su tutor, había regresado hace dos semanas, y no salía de ahí por nada. Claro, Yuusuke sabía que debió haberse enterado de que Bui no podía ir a visitar la casa... pero solo le interesaba que Hiei estuviera bien.

"Seguro," Yuusuke dijo, algo resignado. No presionaría más por un tiempo. No quería asustar a Hiei. Pero ya tenía los ojos fijos en el chico, al que no consideraba mas su enemigo. "¿Te acompaño a casa?"

"Estamos a dos cuadras, Detective," Hiei le dijo con un ligero tono de exasperación, al tiempo que saltaba la barda de metal. A Yuusuke le alegraba verlo tan ágil y lleno de vida. Era más atractivo cuando no estaba lastimado o medio-muerto. "Creo que llego yo solo. ¡Te veo mañana en clases!" Y echó a correr, agitando la mano como despedida hacia Yuusuke.

"¡Nos vemos mañana!" Yuusuke le gritó de regreso, agitando el brazo hasta que la figura de Hiei ya no era visible. "Maldito enano," sonrió al levantarse, tomando el último pastelillo y metiendolo a su boca. Con las manos libres, trepó la cerca y cruzó al otro lado, dejando la bolsa de papel olvidada al viento.

No estaba deprimido por el tenue rechazo. Él había molestado a Hiei con chistes homosexuales cuando aún no estaba interesado en el chico, así que esto era, tal vez, la venganza del karma.

Y esto le había subido el ánimo. Ahora se sentía capaz de pasar por esa reunión con Shigeko. Y si se sentía mal después de ella, iría a molestar a Hiei e insinuársele.


Una gota de sudor frío de bajó a Yuusuke por la frente, y su expresión estaba atrapada entre terror y forzada indiferencia. El terror estaba ganando, y la sonrisa de Shigeko lo reforzaba.

Yuusuke tragó saliva. Se sentía como tratar de pasar una piedra que era más grande que su puño por la traquea.

Se encontraba en un pequeño cuarto, que a su vez estaba en una suite de lujo en un hotel del centro, en el último piso. Pero este cuarto era oscuro, feo, y con fines claros, por el modo en que solo una luz traía iluminación, justo en el centro, enfocada a Yuusuke y una solitaria mesa. Yuusuke se sentaba en la única silla del cuarto, mirando fijo a la superficie de la mesa.

Ahí, en un orden aleatorio, estaban varias fotos de él y Hiei. Algunas eran de lejos, otras con zoom, y todas tomadas, obviamente, a distancia. Pero las tres que los mostraban a los dos de frente eran suficientes para este tipo de chantaje.

"Eres un ser humano despreciable," dijo con voz temblorosa, pasando los dedos por encima de una foto en específico. Era de esa misma tarde. Yuusuke estaba inclinado hacia atrás y un poco hacia la izquierda, donde Hiei estaba sentado. Había una pequeña bolsa con un solo pastelillo dentro, y se miraban fijamente a los ojos el uno al otro.

"Lo sé. Deberías ser así tú también. ¡Oh, pero sí lo eres! Porque me mentiste, Yuu-kun." Una mano bajo a la mesa, y se paro justo sobre una foto que mostraba el distraído rostro de Hiei, que miraba fuera de una ventana de la escuela. "Tal vez lo salvaste porque pasaste por ahí... pero ya no es así, ¿verdad?"

Yuusuke se quedó callado. No levantó la vista cuando Shigeko levantó la foto. Esta regresó a su campo de visión en unos segundos, pero en tres partes distintas.

"Nunca creí que batearas en esa dirección, hijo. Estoy algo... decepcionado. Asqueado, de hecho. Pero no es nada que no se pueda arreglar..." su mano se dirigió a otra de las fotos que mostraban a Hiei.

"¿Qué quieres que haga?" preguntó Yuusuke finalmente.

Se había descuidado. No había sido lo suficientemente listo. Había salido con Hiei en público demasiadas veces, a diferencia de con Keiko. Caminó por la calle con el chico, sin ocultar sonrisas. Jugueteó con él, sin preocuparle nada. La felicidad no llegaba gratis. Ahora pagaría el precio.

Antes, no había necesidad de mantener a Yuusuke a raya. Cuando se reveló, no tuvo nada. No había nada que lastimar para llegar al corazón de Yuusuke. Estaba Atsuko, pero Shigeko parecía subestimar el amor de Yuusuke por la mujer lo suficiente para pasarlo por alto. Ahora, Shigeko podría demandar el control completo de nuevo. Si Yuusuke pisaba mal, Hiei lo pagaría.

"No quiero que vuelvas a ver a este chico," Shigeko dijo. Su tono dejaba claro que estaba mortalmente contento con esto, y Yuusuke alimentó esa satisfacción al encorvarse ligeramente, como si alguien le hubiera golpeado el estómago. "Quiero que dejes de pelear contra mí. Quiero que pases más tiempo con el tutor que escogí para ti. Quiero que hagas todas las malditas cosas que te pido que hagas, sin quejarte. Haz eso por mi, Yuu-kun, y tu amiguito verá la luz del día mañana."

Los ojos de Yuusuke se agrandaron. No era una amenaza sólida, pero Yuusuke no tenía garantía de que Hiei no hubiese sido capturado ya, en caso de que se negara a estas exigencias.

"...Muy bien. Pero no lo lastimes."

"No lo haré, Yuu-kun. Mientras seas un buen niño y te comportes," Shigeko dijo con un tono horriblemente meloso, frotando el hombro del chico fuertemente.


A Hiei no lo habían secuestrado. Llegó a casa, sin sospechar nada, y nada había pasado. Karasu estaba dormido en su cuarto. No había drogas en la casa, como si deshacerse de ellas desharía las cuentas que habían traído. Karasu ya no usaba a Hiei para librarse del estrés... de hecho, su vida había estado muy calmada, '"normal", por todo el mes pasado.

Se acostó temprano después de terminar la tarea, y durmió muy tranquilo, a pesar de pasar una hora entera preguntándose sobre la insinuación de Yuusuke aquella tarde.

A la mañana siguiente, todo siguió normal. Preparar el desayuno para si y para un Karasu a quien ya le daba un carajo si Hiei era el que cocinaba, tomar la mochila, cerrar todas las puertas y ventanas, y salir a la escuela con un "regreso más tarde" para el casi asustado-a-muerte ocupante de la casa. Llegó a clases, y buscó a Yuusuke. No lo encontró. No importa, lo vería después de clases, las cuales estaban a punto de empezar.

Pero al salir de clases, tampoco lo vió. No compartían ninguna clase, así que no le había extrañado en las pasadas horas. Regresó a casa, algo resignado.

Y a pesar de que al día siguiente mantuvo en alto sus expectativas... No lo vió tampoco. Ni al día siguiente. Ni al siguiente. Y si que lo había buscado: hasta se había saltado dos clases para tratar de encontrarlo. El Viernes, ya estaba preocupado y harto. Su última clase era Biología, con el Profesor Minamino, y aprovechó para preguntarle:

"Profesor," dijo. Los ojos del hombre se fueron a su rostro de inmediato, sonriendo acogedoramente, como siempre. Hoy en día, la sonrisa era más brillante. "¿Ha estado faltando Yuusuke a su clase?"

La sonrisa falló un momento, y el pelirrojo parpadeó varias veces, confuso. "¿El joven Urameshi...? No. Ha venido a todas mis clases."

Hiei frunció el ceño profundamente. "Ah... Bien... Gracias. Adiós." Y se fue antes de que Minamino pudiese preguntar el por qué de su duda.

Corrió a casa ese día. No busco a Yuusuke después de clase, ni preguntó en los alrededores para saber si lo habían visto. Probablemente le darían las mismas respuestas que su profesor: que sí venía a la escuela, que sí los molestaba. Que solo estaba...

"Ignorándome," siseó al llegar a casa, cerrando la puerta de su habitación de portazo. El deforme espejo pegado a la parte trasera se cayó, rompiéndose en el suelo. Por suerte ningún fragmento llegó a lastimar a Hiei, quien estaba muy ocupado pateando la cama. Le dolió el pie, pero no le importó. Se sentía horrible, saber que lo estaban ignorando.

No le hubiera importado un mes atrás, tal vez tres semanas. ¿Pero por qué tuvo que comenzar a ignorarlo ahora, cuando a Hiei le importaba?

"¡Maldición!" vociferó, pateando la cama de nuevo. "¿¡Por qué!?" Esto se sentía tan mal como cuando le dijeron que Yukina y su madre se mudarían al extranjero.

No, esto era peor. Porque Yuusuke seguía aquí.


Y, de hecho, estaba parado justo fuera de la casa, pero en un rincón oscuro de la calle de en frente, donde no se podía distinguir su forma. Miraba a la ventana con algo de resentimiento en la mirada, y una mueca de tristeza mientras escuchaba los gritos y golpes en el cuarto de Hiei.

"Perdón, enano..." Mascullo, agitando la cabeza y dando vuelta para marcharse. "Pero es por tu propio bien."


¿Por qué de pronto hay otro capítulo? Porque estuve de vacaciones por cuatro días, sin nada de internet, y mucho tiempo libre, acompañados de una súbita claridad de el contenido de los siguientes tres capítulos. Espero que sea suficiente respuesta.

Por cierto... ahora que miro y pienso, estamos ya a la mitad del camino, si no es que más allá de la mitad. Porque no estoy seguro de que llegue a los veinte capítulos. Espero que se queden hasta el final... aunque el siguiente capítulo seguro tardará un poco en llegar. O tal vez no. Sigo de vacaciones por una semana más.

Y el capítulo, como prometí, es más largo que el anterior. No el más largo, pero más largo de lo habitual.

Lo que me recuerda, ¿recuerdan lo de el título de "La Peor Mano?" Bien, aún no les diré el por qué de eso. Pero en uno de los capítulos próximos será, lo prometo. ¿Quieren tratar de adivinar de nuevo?