Dije qué actualizaría en una semana pero pude antes así que espero disfruten el capítulo después de este inicia el drama. Todos sufrirán.

El siguiente capítulo tiene contenido M.

Jade POV

Como era de esperarse todas las miradas estaban sobre nosotras y para calmar mis nervios pasó un brazo por su cintura pegándome a ella y confirmándoles a todos que estábamos juntas.

Esto realmente era desesperante, tener qué esperar en un sillón mientra hacen sus cosas raras con los vestidos, ensayan coreografías para la pasarela, el orden, los tiempos y la música. Todo para prevenir errores.

-Vámonos de aquí – le pedí.

No me importaba pasar por todo esto solo por ella. Ahora todo era diferente ella me aceptaba yo a cambio me dedicaría a cuidarla y protegerla, la haría sentirse amada, le daría todo lo que ella necesitara. Yo quería hacerla sentir que ya nunca más estaría sola, que yo estaba ahí para ella, que la amaba y que simplemente yo ya no podía vivir sin ella.

Al llegar a su casa había reporteros lo qué la puso nerviosa lo se.

-Si, pero yo quiero estar contigo. Estoy contigo Victoria, ¿Tú estás conmigo? – le dije en un susurro al oído para luego mirarla. ¿Me aceptaría?

-Estoy contigo – saqué el aire contenido en mis pulmones.

-¿Estamos juntas? – necesitaba su confirmación, no quería equivocarme.

-¿Estamos juntas? – ella tampoco por lo que me regresó la pregunta.

-Estamos juntas Victoria– y la alegría iluminó nuestras caras, estábamos felices. Me había aceptado. Con todas mis fallas, mis torpezas, mis dudas, un pene, con todo eso, Tori quería estar conmigo.

-Eres mía, toda mía – nos besamos olvidando todo a nuestro alrededor.

-Toda tuya – confirmó al separarse de mí.

Tori POV

Entramos me abrazó por detrás y enterró su cara en mi pelo, besando mi cuello y mi nuca. Cerró la puerta y tiré mi bolso en un sillón del salón.

-¿Alguien tiene prisa? – preguntó haciéndose la chistoso.

Escuchar sus palabras provocó que mis mejillas se pusieran tan rojas como unas manzanas y me quedé quieta. ¿Qué pensaría qué sólo estaba deseosa de puro sexo? La verdad era que sí, no quería ser tan obvia pero me estaba quemando por dentro.

- ¿Te gustaría un té? ¿Un café? – hablaba para disimular mi prisa. Jade caminó lento a mí alrededor, observando mi reacción.

-¿Pasa Algo? – pregunté después de un rato que se me hizo eterno bajó su mirada, estudiándome. Parecía un felino de ojos verdes cazando a su presa, así me sentí, su presa.

-No, no pasa nada – habló con calma pero sin dejar de observarme – es sólo que… - se detuvo frente a mí, muy cerca – llevo toda la tarde esperando para por poder hacer esto – tomó mi barbilla entre sus dedos y levantó mi cara para besarme despacio. Su lengua invadió mi boca y se movió alrededor de la mía, provocándome. Se separó de mí un poco.

-¿Esto? – Pregunté confundida – pero si me besaste toda la tarde Jade.

-No así – puso una mano detrás de mí nuca y me besó con más fuerza excitándome más.

-¡Jade! – pude decir cuando se alejó para respirar. Mi pecho subía y bajaba ante mi agitación y el suyo también.

Me tomó de los brazos guiándome hasta la habitación, dejándome de pie junto a la cama. Me quitó la chaqueta y yo hice lo mismo con la suya. Era absoluta y totalmente inexperta, así que haría lo qué ella hacía conmigo, no podía fallar y quedar mal.

Se puso detrás de mí y me rodeó con sus brazos, besando mi cuello, lo hacía tan lento que mis ansias se hicieron que me diera vuelta para verla, para tocarla y para besarla con desesperación.

-Calma Tori – susurró a mi oído – esto es con calma.

Se sentó en la cama y me dejó de pie entre sus piernas, me acercó a ella y enterró su cara entre mis senos, respirando profundo, moviéndola en círculos pequeños mientras sus manos me pegaban más cerca de ella presionando mis nalgas.

Mis manos se enredaron entre su pelo oscuro sin pensarlo, acariciándolo con mis dedos. Levantó el rostro y la besé en la frente, en cada uno de sus ojos cerrados, besé su nariz y finalmente su boca.

-Sufrí toda la tarde Tori – dijo agitada. Me jaló con ella y me giró dejándome acostada en la cama, ella se puso de pie y me quitó rápido los zapatos, también se quitó los suyos. Tomó mis manos y me puso de pie, sus manos estaban en mi cadera una vez que recuperé mi equilibrio, las bajaba y subía despacio, acariciándome.

Desabrochó el botón de mis jeans y bajo el cierre despacio. En este punto yo ya no podía pensar, estaba rendida y podría hacer conmigo lo que ella quisiera, estaba dispuesta a todo. Sus manos estaban bajo mi blusa, acariciando mi piel, volviéndome loca de ansiedad.

-Esta blusa Tori – su voz era seria, acusadora – marca cada curva de tu cuerpo, de tus caderas – y las acarició hasta casi llegar a mis nalgas. Por la orilla de la blusa, la levantó pasándola sobre mi cabeza y besaba la piel entre mis costillas y un poco más arriba. Mi sosten azul marino quedo ante sus ojos y no tardo en tocarlo, martirizándome por su lentitud. Sus dedos acariciaban la orilla de las copas, sin tocar mi piel, sólo la tela.

-Pero estos jeans – se calló un segundo – ¡voy a quemarlos! – Dijo seria – no está bien que este trasero – apretó sus manos en él – se vea tan perfecto en ellos. No puedo permitirlo Vega. No está bien.

Metió la mano entre la tela de los jeans y mi piel, hacia atrás, a mis nalgas, masajeándolas fuerte. De un jalón bajó los jeans hasta mis muslos, arriba de mis rodillas. Antes de que pudiera hacer otra cosa, agarré su blusa y tiré de ella tratando de pasarla por su cabeza para deshacerme de ella me ayudó, levantó los brazos y la saqué más fácil, en cuanto tire su blusa por ahí abrazó mis piernas.

-Eres tan suave – decía mientras besaba mi abdomen – quiero probar algo Tori – y sin más, bajó mis bragas, ayudándome a quitarlas. ¡Oh Dios!.

-Quiero probar algo – repitió – quiero pasar mi mano por aquí, por tus muslos que me gustan tanto, tan firmes, quiero sentir que hay aquí - y la sentí entre mis piernas, en su unión. No podía respirar, me faltaba el aire pero no me movería de ahí, necesitaba disfrutar de lo que Jade quería hacer conmigo.

-Tan suave, tan húmeda – su voz me dijo que estaba tan excitada como yo – quiero tocarte – metió sus dedos entre mis labios moviéndolos muy despacio. Me sostuve de sus hombros porque mis piernas me temblaban.

-Jade – balbuceé y fue cuando sentí además de sus dedos acariciando mi clítoris, sus labios rozando mi piel.

-Tori – dijo contra mi piel y me arqueé al sentir su aliento tibio ahí – te quiero tocar así – introdujo dos dedos en mí y jure que se doblaban mis piernas pero me sostuve con los brazos en sus hombros. No podía pensar, sólo sentir y era maravilloso. Despertaba mi cuerpo a otro mundo, uno dónde no existía la razón, un mundo donde sólo se permitían sensaciones que hicieran vibrar mi cuerpo, que me hicieran querer más, que me hicieran dejarme llevar sin importar nada más.

Movió sus dedos lentamente dentro de mi cuerpo, en círculos, incitándome, perdiéndome en ese mundo.

-¡Oh! – gimo y me agarré muy fuerte de sus hombros, no podría resistir mucho y mi respiración se agitó más. El torbellino empezó a levantarse en mi vientre bajo, formándose con fuerza, llegando a cada parte de mi cuerpo, a cada terminal nerviosa, a puntos que ni siquiera sabía que tenía, nublando todos mis sentidos, envolviéndome, llevándome con él.

Intenté hablar pero fue inútil, sólo un balbuceo ahogado salió de mi garganta. Empecé a estremecerme y sentí su brazo libre agarrarme por la cintura pero sus dedos seguían dentro de mi cuerpo, moviéndose dentro de mi hacia atrás.

-¡Ahh! – chillé, dispuesta a caer mientras mi cuerpo comenzaba a contraerse lentamente.

-No amor, aún no – susurró mientras seguía moviendo hábilmente sus dedos – espera, espera.

¿Cómo podía pedirme eso? era demasiado tarde, el torbellino comenzaba a soltarme y ya no tenía ningún dominio de mi cuerpo. Empezaba a caer, sentía mi cuerpo contraerse más fuerte, y de repente, todo a mi alrededor desapareció.

-¡Ahhh! – grité tan fuerte como mi garganta me lo permitió cuando sentí que sus dedos encontraron lo que buscaban y en el momento más oportuno. Movió más rápido y fuerte sus dedos en mí, en ese punto que había encontrado y que encendía una oleada desconocida de sensaciones maravillosas.

-¡Jade! – Grité muy fuerte - ¡Jade!

-Si amor – murmuró – lo sé.

Sus dedos comenzaron a bajar su ritmo. Dejaron de tocar ese punto que me había elevado a otra dimensión. Ya no se movían los sentí deslizarse fuera de mí.

Jadeaba inclinada sobre su hombro, no podía sostenerme de otra forma hasta que me rodeó por las piernas con ambos brazos y me cargó. Me recostó en el otro lado de la cama y ella junto a mí. Me abrazaba por detrás y besaba mi hombro, mi cuello y mi nuca.

Una vez que mi respiración volvió a su ritmo normal. Me atrajo más a su cuerpo y pude sentir su miembro contra mí, duro, firme, pero aún dentro de su pantalón.

Tomé su rostro entre mis manos y acerqué mi cara a la suya para besarla, profunda y lentamente, disfrutando de cada parte de su boca. Desde sus labios, su lengua, acariciándolo debajo de ella y sentí que se estremeció. Mis dedos jugaron con su nuca enredándose en su pelo. Fui bajando mi boca lentamente por su cuello, dejando con la puntita de mi lengua un caminito húmedo. Volví a subir mis labios por su mandíbula. Mi cuerpo acompañaba el movimiento de mi boca, pegándome contra ella, frotando mi vientre cuando mis senos se tocaron con los suyos insistentes, tomó mis manos y se movió para ponerme de espaldas en la cama y ella sobre mí.

-Tori amor… - me sentó y desabrochó mi brasier, quitándomelo y aventándolo a un lado. Tomó mis senos con ambas manos y hundió su rostro respirando en ellos y besándolos después.

Mantenía sus manos en mis senos tomándolos delicadamente. Paso su boca por toda la piel, rodeando mis pezones.

Se separó de mí, y se puso de pie quitándose los pantalones que aún tenía puestos y su ropa interior también. De nuevo estaba desnuda frente a mí. ¡Oh Dios! Se recostó de nuevo, abrazándome y rozando su pene erecto, firme y duro contra mi abdomen. Que deliciosa sensación.

-El tiempo que pase contigo por pequeño que sea, me alegraba el día y te confieso que odié mucho tiempo sentirme así, cursi, idiota por ti – suspiraba cerca de mí y podía sentir su aliento cálido, dulce.

-Necesito decirte Tori – suspiró de nuevo – ¡Que quiero qué esto en verdad funcione!, ¡Podre envejecer a tú lado! Te necesito cerca para funcionar Tori, no tienes una idea de cómo sufro cuando sé que estás lejos– rozó su mejilla contra la mía, despacio.

-Jade… - dije pero no me dejo hablar.

-Shh, déjame terminar por favor – me pidió – ¡Quiero intentarlo todo contigo!, ¡Porque te amo y necesito estar contigo! ¡Te necesito en mi vida Victoria Vega! Eres la única mujer por quien quiero darlo todo, déjame demostrártelo – y me besó de nuevo.

-¡Déjame quedarme en tú vida! – Me pidió.

-Jade… - trató de interrumpirme pero puse un dedo en sus labios - ¡Ya lo he hecho!, ¡Estás aquí conmigo! En mi casa, en mi cama. Lo he hecho antes que me la pidieras porque ¡Te amo Jade!, ¡Te quiero! – la abracé con todas mis fuerzas y ella también a mí.

-¡Victoria, amor! – repartía besos por toda mi cara. Y comenzó a acariciarme por toda mi espalda, mis nalgas, tiernamente, suave.

Me puso sobre ella y me incline para tener acceso a su pecho. Las besaba muy despacio, prendiéndome de nuevo. Mis labios se concentraban en una de ellas, jugando sobre un pezón, girando mi lengua, moviéndola despacio al principio y luego muy rápido, ella respondió muy rápido endureciéndose y contrayéndose ante mis caricias, mientras que mis dedos atendían su otro pezón.

Yo quería intentar corresponderle, la escuché gemir resultado de mis caricias y no hubo cosa más excitante para mis oídos, era maravilloso saber lo que podía provocar en ella. No resistí la tentación y subí un poco, poniendo mis pezones al nivel de los suyos, me incliné y los froté, apretándome a ella con cada uno de mis senos contra sus pezones. Mi intención era hacerlo disfrutar de mis caricias, devolverle un poco, pero no imaginé que a mí también me resultaría muy placentero. Gimió y llevó sus manos a mis senos, amasándolos y jalándome hacia ella, tomando uno con sus labios succionándolo. ¡Oh Dios! Ya no me permitiría seguir porque ahora era ella quien me acariciaba otra vez.

No pensé porque a ese punto ya no podía hacerlo, sólo actué por instinto y lo único que pude hacer fue resbalar un poco sobre ella y llevar mi mano hacia su pene erecto y muy firme. Muy despacio y temblorosa lo apreté un poco y sólo pude escuchar un leve jadeo que me asustó al principio pero no me detuve. Jade hizo su cabeza hacia atrás gozando del movimiento inexperto de mi mano y me atreví a continuar. Seguí con esa caricia que parecía gustarle mucho, lo estaba haciendo bien porque sus gemidos me lo decían, apreté mi mano un poco más fuerte en la base de su extensa longitud soltándola después. Lo hice varias veces más y ver su rostro perdido disfrutando me animó, dándoles un suave masaje al mismo tiempo que mi mano sobre su miembro nunca dejo de subir y bajar. De pronto un leve grito hizo que me detuviera, asustada.

-¡Oh no! – Dijo con voz ahogada - ¡No pares!

Inmediatamente llevé mis manos a dónde estaban antes de que me asustara y continué con mi labor de acariciarla. Aumenté la rapidez de mis movimientos y su respiración se agitó aún más. Jadeaba y apretaba con fuerza los ojos que mantuvo cerrados desde que comencé a acariciarla pero cuando su respiración se volvió aún más irregular y sentí que comenzó a tensarse, se sentó de golpe y me hizo a un lado acostándome por completo en la cama.

-¡Oh Tori! – Se acomodaba entre mis piernas – nunca terminas de sorprenderme – dijo bajando hasta mi ombligo y comenzó a repartir besos a su alrededor, introduciendo su lengua en él, haciéndome un poco de cosquillas hasta que sentí su mano descender por mi ingle y me quedé muy quieta.

-¿Qué pasa amor? – Me pregunto triste mientras me acariciaba el interior de mis muslos - ¿No te gusta que te toque aquí?

Yo no podía hablar.

-¿No te gusta sentir cómo juegan mis dedos aquí? – Se movieron alrededor de mi clítoris, sin tocarlo – mmm siempre húmeda, contéstame amor ¿te gusta?

-¡Aja! – me moví un poco y cerré los ojos.

-Muy bien amor, entonces yo creo – dijo y acomodándose entre mis piernas – que esto también te va gustar.

Bajó su rostro y lo que sentí después me enloqueció aún más. Sus labios besando el área libre de vello que tanto la había sorprendido, me recorrían junto con su lengua, paseándose por todo ese pequeño triángulo, lamiéndolo, dibujando con su lengua sobre él. Mi cuerpo no podía dejar de moverse ante la excitación que estaba creciendo en mí.

-¡Quieta! – me ordenó con voz firme, levantando el rostro – ¡no te muevas!

Intenté obedecerla y me aferré con una mano a la almohada bajo mi cabeza y la otra a las sábanas pero cuando parecía que había logrado controlarme, sus caricias llegaron aún más abajo, separando mis labios con sus dedos para darle libre acceso a su boca que ya la tenía probándome, rozando sus labios por mi punto más sensible, acariciándome sólo con ellos hasta que su lengua quiso sentir mi suavidad. Moviéndola a un lado de mi clítoris, de arriba abajo, haciéndome gemir y respirar cada vez que podía y por fin sentí su lengua en él, delicadamente y sin lastimarme paseó sobre mi clítoris una y otra vez aumentando poco a poco la rapidez de su movimiento y cuando creía que estaba a punto de estallar…

-¡Oh Dios! – grité.

La sentí sonreír y proseguir con su tarea sólo que esta vez mientras succionaba muy suave mi clítoris, introdujo sus dedos en mi interior y no pude evitar arquear mi cuerpo al sentirla moverse dentro, buscando mi punto exacto como hacía unos momentos antes. Mi vientre comenzó a contraerse sin que pudiera hacer algo para detenerlo y entonces Jade se levantó, fue hacia su pantalón y de uno de sus bolsillos sacó un paquetito de color negro, se lo llevó a la boca y de un tironcito lo abrió colocándose el contenido sobre su muy excitado pene y se acomodó entre mis piernas.

-¡Abre los ojos Vega! ¡Necesito verte! – y se introdujo en mí, mirándome y gimiendo ambas ante él primer empujón de sus caderas. Se quedó quieta esperando alguna reacción mía y al no obtenerla continuó con el exquisito vaivén de su cuerpo dentro del mío, profundizando con cada embestida, aumentando la rapidez de sus movimientos y después disminuyéndolos para hacer girar sus caderas en círculos lentos para embestirme de nuevo. No reprimía mis jadeos y ella tampoco los suyos excitándonos más. Nos mecimos en una oleada de placer que poco a poco iba creciendo, llevándonos con ella a lo más alto y aún más allá hasta que comencé a sentir contraerse mi vientre de nuevo, provocando arquearme ante ella y sintiendo ante la caída con la que el torbellino una vez más me sorprendía.

-¡Jade!

Grité su nombre al llegar mi inminente orgasmo y un par de embestidas más hicieron que Jade también alcanzara el suyo. Agotada, se desplomó sobre mí unos segundos y despacio abandonó mi cuerpo, dejándome un vacío indescriptible.

Ella era mi complemento. Éramos dos piezas que encajaban con perfección, una maquinaria perfecta que se movía sola al unirse, era el agua que calmaba mi sed y la luna de mis noches.

Me abrazó y con mi rostro recostado en su pecho nos quedamos dormidas.