Oh rayos, me adivinaron xD… ¡fuertes aplausos para MaryCheliz!, bueno amiga mía (conste que no estaba arreglado, es todo deducción de ella), le atinaste a todo, aunque no me quedó muy claro tu línea de pensamiento, sí cogiste cada pista leve que di (el recuerdo suprimido, la tortura, el nombre…) y te armaste una idea bastante cercana a lo que era xD… aplausos también para spunk-xX, quien si bien no le atinó, hizo el intento. Por cierto… algo nada que ver: jajajajaja estaba escribiendo este cap… y me acordé que tenía la canción de Orihime esa, "La la la" jajajajaja me maté de la risa escuchándola jajajajajaja, esa canción es muy… "Orihime" xD jajajajaja, aún no sé por qué me puse a escucharla, pero me reí mucho.
Pasando a lo obvio, Bleach no me pertenece… es del desalmado de Tite que aún no devuelve a Rukia T_T… y bueno, muchas gracias por las reviews a: Sakura-Jeka, Yare Kurosaki, spunk-xX (Hola!, je… si bueno, en ese momento están tratando de raptarla, pero al menos alcanzó a declararse, aunque no es una declaración en toda regla xD… sobre lo que dijiste para el "concurso", no olvides que hablamos de Ulqui… no creo que piense que algo que viviese fuera estúpido y le dé pena ajena… de hecho no me imagino a Ulquiorra sintiendo vergüenza de algo de su pasado xD. Gracias en verdad por participar e intentarlo, me alegra saber qué es lo que piensas de la historia y de cómo seguirá), MaryCheliz (que decirte amiga jajajajajaja, no esperaba ser descubierta por nadie, pero ya veo que de verdad me conoces xD jajajajajaja, oh, sobre tu pedido… ajustamos detalles después, aunque admito que también me gusta la idea de hacer un fic de Erza y Gerald xD jajajaja es que… es tan linda pareja, medio romántico, medio dramático… aunque sí, ya sé que me dijiste sin tragedia, romance puro jajajajaja), Dita34 y a elechan (jajajajaja noooooo, turba enfurecida! Nooooo! Jajajajajjaa xD que me reí con eso… jajajajaja mi hermana llegó de su cuarto a preguntarme de qué me reía xD, aish… bien, aquí tienes la conti, pero… estoy segura de que vas a aporrear la puerta de mi depa jajajajjaa no te diré donde vivo!, y menos mal que no lo sabe nadie de por aquí a quien le dé ganas de hacerme sentar a escribir la conti de este cap… creo, aunque ya sé que va a pasar en la conti xD… pero tardará un poco, por cierto… muchas gracias por leer y comentar en mis otras historias, me alegraste el día justo cuando estaba escribiendo el inicio de este cap).
¡Les doy las gracias por todas las reviews que me han dejado! Aunque quería esperar a que me dieran 10 reviews al menos, no me aguanté, ¡llegamos a las 60 reviews!… bueno… disfruten este capítulo, recuerden las especificaciones sobre escritura (vean algún capi atrás por si no recuerdan, creo que en el 6)
Advertencia:No olviden que este fic tiene rating T, las escenas de este cap son fuertes según yo… al menos lo suficiente como para advertirlo. Otra cosa, el género de este fic es GENERAL, lo que implica que en este fic hay casi de todo… sino vean este capítulo, que no lo recomiendo a gente sensible a estos temas.
Agradecimientos especiales a Maricela (MaryCheliz), sin tu ayuda me hubiera quedado muy extraña la parte del desayuno… gracias por ayudarme con el avance que está teniendo el ulquihime… en verdad me cuestan esos dos, creí que se habían salido mucho de sus personalidades… jejeje xD no te pasé nada de lo que te va a sorprender en este cap… menos mal que ya me habías dejado la review, porque sino no hubiera podido preguntarte, me reanimaste y me permitiste volver a meterme en los sentimientos de la hime xD con lo que me cuesta esa chica…
Nota: Este capítulo inicia desde la tarde-noche del sábado, es decir, cuando Rukia e Ichi vuelven del parque de diversiones con el resto de Kurosakis.
Capítulo 10: Turbias memorias
Ulquiorra se remecía inquieto, su mente vagaba por sus recuerdos y el pesar se notaba en su rostro, que poco a poco comenzaba a sumirse en un frío sudor. Cuando parecía que hablaría entre sueños, abrió los ojos. Sintiéndose desorientado por un momento se incorporó de inmediato en la cama, valiéndole un dolor de cabeza y un mareo, que lo hizo detener cualquier acción.
Eran cerca de las diez de la noche en ese momento, Ulquiorra miró a un costado y vio a Orihime dormida sobre el borde de la cama. Se sorprendió de verla aún ahí y se quedó observándola dormir. Sintió que alguien se acercaba, pero no se movió ni hablo, entró el mayordomo.
-Señor… la chica acaba de quedarse dormida, si gusta le despierto.
-No, está bien así –Ulquiorra notó que Orihime tenía un paño en la mano en que reposaba su cabeza.
-Estuvo cuidando de usted, Rukia-sama se disgustaría si supiera que se ha estado esforzando.
-Prepárale una habitación, no es prudente que se marche ahora.
-Si, Cifer-san –Ulquiorra volvió a quedarse como único ser conciente en la habitación.
Se levantó de la cama y se aseó, posó las manos en el lavamanos con aparente indiferencia, mas en su interior, todo amenazaba con quebrarse, las negruras que en su pasado trató de sepultar, amenazaban con salir ahora a flote en su mente y torturaban su conciencia.
Volvió dentro del cuarto y esbozó una levísima sonrisa al ver dormir tan desprotegida a Orihime, recuperó su semblante mientras se le acercaba y la cogía en brazos. Orihime dormida aún, inconcientemente se trató de aferrar de quien la movía, abrazándose al cuello del chico de ojos verdes. Ulquiorra la cargó al cuarto que se había preparado para ella y la depositó suavemente en la cama, luego la cubrió con una manta y salió para continuar con su trabajo.
-No quiero ir a clases hoy –decía un pequeño de cabello negro inflando sus mejillas en un claro intento de hacer un puchero.
-Tienes que ir Ulquiorra, sólo ve a jugar con tus amigos.
-Los niños del colegio son tontos –dijo indiferente mientras miraba por la ventana –y la profesora nos habla como bebés.
-Pero si eres mi bebé –dijo una hermosa mujer de ojos almendrados y cabello negro ondulado y largo, mientras cogía al pequeño de unos tres años y medio y le hacía cosquillas, mientras ambos reían.
Ya cansado Ulquiorra se frotaba los ojos luego de un pequeño recuerdo propiciado por un pequeño descanso no premeditado. Se levantó y fue por un café a la cocina, hoy esperaba no dormir, el pasado le estaba acechando con cada avance del tiempo… los mismos archivos que revisaba eran propiciadores de recuerdos.
Volvió a trabajar en su escritorio, tenía recopilada información de los actuales dueños de Aizawa-Corp. La empresa actualmente era regida por la única heredera viva de aquella familia según los archivos, una joven mujer menor de veinticinco años, soltera. La chica había perdido a sus padres en un accidente automovilístico hacia dos años, dejándola a cargo de un enorme imperio financiero, que debatía en poder y riqueza con el de la familia Kuchiki, de hecho, ambos eran los mayores accionistas de la empresa de té en la que actualmente Byakuya buscaba hacerse accionista mayoritario.
Tenía estudios de ingeniería comercial, que terminó de manera no presencial producto de la muerte de sus padres, debido a sus elevadas calificaciones. La chica en cuestión ahora había extendido en gran medida sus bienes, de maneras poco escrupulosas. Se rumoreaba que se encontraba enlazada a grupos de yakuzas, pero no era posible confirmar nada aún.
Ulquiorra pasó toda la noche obteniendo la mayor cantidad de conocimientos al respecto de la familia y formas de enfrentar la situación, investigó todos los negocios relacionados y averiguó todas las formas posibles en que le beneficiaría a la mujer el mal de la familia Kuchiki.
-"Igual a sus padres" –pensó inconcientemente mientras obtenía más y más datos de la joven. Sin poder evitarlo, a las cuatro de la mañana cayó dormido sobre la mesa.
Un niño pequeño, de baja estatura y edad, caminaba cogido de la mano de su madre y su padre. El niño iba feliz riendo, al tiempo que saltaba cada tres pasos y avanzaba llevado en volandas por ambos adultos, que sonreían junto a él, compartiendo su alegría. Cuando llegaron a unos metros de casa el padre se detuvo, haciendo detener a toda la familia. Dijo unas palabras que el pequeño no alcanzó a entender mientras les pedía que fueran por unos refrescos.
Bajo el pórtico de la gran casa del niño había una limosina estacionada, de ella se bajaron personas que el pequeño alcanzó a ver, entre ellas un hombre muy parecido a su padre. Para cuando su padre volvió por ellos, ya no jugaron más. Los ojos verdes del hombre de cabellera negra y lisa eran ilegibles para su primogénito de iguales colores de ojos y cabellos, mientras que para su esposa no auguraban un buen futuro.
Se despertó antes de que dieran las seis, sobresaltado, reordenó los papeles que había esparcido y fue a tomar una ducha.
*** turururu ***
Orihime se despertaba desorientada, no recordando ni dónde estaba ni qué día era. Se golpeó la frente al recordar que estaba en casa de Rukia y se levantó dejando todo ordenado luego de bañarse y vestirse. Abrió la puerta del cuarto en que estaba y asomó la cabeza con sumo cuidado, a ambos lados se extendía un pasillo que parecía no tener fin, suspiró abatida mientras pensaba en la mejor manera de ubicarse en aquella casa.
Comenzó a caminar en línea recta, hasta que llegó a unas escaleras, pero antes de poder bajarlas la detuvieron.
-Señorita, no debe bajar ahí, venga, su desayuno ya está listo.
-¿Qué hay allí?
-Bajando está el comedor de servicio para los empleados, así como la bodega de la familia. –Orihime sonrió.
-¿Entonces Ulquiorra –san y usted desayunan allá abajo?
-Oh, no, me temo que nosotros estamos en otra categoría de empleados, yo lo hago junto con el personal de servicio de limpieza aquí arriba, pero claramente no en el comedor principal, Cifer-san por su parte, es el único con tal privilegio de entre los empleados. –Orihime se extrañó, pero alegró al tiempo. –Tome asiento –le dijo mientras corría la silla más cercana, habían llegado al comedor.
-Gracias… -el mayordomo se iba a retirar –espere, ¿Ulquiorra vendrá a desayunar?
-Lo llamaré enseguida.
-Ah, gracias… lo esperaré.
Ulquiorra apareció luego de unos instantes y se sentó sin hablar, cuando les sirvieron, sólo ingirió su té, sin probar bocado de lo que había para desayunar. Orihime lo miraba en silencio, sin saber que hacer o decir.
-Ulquiorra-san…
-Ya no es necesario que te quedes, ve a casa. –dijo sin sonar molesto, pero a Orihime le parecía un reclamo.
-S-si… lamento haber provocado tantas molestias. –Ulquiorra no la miró y siguió bebiendo de su té. – ¿Estás mejor? –preguntó al cabo de un rato en silencio.
-Como puedes ver, estoy perfectamente.
-Ya veo… -Orihime sentía que Ulquiorra estaba siendo apático, podía ver que algo le estaba molestando realmente. –No creí… que te molestara el que viniera a verte… estaba preocupada… y ayer… no te veías bien… yo… lo siento. –apretó sus manos sobre su regazo, pensando en lo torpe que había sido.
-No me has molestado, Orihime –dijo dejando la taza y mirándola fijamente –Agradezco tu preocupación, puedes ir tranquila.
-Algo… ¡Hay algo que te molesta verdad! –dijo alzando la voz, se sorprendió a sí misma, pero no daría pie atrás –Has estado extraño desde el accidente… no… incluso antes, algo te preocupa, ¿tan difícil es para ti confiar en las personas?, ¿tan difícil es que te apoyes en alguien?... se que es tonto decirlo, pero estoy dispuesta a ayudarte… quiero ayudarte…
-No hay nada que puedas hacer –dijo indiferente, Orihime sin darse cuenta comenzó a lagrimear, estaba helada mirando a Ulquiorra, mientras que las lágrimas caían de su rostro sin que ella las sintiera si quiera. –pero no debes llorar por eso, Orihime –En ese momento se percató de que por sus mejillas escurrían lágrimas, y las miró extrañada, Ulquiorra se levantó y acercó mientras le limpiaba las lágrimas delicadamente con su mano, para luego marcharse diciendo unas últimas palabras –Si te acercas, si puedes llegar a mí… entonces quedarás sucia por mí… no debes mancharte Orihime, que mi oscuridad no te toque.
Ulquiorra desapareció de la misma forma en que había llegado para desayunar y Orihime no volvió a verlo antes de irse, no supo como reaccionar y simplemente se marchó cuando tuvo oportunidad. Ahora caminaba por inercia hacia su departamento, tenía la mirada oculta bajo su flequillo mientras avanzaba con la cabeza gacha, ingresó a su departamento extrañamente sin saludar a nadie en el camino, dejando extrañados a los residentes y al recepcionista.
Había ido con un bolso cruzado a la mansión Kuchiki, que ahora era dejado delicadamente sobre la mesa, cerró la puerta del departamento y avanzó a la cocina, verificó que estuviera ordenada y aprovechó de limpiarla un poco. Cuando terminó con ella se dirigió al living, encendió la televisión a un volumen superior al moderado y se sentó en el sofá que estaba directamente en frente de ella. Sus ojos seguían cubiertos por su flequillo mientras subía sus piernas y las apretujaba contra sí.
-Duele… -apoyó su cabeza en sus piernas, la televisión mostraba un programa de farándula al cual ella era completamente indiferente, comenzó a llorar empapando la tela que cubría sus rodillas -¿En qué momento… te has vuelto… tan importante? –se preguntó mientras murmuraba afligida, las lágrimas salían sin control mientras ella hipaba levemente al tiempo que su espalda se movía incesante por los intentos de ahogar los sollozos.
La televisión seguía transmitiendo, risas y burlas junto a sonidos de ambiente para el programa se escuchaban, mientras ella simplemente lloraba apoyada sobre sus rodillas, cada gota salida desde el fondo de su corazón la liberaba y estrujaba a un mismo tiempo. Su corazón se rompía en pedazos al mismo tiempo que se reconstruía para volver a romperse, el resto del mundo desaparecía en ese momento, sólo estaban sus sentimientos.
Ulquiorra se sintió impotente cuando secó sus lágrimas, pero prefería ello a que verla inmiscuida en su pasado, ciertamente él era únicamente oscuridad, no quería ensuciar la luz que encontraba al borde del camino. Se encerró en su cuarto decidiendo no acercarse otra vez a la chica, al menos no hasta solucionar el actual problema que enlazaba las vidas de personas importantes para él.
Llegados a este punto, Ulquiorra ya no tenía nada más que hacer por el resto del día, y cogiendo el consejo de Orihime se puso a descansar, para el lunes estaba seguro necesitaría estar bien. Comprendiendo a su vez que no podía encerrarse de lo que ahora la vida abría en su camino, dejó a su mente vagar por sus recuerdos, había aprendido mucho en la vida como para seguir sintiendo miedo por ellos, ahora tenía motivos y medios para enfrentar su pasado y caminar hacia un futuro limpio, que quería ciertamente alcanzar para compartir.
Ulquiorra comprendió que ya era momento de luchar por ser quien era y mantener libre de lágrimas los rostros que ahora le importaban, específicamente hablando de dos chicas mayormente. Se dejó caer sobre la cama de su cuarto mirando al techo, con los brazos extendidos, pensando en lo que Orihime una vez le dijo.
- "Siempre hubieron buenas personas que cuidaron de mí y me ayudaron a estar donde estoy ahora." - Ulquiorra recordaba esas palabras de ella, esbozó una triste sonrisa al pensar en cómo él había llegado a donde estaba. – "desde que puedo recordar, no ha habido nadie cerca para ayudarme" –eso lo había dicho él… en cierta forma no era mentira, pero tampoco era tan cierto como parecía, sino sencillamente no estaría donde ahora estaba. Recordaba haber dicho que no tenía familia, claro… lo referente a su ascendencia era algo que nadie existente en el mundo debía saber por el momento, pero en ese instante deseó poder contarle a Orihime todo lo que ocultaba en su pasado, su terrible pasado.
*** turururu ***
Hace veintidós años casi del tiempo actual, un pequeño niño de poco más de cuatro años trataba de leer un cuento sentado en el piso. Una mujer de negros cabellos se encontraba en la cocina, mientras de una olla salía vapor y procedía un ruido de ebullición, ella estaba cortando vegetales con suma atención en la preparación de la comida.
-Mami, ¿por qué tenemos que quedarnos aquí?... –pregunto el pequeño cuando hubo acabado de leer.
-Porque nos tomamos unas pequeñas vacaciones hoy, tu papá pronto llegará –dijo sonriendo al pequeño, tratando de ocultar el miedo y la inseguridad que sentía desde el día anterior.
-Pero tú siempre me dices que el jardín es importante… ¿por qué hoy justamente puedo saltármelo? –insistió el pequeño de ojos verdes y viva inteligencia.
-Porque creí que era bueno darte el gusto por un día Ulquiorra
-¿Es mi cumpleaños? –preguntó inocentemente.
-No, pero… veamos… ¿falta poco para eso verdad?
-¿En serio?
-Sí, quizás deberías ir a medirte para ver si has crecido desde la última vez que estuvimos aquí.
-¿Qué edad tenía entonces?
-Estabas por cumplir los tres años
-¡Quiero ver cuánto crecí! –dijo olvidando completamente el motivo inicial de la charla con su madre mientras recorría entusiasmado la casa por las marcas que en ese tiempo hubieran hecho. Su madre sonrió viendo al niño correr de un lado a otro, apiadándose de él le señaló una pared junto a la puerta.
Dejó la comida en su etapa de cocción y con un plumón se acercó a su hijo, que estaba tratando de ponerse de puntitas pegando la espalda a la pared, para asegurarse de haber roto la marca previa de esa casa.
-Oh mira que alto estás –dijo la mujer luego de hacer una nueva marca cuando le hizo apoyar completamente los pies en el suelo. Ulquiorra sonrió al ver que superaba por más de diez centímetros su última marca.
-Voy a ser más alto que papá –dijo feliz.
-Puede ser… ¿pero crees que serás más listo? –preguntó divertida la mujer mientras le daba un beso en la frente al pequeñín.
-¡Claro!, aunque… eso sería si me das permiso de leer esa enciclopedia… ¿puedo? –preguntó tiernamente al referirse a una enciclopedia infantil sobre el cuerpo humano.
-Por supuesto Ulquiorra… recuerda, si hay alguna letra que no sabes, muéstramela y te la explico.
-Gracias mami. –El niño se fue a sacar la enciclopedia de su lugar de reposo y como previamente había hecho, se sentó a leer sobre la alfombra, con el libro en su regazo.
-"Se está tardando" –pensó la bella mujer al mirar por la ventana. –Ulquiorra, deja eso y ven a comer –el niño obedientemente guardó el libro en su lugar correspondiente y se sentó a la mesa. Comía con calma y cuidado, le era levemente indiferente al sabor de la comida que hoy le tocaba, especialmente porque no le gustaban las arvejas que tenía en su plato.
Estaban en un lugar a las afueras de Karakura, era la casa que su familia le heredó al no tener más descendientes antes de casarse con Albert, el padre de Ulquiorra. Esta casa no contaba dentro de los bienes de su marido, por lo que esperaba no fueran encontrados fácilmente ahí.
Su teléfono sonó y ella presurosa fue a atender.
-Diana… -la voz de Albert se escuchaba agitada por el teléfono -¡Tienen que salir de ahí!, me encontraron y no tardarán en dar con ustedes… no se preocupen por… -la línea se cortó.
-¿Mami? –Ulquiorra notando que algo extraño pasaba perdió todo el entusiasmo por leer y se acercó a su madre, que trataba de calmarse y recomponerse.
-No pasa nada… termina de almorzar ¿quieres? –trató de ser lo más dulce posible con él, evitando que su voz temblara, no quería asustarlo y quería que comiera antes de tener que irse… además… ¿irse a dónde?, ni ella sabía la respuesta.
Mientras su hijo comía, ella preparaba una mochila con dinero, una muda de ropa para el pequeño, un poco de bebestibles y unas galletas que le gustaban a Ulquiorra… no tenía vehículo, además no sabía conducir, siempre lo había hecho o su marido o el chofer de la familia, pero ahora claramente no tenían uno.
-Ulquiorra, vamos a ir a buscar a papá ¿de acuerdo?, tenemos que salir sin que nadie sepa ¿si? –Ulquiorra miraba preocupado a su madre, algo no andaba bien y él podía sentirlo.
Un ruido de una furgoneta acercándose detuvo en seco a Diana. Corrió asustada a mirar por la ventana frontal para ver como cinco hombres bajaban de ella y procedían a pasar la barda de la casa, caminaban tranquilamente, la puerta estaba a unos metros de ellos.
-Ulquiorra –la mujer cogió al pequeño de los hombros completamente asustada, no se esperaba que tan pronto dieran con ellos –¡mírame por favor! –el niño la miró asustándose al verla en pánico.
-¿Qué pasa ma…?
-Unos hombres muy malos vienen Ulquiorra, pase lo que pase, escuches lo que escuches… no vayas a dejar que te vean… -la mujer lo abrazó y lo cogió para luego ir a ocultarlo mientras sonaba el timbre de la casa.
-¡Hey!, ¡ábrenos mujer!... sabemos que estás dentro –dijo un hombre mientras golpeaba con los nudillos. Ulquiorra comenzó a temblar de miedo y su madre le besaba la frente repetidamente.
-Mi vida… por lo que más quieras prométeme que no dejarás que te vean, que no te encontrarán.
-¿Y tú mami?, cabemos los dos… ven conmigo –la mujer negó
-Mi niño… no… por favor prométemelo –su rostro era surcado por muchas lágrimas.
-Lo prometo.
-No vayas a romper esa promesa Ulquiorra… te amo… y pase lo que pase… no salgas… hasta que no oigas a nadie cerca… presta mucha atención a los ruidos y sólo sale cuando no haya nadie cerca… aunque grite… no salgas…
-¡Pero mamá! –Ulquiorra comenzó a llorar y Diana trató de limpiarle las lágrimas y le entregó su osito de peluche. Estaba dentro de un cesto de mimbre, dentro de un armario, en la parte superior.
-Calla, si te escuchan te buscarán y no quiero que eso pase… -dijo empinándose para darle un último beso- no hagas ruido, yo voy a estar bien… cuando puedas huye sin mirar atrás, llévate esta mochila, perdóname Ulquiorra… de ahora en adelante, no digas a nadie tu apellido… ahora eres Ulquiorra Cifer, ¿de acuerdo? –diciendo esto cerró la tapa del cesto y ordenó el armario sin que se notara el cesto, fuera los golpes eran cada vez más insistentes hasta que pararon.
Diana salió del cuarto y corrió a la cocina, arrojó la comida de Ulquiorra y trató de esconder la presencia previa del pequeño. Inesperadamente la puerta principal fue derribada.
-Registren –se escuchó una voz masculina seguida de movimientos varios por el lugar, Ulquiorra trataba con todas sus fuerzas prestar atención a los ruidos que habían fuera del armario y del cuarto.
-No hay necesidad –Diana se adelantó y salió enfrente de los hombres –aquí estoy –dijo completamente segura, Ulquiorra se asustó de escuchar a su madre hablando con esos hombres y esperaba angustiado lo que ocurriera.
-¿Dónde esta el niño, Diana Cifer?
-Salió con Albert. –el hombre que la interrogaba estalló en carcajadas.
-No deberías estar jugando con nosotros… tu marido… ya dejó este mundo –dijo burlesco mientras la miraba de soslayo. Diana tenía miedo, pero no dejaría que nada de eso la hiciera dudar de su decisión, no quería tampoco que Ulquiorra lo notara.
-Ustedes… ¡él es su hermano!, ¡cómo hacen esto entre familia!
-Lo que haga o deje de hacer Len Aizawa-sama con sus familiares nos tiene sin cuidado, obedecemos órdenes y nos pagan por ello… ahora… ¿dónde está el heredero de Albert-sama? –dijo mirando a la mujer.
-Albert lo escondió.
-No es cierto… la tortura fue efectiva con él… y nos dijeron que está contigo. –hizo un gesto con la cabeza y dos hombres comenzaron a registrar todo el lugar, llegó uno al armario y mientras revisaba la parte inferior Diana pensaba en una forma de distraerlos.
-¡No está aquí!, ¡salgan de mi casa! –en un rápido movimiento sacó el cuchillo cocinero que había ocultado en sus ropas y se abalanzó contra el hombre que daba las órdenes. Los dos que estaban registrando se detuvieron y voltearon a ver.
-He, ¿crees que puedes hacer algo?-dijo mientras apretujaba la muñeca de la mujer mientras hacía por la fuerza que soltara el cuchillo, le había cogido la mano antes de que lo alcanzara a tocar. -¡No molestes, basura! –la arrojó con fuerza, haciendo que se estrellara contra la pared. –Sigan revisando –dijo viendo que los hombres se detenían, el del armario procedió a registrar otro lugar. Ulquiorra se aferraba fuertemente a su osito mientras trataba de no emitir sonido alguno.
-Señor, revisamos todo y no está –dijo uno al cabo de un rato.
-¿Dónde está mujer? –Diana no hablo y decidió tratar de no emitir ruido alguno –te estoy hablando… préstame atención maldita –cogió su rostro con una mano mientras veía los ojos llenos de determinación de ella.
-Nunca lo sabrás.
-No sabes que dices –dijo bofeteándola, la llevó al cuarto matrimonial –quédense vigilando las salidas –le dijo a dos de sus subordinados, quedando sólo dos con él. –Tu marido no duró… ¿crees que tú me diviertas un poco? –preguntó a la joven madre mientras la arrojaba a la cama. Sus hombres la ataron prontamente y la dejaron a su merced.
-…
-Si no quieres decir nada… me complacería oírte gritar –sacó un arma con silenciador de bajo calibre y le disparó a una de sus piernas, Diana se mordió fuertemente el labio tratando de no gritar. –Oh… ¿no gritarás tampoco? –hizo un gesto con la cabeza a uno de los hombres mientras guardaba el arma. –Entonces me aseguraré de que sufras hasta suplicar por tu muerte… y nos dirás dónde está el pequeño.
-Nunca –dijo mientras pequeñas lágrimas de dolor se formaban en sus ojos.
-Entonces comencemos… - repentinamente Ulquiorra dejó de escuchar muchos ruidos… hasta que oyó gritos desesperados de su madre.
-"Dijo que no saliera… prometí no salir… no saldré… no me verán…" –se convencía así mismo el pequeño mientras lloraba en silencio apretando a su osito luego de una hora escuchándola gritar. En un momento comenzó a oír jadeos y golpes mientras su madre gritaba desgarradoramente. Los gritos siguieron así por media hora más… hasta que pararon en un momento.
-Tch… ¿está muerta? –preguntó despectivamente. –No nos ha dicho dónde está el bastardo… tú –dijo a uno –pásame eso –dijo refiriéndose a unos implementos que utilizaron casi al inicio y le aplicó electrochoques hasta que la vio abrir los ojos. -¿Y?, ¿dónde está? –la mujer ya no era capaz de sentir algo de su cuerpo, sonrió burlona y volvió a cerrar los ojos, lo había vencido. -¡Maldita estúpida! –procedió a golpearla cuanto quiso hasta que notó que ya no respondía.
-Señor, no ha salido nadie… si hubiera un niño tan pequeño aquí…
-Tch… quema la casa… esta mujer ya está muerta y no debemos dejar huellas de nada… como su piel está quemada es mejor así… -comentó eso último para sí mientras salía del cuarto y se ajustaba su ropa –tú –le dijo a uno de ellos –traba las puertas… vámonos de una vez, cuando comience el humo alertarán a bomberos.
Así se hizo, un hombre trabó las puertas y prendió fuego al frontis de la casa, Ulquiorra mordía su labio hasta sangrar aguantando el llanto y los gritos que pugnaba por dar mientras trataba de asegurarse de que no hubiera ningún ruido ni movimiento… que no hubiera nadie cerca.
Bajó de su escondite y corrió al cuarto donde estaba su madre mientras el calor se intensificaba y el fuego se acercaba, nadie más estaba en ese lugar. La mochila que había bajado con él y su osito estaban tirados junto a la cama de su madre mientras el pequeño lloraba mares de lágrimas, gritaba desconsolado sobre el cuerpo de su madre, desnudo, con quemaduras, cortes, moretones y envuelto en sangre… Ulquiorra desesperado trataba de reanimarla y hacer que abriera los ojos.
Cuando el fuego llegó a la habitación comprendió que su madre estaba muerta, y más aún comprendió que había muerto para salvarlo. En ese instante… Ulquiorra Aizawa murió, para dar paso al indiferente y frívolo de Ulquiorra Cifer, se limpió el rostro y su mirada perdió el brillo, se trepó sobre un mueble y abrió la ventana del cuarto de su madre para arrojarse fuera con su mochila, dejando atrás al osito que minutos después fue consumido por las llamas.
Se cambió de ropas y arrojó las suyas al fuego antes de irse. Vagó un tiempo por las calles, estuvo una semana de lugar en lugar sin ser detectado por nadie, aprendió fácilmente a pasar desapercibido, pero le intrigaba aún su verdadero apellido, su madre se lo había escrito en la parte interior de la polera que ahora traía puesta y estaba más que sucia.
Había copiado lo que estaba escrito en ella a una hoja y dentro de la biblioteca en que ahora estaba leyendo unos libros demasiado avanzados para su edad y topándose con el par de letras que no podía aún leer se acercó al mesón de la bibliotecaria.
-Señora, ¿podría por favor decirme cómo se lee esto? –un chico de unos cuatro años, cabello negro y tristes ojos verdes hablaba de puntitas hacia un mostrador que lo superaba en altura por unos palmos. La mujer desvió la vista hacia él y se sorprendió.
-¿Dónde están tus padres pequeños?
-Mamá está en el baño –dijo con la mirada oscurecida mientras acercaba el libro. –No entiendo estas dos letras –dijo apuntando a la "y" y a la "w" –no sé cómo se leen. La mujer le explicó los sonidos fonéticos utilizados para leerlas y el niño le mostró un papel.
-Esto se lee "Aizawa", es una gran familia… lástima que hayan pasado por tantas penurias.
-¿Qué ocurrió con ellos?
-Bueno… luego de la muerte del magnate, el mayor de sus hijos iba a administrar las empresas… pero el hijo mayor murió asesinado y su familia pereció en un incendio… dejando al hermano menor a cargo de todo… pobre… acabando el funeral de su padre tuvo que realizar el de su hermano…
Ulquiorra llegó a cumplir cinco años, recordando la fecha como un mero día más en que el dinero ya se le acababa… días después comenzó a seguir a indigentes en las calles para tratar de averiguar cómo vivían ellos… estuvo viviendo con ellos un par de meses antes de que fuera encontrado por policías y llevado a un orfanato.
Cuando cumplió los catorce años salió del orfanato con toda la enseñanza básica cursada y principios de media, con sus trabajos de medio tiempo logró pagar un alquiler… pero se vio inmiscuido en más de una ocasión en peleas por su actitud indiferente, por sus ojos, por ser un chico callado y calmado… además de por ser un miembro activo del club de kárate y también del de kendo.
Siempre cuando le preguntaban que quería hacer cuando grande decía que un hombre fuerte… y cuando lo consiguió no se satisfizo y buscó mejorar aún más. A Byakuya Kuchiki lo conoció años después, cuando salvó a Rukia y a Hisanna de una grupo de mafiosos que había derrotado al personal de seguridad, Ulquiorra en realidad había peleado con ellos simplemente porque el hombre líder, ya entrado en años, era el mismo que había atormentado a su familia. Cuando estaba por matarlo Byakuya llegó junto a él y lo detuvo.
Desde ese día Ulquiorra decidió servirle a él, además de por ser un hombre ejemplar, por que tenía de esa forma una razón de ser. Se prometió que no dejaría que otros sufrieran dolor por causa de la ambición, y sabía que los Kuchiki eran el blanco de muchos por ese motivo.
*** Tururururu ***
Un hombre estaba siendo golpeado en el suelo, pero prontamente se levanto y comenzó a devolver golpes, una chica gritó su nombre pero fue rápidamente silenciada.
-Quédate quieta mocosa –el hombre que la sujetaba extrajo una daga y la puso en su cuello –no valla a ser que se dañe tu lindo rostro… -Ichigo se petrificó al ver a Rukia en peligro.
Estaban en serios problemas…
-¡Déjenla ir! –gritaba desesperado Ichigo mientras golpeaba a los hombres para terminar por dejarlos noqueados en el suelo.
-No estorbes naranjito, si haces algo más la matamos –dijo el hombre de gafas oscuras y traje, al tiempo el otro hombre que cogía a Rukia presionó más el metal en el cuello, provocándole un pequeño corte que al instante comenzó a sangrar.
-¡Malditos! –Ichigo gritaba desesperado sin moverse en su posición, pues había sido cogido por los otros dos hombres, que ahora lo hicieron acuclillarse.
Rukia no estaba segura de qué hacer, pero cogió la única opción que en esos momentos se le ocurrió y dejó de moverse mientras movía su cabeza hacia abajo, lo más que podía, pese a que de esa forma profundizaba un poco el corte.
-¿Qué pasa preciosa? –dijo el hombre que la sujetaba, poniendo sus labios cerca del oído de ella. En ese momento Rukia reclinó hacia atrás lo más rápido que pudo su cabeza, golpeándolo.
Se escuchó un crujido de huesos horrible y un jadeo, Rukia aprovechó para darle un codazo a su atacante y liberarse. El hombre tenía rota la nariz y se encontraba tratando de frenar la hemorragia mientras apoyaba una rodilla en el suelo y sujetaba sus costillas.
-¡Perra! –gritó furioso, tratando de levantarse. Ichigo al ver que Rukia estaba libre temporalmente, opuso resistencia y ayudado por la chica venció al par de hombres que lo habían reducido anteriormente, Rukia terminó golpeando a uno que volvía en sí con un rodillazo certero en la mandíbula, volviendo a noquearlo.
Ichigo por su parte se acercó al hombre de la daga y comenzó a golpearlo hasta dejarlo inconciente, lo que ninguno había recordado con la adrenalina del momento y los instintos de supervivencia a lo que suponía amenaza, era al hombre de gafas que miraba simplemente la escena.
-Ya fue suficiente… si no me la puedo llevar por las buenas… entonces que muera –dijo simplemente metiendo la mano a su traje y extrayendo un arma de fuego. Ichigo se detuvo en seco, al igual que Rukia, volteó rápidamente y trató de alcanzarla mientras corría hacia ella.
BANG
…
Jeje… vean la continuación en este mismo canal algún día! (será más pronto si me dejan reviews ^^)
~o~O~O~O~o~
Oh rayos, oh rayos *escapando de una turba de gente muy molesta* ¡Perdón! *gritando mientras huye desesperada por su vida* ¡les juro que se sabrá que pasa en el próximo capítulo!, ¡no me maten por favor! *les lanza unos papeles* ahí está lo que llevo del otro capítulo… *aprovecha que se distrajeron para esconderse y escapar*
-Dice… "Capítulo 11: Lo que hace a una vida" –lee uno en la primera página.
-Pasa a la siguiente –al pasar las hojas se dan cuenta que todo lo demás está en blanco.
-¡Nos engañó!, ¡atrápenla! –gritan con furia mientras recorren las calles…
En un lugar muuuuy lejano
Inupis: -Al fin… ya puedo decir lo que me pesa en la conciencia desde el capítulo 9… -respira profundamente -¡Ulquiorra!, ¡lo siento en serio!, perdón, perdón… -comienza a recordar lo que pasó por toda la infancia el chico de brunos cabellos –yo… Ulquiorra –está llorando en serio mientras se pone el antebrazo cubriendo sus ojos –buaaaaa, Ulquiorra…
Ulquiorra: -… ¿Para qué me llamas? –inupis se sobresalta y lo mira con los ojos humedecidos.
Inupis: -Ulquiorra… lo siento en serio... tu… tu mamá… snif… que mal… ¿por qué? –vuelve a llorar desconsoladamente.
Ulquiorra: -Eso tienes que responderlo tú, después de todo tú lo escribiste
Inupis: -¡Es culpa de Dean!, ¡él me contó esa parte! –se cruza de brazos molesta.
Ulquiorra: -No culpes a otros que no le das derecho a intervenir ahora en su defensa.
Inupis: -Al menos eres heredero -3- agradece eso.
Ulquiorra: -Agradezco que hayas matado tan cruelmente a mis padres y me hayas hecho vivir tan terriblemente para ser un heredero a una fortuna que no me interesa –dice reverenciando con su tono indiferente. Inupis se pone a llorar de nuevo recordando.
Orihime: -Ah, Ulquiorra-san, ¿qué le pasa a Inupis-sama? –pregunta cuando se aparece justo detrás de ella y la mira con curiosidad.
Ulquiorra: -Eso es algo que no debes saber aún Orihime
Orihime: -C-como digas Ulquiorra –se acerca a Inupis mientras ve que Ulquiorra se voltea y se va –Inupis-sama, ¿se encuentra bien?
Inupis: -¿Orihime?, ¿desde cuándo puedes aparecerte?... –de pronto cae en cuenta -¿qué es eso de Inupis-sama?, dime mandy o inupis… o como gustes.
Orihime: -Ma, ma… vamos, tengo algo que puede animarte –dice mientras jala a la chica pasando de su pregunta.
Inupis: -¿Qué?... oye… no vas a…. –ingresan a la casa de Orihime e Inupis palidece –no vas a…
Orihime: -Ten mandy-chan –dice confiadamente mientras le entrega un plato con alimentos extraños. –tienes que acabártelo, supe que habías andado enferma y además te va a quitar la pena.
Inupis: -¡Nooooo!, ¡prefiero la turba! –mira con pánico tratando de huir de la peli-naranja, ahora se arrepiente de haber huido en el caso inicial.
Orihime: -Di ahhhhh… -tomando desprevenida a Inupis le mete una cucharada de comida -¿Qué tal? -Inupis se desmaya.
