X.

Abril bochornoso y lluvioso.

Rukia y Renji salían de nuevo y era algo que hacía feliz a ambos. Se habían extrañado, genuinamente, y de nuevo sentían que se complementaban el uno al otro. En la compañía de baile todos los felicitaban, en la escuela las cosas parecían estar de nuevo en su lugar y sus respectivas familias les confirmaban que era la decisión más acertada.

Aún así Rukia a veces extrañaba a Ichigo y a su familia, y aunque ella estaba en todo su derecho, porque podían seguir siendo amigos, no volvió a pisar la casa Kurosaki. No porque alguien se lo prohibiera, simplemente sentía que eso haría las cosas confusas para ella y terminaría extrañándolo aún más.

Se empecinó en mantener una distancia "apropiada", ya no iban juntos a la academia de ballet, a la casa del otro, al mismo lugar para el receso… en la escuela ya ni siquiera se saludaban. El contrato estaba disuelto, nadie nunca se enteró. Todo esto ella lo hacía para prevenir que volviera a sentirse confundida por la presencia del pelinaranja. Y a pesar de todo no podía dejar de pensar en que le hacía falta, tonto pero cierto.


- Rukia, hace mucho que no te veía. – Dijo Uryu. Habían chocado en el pasillo mientras corrían a sus respectivas clases. Ella solo rió un poco y se acomodó un mechón detrás de la oreja. – También te cortaste el cabello.

- Qué observador eres.

- Te sienta bien.

- Gracias, aunque no sé cómo le voy a hacer para peinarme para mi recital. – Silencio incómodo. Rukia no se quería ir, pero no podía pensar en algo que siguiera su insípida conversación. Suspiró, de nuevo empezaba con ese tic. Cuando parecía que la estudiante iba a decir algo Uryu la interrumpió.

- Vas tarde a tu clase, ¿qué tomas a esta hora?

- Educación física, sí voy tardísimo. Ni siquiera me he cambiado el uniforme.

- Sí, lo veo. Yo me voy a desaparecer por un rato, tengo prueba y no estudié ¿quieres venir? – Rukia no lo pensó dos veces, se fueron juntos a la azotea.

Ahí estuvieron conversando durante la hora y media que duró el periodo. Rukia no lo resistió por mucho, terminó llorando y confesándole a Uryu que estaba muy nerviosa por su papel en el Cascanueces y que aunque todos le dijeran que era lo correcto haber vuelto con Renji ella ya no lo sentía así. Le dijo que extrañaba a Ichigo y a todos sus amigos. Que ya no le hablaba porque, entre muchas cosas y causas, Riruka, la chica con la que él salía, la intimidaba y cohibía. Que todo aparentaba estar bien y en realidad se sentía casi tan mal que cuando murió su hermana.

- Por eso la crisis de cortarte el cabello… te propongo algo. Trae a Renji y coman con nosotros, Ichigo casi siempre viene y así lo podrás ver de nuevo. – Rukia no parecía muy convencida, por lo que su amigo agregó – Renji y yo nos conocemos, no será extraño que lo traigas, además el resto se alegrará de verte. Ya no llores. – Uryu le ofreció un pañuelo desechable a la triste bailarina.

- Sí, los veremos en el receso. Perdona mi verborrea, soy una ridícula. – Se disculpó Rukia avergonzada mientras se limpiaba las lágrimas y la nariz.

- No creas… he visto cosas peores. Y nunca está mal llorar.


A la siguiente clase Rukia estaba como "nueva", no había rastro de lágrimas y tampoco de la soledad que sentía. Se sentó a lado de su novio y se sonrieron. Cuando llegó la hora del receso, Rukia no pudo evitar sentir mariposas en el estómago, pero siendo una Kuchiki lo supo ocultar.

- Renji, vamos a comer con unos amigos, ¿sí? – El chico nunca le negaba algo, y esta vez no fue la excepción. Tomados de la mano caminaron hacia el punto en el patio donde los amigos siempre se reunían y para el deleite de Rukia ahí estaba Ichigo, verlo le regresó la confianza que la caracterizaba. Su conversación era divertida e ingeniosa, Renji no dejaba de abrazarla por detrás y darle besos en la mejilla. La bailarina se sentía de un millón de dólares porque eso parecía fastidiar a Ichigo, quizá no se sentía como ella misma haciendo ese tipo de escenas ridículas, pero tenía la atención del pelinaranja, algo que extrañaba.

- Rukia, extrañaba tenerte aquí cerca. – Comentó Orihime mientras abrazaba con mucho entusiasmo y cariño a la bailarina. Rukia sintió la calidez, por un momento se olvidó de agredir emocionalmente a Ichigo y le regresó el abrazo a su amiga. Era cierto, ella también los había extrañado, a todos. – ¿Harás algo este sábado?

- Sí, no ves que es una chica que no pierde el tiempo. – Soltó Ichigo socarronamente e intercalando su mirada entre Rukia y Renji. El ambiente se tensó, pero la mencionada se sintió más que alegre, incluso se rió tontamente.

- De hecho sí, es la celebración de aniversario de la compañía de la familia Kuchiki. ¿Quisieran venir? La pasaríamos muy bien, ¿no Renji?

- Sí, sería muy agradable conversar con gente de nuestra edad.


Aunque ese sábado fue un día lluvioso y a la celebración de la compañía solo fueron Renji, Uryu, Orihime e Ichigo con sus hermanas, fue una noche muy agradable para los jóvenes y las asperezas que pudieron haber existido entre Rukia e Ichigo ya eran nulas. Ahora reían y tonteaban como antes, claro con Renji a cuestas.

Brindaron con los adultos, comieron muchos canapés y convivieron muy a gusto.

En resumen fue una noche donde, con la complicidad de Uryu , ese lazo se reconstruyó, Rukia presentó a Karin con un becario que trabaja con Byakuya "porque seguro se entenderían muy bien" y Renji se dio el tiempo para darse cuenta de que Ichigo era un buen tipo, lo suficiente como para ser amigos.

A partir de ese día Rukia y Renji no volvieron a estar solos, se rodeaban de los amigos de Ichigo y la pequeña pelinegra ya no se sentía acorralada por su elección.


- Rukia, siempre te sales con la tuya.

- ¿Qué estás diciendo? – Rukia, Byakuya y el mayordomo de la familia Kuchiki estaban recogiendo los refractarios que estaban en el jardín. Ya casi amanecía y todos los invitados se habían ido.

- Lograste amistar a Renji y a Ichigo.

- Ah… eso. No, sólo pensé que podrían ser buenos amigos. Tienen muchas cosas en común, ¿sabes?

- No, no me lo imaginé. ¿Qué es lo que tienen en común? – Rukia comenzó a sentir que Byakuya dirigía la conversación a un tema que ella no quería admitir en ese momento. Se limitó a bufar y responder con un bajo tono de voz que marcaba el final de la conversación.

- Cosas.

- Muy bien, qué gusto. No olvides cerrar la puerta, no queremos que la sala amanezca inundada. – Byakuya le dio una muy tenue caricia en la cabeza y se metió a la casa con algunos refractarios seguido por el mayordomo que metía los manteles blancos de encaje que habían utilizado.