NA: Primero que nada, gracias a los lectores que aún siguen mi Fic por sus comentarios, a Satorichiva entiendo tu preocupación y creeme que me cuestione mucho tanto esta como otras partes más crudas de la historia que vendran más adelante (en el escrito aqui presente de hecho) pero creó que lo único que podía hacer por Harry era intercambiar un infierno por otro, un futuro en el que tendría una humanidad solo para perderla de la manera más cruel por uno en el que tendría que descurbrir lentamente y mantener su humanidad a través de las peores circunstancias.
Hasta la próxima
Capitulo 6: Adaptación (parte 2)
Era conocido por todos el legendario carácter que se gastaba la única comandante mujer del escuadrón de caminantes diurnos, puesto que lo habían visto cuando formaba parte de la guardia de honor de los cazadores de muerte, aún luego de ser deshonrada cuando su vida le fue perdonada por un mago había conseguido un lugar en el nuevo ejército de elite de los ancianos y había avanzado a pasos agigantados desde entonces. Pese a su frialdad todos conocían de su temperamento y del temple que poseía tal que no dudaría en asesinar a cualquiera con quien incordiara en un segundo. Estas eran algunas de las razones por las que los vampiros de la fortaleza no comentaban nada acerca de la proximidad de aquel aprendiz del mago que hace unos pocos años había derrumbado todas sus defensas y acabado con la mitad de su poderosa armada, aún así unas pocas historias del niño habían llegado cuando el escuadrón de Ivanov llego de su última misión en la que enfrentarían un dragón que había estado dando problemas al oeste. La noticia de que el chico derrotó a ese dragón solo, fue el inicio de rumores acerca de su próximo regreso, la mayoría de los que habían sobrevivido a su primera visita de su maestro esperaban una oportunidad de retribución, el resto (entre ellos la mayoría que formaban parte ahora de los caminantes diurnos) esperaban una oportunidad para ver cuán poderoso era en verdad ese supuesto sucesor, lo que nadie entendía era el por qué venía. Eso era algo de lo que solo estaban al corriente los ancianos e Ivanov, y cada uno era una fuente más cerrada que la otra, en especial la pelirroja, era esa la razón por la que los vampiros puros charlaban al respecto durante la noche mientras la vampiriza y el resto de la nueva armada descansaban.
No era que lo necesitaran del todo en realidad, podían mantenerse despiertos hasta por tres meses sin que les presentara un problema en tanto se alimentaran regularmente a diferencia de la mayoría de los vampiros regulares que al llegar el alba caían dormidos al instante y no despertaban hasta el crepúsculo, solo vampiros muy viejos o con mucha habilidad podían dominar ese instinto lo que demostraba las ventajas que poseían estos nuevos soldados. Lo mismo sucedía con la necesitada de sangre, al principio parecía simplemente que no necesitaban alimentarse con la misma regularidad, pero lo cierto era que no disfrutaban la caza igual que antes de la nueva conversión, a algunos incluso les repudiaba, pero solo si se trataba de humanos. Según ellos no había desafío alguno en matar humanos por lo que cazaban animales de montaña carnívoros o veloces para correr. Ningún otro vampiro entendía está tendencia pero en tanto el cambio en la alimentación no afectara sus habilidades o fuerza (que seguían siendo iguales y en algunos casos mejores que las de sus congéneres) no les importaba.
Esta noche una importante reunión se celebraba en el saló principal del castillo, arquitectura especial y hechizado era tan grande como la cámara de los secretos, los noventa y nueve ancianos de todo el mundo se reunieron junto a sus respectivas guardias, pese a que los nueve principales de la cofradía ofrecieron sus nuevos activos para la tarea de escolta diurna sus hermanos los rechazaron alegando que no les tenían aún tanta confianza, el recinto central tenía tronos para cada uno hechos en piedra, los nueve principales unos tres pies más altos que el resto pero todos impresionantes alrededor del salón. Esa noche se discutiría el avance que representaba aquella nueva raza de vampiros si los usaban en una próxima guerra gran parte estaba en contra de usar conversos para aquello pero los resultados que habían estado mostrando en el último año era clara, solo una tarea había fallado y en esta recibieron la información de que ese escuadrón se topo con el aprendiz del mago que les dio aquella armada. Lo cual era otra de las razones que se discutirían allí, como las poderosas criaturas que eran no podían aceptar de buen modo ayuda de terceros, ni mucho menos podían aceptar la existencia de un mago como el que los nueve describieron, ninguno estaba realmente convencido de que este estuviera muerto pese a lo que les dijo. Por lo que la discusión se centro en lo que harían con el aprendiz que vendría por esas fechas (según lo que les había dicho a ese grupo luego de verlo matar al dragón en Rumania).
-Deberíamos simplemente matarlo –opino uno de los ancianos- ya hemos recibido lo que deseábamos de su maestro, sería más peligroso dejarlo con vida.
-Sin embargo queda el hecho de que no sabemos si aquel mago está realmente muerto –intervino objetivamente otro- y según los destrozos que sabemos hizo aquí solo para presentarse… -dejo su argumento en el aire lo suficiente para que todos entendieran a lo que se refería- no parece prudente en este punto provocarlo matando a su sucesor.
-Sin mencionar que no sabemos aún cuál es la capacidad de este –agregó Markus en tono paciente- por los datos del escuadrón sabemos que tiene un poder considerable, es obvio que eventualmente lo mataremos pero no hasta que sepamos cuáles son sus límites –les recordó.
-"En ese caso creó que lo mejor es que se los muestre" –una voz desconocida interrumpió con brusquedad en la mente de todos los miembros del consejo y su respectiva guardia, parecía la voz de un niño pero tenía un terrible doble eco que solo alguien con sentidos como los de ellos podría identificar.
-¡¿Quién ha osado…? –Se levantó uno de los ancianos proveniente del oriente y con ropas chinas, pero su protesta fue interrumpida por aquella escalofriante voz mental.
-"Creo que mi maestro fue demasiado blando con ustedes en base a que prefería tener un acuerdo que obligarlos, sin embargo yo me encargare de recordarles que si siguen con vida aún, fue porque alguien les permitió seguir con vida a cambio de un trato" –dijo claramente con tal frialdad que un escalofrió alcanzó a aquellos siniestro seres que por primera vez en su ridículamente larga vida fueron tocados por el pavor- "Hoy aprenderán las consecuencias de siquiera pensar en renegar de un trato ya pactado"
Aquellas fueron las últimas palabras que el arcaico grupo de seres sobrenaturales percibieron como advertencia a lo que vendría sobre ellos. Las pocas velas que apenas iluminaban el recinto se transformaron en colosales hogueras de fuego esmeralda, pese a la magnitud de estas no brindaban mayor luz que las velas que fueron o incluso menos, sin embargo sí proveían un calor abrasador. Finalmente un cumulo de flamas negras emanó de la nada en el centro de la recepción y de estas emergió un niño de cabello negro y ojos verdes de aparentes ocho años, vestido de forma un poco extraña en lo que sus ojos difirieron eran escamas negras de dragón, y los ancianos lo identificaron como el aprendiz del mago principalmente por el parentesco que lo relacionaba con este. Como es claro nadie iba a permitir semejante afrenta de buena gana, por lo que doce vampiros de la guardia principal de los visitantes se lanzaron al frente con la intención de ver quien llegaba primero a acabar con aquel mocoso insolente, su movimiento fue tan veloz que Markus no alcanzó siquiera a ordenarles que se esperaran antes de que cayeran en pedazos y se consumieran en cenizas, debido a la arrogancia que opacaba su sentido común, casi todo el resto de las guardias se arrojó en contra del pequeño pelinegro solo para ver a este convertirse en un dragón que con sus siete metros abarcaba casi toda la estancia, prácticamente invisible en las tinieblas del lugar de no ser por la habilidad de los nosferatu para ver en la oscuridad.
Sin embargo dicha habilidad no los salvo de ser alcanzados por las llamas de un intenso azul brillante, los pocos que intentaron escapar luego de ver a sus guardaespaldas caer se encontraron con la sorpresa de que el lugar había sido sellado con un potente hechizo desde el anuncio de aquella voz, sin embargo todos los demás se lanzaron a la batalla, una que no podían perder… o eso creían ellos. Su ventaja numérica total era de por lo menos mil vampiros, los más poderosos de entre su raza junto a los más ancianos con poderes mentales más allá de la imaginación de cualquier mortal. Pero al final sus poderes fueron inútiles cada vez que intentaron usarlos, su armada no tenía forma de perforar la piel de aquella inexpugnable fiera, aún cuando muchos llevaban armamento del mismo material o hecho por duendes o enanos, sin embargo cuando estas armas se hicieron presentes el dragón cambio de regreso a la forma del niño que fue con anterioridad, este no se movió en ningún momento de su lugar en el centro de la sala (en donde tenía máxima "visibilidad", en realidad no veía nada pero sus ojos, ahora completamente negros, servían como sonar), se protegió con un escudo reflector que repelía los vanos intentos por atravesarlo con armas o fuerza pero permitía la salida de los más terribles y destructivos hechizos que incluso aquellos seres milenarios hayan visto. La desesperación alcanzo finalmente a Markus cuando se percato no solo de que no podían detener a aquel ser en forma de niño, sino que sus propias formas de desaparición eran inútiles, en otras palabras…
No tenían escapatoria.
-Solo queda pelear –decidió finalmente con el mismo mutismo que lo caracterizaba.
Fue esa decisión, la misma que lo había llevado a la supremacía del poder en una raza como aquella, la de acabar con aquella amenaza él mismo, tal vez antes de lo planeado pero lo haría. Aunque se suponía que a aquella cumbre solo los guardianes tenían permitido portar sus armas, varios ancianos llevaban sus propios métodos para defenderse, Markus entre ellos fue el más preparado. Su espada era legendaria en los círculos de magia negra, mano factura duendiga y cargada con hechizos especiales por parte de antiguos magos oscuros hace casi tantos milenios como la misma especie tenía, era capaz de cortar la magia. Tres pies de largo desde el mango, envuelto en cuero negro que terminaba en una cabeza de dragón con rubíes en la empuñadura y la forma de alas al inicio de la hoja. El filo, completamente hecho de plata pero la hoja se había vuelto en un profundo negro obsidiana desde que fue hechizada y el doble filo de la misma era de un perpetuo rojo vivo, no quemaba pero los conjuros de todo tipo eran cortados con la misma facilidad que el aire, tal como aquel escudo que hasta ahora parecía indestructible. El golpe de Markus y el sonoro ¡crack! Incluso desvió la aburrida expresión en el rostro de Harry hasta la del vampiro, ambas expresiones competían muy bien y su encuentro marcó una especie de transe en el resto de los vampiros, que no había visto a su gobernante luchar hacía muchos siglos, mucho menos lo había visto desenfundando aquella espada.
Una espada que incluso Harry había temido enfrentar en sus mejores días, no estaba del todo seguro como se pronunciaba en arameo pero la traducción del nombre era algo así como Reaper, "Segadora de almas", el cual no dejaba de ser un nombre apropiado dado el origen de aquella hoja. No tenía idea de cuántas almas habían alimentado el conjuro original pero un escalofrío le recorría la espina solo de imaginarlo. Porque el reconoció muy bien el tipo de magia negra que había en esa espada la primera vez que la vio en acción, la misma que su conjuro de espada de almas, pero esta era perpetua e incluso así se alimentaba con energía vital cada vez que Markus ejecutaba a alguien con ella, decían que cortaba el alma de lo que tocara, por lo que incluso un vampiro que fuera cortado llanamente con ella moría.
Lo cierto era que la espada cortaba la maldición que sostenía la vida de los vampiros provocando la muerte de estos cuando el ciclo de magia se interrumpía. Al igual que los hombres lobo los vampiros fueron creados por una maldición que se transfería en la sangre, pero los vampiros habían tenido oportunidad de evolucionar con el tiempo, en cambio los hombres lobo solo se mordían para formar otro, se aislaban y algún día morían, por lo que su especie había tenido oportunidad de evolucionar de aquella primera etapa. Los vampiros por otro lado eran el resultado de una larga tradición de mantener una maldición de magia negra y transferirla incluso de padres a hijos (pese a que esto no era muy frecuente, debido a que el ciclo "vital" de los vampiros era prácticamente estático solo tenían oportunidad de tener un hijo cada siglo). Volviendo a la espada que Markus sostenía en dirección de Harry, este último estaba seguro de que la espada no lo mataría solo con un corte pero si eliminaba su magia aún por un corto tiempo estaría indefenso a merced de una horda furiosa de inmortales no precisamente conocidos por su compasión.
Aunque llevaba su propia armadura sabía que esta no duraría nada ante aquella arma así que el mago de la cicatriz se decidió por esquivar las arremetidas de Markus convirtiéndose en niebla, por fortuna el resto de los vampiros habían dejado de atacar para observar expectantes así que había dejado de sentir la presión de los ataques mentales de los ancianos, lo cual no dejaba de ser una ventaja ya que no estaba seguro de poder mantenerlos a raya y al mismo tiempo seguir con esa batalla. Ya que sus hechizos poco podían hacer había optado por la ancestral batalla de espadas, tomo una de las espadas duendigas de uno de los jefes de guardia que había matado al inicio de la lucha, una que lograba sujetar con sus manos aún de niño (por suerte la mayoría de los vampiros eran de figura tan estética que no fue difícil hallar un arma adecuada para dichas manos), y se dispuso a atacar a la antigua usanza, nadie lo criticaría por eso según sus leyes ahora era su espada y aunque lo hicieran no podía importarle menos en aquella situación.
¡CLANK!
Había funcionado, pese a que su espada también estaba hecha con magia la forma de usarla de los duendes la protegía del conjuro de la reaper de Markus que era similar hasta cierto punto. Sin embargo aún quedaba el dilema de estar enfrentándose en esgrima al maestro vampiro de más alto rango existente, con milenios de experiencia y poder más allá de lo imaginable aún en el mundo de lo sobrenatural. Pese a esto, el propio Harry estaba en esa misma categoría, más aun desde que uso en su cuerpo aquel conjuro de adaptación, después de todo un humano normal no habría sido capaz de sostenerse frente a la presión que Markus estaba ejerciendo sobre él, este parecía haberse dado cuenta de que no estaba logrando mucho porque lo dejo y tomo su distancia. Por un instante ambos cruzaron miradas y Harry sintió un ariete golpear sus defensas de Oclumancia, afortunadamente las grietas eran reparadas antes de la segunda arremetida por lo que el ataque no era efectivo, al ver que Harry solo levantaba más su recién adquirida espada Markus optó lanzarse de nuevo al ataque. El niño que vivió no había esperado que sus reflejos de buscador le sirvieran tanto durante la guerra como lo habían hecho en ocasiones como esta, casi no podían ver a Markus cuando se movía pero sus reflejos e instintos lograban que pudiera bloquearlo, el vampiro a su vez estocaba, cortaba y giraba de tal forma que parecía un baile coordinado, a diferencia de las torpes y apenas justas salvadas del pelinegro.
Una ventaja era que el nuevo cuerpo de Harry pese a ser pequeño contaba con la fuerza y resistencia de los gigantes, esa era la única razón por la que mantenía el ritmo de Markus cuando ningún otro mortal podría haberlo hecho. Ya que no era de utilidad usar magia directamente la aplicaba en sí mismo como hizo en la pelea con Golgomath, a pesar de esto la lucha parecía más bien cuestión de tiempo antes de que fuera derrotado, pero cada vez que un corte se le acercaba lo suficiente empezaba a verlo venir más lento permitiéndole alejarse, incluso empezó a devolver los ataques, su primer golpe certero, pese a ser bloqueado, arrojó a Markus tres metros sobre el suelo forzándolo hacer una pirueta para caer sobre sus pies, aunque no le hizo nada el vampiro por primera vez parecía impresionado, nuevamente Harry tuvo que bloquear un ataque mental, solo que esta vez parecía una lluvia de balas de cañón golpeando de todas direcciones continuamente, el pestañeo y confusión momentáneo le bastó al anciano maestro vampiro para llegar frente a él y golpear horizontalmente en su torso con la firme intención de partirlo por la mitad.
Lo próximo que Harry supo era que estaba en el suelo luego de rebotar contra una pared de roca, veía luces por el golpe y la violenta forma en que se quedo sin aire y golpeó la piedra, con alguna costilla fracturada y un terrible dolor en el flanco, se forzó a recuperar el control y se levantó con asombrosa dificultad solo para encontrar la sala de recepción de los vampiros muda ante el hecho de que siguiera con vida, y él estaba igual, bajo la mirada solo para encontrarse con algo que no esperaba ver… seguía entero. Su gabardina y chaleco habían soportado el golpe, la gabardina tenía un claro corte pero la coraza en el pecho estaba intacta a la vista. Casi ausente de lo demás Harry se pregunto cuanta magia en realidad se había concentrado en aquella piel y cuan poderoso era en verdad aquel dragón, aunque el método que le dio a los enanos para trabajar el material concentraba mucho más dicho poder, no dejaba de ser inconcebible que soportara aquel golpe e incluso se estuviera recuperando por sí sola en aquellos momentos. Aún así Harry decidió no comprobar cuál era la resistencia de su armadura en ese momento, solo aprovecho la momentánea estupefacción de su adversario para curar su costilla y la distancia que ahora los separaba para regresar a su forma draconiana, solo que esta vez fue claro para todos que la coraza de antes seguía presente literalmente como una segunda piel, luego el fuego empezó a borbotar en el colmilludo hocico de Harry hasta pasar de amarillo a rojo, verde luego a azul y finalmente a un profundo negro purpúreo, al ver esto todos salieron rápidamente de su sopor y arremetieron con todo igual que antes, sin embargo los golpes de cualquier arma rebotaba en la doble coraza de la bestia, apenas unos segundos duro esta fútil tentativa de pararlo antes de que el lugar se inundará en llamas calcinando a cada vampiro en el lugar, con excepción de Markus que uso su propia arma para defenderse cortando el aliento de dragón mezclado con demonios de fuego que consumía sin miramientos a todos sus subordinados, aunque no significaban nada para él, provoca una ajena sensación angustia ver a su poderosa especia acabada con tal facilidad.
Cuando todo pareció terminar bajo nuevamente su espada para ver un espectáculo propio del sexto circulo del infierno, criptas hechas de fuego consumían a los suyos por todos lados y batallas aisladas estaban dispersas por doquier donde los vampiros apenas lograban mantener a raya a las bestias de fuego, llamas ardían todavía en el suelo de roca sin nada que las alimentara y de vez en cuando otro ser surgía hambriento de ellas, por último su vista descanso sobre el causante de todo aquello, de vuelta a su forma normal se encontraba ahora a unos metros de él viéndolo fijamente con su espada sujeta firmemente entre sus manos.
-Parece que solo quedamos tú y yo Markus –comentó Harry con tranquilidad, el vampiro arqueó una ceja ante sus palabras y el hecho de que siguiera hablando en su idioma.
-Vienes a mi casa, me atacas a mí y a mis invitados y… ¿todavía tienes la desfachatez de intentar mostrarte respetuoso? –Le espetó, pese a la calma con que pronuncio aquellas palabras se podía sentir el disgusto tras ellas.
-Aún entre los adversarios debe existir el respeto –contestó impasible el chico levantando más su arma- pensaba darles una oportunidad, pero tu decisión de acabar conmigo sin importar el resultado me forzó a acelerar la ejecución de los ancianos.
-¿Acaso crees que los conversos te seguirán? –Le preguntó con escepticismo.
-No me interesa que nadie me siga –le contestó Harry sin variar su tono- pero a pesar de todo pienso ayudar a tu especie Markus, es hora de que avancen, han pasado mucho tiempo estancados –la expresión del vampiro se volvió más adusta ante estas palabras.
-¿De qué estas hablándome?
-Lo siento Markus pero no estarás para verlo.
Con este enigmático discurso el chico arremetió contra el vampiro empuñando su espada, aún con los cinco metros que los separaban el pequeño estuvo frente a su oponente en solo un pestañeo, a lo que este tuvo que cubrirse, Markus había sido tomado por sorpresa con ese movimiento.
-"Se movió muy rápido" –pensó de improviso- "casi como uno de los nuestros"
Pero también se percató de que el pulso del chico, el único pulso en la sala, estaba cada vez más irregular, y de cerca podía contar las numerosas gotas de sudor en su frente, finalmente se estaba cansando, ya no duraría mucho, con esto una sonrisa amenazante surgió en los finos labios del ser sobrenatural que devolvió la embestida arrojando al chico sin problemas y reemprendió su ataque cada vez con mayor fuerza y velocidad. El pelinegro bloqueaba cada ataque y pese a su cansancio lograba reaccionar con mayor precisión y velocidad cada vez. Al estar tan concentrados en la lucha ninguno lo notó entonces, pero se movían de tal manera que eran solo un haz de colores oscuros a la luz de las flamas, al estar rodeado por miles de vampiros y luchando por su vida el conjuro de adaptación se presiono al máximo para darle las capacidades físicas al nivel para que sobreviviera, solo que esto le estaba costando todas sus reservas de magia.
Era hora de arriesgarse.
Esa espada cortaría cualquier conjuro a no ser que estuviera demasiado cerca para evitarla, pero a esa distancia no podría usar sus manos, que estaban ocupadas con su espada así que solo le quedaba una opción, no lo había hecho nunca antes pero en teoría debía funcionar. Se lanzó de nuevo contra Markus y ambos chocaron espadas, el vampiro lo miro hacia abajo mientras ejercía presión para separarlo un poco y darle el golpe de gracia, nuevamente sus miradas se cruzaron, verde contra rojo vino, la semejanza con otra mirada escarlata no le importaba a Harry, sabía que esta era solo otra batalla antes de aquella así que no lo desconcentro de lo que intentaba hacer, sin perder de vista a Markus parpadeó una sola vez con tal normalidad que aún el vampiro no encontró nada extraño en ello, salvo por el hecho de que eso fue lo último que vio.
No estaba muerto… aún, pero todo se volvió oscuro, aun podía sentir las cosas a su alrededor como la presión que ejercía sobre su espada, cuando esta desapareció sin más se sintió completamente desorientado, veía formas que no podía definir y no tenían sentido, y los sonidos dejaron de llegarle, eran más como golpes de un tambor sin secuencia. De haber tenido más tiempo se habría percatado de que recibió un hechizo que invertía sus sentidos para que viera sonidos y escuchara lo que debía ver, incluso podría haberse adaptado y seguir peleando pero su oponente no iba a darle esa oportunidad. Markus apenas vio un silbido dirigirse a su muñeca y luego sintió el dolor de haber perdido su mano, cayó al suelo sujetando el muñón al tiempo que el hechizo desaparecía y se encontraba mirando al suelo y su brazo sin mano, levantando la vista encontró su espada… en manos del mago de ojos verdes, por un segundo pareció incrédulo, pero finalmente sonrió de medio lado e inclino levemente la cabeza como apreciando la hazaña del chico frente a él. Este respondió de la misma forma antes de levantar más la Reaper y cortar frente a él reuniendo toda su fuerza restante, el vampiro de rodillas era un palmo más alto que él, la hoja pasó limpiamente desde la naciente del cuello, por el torso cortando limpiamente el corazón por la mitad, hasta la cintura.
Aun quedaban cerca de trescientos vampiros en aquella enorme sala repartidos por todos lados, tan concentrados en lo suyo que no habían visto que la batalla principal había terminado, ni se percataron de que algo iba diferente hasta que los demonios de fuego con los que se enfrentaban empezaron a ser arrastrados lejos de ellos. Apenas entonces repararon en un huracán que absorbió a las flamígeras criaturas y que provenía desde la punta de la varita del joven mago pelinegro, el cual ahora se encontraba en posesión de la Reaper, frente al cuerpo cercenado de su maestro, el cual empezaba a deshacerse en cenizas. Una mirada alrededor les confirmo que solo miembros de la guardia quedaban con vida, cuando empezó el tumulto casi todos quedaron apartados luchando batallas individuales y era claro que la ventaja principal de los antiguos (sus poderes psíquicos) no eran útiles contra demonios de fuego que solo consumen todo lo que está a su paso. Antes de que decidieran que hacer la voz del chico atrapó toda su atención como no lo había hecho nada hasta ese día.
-Regresen a sus tierras con la noticia de lo ocurrido y díganle a su pueblo que planeo visitarlos pronto con la intención hacer valer mi derecho de conquista, díganles que quiero llegar a un acuerdo con ellos y que en tanto ambos mantengamos nuestra parte nadie tiene porque ser destruido –les dijo claramente deteniéndose un segundo para asegurarse de que captaban el mensaje antes de seguir- recuérdenles lo que paso con los que intentaron faltar a su palabra y díganles que si pelear es lo que quieren eso es lo que tendrán. Frente a ustedes "Juro sobre mi magia que mantendré mi palabra respecto a lo que les he dicho"
Con esto último la varita en su mano encandiló a la ex-guardia, que ahora no tenía nadie a quien cuidar, por unos segundos antes de que estos entendieran que no tenían nada que hacer allí, ya tenían sus nuevas órdenes, aquel mago había aniquilado a sus maestros y les había perdonado la vida, vieran por donde lo vieran ahora le pertenecían, hasta que lo mataran o murieran en el intento.
Desde que su horario de sueño había cambiado y ahora si tenían sueños, los caminantes diurnos no estaban seguros de que es lo que encontrarían al ir a dormir, pero nunca esperaban que al despertar su castillo estaría hecho una ruina de alborotos, a pesar de ser de día todos los vampiros estaban levantados cuchicheando por los oscuros corredores de piedra acerca de la masacre de anoche donde un solo mago había aniquilado a todos los ancianos y a su guardia de honor. No se necesito nada más para que cierta pelirroja se supiera exactamente de quien se trataba y se dirigiera de inmediato al salón del trono en donde su temporalmente nuevo gobernante estaba descansando de la agitada noche anterior junto con una mascota que había llegado esa misma mañana y había pedido que no les molestaran. Poco o nada le importaba dicha orden a la comandante vampírica cuando literalmente derribó las puertas del recinto solo para ser recibida por la extraña visión de un muchacho sentado y aparentemente dormido en el trono principal con la Reaper clavada a su lado, no terminaba de detallar esto cuando se hallo frente a frente con un par de gemas de ámbar liquido mirándola con advertencia desde la cabeza de un colacuerno húngaro de casi cinco metros.
Instintivamente sacó su espada pero eso solo provocó a la bestia que dejo caer sobre ella un lanzallamas que apenas logró esquivar, se disponía a devolverle el favor mientras el enorme lagarto preparaba otro tiro cuando una voz la interrumpió.
-¡Basta ya, Minerva!
Dragón y vampira miraron en dirección del trono solo para toparse con que Harry se había despertado ya, la, ahora reconocida, dragona se detuvo en seco al sonido de la voz pero no se abstuvo de dirigirle una mirada molesta a la intrusa, Natalia por su parte no entendía de que iba esto, una cosa era un dragón guardián pero nunca en sus más de cuatro siglos había visto algo como esto, ¡un colacuerno domesticado!, sacudiendo la cabeza giro para enfrentarse al chico pero sus palabras se perdieron al verlo a los ojos, aunque estaban a más de cinco metros podía verlo como si estuviera a un palmo, el mismo rostro un poco delgado pero levemente redondeado por lo infantil de su corta edad, aunque su gesto distaba mucho de ser infantil o inocente, sus ojos en particular, eran opacos y fríos como dos gemas poco pulidas, recordaba haber visto al chico antes y aunque le impresiono la madurez que demostraba estaba segura de que aquella no era su mirada, esos ojos eran del tipo de cosas que jamás logras olvidar, no en siglo, ni en un milenio, ni en toda la eternidad. Eran los mismos ojos que se grabaron con fuego en su cerebro aquella mañana, su primera mañana, en la mirada de un mago-dragón, como el que estaba frente a ella, pero no podía ser el mismo, soltó lo único que pudo pasar por sus labios desde su mente aún aturdida.
-¿Quién errres tú? –Preguntó aún perdida en aquellos ojos tan intensos, conto el tiempo que le tomó al chico parpadear y las veces que lo hizo, tres veces en siete octavas de segundo, mientras este asimilaba la pregunta.
-Ya nos habíamos conocido ¿no recuerdas? –Contestó de vuelta sonando tan natural que cualquier habría contestado solo con un "sí, ya recuerdo perdona", pero Natalia Ivanov no era conocida por hacer lo que los demás.
-No errres el mismo –respondió con seguridad- tus ojos te delatan, tú no errres el mismo que mato a Ragnarok.
Otra vez solo se quedaron viendo fijamente, el mago parpadeó otra vez en tres octavas de segundo y luego solo cerró los ojos con cansancio mientras con un movimiento de su mano cerraba las puertas y silenciaba el lugar.
-Sabía que era mucho pedir que no te dieras cuenta si alguna vez me veías –comentó para sí mismo mientras sonría de medio lado, luego su expresión se volvió más dura- ya que estamos en el mismo barco supongo que te lo diré, o mejor aún… te lo mostrare –ante la confusión momentánea de la vampira aclaró- entra en mi mente.
No podría decir que aquello no le sorprendió, el territorio mental era privado, claro que los vampiros lo violaban constantemente cuando podían pero cuando alguien podía defenderse era irrisible pensar que dejara a alguien entrar así porque así, por lo que asintió antes de que tuviera oportunidad de cambiar de opinión, cuando fue consiente nuevamente de su situación se encontraba en una cámara circular de piedra llena de antorchas plateadas, apenas estaban observando el lugar cuando una voz que jamás había escuchado antes llamó su atención.
-¿Por qué no puedo comérmela? –Preguntó una voz como de niña, al momento visualizó a la dragona de antes, solo que esta vez su mirada y expresión eran más expresivas, y parecía molesta.
-Porque no puedes comértela y punto –contestó cortante la voz de un hombre que la paralizó apenas la reconoció, justo al lado de la criatura estaba él, exacto a la última vez que se vieron y entre ambos estaba sobre una cama durmiendo un pequeño envuelto en la armadura de dragón.
-¿Qué significa esto? –Pregunto finalmente pasando de la vista a la dragona y a los dos pelinegros, a los cuales ahora que podía ver al mismo tiempo encontraba más semejanzas cada segundo, su entrecejo se frunció al tiempo que una sensación de asco la invadía, sin embargo su tono era muy neutral cuando hablo- ¿Poseíste a tu hijo parrra no morrrirrr? –El mago no se inmuto ante tal sugerencia pero se quedó viendo fijamente a la pelirroja por un segundo, Minie por otro lado está demostrando una nueva expresión, indignación, pero antes de poder gritarle a esa sanguijuela lo que pensaba el pelinegro mayor contestó.
-Harry Potter no es mi hijo.
-¡¿POTTERRR?
Sin esperar respuesta a su exclamación avanzó, no tan rápido como quería hacerlo, hasta el lecho del pequeño, apenas reparó en el hombre de ojos verdes que se supone era su maestro o a los gruñidos de la dragona, solo paso de ellos y al estar junto al chico levantó el flequillo de su frente revelando una pequeña cicatriz en forma de relámpago.
-Es él… -murmuró sin perder de vista la frente del chico mientras cavilaba en lo que significaba aquello, salió bruscamente de sus reflexiones cuando la voz del hombre a su lado llegaron a su cerebro.
-En verdad no me gusta mucho que la gente se me quede viendo así ¿sabes? –La vampiriza regresó a verlo con expresión confundida.
-¿A qué te… -el hombre se descubrió la frente mostrándole otra semejanza más que tenía con aquel pequeño, una semejanza que es claro no tendría porque tener aunque fuera su hijo- rrrefierrres? –Terminó la preguntó ahora bastante perdida, la voz de la dragoncita la saco de su estupor.
-En serio tienes que practicar ese español hermana –se burlo ganándose una mirada fulminante de la vampiriza de la cual hizo caso omiso totalmente, pero esto saco otra pregunta.
-¿Cómo es posible que ella hable español? Pensándolo mejorrr ¿Cómo es posible que este aquí? ¿Y cómo es eso de que tú erres él? –Le preguntó al supuesto Harry señalando al Harry en cama y tratando de mantener su acento bajo control.
-Primero lo primero –se adelantó- despertare a Harry y te explicares todo desde el inicio –pese a lo suave de su tono no era una sugerencia solo un toque de su mano en la frente del chico y los ojos de este, tan parecidos a la vez tan diferentes a los de su homónimo, se abrieron de inmediato.
-¿Qué sucedió? –Preguntó de inmediato.
-Todo termino –le dijo su otro yo, al más chico asintió pero frunciendo el entrecejo- ¿Qué te molesta?
-¿Por qué no me dejaste luchar esta vez? –Peguntó directamente, su otro yo bufó con un poco de impaciencia antes de contestar.
-En primera porque aún no has perfeccionado tus defensas de Oclumancia, el ataque de prácticamente un centenar de vampiros, maestros de maestros, era demasiado para cualquiera, a mí casi me aplasta, de no ser porque acabe con la mayoría antes de que dieran demasiados problemas no estaría aquí –explicó en tono monocorde- y en segundo lugar porque no era cuestión solo de poder o de Oclumancia, esto necesitaba un nivel de frialdad que no estabas listo para demostrar, más tarde te mostrare el recuerdo para que entiendas a lo que me refiero –se adelantó al reclamo que iba a soltar su aprendiz, este asintió callándose pero entonces se percató de la presencia desconocida en el lugar, Minie era ya una visitante común dentro de su cabeza pero esta pelirroja no.
-¿Srta. Ivanov? –Preguntó confundido, luego regresó a ver los otros dos, interrogante.
-Natalia, aquí presente, como ya te había dicho antes, estará contigo a partir de ahora y por tiempo indefinido así que lo mejor será que le digamos en lo que está metida –contestó tranquilo.
-Igual que con Minie –comentó Harry, pero antes que su otro yo contestara fue interrumpido por la dragona y la vampira que se dio cuenta de quién hablaban.
-¡No me compares con esa cosa! –Gritaron las dos en perfecta sincronía, luego se regresaron a ver descubriendo sus respectivos colmillos amenazadoramente con un gruñido bajo, pero antes de que empezara lo que sin duda habría sido una interesante batalla el otro Harry intervino.
-Exactamente igual que con Minie –contestó a la pregunta de su yo más joven haciendo énfasis en las palabras mientras observaba a las chicas presentes con un claro desafió a que contradijeran lo que decía de frente, claro que no lo hicieron, el Harry más viejo tenía algo en los ojos que hacía difícil mantenerle la mirada, luego simplemente chasqueó los dedos y las flamas en las antorchas se expandieron en pantallas con imágenes en sucesión de todo tipo de situaciones en todo tipo de lugares- empezando con quién soy y de dónde… perdón, de cuándo vengo.
Durante las siguientes tres horas Harry se dedico a explicarle a Natalia que fue lo que sucedió en su tiempo, la situación en la guerra que caería, el retorno de Voldemort y acerca de su viaje al pasado cuando todo termino, que la había conocido en su tiempo y un resumen de lo que había hecho antes de atraparse dentro de la conciencia de su yo más joven, al que ahora estaba preparando para que la próxima guerra no cargue las mismas consecuencias que la que él vivió. La vampiriza aún asimilaba lo que había visto en aquellas perturbadoras memorias, impactantes hasta para alguien con tantos siglos en una vida tan violenta como la suya, incluso la batalla de la noche pasada que le mostro junto con el Harry más joven, tuvieron que interrumpir el recuerdo por la mitad cuando este decidió que ya era suficiente pero al final soporto terminar de verlo.
-¿Así que tú asesinaste al Innombrable? –Comentó más que preguntar, pero aún se notaba curiosidad en sus rasgos.
-¿Es tan difícil de creer? –Le cuestionó a su vez el pelinegro.
-Después de ver lo que le hiciste al senado mundial…. En realidad no –admitió, aún tenía cierto acento en las "r" pero lo controlaba- ¿Qué es lo que harás ahora?
-¿Yo? Yo no voy a hacer nada –contestó fácilmente, los ojos de la vampira se abrieron con horror.
-¡¿Cómo que no vas a hacer nada? ¡¿Tienes la más leve idea de lo que esto desencadenara en el orden vampírico? –Le reclamó furiosa, el mago levantó las manos en gesto de conciliación.
-Tengo una muy buena idea del infierno que está a punto de desatarse –le aseguró seriamente, luego se giró hacia su yo más joven- Harry, has adquirido conocimientos y poder, has aprendido a defenderte bien incluso a defender a otros, has aprendido lo que es una comunidad en paz y cuál es el precio máximo que podrías llegar a pagar por mantenerla así –hizo una pausa aquí- uno que desearía nunca tuvieras que volver a elegir, pero ambos sabemos que no será así, ya has conocido el significado y peso de la muerte –resumió con calma pero tratando de no ser insensible a las experiencias de aquel muchacho cuyas únicas preocupaciones deberían ser jugar en un parque, hacer la tarea o ver la televisión- este año conocerás de cerca lo que es la guerra en su forma más cruda –le dijo sombrío, Harry paso saliva tratando de mantener la calma- no puedo mentirte así que no lo hare, esta será tal vez la parte más difícil de tu entrenamiento Harry, sin importar cuánto hayas madurado, nadie está listo para ver lo que veras ni hacer lo que tendrás que hacer sin perder primero su humanidad, pero tú tendrás que conservarla –le avisó con mayor seriedad en este punto- por lo demás te perfeccionaras tanto en Oclumancia como en Legilimancia y combate sin conjuros –finalizó dando por terminada la explicación y la reunión, los tres que tenían cuerpos propios regresaron a ellos dejando a un Harry Potter adulto dejándose caer finalmente sobre la cama mientras se sujetaba la cabeza con las manos y una expresión atormentada aparecía sobre su normalmente imperturbable faz, luego de recuperar el control se levanto y la cama desapareció dejando ver un agujero en medio de la cámara que definitivamente no había en la versión dentro de su baúl, allí una sustancia verde brillaba arremolinándose y en su interior un ser deforme y pequeño se mantenía aparentemente dormido- ya es tiempo de arreglármelas contigo –le dijo a la cosa con frialdad.
Nada había cambiado en aquella recámara de piedra, allí una vampiriza que podía caminar bajo la luz del sol, una dragona letal e inteligente como ninguna otra y un mago, apenas mayor que cualquiera que recién comenzaba a hacer magia involuntaria, se sumían en un profundo silencio las dos primeras por el destino que le esperaba al último, Minerva aún conservaba parte de sus instintos por lo que la muerte o la violencia eran diferentes para su percepción, sin embargo el lazo que mantenía con su mago era muy fuerte como para no sentir lo preocupado que estaba y le frustraba no saber cómo ayudarlo. Natalia por su parte, era nueva en todo esto pero se sentía mal por la suerte de aquel chico, era mucho más empática desde aquel ritual, como le había sucedido a todos los conversos, el lado humano que recuperaban era mucho mayor de lo que Harry les había advertido a los ancianos, casi todos los conversos estaban en contra de las leyes de los vampiros y pensaban separarse de ellas tanto como pudieran, era por eso que decidieron no matar personas para alimentarse de nuevo. Esta nueva humanidad le decía que no se separara del chico a partir de entonces, tampoco era como si pudiera elegir ahora que sabía que era propiamente su maestro, pero en ese momento decidió que si tuviera elección, elegiría quedarse junto a él.
-Sera mejor que empecemos tu entrenamiento de combate –rompió el silencio llamando la atención de los dos nuevos residentes, y dueños, del castillo- a pesar de tu habilidad con la magia te respetaran mucho más cuando demuestres lo que eres capaz de hacer con una espada… una que no sea esa –agregó señalando la Reaper- es un símbolo de poder por sí sola, pero tendrá mayor efecto demostrar de lo que tú eres capaz, te daré una clase rápida antes de que vayamos con los cazadores.
Dicho esto comenzó a irse en dirección a la armería, mago y dragón se miraron un tanto contrariados pero luego solo se encogieron de hombros y la siguieron, sin duda había conseguido sacarlo de su preocupación… por ahora, eso incluso le había valido un poco de la simpatía de Minerva. En el camino Harry comenzó a sentir una persistente jaqueca producto de los continuos ataques de Legilimancia de cada vampiro con el que se cruzaban, no era que en realidad lo estuvieran intentando, pero todos ellos tenían, por decirlo así, una frecuencia de recepción abierta para escuchar los pensamientos de los demás incluso sin intentarlo, la fuerza variaba dependiendo del vampiro pero no dejaba de ser molesto, entre ellos desarrollaban Oclumancia para proteger sus pensamientos al tiempo que usaban Legilimancia para comunicarlos era complicado y frustrante pero Harry sabía bien que no tenía más opción que acostumbrarse y cuanto antes mejor. La práctica de esgrima fue excelente para quitarle el dolor de cabeza per a cambio le dio muchos más dolores en el resto del cuerpo, Ivanov no se iba con juegos, incluso parecía que lo quería desmembrar allí mismo sin embargo consiguió que no pensara en nada más, tras media hora Harry termino en el suelo con la punta de la espada de la pelirroja sobre su cuello, Minie observaba aquello con expectación, Harry sabía que si la hoja no se retiraba pronto el sitió iba a arder, literalmente, pero la vampira parecía ajena a esto porque no retiraba su vista de Harry.
-Todavía te falta mucho –comentó fríamente, una media sonrisa cruzo el rostro del chico, antes de que se diera cuenta una barrida tan fuerte como la embestida de un buey proveniente de la pequeña pierna del muchacho la dejo de rodillas, lo siguiente que sintió fue la hoja de la espada de este sobre su propio cuello- tal vez no demasiado –agregó con una colmilluda sonrisa que emparejaba la de su contrario, Minie se relajó tras esto y volvió a echarse sobre el patio.
Pese a que estuvo bastante bien con la espada y de su reputación, aún cuando en teoría era el nuevo amo, el resto de los guerreros lo trataban con total indiferencia, incluso trataron de jugarle una broma cuando estaban repartiendo el equipo de batalla estándar antes de partir a los territorios ahora "conquistados" del resto de vampiros, esto era algo que a nadie del ejercito le hacía mucha gracia, pero fue la misma Ivanov la que se hizo escuchar y les ordeno que eso era lo que debían hacer. En el momento en que recogían equipo en lugar de una ballesta le pasaron un arco corto que parecía exacto para su estatura como si le hicieran un favor. Natalia estuvo a punto de poner al armero en su lugar por semejante broma pero le basto una mirada del muchacho para detenerla, no ayudaría a ganarse el respeto de esos soldados que su "niñera" apareciera para hablar por él, en especial cuando la situación no necesitaba palabras sino acciones. El arco en cuestión no era un juguete ni mucho menos, era de hecho uno de los mejore arcos del mundo, un arco huno especial hecho por los enanos, corto pero muy poderoso cuando se podía usarlo ya que requería una enorme presión de fuerza, aunque esto no representaba un problema para los vampiros las ballestas eran más practicas. Sin reclamar nada el pelinegro tomo el arco, saco una flecha del carcaj que le habían entregado y sin dificultado alguna estiro la cuerda con la flecha en dirección de los blancos que estaba al otro lado del patio, en el cual habían un centenar de soldados preparándose y andando de un lado para otro.
-¡Tiro de práctica! –Gritó como única advertencia que para lo único que sirvió fue para detenerlos en su línea de tiro lo suficiente para que soltara la flecha que atravesó a un buen grupo que estaba en su camino antes de clavarse casi hasta la mitad en el blanco de madera- ¿Cuántos fueron? –Preguntó al aire, pero la pelirroja que apareció a su lado contestó.
-Juzgando por los que están de rodillas sujetándose la garganta… diecisiete, pero apenas si le diste al blanco –comentó casi divertida por su reacción y la flecha que estaba en la última línea del blanco, lo que provocó mayor sorpresa entre los soldados que el tiro en sí (el cual de haber apuntado al pecho con aquella flecha perforadora de plata les habría destrozado el corazón dejando a aquellos diecisiete totalmente imposibilitados y a su merced por algunas horas).
-Mi vista ha estado un poco borrosa últimamente –dijo a la defensiva, la vampira solo bufó con incredulidad.
En realidad no era una mentira, su otro yo le dijo que por esa época había empezado a usar anteojos, sin embargo le avisó que hace algunos años que conocía un hechizo para corregir la vista aunque posiblemente no lo necesitaría, entre los vampiros el conjuro adaptaría sus sentidos para hacerlos más agudos y su vista era uno de ellos por lo que probablemente en un mes ya tuviera visión perfecta. Aunque así fue para entonces aquello era lo último que ocupaba la mente del mago de la cicatriz, como estaba previsto la comunidad vampírica entro en estado de guerra, desde las sombras, unas pocas aceptaron hacer un tratado o escuchar lo que aquel que había ganado la Reaper en batalla tenía que decirles. De las doce comunidades de vampiros del mundo, aparte de la que el conquisto en Rumania, solo dos terminaron el conflicto de forma pacífica en Inglaterra y Francia había tantos conversos que no dudaron en aceptar un tratado de paz a cambio de dejar de lado las hostilidades. Sin embargo en Australia, Japón, Egipto, India, Italia, Oriente y las cuatro en América no fueron tan diplomáticas, ya fuera por suerte o desgracia estas se atrincheraron para mantener su guerra tan al margen del conocimiento de los magos u otras criaturas como fuera posible, así que la batalla se vivió sitiando fortalezas hasta que lograran encontrar un forma de entrar y luego era generalmente una masacre de la que solo sobrevivían los que podían convertir en caminantes diurnos, por orden de Harry se dejo con vida también a aquellos que se rindieran antes de terminar la lucha y aceptaran firmar un contrato de sangre mágico para que no traicionaran otra vez al nuevo mandato vampírico.
Tras el primer mes tuvieron un descanso mientras estaba en Japón, pese a que tenía varios idiomas en su cabeza gracias a su otro yo aún le era difícil entender aquel ambiguo idioma, por eso ni siquiera trataba con los supervivientes de la última batalla que tuvieron en lo que quedaba del castillo Edo (en el subterráneo bajo el metro de Tokio), que estaban siendo convertidos o ejecutados, dependiendo lo que hubieran elegido, debido a la cultura del lugar era claro cual escogía la mayoría y otra razón por la que Harry no estaba presente. Había visto demasiado en Australia y no necesitaba ver más hasta que averiguaran como irrumpir las protecciones de la fortaleza para entrar en esta y desatar el infierno nuevamente. Un escalofrió pasaba por su espalda de solo imaginar lo que pasaría entonces, cada noche tenía pesadillas de lo último que vio y los gritos que escuchó. No estaba preparado para pasar por eso de nuevo pero sabía que al final sucedería de todos modos, tomó asiento en la cama en que estaba recostado poco antes, el cuarto era pequeño y simple pero privado y eso era todo lo que le importaba en realidad, habían arreglado un campamento cerca de la fortaleza, ocultó tan bien por los hechizos de Harry que nadie podía verlos allí sin importar que tipo de rastreos utilizaran y tenían perfecta visibilidad de lo que sucedía. La ventaja de tener libertad de usar cuanta magia necesitara durante este año no le emocionaba en absoluto pero había resultado útil para disminuir sus propias bajas al mínimo al ser él la artillería pesada y el foco principal de los ataques enemigos.
Sacudió su cabeza, trataba de no pensar en eso precisamente, pero siempre regresaba a lo mismo y estaba destruyéndolo, Natalia lo había notada pese a que su Oclumancia era mejor ahora y no dejaba pasar pensamientos esporádicos, sin embargo no lograba abrirse con ella, ni siquiera con Minie, aún cuando tenía toda su confianza depositada en ellas, el baúl en la esquina llamó su atención, ahora solo lo usaba para sacar alimento pero en ese momento quiso volver a estar confinado en él sin tener que salir, solo practicando con maniquíes que no mostraban dolor al sentir el golpe ni horror al percibir la muerte próxima, nadando de vez en cuando en la bañera y hablando con Ginny durante las noches…
-Ginny –murmuró de repente acordándose de ella, no habían hablado desde el día que dejo a los gigantes pero se había recluido mucho desde entonces, ni siquiera había vuelto a llevar el espejo consigo en caso de que le llamara, sintiéndose un poco culpable por haberse olvidado así de su amiga se dirigió al baúl pero se paró en seco- ¿y qué le diré? Hola Ginny, disculpa que no te haya llamado antes pero estuve ocupado el último mes descuartizando vampiros –Se recriminó tachándose de idiota. Estaba a punto de volver a acostarse cuando una voz dentro de su mente resonó.
-Suena como un plan –opinó con calma- pero yo omitiría la parte de descuartizar, recuerda que solo tiene seis años.
-No es gracioso –le contestó fríamente.
-Claro que no lo es, ni tampoco lo es que te vulvas loco guardándote lo que sientes, yo tengo bastante experiencia en guardarme mi propio dolor y sé que no es una carga fácil Harry.
-¿Y qué puedo hacer?
-Habla con ella –le contestó fácilmente, Harry tomo un rato para contestar.
-No le puedo contar, tú lo dijiste –le recordó.
-Tal vez no necesites decirle nada, tal vez solo necesites hablar con alguien que no te recuerde lo que está pasando.
Sin estar completamente convencido el joven mago entro al tercer compartimiento de su baúl mientras devolvía su cabello castaño liso y sus ojos azules a sus colores y forma originales (usaba este disfraz desde que abandonaron Rumania y de vez en cuando lo alternaba así los que lo habían visto no sabían cuál era, o que ya les había mostrado, su forma original) y tomó el espejo encima de su mesa de trabajo.
-¿Ginny? –Llamó todavía poco convencido, pero nadie apareció, "claro que no, idiota en que estabas pensando, ni siquiera sé qué hora es allá…"
-¿Harry? –La voz desde el espejo lo saco de su autocrítica fijándose en el pecoso rostro pelirrojo de una pequeña niña que lo miraba como en un sueño- ¿Eres tú? –Le preguntó tentativamente como si tuviera miedo de que le contestara con una negativa, tenía un nudo en la garganta pero asintió con la cabeza, la niña suspiró con evidente alivió antes de…- ¡¿DÓNDE DEMONIOS HABÍAS ESTADOS HARRY? –El chico por poco deja caer el espejo por la sorpresa del grito pero lo sostuvo a tiempo para ver a la pequeña furiosa en el otro lado con los ojos levemente húmedos- ¡UN MES! ¡No te despediste, ni me avisaste que no contestarías, ni siquiera dijiste si ibas a volver a llamar! ¡¿Tienes la más mínima idea de lo preocupada que estaba de que algo te hubiera pasado?
-Lo-lo-lo lamento de veras Ginny –se disculpó de inmediato, la pequeña del otro lado resopló haciendo un puchero y desviando la mirada pero parecía haber soltado todo lo que tenía que decir y estaba más clamada, por lo que se dio cuenta de que su amigo se veía en un estado lamentable, y no solo por su expresión, aún conservaba algunas heridas y cortes en su rostro que estaban sanando.
-¿Qué te sucedió Harry? –Preguntó olvidada de su enojo, al percatarse de lo que hablaba el chico maldijo internamente por no haberse limpiado antes de llamarla.
-Una… pelea –contestó finalmente sin que se lo ocurriera nada más, la pelirroja frunció el ceño.
-¿Otro dragón?
-Vampiros en realidad –contestó antes de darse cuenta, al instante se cortó, a pesar de que no había vuelto a sentir esa influencia interna de su otro yo a veces le era imposible mentirle a Ginny, lo cual, como ahora, traía repercusiones.
-¡¿Vampiros? –Se exaltó, pero luego intento calmarse, donde estuviera seguro que gritando llamaría la atención de alguien- ¿Qué hacías enfrentándote a un vampiro? –Le preguntó tratando de sonar más irritada que asustada o preocupada.
-Es… complicado –le contestó con incomodidad- pero te lo explicare mejor todo la próxima vez que nos veamos –le aseguró adelantándose a la protesta antes de que surgiera.
-¿Vendrás? –Le preguntó con atisbo de esperanza.
-No por ahora pero… estaré allí antes de que inicies clases con tus hermanos –le prometió, si lo que su maestro le había dicho sobre su entrenamiento era cierto para entonces ya habría terminado y podría hacer lo que quisiera en tanto no dejara desperdiciar su habilidad hasta el retorno de Voldemort y no llamará demasiada atención sobre sí mismo, no le había comentado mucho al respecto todavía con la escusa de que habían cosas que solo podía revelarle hasta cierto momento pero estaba seguro de que podía cumplir esa promesa.
-¡Pero faltan siglos para eso! –Se quejó con justa razón la pelirroja abriendo mucho los ojos.
-Perdona linda pero estoy atorado en esto por los próximos cuatro años mínimo –le dijo con una pequeña risa por la reacción de su amiga, Ginny no parecía tan animada por la idea de no poder ver a su amigo en tanto tiempo pero el que la llamará linda de algún modo logró aplacar su genio un poco, aún así algo le llamo la atención.
-¿A qué te refieres con eso de estar atorado? –Al instante la sonrisa de destiño pero no desapareció.
-Mi… tutor me encargo una tarea en la que estoy ahora, no tuve tiempo para nada por eso no te llame antes, creó que terminare con esto en los próximos meses y después tendré otras cosas más que hacer hasta que cumpla los once –le dijo tan sinceramente como podía, la pequeña asintió pensando en lo que le decía.
-¿Entonces… podrás ir a Hogwarts? –Le preguntó definitivamente, el chico la miro asombrado, en realidad eso era algo en lo que nunca había pensado- se que eres muy bueno haciendo magia y todo eso pero Hogwarts es la mejor escuela de magia y estoy segura de que habrá muchas cosas que puedas aprender si vas además… -dijo todo de corrido como si temiera que la interrumpiera y algo nerviosa por la respuesta del ojiverde, Harry dudaba seriamente de aquel argumento, por lo que sabía, él ya dominaba todo lo que allí podrían enseñarle y había avanzado mucho más en algunas áreas, sin mencionar que eso significaría salir al ojo público o el riesgo que representaría para Minie, podían ocurrírsele por lo menos ocho buenas razones para no pisar ese colegio jamás.
-Veré lo que puedo hacer, lo prometo –le dijo finalmente, la chiquilla le regalo una brillante sonrisa que luego se volvió un poco más sería.
-No te olvides de llamarme de nuevo, entendiste –amenazó antes de reírse un poco junto con el pelinegro para luego despedirse y desaparecer del cristal. El chico bajo el espejo pensativo antes levantarse de la mesa de trabajo y salir del baúl.
-Ir al colegio… -murmuró para sí mismo- debo de haberme vuelto loco –opinó por fin- pero, una promesa es un promesa así que… -¡POOM!, se sacudió el suelo y las paredes- si sigo vivo cuando todo esto termine lo consideraré –decidió finalmente con una media sonrisa, no estaba seguro como había pasado de medio muerto por dentro a hacer una broma de su situación en menos de media hora pero sospechaba que aquella niña pelirroja tenía mucho que ver.
Los próximos siete meses pasaron con relativa rapidez entre batallas continuas, como algo curioso Harry empezó a ver algo de respeto y gratitud en cada vez más vampiros a medida que el numero de conversos iba incrementándose, ya que antes estos eran en su mayoría solo esclavos de sus maestros, sin embargo cuando Harry terminaba con algún territorio todos los vampiros gozaban de estatus de igualdad sin importar su condición, edad o poder, luego de instalar un nuevo senado para hacer valer las nuevas leyes, en las que se contaba no alimentarse de sangre humana, o de hacerlo no asesinar a la víctima, también habían muchas restricciones respecto a convertir humanos en vampiros, cómo en el senado todos habían sido convertidos contra su voluntad no tenían objeción con aplicar y hacer cumplir las nuevas leyes. Tenían la ventaja de que estos nuevos conversos eran más poderosos que los otros vampiros y tenían una mayoría de su lado. En ese momento Harry se percató de la lección que su otro yo quería enseñarle, todos los motivos para evitar la guerra y para detenerla, pero dentro de esto también las razones por las que valía la pena luchar. Las charlas con Ginny pasaron a ser algo de cada tres o cuatro días según Harry encontraba una oportunidad cuando sabía que la chica estaría libre para hablar, el resto de su escaso tiempo libre lo pasaba con Minie practicando lucha con su forma de dragón o con Natalia en práctica de espada y tiro con arco. Por esta razón Harry decidió entrenar a su "guardaespaldas" también en el aspecto que él dominaba. Aún cuando Natalie era muy diestra en realizar magia solo con sus manos, y en combate había resultado igual de letal que Minie (quien también se había unido a la lucha tras discutir mucho con Harry), era claro que le faltaba mucho para dominar su potencial, así que un día Harry le pidió que hablaran en privado, pese a lo anormal de la petición solo podía aceptar así que siguió al chico hasta su cuarto y de allí al interior del baúl.
-Vaya –murmuró al ver el interior- no es un mal trabajo –comentó viendo la habitación con todos los objetos mágicos en ella, le llamó la atención la manta blanca con manchas de aceite que cubría algo en un costado pero el chico la llamó a un gabinete de donde saco un maletín que colocó frente a ella.
-Tengo la esperanza de que alguna de estas funcione para ti, pero de lo contrario podríamos tomarnos un día para ir a ver a Ollivander, si te ve en medio día no sospechara que no eres 100% humana –antes de que pudiera preguntarle de que hablaba el estuche se abrió revelando once varitas de madera brillante completamente nuevas a la vista.
-¿Cómo obtuviste eso? –Le preguntó asombrada, sabía lo estrictas que eran las leyes del ministerio respecto a la principal herramienta de trabajo de un mago y nadie que no fuera un fabricante certificado podía tener tantas varitas.
-El Sr. Ollivander me debe un pequeño favor así que le pedí que fabricara estas de un material especial que conseguí hace tiempo –le respondió, le sucedía a veces que hablaba de lo que su otro yo hizo como algo suyo pero ninguno de los dos creía que estuviera realmente equivocado por lo que no le daba demasiada importancia.
-¿Material especial? –Repitió intrigada mientras levantaba una con ojos critico y la sujetaba con un poco más de fuerza de la debida, al instante un lanzallamas esmeralda brotó de la punta y la obligo a soltarla- ¡Maldición! ¿De qué están hechas?
-Je-je-je, son bastante temperamentales ¿cierto?, el núcleo está hecho de colmillos de basilisco –le explicó logrando que la vampira viera las varitas con mucho más interés- ¿De qué era tu anterior varita, me daría una idea de cuál sería compatible?
-Laurel y pelo de unicornio –contestó sin perder de vista las varitas pero el chico no dijo nada así que regreso a verlo para toparse con que tenía la vista descuadrada ante la descripción que le dio, apenas entonces se dio cuenta de que ni cuando estaba viva había dicho a nadie la descripción de su varita, eso empezó porque en Dumstrang se generaba muchas burlas hacía las varitas hechas con materiales "delicados", siempre usaban nervio de dragón y maderas robustas, la suya fue un caso extraño, al recordar eso se ruborizo levemente por la vergüenza y se cruzo de brazos intentando parecer indiferente, solo que el maldito rubor no se lo permitía- ¿tienes algún problema con eso?
-No-no, claro que no –le aseguró- es solo que no es la combinación que esperaba –admitió sinceramente mientras regresaba la vista a la colección- no tengo ninguna de esa madera –comentó evitando decir laurel en voz alta, por si acaso para no molestar a Natalia, sabía bien que no era buena idea probar el temperamento de las pelirrojas, saco una varita de unos veintitrés centímetros del grupo- sin embargo está podría ser –apenas sus delgados dedos se aferraron al mango un estallido de chispas purpuras y rojas salieron de la punta y bañaron inofensivamente a Harry, quien sonrió ante el acierto y la expresión levemente soñadora que creyó imposible pudiera poner aquella ruda vampira ante el sentimiento de conexión con su varita- Fresno, los druidas lo llaman el árbol de renacimiento, muy apropiado –comentó sacando de su ensueño a la pelirroja que regresó a verlo levemente avergonzada por haberse perdido en el momento con tal facilidad antes de asentir levemente en gesto de agradecimiento bajando su nueva varita, Harry guardó el maletín con las otras varitas y se dirigió a una puerta que la vampira no había visto al principio- que te parece si la probamos.
Incluso la inalterable Natalia Ivanov quedo sorprendida por aquel cuarto de duelo también instalado dentro del mismo baúl.
-¿Cuantos compartimientos tiene este baúl? –Preguntó interesada viendo el lugar.
-Nueve, pero solo siete son… inusualmente espaciosos –contestó el chico ganándose una mirada interrogante de la ojiroja- en otro momento te los mostrare si quieres –la guerrera asintió satisfecha antes de subir a la plataforma donde una hilera de monigotes esperaban el tiro de prueba, el cual lo desmembró por completo, provocando una sonrisa presumida en los finos labios carmesí de Natalia hasta que un 17 se proyectó desde el torso en el suelo- no está mal –comentó al ver el resultado.
-¿No está mal? –Repitió entornando los ojos hacía el pelinegro, este no se inmuto ante la agresividad repentina, solo levantó su propia varita de acebo y fénix, pero no fue solo un conjuro, veintidós conjuros pulverizaron la cabeza e hicieron un agujero enorme en el pecho de los once maniquíes restantes casi al mismo tiempo, tardaron un rato en volver a la normalidad pero al hacerlo un 73 apareció en cada uno, Natalia tenía los ojos como platos pero se sacudió la impresión levantando la mirada con indiferencia- tampoco el tuyo está mal pero no tienes gran alcance –comentó recordando como en su tiro la mitad de los monigotes salieron volando, por respuesta un único conjuro volvió a salir de su varita despedazando toda la docena de muñecos de práctica sin problemas y arrojando sus partes por toda la habitación, los restos de torso que quedaron a la vista proyectaron números diferentes que iban desde el 32 hasta el 53.
-Tenemos mucho trabajo –fue el único comentario del pelinegro antes de pararse en el lugar de los monigotes justo frente a la vampira en posición clásica de duelo con una media sonrisa que su contraparte compartió- así que empecemos.
A pesar de sus propias ventajas el duelo era la especialidad de Harry, Natalia apenas pudo mantenerle el ritmo por cinco minutos antes de caer inconsciente. Pero si hubo algo de su personalidad que mantuvo a través de la muerte fue la terquedad, se batieron otras veinte veces con resultados similares hasta que incluso la experimentada guerrera quedo exhausta (su fuerza física no le era de ayuda ya que sus reservas de magia y resistencia mental solo estaban al doble de las de un mago y era mucho más cansado agotar estas) tirada en el suelo pese a haber sido reanimada, de nuevo.
-Es un excelente inicio –afirmó con entusiasmo Harry que no había sudado ni una gota, la vampira se forzó a levantar la cabeza para ver al chiquillo que acababa de apalearla en un duelo veintiuna veces y seguía tan fresco como una lechuga.
-Tú-no-erres-humano –le dijo con la respiración forzada por el cansancio, el chico abrió los ojos un poco más con cierta sorpresa por el comentario, luego solo ensanchó su sonrisa.
-Tiene gracia que seas tú quien me lo diga –le contestó con clara diversión.
-Cierra la boca –le espetó molesta incorporándose, desviando la mirada decidida a no ver aquella sonrisa- esto no es gracioso para mi, tu duras más en duelo de espada conmigo de lo que yo en uno de magia, ahora incluso empatamos la mayoría de las veces ¡Este es un golpe duro para mi orgullo ¿sabes?
-No te presiones tanto Natalia –le animó el muchacho- sabes que puedo tener la fuerza y resistencia de los gigantes junto con la velocidad de un vampiro, gracias a mi capacidad de adaptación, si quiero, que solo pueda alcanzarte la mitad de las veces debería ser mí cruz no la tuya –razonó, la pelirroja bufó molesta sin regresar a verlo- ¿te apetece darte una ducha antes de salir? –Le preguntó para cambiar el tema.
-¿Este lugar tiene duchas? –Preguntó olvidada de su frustración por la nueva información, el chico asintió señalando la puerta a su espalda con su pulgar.
-Hay un baño bastante completo en el departamento –le dijo como si fuera obvio, Natalia parpadeo dos veces con asombro, uno que se incremento cuando ambos pasaron del salón de duelo al lujoso piso.
-Has estado viviendo aquí ¿cierto? –Le dijo con cierto toque de acusación que el pelinegro no notó.
-No, del baúl solo he estado utilizando la bodega de suministros del invernadero, el laboratorio de pociones y de vez en cuando el taller de encantamientos –resumió sin darle importancia, Natalia se quedó en su lugar un par de segundos antes de reanudar el paso.
-¿Exactamente qué hay en esos siete compartimientos de los que hablaste antes? –Preguntó, Harry regresó a verla a medias antes de contestar.
-Mi yo del futuro encargo este baúl para que yo me entrenara en las principales disciplinas de la magia, lo mandó a hacer para que no fuera necesario que lo abandonara hasta terminar mi entrenamiento básico –comenzó a explicarle- pase un año y medio completo encerrado aquí hasta el día en que nos topamos por primera vez durante el incidente con el Ragnarok. Hay, como ya viste, un taller para practicar encantamientos, un salón de duelo, esté departamento para vivir. Un laboratorio completo para practicar pociones, un invernadero para cultivar alimentos y criar plantas mágicas para pociones y una pista de obstáculos para practicar transformaciones.
-¿Y el séptimo? –Preguntó la pelirroja, el chico se detuvo en seco.
-Recuerdos –contestó simplemente.
Antes de que la vampira dijera algo más abrió la puerta dejando ver un elegante baño de mármol negro tan impresionante que Ivanov olvido momentáneamente lo que iba a preguntarle.
-Las duchas están por allá –le señaló viendo el apartado donde el siempre se bañaba- si necesitas toallas… ¡¿QUÉ ESTAS HACIENDO? –Le gritó rojo hasta la medula al ver que la atractiva vampira ya se había quitado la parte superior de su uniforme y estaba desabrochando su cinturón con toda la naturalidad del caso, Harry se dio cuenta ausentemente que acababa de descubrir la respuesta a una muy vieja apuesta entre los soldados acerca de qué tipo de interiores usaba la comandante debajo de su ajustado traje de cuero, no usaba.
-¿Estas bromeando? –Le dijo de forma casual mientras se sacaba los pantalones, como si desnudarse en frente del pelinegro fuera algo de todos los días, esté por su parte tragó fuerte antes de finalmente volver a ser dueño de sus reacciones para cerrar sus ojos con fuerza y voltearse- no había visto una de estas en más de dos siglos y medio, no pienso desperdiciar la oportunidad –le dijo de forma definitiva, Harry empezó a escuchar los grifos de agua.
-¡Esa no es razón para desnudarte de improviso! –Le volvió a gritar tratando de controlar su respiración.
-Hm –dijo distraídamente la pelirroja regresando a ver al chico, aún a la distancia podía escuchar claramente su corazón fuera de control, le hizo gracia que lograra en dos segundos lo que no había conseguido en casi dos horas de batirse en duelo, ya fuera de magia o espada- no me digas que el pequeño Harry ya tiene ese tipo de pensamientos –se burlo claramente encantada de tener algo con que molestar al normalmente imperturbable joven.
-Sabes bien que el conjuro de adaptación también trabaja con mi cerebro, ahora estoy psicológicamente en los catorce y… ¡NO ES GRACIOSO NATALIA! –Le espetó cuando empezó a escuchar la diáfana risa a sus espaldas- disfruta tu baño –le dijo de último con un deje de irritación antes de salir del baño.
La pelirroja dejo de reírse pero la sonrisa no abandonó su rostro mientras veía al mago salir del lugar tan dignamente como podía, aún con los ojos firmemente cerrados no tuvo problema para dejar el lugar, aparentemente lo conocía muy bien, de repente una imagen de lo más extraña la saco de su diversión. Pese a lo que muchos aún creen, los vampiros sí que se reflejan en los espejos (de que otra forma podrían haber fotografías suyas en los libros), y en ese momento estaba devolviéndole la mirada a una pelirroja desconocida con una radiante sonrisa que ella podía jurar no había visto nunca, la imagen la descolocó tanto que cambió su sonrisa por una expresión de sorpresa, luego volvió su atención a la tina, ya llena, emitiendo leves espirales de vapor, pero no le atraía con la misma intensidad que en un inicio, de nuevo su mirada se desvió hacia la puerta por la que el chico había salido hace un momento tan rojo como el cabello de ella, pese a que Harry se había vuelto mucho mejor en Oclumancia durante el último mes ese instante de descontrol le permitió percibir unos pocos de los pensamientos que pasaron por la mente, ahora adolescente, del mago, aún no sabía por qué pero sin poder evitarlo una parte de ella se sintió verdaderamente halagada.
Continuara…
