Hey lectoras bonitas :) por fin regreso con el décimo capitulo , cuyo atraso se debe a que he estado algo enferma, supongo. Haha, pero mas que nada, a que estaba algo indecisa con el curso de la historia. En fin, sea como sea aqui estamos nuevamente :D. Por cierto hay un nuevo POV en este capi! Gracias por sus comentarios ! ! !

Amour Sucre es propiedad de Beemoov y Chinomiko, por supuesto :3


Sweetest Kill ( Broken Social Scene)


— ¡Janis!

Iba contando los pedruscos del suelo con atención cuando divisé a la peliblanca que llamaba mi nombre cerca de la puerta principal del colegio. Me aproximé hacia ella con una sonrisa en el rostro, esquivando a unos cuantos estudiantes que transitaban delante de mí. Era el primer día de regreso a clases.

— ¡Rosa! ¡¿Cómo te fue en las vacaciones?!

— Bien, pero luego hablamos de eso. Primero necesito preguntarte algo— pronunció con seriedad.

— ¿Qué ocurre?

— ¿Te enteraste del concierto de Star of Nightmares, verdad?— Abrí mis ojos como platos al oírla— ¿Es sobre eso? Rayos, ese el último tema del que quiero escuchar y apenas llegando al colegio es de lo primero que me hablan.

— Si… — contesté al fin — incluso estuve ahí porque Castiel tenía entradas.

— ¿¡Entonces lo viste con tus propios ojos!?

— Aja. Castiel es muy talentoso, es casi imposible creer que esa fue su primera actuación frente a un público.

— No me refiero a eso. Ven — la chica me tomó del codo y me llevó consigo al pasillo principal. Ahí estaba Peggy repartiendo felizmente algunos ejemplares del periódico escolar y una multitud de alumnos bastante interesados en leerlos. Rosalya tomó uno y me lo mostró.

— Hablo de esto.

Una fotografía mostrando un acercamiento del momento en que Debrah besaba a Castiel, ensalzaba la primera plana con el titular "La pareja más famosa del Sweet Amoris está de vuelta"

— Umm.

— Entonces ya lo sabias ... que Debrah y Castiel ...

— Pues sí.

— ¡Ugh!— exclamó y arrojó al piso el periódico mientras me abrazaba — ¡Janis, no dejes que esto te perjudique de ninguna manera!

— ¡Por supuesto que no! no tienes por qué preocuparte — contesté con energía. Rosalya me miró no muy convencida.

— ¡Hola Janis!— saludó Peggy acercándose a nosotras— Estaba buscándote. El día de la presentación de Star of Nightmares te vi en el público, estabas con Lysandro ¿verdad?

— ¡¿Lys te acompañó!?— clamó sorprendida Rosa.

— Si pero-

— ¡Me gustaría entrevistarte!— Peggy me tomó de las manos. Me tensé un poco al presagiar sobre lo que ella querría hablarme.— Tu eres amiga de Castiel así que me gustaría que me dieras tu versión de los hechos y cuál fue tu impresión en el momento que él y Debrah…. ¡ouch! ¡me estas lastimando! — se quejó soltándome. Ella no estaba enterada de como sentía pero de todas formas sus palabras me exasperaron así que apreté sus manos con saña casi sin darme cuenta.

— Ah lo siento …

— ¡Señorita Peggy ¡¿Qué significa esto?

La voz de una visiblemente molesta directora nos interrumpió sosteniendo algunos cuantos ejemplares de la gaceta en su mano. Por un momento noté a Peggy palidecer.

— ¡¿Cuántas veces le dicho que este tipo de contenido no está permitido para ser publicado en nuestro periódico!? ¡Venga en este mismo instante a mi oficina!

— Pero esta es una exclusiv-

— ¡Pero nada!

Peggy la siguió sin chistar. Con la presencia de la directora los alumnos se retiraron. Rosa tomó los ejemplares que quedaron en el piso y los depositó en un bote de basura cercano.

— Peggy es la persona más imprudente que conozco— bufó mi amiga.

— Sera mejor que vayamos a clase.


— ¿Entonces tu madre regreso a Australia ayer por la tarde?

— Así es. Dudo que hay tenido tiempo de descansar, tenía que presentarse a trabajar apenas su vuelo aterrizase.

Me encontraba charlando con Nathaniel en el comedor mientras le contaba mis peripecias durante las vacaciones. Casi sentí un poco de lastima cuando él comentó que su única salida fue llevar a su hermana a la playa. Le di un bocado a mi sándwich cuando Violeta y Melody hicieron aparición. Llevaban uno de los periódicos en mano mientras la castaña comentaba alegremente las "buenas" noticias. Sentí a Nathaniel mirarme de soslayo.

— ¿Janis vas a estar bien?— preguntó directamente.

— ¿De que hablas? — contesté evadiéndolo, aunque sabía perfectamente a que se refería.

— Yo sé lo que sientes por Castiel así que-

— No es para tanto Nath. Claro que estaré bien — Lo interrumpí. Pasé una mano por mi frente. Me disgustaba que mis amigos se compadecieran de mí por el hecho de que Castiel y Debrah eran novios otra vez. ¿Acaso esperaban que me pusiera a llorar por los rincones? Probablemente no, pero no puedo evitar ponerme a la defensiva.

— Castiel es un idiota— murmuró el delegado en voz baja — No puedo creer que haya caído otra vez.

— ¿Otra vez?— cuestione con interés. Nath hizo un gesto extraño, como si se arrepentirá de lo que acababa de decir.

— Nada. Olvídalo.


El día se había hecho una eternidad. No me podía concentrar en clase así que me dirigí al sanitario, y entré a uno de los servicios. Suspiré. Definitivamente hoy no es mi día. Al menos Castiel no vino hoy, con él aquí seguramente todo hubiera sido más difícil. Ahora que lo pienso ... tampoco he visto a Lysandro.

El brusco sonido de alguien azotando la puerta de los baños me sacó de mis cavilaciones. Reconocí de inmediato las voces de Amber y sus amigas quejándose en voz alta.

— ¡Sigo sin poder creerlo! ¡Esa maldita Debrah!

— Tranquilízate Amber, por favor deja de tirar de tu cabello o tu peinado se arruinara- mencionó Li alarmada.

— ¡¿Cómo me voy a tranquilizar?! Esa tarántula volvió a envolver en su telaraña a mi Castiel… además todos hablan de ella como si se tratase de una diosa y ellos simples mortales. ¡No lo soporto!

— ¿Pero qué vas a hacer al respecto? Ahora que ella no está estudiando en este instituto será aún más difícil idear un plan para desenmascararla- señaló Charlotte.

— ¡No importa ¡Tenemos que idear un plan maestro! !Las cosas no se pueden quedar así! — enunció la rubia con decisión. Amber siguió profiriendo groserías por unos minutos más hasta que abandonaron el lugar. Esperé un momento y salí detrás de ellas.

Estoy es muy raro. Nathaniel y Amber actúan como si supieran algo que Castiel y los demás ignoran sobre Debrah. ¿Qué podrá ser?

Pensaba en ello recargada en mi pupitre esperando mi próxima clase. Afortunadamente era la última del día. Lysandro entró por la puerta y al verlo sentí una especie de alivio. Sabía a la perfección que él no haría ningún comentario incomodo con respecto a toda esta situación que me rodeaba.

— ¡Lys! No te había visto en todo el día.

— Estaba ocupado buscando mi libreta, pero ya la tengo conmigo, sana y salva— contestó tomando asiento junto al mío.

— Jeje, si va a ser imposible que dejes de extraviarla, al menos deberías ponerle un candado para que nadie se entere de lo que tiene escrito— el chico me miró con interés mientras acariciaba su mentón.

— ¿Cómo el diario de una chica?

— Si más o menos algo así … aunque ahora que lo pienso, tampoco es una buena idea.

— ¿Por qué?

— ¡Porque perderías la llave!

— Tienes razón. Eso sería contraproducente— aceptó con voz serena — A menos que ...

— ¿ A menos que?

— A menos que tu guardes una copia de la llave.

— ¿Yo? — ¿Confía tanto en mi?

— Si. ¿Que te parece?

— !Oh! !Definitivamente podría hacer eso!

Cuando el profesor llegó y tomó la asistencia, Lysandro excusó la ausencia de Castiel indicando que estaba enfermo y faltaría algunos días más. Aquello me preocupó un poco así que decidí cuestionarlo al respecto, a pesar de que lo último de lo que quería era hablar sobre el pelirrojo.

— Él está perfectamente bien.

— ¿Entonces?— el chico dudó un poco pero al final se decidió a hablar.

— Va a acompañar a Star of Nightmares al concierto final de su gira en París. Al parecer su guitarrista sigue convaleciente. Aún no sé cuándo volverá, puede tratarse de días o quizás una semana— comentó preocupado.

— Bueno, apuesto que lo hará increíble como la otra vez. Y sobre sus faltas, ya se las arreglara. Siempre lo hace.

— Si, seguro que así será.— respondió. Asentí y sonreí tratando de reconfortarlo ya que notaba su sincera consternación por su mejor amigo. El peliblanco me devolvió el gesto de una manera cálida, logrando el mismo efecto en mí.


Después de un largo y extraño día, la ciudad se cubrió del color de la noche. Me despejé un rato mientras hacía mis deberes. Al terminar corroboré la hora en el reloj. Tía Carolina aun no llegaba a casa. En verdad quería hablar con ella sobre mi decepción amorosa, pero sabía que eso la preocuparía y prefería no darle importancia, aunque estaba segura que tarde o temprano ella lo notaría.

Cerré mi laptop y abrí la ventana dejando entrar el frescor de la calle a la habitación. Con gracia recordé la "seria" conversación que tuve con mi madre cuando vio a Castiel entrar a mi cuarto de aquella manera. A pesar de que siempre intenta tomar una postura seria al regañarme, su enfado termina sucumbiendo. O quizás se deba a que estamos tan lejos una de la otra, que enojarse conmigo es lo último que desea. Eché de menos su presencia, justo ahora su consejo y su consuelo era lo que mas necesitaba.

Contemplé el horizonte por unos minutos, cuando una alarmante y melancólica sensación se apodero de mí, como una estocada atravesándome con lentitud. Mordí mis labios, tratando de suprimir ese angustioso sentimiento que se alojaba cerca de mi pecho.

Castiel no volverá a entrar a mi habitación por la ventana. Aquella vez fue la última ... ¿No es así?

Aquel pensamiento me deprimió en un santiamén. Todo había sido tan inesperado y tenía que admitir que dolía. Dolía porque justo en el momento en que más anhelaba su cercanía, el pelirrojo estaba tan distante de mí y en un lugar donde no podía alcanzarlo.

Resoplé y sacudí mi cabeza, tratando de pensar con coherencia. Cerré los ojos.

Janis tienes que tranquilizarte. Esto no es nada. Entre Castiel y yo, en realidad nunca hubo nada. Ni siquiera tuvimos una cita, ni siquiera nos besamos una sola vez. Así que no hay razón para sentirse triste. No es como si se tratara de una ruptura. Esto pasara mas rápido de lo crees. !Ya lo veras!

Abrí los ojos y respiré profundamente. Cerré la ventana y bajé las persianas con precisión.

— Lo hecho, hecho esta y no hay marcha atrás.

I thought you were the sweetest kill

Did I even know?

And all the time we thought we did

Was it just for show?

If they try to pull you out

Would you even go?

I thought you were the sweetest kill

Did you even know?

I held your hand until the light

The scars were on the back

And all the time we were the right

Was it just retract?

And they can try to put you down, wear you out

Get you through the idea of the luck

I thought you were the sweetest kill

Did we even know?


.


— Castiel se lleva sorprendentemente bien con los otros chicos ¿no lo crees?— inquirió Pierre mientras observábamos a la banda ensayar mientras yo me daba un descanso. Tomé una botella de agua de la mesa y le di un sorbo. Nos encontrábamos de vuelta Paris, para el último concierto de nuestra gira. Después de esto, un descanso de varios meses nos esperaba.

— Sí. Es una lástima que esta sea nuestra última presentación juntos— mascullé haciendo un puchero.

— ¿Y qué es lo que va a suceder entre ustedes dos después de esto? ¿Van a seguir juntos verdad?

— Obvio. Después de lo que hizo por nosotros, lo mínimo que merece a cambio es un poco de mi amor — callé por un segundo mientras lo examinaba tocar la guitarra hábilmente— Al menos por un tiempo—rectifiqué.

— ¿Y con un tiempo te refieres hasta que te aburras? ¿ O ya cambiaste de opinión?

— Lo estuve pensando, y decidí que dure hasta que volvamos al estudio de grabación a trabajar en nuestro segundo material. Para ese entonces, estare muy estresada y ocupada así que será muy complicado continuar con cualquier relación.

—¡Oh que lista eres! Y supongo que durante este tiempo libre te quedaras con tu madre.

— Supones bien. Mi compañía le vendrá bien, la última vez que hablé con ella estaba deprimida porque su novio en turno la botó. Además me urge regresar a casa ya que tengo unos asuntos que comentar con mi nueva amiga …

— ¿Nueva amiga?

— Janis, por supuesto.

— ¿Qué es lo que planeas Debrah?— cuestionó intrigado.

— Nada en lo absoluto, tan solo quiero tener una charla de chicas con ella — respondí con sencillez.

— Está bien. Si tú lo dices… Por cierto, ¿cuando vayas, podre acompañarte?

— ¡Claro! Mi mejor amigo es bienvenido en mi casa cuantas veces quiera.

— ¡Maravilloso! ¡Esplendido!

— ¿Por qué te emocionas tanto?

— ¿Cómo que porque? Ir contigo incrementara las probabilidades de encontrarme nuevamente al príncipe de cabellos plateados.

— Oh Pierre, en verdad te enamoraste …

— !Es que es tan ... ooh-ooh, alerta, individuo aproximándose por la puerta, repito, ¡individuo aproximándose por la puerta!— murmuró desesperado mi manager.

Lo vislumbré al instante. Llevaba un traje formal, zapatos bien lustrados y la barba perfectamente afeitada. Contempló a los chicos tocar hasta que su mirada se cruzó con la mía. Me sonrió con coquetería al instante. Se trataba de Anthony, uno de los productores más jóvenes de la disquera. Nos conocimos cuando firmé mi contrato, y fue uno de los involucrados en el casting de los demás miembros de la banda. Desde un principio hubo una atracción inmediata entre nosotros.

— Debrah haz algo, sácalo de aquí o Castiel podría …

— No entres en pánico, lo tengo bajo control—aclaré y me puse de pie dirigiéndome hacia el susodicho. Asegurándome de Castiel no se diera cuenta, lo tomé del brazo y salimos de ahí rápidamente.

Caminamos hacia su oficina manteniendo nuestras distancias. Al llegar, él caballerosamente me invitó a pasar primero.

— Escuché que el concierto en tu ciudad natal fue todo un éxito— pronunció el hombre con voz ronca mientras me envolvía, pasando sus brazos por mi cintura.

— Pues claro que así lo fue. ¿Qué esperabas?— Respondí y él se acercó a mí, rozando sus labios con los míos. Después de un rápido pero intenso beso, me separé de él.

— Anthony. Lo siento pero ya no podemos seguir viéndonos de esta manera.

— ¿De qué estás hablando?

— Regresé con mi ex-novio, y como entenderás no puedo hacerle esto… — Anthony me miró escéptico por un momento y luego río en voz baja.

— ¿Te refieres al chico pelirrojo que está sustituyendo a Marcus?

— Así es. Él es mi gatito.

— Vaya… con que al fin de cuentas eres una chica normal como las demás, Debrah.

— ¿Qué quieres decir con eso?

— Desde que te conocí siempre me pareció que eras una persona fiel tan solo a sus propios intereses. La viva imagen del hedonismo. Es increíble que incluso alguien como tú quiera cambiar por amor.

— ¿Así que ese el concepto que tienes sobre mí? Me siento un poco dolida …

— No finjas esa actitud inocente frente a mí. Te conozco y sé que eres una niña mala— se inclinó y me besó la mejilla — pero eres demasiado linda como para dejarte ir. Déjame preguntarte algo. ¿A caso eres una chica de doble moral?

— ¿Doble Moral?

— Tú sabes que yo y mi mujer llevamos dos años de casados y aun así accediste a salir conmigo. ¿Porque ahora que tienes un novio, repentinamente sientes que esto está mal?

— Comprendo— respondí molesta— ¿Entonces qué es lo que propones?

— Date tiempo para estar conmigo de vez en cuando. Es todo lo que pido… cada uno puede seguir con sus asuntos sin ningún problema y a la vez podemos divertimos cuando lo queramos.

Permanecí en silencio, meditando su osada propuesta. Anthony tenía razón. Si todo se mantenía en secreto, no había razón para dejar de vernos. Aunque había algo que no me convencía del todo, no me opuse y esta vez lo besé yo, dándole a entender que estaba de acuerdo.

— Tengo que regresar.

— Perfecto. Saluda a tu novio de mi parte.

Cuando regresé al salón de ensayos, distinguí a Castiel platicando con Jean amenamente. Corrí y me senté a su lado. Él paso su fuerte brazo sobre mi hombro y fingí poner interés en su platica. Había algo que no me gustaba sobre esto, pero rápidamente mi auto confidencia ganó la partida.

Como siempre, todo esta bajo mi control. Bajo mi control absoluto.


.


Terminé de lavar los platos y los cubiertos que usamos en la cena y los metí a la lavavajillas. Salí de la cocina y observé a Leigh que parecía muy concentrado mirando el televisor. Rosalya se había quedado dormida sobre su hombro. Estaba dispuesto a subir a mi habitación a terminar de escribir la canción en la que encontraba trabajando pero en su lugar me acerqué a mi hermano con una duda en mente. Tomé asiento en el sofá y bajé el volumen del aparato, captando así su atención.

— Leigh ¿puedo hacerte una pregunta?

— Te escucho.

— ¿Cuándo tiempo es recomendable dejar pasar antes de acercarse a una chica con el corazón roto?

— Mmm … a mi parecer tres o cuatro meses, para estar seguros.

—¡¿Cuatro meses?!— gritó Rosalya inesperadamente cuando abrió los ojos mientras se incorporaba de un brinco, asustándonos a ambos por tan repentina acción.

— ¿Rosa? ¿Qué no estabas dormida?— dijo Leigh en un hilo de voz recuperándose de la impresión.

— Es obvio que Janis ahora mismo se siente dolida después de que Castiel regresó con Debrah— habló la chica mientras recorría la sala a pasos lentos, ignorando a mi hermano por completo — lo que ella necesita ahora mismo el alguien la comprenda, alguien que sea delicado con ella, ¡Un nuevo amor es definitivamente la cura para su corazón herido! Así que no dejes pasar un minuto más Lysandro, tu oportunidad es ahora.

— Me temo que debo diferir — agregó Leigh poniéndose de pie — Si bien apoyo plenamente las intenciones de mi hermano, lo primordial para sanar un mal de amor es dejar pasar algo de tiempo. Actuar tan rápidamente podría resultar desacertado ya que no se puede sustituir un amor por otro, y tanto Lysandro como Janis podrían salir heridos.

— ¡Por supuesto que un amor puede sustituir a otro! Recuerda lo que dice el dicho "El primer amor nunca muere, pero el amor verdadero puede enterrarlo vivo"

— Ese dicho lo acabas de inventar.

— Mentira. Es un dicho muy conocido.

— Entonces, ¿quieres decir que Castiel es el primer amor de Janis?

— No pero…

— Sin peros. Si los hay tu argumento pierde toda validez en esta situación.

— ¡Claro que no! Mi punto sigue siendo válido.

— Yo solo digo que no hay necesidad de apresurar las cosas. Después de todo, el amor es cuestión del destino.

— Tonterías. El amor es cuestión de decisión.

— Destino.

— ¡Decisión!

Leigh y Rosalya siguieron contrapunteando así que decidí retirarme. Subí a mi cuarto y al parecer ellos ni siquiera lo notaron. Al entrar, mis oídos captaron un sonido vibratorio proveniente de algún lugar desconocido. Trate de descubrir de donde se originaba y abrí las puertas de mi closet. Levanté la tapa de una caja de zapatos que yacía en el piso. Con que mi celular todo el tiempo estuvo aquí.

— ¿Diga?

— ¿Lysandro?

— Castiel, ¿Qué sucede?

— ¡Es un milagro que contestes tu propio celular!

— Acabo de encontrarlo, afortunadamente aún tiene batería.

— Genial. Escucha, ayer fue la presentación, pero tuve que quedarme a arreglar unas cosas, así que estaré de vuelta mañana temprano. ¿Cómo esta Demonio? — dirigí mi vista hacia el can que dormía sonoramente sobre un tapete improvisado que acomodé a un lado de mi cama. Castiel me encargó su cuidado durante su ausencia.

— Está bien, pero extraña a su dueño.

— Lo sé, lo sé. Estaré ahí pronto.

— Muy bien.

— …

— …

— ¿Y que hay de nuevo?

— ¿Nuevo?

— Si, alguna novedad, ¡Yo que sé!

— Janis está bien, si es que esa era tu duda.

— Tch! No me refería a eso, como sea, debo irme. Nos vemos.

Mi amigo colgó la bocina del otro lado. Me acerqué a mi escritorio y abrí mi cajón guardando el aparato junto con mí... ¿Y mi libreta? Acababa de encontrarla y la he perdido otra vez.

Me senté en mi silla, tratando de despejar mi mente. Al parecer Castiel no recordaba lo que había dicho la otra vez. "Si eso sucede no estarás en posición de hacer nada al respecto. Pero yo sí" Esas habían sido mis palabras exactas. Era cierto que esa noche Castiel había tomado su decisión pero yo también había tomado la mía, aunque fuera algo precipitado.

La visión del rostro de Janis en el instante en que Debrah tomó por sorpresa a Castiel besándolo, aún estaba fresca en mi memoria. Un inadvertido desconsuelo se ancló en sus hermosos ojos, y su bella sonrisa se desdibujo poco a poco siendo remplazada por un gesto de involuntaria aflicción.

Quizás Leigh tiene razón y el tiempo es el único encargado de borrar la congoja en el corazón de Janis, pero si en mis manos está la posibilidad de evitar por cualquier circunstancia que ella vuelva a sentirse miserable como en aquel momento ... entonces lo haré. Definitivamente lo haré.

El sonido de unos golpeteos en la puerta me sacó de mi trance.

— Lys soy yo, Rosa, ¿puedo pasar?

— Adelante — La chica entró y me miró tímidamente.

— Disculpa por lo de hace rato, acudiste a Leigh por un consejo y terminamos ignorándote.

— No tienes por qué disculparte.

— ¿Entonces qué es lo que harás?

— …

— Lys, escucha. Tal vez sea un poco extraño que piense de forma distinta a mi propio novio, pero en mi opinión el amor no es cuestión del destino. El amor es cuestión de tomar la decisión adecuada en el momento justo y en el lugar exacto.

— En el momento justo y el lugar exacto … — repetí con firmeza.

— Precisamente. Si ahora mismo algo dentro de ti te dice que lo intentes, sigue tu intuición y hazlo. Si en su lugar, prefieres dejar que el destino decida por ti, tal vez termines arrepintiéndote de haber dejado pasar la oportunidad.

Permanecimos en silencio, mientras repasaba mentalmente las palabras de la peliblanca.

— Gracias Rosa. Eso es exactamente lo que haré. Seguir mi intuición.

— !¿De verdad!? — asentí con la cabeza mientras ella mantenía su expresión de asombro — ¡Esas son excelentes noticias! Esto se siente raro, normalmente soy yo quien te agredece a ti cuando nos ayudas a Leigh y a mi a reconciliarnos pero hoy los papeles se revirtieron.

— Rosalya

— ¿Mmm?

— ¿ Puedo saber porque te interesa tanto lo que suceda entre Janis y yo?

— Jiji, ¿No es obvio? ¡Pues porque Janis y tú son mis mejores amigos!


.


Me quité el delantal y guardélos almuerzos que acababa de preparar en su respectiva bolsa. Subí a mi habitación y me coloqué la corbata sin tan siquiera mirarme frente al espejo y tomé mi mochila. Toqué la habitación de mi hermana.

— Amber, es hora de irnos o se nos hará tarde.

— ¡Vete Nath, estoy enferma así que no iré a la escuela!

— ¿Enferma? — Preocupado abrí la puerta para corroborarlo con mis propios ojos, pero el único signo de malestar que presentaba mi hermana eran dos oscuras y grandes ojeras debajo de sus ojos.

— ¡Sal de aquí!— gritó ofuscada aventándome su almohada.

— No tengo tiempo para tus niñerías, será mejor que te des prisa… ¿qué es todo esto? — me incliné a recoger una de las tantas bolas de papel que reposaban en la alfombra y leí en voz alta: "Plan Maestro para desenmascarar a Debrah"

— ¡Dije que fuera de aquí!—profirió mi hermana lanzando sus pantunflas y su colección de peluches con furia hacia mi.

— ¿Porque tienes que ser tan brusca?

— ¿Porque tienes que ser tan entrometido?

Suspiré con frustración y salí de casa. Afortunadamente mis padres ya se habían ido a trabajar así que no tendría que lidiar con sus regaños por dejar a Amber sola y desatendida. Pero me preocupaba un poco. Con las supuestas y recientes noticias de Debrah, Amber parecía bastante alterada. Y a decir verdad, a mí también me incomodaba bastante.

Mientras caminaba por la banqueta observé su antigua casa, ubicada en la misma calle que la mía. Su madre y ella siempre vivieron ahí, hasta que después de unos años se mudaron, por lo que recuerdo, en el barrio contiguo. Ahora que lo recordaba, cuando ellas se fueron, el vecindario se tranquilizó bastante. Su madre siempre se metía en problemas y los vecinos siempre hablaban sobre su familia a sus espaldas.

Después de unos minutos llegué al colegio, encontrándome con Melody que me esperaba cerca de la entrada. Ella siempre fingía encontrarse conmigo por casualidad, pero yo sabía que lo hacía premeditadamente.

— Buenos días Nathaniel — saludó sonriente.

— Buenos días Melody, te ves muy contenta hoy.

— Oh… lo notaste — se sonrojó.

— ¿Se debe a algo en especial?

—¡Sí! Debrah vendrá a visitarnos hoy, me envió un mensaje ayer por la noche.

— ¿Visitarnos?

— Si, aquí a Sweet Amoris.

Tuve un mal presentimiento, y este empeoró cuando divisé a Janis hablando con Debrah cerca de los casilleros. Melody corrió hacia ellas emocionada, ante la mirada curiosa de los alumnos que al ver a la cantante de Stars of Nightmares no dejaban de cuchichear. Volteé a mí alrededor, pero no encontré a la persona que buscaba. ¿Porque Castiel no está aquí con ella?

Esperé un momento, pero al parecer la conversación de las chicas no parecía tener final así que decidí acercarme a ellas.

— ¡Nathy! ¿Cómo estás? Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos.

— Eh… ¿Janis, podrías venir un momento?— pronuncié ignorándo a Debrah a propósito.

— Ok.

— ¿Nath, acaso necesitas ayuda con algún papaleo? si es así, yo puedo ayudarte …

— Gracias Melody, pero no se trata de eso.

Janis me siguió hasta la sala de delegados. Podía sentir la penetrante mirada de las chicas sobre nuestras espaldas mientras nos alejábamos.

— ¡Eso sí que fue extraño!. "Nathy" es la primera vez que escuchó a alguien llamándote de esa manera.

— No esperaba verlas juntas. ¿Acaso te dijo algo en especial?

— De hecho sí. Quiere salir a platicar conmigo a solas.

— No lo hagas.

— ¿Porque?

— Debrah no es alguien en quien debas confiar.

— Eso ya lo sé. Pero no te preocupes — aseguró— incluso alguien como yo puede defenderse, si en determinado momento intenta hacer algo raro, le picare los ojos.

— Estoy hablando en serio, Janis.

Mi amiga me miró con los ojos entrecerrados. Arrastró una silla y se sentó en ella, cruzándose de brazos.

— De acuerdo. Habla. Soy toda oídos.

— ¿Disculpa?

— Tu sabes algo que no me has querido decir ¿O que me equivoco?

— Janis, ahora no es un bueno momento … las clases empezaran en unos minutos.

— Ah, entonces es una historia larga.

— Janis… no creo que deba-

— Está bien. Entonces me voy. Nos vemos después — se puso de pie.

— ¡No! Espera …

— Relájate — rió mientras me sacudía tomándome por hombros— Si no quieres hablar no lo hagas. Además, yo puedo cuidarme sola.

Sopesé un minuto las circunstancias. Janis es una buena amiga y no podía dejar las cosas así, sin mas. Ella necesitaba saberlo.

— ¿Vas a ir con ella hoy?

— No lo creo. No hemos acordado el día ni la hora.

— Entonces, búscame cuando terminen las clases. Te lo contare todo.