Capítulo 10

¡Hola!

Llegó navidad. Mentira, volví, sigo viva y aquí les dejo esta belleza antes de que me tiren tomates, bye.


Sarita caminó por el pasillo saludando a todo aquel que se cruzara por su camino. Era bien conocida y querida en el lugar, así que el que una mujer como ella, bastante madura, tranquila y cariñosa, quisiera y apoyara tanto a alguien como Draco Malfoy siempre había sido cuestión de duda.

Pero ahora, gracias a la insistencia de Hermione, su jefe había tenido que relacionarse con distintas personas que, si bien podían responder mal, también podían darse la oportunidad de conocerlo y ver lo que ella y todos sus amigos veían en él:

Un joven cálido, trabajador y honrado con un pasado oscuro y triste que lo había dejado lastimado. Un pasado al que se había visto forzado a participar, logrando con ello salvar a su familia. La mujer dejó unas carpetas de trabajo con su secretaria jefe, y saludó fría, pero cordialmente a secretarias con las que antes se llevaba bien pero que habían tratado mal a su jefe. Si bien no era de Inglaterra y no conocía toda la historia, el hecho de que fueran tan prejuiciosas y remilgadas no le gustaba para nada.

-Sarita, mujer preciosa ¿Cómo está esa vida dentro tuya?

Sus pensamientos cambiaron cuando divisó al abogado Hershal McGregor caminar hacia ella para saludarla.

- ¡Señor McGregor! - Saludó expresiva como era. -Muy bien, en unos cuantos meses podrá conocerlo.

La conversación recayó unos minutos en su embarazo, hasta que este le preguntó si Draco estaba libre, yendo hacia su oficina cuando la respuesta fue afirmativa. La mujer lo observó marcharse, sintiendo una pequeña calma al ver el resultado de la insistencia de la abogada. Quizá en unos años abogados como McGregor, Melissa Sownoll, Lucas Pendwoll, y Franc Swarstein llegarían a ser amigos de Draco, y aunque eran pocos, estaba segura que cambiarían el ambiente tensionante e incriminatorio que se gestaba en el departamento de leyes.

Y quizá, solo quizá, también servirían como bálsamo para las heridas de su querido jefe.

-¿Dónde estás?

Potter estaba en modo auror. Se despidió de McGregor con su hilarante imitación de

Pansy Parkinson era una mujer inteligente, ágil y bastante astuta.

Y aunque podía ser paciente, también tenía su límite.

- ¿Estás queriendo decirme que no vamos a salir esta noche, un viernes, el único día en el que nos podemos ver porque has estado en esa horrible misión todo la semana, porque vas a salir con tus compañeros, con los que por cierto, estuviste de misión?

El locutor, un hombre que esperaba hacer suyo para toda su vida, respondió nervioso.

-Si, yo, es solo que los chicos quieren salir y, es una salida de hombres.

Pansy despidió a su secretaria, deseándole un buen fin de semana, y se levantó para caminar hacia el ventanal de su oficina.

Dean estaba rechazándola.

La estaba dejando a un lado.

Aguantó el martilleo en su corazón, y el vacío en su vientre al saber esa verdad. Parpadeo para secar su ojo de las traidoras lágrimas que querían salir.

Afortunadamente estaba sola y nadie la veía.

-Mañana nos vamos a ver Dean, y antes de que intentes rechazarme como lo has hecho todas estas semanas – Previno, con un tono ácido. – Te diré que es verdaderamente importante que nos veamos, y que no acepto una negativa, a menos que quieras terminar con esto de una vez. Ven a mi casa a las nueve.

Y colgó, tirando el celular.

Durante la media hora que estuvo al frente del ventanal, admirando la ciudad, se regañó a sí misma. ¿Era Pansy Parkinson, la diseñadora del momento, comportándose así? ¿Por un hombre?

-Pero no es cualquier hombre. -Se respondió a sí misma.

Un recuerdo vívido llegó a su mente. Era el día final de la guerra y Por temor y obligación, delató a Potter, y luego, cuando todo se desató, sintió la ira de los amigos del héroe. Pero no se dio por vencida, atacó y protegió a su familia, peleando juntos así fuera ese su final, porque fue el camino que le tocó, el mismo de Theo y de Draco. Cuando todo había terminado, y cuando ya no podía levantarse siquiera, apareció. Llevaba a una chica pequeña en sus brazos y aun así manobrio con ella y la varita para defenderla de Castells, su ex prometido.

A ese punto del recuerdo, dejó sus lágrimas fluir.

Su padre, que merlín lo llevara en la gloria, había sido un hombre bueno, muy estricto pero cariñoso a su medida. Sin embargo, siempre había sido ambicioso, y en su avaricia, arrastró a su única hija para comprometerla con uno de sus compañeros, quién tenía su misma edad y aspecto mayor, con el fin de hacerse de sus negocios.

Un negocio blanco, decía él.

El problema era que Enricoff Castells era un hombre trastornado, cruel y abusivo que había intentado humillarla y abusar de ella en cualquier oportunidad que se le presentaba, razón por la que siempre estaba al lado de Draco o Theo. De solo pensar en pasar el resto de su vida con aquel asqueroso hombre, lloraba y vomitaba lo que acababa de comer, pues no solo su aspecto, sino también su personalidad y comportamiento eran terribles, hasta para los mortifagos más sanguinarios.

Y pensar que lo había dejado atrás cuando el señor oscuro cayó. Creyó que ella, su familia y amigos estarían libres, pero no contó con que el mortifago enloquecido aparecería para arrastrarla lejos del castillo. El terror, miedo y las heridas, bastante graves considerando que se había enfrentado a la orden, no la dejaron hacer nada al verse arrastrada mientras la agredía verbalmente. A lo lejos divisó a su familia, herida y posiblemente muerta en el suelo, deseando que todo terminara para ella. Posiblemente Theo los encontraría, pero ella sería otro cantar. Si se iba con Castells moriría en una semana, pero sufriría y sería torturada.

El hombre buscaba un sitio para desaparecerse, y en su desesperación, comenzó a golpearla. Pansy solo agradeció que se hubiera olvidado de su barita.

Sin embargo, sin previo aviso y sin la inocencia y jovialidad con la que lo había conocido, apareció el gryffindor, luchando por ella cuando la había visto desvalida. Temió por el joven y la chica que llevaba, pero temió en falso. Castells estaba enloquecido y no estaba concentrado, ya no tenía el mismo poder y estaba cansado. Dean, aun con sangre y heridas visibles en su cuerpo, logro salvarla, matando al asqueroso mortifago.

Incrédula, con múltiples golpes y heridas, Pansy no lo creía. Miraba a su salvador, feroz y fuerte pese a todo. Un hombre que no la miraba con odio, y parecía verdaderamente preocupado.

- ¿Eres Parkinson?

Cuando le pregunto, aturdida como estaba, pensó que se lamentaría de haberla defendido, pero contrario a ello, le ayudó a levantarse y volver al castillo donde unos medimagos pudieron atenderla. No olvidaría el amor y felicidad en los ojos de su madre cuando la vio, ni mucho menos el alivio en los de su generalmente, frío y calculador padre. Mucho menos el respeto que le tuvieron a su salvador.

Dean Thomas no era cualquier hombre, pero no solo era su salvador.

Apurando el segundo vaso, se respondió a sí misma que era la razón por la que había seguido adelante, porque le había querido agradecer, pero luego todo se transformó cuando lo conoció en la fiesta de Draco. No solo era su salvador sino el hombre que la hacía reír, que se preocupaba cuando se enfermaba levemente (porque si era peor claramente tendría a sus chaperones encima suyo), o era el hombre que la amaba sin reserva, con tanta pasión y tanto cariño que no podía evitar sentirlo dentro suyo.

Pero semanas atrás lo notaba extraño, evasivo, nervioso y distante. ¿Qué no era hermosa? ¿Qué no la buscaban tantas personas? ¿No era lo suficientemente amable? Quizá no era lo que el hombre quería.

Lo afrontaba. A veces era demasiado para mucha gente, aunque nunca supiera que era ese "demasiado". Simplemente se lo decían mucho. Sabía que era mandona, malgeniada y bastante controladora. Pero también, que era cariñosa, leal y buena amiga.

¿Se había equivocado?

Quizá, como siempre deseo volver a ver a quien le había salvado, se había armado una fantasía en su cabeza, y su loco amor de seguro también era inventado. Posiblemente Dean solo la veía como alguien para pasar por el rato, quizá también había tenido morbo, al igual que muchos otros hombres, de enredarse con una ex mortifaga.

Al llegar a esas conclusiones, ya entrada la noche, y decidiendo que sería bueno que Theo la llevara a su casa, decidió que envidiaba a Draco, porque, aunque su amigo no lo notara, o tuviera muchas heridas para siquiera hacerlo, tenía a alguien que lo amaba por completo, a un hombre que haría lo que fuera por él, a un hombre que siempre le había seguido con la mirada, y a quien se le notaba el amor en los ojos. Lo envidió porque ella ya no tenía a nadie, y posiblemente nunca lo haría porque era "demasiado" …

….

- ¿Aló?

- ¿Jean?

-Si, si. Que bueno que contestas, estamos Donald y yo en el mismo bar de la otra vez, ¿lo quieres conocer? Le Conte bastante de ti.

-Oh Merlín, en media hora estoy allá.

Theo colgó. Su nuevo amigo muggle lo llamaba para molestarlo generalmente, pero era un buen tipo. Amaba a su novio, era algo impaciente e impulsivo, pero solo quería casarse con el tal Donald, y este parecía no seguir el mismo camino.

Volviendo a la realidad, se despidió de un futuro cliente de su empresa, y salió del restaurante, encontrando a Blaise con un tipo despampanante.

-Blaise. -No pudo evitar llamarlo, avergonzándose en el camino. Muchos le saludaron y el moreno volteó para ver a su amor platónico salir con otro hombre. Intentó sonreír y no tensarse, después de todo, ya había renunciado a él.

-Theodore Nott- Saludo su compañero en lugar suyo. Gabriel era un amigo de su tierra natal, y debido a que el matrimonio de su primo estaba próximo a darse, todos sus familiares y amigos cercanos estaban llegando, y él, como todo un buen anfitrión, tenía que saludarlos a todos.

Theo se mostró desconcertado. - ¿Me conoce?

-Más de lo que crees. Pero las historias no te hacen justicia, definitivamente había razones para que Blaise estuviera enamorado de ti. -Le comentó recorriéndolo con la mirada.

Blaise sabía que, si Gabriel no hubiera sido hetero, seguramente hubiera sido un homosexual muy quisquilloso.

-Entiendo. -Asintió con una sonrisa falsa ante el tono del otro. Cuando eso pasó, Blaise supo lo que estaba ocurriendo. -Un gusto conocerlo…

-Gabriel Lozzano.

- ¿italiano? - cuestionó interesado, mirando alternamente a su amigo y al desconocido.

-Así es, y mejor amigo de Blaise de toda la vida.

La ceja alzada marca Malfoy apareció en el rostro del apuesto inglés. Sintiendo gotas de lluvia en su cabeza, decidió despedirse, no ignorando las miradas de burla del acompañante de Blaise.

-Adiós Blaise, y salúdame a tu amigo, el de la otra vez, parecía que te quiere bastante.

Claro que sabía su nombre, pero había dejado esa pequeña bomba antes de desaparecer e ir a conocer al novio de su amigo.

- ¿Problemas en el paraíso de nuevo? – Le saludaron al entrar y su semblante cambió. Rechazó el alcohol y se enfrascó en conocer a esas dos maravillosas personas que estaban lejos de su pasado, de sus amistades y sus problemas.

Intentaba pensar eso, pero la reacción de Theo nublaba su mente.

¿Había cambiado?

….

-Lleva dos semanas sin hablarme. - Se quejaba el pelirrojo caminando endiablado en su oficina. Harry solo asentía mientras revisaba los nuevos casos y las misiones que tendría que preparar.

-Te dije que no fueras a molestarla.

- ¡Es todo culpa de esa perra de Pansy!

- ¡Hey!- Le gritó Harry, asustándolo. – No la llames de esa manera. Es una muy buena persona y quiere mucho a Hermione. Además, es la novia de Dean.

Ron perdió los colores al darse cuenta de su desliz, pero igualmente no dudo en comentar. -Pero no estoy del todo en el error, se rumorea mucho de ella.

-Si tuvo muchos novios, o mucho sexo a ti no te tiene que importar Weasley- Le regañó el novio de la implicada sin dejarle tiempo a nada. Había ido a entregarle unos papeles a Harry cuando escuchó lo que su supuesto amigo había dicho. – Vuelve a decir algo de Pansy y te juro que una paliza es lo menos que te voy a dar.

Entregó lo que debía y se volteó, dejando a los aurores asombrados. Harry anotó mentalmente preguntarle a Dean por qué últimamente estaba tan tensionado, y también, participar de esa paliza.

-Estás volviéndote un tonto Ron. Ahora vas a conseguir que todos te odien y se peleen contigo.

Su amigo, bastante shockeado, se dejó caer en el sillón y miró a su amigo con ojos tristes. -Es Hermione hermano, es la mujer con la que me quiero casar, no tiene por qué andar con cualquiera.

- ¿Pero tu sí?

-Claro que si, tengo que vivir Harry, como tú lo haces.

-Ah no. -Le corrigió, dejando los papeles de lado y concentrándose en él. – Si quiero a una persona se lo digo, y no armo planes, creyendo que después, sin decirle absolutamente nada, va a participar en ellos. Ron, Hermione también sufrió lo mismo que nosotros, y no la ves saliendo y acostándose con cualquiera. Y si quiere hacerlo, que lo haga. – Continúo pese a la alarma en el otro. – Es una chica grande, no es tu hermana, ni tu novia, y por lo que veo, puede que ni siquiera siga siendo tu amiga, compórtate Ron, si no quieres perderla.

Su amigo se sintió atacado desde que Hermione se comenzó a arreglar más y salir más. No pudo decirle nada más a su amigo porque no podía, y porque, además, el jefe iba a ver a su amigo.

¿Estaba perdiendo a Hermione?

Decidido a disculparse, se acercó al puesto de Dean, puso cara de circustancias y pidió disculpas de todas las maneras posibles. -Me pasé, y lo sé. Sé que vale muchísimo y que la quieres, perdón hermano.

El suspiro del moreno llenó la sala.

-Supongo que también me enojó que recalcaras lo obvio. No le pido castidad cuando yo mismo no la he tenido, es solo que, Ron, ella es una mujer de mundo, astuta, inteligente, salvaje. Siento...Como si no fuera capaz para ella, como si...

-Como si no la merecieras- Completó el otro, sintiendo que entendía a su amigo. Si eso era justo lo que el sentía.

…..

Aún sin definir la relación, cada miembro de esta seguía adelante.

Harry trabajaba en el caso que Ron le había quitado a Rodríguez, y tenía razón, necesitaban a Neville.

En un pueblo del norte, unos contrabandistas habían comenzado a alterar los ingredientes para pociones, logrando hacer muchos de ellos, rebajándoles la calidad. Multitud de centros médicos habían reportado meses atrás que muchas enfermedades habían evolucionado debido a que sus pociones ya no eran tan eficientes como antes.

El problema era que, sin importar las veces que analizaran la poción, la hicieran de nuevo, e inclusive hicieran una alternativa, los resultados eran los mismos.

Llamó a Alex y le pidió que preparara lo necesario para la reunión en la tarde. Los mapas que había hecho ya se debían haber actualizado con los localizadores mágicos que le había incrustado a un infiltrado, también la información del contrabando esa semana.

Ganarían ese caso en tiempo récord.

Toc toc

- ¿Se puede? - Preguntó el alto y amable hombre de color avellana y ojos claros. Harry se levantó con emoción para saludar a su amigo.

- ¡Neville! Pero claro, pasa hombre. Pensé que Ron no te había convencido. Parecías tan firme a no trabajar con nosotros. -Le comentó con cierto resentimiento.

El otro alzo los hombros y aceptó la silla que le brindaban.

-Sabes que no me interesa nada que tenga que ver con la violencia, sea para bien o para mal.

-Te entiendo. Entonces ¿Qué te hizo cambiar? ¿Trabajar por donas gratis?

El otro correspondió su sonrisa.

-Quiero salir por un tiempo. -Confesó, sin dar demasiada información, pendiente de esos ojos verdes que siempre estaban alerta. – Así que quiero hacer esto antes, así puedo estar con ustedes más tiempo.

- ¿Y Hogwarts? - Comentó pasmado. ¿Neville yéndose? Era demasiado extraño, por no decir sospechoso. Neville amaba Hogwarts más que nadie, además era una persona bastante tranquila, así que la idea de viajar nunca le había gustado. Aquello le había sorprendido tanto, que sabía, se notaba su desconcierto, pero no podía controlarse.

-Tomaré unas vacaciones, ya tienen a un profesor suplente, no te preocupes, la educación continua. -Atinó divertido. Al notar la sorpresa aún, continúo. – Solo que, necesito alejarme por un tiempo, eso es todo.

Un ruido le hizo interrumpir la conversación que quería tener con su amigo, pero estaban en horario de trabajo y nadie era más estricto que él en eso. -No creas que acabamos esto. Vamos a la sala de reuniones, allá está todo el equipo. -Informó, y le pidió que le esperara mientras revisaba su teléfono y le escribía a alguien. Aquello le pareció extraño. Después de esto, salió por la puerta, siendo seguido por su amigo, quién observaba asombrado el lugar nuevo al que le llevaba su compañero. Ciertamente los aurores habían dejado de ser una organización nada organizada, a ser una institución, fortificada y bastante organizada. Suponía que ahora que no tenían el mal encima, podían dedicarle tiempo a todo. – Hemos avanzado después de lo que te mandé, así que espero que tengan listos unos documentos para que los leas.

Dicho y hecho, al llegar a la sala de reuniones, Alex e Isaac entregaron los documentos, y decidieron que comenzarían con la presentación de los avances. Cuando iba a dar por iniciada la reunión, una llamada entró a su celular, y al ver el nombre, de inmediato les dijo que esperaran unos minutos.

- ¿Es algo grave? - Cuestionó el herbólogo al ver la normalidad con la que los aurores aceptaban la situación. Ron incluso comenzó a comer de las casi veinte donas que habían llevado para la tarde.

-Tiene novio. -Le delató Seamus, imitando a Ron.

Entonces Neville se sorprendió y miró la puerta por la que el corpulento auror había salido. Él había conocido a los novios de Harry, y con ninguno había visto ese tipo de reacción, después de todo, cuando estaba en el trabajo era esclavo de este, y ponía todo por debajo de este, fueran llamadas, llegar temprano a casa, e inclusive festividades.

¿Quién era? ¿Harry por fin había olvidado a Draco Malfoy, su amor imposible?

Si que tenían que tener esa conversación.

-Lo siento. -Se disculpó azorado, ignorando las miradillas y gestos picaros de sus compañeros y amigos. Era algo recién, pero si Draco le mandaba un mensaje o lo llamaba, maravillas de Merlín seguramente, atendía de inmediato. Siempre era bueno escucharlo armar planes, decirle que iban a cenar, decirle que lo esperaba en la mansión, o que no iban a poder reunirse.

Se veían casi todos los días, y ya habían pasado dos meses de aquello. Definitivamente se sentía en el cielo, y eso le preocupaba, así que dándole una mirada apreciativa, asintió ante Neville, dándole a entender que hablarían después.

Él era el único que conocía su secreto.

-Entonces comencemos. ¿Cómo sigue la misión?

Luna admiraba el cambio de su amiga, se veía más brillante, espléndida y segura que antes, y sabía que poco tenía que ver las prendas finas, el maquillaje o los zapatos, todo irradiaba de Hermione.

-Te ves preciosa Herms.

-Es lo que le he dicho siempre. – Aseguró la pelirroja, pidiendo un mojito en el bar al que había ido con sus amigas después de su gira. Habían decidido que pasaban poco tiempo juntas, y con los avances de Hermione, la nueva sección de Luna en el periódico, y sus reuniones y partidos como jugadora, era justo que se vieran al menos una noche. Así que allí estaban después de su trabajo. – Ahora solo falta que deje de trabajar tanto y listo, perfecta.

-Dudo que eso pase. -Secundó la rubia, pidiendo una bebida también. Tuvo tan mala suerte que los encargados estaban demasiado embobados con Ginny que no le pusieron cuidado, así que se decidió a preguntarle directamente al bartender. -Ya vuelvo.

Las Gryffindors notaron la salida, y se miraron preocupadas.

-La noto más silenciosa que nunca, y eso en Luna es extraño.

-Y que lo digas, apenas llegue esta semana, y ni siquiera pone su música bulliciosa, o hace esas actividades de muggle… ¿Yoga? - Intentó recordar, acomodándose el cabello. – El caso es que parece más ida de lo normal, ¿será que no ha tenido sexo ultimamente?

- ¡Giny!

- ¿Qué? Es normal Hermione, hace parte de nuestra vida, y que mejor que disfrutarlo. -Comentó sin vergüenza, sonriendo ante el mesero que trajo su orden y quedaba enamorado.

Hermione soltó una risa ante el acto. Desde siempre había pasado lo mismo, su amiga era preciosa, pero tenía eso, esa pasión que la envolvía y llamaba a todos los hombres. No negaba que aún le tenía cierta envidia por ese desenvolvimiento con ellos, cuando ella se ponía roja ante cualquier mirada de alguno.

-Tienes razón, solo que nunca le he conocido un novio.

-Creo que voy a sacarla de ese cuarto todas las noches, tiene que salir conmigo. Así conocerá chicos y dejará de estar encerrada siempre y trabajando como loca. -Dijo mirándola a ella. Al momento de decir aquello, la rubia miraba anonadada al hombre en frente suyo-

Alto, rubio, ojos azules y un bronceado espectacular. Sus mejillas se coloraron al momento que se supo parte de su atención.

-Hola preciosa, ¿Qué te puedo servir?

-Un…Mojito por favor.

-Para ti lo que sea. -Comentó el otro con una mirada seductora. ¿La miraba así a ella? Seguramente no había conocido a sus amigas, porque era imposible que se fijara en ella con las fachas que traía. Escasamente era presentable para trabajar, ya lo sería para salir a un bar.

-Creo que te he visto en alguna parte. ¿Me dirás tu nombre o te sigo llamando preciosa?

-Luna Lovegood.

-Rolf Scarmander- se presentó, tendiéndole la mano. Tenía un brillo auténtico en sus ojos. - ¿Lovegood de los Lovegood cierto? ¿De los escritores de criaturas mágicas? -El hombre no salía de su asombro cuando la vio asentir. Inmediatamente sus hoyuelos salieron ante una sonrisa. – Me lo habrías dicho antes, ahora me siento avergonzado de haberle coqueteado a la hija de Xenophilius Lovegood.

- ¿Conoces a mi papá?

- ¿Por qué no habría de conocer a uno de mis escritores favoritos? Sus libros han guiado muchas de mis expediciones, ¿y sus consejos sobre la crema mágica de versov? Un tesoro para mordidas de aveslones.

-Vaya. Eres la primera persona que no habla mal de mi papá. Es muy criticado por sus libros, siempre lo tildan de mentiroso.

-Pues yo no lo creo. -Afirmó mientras hacía el pedido de la joven. Su maestría al moverse por el lugar y buscar los ingredientes era admirable. -Tu padre viajó mucho antes de asentarse en Inglaterra, porque era uno de los mejores magos investigadores en la historia. La gente cree que después de su accidente se volvió un … bueno, ya sabes, pero yo no lo creo. Simplemente me parece que va más allá de todos los demás. -Comenta orgulloso, pasándole su pedido. -De hecho, he estado en cinco expediciones solo para comprobar su teoría de los Ramisnfor del primer libro, ¡lo público hace veinte años! Y hemos encontrado tanto.

Luna parecía mareada, así que se sentó en la silla al frente. Una bastante sencilla pero bonita, como todo el lugar. Ahora que lo pensaba, era el bar de Rolf, así que seguramente él era el dueño. El bar era muy tranquilo, de colores sobrios como el azul, el gris y el negro en toda su decoración, incluidas sillas, mesas y utensillos. Eso a Luna le daba información de la gente.

- ¿Estás comprobando las teorías de mi papá? Y ¿Haces expediciones? Entonces no eres solo un bartender. -Increpó, poniendo sus manos encima de la barra, apenas tocando el trago.

Hasta se había olvidado de sus amigas.

-¿Mi apellido no se te hace familiar?

La rubia negó.

-Sigh- suspiró – Pues no puedo contarte mucho, lo siento. -El hombre se desentendio y se volteó para limpiar la alacena de detrás con una sonrisa ancha en su rostro.

-¿Qué?

-Aunque pensándolo bien- Simuló haberlo hecho- Podría contarte algunas cosas este viernes en la noche, ya sabes, en un restaurante. Conozco uno nuevo por aquí, nada lujoso ni estrambótico, no sé cuáles sean los gustos de los héroes de guerra, pero sé que no les gusta mucho aparecerse en lugares concurridos.

Ante la perorata se sentía aún más confundida. ¿Le había dicho que no le iba a contar nada más? ¿Pero luego sí?

-Luna- Sintió que la llamaban, así que volteó recordando que sus amigas estaban al fondo, viéndola con un rostro picaresco. -Oh, tengo que irme.

-Ah, vienes con tus amigas. -Espetó saludando alegremente, siendo correspondido por Ginny- ¿Entonces? Te recojo el viernes a las ocho, no estés tarde.

¿Qué?

- ¿Me invitaste a salir?

-Si- Le contestó agachándose, apoyando sus codos en la barra, su rostro cerca suyo, con una sonrisa nada fraternal.

El rubor acudió a sus mejillas.

- ¿Para hablar de … mi papá?

El hombre soltó un resoplido y meneó la cabeza. -Podríamos empezar por ahí, ya sabes, para conocernos mejor.

Su cercanía la estaba poniendo mucho más sofocada. ¿No se lo estaba imaginando?

- ¿Me estás … coqueteando?

-Emm… Desde que llegaste- Comentó sin descaro, acercándose más a ella. -Y no he sido nada sutil. Vamos, ve con tus amigas que parecen unas pequeñas brujas chismosas.

Ella asintió ida, y fue hacia la mesa, teniendo que volver después (con una cabeza completamente roja) para recuperar las bebidas. -Um..Oh…Nos vemos el viernes.

-Dalo por hecho- Le respondió el apuesto hombre.

Al terminar de contar su "coqueteo descarado" según Hermione, Ginny suspiraba al ver a sus amigas. Hermione tenía a su hermano (aunque el muy descarado no hiciera nada aún) y a muchos pretendientes, y ahora Luna conseguía a un chico. ¿Algo pasaba con ella? Porque después de viajar, salir, divertirse y ser muy versátil en términos de amor (su última relación había sido con una chica) simplemente sentía que algo le faltaba. Encontraba apasionante su trabajo, pero sentía que faltaba lo que veía en los ojos de Hermione o Ron, o inclusive Harry ahora que estaba con Draco.

Después de despedirse de sus amigas, felicitando a Hermione por su cambio de look (bastante urgente según ella misma) y decirle a Luna que la llamará para aconsejarle de la ropa del viernes, siguió su camino hasta llegar al apartamento de su compañero de juego Chris, encontrándolo casi desnudo y con cara de sueño

-Vamos a volar

- ¿Qué? Ginny no puedes interrumpir…- Muy tarde, mientras se negaba Ginny convocaba su escoba y algo de ropa, tirándosela encima y saliendo por la ventana con la suya. -Vamos, por favor.

El hombre negó y fue hasta su habitación murmurando retahílas hacia la mujer que llegaba a molestarlo su única noche de descanso. Es decir, habían llegado hace poco y dado el estrés de ser el capitán necesitaba descargar toda su adrenalina y preocupaciones bailando, tomando y con lindas chicas, claramente. -Maldita pelirroja.

Aun así, salió a perseguirla.

- ¿Entonces qué pasó?

-Ahora está enojada con él por hacerle tantas escenas cada que salen juntos, y creo que Ron está perdiendo su oportunidad.

-Ajá- Declaró, después de mirar el cielo muggle al sentarse en la cima de un edificio. Al menos se había cambiado sus pijamas por un jean y un jersey.

-¿Y ahí te diste cuenta que estabas sola?- Cuestionó confuso.

Ginny siempre lo llamaba, buscaba o arrastraba a donde quisiera cada vez que necesitara hablar. No siempre habían sido así, y de hecho tenían anécotas que contar en cada entrevista cada que hablaban de su excelente química en el equipo. Siempre comenzaban con un "Si supieran como fue todo al inicio". Fue un caso completo, pero cuatro años después, las cosas habían cambiado, y pese a que era la única mujer alrededor suyo con la que no había follado todavía, no dejaba de pasar tiempo con ella.

Ahora, al parecer, se sentía sola.

-Fue después, cuando vino Luna después de coquetear con ese chico. Estoy tan sola, es decir, no tengo tiempo para nada más. -Expuso viendo las estrellas. Parecía afectada. – Tengo veintiséis años y he hecho muchas cosas, pero siento que nunca me he comprometido con nadie más que conmigo.

-Cosas de la guerra, supongo.

-Pero quiero estar con alguien, ahora si quiero. -Le comentó decidida, viendo hacia él. El hombre invocó su cigarrillo y lo prendió.

-Puedes estar con el herbologo ese, el del colegio. -Apuntó, inseguro de querer decirlo. El tipo podía ser muy bueno e inteligente, pero no estaba a su nivel. Ginny era una aventurera apasionada, necesitaba adrenalina, alguien a su lado que la apoye y la siga en sus locuras, y claramente, que también la proteja.

- ¿Neville? No, no no. Para nada, es mi amigo, y creo que está enamorado de Luna. Además, no sé, no hay química. -Declara, y mira el cielo nuevamente, parece tensionada. -No tengo química con nadie. Es decir, puedo follar increíble con cualquiera, pero después no hay nada que me enlace, que me importe. Siempre se vuelve aburrido, no sé cómo decirlo.

-Se vuelve superficial. -Le responde el otro levantándose.

Hasta ese momento es que Ginny nota que su amigo ha estado portándose extraño. Más callado y serio de lo normal. Él le tiende su mano, que ella toma, para luego verse encerrada contra una baranda y los ojos azules de Christian. -Por como veo las cosas- comienza con su voz gruesa y algo rasposa por el humo. -Tu única opción soy yo preciosa.

Ginny abre los ojos con sorpresa. - ¿Estás jodiéndome?

Volteó su rostro y fumó de nuevo, tirando el cigarrillo a un lado y soltando el humo. La tomó de las caderas con sus dos grandes y gruesas manos y la acercó. -Eso quiero hacer pelirroja, deberías dejar esta mierda y ser mi novia de una vez. Sabes que seríamos una explosión.

- ¿Fumaste algo raro?

-Seríamos unos troublemakers totales- Afirmó el otro acercándose más y dejándole pequeños besos en su rostro. La mujer inmediatamente se sintió acalorada. Christian era el jugador más atractivo y sensual de todo Quidditch, lo que lo llevaba a ser modelo de grandes marcas y a tener una fanaticada bastante grande.

Le gustaba, claro que le gustaba. Siempre han tenido química, en el campo, fuera de él, sería lógico que lo tuvieran en la cama. Allí se detuvo su línea de pensamientos y se alejó después de un beso bastante sensual. -No podemos Chris, sería un desastre después.

- ¿Por qué lo dices?

-Porque cuando terminemos pondremos al equipo en aprietos, sabes que es por eso que nunca hemos cruzado la línea.

Era cierto, siempre lo habían sabido. Pero unos años atrás él ya había comenzado a sentir eso que ella apenas describía. Estaba a punto de llegar a sus treinta y descubrir de una mañana a otra que los tríos ya no le emocionaban tanto era una cosa loca. Sobre todo, cuando podía pasar días enteros paseando y hablando con Ginny de cualquier cosa sin aburrirse siquiera.

-Podemos intentarlo. -Aseguró acercándose nuevamente para un beso final. Ginny era terca, impulsiva y bastante testaruda. Así que iba a necesitar tiempo si quería cambiarla. -Ya está- dijo después, viéndola con los ojos cerrados y sus largas y tupidas pestañas enmarcando su rostro sonrojado- Te daré tiempo pero no tardes mucho.

Dicho esto, se marchó pro donde vino, dejándola sonrojada ( ¡Ni que tuviera quince años de nuevo!) y asustada.

¿En qué se había metido?

Después de una buena noche de gastar toda su energía (entiéndase, de estar con Draco) Harry tuvo que marcharse al día siguiente ( no después de una buena mamada mañanera) para viajar.

Despedirse fue difícil porque no quería alejarse de su cuerpo cálido y sus comentarios ácidos. -La conversación quedó pendiente. -Le comenta un ente metido en el revoltijo de sábanas. Un ente con unas nalgas de lujo.

-Para mí es bastante claro en qué terminamos- Le contestó poniéndose la camisa. -Quedamos en que vamos a intentarlo, porque lo deseamos y lo merecemos.

Finalmente, un cuerpo bello y estructural salió de las sábanas, caminando hacia la ventana por un cigarrillo matutino. Harry hizo una mueca. Le disgustaba verlo hacer eso cada mañana, y a veces, muchas veces durante el día. -No tienes la última palabra.

El hombre se acercó al cuerpo y juntó su miembro con las nalgas desnudas, sacándole una sonrisa pecaminosa al rubio que miraba a través de la ventana. -No deberías andar desnudo frente a la ventana, cualquiera podría verte.

-Esta hechizada Potter, no quiero que nadie vea nada. Pero... ¿Estás celoso? - Musitó tirando el cigarrillo y votando el humo en la cara del auror, disfrutando cada mueca.

-No vas a estar con nadie mientras no esté.

El rubio le miró simulando sorpresa e incomprensión. - ¿Me está dando órdenes auror Potter?

Harry no se inmutó, estaba serio.

-Ya me habían dicho de tu posesividad antes. -Aseguró, acariciando los fuertes brazos. -Espero que sepas que solo me gusta ser dominado en la cama.

-Y yo que espero no verte coqueteando otra vez.

El descendiente de los Malfoy rodó los ojos. Solo había saludado a unos amigos cuando estaban en un restaurante. Bueno, uno si le estaba coqueteando e inclusive se había despedido de beso, pero eso no contaba. -Entonces tampoco te metas con nadie por allá.

Él también podía jugar ese juego de la posesividad.

-Si llego a saber algo, a ellas les irá mal- Aseguró tomando sus sonrosadas mejillas traseras (algo lastimadas) con fuerza. Draco sintió que se estaba excitando nuevamente ante la dominancia y potencia del otro, pero también notó que Potter lo decía en serio.

-Y a ti- Corroboró, acercando su mano al miembro por encima de la ropa, Harry sonrió y le dio un último beso antes de partir.

-Tienes que trabajar en tu posesividad- Le recordó. - No me gusta que me manden por fuera de estas cuatro paredes.

El auror sonrió.

Pese a que le había encantado esa expresión de posesividad, recordó que ya había oído hablar de ella. Ninguna cosa mala, como algo extremo o dañino, pero si cosas extrañas.

Definitivamente tenía que averiguar más de Harry. Estaba extasiado con todo lo que conocía de él. Por ejemplo, le gustaba dormir muy arrunchado a su lado, abrazándolo siempre, sin importar el calor ni el sudor. Le encantaba la comida, y había descubierto una cosa bastante… extraña: le gustaba alimentarlo. Decía que estaba muy flaco así que le cocinaba de más, y cuando estaban en la casa de alguno, el mismo cogía de su plato y le daba de comer. Era extraño porque se sentía bastante bien. Pero ese era el problema, Potter era muy natural. No había nada malo en él, ningún secreto, ningún vicio, era casi perfecto y eso le asustaba.

Siendo quien era sabía que todos los humanos tenían cosas malas. Y no es que sintiera que fuera perfecto, es decir, se trababa al hablar a veces, no entendía algunas cosas básicas, tendía a ser muy brusco algunas veces (no que se quejara) y era bastante terco cuando quería. Simplemente, sentía que él era demasiado oscuro y Potter muy brillante.

Por eso último no sabía cómo sentirse con él. Aún no estaban oficialmente, y sentía que Potter era lo mejor que le había pasado. No sabía cómo describirlo, solo que, sentía que pertenecía a algo, que las cosas tenían sentido. Tenía sentido si llegaba a casa después de perder algún caso, o enfrentarse a algún imbécil que lo llamase todavía mortifago, y veía después a Harry con su jean y camisas casuales aparecerse en la sala con una caja de pizza y dos vinos en su mano.

No sabía cómo describirlo, pero le asustaba.

Estaba aterrado de todo lo que sentía por Potter en los pocos meses que llevaban y de todo lo que sentía. Temía por el momento en el que se diera cuenta de que no valía nada, de que estaba vació, y de que él merecía mucho más.

Potter parecía tan perfecto, que esa posesividad tan arraigada estaba interesándole más de lo que debía. Algo le decía que allí estaba su talón de Aquiles. No le veía problema a molestarlo un poco con eso, solo, mientras lo beneficiara también.

-Mierda- Musitó cuando sintió el líquido correr por sus venas. - ¡Maldito Potter! -Había prometido que lo harían con condón.


¡Buenas nuevas!

Sé que no he podido publicar en mucho tiempo, así que me ahorraré las excusas. Porque no era solo el trabajo o el estudio o mi familia, también era yo. ¿No se han sentido sin energía? ¿Sin motivación? Yo sí, así que quería hacer otras cosas y por eso apenas he vuelto a fanfiction. ¡Amo con locura esta historia! Y ya casi va a salir el capítulo por el que hice todo este fanfic. Les prometo que lo continuaré así sea cada quince días, y les traeré muchísimas más historias.

¿Qué piensan de Christian? Sinceramente, me lo imagino como el deportista promedio: atractivo, talentoso, mujeriego y amante de la diversión. Pero ¿Notaron sus palabras? Creo que con el hay algo más, no sé, piensen y me dicen.

¿Y LUNA Y SCARMANDER? Puro fuego. En serio, necesitaba que estuviera con Rolf porque ella es taaaaaaaaaaaaan increíble, y siento que Neville necesita a alguien más calmada o… calmado? Jajaja no los molestaré más.

¿Cuál fue su escena favorita del capítulo?

La mía, de cuando Harry parte a Draco constantemente, hahaha, no lo puedo evitar, me encanta.

Namba64