Mientras abría los ojos, le entró una fuerte jaqueca. No quería recordar lo que pasó, pues el dolor era tal, que hasta procesar la información de saber en dónde estaba le aturdía. Instintivamente, llevó una mano a su cabeza, revolviendo su cabello. Gimió y se sentó en la aparente camilla donde estaba recostado. Ya no veía la cegadora luz blanca frente suyo, y le era un alivio.
Volteó a un lado, y luego al otro, divisando máquinas y sustancias de colores diversos, desconocidas para él. No recordaba ese lugar. Jamás había estado allí antes, eso era seguro, tan seguro como su preocupación repentina hacia sus amigos, a quienes no encontró a su lado.
Al acordarse de aquello, más interrogantes llenaron su cabeza, aumentando su dolor en ella. Volvió a gemir, bajando la vista. Por primera vez, sus radiantes ojos estaban apagados, inundados de preocupación y de necesidad de respuestas. Al menos el silencio que allí reinaba lo ayudaba a concentrarse en buscarlas.
El olor a pastillas, a alcohol y a metal se había acostumbrado a su presencia, o mejor dicho, al revés. Trató de no desesperarse ante la situación, ya que parecía estar en un hospital, y eso lo llenaba de más preguntas que debía contestar a toda costa. No. Mejor relajarse y esperar a que todas las respuestas se contesten por sí solas. Tarde o temprano tendrán que aparecerse, tendrán que salir de sus escondites, mudando sus carcajadas traviesas al no ser halladas. Pronto se cansarían, y se dejarían ver voluntariamente.
Empezó a ordenar sus recuerdos cuando sintió que el dolor en su cabeza comenzó a cesar: recordaba el refugio, cuando hacían la noche de películas. También recordaba a la banda en su última misión, cuando sucedió el accidente que hizo que él llegara a tal estado. Técnicamente, lo recordaba todo. Su memoria no deshizo ningún recuerdo. Funcionaba a la perfección. Así que supuso que estaba en Industrias Blakk. Y si estaba allí, efectivamente, sus amigos también. Y si sus amigos también estaban ahí, entonces... ¡entonces! ¡BajoTerra en manos de Blakk! No, no, ¿era cierto? Sí. Lamentablemente, sí.
—No —fue lo primero que salió de su boca, mientras entrecerraba sus ojos. Bajó la mano y vio varios moretones en ella. Siguió escudriñando en sus recuerdos al ver las heridas en sus brazos.
Lo primero que vino a su mente, lo primero que se proyectó, fue a Kord y Pronto, echados en el suelo. Zarandeó su cabeza, tratando de captar detalles. Fue una mala idea, pues después vio unos brillantes ojos esmeraldas, insensibles, como en shock. No reaccionaban, no parpadeaban, solo lo veían, ahí, derramando lágrimas. En la pupila se le notaba su sufrimiento, ya que era como si observara a la dueña de esos fascinantes irises en el interior de ellos, gritando un notable "¡No!". La misma palabra que acababa de pronunciar.
No lo pudo evitar, su corazón se aceleró y su respiración dejó de ser normal. Justo en ese momento el grupo de personas que estaban en la oficina del Empresario llegaron al lugar, afortunadamente, porque sino, al Shane le hubiera dado un infarto. Todos corrieron a su encuentro, al tiempo que lo atendían, excepto Blakk, quien solo lo miraba con una expresión de sorpresa. Aún no creía que él despertara tan de repente. Tan pronto. Tan inoportunamente rápido.
—¡Trixie! —gritó el peliazul, zafándose de las manos que lo apresaban, para que no rompiera nada. El chico cada vez ardía más en cólera, y se llenaba más de preocupación. Todos trataron de calmarlo, y en especial de que no gritara muy fuerte, pues si sus exclamaciones llegaban a escucharse por todo el lugar, por toda la instalación, Trixie podría oírlo, sospechando.
Después de inyectarle un líquido verde fluorescente, el joven lanzador se tranquilizó, desmayándose y cerrando sus ojos. Ahora descansarían sus pensamientos, donde predominaba la voz de la chica, rogándole que se quedara.
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Sus vellos se le erizaron. Un desagradable frío corrió por su cuerpo, haciéndola estremecerse. Si ese grito no fue real, entonces sus amigos no deberían tener las caras que tenían en el momento en que ella escuchó llamar su nombre. Entonces, ¿sí lo fue? ¿Sí fue real? ¿De verdad exclamó su nombre quien estaba, aparentemente, muerto?
Miró a su alrededor, notando que la reacción que ella tuvo era la misma que habían tenido sus amigos. Twist la tomó fuerte del brazo, sintiendo lo frío de sus pieles. Sí. Esa voz fue real.
"¡Trixie!"
Lo escuchó. No era un fantasma, como alguna vez llegó a pensar. No estaba muerto.
No. No. No.
Estaba vivo. Pudo volver a sentir ese cosquilleo en su estómago. Esos mismos nervios que sentía cuando él la llamaba para cualquier cosa. Esa misma aceleración del pulso cuando escuchaba su voz pronunciar su nombre. Sintió ese aprecio que siempre sintió por él, por ese fantasma que ya no era tan irreal como antes. Por el que le movía el piso. Por el que sentía tanto cariño, tanto afecto. Él era su amor.
Su fantasma de amor
Y mientras corría por impulso, por él, fue como si su alma reviviera. Como si todo ese tiempo estuviera enferma, y justo ahora comenzaba a recuperarse. Solo faltó su voz, su medicina, para poder comenzar. Entonces, ¿por qué antes huía de ella?
—¡Eli! —le devolvió la exclamación, con esperanzas de ser contestada. O por lo menos, de que ese nombre volara hacia los oídos del chico, alcanzándolo.
Por suerte, lo hizo.
Y bastó para que él, en su estado de ansiedad, se calmara, y cerrara sus ojos, sabiendo que estaba bien. Que ella estaba bien.
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—¡Lo oí! ¿Ustedes también? —preguntó la pelirroja, mordiéndose las uñas y caminando de un lado a otro, ansiosa. Desde ese suceso, no había dejado de estarlo, ni sus amigos tampoco. Sin embargo, el que menos llevaba la calma era Pronto, quien saltaba por todos lados, gritando ridiculeces.
—¡Era él! ¡Yo sí lo oí! ¡Vino del más allá! —esa era una de las cosas que más decía. Nadie le hacía caso, pues ya era algo cotidiano en él, a lo que ya estaban acostumbrados. Solo el rubio trataba a duras penas tolerarlo.
—Nunca estuve loca —susurró, posando sus manos en la sien. Tenía una mezcla de alegría y confusión. De nostalgia y nervios. Ahora venían más preguntas a ella, pero estaba agradecida de saber que era real.
Se me olvidó comentar que estaban reunidos en la habitación de la chica. Ya era de noche, y posiblemente Eli ya había despertado del anestésico. Lo malo, era que nadie sabía de donde provino esa voz.
Una gran mano sostuvo a la ojiverdes del hombro. Ella sonrió inconscientemente, recordando dulcemente como su amor hacía lo mismo.
—Nunca lo estuviste —mencionó Kord, el dueño de esa gran mano. La inundó un sentimiento de confianza, creyendo que ya podría decir todo lo que le pasaba a los presentes, desahogarse. Y lo hizo. Relató, entre tantas vivencias, el hecho de que, de los libros que leía en sus noches de insomnios, uno se parecía mucho a lo que ella estaba viviendo.
Tal vez era coincidencia, tal vez no era más que pura casualidad. Solo un parecido no tan leve. Tal vez relacionaba todo lo que pasaba a su alrededor con sus experiencias. O, tal vez, era una señal. La orquídea —que sorprendentemente ya no se encontraba en el lugar donde ella la había dejado—, tal vez, también era una señal. Las voces, los sueños. Todo era una señal.
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¡Hi!
Seh, actualicé muy rápido, creo. Se siente bien :P
Gomeeen! Pero no puedo leer reviews anónimos, ya que cada vez que llega uno, la cuenta desactiva la opción de moderarlos. Pero sé que llegaron muchos, porque se estuvo desactivando, prácticamente, cada vez que la abría (la cuenta), o bueno, la mayoría de las veces n.n
No puedo decir "Poquitos reviews porque son benditos", ya que fueron demasiados, en comparación a otras veces. Arigato :3
En cuanto a los que sí pude leer, pos, Eli está algo indefenso, no es que ahora es invencible xD y sí voy a actualizar, o sea, estoy bien ;)
We, me alegra que estés viva (qué cruel -.-). Espero la actualización, y mucho éxito a tu favor, amiga :)
Y Nicole, ¡nunca cambies! I lofiu.
Punto final.
PD: she, tengo nueva conclueishon, señores :P
