Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-9-
A la mañana siguiente me levanté hecha un asco. Me di cuenta de que no podía alejarme de los pañuelos durante un largo periodo de tiempo, el cuerpo me dolía exageradamente y me sentía muy cansada, como si hubiese estado varios días sin dormir. Cuando me miré en el espejo para peinarme, me asusté: tenía la cara amarillenta y unas ojeras que daban miedo. Me coloqué la mano en la frente y después de unos segundos supuse que no tenía fiebre. Era justamente eso lo que me faltaba. Daba igual, tenía que trabajar, y a pesar de que estaba bastante resfriada, Kate no me iba a dejar descansar.
Después de desayunar medio vaso de leche, decidí comenzar con mis tareas. Aquel día iba mucho más lenta que de costumbre, ya que de lo cansada que me sentía, mis movimientos eran más torpes. Un par de horas después comencé a sentir que me ardían los ojos, y fue en ese momento cuando me di cuenta de que sí tenía fiebre.
Volví a estornudar justo cuando Kate entró en el salón.
-A ti te estaba buscando yo –aquel fue su saludo, pero me encontraba tan mal que incluso me dio igual que me tratara de aquel modo.
-¿Me necesita? –le pregunté haciendo un esfuerzo por mantener los ojos abiertos.
-Sí. Quiero que vayas a buscar mi vestido de Prada. ¿Recuerdas que lo encargué para este fin de semana? –esperó hasta que asentí lentamente. –Pues resulta que lo necesito para esta tarde, así que haz el favor de ir a recogerlo –me ordenó firmemente.
-Pero…la tienda está muy lejos, señora –no tenía ganas de replicar, pero era cierto. Me quería enviar a una tienda que se encontraba en la otra punta del pueblo, con aquel frío horrible que hacía y con mi resfriado tan poco oportuno. Y encima esperaba que fuese caminando y que se lo trajera en menos de media hora, seguro.
-¿Y cuál es el problema?
-Pues…que voy a tardar en volver. Además…hoy no me encuentro demasiado bien y…–no quería que sintiera lástima por mí, pero apreciaba mi salud y sabía que si permanecía en la calle durante mucho rato, lo único que haría sería empeorar.
Kate suspiró y me observó alzando una ceja. Entonces, Jasper apareció de repente, pero ni siquiera me molesté en intentar averiguar de dónde.
-¿Qué ocurre? –preguntó acercándose a Kate y observándome detenidamente. No quería que lo hiciera. Estaba despeinada, parecía un zombie y sentía que iba a caerme redonda al suelo en cualquier momento.
-Necesito un vestido porque esta tarde tengo una reunión muy importante, y Alice no tiene ganas de caminar hasta la tienda. ¿Te importaría llevarla con el coche? –genial, aquella tía tergiversaba las palabras para hacerle creer que era la víctima. Si no me encontrase tan mal, le habría soltado alguna de las mías.
-Claro, no me importa –le contestó con una sonrisa amable que odié con toda mi alma.
Lo que me faltaba. Ahora debería pasar un buen rato en el coche con Mister imbécil, qué bien.
Kate me dio el resguardo de la tienda y el dinero que necesitaría para pagar el vestido. A continuación seguí a Jasper hasta fuera de la casa, y una vez en el exterior, me metí corriendo en el coche en busca de un poco de calor. Tenía mucho frío e intenté quitármelo frotando mis brazos con fuerza. Volví a estornudar cuando él entró en el coche.
-Me alegro de que tengamos algo de tiempo para estar a solas –escuché la voz de Jasper al cabo de unos minutos, pero yo sólo tenía ganas de dormir.
Asentí en silencio.
-¿Qué te pasa últimamente? Lo único que sabes hacer es enfadarte –murmuró mientras conducía, y yo ladeé un poco la cabeza para mirarle.
-Te lo dije el otro día. Eres un imbécil.
-¿Por qué? ¿Qué he hecho para merecer esa calificación?
Bueno, no podía decirle las verdaderas razones. Me tocaba improvisar.
-No tenías derecho a insultar a Ben –quise defenderlo, y me alegré de que aquel argumento hubiese aparecido en mi mente justamente en aquel momento.
-No lo insulté, sólo te dije lo que vi, que era bajito y corpulento.
Rodé los ojos y me dolieron al hacerlo.
-No tengo ganas de discutir –le aclaré en voz baja, esperando que se apiadara de mí. Sentía el medio vaso de leche que había tomado dando vueltas por mi estómago, y sólo esperaba que no me diera por vomitar allí mismo.
-Pues no discutas, entonces.
-Es imposible no hacerlo teniendo al lado a alguien como tú.
-Eres tú la que siempre metes cizaña y por eso acabamos discutiendo.
Resoplé, deseando que el viajecito se terminara pronto.
-Veo que nuestro plan te importa poco últimamente –escuché otra vez la voz de Jasper, y abrí los ojos dándome cuenta de que los había cerrado.
-Eso lo dirás por ti, que lo único que haces es meterle la lengua hasta el fondo a Kate –se me escapó, y me ruboricé violentamente ante mis evidentes celos.
-¡Eso fue lo que me dijiste que hiciera! Me pediste que la sedujera, y ahora resulta que lo que hago está mal. Deberías haberte aclarado antes, ¡maldita sea!
-¿Puedes dejar de gritar? –entre los nervios que había sufrido ante mi pequeña revelación, mi dolor de cabeza y mis náuseas, si no se tranquilizaba un poco, acabaría vomitando en el coche.
-Es que estoy harto de ti, Alice. Te lo digo enserio, últimamente sólo tengo ganas de enviar a la mierda el plan –me confesó bajando la voz, y aquello fue la gota que colmó el vaso.
-Para el coche –le pedí intentando respirar hondo, apretando las manos y clavándome las uñas al hacerlo.
-No pienso parar aquí sólo porque te haya dado un ataque de rabia, te he dicho la verdad y…
-¡Para el maldito coche! –le grité, harta de su estupidez y de su arrogancia, y agradecí el hecho de que se desviara del camino y se detuviera al lado de la carretera.
Casi no me esperé a que lo hiciera, sino que salí corriendo del vehículo e intenté llegar hasta unos matorrales que había por allí. Vomité el medio vaso de leche que había desayunado y parte de la cena del día anterior.
Sentía que me ardían las mejillas por la vergüenza y por la fiebre, que me temblaba el cuerpo a causa de las arcadas y que la cabeza me daba vueltas.
Encontré un pañuelo en mi pantalón y me limpié la boca con él, después dejé que me diera un poco el aire y a continuación volví al coche. Me encontré a Jasper fuera, observándome detenidamente.
-Podrías haberme dicho que tenías ganas de vomitar –murmuró con las manos el los bolsillos, y yo estuve a punto de ponerme a llorar por sus incesantes ganas de discutir.
-No me has dejado hacerlo –le expliqué con la voz ronca y con los ojos llenos de lágrimas a causa del vómito.
-¿Te encuentras mal? –me preguntó acercándose a mí.
Afirmé en silencio, y a continuación me sorprendí cuando sentí una de sus manos en mi frente.
-Estás ardiendo, Alice. ¿Por qué no me lo has dicho antes?
-Pensaba que podría aguantar, pero creo que no voy a poder hacerlo –me encogí de hombros, sintiéndome exhausta.
Jasper suspiró y apartó su mano de mi rostro.
-¿Aún tienes ganas de vomitar?
Negué rápidamente con la cabeza mientras la agachaba, avergonzada ante el show que acababa de montar delante de él.
-De acuerdo, entonces haremos una cosa: iremos hasta la dichosa tienda, recogeremos el puñetero vestido y te llevaré de vuelta hasta la mansión. Cuando estemos allí, hablaré con Kate y le diré que te deje marchar a casa.
-¿Qué? ¡No!
-¿Por qué no?
-Porque no me va a dejar. Es jueves…y mañana tengo que trabajar, además me descontará el dinero del sueldo si falto y... –comencé a parlotear, nerviosa.
-A ver, cállate –me interrumpió él con un movimiento de su mano. –Tienes fiebre, ¿es que no lo entiendes? No puedes trabajar así. Lo único que conseguirás si lo haces será empeorar, así que cierra el pico y hazme caso. Yo hablaré con Kate y no tendrás ningún problema, ¿entendido?
Asentí sin estar muy convencida, y después volví a meterme en el coche, agradeciendo que la calefacción estuviese puesta.
Jasper me prohibió bajar del vehículo una vez llegamos a la tienda, así que me obligó a quedarme dentro mientras él iba a recoger el vestido. No tardó demasiado en salir, y una vez lo hizo, volvimos a la mansión. Le agradecí interiormente el hecho de que no hablara en todo el camino, por lo que pude echar una pequeña cabezadita. Sentía que la fiebre en vez de disminuir, aumentaba, y comencé a pensar que Jasper tenía razón. Si me esforzaba, lo único que haría sería decaer y mi salud empeoraría, así que empezó a gustarme la idea de volver a casa un jueves al mediodía.
Cuando llegamos a la mansión, Jasper me ordenó que fuese a recoger mis cosas mientras él hablaba con Kate, lo que no me pareció demasiado bien. Por mucho que Kate aparentara ser una mujer adorable y buena delante de él, yo seguía siendo su empleada, y sabía que no le haría nada de gracia tener que dejarme un día y medio libre.
Esperé impacientemente en el vestíbulo una vez estuve lista, y cuando vi a Jasper acercándose a mí seguido por Kate, comenzaron a temblarme las rodillas.
-Jasper me ha contado que no te sientes bien –sí, y yo se lo había dicho antes, pero como nunca me escuchaba, pues en aquel momento le parecía una noticia nueva. Bruja.
Asentí sin tener ganas de abrir la boca.
-En ese caso, márchate a casa y recupérate –me deseó con una sonrisa falsa que no me molesté en devolverle, y a continuación salí de la mansión, seguida por Jasper.
-¿Se puede saber qué haces? –me preguntó, cogiéndome del brazo.
-¿Irme a mi casa? –inquirí confundida.
-Sí, eso es lo que vas a hacer, pero no te irás caminando. Vamos, te acompaño –dijo empujándome suavemente hacia el coche.
-No, no hace falta. Hoy ya has hecho bastante por mí.
-Bah, ya me lo agradecerás –bromeó, pero no me reí. No tenía ganas.
Suspiré, aunque no tuvo que insistir más. Me subí en el coche otra vez y me acomodé en el asiento del copiloto, deseando llegar a mi casa para meterme en la cama y dormir hasta que estuviese totalmente recuperada.
Sí, ya sé que en este capítulo no pasan muchas cosas interesantes ni importantes, pero es necesario para futuros capítulos ;)
Además, estoy segura de que en el próximo capítulo encontraréis a Jasper adorable (ya lo es siempre, pero en el capi siguiente lo es más =3)
¡Nos leemos el miércoles!^^
XOXO
