Asesinando el amor

"De la unión de dos seres rivales que la naturaleza ha creado por capricho nacerá un vínculo de amor tan poderoso que destruirá para siempre las raíces con las que fueron creados; se levantarán padres contra hijos, hermanos contra hermanos, amigos contra amigos; con guerra comenzó y con ella misma terminará, así, la humanidad volverá a tener paz"

A Victoria le bastó recordar esa profecía para que los bellos de su cuerpo se erizaran una vez más, ahora comprende por qué James desesperó y trató de asesinar a Jacob Black, pero su arrogancia y extrema confianza le causó la muerte. Por fortuna su propósito no murió y lo delegó a ella o al menos así es como lo ve, su amor por él le obliga a continuar, a no desistir y vengarse de aquellos que han acabado con ese sentimiento.

Se detuvo en lo alto de un edificio de apenas cinco niveles, desde ahí observó al pub de la planta baja del edificio de enfrente, la hora es la habitual para que esté abarrotado, pero su objetivo no es disfrutar junto a humanos, sólo se interesa por uno y nada más verle su corazón se acelera de la emoción, él es el indicado, tiene un porte significativamente parecido al de James, quizá una mirada más amable, pero no tiene tiempo para ser tan precisa. Se removió un poco y esperó a que el chico se alejara de la gente, pues lo necesita solo a él y no dar espectáculo.

Riley por su parte, ajeno a las malvadas maquinaciones de Victoria, tomó un camino diferente, no tiene muchas ganas de llegar a casa y quizá una caminata por las calles de la ciudad le den el "nuevo aire" que necesita, el asunto de Diego lo tiene muy ensimismado y sus actividades cotidianas lo resienten con obviedad, incluso sus calificaciones han bajado, pero no puede evitarlo. La noche lo sumió en una reconfortante calma, aunque el frío lo hizo abrazarse a sí mismo y guardar sus manos en su chaqueta de piel favorita; de pronto un ligero mareo y un nudo en la garganta lo hizo detenerse en seco, un presentimiento extraño lo obligó a levantar la mirada al cielo y recibir las primeras gotas de lluvia.

Sin saber exactamente qué le sucede decidió apresurar su paso, tuvo la necesidad repentina de estar con sus padres, por mucho que le arruinen su escapada de la semana; un viento extraño lo hizo reconsiderar su camino doblando a la derecha en la primera calle que se encontró, pudo ver a dos hombres yendo en su dirección, pero eso no le impidió continuar, hay algo en el ambiente que lo hace temer más a ser asaltado por dos rufianes. Los tipos no lo tomaron en cuenta, lo que le provocó desconcierto, pero no está dispuesto a probar su suerte.

-Riley. –el susurro del aire con su nombre le hizo temblar de pies a cabeza por lo que indiferente a parecer un desquiciado empezó a correr, el frío ya no importó, ni siquiera que su garganta ha quedado completamente seca por el esfuerzo, lo único que su mente le pide es estar en un lugar seguro; con toda la agilidad que se le conoce observó un callejón que daba directo a la avenida principal, no estuvo seguro de cruzar, pero el miedo lo cegó y se atrevió a entrar. Un fuerte golpe en su costado derecho lo hizo trastabillar, pero no se detuvo, ahora el presentimiento de morir fue más palpable y por primera vez pensó en todos a los que ama.

-No quiero morir, no quiero morir. –empezó a repetirse, pero una risa burlona y tétrica le quitó las esperanzas, corrió todo lo que sus piernas le permitieron, hasta que un segundo golpe lo hizo quedar de rodillas y sentir un terrible dolor en ellas, como si se las hubiese cortado. -¡Rayos! –con una mueca de dolor intentó ponerse de pie, pero un nuevo ataque en la espalda lo hizo caer de bruces y con fuerza al suelo.

-La sangre de tus venas hace hervir mi cuerpo. –escuchó una voz en su oído y luego el peso de alguien sobre él. –Vivir o morir… ¿qué prefieres? –preguntó la voz que supo como de mujer, no contestó, se limitó a un quejido indescifrable. –Vamos, contesta o yo decidiré por ti. –ordenó la voz.

-Vi… vivir. –soltó con una exhalación.

-Perfecto. –dos cuchillas parecieron enterrase en su cuello y antes de que pudiera gritar fue obligado a callar, fue como la peor de las muertes, de esas en las que prefieres irte lo antes posible a seguir sufriendo de esa manera, no supo por cuánto tiempo se prolongó, fue hasta que todo se empezó a volver oscuro y el silencio le cubrió los oídos cuando se presintió muerto.

-o-

Jacob empezó a sentirse incómodo luego de varios minutos en completo silencio, ahora todos saben la verdad y aunque su idea no es ocultarle nada a su familia, es obvio que no están muy de acuerdo en lo que hace. Rebbeca, que está de visita como todas las veces que Jacob puede verla, prefirió dedicarse a seguir cocinando el desayuno, mientras que Rachel trató de mirar a todos lados excepto a ellos; nadie se imaginó que Jake les reuniría para decirles que desea irse a vivir con Edward.

-¿Los Cullen, ellos te toleran? –preguntó Billy rebuscando sus palabras y tratando de ser lo más paciente posible, tener una discusión con su hijo no es algo que desee, pero necesita saber toda la verdad, aunque eso no significa que cederá a las pretensiones del chico.

-Al principio creímos que no, pero lo hacen de una manera que ni siquiera ellos comprenden. –usualmente no hablan tan abiertamente sobre su condición de metamorfo debido a la ignorancia de las gemelas respecto del tema, más por su protección que por otra cosa, lo que tienen en su mente es algo más verosímil, una cierta homofobia, común en muchas personas y tal vez los Cullen lo sean.

-De todos modos no creo que sea conveniente. –el anciano trató de no mostrarse intransigente. –Tu seguridad es importante así que prefiero que esperes. –sin duda fue una estrategia muy justa, no porque no desee que realice su vida, que madure y que continúe con su amor, pero teme que su vida esté en riesgo y, conociendo la verdad sobre los Cullen, no cederá ante ello.

-Ellos son buenas personas padre, ¿Cuándo lo entenderás? –preguntó el moreno, tratando de convencer a su padre, pues lo que quiere es estar al lado de quien ama.

-¿Y cuándo entenderás tú que me preocupa tu bienestar? –la retórica causó mella en el menor de los Black que sencillamente bajó la mirada. –No he negado que un día podrás irte con él, es parte de la vida unirte a la persona que más amas, lo sé perfectamente, pero no es momento, no todavía. –sus palabras fueron realmente ciertas y no pudo objetarlas.

-Bien. –Jacob se levantó de su silla y salió apresurado de la casa, escuchó la voz de Rachel, pero no se detuvo y ella no insistió, quizá por sugerencia de Billy.

Fue hasta el garaje y tomó la moto que tuvo tiempo de terminar apenas hace unos días, luego de semanas de no saber nada de Victoria o Laurent. Arrancó y aceleró a fondo por la vereda creada para la camioneta de su padre, unos minutos después llegó hasta la carretera y ahí aumentó la velocidad, ahora que se siente fuerte y poderoso no teme cruzar los límites de velocidad; el viento frío no causó mella alguna manteniendo la velocidad por más tiempo del que un humano común pudiera resistir. Unos momentos después vio la patrulla de Charlie que mostró un rostro sorprendido al ver quién es el loco que maneja a semejante velocidad, suponiendo que trataría de ir tras él prefirió aumentar la velocidad y desaparecer de su radar. Fue hasta que estuvo cerca de la mansión Cullen que bajó la velocidad y se estacionó con aparente tranquilidad.

-El ruido de esa cosa te delata con facilidad. –levantó la mirada encontrándose con la de Edward en el portal de la casa, bajando las escaleras y sonriendo con cariño.

-Bueno, no es que esté tratando de ocultarme de alguien. –respondió con tono neutral bajándose de la moto y saludando con un fugaz beso a su amante.

-¿Listo para el tour? –preguntó Edward, Jake asintió. Se prometieron un buen recorrido por toda la casa, con la finalidad de presentarla al moreno. -¿Qué ha dicho tu padre? –preguntó el vampiro cuando entraron por la puerta principal.

-¿Tú qué crees? –respondió con sarcasmo, torciendo un gesto triste y avanzando por el hall.

-Es una pena. –Edward se burló un poco pero no se lo demostró, él no está muy de acuerdo en que vivan juntos, no porque no lo ame, sino porque teme por la seguridad de Jake estando entre tanto vampiro, sobre todo con la inestabilidad de Jasper, así que, conociendo la respuesta de Billy, le pidió a Jacob que le comentara el asunto. Todo resultó como lo esperaba.

El resto de los Cullen estuvieron entretenidos en sus propias actividades, la habitualidad en las visitas de Jacob no les hace recibirlo en todo momento y a él le agrada estar siempre en privado con Edward, así que todos contentos. Conoció detalles de la familia que no se imaginó, muchos años de historia a pesar de lo contemporánea que es la construcción, incluso se atrevió a pensar en mazmorras ocultas en el sótano, pero nada de eso. Al final llegaron al pasillo principal de las habitaciones, alguna vez estuvo ahí, pero jamás notó una enorme pintura a la mitad de éste.

-Están vestidos como nobles… ¿Quiénes son? –preguntó Jacob, observando a tres hombres, uno de ellos delante de los otros dos, pero con aspecto muy elegante y refinado, con facciones finas y hermosas; de algún modo se sintió muy atraído por sus poses. Edward apretó la quijada.

-Bueno, tienes razón en su vestimenta. –empezó. –ellos son los Vulturi, la nobleza entre los vampiros, los más viejos, los más poderosos. –al oír esa breve explicación el metamorfo se sintió incómodo, pero cuando vio a alguien más detrás de ellos sus ojos se expandieron y lo señaló sin poder pronunciar palabra. –Así es, es Carlisle. –no podía creerlo. –Sirvió muchos años a ese aquelarre, hasta que decidió abandonarlos por su poco respeto a los tratados que muchos crearon con los humanos. –contar aquello tampoco fue agradable para el vampiro.

-¿Aquelarre? –preguntó Jake.

-Familias. –respondió con simpleza el otro, aunque no fue completa la respuesta no hondaría en ello. –Continuemos. –Jacob echó una última mirada a la pintura, hasta que entraron a la habitación de Edward, deseó hacerle más preguntas, pero percibió el rechazo implícito del vampiro a ello, así que prefirió dejarlo.

-Sabes, aunque no duermas, una cama sería genial. –habló el moreno, pero sin darle tiempo a responder, pues atrapó su rostro para darle un apasionado beso, uno que se prolongó por más tiempo del que alguien pudiera soportar, ninguno contuvo sus fuerzas, pues no fue necesario. Unos minutos más tarde, a falta de cama, se lanzaron al suelo y empezaron a juguetear de un lado a otro, aunque sus sentidos les dieron la habilidad de no tirar nada a su alrededor. Sus juegos pronto dejaron de ser intensos y sencillamente rodaron de un lado a otro tratando de someterse, pero siempre con un tono infantil que causó gracia a la sorprendida Alice cuando llegó arriba.

-Ejem, supongo que han terminado. –carraspeó para llamar su atención, ambos miraron a la chica, con un Jake encima de Edward. –El amor nubla tus sentidos hermano. –se burló la chica. –No es que me guste interrumpirles, sobre todo por lo monos que se ven jugando como niños, pero Carlisle desea hablarnos de algo importante. –lo último lo dijo con un tono ligeramente serio que pronto quedó en el olvido cuando volvió a sonreír. Los chicos se levantaron con relativa rapidez y siguieron a la chica. Bajaron a la sala tomados de la mano para reunirse con todos quienes ya les esperaban, la mayoría sonrió al verlos así de enamorados, solo Jasper que sufría con su resistencia y Rosalie con su indiferencia fueron los que no.

-Tenemos un problema. –Carlisle de inmediato entró al tema, todos le pusieron atención, Jacob con el rostro más adusto por lo serio del ambiente. –Los asesinatos y desapariciones han aumentado dramáticamente las últimas semanas, me temo que Victoria está siendo más irracional de lo que imaginé. –la voz suave del mayor de la familia conmocionó al joven Quileute.

-¿Crees que esté reclutando? –preguntó Edward, llamando la atención de un cada vez más preocupado Jacob.

-Al principio creí que solo saciaba su ira asesinando humanos, pero la cantidad no es propia de ningún vampiro, ni siquiera todos nosotros juntos haríamos tanto daño en tan corto tiempo… a estas alturas debe tener un pequeño ejército de neófitos. –Alice contuvo un grito de sorpresa, todos se conmocionaron.

-¿Eso qué significa? –el moreno no pudo evitar preguntar, pues dentro de su mente no todo tuvo sentido.

-Los neófitos son vampiros nacientes, su sed de sangre es incontrolable y su instinto es brutal, atacan todo lo que pueden, incluso Victoria se arriesga demasiado si cree que puede controlar a tantos. –respondió Esme, acomodándose en el sofá y sufriendo con la mirada. –Muchos mueren en el proceso, pero es claro que a ella no le importa. –finalizó.

-¿Y cómo sabemos cuántos son y cuantos sobrevivirán? –aunque sonara indiferente es la realidad y no pudo contener tampoco esa pregunta.

-Hay al menos cincuenta desapariciones en distintos pueblos cercanos a Forks… -apuntó Carlisle.

-El resto depende de su voluntad. –interrumpió de pronto Jasper, que llamó más de la atención pues por primera vez parece hablar con mayor fluidez. –Si por naturaleza son débiles, morirán; pero si por el contrario saben superarse a sí mismos, sobrevivirán. –aquello tampoco fue muy alentador. –No creo que Victoria sea tan tonta de elegir tan al azar. –tuvo un argumento sólido y eso no satisfizo a nadie.

-Debemos investigar. –apuntó Emmett, soltando los brazos y pareciendo decidido.

-Puede ser peligroso. –Carlisle siempre ha temido por sus hijos, ponerlos en riesgo siempre es la última de sus opciones.

-No te preocupes, sabemos cuidarnos, además, no pelearemos ni nada, solo lo haremos al estilo Sherlock Holmes. –la siempre risueña Alice alivió la ligera tensión y todos se calmaron.

Hablaron un poco más sobre repartirse e ir a las ciudades más pobladas y tratar de encontrar algo, aunque Victoria fue muy astuta en ese aspecto y su actuación ha sido muy premeditada, al parecer la estratega del grupo es ella y no James como bien pudo pensarse. Al final Jacob y Edward salieron de la mansión, el moreno debía irse con su familia, de algún modo empezó a temer por ellos y aunque estar con el vampiro es su mayor anhelo, bajo ninguna circunstancia los pondrá en peligro. Edward lo entendió a la perfección.

-No puedo creer que la pelirroja resultara ser tan peligrosa. –habló, montándose en la moto y tomando el casco, pero sin ponérselo, observando a su amante.

-Actuamos de esa forma cuando perdemos lo que más amamos. –fue la sencilla respuesta del otro, sonriendo ligeramente. –No sé qué haría si fuese nuestro caso. –la empatía del vampiro hacia Victoria fue algo que enterneció a Jacob, pero no lo externó, lo guardó en su corazón solo para él. –Te acompañaré. –dijo de pronto.

-No soy una chica. –se defendió un poco el moreno.

-Lo sé, pero aun así quiero hacerlo. –su mirada fue seria, como si no estuviera dispuesto a recibir una negativa.

-No me opondré. –se colocó el casco y lo miró con burla. -¿Crees que puedas ser más rápido que ella? -palmeó la moto, sintiéndose orgulloso de su creación, el vampiro ladeó un poco la cabeza, lo que emocionó al moreno, pues el reto fue puesto. Aceleró a fondo una vez que estuvo preparado, la arrogancia de Edward salió a relucir cuando le dio breves segundos de ventaja, eso lo divirtió aún más, así que aceleró todo lo que pudo. La carretera dejó de ser importante y aunque no pudo ubicar al vampiro supo hasta donde podrían verse de nuevo, tuvo suerte de no encontrarse de nuevo al jefe Swan. Quince minutos después llegó al límite de La Push. Cuando se detuvo totalmente se quitó el casco, seguro de que Edward llegaría detrás.

-¿En verdad creíste que una máquina podría ganarme? –Jacob dio un salto al escuchar la voz del otro a sus espaldas, su cara fue de completa interrogación, pues no comprendió como no pudo escucharlo, aunque decidió no mencionarlo. –Conozco un atajo. –afirmó el vampiro, después de todo ambos saben las limitaciones de sus razas y aunque su velocidad es extrema, las máquinas humanas son dignas de admirarse.

-Es ridículo que no puedas seguir adelante. –habló de nuevo, dejando de lado la carrera y concentrándose una vez más en ellos, como prefiere hacerlo. –Los tratados se han roto después de todo. –aseguró.

-No según Carlisle. –respondió el vampiro. –Que estuviéramos ahí fue un asunto muy especial, necesario, puede considerarse una excepción al tratado. –aquello no fue claro para Jacob. –Creo que incluso tu padre está de acuerdo en ello. –el moreno bajó de la moto y se abrazó al vampiro tan súbitamente que lo confundió.

-Algún día esto acabará, tendrán que entender nuestro amor y que ustedes no son malos como creen. –alzó la mirada logrando la compasión de su amante que se atrevió a besarlo y acariciar sus cabellos.

-Me basta con que tú lo creas. –esa afirmación llenó de júbilo al metamorfo que sin contenerse un segundo más se abalanzó de lleno a Edward y sucumbieron a su pasión. Sus besos fueron profundos y descarados, su deseo de volver a estar juntos fue evidente y no se cortaron en ello. Edward levantó con agilidad al moreno hasta sentarlo sobre la moto, esta vez fue un poco más delicado para evitar destruir esa máquina; sus movimientos entonces fueron más lentos y sugestivos, tal vez no tendrían sexo ahora, pero por lo menos dejarían el suficiente recuerdo de sus besos para el día siguiente. Su deseo cegó sus sentidos y cuando lo notaron la patrulla de Charlie Swan se estacionó cerca de ellos; se separaron y se tomaron de las manos observando al hombre bajar del auto y observarles con cierto reproche.

-No me gusta interrumpir este tipo de eventos. –carraspeó el hombre. –Pero tuve que parar para entregarte algo Jacob. –Charlie mal miró un segundo al vampiro y luego se concentró en el moreno. Caminó unos pasos hasta estar lo suficientemente cerca para estirar el brazo y entregar un papel, el Quileute lo tomó con cierta curiosidad, sin notar la previa sonrisa de Edward. –Es una multa por exceder el límite de velocidad. –Jacob no pudo creer semejante cosa.

-Pero… pero… -se quedó sin palabras, es la primera vez en su vida que recibe una. –Ni siquiera tengo licencia. –intentó defenderse.

-Oh, no te preocupes, tu padre la tramitó por ti mientras armabas la moto, así que. –rebuscó en el bolsillo de su chamarra. –Toma, me tomé la libertad de poner el primer punto por la multa. –sonrió con burla y se dio la vuelta. –Sabes que es por tu seguridad hijo, así que procura no volver a rebasar el límite. –asintió al joven Cullen y se dio la vuelta rumbo a su patrulla. Segundos después se fue por la carretera no sin antes mirarles con comprensión, de algún modo esa fue plena aceptación a la relación de los chicos, sabe que no puede oponerse, no lo hizo al principio y no lo hará ahora que son más abiertos.

-Lo hace por tu bien. –le dijo Edward una vez que observó la mirada indignada del moreno.

-Te veré mañana. –afirmó, dándole un fugaz beso y subiendo pronto a la moto. –Seattle queda muy lejos, espero que mi padre crea la excusa. –el vampiro le sonrió y luego de un par de besos más se separaron, Jacob no pudo ver la cara de enamorado que puso el vampiro al verlo alejándose, como si lo extrañara desde ya. Hasta que lo perdió de vista fue como decidió regresar con su familia.

-o-

Las lágrimas empezaron a escurrir por sí solas cuando observó el cuerpo inerte de su mejor amigo, su cabeza yacía a unos centímetros separada de su cuello, ver su piel seca y sin vida le provocó el mayor de los dolores. El recuerdo de su sonrisa aumentó la punzada en su garganta y corazón pero nada se le ocurrió para regresar el tiempo y evitar la muerte de quien tanto amó. Se levantó con agilidad y secó con sus manos las lágrimas, logrando en un momento una mirada de completa ira y resentimiento.

-Has hecho bien, cariño. –le susurró la voz de Victoria en su oído derecho que colocó sus manos en su cintura y luego el resto de su cuerpo. Pero para Riley no hubo más sentimiento que el de rencor, la pelirroja se ha encargado todo este tiempo desde que lo hizo morir en vida de acabar con sus sentimientos de cariño, amistad, amor; con cada asesinato que ha cometido ha ido perdiendo compasión en los demás, ya no teme hacer mal como antes.

-Yo lo amaba. –afirmó sin dejar de mirar el cuerpo de Diego.

-No, no… ya no más, porque ahora somos tú y yo. –la mujer se atravesó en su mirada y lo obligó a concentrarse en ella. –Me amas a mí, tanto como yo a ti. –le dio un beso insípido en los labios, pero Riley no correspondió, así que insistió hasta que logró que el otro permitiera compartir un poco más de sí mismo. La desesperación en Victoria fue evidente para Laurent, de algún modo empezó a notar que ese muchacho estaba sustituyendo a James, no en la misma esencia, pero sí de tal forma que Victoria perdía concentración.

-Ya casi estamos completos. –murmuró el moreno, dándose la vuelta y sonriendo por sus adentros, pues, aunque no tiene ningún interés en matar a los Cullen, siente verdadera diversión ante las acciones de Victoria por vengarse. Curiosamente se siente más vivo que nunca.

-Ahora sabes lo que sucede con los traidores, Bree. –la pelirroja se separó del castaño y miró con desprecio a una de sus jóvenes adquisiciones. Pronto el resto de los neófitos presentes empezaron a salir siguiendo a Victoria, hasta que quedaron la chica Bree y Riley.

-Si eso haces con las personas que amas, no quiero saber a los que no. –el muchacho ni siquiera se movió, seguía mirando el cuerpo de Diego, como si no escuchara nada ni a nadie. Luego de unos minutos la chica salió del lugar, limpiándose las lágrimas y maldiciendo el día en que tuvo que caer en manos de Victoria. El chico por su parte volvió a murmurar entre dientes: "Yo lo amaba".

Continuará…

-o-

¡Por fin otro capítulo! Lo sé, me he tardado, espero sigan fieles a esta historia. Creo que he agradecido a todos los que tienen cuenta por aquí, agradezco mucho su atención. También a quienes no tienen cuenta, Joe y Gisela, me alegra saber que el asunto los tiene satisfechos, es la idea. Por cierto, lo del Mpreg, aun lo estoy pensando… no me decido. Saludos a todos.