Carol sonrió, su respiración estaba acelerada mientras apoyaba su frente en la de Daryl.
Algo en Daryl le hacía sentir cosas que no pensó que podía sentir. Nunca.
Ni siquiera al principio con Ed, cuando pensaba que era un hombre maravilloso y creía estar enamorada de él.
Daryl era tan distinto a todo lo que había conocido antes.
Desearía haberlo conocido antes. Que su hija hubiera sido de él. Que los años de maltrato hubieran sido años de amor a su lado.
Pero el hubiera no existe, y no había forma de cambiar nada de lo que había pasado. Y la felicidad que sentía al estar con él, en cualquier forma, era casi abrumadora al pensar en lo frágiles que eran las cosas en ese nuevo mundo.
Y eso había sido parte de los motivos por los cuales no intentó algo antes. Tenía tanto miedo de amarlo y perderlo.
Pero el miedo ya no la detendría. Durase un día o mil años, o una hora… esa porción de tiempo, fuera pequeña o grande, le estaba dando sentido a toda su vida y era lo único a lo que quería aferrarse nunca. Y, en todo caso, aunque fueran mil años, de todas formas nunca sería suficiente de él.
El ahora era todo lo que tenían, y era lo que iba a vivir.
Suspiró fuertemente, dejando atrás sus pensamientos al sentir su aliento tan cerca de ella. Sonrió.
-Si me muestras, te muestro. –susurró, llevando sus manos al borde de la camisa de él.
Daryl arqueó una ceja en cuestión. –Creo que, de hecho, ya has visto. Creo que lo justo es que tú empieces.
-Oh Dixon, estoy segura de haberte sorprendido mirándome mientras me cambiaba de ropa más veces de las que puedo contar. –bromeó, haciéndolo sonrojar, pero al instante se separó un poco de él, aunque manteniéndose encima, para quitarse su blusa por la cabeza, quedando solo en su brassier bastante simple para su gusto, pero no había planeado esto, ni siquiera sabía que Daryl regresaría ese día, así que no pensó en ponerse otro antes.
Sintió los ojos de Daryl sobre su piel, como si fuera un rayo de fuego recorriéndola. Aunque era cierto que él ya la había visto, mientras pensaba que ella no veía, nunca se sintió así, tan expuesta.
Estaba muy consciente de sus cicatrices, ya las conocía, y secretamente había hecho casi un mapa de todas ellas y sus pecas en su mente. Pero era hermosa, con cicatrices y todo. Levantó la vista para encontrarse con la de ella. La mirada de Carol era tímida, sus mejillas estaban levemente rojas y apartó su mirada de la de él rápidamente.
-Hey, mírame. –susurró él, con sus manos acariciando desde sus caderas hasta un poco más abajo del borde del brassier. –eres hermosa. De todas las mujeres que he visto en mi vida, eres la más hermosa.
Carol no lo miró inmediatamente, pero sonreía, y eso era una buena señal. –Oh Daryl, ¿has visto a muchas mujeres así entonces?
-Mierda, no. No quise decir eso. Yo… no es así. No dije eso… –divagaba, claramente.
Pero Carol lo detuvo besándolo de nuevo, apretando su cuerpo con el de ella. –Necesitamos… dejar… de hablar. –jadeó entre beso y beso, mientras desabrochaba los botones de la camisa de Daryl, y él respondió con un gruñido y terminó de quitarse la camisa.
Aunque Merle siempre lo molestó con comentarios acerca de su dudosa masculinidad, él sí tenía experiencia en esta área. Había estado con un número aceptable de mujeres, pero nunca fue algo que quisiera presumir con su hermano. Y estando así, con Carol, pensaba que en realidad no era algo que contara. Para todos los casos, ninguna había sido algo para él. No como Carol, por lo menos.
Si no fuera Carol, probablemente estaría pensando en dejarse la camisa. En tomar de ella lo que le hiciera falta a él y ya. En hacerlo rápido, mientras menos tiempo de contacto, mejor.
Pero era Carol, y quería que ella conociera todo de él, no quería esconderle nada, y mucho menos sus cicatrices, que estaba seguro de que ya conocía. Y nunca le había importado menos su propia satisfacción, lo único que quería era que ella se sintiera bien, darle todo de él para que ella sintiera que era lo más importante y hermoso que tenía en el mundo. Y quería, como si fuera una droga, sentir todo de ella, sentir cómo sus cuerpos encajaban perfectamente, cómo sus labios parecían hechos para encontrarse.
Era increíble darse cuenta de que todos los cuentos de amor de los que se burló, aquellos que hablaban del amor verdadero, de aquella persona que estaba pre destinada a ser tu otra mitad, que iba a llegar a tu vida para que te dieras cuenta de que todo antes de que la encontraras, había sido algo sin sentido; todas esas cosas no eran suficiente para explicar lo que sentía al estar con Carol. Y si tenía que pasar por todo el infierno que pasó en su infancia sólo para volver a encontrarla, lo haría con todo el gusto del mundo.
Carol lo empujó suavemente hacia atrás, acostándolo en la cama con ella encima, aprovechando su posición para sentir la fuerza de sus brazos y los músculos en su pecho bajo el toque de sus manos antes de inclinarse para besarlo, apoyando sus manos en ambos lados de la cara de Daryl para no poner todo su peso en él.
Él respondió con entusiasmo y pasión, saboreándola, acariciándola, pero tomándose el tiempo para sentirla. No quería hacerlo rápido, quería que durara, quería grabar cada rincón, cada peca, cada marca de su cuerpo en su memoria. Abandonó su boca cuando sintió la necesidad de probar más de ella, y Carol levantó su cabeza para darle un mejor acceso. Besó y saboreó cada punto en su cuello, maravillándose y tomándose un poco más de tiempo en aquel lugar donde podía sentir su pulso. Llevó sus manos a su espalda, acariciando ahí también y subiendo hasta encontrar el borde de su sujetador, desabrochándolo rápidamente. Y entonces la abrazó, volviendo a su boca, como si nunca fuera suficiente de sus besos.
Giró sobre la cama hasta recostarla y, apoyado en sus manos, trazó un camino con sus labios y lengua a través del cuerpo de Carol, haciéndola retorcerse bajo él.
Si le pidieran enumerar los tres sonidos más hermosos que hubiera escuchado, entonces diría que estos eran Carol diciendo cualquier cosa, Carol diciendo su nombre, y los sonidos que estaba haciendo en ese momento.
-Oh… Daryl. –gimió, con los ojos cerrados y acariciando su cabello suavemente mientras él seguía besando y probando todo lo que pudiera.
Daryl se detuvo en su vientre un momento, desabrochando el pantalón de Carol y luego se alejó y se puso de pie, haciendo que Carol abriera los ojos inmediatamente al perder su calor sobre ella.
Él se quitó sus jeans rápidamente, sin perderse la mirada de Carol y sus mejillas volviéndose aún más rojas de lo que estaban. Se acercó para quitarle el pantalón, junto con la ropa interior, a ella también, incorporándose en la cama inmediatamente después de hacerlo.
-Te amo, Carol. –le repitió, al estar completamente encima de ella de nuevo, besándola y acariciando su mejilla.
-Yo también te amo. –respondió Carol, sonriendo y besándolo de vuelta, mientras envolvía sus piernas alrededor de él.
–Siento no habértelo dicho antes. –concluyó, decidiendo que ya era toda la conversación que necesitaban en esos momentos, guiándose en su interior y comenzando un movimiento lento, pero constante sobre ella.
Se sentía como su hogar. Nunca lo hubiera pensado, la verdad. Carol Peletier, aquella mujer que no levantaba la vista a menos que su esposo estuviera lejos. Aquella mujer a la que no le había prestado atención hasta el momento en que había quedado viuda. Aquella mujer de pelo corto, que le sonreía incluso estando en sus peores momentos. Aquella mujer a la que le gritó una y mil veces que se alejara. Carol era su hogar.
-¿Dónde… estás? –preguntó Carol entre gemidos, su voz apenas parecida a lo que normalmente era, mientras acariciaba sus mejillas.
-Aquí. Contigo. –respondió, besándola con todas sus fuerzas tanto como pudo antes de tener que separarse en busca de aire.
Daryl siguió moviéndose, ya completamente presente en ese momento, consciente de la expresión de Carol en su rostro, de sus manos aferrándose a sus hombros, de sus piernas apretando aún más alrededor de él y de su respiración y gemidos cada vez más erráticos.
Carol se retorció bruscamente bajo él, y se apretó a su alrededor, llevándolo al borde con ella también.
Después de un momento Daryl detuvo sus movimientos, y se movió para caer junto a Carol en la cama, usando su pecho de almohada.
Escuchar el latido de su corazón era el cuarto sonido más hermoso que jamás hubiera escuchado.
-¿Daryl? –susurró Carol después de un rato de cómodo silencio, en el que sus respiraciones se normalizaron y reunió la fuerza necesaria para hablar.
-¿mmmh? –respondió Daryl, acariciando suavemente su vientre con sus dedos.
–Sé que acá te sientes encerrado, y que más allá del muro te sientes libre… yo también me siento así la mayor parte del tiempo, pero yo… yo no quiero que salgas en esas carreras. Tengo tanto miedo de perderte.
-Hey –susurró, levantando su rostro para mirarla a los ojos. –No me perderás.
Carol asintió y él volvió a apoyarse en su pecho. Carol seguía preocupada y él lo sabía.
-Carol. –Daryl se levantó de nuevo –No me perderás, yo no estoy dejándote, nunca. Le dije a Aaron que no saldré más con él. Y él entendió.
Carol sonrió. Y él pudo ver el momento exacto en que la preocupación abandonó sus ojos. –Creo que hoy nuestra relación ha cambiado. –le dijo, inclinándose para besarlo.
-Bueno, estamos desnudos y abrazados, supongo que sí ha cambiado. –bromeó.
-No hablo de eso, Daryl. –Reprendió –hombres, siempre pensando sólo en el sexo. –se burlaba de él. -Arrastró sus manos por su cabello, acariciándolo suavemente mientras volvía a besarlo. –Me dijiste Carol, –sonrió – tú nunca me habías llamado Carol, no directamente a mí, por lo menos.
