10. Mensaje en una botella
Eran las tres de la madrugada y Harry, Ron y Hermione seguían hablando en el salón de la noche que habían tenido. Llevaban allí unos veinte minutos desde que habían llegado de la fiesta en el pueblo y se encontraban exaltados y muy despiertos. Le acababan de contar a la abuela Sunny lo que Emy había hecho y ella desapareció de inmediato alegando que había recordado algo. Los anfitriones estaban acomodando a Arabella, Remus, los señores Weasley y sus hijos en la casa vecina, mientras que ellos se quedarían allí, Ron en la habitación de Harry y Hermione en la de los invitados. Cuando vieron a Sirius y Emy llegar muy sonrientes y más enamorados que nunca pero a la vez muy cansados, sabían que su diversión se había acabado.
- ¡AHHHHHH! – Bostezó Emy – A la cama
- NOOO
- ¡Harry! – Sirius frunció el ceño – Creo que ya es hora de que vayáis a la cama
- Sí, además seguiréis hablando allí – Dijo Emy mientras se frotaba los ojos por sueño
- Ya pero sin mí – Se quejó Hermione
- Pues sube tú con ellos – Añadió sin inmutarse Emy
- ¿De verdad? – Preguntó Ron asombrado
- Hermione no puede dormir con estos dos – Le dijo Sirius a su prometida
- ¡Ah! – Exclamó intentando darse cuenta de lo que había dicho - ¿Por qué?
Todos se miraron, era una pregunta sencilla pero muy difícil de contestar, así que Emy decidió dejar su pereza para hablar en ese momento, se estaba cayendo de sueño, y tomó de nuevo la palabra.
- El problema es que ella es una chica y ellos unos chicos ¿No? Además está el punto añadido de que Ron es su... pareja y eso hace que puedan cometer algún pecado que de otro modo sería imposible... – Emy se rió de su propia ironía - ¡Por amor de Dios! Son solo tres amigos que quieren contarse cosas, pensar algo más sería tener una mente perturbada y morbosa y... esa parte de mí, sólo la reservo para ti, cariño – Dijo melosa mirando a Sirius, que sonrió pícara y ampliamente – Así que por mí si queréis subir al cuarto los tres, juntar las dos camas y hablar allí hasta quedaros dormidos, me da exactamente igual
- Para lo dormida que estás, ha sido un buen discurso – Añadió Sirius
- Gracias – Contestó, con reverencia incluida, la aludida
- Pero te olvidas de Arthur y Molly, no creo que ellos tengan esa idea, saben muy bien que a esta edad ellos son "todo hormonas" y que no se les puede dejar hacer lo que les dé la gana, porque luego trae consecuencias
- Estoy tan dormida que no estoy segura si estas hablando de sexo
Los tres muchachos veían aquella conversación como quien ve un partido de tenis y escuchaban perplejos las cosas referentes a ellos, las que se suponían que pensaban y las que hacían que sus hormonas fuesen las reinas de su cuerpo e hiciesen con ellos lo que quisieran. Los tres intercambiaban miradas de perplejidad mientras Emy y Sirius discutían, cada vez más eufóricos, si Hermione debía o no debía dormir con los chicos hasta que al final ella misma les paró.
- Dejadlo, de verdad, además tengo un sueño tremendo y creo que iré a mi cama encantada, mañana seguiremos hablando
- Sí pero que quede claro que no hubiese pasado nada por ello
- Pero es más adecuado así
- ¿Adecuado para quién?
- ¿Es que no me has escuchado mientras hablaba?
- Sí
- Pues para Arthur y Molly y seguramente los padres de Hermione
- Sus padres no saben que está saliendo con Ron
- ¿Y por qué crees que no se lo ha dicho? – Ironizó Sirius
Ron miró a Hermione, él no sabía que los padres de Mione no sabían nada. No sabía cómo tomárselo pero no le daba buena espina.
- No se lo dije porque no quería que pensaran que me iba a alejar de los estudios. Ellos siempre dicen que cuando se está enamorado cuesta mucho más hacer las tareas
La cara de Ron cambió inmediatamente ¿Había dicho "cuando se está enamorado"? Sí, lo había dicho, sintió un calor en su rostro y se sumergió en sus sentimientos escuchando de fondo la conversación.
- ¿Pero a que no temen qué su hija duerma con sus amigos?
- Pues eso no lo sé, nunca hemos hablado de esas cosas
- ¿Qué? – Emy abrió los ojos como si fuesen las doce del mediodía - ¿Me estás diciendo que ellos nunca te han hablado de... sexualidad?
- No – Contestó Hermione ruborizada
- ¿Y a ti, Ron?
- ¿Eh? – Ron no se esperaba que la conversación cambiara de dirección, se puso rojo de los pies a la cabeza y titubeó – No
- Ni que decir tiene que yo no sé nada ¿O esperabas que tío Vernon me contara algo? – contestó Harry antes que su tía le preguntara
Emy miró a Sirius como pidiendo explicaciones.
- Lo siento, cariño – Dijo sacando su tono irónico - Entre cueva y cueva no me dio tiempo de explicarle al muchacho los pormenores de las relaciones con las increíblemente complicadas mujeres
- Pues ha llegado la hora de ello, así que mañana hablaré con tu padres Ron y con los tuyos Hermione para que os expliquen lo que deberías saber ya – Emy miró a Harry – Y tu tío y yo nos ocuparemos de ti
- ¿Estás loca? No puedes decirle eso a mi madre, le daría un jama cuco si ella creyera por un momento que yo voy a... – Ron no sabía cómo acabar la frase
- Sí, Emy, no creo que nuestros padres quieran en estos momentos decirnos nada de eso. Bueno, yo estoy segura que los míos no, siempre les ha dado mucha vergüenza
- ¡Pero si tus padres son médicos!
- Ya pero como toda mi vida he sido muy autodidacta pues ellos deben creer que yo ya sé todo lo que tengo que saber
- Y mis padres creen que mis hermanos se han ocupado de contármelo, así que ni por lo más remoto digas nada de esto a mi madre – Inquirió Ron
- ¿O sea que no queréis saber nada?
Hermione miró a Ron, que le devolvió la mirada, y ella entendió lo que había que contestar.
- Nosotros no hemos dicho eso, ya que se lo vais a explicar a Harry... quizá podáis incluirnos a nosotros
- Esta bien, mañana hablaremos de esto después de la cena pero ahora nos vamos todos a la cama, es tardísimo y tendremos que madrugar – Terminó Sirius la conversación
Harry ya estaba medio dormido cuando Ron le preguntó con una profunda voz de sueño "¿Cómo es que has pasado de tener las peores tutores muggles a la mejor familia del mundo mágico?". Sin poder evitarlo, Harry se durmió haciéndose esa misma pregunta una y otra vez, sin dejar de pensar en su suerte por estar ahora con ellos.
Caía en un sueño que cada vez era más y más profundo, hasta que por fin todo comenzó a enfocarse. Estaba tumbado encima de una toalla en medio de la playa, conocía perfectamente aquel lugar, era su playa. Por la posición del sol debía ser muy temprano y no había nadie más allí. Un suave viento del norte le templaba la cara, era muy extraño encontrarse allí con el uniforme de invierno de Hogwarts y más teniendo unas irrefrenables ganas de darse un chapuzón en el mar. Sin pensarlo muy bien, se quitó el pantalón y lo posó en la arena pero cuando volvió a levantarse seguía teniendo el pantalón puesto. Intentó quitarse una y otra vez el pantalón pero no podía así que al final decidió bañarse con él puesto. A medida que avanzaba hacia la orilla, ésta se iba alejando, como si el mar retrocediese. Llevaba así mucho tiempo y cada vez se encontraba más cansado, sudaba por cada poro de su piel y no podía alcanzar el mar, ni quitarse la ropa. Se sentía prisionero dentro de su cuerpo, el calor por dentro lo abrasaba y no había manera de aliviarlo, ya no pudo más y cayó de rodillas a la arena.
Como si con una sola ola la marea hubiese subido, llegó de repente a él. Las pequeñas olas que rompían pidiendo permiso en la orilla, eran cantos de sirenas para él, sentía la brisa del mar golpear en su cara, sentía su olor, un aroma mezclado de lirios y rosas con el mar. En ese mismo instante se le hizo imperiosa la necesidad de cerrar los ojos para atrapar el olor dentro de su cabeza, memorizarlo y recordarlo cuando a él le viniera en gana pero no solamente aspiró el aroma sino que sintió una presión en su boca. Harry abrió los labios y exhaló un suspiró que rebotó en su cara, alguien estaba frente a él besándole, una sensación inmensamente agradable le inundó el cuerpo, era Ginny, él sabía que era ella. Elevó sus manos hasta donde él suponía que estaba su cara, le acarició las mejillas con las yemas de sus dedos y comenzó a besarla dulcemente pero luego, poco a poco, su beso se hizo más y más apasionado hasta que ella se separó. Abrió sus ojos y se encontró en la misma posición, de rodillas en la orilla, con el uniforme puesto y las manos a la altura de su cara, agarrando... nada.
Miró en todas las direcciones y allí no había nadie, ningún rastro de huellas en la arena que no fuesen sus propias pisadas, nada, ni indicio de ella y el suave aroma ahora sólo se intuía. Aún así, Harry sonrió, sabía que era Ginny, su Gin, no tenía dudas al respecto. Fijó su mirada en el horizonte por un momento y, poco a poco, su vista se fue centrando en un punto extraño en el mar, algo se estaba acercando cada vez más pero no podía identificarlo, hasta que por fin vio de lo que se trataba, una botella transparente flotaba en el agua y cuanto más se acercaba, mejor veía que dentro había una luz azul que se iba apagando. Harry comprobó que no podía mover las piernas y que de su cuerpo sólo respondían sus brazos y su cabeza. Intentaba coger la botella, se estiraba todo lo que podía pero parecía que nunca llegaría, en ese momento Harry casi se muere de un infarto. A su lado apareció un hombre totalmente cubierto por una capa gris ceniza que le dijo "¿Estás seguro que es para ti?" y desapareció.
Harry se despertó incorporándose de golpe, estaba completamente inundado en sudor y jadeando. Sus ojos se acostumbraron a la luz de la habitación y entonces pudo comprobar que todo era un sueño absurdo y que Ron aún seguía durmiendo. Se recostó de nuevo en su cama pero las sábanas y la almohada estaban empapadas en sudor, así que miró el reloj, comprobó que iban a dar las ocho y media de la mañana y aunque sabía que había dormido pocas horas, decidió irse a dar un baño y dejar dormir a Ron. En la cocina se encontró con la abuela sorprendida al ver a su biznieto tan temprano levantado y supuso enseguida que era por una pesadilla.
- ¿Mala noche?
- Un poco pero ya pasó
- ¿Sabes? Ginny volverá enseguida, debes aprender a tener paciencia
- ¿A qué viene ese comentario?
- ¿Es que no has soñado con ella?
- ¿Y tú como lo sabes?
- ¿Es que no te dijo tu tía cómo me ganaba la vida?
Ambos se miraron un momento, el cuerpo transparente y grisáceo de la abuela le recordó a Harry al hombre que había aparecido en sus sueños. Su cabeza funcionaba rápido, la abuela sabía que había soñado con Ginny ¿Qué sabía la abuela de ella? ¿Acaso sabría dónde estaba? o ¿Cuándo iba a volver? Y luego estaba lo que había dicho la señora Weasley sobre Dumbledore y Emy.
- No tengo ni idea de nada de lo que te estás planteando y no lo sé porque no quiero saberlo... Quizás las mujeres de tu vida puedan decírtelo pero no creo que quieran, en realidad estoy segura que no lo entenderías
- Buenos días – Dijo Hermione entrando por la puerta con una sonrisa abierta en su cara - ¡He dormido poco pero genial!
- Me alegro mucho, Ro... Hermione
- He de decirle que estoy encantada de conocerla
- Gracias, así me gustan las muchachas, decididas pero a la vez respetuosas, me gusta tu amiga, Harry
- ¡Fenomenal! – Exclamó haciendo una mueca de broma como si eso fuese lo que más le importara en el mundo
- ¿Por qué no le preguntas a ella por Ginny? – La abuela sonrió ampliamente y luego al ver que Emy ya se encontraba en la cocina, mirándola con cara de pocos amigos, decidió marcharse de allí
- Buenos días ¿Qué hacéis tan pronto levantados? A mí me pesa todo el cuerpo y aún no me he duchado pero veo que vosotros ya estáis listos
- Sí, no quería malgastar el día metido en la cama – Contestó Harry sin saber muy bien porqué había dicho eso exactamente
- Ni yo
- ¿Qué ha querido decir la abuela, Hermione?
- Y yo que sé ¡Es tu abuela! – Contestó muy alterada
Emy desvió la conversación hábilmente, como siempre pero Harry ya conocía perfectamente a las dos como para saber que ocultaban información. Le diría a Ron que investigase el asunto. Para cuando terminaron de preparar el desayuno, ya habían llegado los Weasley, Remus y Arabella, sólo faltaban Ron y Sirius, que siguieron durmiendo hasta la diez.
Durante el desayuno se comenzó a hablar de cómo estaba la situación con respecto a la guerra contra el lado oscuro y siguieron hablando, principalmente de ello, durante todo el día. Por lo que se pudo enterar Harry, los ataques ya habían comenzado pero no se tenían datos suficientes para controlar su modo de atacar, ya que la mayoría de las personas no aparecían heridas o muertas sino que, simplemente, no aparecían, eso era lo que más creaba incertidumbre entre las filas de Dumbledore. Las informaciones de los diferentes embajadores en el extranjero daban muestra de actividad en el ámbito europeo, así que, incluso en España, podrían correr peligro, sobre todo en Madrid, donde ellos sabían que Emy había estado estudiando y, seguramente, alguien podía esperarla por allí. Otras de las cosas que a Harry le habían quedado claras, era que Voldemort tenía puesta la diana en Emy y en él, eran sus presas más cotizadas, con precio por sus cabezas, esta vez vivos o muertos.
Solo había una persona en la capital que conociera lo suficiente a Emy para saber que su infancia la había pasado en un pequeño pueblo costero del norte del país, aunque esa persona la conocía lo suficiente como para saber que no podía decírselo a nadie. Las familias de magos, de toda Gran Bretaña, ya estaban informadas sobre el regreso del mago más tenebroso y sus mortífagos. Al Ministerio de magia no le había quedado más remedio que informar y tomar medidas preventivas para un posible ataque a la sede ministerial, incluso los altos cargos y por supuesto, el Ministro Cornelius Fudge, llevaban, como escoltas continuas, a miembros de la guardia mágica a todos los lados.
Remus les enseñó a todos un folleto informativo, que se había repartido a la comunidad mágica, de qué hacer en caso de encontrarse con un mortífago o en medio de un ataque. Se recomendaba no andar a solas por lugares no muy transitados ni oscuros, acompañar a los más pequeños en sus salidas y estar, en general, alerta. Se incluía una guía de lugares donde poder practicar la desaparición, para personas que lo tuvieran en desuso, al igual que se recomendaba practicar duelos para incrementar la rapidez y los reflejos ante un contrincante. Por otro lado, el folleto traía publicidad de un local de meditación, que aprovechaba para aconsejar las practicas de relajación, ya que eran buenas para controlar los nervios y que así no les jugaran una mala pasada en un ataque, y otro que era una especie de gimnasio mágico donde se leía con letras grandes "Quien está ágil, sobrevive".
Harry recapacitaba sobre todos esos consejos y no podía evitar pensar que las cosas habían cambiado mucho en muy poco tiempo. Buscó con la mirada la cara de su padrino, que reflejaba una verdadera preocupación por la situación y luego se encontró con los ojos de Emy que le miraban atentos. Sonrió al comprender que su familia le había alejado de todo aquello a propósito, Emy seguía protegiéndole como si fuese el bebe que vio a través de la bola de cristal y no podía culparla, porque él hubiese hecho lo mismo. Sentados a la mesa hablaban de cómo se habían encontrado espías en el Ministerio y de que estaban seguros de que aún quedaban muchos más. Snape les había informado, justo antes de venirse, de un importante aumento de los mortífagos y seguidores en general, lo cual se volvía a convertir en el principal problema, la desconfianza entre magos. Los Dementores, ya del lado de Voldemort, creaban terror por donde pasaban, menos mal que sus salidas no habían sido muchas. Por otro lado, la situación con los gigantes era que, supuestamente, un grupo reducido de ellos, unos diez, se habían unido a ellos y se ocupaban de controlar y proteger el escondite de Voldemort.
Para Harry y Hermione aquella situación era nueva pero para los demás no lo era en absoluto, el mundo mágico se había vuelto a desmoronar y ahora por fin entendían lo que significaba "mantener el equilibrio". Harry comía despacio, sumergido en sus pensamientos. De nuevo estaban en el jardín trasero todos juntos, aunque esta vez con solo un tema de conversación en la mesa "La guerra contra el lado oscuro". En un momento de la comida se habló de los dos ataques al colegio y Remus y Arabella les contaron cómo Dumbledore se había ocupado, personalmente, recorriendo cada rincón del castillo, de reforzar los escudos para que nadie, que pudiera crear verdaderos problemas, entrara allí. En ese momento los gemelos no pudieron evitar bromear diciendo que ellos ya no eran bienvenidos y, así, provocar la risa de todos.
Él esperaba que, con el tema del ataque, se tratara de la desaparición de Ginny pero nadie hizo ningún comentario al respecto, lo cual creía verdaderamente extraño, ya que más bien parecía que se esquivaba ese tema. Harry notaba como le miraba Hermione cada vez que se hacía mención de cualquier asunto que pudiera desembocar en alguna pregunta sobre le paradero de Ginny. Sus ojos, claramente, mostraban mucho más de lo que habían contado. Harry apartó, después de la comida, a Ron para contarle la indirecta de su abuela a primera hora de la mañana y de cómo Hermione se mostraba muy nerviosa con ese tema. Su amigo prometió contarle cualquier cosa de la que se enterara y, mientras estaban hablando sobre como sonsacar información a Hermione, Harry observaba como ella hablaba muy animadamente con Arabella pero, por un segundo, su mirada cambió de sentido y se posó en Emy y en la señora Weasley.
Después de que su tía le dijera algo, ellas se abrazaron y la madre de Ron comenzó a asentir y se fue a hablar con su marido, apartándolo de Sirius y Remus. Estaba claro que allí pasaba algo pero no tenía la más remota idea de qué. A los dos minutos, anunciaron que los cuatro Weasley se volvían inmediatamente a casa, alegando que Bill y Charlie iban a ir esa noche y querían estar allí cuando ellos regresaran porque no sabían hacer nada. Ron se acercó a su amigo y le susurró al oído.
- No sé a qué viene eso, mis hermanos llevan viviendo unos cuantos años fuera de casa y saben cocinar casi igual que mi madre
- A mí también me parece muy extraño
A la media hora se estaban despidiendo de todos y Ron estaba prometiendo a su madre portarse mejor que nunca, sabía perfectamente que se refería a Hermione, a la cual su madre achuchó más de cinco veces. Antes de cenar, Remus, Sirius, Harry, Ron y Hermione, decidieron bajar a la playa un rato, se tiraron en la arena para jugar una partida al póquer mientras que Emy y Arabella se marcharon a correr por la playa. Ninguno de los cuatro hombres se hubiese imaginado que Hermione les fuese a desplumar pero lo hizo. A la quinta mano, controlaba bastante bien el juego y unas pocas partidas más era el ama del cotarro, lo cual enfureció al orgullo masculino. Cuando volvieron para cenar, Remus y Arabella se disculparon para cenar solos, ya que preferían hacerlo en su recién estrenada casa en plan cariñoso, eso les chivó Sirius. Todo indicaba que la conversación pendiente tendría lugar. Los tres estaban algo nerviosos y ansiosos por oír respuestas a sus principales preguntas, así que, los tres ayudaron en la cocina para la cena esa noche.
