Capítulo 10

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Ginny

No había podido levantarse de la cama en todo el día y había puesto la excusa de que todavía se sentía mal de anoche así que nadie la había molestado. Su madre había ido a su habitación un par de veces, preocupada como era, había querido llamar a un médico pero ella se había opuesto escandalosa, no, absurdamente. ¿Cómo le iba a explicar al doctor que más que enferma estaba enamorada? Ay Merlín, hasta sus pensamientos eran cursis. Hacia tanto que no se sentía así. Bueno en realidad, tenía la teoría de que con cada persona uno se sentía diferente por eso era común la típica expresión "nunca me sentí". Se había enamorado antes y había vivido una especie de romance con Neville pero no se acordaba de que la había puesto tan idiota como ahora. Tenía que consultarte a Luna más tarde. Su memoria a veces era tan mala. Pero en fin, ahí estaba con la mirada en el cielo raso de su diminuta alcoba (las comparaciones habían sido inevitables después de haber vivido en aquella Mansión) y una enfermedad de mentira. Todavía recordaba el beso. Suspiro. Diablos, hasta su piel se ponía de gallina si se acordaba.

Era ya pasado el mediodía y el sol entraba por la ventana. Era un día propicio para volar. En otra ocasión hubiese agarrado su escoba pero ahí estaba, acostada esperando que la lechuza de Draco apareciese de un momento a otro. Ella no iba a escribirle. Primero porque era mujer y ahora se le había dado por esperar a que los caballeros dieran el primer paso. Segundo porque no quería escribirle y hacerle pensar que estaba tan desesperada. Porque por sobre todo el orgullo. Se tapó hasta las orejas con la manta y se retorció debajo de ella. Era tan tonto aquello. Él estaba más desesperado que ella, ¿Por qué no le escribía? Había considerado varias veces aparecer en la mansión pero la hora le decía que los hombres de la casa debían estar trabajando y Narcisa seguramente en algún evento social de alcurnia. Sabía que en esas situaciones lo mejor era mantenerse ocupada y la mente dejaría de pensar e idear escenarios imaginarios. Pero no podía. No quería. Le había dicho a Neville que no iría a trabajar ese día. Bueno, además de que no iba a hacerlo hasta que primero hablase con Draco.

Las horas pasaban y ella se impacientaba. ¿No le gusto tanto? ¿Fue un error? ¿Acaso se había arrepentido? Esas y mil dudas más le inundaban la cabeza. Era normal dudar después del primer beso, después de todo ese beso o podía significar algo muy bueno o algo muy malo y variaba en las personas. Tal vez para uno había sido maravilloso y tal vez para el otro había sido un error. Para uno podía significar un comienzo y para otro un fin. Hasta a veces con un beso de otra persona te dabas cuenta que la verdadera persona que amas es otra y la vas a buscar, olvidándote del corazón roto que dejaste atrás. Ginny no podía negar que su mente turbulenta tenía pensamientos muy poéticos en esos momentos. Eso sí recordaba que siempre había sido así. Cuando había estado con Neville su cabeza se había debatido en el paso a dar y luego de eso en si irse o no irse. Casarse en aquel momento había sido tentador pero había decidido viajar. Si Draco no la quería, ¿Qué debía hacer? No sería tan fuerte para soportar estar a su lado y no sentir nada. No por lo menos por un tiempo. Pero tampoco iba a poder escaparse. Charlie ya no la aceptaría en Rumania. Se levantó de la cama con fuerza, haciendo volar las sabanas por los aires. Busco en sus ahorros. Tenía algo de dinero. La gente decía que en América se podía empezar de nuevo. Se había dicho desde siempre de aquel país anglosajón. La tierra de los sueños, le decían algunos. Se puso los guantes de piel de zorro. Aun hacia frio y en esa habitación siempre había sentido que vivía en un glaciar. Suprimió el recuerdo de los guantes y afianzo su idea de irse a América si las cosas salían mal con Draco. No iba a poder desaparecer tan fácilmente como con Neville. Ya el tema del casamiento era muy público. Pero aun así podía haber alguna manera para irse. Si eso haría. Le dolía la cabeza. Rodo por el suelo, recordándose a sí misma a los 15,16 años. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué pensaba tantas estupideces? Era Malfoy y estaba trabajando. No le iba a enviar una carta en esos momentos. Podía haberla besado como anoche pero el chico era tremendamente disciplinado, rozando lo asiático (por supuesto Ginny siempre puede ser un poco más exagerada de lo normal)

Se vistió y salió a volar. No soportaba más el encierro.

Ya era de noche y había bajado a cenar con sus padres. Tenía que comer algo y la verdad se devoró dos platos. No sabía si era el desasosiego, la tristeza o que de verdad tenía hambre. Pasa que es un círculo común. La emoción por el beso, luego la desesperación, después el enojo y por último la angustia. Se había cansado de mirar el cielo esperando ver la lechuza negra de Draco. En vano ya que, obviamente, nada había aparecido por lo que se vio obligada a cortar con la sesión de vuelo porque el frio la iba a terminar por meter en cama de verdad. Había entrado de mal humor por la puerta trasera, desconcertando a su madre.

-Tal vez deba cortarme el cabello.- pensaba mientras se miraba al espejo.

-Ginny, la cena esta lista.- su madre se había esmerado con la comida. Bueno, en realidad a ella le salía así de bien en forma natural. Ojala hubiera sacado esos buenos genes.

La conversación se centró en el hecho de que todavía no tenía un vestido de novia. Ginny nunca había tenido esa idea de sí misma hasta ese momento. La verdad es como siempre había evitado el tema de la boda era casi siempre lo último que ocupaba su mente. Le dio un poco de calor pensar que en tan solo cuatro meses serían marido y mujer. Se proyectó con el vestido de novia que su madre describía con la varita y tanto ella como su padre hicieron una mueca. Le gustaban las mangas largas pero en verano sería demasiado y lo último que quería era verse toda sudada en aquel día. Diablos, ¿acaso ya estaba pensando en aquel día como EL día? No, no, no. Casarse y tener una familia no lo era todo en la vida. Ella era buena en muchas otras cosas. Intentó no mostrar su pesimismo mientras su madre pasaba a un vestido parecido a uno que ella había usado en su boda, el cual tampoco le agradaba. Sinceramente, Narcisa era mejor en eso de la moda que su madre.

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Draco

Querida Ginny… - no, demasiado obvio.

Señorita Weasley… -no, ya no es conveniente tanta formalidad.

Ginebra, lamento la demora en mi carta pero es que…- ¿Por qué se excusa? Que forma tan poco digna de empezar una carta.

Se recostó sobre la mesa de su escritorio. Se había pasado toda la noche tratando de escribirle una maldita carta pero estaba más idiota que nunca. Era ya de mañana, las cinco según su reloj de fina industria suiza. Todavía faltaban dos horas para que se levantase su padre y fuesen a trabajar. A las ocho puntuales, como siempre lo habían sido. El día anterior se la había pasado trabajando, sobrecargado por todas las cosas que había descuidado pensando en la pelirroja y su supuesto amorío. Ella simplemente estaba trabajando. Frunció el ceño. Bueno, no es que fuese algo mejor. No estaba bien visto que una mujer de su futura posición social trabajase. Luego tendría que hablar con ella de eso. Pensó, ¿cuándo luego? Si ni siquiera le había podido escribir una carta. Ese no era él. Nunca le había pasado eso. Bueno, quizás sí pero no lo recordaba y además ahora era mejor que antes. Su madre entro en el cuarto con ese sigilo tan propio de ella.

-Draco, creo que tu habitación es lo suficientemente cómoda como para que duermas en ella. No es necesario que te quedes en el estudio.- sonreía pícaramente y eso lo hizo fruncir aún más el ceño.

-Mucho trabajo madre. No me alcanzan las horas.- quiso sonar divertido y casual pero las ojeras en su rostro no le daban mucho crédito.

-Sí, claro, trabajo.- dijo mientras tomaba uno de los intento de cartas que cubrían el suelo.- ¿Desde cuándo Ginny es un trabajo?

-Comprender a una mujer es un trabajo de tiempo completo.- hizo desaparecer todas las cartas sin enviar. Era mejor quemarlas luego. Su madre rio.- No sé cuál es la gracia.

-Siempre tan serio Draco. Te vas a arrugar antes de tiempo.- su madre era de esos seres sobre naturales (ironía) que a pesar de su edad no tenían tantas arrugas como para no poder contarlas con sus dedos.- No sé por qué te es tan difícil escribirle. Antes lo hacías con facilidad.

-Si pero antes no la había besado.- dijo cuando ella se fue, y se aseguró que no estuviese escuchando detrás de la puerta.

Todavía podía evocar la imagen con naturalidad. Un recuerdo muy fresco. No sabía porque lo había hecho pero ella había estado actuando muy raro en la cena. No sonreía y parecía nerviosa. Suponía que el tema del trabajo la había afectado y de eso había querido hablarle cuando subió las escaleras a ver si se encontraba bien. Pero se habían mirado lo suficientemente fijo como para que no quisiese hacer otra cosa que besarla. Y lo había hecho con rabia. Con toda la rabia contenida en todo aquel tiempo pensando que lo engañaba con Longbottom. Lo había hecho con la rabia de quien declara un territorio conquistado. Se estaba volviendo muy posesivo con ella. Bueno, el solía hacerlo alrededor de las mujeres que le importaban. Pero esa impulsividad no era propia de él. Eso era lo que le preocupaba. Y además no tenía idea de cómo había reaccionado ella. Si bien lo había besado, ella si era impulsiva y podía significar muchas cosas. Quizás lo besaba pensando en otro y eso lo había hecho rabiar tanto que había explotado su pluma favorita. No le había escrito porque no quería seguir siendo llevado por sus emociones. No tenía 16 años, ya estaba grande. Tenía que recuperar el control. El reloj del pasillo le recordó que era hora de irse, llegaba tarde a trabajar.

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Narcisa

El perfume francés que estaba de moda no era tan bueno como todos decían. Lo dejo sobre la cómoda de su habitación y tomo aquel que llevaba usando desde hacía un tiempo. Su esposo había tenido buen gusto en regalárselo. Había sido una mañana ocupada arreglando las plantas de su jardín personal. Si bien las grandes extensiones eran tratadas por jardineros especiales, el invernadero del fondo era su lugar personal y ya fuese mañana o tarde se hacía un espacio al día para cuidar de sus plantas. Aquel día había sido una mañana ocupada pero había tenido que detenerse porque había quedado en verse con su futura cuñada. Habían quedado en ir a tomar a almorzar a uno de sus lugares favoritos así que le habían enviado una maleta con las ropas que había adquirido para ella. Fue a buscarla en auto solo para complacerla y sonrió al verla salir de su casa con aquel sombrero azul. Era un lindo color para ella. Sentía un cariño muy grande por la chica. Era extraño. No solía querer a la gente con tanta facilidad.

-Ginny, ¿Cómo estas linda? Espero que no te moleste viajar en auto. Sabes que no soy muy buena apareciéndome.

-Y tú sabes que me encanta andar en auto Narcisa, no se para que mientes.- esa sonrisa pícara y esos comentarios honestos. Sí, eso la había ganado por completo.- Bueno, dime a dónde vamos. Me tienes con la duda desde temprano.

-Vamos a un lugar al que suelo ir seguido y quisiera que te fueran conociendo. Ya sabes, mas presentaciones en sociedad pero con buena comida esta vez.- Ginny volvió a rodar sus ojos. Seguro para ella todo era buena comida aunque la comida de su madre no competía con nadie.

El bistró de Jean Piere era un lugar conocido para la alcurnia mágica y por supuesto espectacular a los ojos de la pelirroja. Se pregunto si a Draco le agradaba esa inocente forma que tenía Ginny de mostrar su asombro. Un restaurant pequeño pero confortable, con las mesas distribuidas en un radio justo, ni muy juntas ni muy alejadas. Manteles sin tanto bordado y un ambiente poco cargado de decoraciones. Flores frescas a pesar del frio y un par de personas hablando francés. Se sentaron cerca de la ventana para que su nuera pudiese distraerse con la vista de los autos pasando mientras ella hacia un poco de sociales con los clientes habituales.

-Deberías pedir esto.- le sugirió y ella acepto. No se hacía mucho problema por las cosas. Escuchaba y era atenta. No sabía que veía Draco de malo en aquella chica. Además, con o sin la ropa adecuada era muy bonita. Aunque aquel vestido azul era precioso en ella.- Sabes Ginny creo que deberíamos ir discutiendo el asunto del vestido. Me gustaría que estuviese listo lo antes posible. Ya sabes, por si luego hay que hacerle modificaciones de último minuto.

-¿Por si engordo quieres decir? –rio por el comentario incómodo y probo un poco del vino, a pesar de que no era muy fan del mismo.- Me parece bien. A mí tampoco me gusta que esas cosas se hagan a las apuradas. ¿Vamos al mismo lugar de la otra vez?

-No, esta vez te lo harán a medida.- vio sus ojos abrirse por un momento y luego recobrar la compostura.- Iremos a la misma modista que hizo el de Pansy Parkinson, seguro la conoces.

-Quien no, es la modelo del momento. Además tú conoces a todo el mundo Narcisa. Un día temo que me digas que vamos a pasear por tu invernadero y me presentes al Ministro de la Magia, no se alguien así.

-Un día de esto voy a invitarlo. Es un excelente bailarín.

Esta vez la puerta del restaurant se abrió y los ojos de la pelirroja se abrieron aún más que antes. Narcisa se dio vuelta solo para encontrarse a su hijo entrando al lugar, lo saludo con la mano así podría reunírseles. Ginny ya seguro habría sacado la conclusión de que la había llevado a aquel lugar para que se encontrasen. No sabía que había pasado hacia unos días atrás en la casa de los Weasley pero era obvio que algo había. Draco ya había descubierto que Ginny trabajaba en la imprenta de Longbottom y sin embargo todavía no había hecho nada al respecto, cosa que le parecía muy extraña. Algo había pasado y aunque quizás ella no se enteraría que había sido, al menos podría mediar en que volviesen a hablarse. Estaba saliendo todo demasiado bien como para que retrotraerse a aquel punto. Invito a su hijo a sentarse y mientras le traían una silla y un plato, Ginny pegaba un sorbo demasiado largo a su vaso de vino.

Un silencio incomodo se hizo en la mesa y la conversación se volvió monótona con Ginny. Ella simplemente se limitaba a responder con si o con no y a comer como una refinación que era hasta podría decirse exagerada. O se había vuelto una dama o la presencia de su hijo le había cerrado el estómago. Cosa que le parecía más creíble que la segunda, incluso considerando el apetito que llevaba por herencia. Por el otro lado su hijo se había portado como siempre, excepto por el ceño fruncido y por las discretas miradas que le daba a la pelirroja, quien seguía pegada a su copa de vino, con tal de evitar cualquier tipo de conversación. Lo mejor sería irse al tocador aunque se perdiese de lo que pudiese pasar. Con ella ahí no iban a decir nada interesante. Se resignó y los dejo solos.

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Draco

Si seguía tomando de esa botella de vino iba a terminar ebria y ese tipo de papelón en el bistró de su madre y al que él iba casi diariamente era intolerable. Divertido pero intolerable. Le saco la copa de las manos y el roce con sus dedos la puso roja al instante. Su ruborizaba como si tuviese quince años. Por favor, jamás le iba a creer si le decía que no había besado a un chico. Ella no era ese tipo de chica.

-Para de tomar.- y él mismo pego un trago para mantener el control. Irónico, ¿no?

-Ya Malfoy déjame en paz. La estaba pasando bien con tu madre hasta que llegaste.

-¿Malfoy? ¿Volvimos a eso? –le había dolido pero entonces recordó que llevaba días sin haberle podido enviar una carta y era obvio que estuviese molesta. Aunque bueno, él también lo estaba. También había esperado que le hablase.- Mira Ginny yo no quise incomodarte la otra noche en la cena.- esperaba una interrupción pero ella lo miraba de reojo. Sabía que lo hacía aunque aparentase estar entretenida con el vidrio.- Fue un impulso y prometo controlarme de ahora en más…

-No, no te controles.- y eso sí que lo dejo aturdido. No se esperaba aquella respuesta para nada. Ambos se estaban mirando muy fijamente y era una tensión que solo se rompía de una sola manera. O dos. Un beso o un problema.- Y quiero que sepas que quiero seguir trabajando en la imprenta.- y ella había elegido lo segundo, bajándolo a tierra.

-No discutiremos eso ahora.-sentenció por el momento.- hablaremos esta noche.- no pudo decir nada más porque su madre había vuelto y la verdad, prefería dejar el asunto entre ellos dos. Ya suficiente con todo lo que interfería Narcisa entre la joven pareja.

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Apareció ese mismo fin de semana en la puerta de la residencia Weasley, sin invitación ni carta previa. Sabía que era una locura y salteaba muchas reglas de protocolo que había practicado incansablemente en todos sus años de vida, pero que rayos, se moría por verla y las palabras para citarla no las encontraba en el papel. La señora Weasley no ocultó su sorpresa pero lo invitó a pasar en seguida. En serio esa familia era muy agradable y hospitalaria, aunque nunca lo diría en voz alta. La casa estaba igual que siempre, sorprendentemente en pie y sorprendentemente con ese olor a comida recién hecha que la invadía. Le gustaba ese olor. Esperaba que al casarse con Ginny algo así pasase en la Mansión. No la pedía en toda la casa pero en la cocina estaría bien. Escuchó como alguien bajaba la escalera a toda prisa, corriendo más bien, y le recordó al sonido de una caballo al galope. Ginny estaba descalza, con el pelo en una coleta y la blusa demasiado abierta. Llevaba una sonrisa divertida que se borró al verlo, era obvio que no esperaba que fuese él.

-¿Draco? No sabía que venías, ¿a qué viniste? – las palabras le salieron con brutal honestidad hasta que un carraspeó por parte de su madre la hizo recobrar la postura y volvió a sonreír, llena de vida, para su sorpresa.- Eh… lamento mi aspecto.- ahí, creyó el joven Malfoy, fue cuando recordó que estaba descalza.

-Lamento no haber avisado pero siento que tenemos de que hablar.- se dirigió a la señora Weasley entonces y le entrego las flores que llevaba en la mano.- Estas son para Uds. Señora. Acepte mis disculpas por llevarme a su hija sin previo aviso y de esta manera tan poco usual.

La regordeta mujer simplemente asintió y desapareció hacia la cocina con una sonrisa que decidió ignorar. Ginny volvió a subir las escaleras como corcel desbocado. Era rápida, pensó mientas la veía perderse por el largo pasillo de aquella casa. Se fijó que nadie lo observaba y la siguió. Si no hablaba con ella pronto perdería el valor, el control, o lo que fuese y ya no podría hacerlo. Terminó aquel eterno pasillo y subió una pequeña escalera. Era fácil saber que era su cuarto por la G de tela que colgaba por fuera. Muy infantil por cierto. Golpeó y un "pase" agitado le habilitó a abrir la puerta. El cuarto era pequeño, diminuto para él. Y estaba abarrotado de cosas. La pelirroja era una acumuladora o algo por el estilo. Las cortinas eran rosadas, como casi todo el cuarto, reafirmando su teoría de que se habían quedado con la idea de la inocente Ginny en ese hogar. Forzó una sonrisa. Había un poster de quidditch en una pared mientras que otra tenía una pintura muy bella de un paisaje parecido a Hogwarts. La cama, de una sola plaza, estaba cubierta por una manta tejida muy vieja y roída pero sin duda con todo el amor de las cosas hechas a mano. Un escritorio, al cual le faltaba una pata, tenían un espejo algo sucio encima, perfumes, hojas, plumas, tinta y la varita de ella desparramados por ahí. Había zapatos en el suelo y también libros, muchos libros. Una escoba apoyada contra la pared y recostada sobre la puerta de la única puerta del placard se hallaba Ginny, con la cabeza metida en un libro.

-¿Maldad bajo el sol, uh? Es un buen libro.- su voz lo suficientemente fuerte para que ella lo mirase con los ojos como platos.

-¡¿Qué haces en mi cuarto?!

-Creo que me has pegado la curiosidad Weasley y está sacando lo peor de mí.- no quería pelear pero era demasiado tentador. Ella no respondió, simplemente tomo los guantes que alguna vez él le había regalado y prácticamente lo empujo fuera del cuarto.

Ambos bajaron la escalera en silencio y se dirigieron al auto, donde de nuevo nadie dijo una palabra. Bueno excepto por Draco que le dijo al chofer que los llevase al Callejon Diagon. Una vez allí le indicó volver a la Mansión y ellos emprendieron su camino por el mágico lugar. No sabía en qué pensaba la pelirroja quien seguía con un semblante de hielo y se dirigía tranquila a la tienda de artículos de quidditch.

-¿Juegas? –jamás pensó encontrarse en aquella situación con ella. Por lo menos no de nuevo, al haber avanzado tanto. Era un casillero adelante, tres atrás. Se estaba resignando al silencio cuando ella hablo.

-Sí.- no sabía si por aburrimiento o por qué pero ella le había hablado y eso lo hacía feliz. O por lo menos lo hizo por un momento.- Dime Malfoy, ¿a qué vinimos aquí? ¿No era que querías hablar conmigo? Es raro, la verdad, porque hace dos semanas atrás pareciste haberte olvidado de que yo estaba viva.

-Por favor Weasley, no vengas acá con dramas teatrales porque no es el caso.

-Hago todo el escándalo que quiero porque te recuerdo que tú me besaste y después desapareciste del mapa sin darme una sola explicación.

-Tú tampoco me escribiste.

- ¡Y porque no quería parecer desesperada! ¡Que sabía yo que pasaba por tu cabeza cuando nos besamos, si nunca me dices nada! –Algunos se habían dado vuelta para mirarlos pero él estaba metido en la pelea.

- ¡Pero tú siempre huyes! Me sorprende que no hayas agarrado tu valija y no estas ya del otro lado del mundo.

- ¡Pero vete bien a la mierda Malfoy! – Estaba roja como un tomate, inclusive sus orejas y, como siempre, ella huyó pero él tardo en seguirla porque estaba demasiado enojado por todo lo mal que aquello estaba yendo.

Se pasó la mano por el cabello, olvidándose que lo tenía peinado con gomina, y la empezó a buscar. Había demasiada gente y ella era lo suficientemente pequeña como para perderse con facilidad. La encontró recostada contra la pared de la heladería Florean Fortescue, efectivamente comiendo un helado más grande que su cabeza y con la mirada perdida. No lo vio acercarse, demasiado concentrada en comer. La vio terminarse el helado y suspirar hondamente.

-No te he escrito después del beso porque tampoco sé qué diablos pasa por tu cabeza. O peor, no sé qué pasa por la mía.- ella dio un respingo y lo miro con esos ojos gigantes que ponía cuando se asustaba.- No estoy enamorado de ti pero te bese porque quise, porque algo de ti me gusta.- sus palabras eran duras, sí, pero eran la verdad.

Ella asintió y se sumió en sus pensamientos. No parecida enojada ya, simplemente estaba pensando. La dejo un rato así pero no le quito los ojos de encima. Cuando ella volvió a verlo se dijo así mismo que todo podía irse al carajo. Se le acercó despacio, aun mirándola fijamente y ella no aparto la mirada tampoco. Era la primera vez que la veía ser valiente con sus emociones, el único punto en el que no era una fiera aventurera. Rozo lentamente su nariz y ambos cerraron los ojos mientras sus labios se tocaban. Era un beso bastante casto, comparado con el anterior, pero de vuelta el mundo se había quedado en silencio y lo único que escuchaba era el latir acelerado de su corazón. Se separó los centímetros necesarios para volver a besarla y esta vez ella le tomo el rostro en sus manos. Un poco temerosa pero decidida. Sonrió de lado. Pretendía seguir besándola cuando el sonido de la campana de la tienda pareció perturbar a la pelirroja, quien para su agrado se acercó aún más a él.

-Supongo que tu madre va a bailar de felicidad.- su sonrisa pícara lo hizo reír.

-No creo que sea necesario que se entere.- y por una vez ambos estuvieron de acuerdo en que seguirían con la fachada de amigos, porque la verdad era que ellos en realidad se sentían así. Se estaban tomando aquello del amor despacio, sin apuro.

-Bueno, mejor. Ahora, ¿podemos ir a ver de vuelta las cosas de quidditch? Creo que deberíamos jugar alguna vez juntos. Advierto que tengo mucha experiencia con mis hermanos. Una vez…- y ella siguió hablando sin parar mientras que Draco asentía en silencio, con su mano bien aferrada a la de ella.

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Continuará... ? Jaja no no, la voy a seguir por supuesto. Lamento haber tardado tanto en subir este capitulo. Sinceramente estuvo tan entretenida escribiendo y haciendo cosas que me olvide que lo tenía listo para subir.

Espero que les haya gustado y si fue así, bueno ya saben, review :)