HOLAAAA

HOLAAAA!! :D…enserio no le deseo mi semana a nadie .-. hasta en la U taría mas relajada ¬¬ ..Ejem…bueno… iio keria poner esta historia el lunes (la traduje el...domingo :)) para el cumple de los twins pero ¬¬ el cole m cagoo too mi plan xD ad+ que m faltaban unas palabritas mágicas…

Este cap va con agradecimiento a mi abuelo…si xD el m ayudo sin saber lo que hacía :0! M dio el significado de palabras ke no sabia ke eran xD es cm un diccionario cn patas xD ii obviamente a CherryHitomie que me dio las palabras faltantes ii!! Al lindo diccionario de mi casa :)

Ad+ de las lindas lectoras…bien si digo lectoras no creo ke aya un chico por akí o-o beeeeh…¬¬ ablando de "lindas lectoras" hay lectoras no tan lindas que muy mierdamente (me encanta xD es la palabra del momento xDDD) no dejan review!! ZOMGGG!! Síí u-u se les pide amablemente ke aunke sea saluden!! xDD o manden algo…una galletita no se ¬¬ enserio! Me ago tiempo entre tiempo que no tengo para hacer esto, m parto la cabeza ii los ojos frente al pc…ii m saco pésimas notas en historia! (si tbn traduzco en clases xD) uhhh…iia mucho!! Gracias por todo a la gente ke lee ii deja recuerditos :) ii tbn a esos reviews que llegan cm mil años después de un updated porke m recuerda ke debo publicar xD, gracias al publico presente, gracias a mi mami, gracias al piso, gracias a la taza del water, gracias ninia iseki por los pañales, gracias mundo, gracias gracias…gracias…gracias mierda por existir, gracias bill, gracias m matan…

Deux frères, deux mondes

Dos hermanos, dos mundos

By CherryHitomie

Capítulo 10: Dos pasos atrás

Fue corriendo que Bill traspasó las rejas del colegio. Se detuvo al fin, poco preocupado de las miradas puestas en él.

-¡Al fin terminó! ¡Ya no podía más!

Rápidamente se reunieron con él Tom, Georg y Gustav. Ellos llevaban sus uniformes, no tenían ganas de cambiare, pero Bill se había negado a salir así. De nuevo con sus ropas apegadas y sus numerosas joyas, el moreno había recuperado también su sonrisa.

-¿Cómo te vas a tu casa?

-A pie ¿por qué?

-¿No quieres tomar el bus con nosotros?

- No tengo plata para eso

-¡Alto! ¡No vas a quedar en la ruina por eso!

Bill sacudió cansadamente la cabeza

-Sólo tengo ganas de caminar

-Allá tú.

Una última mirada y Bill giró los talones. Desapareció en la primera esquina. Los otros 3 caminaron hasta la primera parada de autobús y esperaron. No habían pasado ni 5 minutos y Tom ya estaba alegando:

-El día que pasen a la hora, lloverán billetes de mil euros-

-No existen.

-Por eso mismo

Por suerte para Georg y Gustav, el bus no tardó mucho más.

Al cabo de un cuarto de hora, los 3 chicos bajaron del transporte y siguieron su trayecto habitual. Como todos los viernes en la tarde, al cabo de 10 minutos de marcha, Tom seguía solo su camino. Las manos en los bolsillos, no se apuraba en llegar. Una vez más, encontraría la casa vacía, cosa que no le tentaba. Y eso que su madre había jurado que se esforzaría en estar más presente. Sabía bien que sólo quedaría en palabras. Su madre era incapaz de cambiar.

Desde que era niño su madre jamás estuvo realmente presente en su vida. Estaba conciente de que ella sólo buscaba ofrecerle una buena vida. Se lo había repetido lo suficiente. Pero había ella había terminado por descuidar el lado sentimental. Siempre en su trabajo, multiplicando las horas extras. A veces en brazos de algún hombre, por no sabía él que razón. Hasta le había presentado ella a algunos, mientras que otros sólo quedaban como nombres colados en alguna conversación. Tom los había odiado a todos. ¿Por qué? Por que no soportaba la idea de que lo hayan podido haber hecho con su madre. Sí, pensaba vulgaridades, pero no veía el asunto de otra forma. Todo el amor que ella daba a esos desconocidos, no se lo daba a él. Era egoísta y lo sabía. Pero ella lo era también. ¿A cuantos cumpleaños había ella faltado? Muchos. No podía ni imaginar lo que era esperar a su madre, sentado solo en una mesa, viendo pasar a las madres de los demás niños. Cada vez que se abría la puerta, espera verla. Pero nunca era ella. Y siempre la misma excusa: el trabajo.

Llegó a su casa y dudó un momento. Una chance sobre dos. O más bien una sobre mil. Conocía tan bien a su madre, encontraría una cartita de excusa encima de la mesa de la cocina, además de una importante cantidad de dinero y probablemente un regalo. Sin duda más caro que el anterior. Esa era la forma que había encontrado ella para que le perdonara sus ausencias. Funcionaba bien al principio, pero los regalos llegaron unos tras otros, perdiendo su interés. Sin duda creía que se lo compraría de esa manera. ¿Estaría ella conciente de que no se puede ofrecer cariño a través de objetos? Al parecer no.

Terminó por abrir la puerta de su domicilio y entró arrastrando los pies. Ningún ruido perturbaba el silencio. Entendiendo que estaba solo, suspiró y se dirigió a la cocina. Tal y como lo había predicho, encontró una carta, un cheque y un regalo. Sin leerlo, botó el papel, no queriendo saber la excusa que tenía esta vez. Tomo el dinero pero dejó el paquete, negándose a abrirlo. No sería el primero que terminaría en su armario aún envuelto en su papel dorado.

Se encerró en su pieza y se alargó sobre su cama, con los brazos cruzados detrás de la cabeza. Se preguntó, una vez más, porqué se daba la pena de volver a casa los fines de semana, ya que nadie le esperaba. No le gustaba esa casa grande. No le gustaba tener al silencio como único recibimiento. Y sobre todo, no le gustaba estar solo. Su única consolación eran los ensayos de los sábados en la tarde con Georg y Gustav.

Sus ojos se desviaron del techo y se clavaron en el primer cajón se su escritorio, que contenía su todo. Hace ya 4 años que Tom no se daba la pena ni siquiera de esconderla. Su madre sólo tenía que abrir ese maldito cajón y lo encontraría de inmediato. Pero para eso tenía ella que darse la pena de venir a esta habitación. Sabía que no era una solución. Desvió la mirada y la fijó en la ventana que estaba justo al lado del escritorio. Pero irremediablemente sus ojos terminaron por volver al cajón. Iba a volver a empezar, lo sentía. ¿Por falta? No. Jamás la había tenido. Pero lo necesitaba. Sólo quería olvidar esa soledad que le carcomía el alma, que lecorroía las venas. Esa que sentía frente a esa gran casa vacía, pero sobre todo esa que sentía hace ya más de 10 años. Quería borrarlo todo, aún si era por unos momentos efímeros. Sólo soñaba con volar, planear,…simplemente de tocar con la punta de los dedos, esa cosa que se llama felicidad. Todo esto no tenía sentido, lo sabía bien. Y aún así se levanta, se dirige a su escritorio y parte en la búsqueda de su necesidad. Ahí estaba, bien visible. La sacó y miró, dubitativo. No creía que una vez caídos los efectos pudiese mirarse al espejo. Hasta que este incidente se disipe un poco de su memoria y que pueda vivir con él, como las demás veces. Pero era tan tentador…

Decidido, abrió la bolsita y sacó un fino polvo blanco que moldeó en línea recta con la ayuda de un cuchillo. Cinco centímetros. Suficiente para planear, pero no tanto para quedarse. No quería morir de una manera tan estúpida. Con la ayuda de una bombilla (pajilla, pipeta o como le digan ¬¬), inhaló la línea blanca. El efecto fue inmediato. Apenas terminó, empezó a planear. Su cabeza daba vueltas, se sentía más liviano…La felicidad le abría sus puertas. Llevado por la heroína, se dejó caer al suelo. Tirado en el piso, Tom tenía una gran sonrisa. Todo le parecía maravilloso. Y entonces ¿Por qué lloraba?

o-o-o-o-o

El fin de semana terminó y los 4 chicos volvieron al colegio, cada uno por su lado. Desde su primera hora de clases, Tom no había dicho ni una palabra. Acostumbrados a ese comportamiento, Gustav y Georg no le preguntaron nada, no como Bill. Había intentado acercarse, a lo que renunció luego de una mirada negra de Tom.

Estaban todos en el salón, un poco repantigados sobre los sillones. Tres de ellos estaban conversando animadamente, pero el cuarto se limitaba a intentar leer un libro del que no había girado una página hace 10 minutos.

- Y tú, Bill, ¿cómo estuvo tu fin de semana? Nosotros ya te contamos como fue más o menos el nuestro esta mañana, pero no nos dijiste que fue lo que tú hiciste.

-Bueno, no tuve ni tiempo para mí.

-¿Cómo eso?

-Bah, entre mi familia y mis amigos de Thuringe, no se puede decir que tuve mucho tiempo para respirar. ¡Ni de noche estaba solo!

-¿Sam?- dijo Gustav con una sonrisa divertida en los labios.

-No, no la he visto aún. Estaba con Mel.

-¿Quién es esa?

-Mi hermanita de corazón

-¡Tendrás que presentárnosla!

-¡Saca esa sonrisa pervertida de tu cara! ¡La tocas y te juro que te exploto!

Gustav acababa de recibir un cojín en toda la cara y Georg estaba partido de la risa frente a la escena que se presentaba bajo sus ojos cuando Tom habló por primera vez:

-Ya, ¿terminaste de contar tu vida?

Los 3 chicos se calmaron. Cada uno se acomodó convenientemente y fijaron sus miradas en Tom, esperando una explicación.

-No tengo ganas de escucharlos hablar de sus estupideces toda la tarde.

Gustav y Georg se quedaron en silencio, pero Bill reaccionó:

-¿Pero que te pasa, mierda? ¡Todo el día has estado con X de 6 pies de largo y no abriste la boca para nada más que lanzar porquería!

-¿Qué? ¿Es obligatorio estar de buen humor ahora?

-¡Tienes el derecho de tener un mal día pero no le eches la culpa a todo el mundo!

-¡Si no contaras tu vida, no estaría tan enojado!

Tom se levantó, lanzó su libro y desapareció en la cocina. En el salón, el rubio y el castaño no decían nada. Bill se masajeaba las sienes, suspirando, intentando entender el comportamiento de su compañero. No quería pelear, pero Tom no ponía nada de su parte.

-Escucha Tom, entiendo que no estés de buen humor, eso le pasa a todo el mundo

-Déjame en paz

-Pero no nos eches la culpa a nosotros

-Tienes razón, te la echaré sólo a ti, ¿contento con eso?

-¿¿Pero que te he hecho yo?

-Déjame, es todo.

No queriendo formar parte, Gustav y Georg hicieron un ademán al moreno para decirle que se iban, dejando a los dos involucrados con su discusión. Al estar solos, Bill se fue también a al cocina. Tom miraba por al ventana, una lata de cerveza en al mano. Cuando se dio cuenta de la presencia del andrógeno, cambió de habitación y volvió al salón. El moreno le siguió, queriendo respuestas a sus preguntas.

-Tom se…se que no nos conocemos mucho. Pero…tengo ganas de ayudarte. Entonces…si me quieres hablar, estaré feliz de escucharte. Te lo debo.

-Gracias, pero no gracias.

-No puedes guardarte todo para ti. Te hará bien decirlo.

-¡Te dije que no! ¡¿Estás sordo además de retrasado?! ¡No te necesito!, ¿¡está claro!?

-Pero…

-¡Cállate!

- ¡Puta que molestas! ¡Te propongo mi ayuda y me mandas a la mierda, eres realmente idiota!

-¡No te pedí anda! No lo entiendes, ¿ok?

-¿Por qué? ¡¿Porque soy sólo un puto punk?!

-¿¡Pero te vas a callar!? ¡No te necesito!¡No quiero tu ayuda!¡No quiero tu lástima!¡Todo lo que quiero es que me dejen en paz!

-¡Perfecto!

Agarrando su celular y su abrigo, Bill atravesó el salón. No era de los que huían, pero sentía que si no se iba ahora no terminaría nada bien. Antes de atravesar la puerta, gritó:

-¡Quédate en tu mundo con tus problemas y tus porquerías! ¡No me importa en absoluto!

Pegó un portazo y dejó solo a Tom, del cual el enojo se fue de inmediato. Se dejo caer de rodillas. Acababa de negar a la única persona que había demostrado un poco de interés por él.

-Bill tiene razón, soy un imbécil.

Ésta vez, no aguantaría una semana hasta su próxima dosis, eso estaba claro.

Continuará…

…gracias a mi cuaderno, gracias a ti ke si no pones review t parto el culo ¬¬ …una vez más porke creo ke de nacimiento iia está …xD

Gracias pc de mierda :D