† Capítulo X †

[NAGATO]

Antes de irme a dormir, encendí el ordenador para conectarme al messenger, decepcionándome al ver que ella estaba desconectada.
Nagato: Hinata, ¿puedes quedar mañana? Quiero hablar contigo.
Hinata: Sí, bueno. ¿Pero a qué viene tanta prisa? ¿Y qué es lo que te pasa con Konan? Mira que como sea culpa tuya que esté así... ¬¬"
Nagato: Justo de eso quería hablarte. ¿A las seis en el pub?
Hinata: Vaaale.

Esperé ansioso que las horas pasaran hasta el momento en el que iba a hablarle sinceramente a la mejor amiga de Konan, ella quizás podría ayudarme. Hoy no había asistido a clase, dijera a Hinata que se encontraba mal; y en su ausencia, los minutos parecían días. Poco después de que mi hermano hubiera abierto el pub, llegó Hinata, y ambos nos sentamos en una mesa apartada, donde nadie más pudiera oír nuestra conversación.
-¿Quieres algo de beber? - había estado esperando este mismo instante, pero ahora los nervios me empujaban a intentar ganar tiempo.
-No, gracias. Bueeeno, pues... tú dirás.

-¿Me ayudarías a reconciliarme con Konan? Sé que fui demasiado estúpido y que le hice daño por una gilipollez, pero quiero pedirle perdón...
-A ver, cuéntamelo todo desde el principio.
-Pues...bueno, resulta que después de la fiesta de Sakura, en mi coche...
-¿¡Lo hiciste con ella! - me lanzó una mirada asesina.
-¡No! Casi, pero no pude porque tenía miedo de hacerle daño, y entonces me di cuenta de que estaba enamorado de ella y, bueno, me enfadé, porque paso de todo lo que sea amor, y pensé que ella no me merecía, y no me merece, y entonces quise que me odiara, y por eso... - se levantó de golpe, sin dejarme terminar de hablar atropelladamente, y me dio un bofetón en la cara.
-¿¡Pero a ti que te pasa por la cabeza! ¿¡Estás trastornado, eres bipolar, o sólo lo haces por joder! ¡No eres consciente de todo el daño que le has hecho! ¡Que desde aquel día, ella ya no es la que era! ¿¡Cómo se te ocurre...!

[HINATA]

Interrumpí mi bronca al divisar su cabeza baja y las lágrimas empezando a caerle por las mejillas. Me senté y respiré hondo, intentando calmarme para así dejar de gritarle.
-Lo... lo siento... Hinata, yo... la amo...
-Eso no me lo tienes que decir a mí, sino a ella - le dije suavemente, intentando calmar el ambiente. Clavó en mí una mirada cargada de dolor, pero con un poco de esperanza - Así que, ya sabes, ¡ve a buscarla!
-S... sí, pero primero deja que te lleve a casa... - se levantó, intentando en vano disimular lo nervioso que estaba.
-No te preocupes por mí, cojo un bus y ya está. Eso sí, como le vuelvas a hacer daño, tendré que matarte - le sonreí, medio en serio y medio en broma, y volví a casa.

[NAGATO]

Subí rápidamente al coche, conduciendo hacia su casa. Estaba al borde de un ataque de nervios, notaba mi pulso temblar y mi corazón golpeándome en el pecho. Entonces divisé un lazo negro bajo la palanca de cambios y lo cogí antes de bajarme del coche delante de la puerta de su casa; probablemente se lo habría olvidado aquella noche, y ya tenía excusa para ir a verla.

Tras una pequeña fracción de tiempo que se me convirtió en una eternidad, y haciendo que mis nervios creciesen, la puerta se abrió y entonces pude verla, ojerosa, envuelta en una bata negro azabache. Sus ojos habían perdido su habitual brillo, irradiaban tristeza y odio.
-¿Qué quieres? - me dijo inexpresiva.
-Ah, sí, esto... - le ofrecí el lazo - Te había quedado en mi coche, y tal...
-Gracias, supongo - tomó el lazo posado en mis manos, y se dispuso a cerrar la puerta, que yo detuve, y volví a enfrentarme a su fría mirada. Era como si todo hubiera dado un giro: antes era yo el inexpresivo y ella la tímida, pero ahora era justo lo contrario.

-Quiero pedirte perdón.
-¿Pedirme perdón? - sonrió sin reír - No puedes arreglarlo todo con una palabra, no puedes hacerme olvidar todo por lo que me hiciste pasar - lo que le había hecho pasar, realmente me dolía más a mí que a ella, pero eso sería incapaz de expresarlo.
Le expliqué lo mismo que le había contado a su amiga, pero todavía no había logrado poner una emoción en su rostro impasible.
-No soy nada sin ti, sin ti no existo... Este corazón de piedra se hundirá hasta que muera si no me perdonas. Incluso todos los cortes en mis brazos son tan solo una prueba insignificante de lo mucho que te necesito conmigo.

-Lo siento, pero soy incapaz de olvidar todo el daño que me has hecho, y estas heridas jamás podrán ser curadas.
-Por favor, vuelve conmigo, sé que puedo hacerlo mucho mejor, no te volveré a hacer ni el más mínimo daño, seremos felices juntos...
-Te quiero, pero este es el adiós - la frialdad de su mirada desapareció para convertirse en compasión, y mostró una sonrisa triste antes de cerrar la puerta.
-Nunca dejaré de intentarlo - me volteé, conteniendo las lágrimas que ya me hacían la vista borrosa, y volví a casa, dejando mis lágrimas correr por mis mejillas al mismo tiempo que se mezclaban con la lluvia.

[KONAN]

Me apoyé de espaldas contra la puerta, y me dejé caer sentada lentamente, dejando de nuevo que el dolor fluyese por mis venas. Me duele en el alma, pero no lo puedo evitar; sólo sé que tú me vas a extrañar como yo lo haré, y tal vez encontrarás a alguien más a quien amar. Y es cierto que cada día sin ti es una eternidad, que te necesito más que ayer. No me pidas que te olvide, pero no me pidas que regrese, he tomado mi decisión.

Cansada de huir y esconderme, decidí enfrentarme a mi realidad y salir de mi habitación, mi eterna jaula. Ese sábado cumplía los diecisiete, y mis amigas se habían empeñado en que lo celebrara; aquello siempre me había parecido una idiotez, tener un año más no iba a cambiar el presente para mejor. Mirando por la ventana, observé la lluvia sin cesar de caer. Odio la lluvia, es una de esa infinidad de cosas que me deprimen.

Y ya había llegado el fin de semana, mi fiesta de cumpleaños, como si seguir viva un año más fuera motivo de celebración. Anko quería hacerlo en su nuevo chalet, se había comprado uno hacía dos o tres semanas; era tranquilo, espacioso, y situado cerca de la universidad, "perfecto para el año que viene".

Éramos poca gente: mis tres amigas, Naruto, Kakashi -el profesor de Historia que, por lo visto, estaba saliendo con Anko-, y Kimimaro -el actual novio de Tayuya-... y yo me sentía ligeramente marginada. Me sobresalté al oír sonar el timbre.
-¡Aquí llegan los demás invitados!
-¿Qué? Anko, pensaba que éramos sólo nosotros...
-Es que pensé en invitar a tu clase y a la mía para que hubiera más gente, espero que no te parezca mal... - dijo levantándose para abrir.
-Qué va, así no me sentiré marginada entre tanta parejita... - contesté en broma, mirando a mis tres amigas y a sus respectivos novios.
Vi entrar en el salón en el que estábamos a más de treinta personas, entre las cual Sakura no estaba.
-No noto la terrible presencia de cierta persona, acompañada del olor a basura en descomposición... - dije a Anko, sonriendo maliciosamente.
-Es que no quiero que los vecinos piensen que tengo el síndrome de diógenes. Además, después del "pequeño incidente" de la bomba fétida, creo que esa no vuelve a pisar ninguna fiesta.

Fueron uno a uno los invitados dándome los regalos, casi todos Cd's y merchansdising de los grupos que tenía escritos en mi perfil del Tuenti. Cuando abrí un regalo que resultaba ser una camiseta de Silverstein, me acordé del concierto -que era dentro de una semana-, y de la entrada que Nagato me había dado. ¿Qué podía y qué debía hacer...? Un grito agudo de Ino me hizo interrumpir mi pre-depresión.
-¡Escuchadme todos! - gritaba la rubia, de pie encima del sofá, emocionada - ¡Me acaba de llamar la hermana de Sakura! ¡La pelochicle fue a un concierto de Cannibal Corpse porque Sasuke iba a ir, y los metaleros se la cargaron por ir con una camiseta de los Jonas Brothers! [MizzMassacre: un aplauso para los fans de Cannibal Corpse (sensei, te quiero) *-*]

Hinata y yo nos miramos con los ojos muy abiertos y empezamos a reírnos; qué forma tan patética de morir... ¿¡a quién -aparte de a ella- se le ocurre ir con una camiseta de los Jonas Brothers a un concierto de Cannibal Corpse! En el justo momento en el que la casa quedó en silencio, se volvió a oír el timbre.
-¡Voy yoooo! - me levanté y me dirigí a abrir la puerta, pero me quedé petrificada al ver en el recibidor un violín envuelto en una funda con el símbolo de tóxico - ¡...No puede ser!

Abrí la puerta y salí corriendo por la calle nevada, sin importarme los pequeños copos que caían sobre mi pelo. Resbalé y caí, pero volví a levantarme como si nada y retomé mi carrera, dejando caer una lágrima en el manto blanco.
-¡Nagato...! - grité lo más fuerte que mis pulmones me permitieron, y aquella silueta oscura en contraste con el blanco invernal se volteó.
Cuando no quedaba apenas distancia entre ambos, volví a resbalar, esta vez cayendo en sus brazos. Elevé la mirada hasta encontrarme con la suya, y contemplé su tez blanca, como la nieve. Acerqué mis labios a los suyos para fundirnos en un cálido beso bajo el cielo invernal.