Disclaimer: Todos los personajes de InuYasha pertenecen a Rumiko Takahashi.
El momento de ensueño había terminado de golpe.
Irasue escaneó de pies a cabeza a Rin con la mirada, y después ladeó un poco la cabeza, con una expresión que la joven no estaba segura si describir como apática o como una curiosidad muy peculiar hacia ella, dado a su extrema seriedad. De lo único que estaba segura, era de que ya no había vuelta atrás y debía ser presentada, así como de la mirada taladrante de Daiki y Ruri, los hijos menores de Sesshomaru, a un par de metros detrás de Irasue.
– Madre. – Pronunció Sesshomaru con frialdad, a modo de saludo.
Rin tragó saliva a causa de la tensión, e Irasue sonrió levemente.
Stay away
Por Kuruma Chidori
Capítulo 10. Keep on loving you
–Parece que hay cosas de las que no estoy enterada aún, aunque no me sorprende viniendo de ti. Eres un hijo tan desconsiderado… –Irasue utilizó un tono fingido de desdicha, dirigiéndose a Sesshomaru – Aunque comienzo a sospechar que la razón por la que Takeshi me invitó a esta fiesta, no era precisamente por su regreso a Tokyo.
Irasue miró a su nieto, quien se encontraba a un par de metros escuchando con una sonrisa burlesca, pero cuando sintió la mirada de su abuela sobre él, su sonrisa desapareció de inmediato y prestó toda su atención a Kagura, quien se encontraba a lado suyo, y comenzó a hablar acaloradamente con ella. Si algo no quería Takeshi, era lidiar con el carácter de su abuela.
Sesshomaru frunció ligeramente el ceño al observar la reacción de su hijo. Tal y como se había imaginado, aquella fiesta era únicamente algo que se había sacado de la manga para que su madre conociera a Rin.
Básicamente, molestarlo por diversión.
–Uh… Tan cobarde conmigo como siempre – Observó la taiyoukai, refiriéndose a su nieto – Te diría que necesita más disciplina, pero probablemente terminarías matándolo. Ese rostro no soportaría una cicatriz más. – Irasue parpadeó un par de veces y regresó tu atención a Rin. –Dado a que Sesshomaru no nos presentará, te lo preguntaré directamente, ¿quién eres?
Rin pegó un sobresalto y de inmediato hizo una reverencia, y aún sin levantarse, se presentó.
–Mucho gusto señora. Mi nombre es Rin Sanada, es un honor conocerla.
La taiyoukai de cabellos plateados se sorprendió ligeramente al escuchar el nombre de la joven, pero de inmediato recobró su apariencia seria de siempre.
–Levántate – le ordenó y Rin rápidamente obedeció, pero con la mirada aún agachada por respeto – ¿Así que Rin?
–Sí, señora. –Respondió la castaña, aunque la pregunta iba más dirigida a Sesshomaru que a ella.
El demonio blanco no dijo nada, permaneciendo estoico y con la mirada perdida en un punto no fijo. No tenía la mínima intención de darle detalles ni respuestas a su madre, nunca fue así en el pasado y no lo sería ahora, e Irasue estaba resignada en ese aspecto.
–Oh, cielos. Es realmente interesante que no cambies pese a los años – Comentó, llevándose una mano a la mejilla.
A Rin le pareció bastante peculiar que si bien la madre de Sesshomaru gesticulaba con algo de exageración, demostrando su aparente sorpresa, su tono de voz se prestaba a sarcasmo, mientras que su expresión facial no transmitía sentimiento alguno. Aquella mezcla de características, combinado con el hecho de que tenía un aspecto físico imponente, a Rin la hacía sentirse sumamente intimidada y no sabía bien cómo actuar con ella. La madre de Sesshomaru lucía como una dama de mucha clase, de mucho poderío, de mucho dinero y con una seguridad apabullante.
–Abuela, no deberías mortificar así a padre, ya sabes que no obtendrás ninguna reacción de él– Yukiko se había acercado a ellos en cuanto había notado la presencia de Irasue junto a Sesshomaru y Rin. La hanyou de cabellos cortos y plateados, ataviada con kimono, se abrazó al brazo de su abuela y esta la miró.
–Como siempre, tan oportuna. – Dijo, sin mostrar ningún rechazo a su nieta – Siempre llegas al rescate de tu padre ¿no es así?
–Alguien debe hacerlo – La hanyou sonrió.
–En todo caso – prosiguió Irasue, aún con su nieta aferrada a ella – tienes que admitir que es bastante peculiar esta joven.
–¿A qué te refieres con eso? – Finalmente Sesshomaru habló, y Rin le observó con atención.
–Su nombre… la coincidencia no puede pasar desapercibida, además de su aspecto físico…
–¿De qué hablas, abuela? – Inquirió Yukiko, encendiendo su curiosidad.
–Ya te lo contaré después, querida. Sé perfectamente que Sesshomaru no quiere que siga hablando, y al menos en esta ocasión, concederé su deseo. – Suspiró hondamente – ¿Si ves que buena madre soy? – Exclamó en un tono sacrificado, llevándose la mano a la frente de forma exagerada y Yukiko rió. El sarcasmo de su abuela le resultaba sumamente divertido.
Sesshomaru por su parte sólo cerró los ojos, clamando toda la paciencia del mundo. Si en algún momento había olvidado el porqué prefería mantener la distancia con su madre, ella acababa de recordárselo.
–Vámonos, Rin. –Ordenó Sesshomaru a la joven, y comenzó a caminar.
–¿Eh? Pero… –Rin quiso detenerlo, pero dado a que el demonio blanco había comenzado a tomar rumbo, a ella no le quedó más remedio que hacer de nuevo una reverencia rápida para despedirse – Discúlpeme, hasta luego – se apresuró a decir, dándole alcance al youkai.
–Sesshomaru, detente ahí. – La voz de Irasue se alzó firme, con un tono serio y demandante, y para sorpresa de Rin, el demonio detuvo su andar, mas no se volvió para verla.
–¿Qué quieres?
–¿Acaso tus hijos son invisibles? – El tono de Irasue se percibía ligeramente molesto – Han esperado verte por décadas.
Sesshomaru no respondió, limitándose a retomar su andar sin mirar atrás, dirigiéndose al balcón del salón que daba al jardín del hotel.
Rin no pudo evitar echar un vistazo a Ruri y Daiki, los dos hanyou de aspecto menor y de cabellos y ojos castaños que se hallaban a un par de metros de Irasue y Yukiko. No le costó distinguir que ambos la observaban con un semblante sumamente serio y… ¿acusador?
La castaña no sabía cómo interpretar aquellas miradas. Sin embargo, algo en el rostro de la más joven de las hanyou le hizo inundarse de un sentimiento de culpa inexplicable.
–Sesshomaru ¿qué haces? – Inquirió Rin, tomándole del brazo para llamar su atención una vez ambos estuvieran en el balcón. El demonio la miró. – Tu madre tiene razón, deberías saludarlos por lo menos. Has hablado con cada uno de tus hijos excepto ellos… ¿por qué?
–Porque él no tiene idea de qué cara mostrarles.– Musitó Takeshi, atravesando el umbral para reunirse con ellos en el balcón. Por primera vez, Rin notó que Takeshi no mostraba una sonrisa burlona en el rostro, sino que observaba con mucha seriedad a su padre, al tiempo que le daba un trago a su copa de champaña.
Sesshomaru le miró de reojo, frunciendo el ceño.
–No me mires de ese modo, sabes que digo la verdad. –Takeshi se aproximó a ellos – Sí, es verdad que hice llamar a la abuela para molestarte, sin embargo también lo hice por Ruri y Daiki, y aún así te niegas a verlos… no hay que ser muy listo para entender el porqué.
El demonio blanco no respondió.
–…¿Eh? ¿a qué se refiere, Sesshomaru? – Preguntó Rin. Por alguna razón sentía que ahora ella cargaba con un poco de responsabilidad en lo que estaba sucediendo y eso no era agradable.
–Rin – Pronunció Sesshomaru, pero con la mirada fija en Takeshi.
–¿Sí?
–¿Podrías dejarnos a solas un momento? No demorará mucho.
–…Ah, sí… claro – La joven sabía que estaba estorbando en esa situación, por lo que salió del balcón rápidamente, sonriéndole levemente a Takeshi por cortesía, quien le devolvió el gesto. A fin de cuentas, él no tenía ningún problema con ella.
–No lo repetiré una segunda vez – Sesshomaru sacó la cajetilla de cigarros de su bolsillo y se llevó uno a los labios mientras lo encendía. Hizo una breve pausa en lo que aspiraba y luego exhalaba el humo – Mantente fuera de mis asuntos.
–Ya sé que con eso te refieres a esa chica –Takeshi frunció el ceño – No me malinterpretes, a mi me tiene sin cuidado si sigues aferrado a las reencarnaciones de mi madre. Mentiría si dijera que ninguna me ha agradado, y eso incluye a la madre de Ruri y Daiki… Incluso, para ser francos, esta chica parece agradable... Aún así, debes saber que para ellos es difícil no verte después de décadas y de pronto encontrarte acompañado de esa muchacha… –La voz de Takeshi se empezaba a tornar acalorada a causa de la molestia e impotencia que le causaba su padre – Tatsuo, Byakko, Kaoru… incluso Yukiko y yo, todos nosotros nos adaptamos a tus… –hizo una pausa – decisiones… Pero Ruri y Daiki jamás han pasado por esto. ¿Acaso crees que ellos aceptarán de buena gana a Rin si ni siquiera te acercas a saludarlos, y ven que te has marchado con ella? –El hanyou apretó un puño –¡Cumple tu papel de padre por una vez! ¡No esperes a que tu mujer en turno se encargue de los sentimientos de los hijos que tú decidiste procrear con la anterior!
Sesshomaru dejó caer el cigarro al suelo y de dos zancadas llegó hasta Takeshi, tomándolo del cuello de la camisa y levantándolo un poco. La copa que el hanyou sostenía cayó al suelo, rompiéndose en añicos y este sonrió con burla ante la reacción violenta y amenazante de su padre.
–Jah… como siempre, esta es la única respuesta que obtengo de ti. Silencios o violencia, contigo no hay más. –Murmuró, sin poder contenerse. Estaba preparado para que Sesshomaru volviera a herirlo en cualquier instante.
–Padre, por favor deténgase –Tatsuo había llegado y se colocó de lado derecho de Sesshomaru. El demonio blanco miró de reojo a su primogénito, sin soltar a Takeshi – Los invitados pueden notar el escándalo, además… le ruego que no haga daño a Takeshi – El hanyou de cortos cabellos plateados y ojos dorados hizo una inclinación con la cabeza, suplicando por la piedad de su padre hacia su hermano menor.
–Déjalo, Tatsuo –Bufó él – Realmente… ¿qué podemos esperar de él como padre? ¿clemencia? –El hanyou chasqueó la boca, irónico y altivo pese a todo.
–Takeshi… – Susurró su hermano mayor, temeroso de lo que su padre le pudiera hacer en esta ocasión.
–¿Acaso me matarías? –La pregunta de Takeshi a su padre sonaba más a un reto que a una interrogante seria. Sesshomaru le clavó la mirada con intensidad y apretó ahora su cuello. La sonrisa del hanyou no se borró de sus labios, aún cuando comenzó a sentir la falta de aire, lo que conllevó a que la cicatriz que surcaba su rostro comenzara a manifestarse poco a poco a causa de no poder mantener la concentración para sostener su apariencia humana – ¿o acaso serás amable y sólo terminarás por desfigurarme?
–¡Padre por favor detente! – Byakko, una de sus hijas mellizas había llegando rápidamente y trataba de retirar la mano de Sesshomaru de la garganta de Takeshi.
Sesshomaru sabía que el intento de Byakko era inútil, aún cuando la hanyou poseía una fuerza bastante considerable. Las manos de su hija temblaban ante el esfuerzo de intentar mover los dedos del youkai, mientras que él no sentía mas que un cosquilleo.
Finalmente, Sesshomaru lo soltó y Takeshi comenzó a toser, intentando recuperar la respiración, tocando su garganta. La cicatriz desapareció rápidamente, al igual que las franjas azules de sus mejillas, retornando a su aspecto humano.
Kaoru, la otra melliza, se acercó rápidamente a su hermano para cerciorarse de que estuviera bien, Tatsuo hizo lo mismo.
Ambas hermanas miraron de mal modo a su padre, y entonces, Sesshomaru se percató de que Yukiko, Ruri y Daiki, habían observado toda la escena a corta distancia. Pudo notar la expresión en el semblante de cada uno de sus hijos; Tatsuo lucía serio y preocupado, Byakko y Kaoru le miraban con severidad pero con los ojos húmedos por las lágrimas contenidas, Yukiko lucía francamente triste y Takeshi intentaba ocultar sus sentimientos tras una mirada acusadora.
No obstante, las dos miradas que más lo calaban, eran las de Ruri y Daiki, quienes seguían manteniéndose al margen de la situación y no había expresión alguna en sus semblantes pese a todo.
Aquellos dos eran el vivo reflejo del rostro inexpresivo de Sesshomaru…
…Eran el vivo reflejo de la mirada que, cientos de años atrás, él mismo le había dirigido a Inu no Taisho cuando se había enterado de que abandonó a su madre, a causa de la humana que eventualmente daría a luz a InuYasha.
Sesshomaru sintió una especie de punzada en el pecho. Un recuerdo que tenía muy enterrado, sin embargo, aquella punzada era algo distinto… Se trataba de caer en la cuenta de que se estaba convirtiendo en la clase de padre que hería a sus hijos por tomar decisiones de forma irresponsable e individualista.
Ruri y Daiki eran físicamente los más parecidos a su madre: cabellos castaños, ojos grandes y marrones, pero con el semblante exacto de Sesshomaru.
Sentir sus miradas ausentes y decepcionadas sobre él, era casi como observar a una Rin carente de sentimientos, y eso dolía.
Daiki, el menor de todos, dio media vuelta y se marchó, probablemente en busca de su abuela, mientras que Ruri le sostuvo la mirada unos instantes, antes de también marcharse detrás de su hermano menor. Sesshomaru los vió alejarse.
–Padre – Tatsuo se acercó a él.
Sesshomaru tensó la mandíbula, apretando los dientes.
–Hablaremos de esto más tarde.
El demonio blanco volvió al salón, sintiendo la mirada acusadora de sus cinco hijos sobre su espalda conforme se alejaba.
–Padre – Yukiko, quien tenía la relación más cercana con Sesshomaru, había caminado rápidamente para darle alcance y lo detuvo tomándolo por el brazo. El youkai se detuvo pero no la miró – Entiendo que Takeshi suela pasarse de la raya… pero lo escuché todo, y temo que en esta ocasión él tiene razón, así no haya dicho las cosas con el tacto necesario. No puedo obligarte a nada, pero por favor considera los sentimientos de Ruri y Daiki… por lo menos habla con ellos… y también considéranos a nosotros.
Sesshomaru la miró de reojo.
–Sé que amas a Rin y sé que no importa en qué cuerpo esté, así seguirá siendo siempre… también tú debes saber que nosotros te apoyaremos. El mejor ejemplo ahora mismo son Byakko y Kaoru, ellas hicieron todo lo posible por juntarte nuevamente con Rin, pero ten en cuenta que al final, quienes seguiremos siempre contigo somos tus hijos. Ella podrá ser una constante en tu vida, pero los que permanecemos y perduraremos somos nosotros. Si te acercas a Ruri y Daiki, estoy segura que con el tiempo ellos mismos apoyarán tus decisiones. – Sesshomaru frunció el ceño, aún sin observarla–…Sólo era eso lo que quería decirte.
Yukiko soltó su brazo y se dirigió al balcón con el resto de sus hermanos, sintiéndose más tranquila al saber que sus palabras habían surtido efecto. Conocía lo suficiente a su padre como para estar segura de ello.
Sesshomaru apretó los puños y entonces emprendió camino en busca de Ruri y Daiki, haciendo caso a Yukiko.
–¿Sesshomaru? –Le llamó Rin, quien se había aproximado a él al verlo salir del balcón y el demonio se detuvo a mirarla. Por la expresión tranquila en el semblante de Rin, él estaba seguro que afortunadamente no había presenciado nada de lo anterior.
–Tengo que hacer algo, dame un momento, enseguida estaré contigo. – Se disculpó y continuó su camino con cierta premura.
Rin le observó dirigirse hacia su madre y sus hijos menores, y sonrió mientras bebía de su copa. Ella no conocía la faceta paternal de Sesshomaru, quizá pasaría mucho para que presenciara algo de eso en carne propia, pero el simple hecho de saber que él lo intentaba le causaba tranquilidad. Ella no quería ser una molestia para la relación entre él y los hanyou… sobre todo entre los que no la veían aún con muy buenos ojos, como era el caso de los dos menores.
Rin suspiró. Debido a que sabía que lo mejor en ese momento era darle espacio a Sesshomaru, no le había quedado más remedio que acercarse a Kohaku para hacerle compañía mientras trabajaba.
–¿Estás sola? – Preguntó curioso al verla acercarse a él.
–Sí, Sesshomaru tenía unos asuntos que arreglar con algunos miembros de su familia y me pidió esperarlo un momento. –Explicó.
–Entiendo –El chico hizo una pausa –No te lo dije antes porque tenías compañía, pero realmente luces hermosa – Kohaku le sonrió y la muchacha hizo lo mismo de vuelta.
–Gracias, tú te ves bien también, jamás te había visto usando un traje. –La castaña sacudió una pequeña pelusa de la manga de Kohaku.
–Para todo hay una primera vez. –Sonrió aún más –Y dime ¿te estás divirtiendo?
–Uhm… digamos que ha sido una noche bastante peculiar – Respondió, mientras paseaba las yemas de sus dedos en la copa que sostenía, algo aburrida. –En todo caso ha sido una experiencia nueva y ha estado bien.
–Al parecer ya has conocido a todos los accionistas principales de la Taisho Company –Comentó él con interés.
–¿Cómo lo sabes?
–Te estuve observando… –Confesó con una sonrisa nerviosa y Rin le miró con los ojos entornados.
–Uhmm… stalker. –Dijo con el semblante serio.
–¡Hey! ¡No es eso! – se apresuró a decir, completamente sonrojado. Rin comenzó a reir de inmediato.
–Lo sé, lo sé, es una broma, aunque no esperaba que te pusieras así de rojo.
Kohaku refunfuñó y luego le dio un pequeño empujón en el hombro, jugando. La muchacha volvió a reir. Se sentía contenta de que pese a todo, las cosas no estaban raras entre ellos.
–Debo admitir que aunque no estoy muy conforme con tu decisión, luces feliz, y eso es lo importante – Confesó él y Rin le miró extrañada –…Deberías presentarme a los accionistas Taisho principales, ya sabes, por motivos laborales –Rió a modo de broma, para romper cualquier momento incómodo que se pudiera suscitar por su confesión.
–Tonto – Respondió ella sonriendo y el muchacho hizo lo mismo.
–Así que finalmente has decidido saludar adecuadamente – Fue el lacónico comentario que Irasue hizo a Sesshomaru, una vez este les hubiera dado alcance. El demonio blanco ignoró olímpicamente a su madre.
–Padre – Pronunciaron en voz alta Ruri y Daiki, haciendo una reverencia.
Sesshomaru no estaba del todo seguro sobre cómo hablar con ellos, después de todo, además del hecho de que hacía cerca de veinte años que no los veía, era como dialogar con dos témpanos de hielo. La atmósfera entre los dos hanyou, su madre y él, simplemente era gélida e incómoda para cualquier otro presente.
–¿Cómo están? –Preguntó Sesshomaru a los hanyou de cabellos y ojos oscuros. Aquellas palabras eran difíciles de pronunciar para él, y casi costaba que salieran de su garganta, pero era necesario si quería entablar una mínima conversación.
–Estamos bien, gracias por preguntar – Respondió Ruri, la mayor.
–Lucen más altos – Observó Sesshomaru. Era bastante evidente para Irasue que su hijo no tenía ni idea de qué decir o hacer para acercarse a ellos.
–Sí – Respondió Daiki, mirándolo por un instante y luego desviando la mirada hacia Rin, quien se hallaba algo lejos– ¿Quién es la humana que lo acompañaba?
Irasue miró a su nieto y después a su hijo, expectativa de lo que él diría a continuación. Pese a ser el menor de todos sus hijos, era bastante directo y no se iba con rodeos, incluso si eso significaba ir al grano con su padre, evitando cualquier formalidad.
–Su nombre es Rin –Dijo simplemente.
–Creí que después de nuestra madre no volvería a relacionarse con el tema de las reencarnaciones – Daiki evadió la mirada de Sesshomaru. Esta vez no se trataba de intimidación como era el caso de sus demás hermanos, sino que el hanyou evitaba mirar a su padre porque le molestaba tenerlo enfrente ahora mismo. Después de todo, no era lo que él y Ruri habían tenido contemplado para su reencuentro. Era la primera vez que veían a su padre con una mujer que no hubiera sido su madre, y aquello les ocasionaba sentimientos confusos.
Sesshomaru meditó un instante la respuesta que daría. Normalmente, él simplemente se ahorraría la molestia de responder, pues no tenía que dar explicaciones a nadie sobre su vida personal, pero en esta ocasión era distinto. Eran sus hijos más pequeños y aquello era nuevo. Se sentía responsable por su bienestar… y de hecho, él realmente era el responsable, por lo que no podía simplemente dar la media vuelta e ignorarlos, como había hecho hasta ahora con los demás. Tenía perfectamente claro que ellos dos no eran precisamente "unos niños", pero se trataba de la primera vez que veían a una reencarnación de su madre, y de paso y para colmo, la primera vez que lo veían a él tras mucho tiempo.
No era el escenario más idóneo para la reunión de un padre con unos hijos que prácticamente habían sido abandonados por él.
–Esa era la intención – Dijo tranquilamente – pero a veces las situaciones cambian y con ello mis decisiones. –Sesshomaru realmente estaba haciendo un esfuerzo por ser lo más abierto y comunicativo posible.
–Tatsuo siempre nos dijo que cuando tú tomas una decisión no la cambias – Ruri entornó un poco la mirada al dirigirse a su padre y Sesshomaru casi pudo detectar resentimiento en ella. –Tatsuo nos había asegurado que no buscarías a la siguiente reencarnación.
–Ni Tatsuo ni ninguno de ustedes realmente pueden saber ni decidir lo que haré en ese aspecto. –Inquirió –Cambié de idea.
Sabía que lo que había dicho su primogénito a Ruri no era una mentira, sin embargo, todo respecto a Rin siempre le hacía cambiar de opinión. Ella era la única que había podido lograr que él aceptara un punto de vista distinto al suyo, y era también la única que lograba que diera su brazo a torcer en modos tan drásticos. Todo aquello había sucedido antes del nacimiento de Tatsuo, y posteriormente, siempre en los momentos a solas con Rin (o sus reencarnaciones), por la cual ni el mayor, ni ninguno de sus demás hijos podían entender eso.
Los hijos finalmente jamás podrían conocer del todo a sus padres, puesto que jamás verían todos los aspectos de ellos.
–¿Entonces nos mentiste? –Cuestionó Daiki.
Seshomaru contuvo un suspiro. Ambos eran demasiado mordaces con sus palabras. Era bastante claro para él y para Irasue que los dos hanyou estaban enojados con él, y no era para menos; la madre de Ruri y Daiki había fallecido por problemas al dar a luz a su hermano menor, el cual había muerto a la par que ella, cuando ambos hanyou tenían respectivamente diez y doce años. Ambos eran muy pequeños para comprender ciertas cosas, y en aquel entonces, Sesshomaru, presa del dolor y el luto al perder a una reencarnación más de Rin, a la par que a su último bebe, se aisló por décadas, dejando a ambos al cuidado de Irasue en Hong Kong.
Por tanto, Ruri y Daiki crecieron bastante distanciados del resto de sus hermanos y evidentemente de él. Las ocasiones en las que se encontraban solían ser cuando las mellizas, o Takeshi, organizaban alguna reunión familiar o fiesta a la cual él no podía negar su asistencia, como era este caso. Tenía también conocimiento de que Yukiko solía visitarlos cada tanto, pero en su propio caso, él había sido una figura paterna completamente ausente.
A Sesshomaru entonces le pasó por la mente que era posible que ambos estuvieran entusiasmados con volver a reencontrarse con él después de tantos años. Se sintió culpable de pronto.
–No mentí, como he dicho, sólo cambié de opinión. –Respondió.
–Entonces… ¿ella es esa clase de persona? –Cuestionó Irasue, y Sesshomaru la miró fijamente.
–¿Esa clase de persona?
–Sí… una humana que puede hacerte cambiar de opinión. –Irasue se llevó su pipa larga a los labios, y exhaló elegantemente el humo. Sesshomaru guardó silencio e Irasue parpadeó dos veces – Ya veo, entonces es eso.
–¿Abuela? –Daiki y Ruri observaron a la taiyoukai, sin comprender.
–El silencio otorga, queridos. –Irasue le devolvió la mirada a los dos hanyou –Hoy no comprenderán nada de lo que sucede, están experimentando por primera vez algo que sus hermanos han vivido en diversas ocasiones, y por supuesto, para todos debió ser difícil… Aún así, algún día comprenderán la postura de su padre. Estoy absolutamente segura que esa humana no es tan desagradable como ustedes creen, pero en efecto, jamás será su madre.
–No recuerdo ni siquiera ya a mi madre –Mintió Ruri, presa del resentimiento hacia Sesshomaru, quien sintió una punzada en el pecho al escuchar esa afirmación, aún cuando lo disimuló perfectamente.
Ruri definitivamente no lograba concebir que tras décadas sin verse, tras los casi cien años en que su madre había fallecido y él los había ignorado, Sesshomaru ahora apareciera a lado de una humana más. Daiki y ella habían tenido la ilusión y la esperanza, desde el momento en que Takeshi había llamado para informar de la fiesta, que en esta ocasión las cosas podrían ser distintas, que ellos podrían convivir más con él y con el resto de sus hermanos a quienes veían en ocasiones aisladas.
"Quizá su padre cambie de opinión" habían sido las palabras de Irasue cuando habían recibido la invitación, pero ahora estaba claro que para Sesshomaru lo único importante era la compañía Taisho y la mujer en turno.
–Ruri – Daiki posó su mano sobre el hombro de su hermana mayor, mirándole con severidad –No digas esas cosas.
La hanyou de cabellos castaños y ojos marrones frunció levemente el ceño.
–Sea como sea, ella no es nuestra madre, y no importa cuántas reencarnaciones a partir de ahora vea a tu lado, jamás serán ella. Nuestra madre murió por tu culpa y esa humana tendrá el mismo destino que todas las demás.
–Ruri, basta. –La interrumpió Irasue con un tono de voz más fuerte de lo usual. La hanyou bajó la mirada.
–Lo siento. –Expresó, realmente sin sentirlo.
Sesshomaru entrecerró un momento los ojos, intentando reunir la paciencia de la que carecía. Lo que su hija había dicho, él mejor que nadie lo sabía, después de todo, esa era precisamente la razón por la cual se había negado tantas veces a reunirse con Rin y comenzar una relación, pero estaba en el punto en que deseaba ir contra corriente y averiguar si en esta ocasión las cosas podían tener un desenlace distinto, uno menos trágico.
Tener esperanza no era algo que le caracterizara. Sesshomaru prefería tomar el destino con sus manos, pero a lo largo de los siglos, había terminado por aceptar, con resignación, que él mismo orillaría siempre a la mujer que amaba a situaciones peligrosas, hasta que finalmente muriera, y entonces, la historia sin fin volvía a comenzar.
Él estaba cansado de todo eso, probablemente algunos de sus hijos también… sin embargo, aquellos momentos de felicidad que Rin le brindaba, por más efímeros que fueran, hacía que para él valiera la pena vivir una vida tan larga, en donde ya lo tenía todo y no había nuevos horizontes que conquistar.
En el punto exacto en que su vida se encontraba ahora, Rin representaba para él un pilar al cual aferrarse para respirar una nueva bocanada de aire fresco, para vivir con alegría e intenciones de hacerla feliz, aún a sabiendas de que no sería eterno. El que su hija dijera eso ahora mismo, no lo hería, por el contrario, únicamente le consternaba el hecho de que ella y Daiki fueran infelices por su causa.
Explicarles las cosas salía sobrando ahora mismo, por lo que para sorpresa de Irasue, y ambos hanyou, Sesshomaru se limitó a posar una mano sobre la cabeza de Ruri, mirándola fijamente.
–Jamás se los dije, pero tú y Daiki son la viva imagen de su madre. –Ambos hanyou de cabellera castaña posaron sus ojos en los de su padre. –Decir que lo siento no creo que solucione nada en este punto. Haré lo mejor que pueda a partir de ahora.
Irasue miró con franca sorpresa a su hijo. Era la primera vez que ella presenciaba a Sesshomaru sincerándose de ese modo y mostrando afecto paternal, y de una manera u otra, sabía que aquella humana tenía mucho que ver en eso, además del esfuerzo de sus demás nietos.
De algo tenían que servir tantos años invertidos de esa pobre alma humana en derretir el hielo del corazón de su hijo, era lo que la taiyoukai pensaba.
–Quédense un par de semanas en Tokyo –Pidió el demonio blanco, dirigiéndose a Irasue –Si tienes que volver a Hong Kong, dispondré de alguna residencia para Daiki y Ruri.
–Espero que sepas lo que estás haciendo –Fue la lacónica respuesta de su madre.
–Lo sé. Hablaremos después. – Se despidió Sesshomaru, lanzándole una última mirada a sus dos hijos, quienes hicieron una reverencia como despedida.
Conforme el demonio blanco comenzó a marchar en busca de Rin, pudo sentir nuevamente la mirada del resto de sus hijos sobre él, aún desde el balcón. Esta vez, todos sonreían, inclusive Takeshi, quien ahora tendría que buscar el modo en que la marca de las garras de su padre se borrara pronto de su cuello para no llamar la atención.
–Supongo que las cosas no salieron tan mal, aunque no era lo que estaban esperando precisamente. –Irasue tomó una copa de champaña de una de las bandejas que llevaba un camarero.
–Si padre insiste en estar con esa mujer humana, por lo menos espero que ella jamás llegue a tener un hijo suyo. –Exclamó Ruri–¿Para qué traer al mundo a otro hanyou que no tendrá espacio en esta era?
–Por lo menos nos tendría a nosotros y a la abuela. –Daiki se encogió de hombros, realmente el tema le era indiferente.
–No seas iluso. –Sentenció Ruri, viendo con frialdad a su hermano.
Irasue suspiró, para después dar un trago a su copa. Ambos eran muy jóvenes, sabía que el tiempo y las circunstancias los harían entender en el momento debido. Por ahora, a ella le bastaba con que Sesshomaru por fin les daría la atención que merecían, y aunque Ruri era muy orgullosa y Daiki muy receloso y apático en relación a los humanos, sabía que las palabras de su hijo habían surtido cierto efecto, pues ambos hanyou sonreían disimuladamente.
Aquello le daba tranquilidad a Irasue.
Una vez que los Taisho, salvo Ruri y Daiki, se despidieran de Sesshomaru y Rin, ambos se dirigieron a uno de los jardines del hotel, alejándose del salón en donde se había llevado a cabo la fiesta. Rin se hallaba curiosa sobre cómo se había desenvuelto su encuentro con los dos menores, pero no tardó en darse cuenta por el comportamiento ligeramente distraído de él, el cual era extraño, que quizá debía evitar preguntar.
–¿Sesshomaru? – Lo llamó Rin, sacándolo de su ensimismamiento. Este le miró un momento, antes de hablar.
–¿Lo has pasado bien?
–…Sí, fue algo nuevo para mi, pero lo he disfrutado –Respondió con una sonrisa, aunque no era eso de lo que quería hablar.
–Debes estar cansada, te llevaré a casa.
–Ah... está bien –La castaña consideró que quizá en la privacidad del auto podrían hablar más a fondo del tema, por lo que no se negó. Rin abrió su pequeño bolso de mano para fijarse en la hora en el teléfono celular, cuando de pronto el movimiento causó que algo le diera comezón en el hombro. – Uhm… ¿qué es esto?… –La joven se llevó la mano a la zona que le molestaba y sacó de ahí una tarjeta.
–Es la llave de una de las suites del hotel – Puntualizó Sesshomaru, al reconocer la tarjeta azul que fungía como pase – ¿Cómo la conseguiste?
–Acabo de encontrarla entre mi vestido. – Rin la observó con atención y entonces notó un papelito pegado con cinta adhesiva a la tarjeta con la leyenda "Diviértanse – K", en una caligrafía manuscrita con tinta roja. Rin se sonrojó y esto atrajo la atención de Sesshomaru.
–¿Qué pasa?
–Creo que… la dejó Kagura para nosotros… – Atinó a responder, mostrándole el papelito. Sesshomaru no manifestó ninguna reacción, aunque ella alcanzó a adivinar que aquello no le había agradado del todo a él.
–La devolveremos, vamos. – Dijo el demonio blanco, comenzando a caminar rumbo al interior del hotel.
–¡No! – Se apresuró a detenerlo, tomándolo de la mano. Él se giró a mirarla y ella se ruborizó –…Creo que… me gustaría usarla… ya que estamos aquí…
Sesshomaru la observó un momento, como intentando adivinar las intenciones de Rin.
–Está bien. –Accedió.
La joven sonrió, no obstante, cuando ambos ya iban en el ascensor a tres pisos de llegar a donde estaba la suite, Rin cayó en la cuenta de lo atrevida que estaba siendo y comenzó a ponerse sumamente nerviosa. Primeramente había considerado que allí podrían hablar incluso mejor que en el auto, pero casi de inmediato, sus intenciones permutaron en algo más físico, y aquello ahora la hacía dudar. Sea como sea, compartir la habitación significaba pasar la noche juntos.
–Rin… ¿qué estás haciendo?... –dijo para sus adentros– ¿no estás yendo muy rápido? ¿no va a pensar mal de ti?... agh… de todos modos aquella vez en que lo vi en su forma real prácticamente me le había lanzado encima… ¿qué hago?, ¿debería decirle que cambié de idea? –Observó que ya solo estaban a un piso–No… ya es tarde, no puedo arrepentirme ahora… ¿o sí?
Sesshomaru la observó por el rabillo del ojo. La muchacha tenía una expresión de horror en el rostro, como de quien hubiera metido la pata en algo y no sabía cómo dar marcha atrás. Aquello le resultaba bastante entretenido.
La joven seguía debatiendo acaloradamente en su mente cuando el ascensor se detuvo y las puertas se abrieron.
–Llegamos –Dijo Sesshomaru y Rin tembló. –Rin…
–Ah, s-sí… v-vamos… –Rió con nerviosismo y salió del ascensor, seguida de Sesshomaru. Ambos empezaron a recorrer el pasillo, ella muy por delante de él, con pasos alargados cual zancadas, y Sesshomaru de forma completamente apacible. Era la primera vez que la veía tan nerviosa de llevar a cabo algo, y aún así parecía determinada a hacerlo.
Finalmente, Rin se detuvo ante la puerta de la suite. Fijó su mirada en el sensor donde debía ponerse la tarjeta para entrar a la habitación y sintió una gota de sudor recorrerle la sien. No era que tuviera temor de intimar con Sesshomaru, pero ahora comenzaba a pensar que quizá él consideraría que era demasiado atrevida y había posibilidades de que eso no le gustara, después de todo, él estaba "hecho a la antigua".
–Rin –La voz de Sesshomaru alertó a la joven quien le miró –Si has cambiado de opinión no tenemos porqué entrar. Puedo llevarte a tu casa si lo deseas.
La castaña tragó saliva.
–No es eso… –Murmuró.
Sesshomaru no dijo nada, se limitaría a esperar a que ella tomara una decisión. Él había decidido desde antes que no daría ningún paso en ese aspecto si ella no lo deseaba así. Que aquella puerta se abriera, dependía únicamente de ella… el resto… ya se vería.
–¿No pensarás que estoy siendo demasiado...? –Rin no pudo terminar la oración, bajando la mirada.
–En lo absoluto–Respondió el demonio con franqueza, sabiendo a lo que ella se refería. Rin guardó silencio, con la mirada aún gacha y aún nerviosa. Sesshomaru la tomó del mentón para que lo mirara. –No hay nada que puedas hacer que no me gustará de ti.
El corazón de Rin golpeó fuerte en su pecho al escuchar esas palabras, y Sesshomaru rápidamente la soltó al percibir su reacción. Había dicho algo fuera de lo común en él, y de algún modo, ahora era él mismo quien se sentía ligeramente nervioso por la situación. Aquella reacción por parte del demonio, mas sus palabras, bastaban para que Rin tomara una decisión, y ella misma pasó la tarjeta azul por el senso, abriendo la puerta.
–No puedo permitir que la lencería negra de encaje se desperdicie… ¿no? – Se dijo Rin para sus adentros, tomando valor.
Sesshomaru de pronto sintió la garganta seca. Podía percibir las feromonas que Rin comenzaba a desprender a causa del momento y eso descontrolaba sus sentidos.
La joven encendió la luz y se asombró de lo grande que era la habitación, aquello era más grande que su departamento… La suite poseía una recámara con una cama tamaño king size, una televisión de tamaño considerable, una pequeña sala con una mesa al centro y una televisión más pequeña, un minicomedor y una cocina que parecía tener todo lo indispensable, además de su propio balcón con vista al jardín del hotel.
–Esto es más de lo que creí – Exclamó Rin, dejando su pequeño bolso de mano sobre la mesita de centro de la sala y observando a su alrededor.
–Esta es la suite más grande del hotel, usualmente la tomo cuando hay mucho trabajo que hacer después de alguna reunión aquí y no deseo volver al departamento o a casa. –Explicó Sesshomaru.
–Es incluso más grande que tu departamento, ni qué decir del mío.
–Me gusta que el departamento sea pequeño, hace más cómodas las cosas en ocasiones.
–Pero te gustan las casas grandes y las suites también –Puntualizó ella, observándolo por encima del hombro. Él curvó los labios muy ligeramente a modo de respuesta.
–Hoy realmente luces hermosa.
Rin sonrió.
–Tú no estás nada mal ¿eh? –Dijo en un tono coqueto, aferrándose a su brazo y guiándolo entre risas a la habitación.
Una vez ambos estuvieran frente a la cama, Sesshomaru la observó sin decir nada, a la espera de lo que ella haría a continuación.
Rin soltó su brazo y lo observó un momento, después agachó la mirada, con las mejillas sonrojadas y se sobó el brazo con nerviosismo.
–Entonces…–Comenzó ella a hablar.
–¿Deberíamos ver la televisión un rato? –Interrumpió Sesshomaru, en un afán por "ayudarla" a romper el hielo, sin embargo, ella no respondió, limitándose a mirarlo fijamente nada más –¿Rin?
Lo que sucedió a continuación fue muy rápido, Rin no tenía intenciones de irse por las vertientes, y aprovechando la distracción momentánea del demonio, la joven se acercó, besándolo en los labios, y sujetándose de su corbata, lo empujó unos pasos atrás hacia la cama, en donde lo dejó caer y ella se acomodó sobre él, con las rodillas sobre el colchón y ambas manos a lado de cada hombro de él, mirándolo fijamente.
Contrario a como él imaginaba que las cosas serían, parecía que Rin había dejado su timidez en el pasillo. Podía escuchar los latidos del corazón de la castaña golpear fuertemente contra su pecho, y él mismo no tardó en percibir sus propios latidos igual de acelerados por la cercanía.
Rin sonrió levemente, mientras que el demonio se limitó a mirarla fijamente, enmudecido.
La joven tenía que admitir que hacía tiempo que quería hacer eso, y esta era la primera ocasión en que estaba segura que nada ni nadie los interrumpiría. Al fin y al cabo, era la primera vez que estaban completamente solos, sin probables interrupciones y ambos con la disposición de continuar las cosas donde las habían dejado ya en tantas ocasiones.
La castaña se inclinó hacia el rostro del demonio y colocó ambas manos sobre sus mejillas. Sesshomaru parpadeó, sin entenderla.
–Rin…
–Me gustaría verte en tu verdadera forma… –Ronroneó.
Sesshomaru abrió ligeramente más los ojos. Era la primera vez que alguna de las reencarnaciones de Rin le pedía eso, y definitivamente aquello lo tomaba por sorpresa.
–¿Estás segura?
–Sí. Quiero verte una vez más.
El youkai lo meditó un momento, y entonces la castaña pudo percibir cómo el cuerpo de Sesshomaru se enfriaba levemente por un instante, y poco a poco en su rostro comenzaron a vislumbrarse las franjas purpúreas en sus mejillas, la luna en su frente, los párpados rojizos, así como la estola blanca en su lado derecho y su cabellera aún más abundante.
La joven se sonrojó ligeramente una vez el cambio estuviera hecho y tocó suavemente con la yema de su dedo índice la luna de su frente. Era real, definitivamente era real.
–¿No estás asustada? –Inquirió el demonio, y la joven alcanzó a notar los colmillos de Sesshomaru.
Con curiosidad llevó sus dedos a los labios del demonio.
–No lo estoy… Tienes colmillos…– Susurró –Realmente eres un demonio. –Aquellas palabras eran más como para convencerse a sí misma que para decírselas a él.
–Rin… –Sesshomaru hizo el amago de reincorporarse pero la joven no se lo permitió, colocando las manos sobre su pecho para detenerlo y mantenerlo recostado. La muchacha pudo percibir que sus pectorales eran más duros y los tocó con curiosidad.
Rin ya consideraba a Sesshomaru ridículamente atractivo físicamente, pero era bastante obvio que al ocultar su aspecto de demonio, estaba también disimulando atributos físicos que él poseía por naturaleza.
–Esto debe ser una broma – Murmuró, y sin pensárselo dos veces, desató la corbata de Sesshomaru y comenzó a desabotonar la camisa. Sesshomaru únicamente se limitaba a mirar lo que hacía su compañera, y cuando hubo abierto la camisa, descubriendo su abdomen, Rin se percató de las franjas semejantes a sus mejillas que contorneaban los costados de su abdomen, así como su musculatura. – Esto es ridículo...
–¿Ridículo? –Repitió él.
–Sé que no eres humano pero… –Rin contuvo una risa nerviosa y entonces Sesshomaru comprendió. Definitivamente no diría nada para evitar avergonzarla, aunque aquello sin duda alguna le provocaba satisfacción.
–Entiendo. –La cortó, lo cual ella agradeció pues ya bastante torpe se sentía reaccionando con tanta sorpresa.
Era la primera vez que Rin consideraba a alguien del sexo masculino hermoso, porque más allá del atractivo masculino, Sesshomaru era bello y eso era incluso intimidante. Su cabellera era brillante, sus ojos lucían más dorados de lo usual y su piel aún más blanca si es que eso era posible.
Rin volvió a fijar la atención en su abdomen ahora semidesnudo y colocó sus manos sobre él, mientras volvía a inclinarse hacia su rostro lentamente para besarlo. El demonio enredó sus dedos en la trenza de la joven al tiempo que sus labios se juntaban suavemente y él comenzaba a descender la mano derecha por su espalda descubierta hasta la cintura. Aquel vestido la dejaba expuesta en sitios bastante estratégicos.
Rin sintió que su piel se erizaba con el contacto de las garras del demonio sobre su espalda desnuda, y después pudo sentir como él desabrochaba el vestido a la altura de su cadera, aflojando de ese modo la falda y dejando holgada la parte del escote y el abdomen. Lo único que mantenía el vestido en su cuerpo eran las mangas largas de encaje negro.
Sesshomaru la empujó suavemente, rompiendo el beso, únicamente para observar cómo el escote, ahora holgado, dejaba entrever el encaje negro del sostén de la joven. Con firmeza, Sesshomaru sujetó a Rin de las caderas, acomodándola nuevamente sobre su regazo mientras que se incorporaba, quedando ahora él sentado sobre la cama con ella sobre sus piernas.
–¿Qué haces…? ¡Ah! – Un quejido de placer salió de sus labios al sentir los labios de Sesshomaru sobre su clavícula y sus manos introduciéndose en su escote por debajo del vestido, para después él mismo despojarla de las mangas, dejándola únicamente con el sostén y la falda del vestido puestas.
Sesshomaru observó el sostén de Rin con sumo interés: tela negra transparente y encaje en los bordes. Aquello no dejaba nada a la imaginación pues podía apreciar claramente por debajo de la tela los pezones endurecidos de la joven, a la espera de ser probados. Con las prendas interiores que lucía esa noche, y las que había observado días atrás en su casa, era claro que si algo le gustaba a Rin era la lencería sexy, cosa que en definitiva agradaba al demonio.
A continuación, Sesshomaru posó con suavidad sus manos sobre los senos de Rin, deleitándola con el roce de sus dedos sobre la tela, en contacto con sus pezones. La castaña arqueó ligeramente la espalda hacia atrás, así como la cabeza, por lo que él aprovechó para devorar su cuello a besos, provocando que un suspiro saliera de su garganta.
Por su parte, Rin podía comenzar a sentir en su entrepierna el bulto creciente de Sesshomaru, excitándola aún más, por lo que rápidamente terminó de quitarle el saco y la camisa, dejándolo por fin desnudo salvo por el pantalón.
Rin hundió su rostro entre el cuello y el hombro de Sesshomaru, besándolo mientras acariciaba su espalda, rozándolo suavemente con sus uñas y erizando la piel del demonio. Sus dedos se deslizaron lentamente por sus brazos hasta llegar a sus manos, las cuales Sesshomaru aferró entre las suyas con fuerza, y en un movimiento rápido y ligeramente brusco, recostó a la joven en la cama, quedando él encima de ella.
El youkai la tomó por las muñecas, acomodando los brazos de ella a un costado de su cabeza sobre la almohada, mientras que él se deslizaba lentamente hasta sus caderas, únicamente para halar hacia abajo la falda negra del vestido que aún portaba, al igual que los zapatos, los cuales acabaron tirados en la alfombra.
Rin fue presa de un escalofrío al sentir cómo los labios de Sesshomaru recorrían lentamente su pie, su tobillo… ascendiendo con la lengua en su pantorrilla hasta llegar a su rodilla y después al muslo.
–Ngg… –La castaña se mordió los labios, reprimiendo un gemido y Sesshomaru no pudo contener sus deseos por escucharlo, por lo que con un movimiento certero y firme, abrió sus piernas y besó el otro muslo, mientras que con la yema de sus dedos rozó con tortuosa lentitud su centro, por encima de la tela de las bragas. –Ahh… –El gemido no pudo ser reprimido más tiempo, y aquello satisfizo a Sesshomaru profundamente.
Rin pudo sentir cómo Sesshomaru la despojaba lentamente de sus bragas para después experimentar la exquisita sensación de la lengua del demonio en su sexo húmedo. La joven arqueó la espalda a causa del placer, levantando más la pelvis, permitiendo de ese modo que Sesshomaru apretara a su gusto sus glúteos, los cuales masajeó, frotó y pellizcó a su gusto.
Sesshomaru recorrió lentamente con su lengua los pliegues húmedos de Rin, apretando con su boca los labios vaginales de la castaña, lamiendo y succionando con suavidad el botón rosado de su centro, arrebatándole un gemido tras otro mientras continuaba masajeando su trasero con lascivia.
Sesshomaru comenzó a concentrarse en lamer el clítoris de la joven, mientras introducía suavemente un dedo en su interior y comenzaba a moverlo lentamente.
La respiración de Rin era cada vez más agitada, y Sesshomaru, previendo que ella pronto alcanzaría el clímax, deslizó su mano por sobre su abdomen hasta llegar a su seno derecho, introduciéndola por debajo del sostén, pellizcando su pezón completamente apretado entre la tela y su mano, mientras que con la otra seguía penetrándola con dos dedos y su boca seguía succionando el clítoris.
–Se-sesshomaru…– Gimió profundamente, al tiempo que era presa de un primer orgasmo sobre los labios de Sesshomaru, aún sobre su sexo.
El youkai se separó de ella, relamiéndose los labios.
–Deliciosa… –Le susurró al oído, sonrojándola; sin embargo, Sesshomaru no le concedió ninguna tregua y aprovechó a despojarla por fin del sostén, dejando sus senos completamente expuestos.
Ni bien Rin comenzaba a normalizar su respiración, Sesshomaru ya se hallaba con los labios prensados a su pezón izquierdo, mientras que su mano masajeaba el pecho derecho con lascivia. El demonio comenzó a recorrer con la punta de su lengua aquellos dos montes, depositando besos entre ambos senos, mientras su mano se aferraba a su cintura. Rin nuevamente apretó los labios, reprimiendo los suspiros que le provocaba.
–No te contengas…–Pidió él, subiendo a sus labios para besarla. Rin correspondió y entonces Sesshomaru cortó el beso, tomándola por las caderas y acomodándola boca abajo. Rin sintió su rostro contra la almohada y miró por el rabillo del ojo lo que él haría a continuación.
El youkai hizo a un lado la trenza ya casi deshecha de la joven, y besó su nuca, descendiendo a su cuello y espalda, rozando con la punta de la lengua su columna, descendiendo con tortuosa lentitud y robándole pequeños gemidos a causa de los escalofríos que le provocaba.
Sesshomaru se tomó un instante para observar su figura completa por detrás: su cintura era pequeña y sus caderas anchas, tenía muslos carnosos y piernas torneadas, su piel ligeramente tostada brillaba con la escaza luz nocturna que se colaba por las ventanas de la habitación, haciendo que luciera increíblemente seductora; sin embargo, lo que en definitiva volvía más loco a Sesshomaru en ese instante y en esa postura, era su trasero, el cual era lo suficientemente generoso y torneado para enloquecerlo y querer hundirse en ella, y dejando ya completamente de lado cualquier intención de ser delicado con la joven, Sesshomaru comenzó a masajearlo con algo más de rudeza, mientras se inclinaba sobre ella para besar su espalda y morder suavemente sus hombros, arrebatándole más gemidos.
Rin enterró las uñas en las sábanas, volviéndose loca por el modo en que Sesshomaru la acariciaba. Jamás la habían tocado de ese modo y tenía que admitir que le encantaba la mezcla entre lo salvaje y lo delicado que era con ella de acuerdo a las zonas de su cuerpo. La castaña sentía que su entrepierna se derretía a causa de tanta humedad y calor que desprendía su cuerpo, y como pidiéndolo, ella misma apoyó sus rodillas sobre el colchón, levantando su trasero para que Sesshomaru por fin la tomara.
–Rin… –Jadeó él. Aquella postura en que la mitad del cuerpo de Rin se hallaba recostado en la cama, mientras que la otra mitad se ofrecía y abría a él, definitivamente le volvía loco, despertando sus instintos más bajos.
–Hazme tuya… –Susurró, ocultando su rostro sonrojado en la almohada y apretando con sus manos la sábana.
Sesshomaru reprimió un quejido en su garganta, un quejido de sufrimiento. Estaba haciendo uso de todo su autocontrol para no penetrarla como la bestia que era y evitar lastimarla. Rin lo enloquecía, y la vista que ella le ofrecía en ese momento lo descontrolaba por completo, quería poseerla ahí mismo, hacerla suya, penetrarla profundamente y llenarla. El demonio carraspeó su garganta, realmente intentando controlarse, no obstante, Rin estaba lo suficientemente lubricada como para recibirlo, por lo que Sesshomaru no pudo controlarse más y aprovechando que la joven levantaba más la pelvis, el demonio blanco bajó la bragueta de su pantalón, liberando por fin su apretujado miembro.
El youkai posicionó su punta en la entrada de Rin, y un cosquilleo lo recorrió por completo al sentir su glande humedeciéndose al acariciar por encima el sexo húmedo de Rin.
No podía esperar más, por fin la haría suya.
Sesshomaru comenzó a penetrarla lentamente y con cuidado, a la espera de que la joven se acostumbrara a él, pero para su sorpresa, Rin no exhaló ningún quejido de dolor o incomodidad, sino por el contrario, suspiró de placer al sentirlo entrando. La sensación del miembro duro y ancho de él era deliciosa para ella, quien se mordió los labios.
El demonio la tomó por las caderas, y comenzó a introducir cada vez más la longitud de su miembro, hasta sentir que tocaba fondo y ella propinaba un gemido prolongado de placer. Nuevamente él se quedó quieto un instante, a la espera de que ella se acostumbrara, pero una vez más, y para su sorpresa, Rin comenzó a mover sus caderas por sí misma, haciendo que el vaivén comenzara.
Ante aquello Sesshomaru no tomó más cuidado y decidió concentrarse en hacerla disfrutar, por lo que él mismo comenzó a penetrarla con más fuerza, sacando su miembro casi por completo de su interior, para después embestirla, robándole gemidos cada vez más fuertes. Sus movimientos eran firmes pero lentos, permitiendo que ambos disfrutaran por completo la sensación de la penetración.
El youkai apretó sus caderas y comenzó a halar el cuerpo de ella hacia él, embistiéndola con más profundidad y provocando que la mitad del cuerpo de Rin se separara del colchón, de modo que ella apoyó las manos sobre la cama, quedando completamente en cuatro.
La espalda de Rin se arqueaba, levantando ella el rostro mientras gemía a cada embestida que él daba, y Sesshomaru, en un arrebato de excitación descontrolada, tomó con una de sus manos la larga trenza de la joven y comenzó a halarla hacia él mientras continuaba penetrándola, sujetándola con la mano libre de la cadera.
Rin se sorprendió por un momento de lo que Sesshomaru acababa de hacer, pero de inmediato comenzó a disfrutarlo. Jamás la habían tomado de un modo tan posesivo y casi que animal, que incluso comenzó a disfrutar la sensación del ligero ardor que ocasionaba que él tirara de su cabello. Poco a poco comenzó a gemir con más fuerza, y tras unos minutos en esa postura, ella previó que pronto podría alcanzar un segundo orgasmo, por lo que se separó de Sesshomaru y lo obligó a recostarse, montándose ahora ella en él.
–Rin… –Sesshomaru no pareció comprender lo que sucedía hasta que la joven tomó con una mano el miembro del demonio y se penetró a sí misma con él.
La castaña comenzó a moverse lentamente, provocando que Sesshomaru saliera y entrara de ella una y otra vez con la misma lentitud. Rin se relamió los labios a causa del placer, y tomando una de las manos de Sesshomaru, la dirigió hasta sus senos para que él la tocara. Obediente, el demonio apretujó ambos senos con una sola de sus manos, aprisionando ambos pezones entre pulgar e índice, y meñique y anular, aprovechándose del hecho de que sus manos eran lo suficientemente grandes. El demonio se mordió los labios, la escena de ella penetrándose a sí misma con su miembro, sus senos apretados por su mano, sus pezones aprisionados entre sus dedos, la boca semiabierta de la joven gimiendo, y su mirada perdida a causa del placer, disimulada entre sus cabellos enredados y alborotados, era algo maravilloso para él.
Rin apoyó entonces sus manos sobre las piernas de Sesshomaru, y flexionando las rodillas, como si hiciese sentadillas, continuó penetrándose, dándole al demonio el espectáculo completo de ver cómo su miembro salía y entraba en ella. Sesshomaru liberó los senos de Rin para tomarla de la cintura y él mismo subirla y bajarla de su sexo a su gusto, gozando con la vista de sus senos botando al ritmo en que él la penetraba una y otra vez, cada vez más fuerte, manipulando su cuerpo con una facilidad total y volviéndola loca.
Pronto, Rin comenzó a sentir cómo el miembro de Sesshomaru comenzaba a palpitar dentro de ella y se le sentía ligeramente más duro… estaba pronto a terminar, por lo que ella aprovechando que también estaba cerca, comenzó a estimular su clítoris mientras él seguía controlando la penetración al sujetarla por la cintura.
Para Sesshomaru, la imagen de Rin tocándose a sí misma, sus senos botando al ritmo del vaivén, el sonido de sus sexos húmedos uniéndose y el observar cómo su centro se abría y cerraba cada que él la penetraba, mas el coro de sus gemidos, era suficiente para que estallara. Rin finalmente sintió que un fuerte orgasmo la recorría al tiempo en que sintió que Sesshomaru estaba a punto de venirse con ella, por lo que rápidamente sacó el miembro del demonio de su interior, y al instante él comenzó a venirse largamente, cubriendo su abdomen de semen, mientras ella se retorcía levemente, a causa del clímax.
Sesshomaru apretó los dientes y cerró los ojos con fuerza, disfrutando del placer de liberarse, mientras un gemido sordo salía de sus labios.
Rin se dejó caer rendida sobre él boca abajo, tomó aire profundamente, suspiró y después rió, mientras abrazaba el pecho del demonio.
Sesshomaru la observó por el rabillo del ojo. Su frente y su cuerpo se hallaban sudorosos. Rodeó su cintura con un brazo.
–Eso fue increíble – Exclamó Rin, con el cabello completamente alborotado, cubriéndole parte del rostro. Sesshomaru retiró con delicadeza las hebras que le impedían observarla bien.
–Lo fue –Admitió algo jadeante, después intentó decir algo, pero decidió callarse antes de emitir palabra alguna.
–¿Qué pasa? –Rin se cruzó de brazos sobre el pecho de él, apoyando su rostro en ellos para observarle mejor.
El youkai dudó un instante antes de hablar, había grandes probabilidades de arruinar el momento con lo que estaba pensando, y no quería hacerlo. Prefería complacerse de un agradable silencio después de hacerla suya, disfrutando del peso de su cuerpo liviano sobre él. El sentirla completa encima suyo, incluyendo sus pies que reposaban a la altura de sus tobillos, era sumamente agradable. Rin tenía una estatura pequeña y era lo suficientemente delgada para que él la pudiera cubrir por completo.
Sesshomaru deslizó el brazo que abrazaba su cintura hasta sus glúteos, masajeándolos suavemente, juguetón. Rin se sonrojó y volvió a reir. Una mano era lasciva, mientras que la otra tierna, aquella mezcla le resultaba encantadora a la castaña.
–No es nada. – Respondió finalmente, acariciando su cabeza con la mano libre, pero la curiosidad de Rin ya había despertado.
–Sesshomaru… –Rin entornó la mirada y apretó los labios haciendo un puchero – Dime. –Insistió en saber.
El demonio volvió a guardar silencio un instante antes de decidirse a hablar. Contuvo un suspiro. Estaba a punto de arruinar el momento.
–Sucede que… –Dudó en hablar– no eras virgen.
Aquello era una afirmación, no una pregunta, de eso Rin podía estar segura. La muchacha levantó más el rostro, sin comprender bien a qué venía ese comentario.
–¿Eh?
–…No eras virgen. –Repitió, ahora mirando el techo, más como para asimilarlo con la cabeza fría que para decírselo a ella. Hubo un silencio incómodo por unos segundos en donde Rin levantó una ceja y luego comenzó a reir. Sesshomaru la miró.
–Evidentemente no–respondió entre risas– si lo fuera no habría hecho las cosas que hice. ¿A qué viene eso? ¿te molesta?
–…No, está bien. – Respondió, ladeando la cabeza y evitando el contacto visual con ella.
Rin parpadeó varias veces, perpleja.
–Sesshomaru…
El demonio se forzó a mirarla, volvió a acariciar su cabeza y después la acomodó sobre la cama.
–Espera aquí, me daré una ducha. –Besó su hombro desnudo y salió de entre las sábanas dirigiéndose al baño.
Rin lo escaneó rápidamente de pies a cabeza, disfrutando de la vista del demonio desnudo de espaldas, antes de que entrara al baño.
Una vez escuchó que la puerta corrediza de la regadera se cerraba y que el agua empezaba a caer, Rin se acostó boca arriba y suspiró hondamente, reposando el brazo sobre su frente.
–No lucía molesto…–Susurró para sí misma– Más bien parecía sorprendido… ¿no es muy 'old school' preocuparse por la virginidad?...
Sin embargo, apenas terminó de hablar, Rin cayó en cuenta del suelo que estaba pisando, por lo que se dio un golpecito en la frente, recriminándose.
Sesshomaru era la definición precisa, y quizá la más profunda, de lo que ser 'old school' se refería.
–No debí haberme reído. –Suspiró nuevamente –…Bueno, al menos parece no querer darle importancia. – Rin frunció los labios y escondió la cara en la almohada. En todo caso estaba absolutamente segura de que él también había disfrutado lo que habían hecho. La joven sonrió para sí. Se sentía sumamente afortunada de tener a alguien como él, lo demás no debía importar… ¿cierto?
Sesshomaru sintió las gotas de agua caliente recorrer su cuerpo y se frotó suavemente el rostro con las manos.
Lo cierto era que no tenía premura por asearse, de hecho su deseo habría sido quedarse en cama con Rin hasta el amanecer, sin embargo, aquello había sido la excusa perfecta para darse los minutos de privacidad que necesitaba para reordenar sus ideas. Era la primera vez en su vida que Rin no llegaba virgen a él, y aquello era demasiado para asimilarlo rápidamente.
Siempre que había llegado a ella, Rin se trataba de una chica completamente inexperta en el aspecto del amor y del sexo, por lo que su primera vez siempre solía ser él quien la guiaba, quien era paciente y cuidadoso en no lastimarla, y no ella tomando la iniciativa y siendo tan abierta con su sexualidad.
Ahora todo era nuevo y diferente, pero no le desagradaba, debía admitir que para haber sido la primera vez con ella, había sido espectacular; no obstante, ahora había algo que molestaba a Seshomaru…No se trataba del hecho de no ser "el primero", era el hecho de que alguien la había hecho suya antes, era el hecho de que él no era (o había sido) el único hombre en su vida.
–¿O mujer? – Pensó, recordando que en esa época a algunas mujeres les daba también por experimentar su sexualidad con su mismo género. Sesshomaru se frotó la cara con fuerza, sacando pronto esa idea de la mente. Ya bastante tenía con imaginarse a Rin desnuda en los brazos de otro hombre, como para ahora imaginarla con alguna chica.
No era la primera vez que Sesshomaru debía plantearse y aceptar que Rin era una mujer producto de una época muy distinta a las que él estaba acostumbrado a vivir, principalmente en cuanto a valores y tradiciones. No tenía nada que recriminarle, ella era dueña de su vida y de su cuerpo, simplemente él necesitaba unos momentos a solas para hacerse a la idea. Inclusive, durante el tiempo en que estuvo al lado de la madre de Ruri y Daiki, las mujeres en ese entonces eran aún bastante conservadoras, por lo que ahora el sostener una relación con Rin significaba que él mismo debía aceptar y lidiar con aspectos que jamás creyó: una mujer independiente, que vivía sola, que trabajaba para mantenerse y priorizaba por sobre muchas cosas su carrera, así como no parecía tener reservas en buscar su propio placer sexual con su pareja, y no conformarse con "dejarse hacer".
Nada de eso era negativo, ella lucía feliz y eso era lo importante, el único problema era él mismo y su ego mancillado, aunque ella no tuviera idea. De todas formas, eso era un problema suyo nada más, él se estaba complicando la cabeza solo, y él solo tendría que arreglárselas.
Sesshomaru reprimió un suspiro y se talló la cara ahora con fuerza, buscando enfriarse la cabeza con el agua.
Permaneció bajo el chorro de agua unos minutos más y terminó de asearse, y tras eso, consideró que él mismo podría romper el hielo invitando a Rin a unirse a él en la ducha e ir por un "segundo round".
El demonio abrió la puerta corrediza de cristal de la regadera, tomó una de las toallas blancas que se hallaban dobladas en uno de los muebles de baño y la enredó a su cintura.
–Rin –La llamó, y al no obtener respuesta, salió a la habitación, únicamente para encontrarse con que la joven se hallaba profundamente dormida boca abajo, con la sábana cubriéndole a duras penas solo una pierna.
Sesshomaru permaneció de pie frente a ella, observándola por un momento, desnuda, tranquila y hermosa.
El demonio tomó la sábana y la cubrió, después él terminó de secarse con tranquilidad para volver a la cama con ella.
–Ven aquí –Susurró, tomando entre sus brazos a Rin quien obedeció semiconsciente y apoyó su cabeza en su pecho. El demonio la observó por el rabillo del ojo, Rin lucía tranquila y había una leve sonrisa en su rostro.
Sesshomaru no pudo reprimir más un suspiro. Se tendría que hacer a la idea de cómo eran las cosas. El tenerla dormida a su lado, respirando con esa tranquilidad y con esa paz y alegría en su rostro, era mucho más importante que su orgullo herido de macho.
Lo sabía bien, estaba siendo idiota y retrógrado, en el concepto de lo que era la época que estaba viviendo, y eso no podía ser así. Sesshomaru siguió observándola dormir, hasta que él mismo sucumbió ante el cansancio.
En definitiva, aquel día se había marcado un antes y un después en cómo sería él respecto a su familia y a ella. Tras muchos siglos, parecía que tenía que trabajar en él mismo, y no solo en la compañía.
Varios días habían transcurrido desde aquella noche, y Rin y Sesshomaru poco se habían podido ver desde entonces a causa de que él estaba ocupado con cosas de la compañía, y Rin por su parte había tenido algo de carga de trabajo, no obstante, aquello no la preocupaba, después de todo sabía que Ruri y Daiki, los hijos menores de Sesshomaru, estaban quedándose en Tokyo por un tiempo y ella misma deseaba que Sesshomaru conviviera un poco más con ellos.
Aquella mañana, Rin había salido de la oficina con tal de cubrir una nota sin mucha relevancia y que se podría catalogar de relleno, sin embargo, el buen humor se había asido a ella durante ya un tiempo, por lo que en esos momentos lo que le pidieran era bueno y lo tomaba con optimismo.
Habían llamado para solicitar una pequeña nota en la sección de Música y Cultura local sobre un dueto acústico que estaba cobrando cierta relevancia en algunos barrios populares en las zonas de restaurantes y cafeterías en Tokyo. El nombre del dueto era "Shichinintai", lo cual le parecía bastante peculiar a Rin dado a que el nombre aludía a siete personas y no dos.
–De cualquier modo eso sólo da pie a que tenga más cosas para rellenar la nota – Pensó con optimismo, sin tener idea de a qué estaba por enfrentarse.
El lugar de la cita había sido acordado en una cafetería más o menos nueva que también estaba cobrando bastante relevancia en aquel barrio, y desde hacía varias semanas Rin había querido visitarla, por lo que eso aumentaba su buen humor.
La castaña llegó al lugar acordado y se sentó en una mesa pequeña en una esquina y pidió una soda en lo que esperaba. Comenzó a alistar lo que necesitaba, tenía la grabadora de su teléfono celular lista para utilizarla en cuanto empezara a hacer preguntas, así como una pequeña libreta que sacó de la mochila para tomar notas.
La joven dio un sorbo a su soda al tiempo que su celular sonaba y ella revisó el mensaje.
"¿Dónde estás? ¿quieres cenar esta noche?"
Rin sonrió al leer el mensaje de Sesshomaru.
"Estoy ahora mismo en Avenue Coffee por cosas de trabajo. Me parece bien, nos vemos a las 8", escribió rápidamente, agregando algunos emojis y envió el mensaje de vuelta. La joven suspiró alegre, dándole otro sorbo a su bebida.
–¿Rin? – Aquella voz grave sacó a la muchacha de su ensimismamiento de golpe y le produjo un vuelco en el estómago.
Rin levantó la mirada lentamente, temiendo saber de quién se trataba. Sus ojos se encontraron entonces con un par de pupilas azules que no veía desde hacía casi cuatro años, y quien lucía tan contrariado como ella.
–Bankotsu…
Continuará…
N/A
¡Hola a todos!
Según yo, el capítulo anterior sería el más largo de todos, pero viendo como quedó este creo que me equivoqué (y no lo tenía planeado jaja). Bueno, finalmente actualicé, me gusta pensar que esta vez no me tardé "tanto" a comparación del pasado, en todo caso les ofrezco una disculpa, como siempre :C
El título del capítulo "Keep on loving you" (Seguir amándote) es muy significativo para lo que la trama se refiere, pues no hace alusión únicamente a los sentimientos y la decisión de Sesshomaru por seguir amando a Rin, sino también se refiere a la relación de Sesshomaru y sus hijos. El hecho de que pese a que Sesshomaru ha sido básicamente un desastre como figura paterna, sus hijos lo siguen apoyando y amando pese a todo (sí, incluso Takeshi, quien me atrevo a decir es en realidad el que más se preocupa por él), así como la determinación recién tomada de Sesshomaru para con ellos de por fin hacer las cosas bien, aún cuando lo que hiciera que entendiera las cosas fuera algo doloroso para él (como lo fue ver un trauma suyo reflejado en los ojos de sus hijos menores).
Siempre he creído que aunque en la serie el interés principal de Sesshomaru era hacerse más y más poderoso, el que Inu no Taisho escogiera a una humana y al final muriera por ella, dejó una huella muy profunda en él, y posiblemente fue la causa principal por la que él no quería a los humanos hasta que Rin llegó a su vida.
Ruri y Daiki van a jugar un papel importante en el crecimiento personal de Sesshomaru, así como Rin, que como pueden ver ya le causó una pequeña crisis existencial a nuestro demonio XD (lo siento, tenía que hacerlo!).
Me gustaría decirles que este fic es más que nada una intención de desarrollar aún más el personaje de Sesshomaru, dándole un crecimiento personal, porque como Yukiko le dijo, Rin es una constante en su vida, pero los que van a perdurar y quedarse a su lado finalmente siempre serán ellos. Tengo preparadas varias cosas para los próximos capítulos.
Sobre el lemon… espero les haya gustado, y no lo hayan considerado algo guarro D:! quería poder dejar en claro lo libre y a gusto que está Rin con su propio cuerpo y su sexualidad, y lo mucho que puede tomar ventaja Sesshomaru de ello 7u7 Ya más adelante escribiré algún encuentro más romántico, no se preocupen por ello. Y sobre Bankotsu… ¿qué pasará ahora? Jojojo
A todo esto, muchisimas gracias por sus reviews! Son en definitiva el motor principal para continuar escribiendo.
Mil gracias a:
Serena Tsukino Chiba: Creo que estarás contenta de que por fin ya hubo lemon hahaha, mil gracias por tu review!
Yoo Joo: Muchas gracias por tus palabras! Espero te guste este capítulo C:
La Rozeta: Jajaja sí, es figurada y literalmente una perra, aunque no la hice tan maldita en este fic XD Espero te guste la interacción de Sesshomaru y sus bebés en este capítulo, un abrazo!
Roxana: Ya estarás contenta no? T.T a ver si ahora me evito el acoso un rato, mensa
RenBellatrix: Te quedaste en el capítulo 7! :C espero puedas seguir leyendo, un abrazo fuerte, gracias por tus reviews!
Milly Taisho: Sí, en efecto y como ya te habrás dado cuenta, Sessh no se involucró mucho en la crianza, en especial de los dos últimos (a quienes básicamente abandonó con Irasue), poco a poco todo irá tomando más forma. Gracias siempre por estarme presionando en face con que actualice, me ayuda muchísimo xD te mando un abrazo muy muy fuerte.
sa TAISHO: Jajaja sí, malvada Irasue. Muchas gracias por tu review!
Guest: Estás por verlo celoso en el próximo capítulo jaja, gracias por tu review!
Alambrita: Hola! Jajaja sí, la que se armó. Muchisimas gracias por tu review, un abrazo!
Poisongirl 29: Muchas gracias por tu review! Creo que aquí podrás ver más lo loquillo que Takeshi es XD
Vic del Eien: Qué bonito review! Me encanta cuando escriben una opinión más detallada, te lo agradezco mucho. Aquí habrás podido ver aún un poco más de la personalidad de los hijos, así como de las reacciones que tiene el mismo Sesshomaru. Creo que el final de este fic te llegará a sorprender (eso espero) ya tengo todo bien planeado XD debo ponerme estricta para actualizar más pronto, un abrazo fuerte, gracias por tu review!
Any-Chan: Tu impresión de Ruri y Daiki es acertada! Físicamente se parecen a Rin pero en forma de ser a Sesshomaru, aunque es posible que conforme la historia avance, esos dos personajes desarrollen una personalidad un poco más expresiva, ya veremos. Muchas gracias por tu review, un abrazo fuerte!
LadyFolly: Ayy, no sé de qué dudaste, pero espero que este tampoco te haga dudar jaja, muchas gracias por leerme!
Cath Meow: Hola! No, en definitiva Sesshomaru ya no regresará por otro polvo con Kagura jaja, menos después de que ya conoció a su reina 7u7 Eres la única que se ha fijado en lo de la foto! Y sí, hay como planes para eso más adelante. Ya van varias personas que me dicen que Yukiko les agrada y eso me pone muy contenta, espero que eso siga así en este capítulo. Te mando un abrazo muy fuerte, gracias por tu review!
VisitaxdD: ¡Ya hubo lemon! Hahaha espero te guste este capítulo, un abrazo!
Angel-demoniaca: Si son pocas donde dejas un review, me siento honrada de que te tomaras la molestia de dejarme uno, muchas gracias por tu review!
Cheryl: Muchas gracias por tus palabras! Espero este capítulo sea de tu agrado, un abrazo!
Nayari: Ya volvi jaja! Siento la demora T.T
Mina Rose: Muchas gracias a ti por tomarte el tiempo de leerlo y comentarlo, tus reviews seguidos me pusieron sumamente contenta, por ti pasé de los 150! Soy feliz T.T te mando un abrazo fuerte!
Sara Andry: Hola! Tu review es solo del capítulo 1, pero espero que si llegas hasta aquí, la historia te siga gustando, un saludo!
Nos vemos en el próximo capítulo!
Kuruma Chidori
