Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.
Capítulo 10: Esperanza
Hefestos sonrió divertido al ver al caballero dorado que había aparecido a su frente, con aquella soberbia sobrada asegurándole con la mirada que no era rival para él a pesar de ser un dios.
-Vamos, atácame hora…-resolvió Milo hacia el dios pelirrojo.
- ¡Cuidado Milo, no es cualquier rival! -grito Mu mientras yacía en el suelo junto a Seika y Kiki tembloroso ante el ataque del dios antes recibido e intentando ponerse de pie para apoyarle en su encuentro.
El griego sonrió y negó hacia su compañero. -No me importa quién sea, no permitiré que le haga daño a Seika.
-Milo…-pronuncio la castaña ayudando a ponerse de pie a Mu, quien la alejo de si suavemente una vez que se reincorporo.
-Kiki, vuelve con Seika adentro del castillo, ahora…-ordeno Mu mientras se acercaba a Milo para apoyarle frente a Hefestos.
-Maestro…-soltó con preocupación el pequeño aprendiz tomando la mano de Seika, quien le rebatió su tacto. -No Kiki, no podemos irnos.
-Pero Seika. -le comento el menor sin que ella le prestara atención a su demanda y posicionándose detrás de Mu dispuesta a atacar.
- ¿Aun no estas dentro?, ¡Por favor Seika, vete ahora! -grito el lemuriano a la dama al verla tras de sí, totalmente preocupado.
-Mu…
-Ya fue suficiente de drama, es hora de que les enseñe a respetar a sus dioses, insolentes…-exclamo Hefestos, comenzando a emanar gran energía de su mano izquierda formando una bola de fuego entre sus dedos.
-No esperare más…-susurro Milo y de inmediato, comenzó a correr hacia el dios pelirrojo apuntando su índice hacia su pecho. - ¡Scarleth Needle!
-Infeliz…-en segundos, Hefestos lanzo contra Milo aquella bola de fuego recibiéndole completamente en su pecho mientras el santo lanzaba su ataque imprudentemente al dios. En instantes, la imagen de Milo completamente paralizado y siendo lastimado en los aires por aquella bola de fuego se hizo presente frente a Seika, Mu y Kiki.
- ¡Argh…! -grito de dolor Milo cayendo en segundos a metros de Seika y Mu completamente inconsciente y derramando su sangre por el suelo ante el impacto.
- ¡Milo! -gritaron ambos santos al ver a su compañero rendido en el suelo y con un hilo de sangre emanando de sus labios.
-Maldición…-comento Mu, y de inmediato se preparó para atacar al dios.
-Es tu turno caballero. -soltó el dios de las armas celestiales con diversión hacia el lemuriano. El ariano entonces comenzó a emanar su propia cosmos energía con fuerza tratando de alcanzar su máximo nivel.
El dios nuevamente comenzó a provocar una bola de fuego en su mano izquierda y con aquella sonrisa sordica, se preparó para atacar al peli lila.
Mu se dispuso a recibirle con su contrataque, estirando sus brazos y con ansiedad, exclamó. - ¡Stardust Revolution!
Cientos de estrellas entonces comenzaron a emanar de la energía de Mu hacia el dios, quien, al recibir el ataque, lo disolvió en un parpadeo en su mano libre y de inmediato lanzo aquella bola de fuego sobre Mu. El cuerpo de Aries al instante colapso en los aires, recibiendo cientos de descargas eléctricas y percibiendo las llamas vivas de aquella bola de fuego por toda su piel a pesar de la armadura, siendo aquel el mismo dolor que había recibido Milo minuto atrás.
- ¡Mu! -grito Seika con la voz desgarrada de impotencia al ver aquel sufrimiento del santo.
Mu tras el ataque, cayo inerte al suelo ante la mirada de Seika y Kiki completamente aterrorizados ante el dios. Toda esperanza se había disuelto para ellos.
Pero Seika no retrocedió y aunque moría de miedo ante el dios, se preparó para atacar mientras en sus ojos un par de lágrimas caían involuntariamente al creer que tanto Milo como Mu habían muerto por tal ataque.
-Ahora si jovencita, tu y yo estamos solos y ya nadie podrá defenderte. -esbozo el dios pelirrojo y deforme con amplia sonrisa, avanzando hacia ella con seguridad. Sin embargo, esta vez fue Kiki quien se interpuso en su camino.
- ¡Seika huye! -grito el pequeño santo frente al dios provocándole una carcajada por su osadía.
- ¡Kiki!
-No voy a dejar que mueras, eso no hubiera querido mi maestro ni Seiya.-grito el niño comenzando a colocar un muro de cristal frente al dios.
Tras aquellas palabras, el dios alzo su dedo índice sobre aquel Muro de Cristal y provoco miles de descargas eléctricas en el cuerpo de Kiki, lanzándole un par de metros lejos de ellos tras ello.
- ¡No Kiki! -grito Seika totalmente impotente ante aquellos actos. - ¡Eres un maldito!
El dios llegó a escasos centímetros de Seika, quien intento lanzarle su puño con cosmos para defenderse, sin embargo, al no poder dominarlo, fue inútil y el dios con suma facilidad pudo sujetarle del cuello y alzarle cual conejillo por los aires.
- ¡Seika! -grito Mu totalmente vencido en el suelo, sintiendo como si cada uno de sus huesos hubiese sido quebrado e intentando alzarse para alcanzarles.
-Jovencita…necesito de ti, así que llegó el momento de irnos de aquí.
-¡No!
Mu comenzó a arrastrarse ante el caminar del dios que avanzó sujeto de Seika hacia un halo de luz que había formado con su propia energía.
-No te vayas…Seika. - gimoteaba con sangre esgrimiendo de su boca el lastimado santo de Aries. - ¡Seika!
De pronto, la silueta de Seika y el dios desapareció en aquella faz de luz dejando completamente desconcertado y frustrado al lemuriano, quien cayo completamente vencido al suelo ante el ataque. - ¡Seika!
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En el Santuario, la inquieta calma que se había presentado los últimos días tras el anuncio de Touma sobre la venganza de los dioses, pronto habría de cambiar.
Saori, quien reposaba en el interior de su habitación, tuvo un presentimiento entre sueños y de inmediato se levantó de su cama y corrió hacia el salón del Patriarca donde Seiya y Dohko aguardaban junto a Shion.
El trío de santos cuando vieron penetrar al salón con aquel gesto de angustia a la diosa, de inmediato lo entendieron. La batalla final había llegado para todos.
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De inmediato, el Patriarca anuncio a través de su cosmos a los santos que debían mantenerse alerta en el interior de sus Templos mientras que Marín, Shaina y Touma hacían su arribo presuroso hacia el salón del Patriarca. Para mala suerte de Seiya, sus cuatro compañeros de bronce aún no se encontraban en el lugar, por lo que sería una batalla difícil sin su ayuda.
Fue entonces que el siempre claro atardecer del Santuario comenzó a teñir de rojo el cielo mientras el astro rey comenzaba a tornarse rojo cual sangre y bailoteaba con un halo de luz oscuro a su alrededor, revelando que una presencia celestial estaba por arribar. Los animales, los pájaros y toda criatura comenzaron a notar el ascenso de temperatura en la Tierra y pronto corrieron a ocultarse ante la terrible y abrumadora energía que se resentía en el aire.
-Llego la hora, es él. -confeso Touma a la diosa una vez que arribo al salón frente a Shion y Seiya.
-Ares…-susurro Saori empuñando a Nike mientras observaba al cielo desde el Salón Patriarcal.
De pronto, los siete santos que permanecían en el interior de aquel salón comenzaron a sentir un dolor intenso ante un ruido que de pronto empezó a resonar, igual a un pitido agudo en sus oídos y la tierra bajo sus pies comenzó a temblar estrepitosamente.
- ¡¿Qué demonios es esto?! -grito Seiya mientras se cubría los oídos al igual que todos los demás presentes ante aquel ruido terrible. De pronto, una energía fuera del Salón Papal se hizo sentir y sin miramientos, la peli lila del grupo abrió la puerta, revelando la presencia del dios de la Guerra frente a ella.
-Eres tú, Ares, hermano.
-Athena…cuanto tiempo. -soltó el dios con su voz grave y mostrando su imponente presencia frente a la dama. Seiya de inmediato corrió frente a ella y la protegió con su cuerpo, dispuesto a todo. Shion y Dohko quienes no esperaban el arribo del dios hasta aquel punto, se posicionaron a los costados de la diosa de igual forma mientras Touma lo hacía posponiendo a Marín y a Shaina a su espalda.
Ares los observo a todos y cada uno de los presentes y pronto, centró su mirada en el hombre que reconocia.
-Así que este es el humano por el cual te deshonraste, el osado que se atrevió a levantar su puño contra los dioses, el maldito que escapo de la Prisión de los cielos y por el cual te has puesto de su lado. Por él lo has perdido todo, Athena.
-Ares yo…-soltó Saori siendo interrumpida por el impulsivo Seiya.
- ¡Así es, soy yo, Seiya de Pegaso y te matare a ti también, maldito como lo hice con Hades!
El dios sonrió ante la soberbia de Seiya de Seiya y negó con la cabeza. -No eres más que un insignificante humano. ¿Qué podrías hacer tu contra mí?, no te confundas, yo no soy Hades, yo soy el todo aquí y en los cielos.
- ¡Te matare Ares!
El dios comenzó a carcajearse aún más ante lo dicho por Seiya y sin esperarlo, un halo de luz se hizo presente tras el dios. De pronto, la presencia de otro dios se revelo tras Ares, sujetando del cuello a la persona más preciada para Seiya, Seika.
- ¡Seika! -gritó Seiya tratando de asegurarse si aquello era una mentira o una simple ilusión del dios.
-Hefestos…-murmuro la diosa de la sabiduría reconociendo a quien sujetaba a Seika.
-Mu…-murmuro Shion desconcertado ante la inesperada presencia de la dama, entendiendo que su alumno había muerto claramente defendiéndola y que ambos habían sido encontrados en Jamir.
La castaña portadora de la armadura de Enif, pronto fue soltada por el dios del fuego y dejada caer al suelo ante la mirada preocupada del resto. Seika entonces reconoció donde se encontraba, confundida por lo que había sucedido segundos atrás con Mu.
- ¿Dónde estamos, acaso es…? -Seika lo reconoció de inmediato, aquel sitio no era otro que el Santuario.
-Ares, aquí traigo lo que me has pedido. -comento el dios pelirrojo con diversión hacia su hermano señalando con su índice hacia Seika en el suelo. - ¿Así que dime, qué se supone que haremos con ella?
-Athena…-comento el dios hacia la peli lila.-Ahora que Hefestos ha llegado, te ofrezco un trato, córtale la cabeza a esta joven con tu báculo y así perdonaré tus ofensas y las de tus humanos.
- ¡¿Qué?!-soltó la diosa con incredulidad al igual que los demás presentes. - ¿ Acaso estás loco, Ares?
El dios rio divertido ante el desconcierto de su hermana.
-Vamos Athena, solo es una joven más, su vida no vale nada y con su sacrificio salvarías las millones de vidas de la Tierra. Te lo reitero, mátala frente a tu humano predilecto y te perdonaré todo.
- ¡Maldito! -gritó Seiya sintiendo como sus ojos se empapaban de rabia ante las palabras del dios. –No lo permitiré.
Seiya entonces se preparó para lanzar su primer golpe al dios completamente furico y de pronto, el báculo de Nike se posó en el pecho de Seiya, negándole.
-Athena…-pronunció desconcertado Pegaso.
-No le ataques Seiya, no serviría de nada, esta vez nada sería suficiente contra Ares. -objeto Saori con nostalgia hacia el caballero de bronce y de inmediato, volvió su mirada molesta al dios. -Ares, te hago un mejor trato, mi vida a cambio de la de ella.
- ¡Athena! -gritaron los presentes totalmente absortos por la propuesta. El dios de la guerra sonrió complacido ante la sentencia mas no le importo.
-Sabes Athena, realmente no me interesa tu miserable vida mortal, si no que sufras por tus pecados. ¿Qué sentido tendría arrebatarte la vida y acabar con tus penas tan fácil?, lo que realmente quiero es…tu sufrimiento.
-Ares.
-Te ofrezco que la mates tú y obtengas el beneficio de mi perdón, arrodillándote frente a mí, o entonces lo pierdas todo, y mueran todos.
- ¿Por qué haces esto Ares? -resoplo la diosa furiosa haciendo que el dios sonriera plácidamente.
-Desde tiempos mitológicos has estado interfiriendo en mi camino, siempre humillando a los dioses con tu predilección a los humanos, alejándote de nosotros y siendo uno mismo con ellos. Y ya que deseas ser uno de ellos, es hora que tú también pagues tu miseria y sufras como ellos.
- ¡Maldito! -grito Seiya ardiendo de ira frente a los dioses.
-Hefestos…-le llamo el dios pelinegro a su hermano detrás de si. -Córtale la cabeza a esa joven ahora frente a todos ellos…acaba con ella Hefestos, que vean su destino.-ordeno el dios de la guerra sonriendo con satisfacción.
- ¡No! -grito Seiya encendiendo su cosmos incluso ante la negativa de Athena, listo para atacar con su ataque.
-¡Seiya detente!
Hefestos entonces tomó de la muñeca a Seika y la obligo a levantarse del suelo, sin embargo, el dios del fuego en lugar de atacarle, le entrego en su mano una flecha y arco a la castaña que escondia bajo su capa. Seika sin entender, sostuvo el arma y el dios al ver su ingenuidad sobre su propuesta a la joven, la sujeto a su cintura y le hizo apuntarle a Ares con ella sorprendiendo a todos los presentes.
Ares, quien de pronto escucho silencio detrás suyo en lugar de los gritos de dolor de Seika, ladeó su rostro hacia su hermano y exclamo:
- ¿Qué pasa Hefestos, por qué no la has matado?
El dios al no recibir respuesta de su hermano, giro completamente hacia su espalda y observo a Hefestos con Seika en medio y ambos apuntando hacia él con un arco rojizo y grabados precioso de oro y plata.
-Hoy no será el fin de ella, si no el tuyo Ares. -soltó con una sonrisa ambiciosa el dios pelirrojo hacia su hermano.
- ¿Qué dices Hefestos? -soltó con ironía el dios de la guerra, esbozando una sonrisa llena de incredulidad hacia su hermano.
-Ares, este es mi premio por haberte enredado con mi esposa, Afrodita y mi humillación ante mis hermanos por mi aspecto, ¿lo recuerdas hermano? -soltó el dios con diversión. -Te lo dije alguna vez, algún día pagarías aquella osadía y esta es la ocasión hermano.
-Hefestos, ¿acaso te opondrás ante mí por una mujer y por una estupidez?
-Esto no es por ella, es por mí y por mi padre, y créemelo, él perdonara mis ofensas cuando descubra que planeabas manipular a tu antojo la voluntad de los dioses e imponerte en el Olimpo.
-Hefestos… ¿acaso estás loco? -soltó Ares con la incredulidad en el rostro. - ¿Te estas poniendo del lado de Athena?, yo soy tu hermano.
-Disfrutare mucho esto Ares. -soltó el dios obligando a Seika a estirar aún más el arco en sus manos.
- ¡Hefestos! -grito el dios furico hacia su hermano. Sabia que las cosas iban en serio.
Hefestos ardiente de venganza, susurro al oído de Seika -Sujétala bien mortal, esta flecha está hecha por mí, es la "Flecha de Fuego de los dioses", cualquier dios que muera en el mundo terrenal con ella, su alma no podrá volver al Olimpo y es mi deseo que un mortal la lance para Ares, así la humillación será mayor.
-Pero…-comento Seika totalmente confundida ante las palabras del dios.
- ¡Hazlo, dispárale y enciende tu cosmos o te matara a ti y a todos los que amas!
Hefestos alzo su propia aura emanando su energía hacia la flecha que sostenía junto a Seika mientras ella encendía su cosmos observando tras el dios la silueta borrosa de su hermano y Athena.
Ares no dudo y comenzó a emanar aquel sonido estremecedor en los oídos de todos los demás provocándoles dolor mientras se preparaba para atacar a Seika y Hefestos.
- ¡Pagaran, yo soy el dios del todo, yo soy Ares, el dios máximo incluso más que Zeus!
-Vuelve a descansar Ares. -a su espalda, Athena comenzó a alzar su cosmos a través de Nike y emigro su energía en sintonía hacia la silueta de Seika con el arco en sus manos.
- ¡Todos me obedecerán y van a pagar tal osadía! -soltó Ares alzando su mano apuntando hacia Seika y Hefestos. - ¡Mueran!
- ¡Ahora! -Seika alzo su energía al máximo, recordando las palabras y lecciones de Mu sobre el cosmos y acordándose de su imagen y "muerte" minutos atrás, por lo que enérgica tomó el arco y apunto con fuerza hacia Ares. - ¡Lo hare, por Mu, por mi hermano y por Athena!
-Infeliz humana…
Hefestos soltó junto a Seika aquella flecha rojiza color sangre acompañada de un halo de luz poderoso mientras Ares lanzaba también su energía a través de su puño provocado un choque de energías que se potenciaba exponencialmente al fusionarse. De pronto, un deslumbrante rayo de luz nublo la vista de todos los presentes ante el choque de energias, mientras Seika en aquel espacio blanco de inmensidad, solo podía ver la silueta en medio de la explosión de su hermano corriendo hacia ella en medio del tiempo detenido.
- ¡Seika! -de pronto, Seiya sujeto el cuerpo de su hermana dentro del ataque y lo cubrió con su silueta mientras detrás de ella, un rayo de energía le golpeaba completamente provocándole que la sangre de su hermano emanara de su boca debido al impacto.
- ¡Seiya!
En instantes, Seika y Seiya cayeron al suelo ante la mirada incrédula de Hefestos mientras Athena intentaba correr hacia ellos para protegerlos. Ares de pronto sintió como el metal de la flecha se hundía en su pecho, haciéndole tensar de inmediato, mientras cientos de llamas le quemaban el interior obligandole a arrodillarse ante el dolor que aquella flecha le había provocado.
Los santos dorados que para entonces habían arribado a las escaleras del Salón Papal observaron como una nube negra se transformaba en un espíritu maligno emergiendo del cuerpo de Ares.
- Pero,¡ ¿qué es esto?! -soltó Aldebarán totalmente incrédulo ante lo que veían él y sus demás compañeros frente a si.
- ¡Aun no está muerto, acaben con él! - Touma entonces tras replicar aquellas palabras, hizo arder la cosmos energía de su mano y con aquel mar de electricidad formada por si, la lanzo contra el cuerpo del dios que aún se mantenía vivo ante la decantación de su espíritu.
- ¡Muchachos, es la hora! - ordeno Shion a los santos dorados, provocándoles arder su cosmo energía al máximo y ordenándoles atacar a aquella nube gris que se disolvía al cielo.
Athena entonces llego hasta Seiya y Seika quienes completamente inertes en el suelo, habían dejado ir su último suspiro debido a la coalición.
-Seika, Seiya…-les llamo con la voz quebrada la diosa ya en el suelo mientras sus ojos se llenaban de lágrimas al ver a ambos hermanos caídos frente a sus ojos. -Perdónenme.
Tras aquella emanación de energía de los santos de oro, pronto la calma vino lentamente consigo mientras una incipiente lluvia teñía de gris el cielo rojo provocando aquel aire nostálgico ante aquellos guerreros caídos.
-Seiya…Seika…-pronuncio la diosa totalmente abatida ante su perdida. No había nada que ella pudiera hacer para recuperarles.
Hefestos ante la escena, decidió desaparecer en el aire pues él ya no tenía nada más por hacer mientras Athena se abrazaba completamente rota a los cuerpos de Seiya y Seika avanzando juntos al paraíso en aquel abismo de muerte.
De pronto y ante sus lágrimas sobre aquel par de cuerpos pálidos y aun tibios, su báculo Nike comenzó a resonar llamando su atención en medio de su llanto. Athena alzo su mirada empapada a su báculo que había tirado a su lado y observo una energía totalmente poderosa emanando de él, haciéndole vibrar mientras emitía destellos de brillo cual trueno.
- ¿Acaso es…? -la diosa alzo su mirada al cielo lluvioso mientras las gotas de lluvia le empapaban la frente revelandole una señal de esperanza. Y como si de un fenómeno sobrenatural se tratará, la lluvia cedió un momento, abriendose en medio de las nubes grises, un rayo tenue de luz. -Padre…
La diosa abrió sus ojos totalmente sorprendida ante lo que suponía un mensaje de su Padre Zeus y sin esperarlo, un águila preciosa emergió de aquel espacio de luz entre las nubes, descendiendo hasta donde se encontraba la diosa y dejando caer dos rosas blanca sobre los cuerpos inertes de Seiya y Seika.
Tras ello, el águila alzo su vuelo nuevamente hacia el cielo y aquel báculo de Nike pronto comenzó a emanar una cálida energía hacia Athena y a los cuerpos que sujetaba, provocando en ellos que el color en sus mejillas volviera lentamente a su cuerpo.
Enseguida, los pulmones de Seiya volvieron a levantarse en una suave respiración mientras Seika debajo, le imitaba de manera más suave. Athena sonrió entre lágrimas y con incredulidad miro al cielo. -Gracias Padre...lo entiendo.
Por fin la paz y esperanza volvía a la Tierra tras aquella guerra sangrienta y un sinfín de sucesos dolorosos atrás.
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Los días tras aquel día "rojo" de sufrimiento y dolor, se desvanecieron uno a uno y pronto, la paz se instauro volviendo a la rutina habitual que aquel Santuario mantenía.
Entonces, con un enorme dolor de cabeza convertido en presión justo en la sien y con ligero dolor al respirar, Seika volvió a abrir lentamente sus ojos totalmente confundida en el interior de una habitación. Curiosa por donde se encontraba, oteo por los alrededores de su cuarto, aquel donde reposaba tras un largo sueño y de inmediato supo donde se encontraba: La Fuente de Athena.
Cerro los ojos un instante tratando de entender su estadía en aquel lugar y en segundos las imágenes de Ares y Hefestos volvieron a su mente, así como la de Seiya yaciendo en sus brazos tras recibir una herida mortal, tal como si hubiese sido un sueño macabro hecho realidad.
- ¡Seiya! -grito con dolor la joven totalmente preocupada por su hermano y de inmediato intento levantarse de la cama para buscarlo, sin embargo, una voz en el cuarto de al lado que suponía era el baño, le hizo detenerse.
- ¿Seika? - aquella voz respondiéndole, le erizo completamente a la dama. No podía ser cierto, aquel era…Mu.
De pronto, el santo de Aries salió del baño con una bandeja y toalla húmeda en sus manos para limpiarle y sonrió ampliamente al verle despierta.
-Mu…-soltó la dama totalmente conmovida pues suponía que aquel santo había perecido debido al ataque de Hefestos, sin embargo, ahora estaba frente a ella y totalmente sano.
- ¡Mu! -grito la castaña en la cama y el lemuriano de inmediato deposito aquella toalla en el mueble contiguo y se sentó en la cama frente a ella, permitiéndole tocarle la cara y mirarle fijamente asegurándose que aquello era verdad.
- ¡Estas bien Mu, ¿no estas herido, ¡¿cómo es que…?! –soltó la castaña empapando sus ojos chocolate ante la emoción de ver a aquel santo que amaba, entero y vivo.
-Eso no importa, si no que despertaste Seika…-Mu sin timidez, también se permitió tomarle las mejillas para limpiarle las lágrimas y sonreírle suave para calmarla. -Y estas bien, ¿cierto?
-Lo estoy, lo estoy…-grito la dama totalmente descontrolada y sin poder resistirse, estiro sus brazos hacia el cuello del santo y echo el peso de su cuerpo hacia él, sujetándole con fuerza mientras temblaba de emoción. -¡Estoy bien!
Mu entonces, cerro los ojos y se dejó cubrir por aquel bello abrazo que le tenía preso y que ante su situación personal de guerrero, parecía un sueño. Y asi, cómplice, poso suavemente sus manos en la espalda de la dama sintiendo la fragilidad de su cuerpo y recordándose lo impotente que se había sentido al verla sujeta del cuello por Hefestos. -Fuiste muy valiente, estoy sumamente orgulloso de ti, Seika.
La santo de plata de Enif, le soltó lentamente y le busco la mirada al ariano. -Te enfrentaste a dos dioses como nadie, incluso cuando te pedí que no lo hicieras ni te pusieras en peligro, yo creí que te había perdido, pero ahora solo puedo decirte que eres una guerrera increíble, Seika.
-Mu…no digas eso, yo…solo no quería que ni a ti ni a nadie les pasara nada.-soltó apenada la castaña. La dama entonces recordó a su hermano y al instante volvió a alterarse. -Mu,¡ ¿Dónde está Seiya, y Kiki y Milo y los demás?!
El santo sonrió ante la impulsividad de la dama y le sostuvo cálido. -No te preocupes, ellos están bien. Todos ellos lo están.
-Quiero verlos, por favor…-objeto la dama visiblemente preocupada, incluso olvidándose de sus propios dolores.
-Les diré que vengan pronto, por ahora, debes descansar, yo voy a cuidar de ti el tiempo que sea necesario.
-Te lo agradezco Mu.
-Y yo a ti…-respondió el santo dejando que sus flequillos cayeran en su rostro mientras cerraba sus ojos complacido.
- ¿Por qué?...
-Por salvarnos a todos Seika, gracias.
La japonesa al escucharlo, pronto volvió a sujetar suavemente al santo de Aries entre sus brazos y en medio de aquel abrazo lleno de tranquilidad y luz, el santo dulce y delicado, le susurro. -Te amo Seika.
La castaña se respigo al escucharlo, sin embargo, sonrió para sí, sintiendo ese cosquilleo en su estómago al escuchar aquellas palabras de la voz melosa de Mu y cálida, contestó. -Y yo a ti, Mu, demasiado.
Ya nada importaba, no si estaba juntos.
-x-
La calma había vuelto al Santuario tras aquella batalla contra Ares y sin temores fracturando la confianza, pronto aquellos amantes ocultos dentro del Santuario, no dudaron en demostrarse que la fuerza de sus sentimientos aún se mantenía intacta a pesar de dolor, las guerras y la separación.
Como en el quinto Templo de Leo, donde bajo el delicioso calor del atardecer, un par de amantes se refugiaban en la intimidad de una habitación unidos uno a uno en un abrazo protector.
Marín entonces, totalmente rendida tras amar al guardián de aquel Templo y recostada en su amplio pecho justo donde podia escucharle los latidos, pronuncio con total quietud.
-Aioria… ¿duermes?
El santo quien dormitaba tras su encuentro apasionado, negó con un gemido provocando estallar la risa del santo femenino por su mentira. De inmediato, el felino abrió los ojos aun adormilado al verse caído en su farsa y le sonrió, negando con su cabeza en la almohada y cerrando sus ojos casi al instante, aunque sin dormirse del todo.
- ¿Qué pasa Marín?-pronuncio casi en un gruñido.
-Nada, solo quería proponerte algo…una locura.
-Mmmm…-pronuncio en un ronroneo el santo aun dormitante.
-Aioria de Leo, cásate conmigo.
El santo de inmediato abrió los ojos al escuchar lo que había declarado la amazona y de inmediato la vio reír ante su sobresalto, quitándole completamente el sueño. -Creí que no despertarías nunca dormilón, en realidad quería proponerte ir a comer algo a Rodorio.
- ¡Marín! -le reprocho el santo ante aquella broma cruel y de inmediato comenzó a reír fastidiado y la abrazo aún más a su cuerpo.
- ¡Aioria! -le reclamo la pelirroja ante su energico abrazo del felino que comenzó a reír aun adormilado. Era su turno de "atacar". -No te soltare Águila, ahora me cumples porque me cumples esa proposición, te casaras con Leo.
- ¡Aioria!, ¿estás loco? -soltó la dama incrédula ante la broma del santo, aunque algo era cierto, en aquel mundo "soñar" con algo como ello era una locura y solo en bromas podían "juguetear" con el asunto. Pronto, aquel par de amantes comenzaron una lucha de abrazos y cosquillas mientras se prodigaban besos en aquel, su propio tiempo de amor.
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Por su parte,Milo totalmente recuperado tras la batalla con Ares, se posó frente a la puerta de la habitación de Seika en la Fuente de Athena con un ramo de rosas cortesía de su compañero de Piscis y toco con suavidad, siendo recibido por Mu quien le invito a pasar de inmediato mientras él salía de la habitación un momento, dejandole a solas con Seika.
-Preciosa…-objetó el escorpión aproximándose hacia la castaña sobre la cama y le entrego las flores con aquella sonrisa amable y enigmática que solo él podía lograr.
-Milo, ¿cómo estás? -pronuncio con dulzura la dama en la cama.
- ¿Bien y tú?
-Bien, recuperandome…-soltó con una sonrisa la castaña provocando un silencio nervioso en ambos.
-Oye Seika…-el peli azul oculto un momento su mirada y comento. -Vine a disculparme, antes de lo de Ares me porte como un idiota contigo y tú no merecías el cómo te trate.
Seika le rechazo de inmediato su disculpa. -Milo, no importa eso para mí, si no el que estas aquí y que estas bien a pesar del ataque de Hefestos. Todo salio bien para nosotros, ¿no es asi?
-Oye…olvida eso, borra de tu mente esas imágenes, -objeto el escorpión con una sonrisa bromista. - ¿Lastimarme a mí?, por favor, soy Milo, un santo de oro.
Seika rio tras lo dicho y le miro cálidamente. -Milo, gracias…
El peli azul alzo su mirada hacia la dama totalmente incrédulo por la reacción gentil de la castaña y le sonrió tímido. -Gracias por todo.
El santo le negó con su cabeza y sin dudarlo, estiro sus brazos hacia ella, invitándole a cobijarle. Seika acepto aquel trato con dulzura.
-Fue un placer preciosa y bueno, si después de todo te das cuenta que en realidad me amabas a mí y no a Mu, entonces búscame en Escorpio.
- ¡Milo! -exclamo la dama ante la broma del santo, quien tras aquel gesto se puso de pie y abandono la habitación con aquella sonrisa preciosa suya llena de confianza. -Nos vemos preciosa.
-Adiós Milo.
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El santo de Escorpio tras abandonar la Fuente de Athena, volvió nuevamente hacia su Templo donde Shaina le esperaba en el sillón de su privado, observando con interés una fotografía en sus manos. El santo corrió al sillón al verla en su habitación y se echó a su lado, quitándole aquella fotografía de las manos donde aparecía él junto a Camus, Isaac y Hyoga en un viaje a Siberia en lo que parecía un día de pesca bajo los fríos hielos árticos. Y él, a diferencia de ellos, como amante de clima cálido que era, portaba una enorme chamarra que le cubría de pies a cabeza.
- ¡Siempre he creído que eres un exagerado, mira que llevar semejante ropa para Siberia! -resolvió la peliverde mientras el santo reía recordando el frio que había percibido en aquel lugar.
-No me gusta sufrir en vano, cariño. -el santo le miro con cierta mirada picara y le refuto.-Y no soy exagerado, soy "intenso", que es diferente.
La dama quien aun mantenía su máscara sobre su rostro, se desprendió de ella un momento, echándola en un mueble contiguo, y sin prevenirlo, se montó dominante sobre el santo, sujetándole las muñecas contra el sillón.
-Demuéstramelo entonces, santo de Escorpio. -sentencio la santo femenina completamente divertida ante el gesto de ingenuidad y diversión que se dibujó en el santo por la sorpresa de su acecho, quien en instantes fundió sus labios con los de la amazona en un acto totalmente arrebatado y juguetón. El tiempo pronto les llevaría hasta la locura.
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Saori por su parte junto a Shion y Seiya comentaban completamente preocupados hacia aquel joven pelirrojo que habia ayudado días atrás, sobre su estadía y el futuro dentro del Santuario.
- ¿Entonces te quedaras Touma? -volvió a cuestionarle Athena al ángel del cielo arrodillado a su frente.
-Supongo que no me deja opción Athena, sin embargo, no será mucho tiempo, no soy un hombre que acostumbre echar "raíces" en algún lugar.
-Vamos Touma, quédate aqui, Marín te necesita. -objetó Seiya hacia el otro a su frente, pensando en como era simpática la vida al ponerle en tal situación con el ángel.
-Seiya, no seas imprudente, Touma tomara la mejor decisión, lo sé. -interrumpió la peli lila provocando una sonrisa cómplice con el ángel.
-Gracias Athena.
Tras aquel encuentro, Athena se despidió del hermano de Marín y avanzo con Seiya hacia la habitación de su privado, lejos de cualquier otra mirada.
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Una vez en completa soledad junto a Seiya, Athena desde su balcón, invito a Seiya a posarse a su lado mientras ambos veían el atardecer en completa paz. Y tras un largo silencio de ambos disfrutando la quietud del lugar, la dama se atrevio a hablar.
-No sé qué es lo que depare para nosotros en un futuro Seiya…-pronuncio la dama rompiendo aquel delicado silencio entre ambos y la inmensidad. - Pero sé que, a tu lado, podre lograr lo que sea, por muy difícil que sea.
Seiya sonrió ante lo dulce de las palabras de la diosa, percibiendo la suave brisa que provenía del mar griego a algunos kilómetros lejos de ahí.
-Athena…-el santo entonces la miro con ternura a los ojos, esos azules que amaba cual cielo. -Más bien, Saori…
La dama alerto sus sentidos ante su llamado y permitió que el santo sujetara su mano, con delicadeza y depositara un beso en ella. - Te amo.
-Y yo a ti, Seiya.
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Kiki por su parte y con yeso en mano junto a Aldebarán decidieron ir a buscar algo de comer tras acompañar a Mu en su espera en la Fuente de Athena tras la visita de Milo a Seika y al sentir la presencia sola de Seika en su habitación, decidió volver a ella.
Mu entonces penetro de nueva cuenta la habitación de su amada y se encontró con la tranquila castaña observando al techo completamente aburrida en su soledad.
- ¿Todo bien? -pregunto con suave sonrisa el quieto santo mientras avanzaba hasta la cama de la japonesa, sentándose frente a ella para atenderla.
-Sí, gracias Mu. -esbozo ella con tranquilidad mientras veía la maquina sujeta a su mano que le tomaba el pulso.
-Mu, quisiera ir a recuperarme al Templo de Aries, ¿crees que sea posible?, me siento más tranquila y cómoda ahí que en este lugar.
El santo sonrió ante la petición de la dama y le asintió calmado.
-De acuerdo, le indicaré a Seiya que vaya entonces a verte ahí, el pretendía hacerlo aquí tras acompañar a Athena un momento, así que será mejor que te busque en Aries.
-Gracias Mu.
Tras lo dicho, la dama descendió un momento su mirada mientras un cosquilleo se apilaba en su pecho conteniendo aquellas palabras que tanto deseaba profesarle al hombre a su frente.
-Te traeré algo de comer. -comentó el santo intentando ponerse de pie nuevamente de la cama para ir fuera, sin embargo, la mano de Seika le detuvo antes de que marchara y le hizo volver a su sitio.
-Mu…-el lemuriano se quedó sorprendido ante el súbito impulso de la joven y se dispuso a atenderla. Curioso, observo el jugueteo nervioso en sus manos y sin esperarlo, la dama se echó en su cuerpo, sujetándole en un abrazo.
. –Mu, no sabes lo feliz que me siento a pesar de todo nuestro destino, pues las estrellas al final del dolor, me guiaron a ti.
-Seika…-suspiro el santo ante la dulce confesión y cerro sus ojos dejándose embriagar por la calidez de la dama que le provocaba un cosquilleo ansioso por todo el cuerpo.
-Mu, quiero quedarme a tu lado…por siempre.-susurro.
-Seika…Yo…-el santo totalmente tímido no supo exactamente como reaccionar ante la confesión, mas su nerviosismo tiño sus mejillas de rojo y en aquel abrazo, le hizo asentir suavemente, unido a ella. -Yo también lo deseo, Seika quédate a mi lado, yo voy a cuidar de ti siempre, es una promesa.
Continuará…
Awww…lectorcillos, pues ya llegamos al penúltimo capítulo el cual me tarde pues andaba falta de inspiración y hoy solo resta el último que vendrá bien amoroso, tiernito y sexy como lo anticipe con nuestra pareja principal de protagonista. Espero se hayan divertido y entretenido un ratito, yo estuvo muy feliz por compartir esta historia con ustedes y ojalá les haya dejado un buen sabor de boca a lo largo de estos meses. No me resta más que agradecer su tiempo para leerme y escribirme, y su paciencia en las actualizaciones. ¡Les quiero hoy y siempre y nos leemos pronto, abrazo cósmico para ustedes!
