LA VIDA QUE NOS TOCÓ

CAPÍTULO 10.

A la chica se le hizo muy raro ese momento. Notó a Terry nervioso, y hasta enojado, no sabía el porqué. Hasta qué le escuchó despedirse de aquella mujer adulta. "Señora Marlow" le dijo.

Cuando aquella mujer se retiró del parque,Candy no dudó un segundo en seguirla. Abordó un carruaje y Candy hizo lo mismo con otro carruaje que estaba detrás de ese.

-Siga a esa persona - le ordenó

No tardaron en llegar más de quince minutos. La señora Marlow vivía en una zona muy cerca del centro de Nueva York, en una casa no muy grande, pero bella.

La vio ingresar a su hogar con el pequeño niño en brazos, que ya se había quedado dormido.

Candy tenía también a su bebé en brazos a punto de dormirse, pues ya eran las 8 de la noche.

Vacilando, caminó en dirección a la casa. Subió unas pequeñas escalinatas y en segundos estaba junto a la puerta tocando el timbre.

-Buenas noches señorita ¿Qué se le ofrece? - dijo la mucama muy amablemente. Candy le pareció una chica de rostro amable y aparte, traía un bebé en brazos.

-Buenas noches - respondió nerviosamente - ¿Esta es casa de la señora Marlow?

-Si

-Ah... Y... ¿También vive aquí la señorita Susana? ¿La actriz?

-Así es - respondió la mucama, con una evidente sonrisa en su rostro. Pensó que Candy debería ser una admiradora.

-Bien yo...

-¿Quieres que te firmé un autógrafo verdad? Si eres paciente podrías esperar aquí en la antesala en lo que ella viene

-Eh, yo en realidad...

-Toma asiento - le señaló un sofá mientras se encaminaba a otra ala de la casa

Vaya que esto fue fácil, pensó. Pero ahora comenzaba a sentirse más entrometida de la cuenta. Su estómago le dolía por los nervios, no sabía como enfrentar cara a cara a Susana nuevamente, después de años.

-¿Una admiradora? - preguntó sorprendida la joven Marlow - yo ya no tengo admiradores, Kathya

-Se lo juro, señorita

-Que extraño

-¿Irá a verla?

-Pues... Es muy raro, pero tiene mucho tiempo que nadie me busca - comentaba con nostalgia

-Hay gente en la que usted deja huella

-Bien. Iré. Ayúdame por favor.

Su eficiente empleada, Kathya, empujó la silla de ruedas hasta llegar al área en donde se encontraba Candy.

Una vez que la observó y ubicó de quien exactamente se trataba, se quedó muda y boqui abierta. Ya decía que era bastante raro que la buscara una admiradora, si desde que ocurrió su accidente jamás se volvió a involucrar en el teatro.

-Kathya, dile a la señorita que la recibiré en mi estudio - Candy no la había visto porque se encontraba de espaldas - y por favor, que nadie nos moleste.

-Si señorita

Susana fue ahora quien hábilmente dirigió su silla de ruedas hasta el estudio mientras que Kathya le informaba a Candy la orden que su patrona le dio.

La joven se dirigió con paso vacilante, pero totalmente decidida.

-Adelante, pasa - ordeñó una vez que escuchó el toque en su puerta

-Hola, Susana

-Hola, Candy - se quedó observando fijamente como Candy sostenía en brazos a un bebé, seguramente su hijo, pues este estaba ya completamente acurrucado en su hombro y sólo observaba sus sedosos y rubios rizos - toma asiento, por favor

-Gracias - hizo lo propio

-Que sorpresa tenerte por aquí, Candy ¿Qué se te ofrece?

-Yo... bueno, tengo ya un par de meses viviendo aquí. No podía dejar pasar el visitar a los viejos amigos ¿sabes?

Susana hizo una mueca de fastidio. ¿Viejos amigos? Ellas no son amigas, pensó.

-Gracias por acordarte de mi

-Si, yo... es que hace un rato estaba en el parque y vi a... supongo que es tu mamá. Me atreví a seguir su camino y aquí me tienes. Discúlpame si fui muy atrevida, pero aprovechando que ya me encuentro aquí, desearía saber ¿Como has estado?

-En una silla de ruedas, con una pierna amputada, fracasada profesionalmente ¿Y tú? ¿Cómo has estado, Candy?

La chica de ojos verdes se sorprendió de la actitud de Susana. Esta chica claramente guarda mucho rencor en su corazón.

-Yo creo que vengo en otro momento. Discúlpame por haberte hecho perder el tiempo. Adiós Susana.

-No, no te vayas - ordenó tajantemente - ya estas aquí. Tenemos muchas cosas de las cuales hablar. Te pido por favor te sientes de nuevo. Perdón por responderte de esa manera ¿Comencemos de cero, quieres? Estoy muy bien, gracias ¿Y tú?

-Muy bien también, gracias. Estoy trabajando en el colegio nacional NY, por esa razón es que estoy viviendo en esta ciudad.

-Y puedo ver que también te convertiste en madre

-Si - respondió sonrojada, acariciando los risitos de su bebé

-Supe de tu boda con el mayor de los Cornwell de Chicago ¿Está aquí tu esposo?

-No

-¿Entonces? - cuestionó arqueando una ceja

-Él... está en el ejército norteamericano, combatiendo en Europa

-¡Oh! Lo siento - decidió dejar de preguntar por su ausente marido

-No te preocupes

-Bien Candy. Creo saber exactamente a que se debe tu visita. Seguramente viste a mi madre con un pequeño niño ¿Y quieres saber algo al respecto, cierto?

-Te mentiría si te dijera lo contrario

-Lo entiendo, Candy, la última vez que nos vimos te prometí hacer feliz a Terry. Lamento decirte que... no cumplí esa promesa

-¿Qué sucedió?

-Terry si cumplió su palabra de casarse conmigo

-¿Se casaron? Pero, no se supo nada absolutamente, jamás lo vi en un periódico o alguna revista

-Efectivamente, querida. No se supo porque fue un enlace completamente discreto. Nuestras únicas testigos fueron Eleonor y mi madre. De ahí, nadie más se enteró, salvo la servidumbre que teníamos en nuestro "hogar" - sonrió con nostalgia - para ese momento,Terry ya había cumplido con lo que prometió. Sin embargo, yo erróneamente pensaba que eso me bastaba para ser feliz... Y que equivocada estaba. Había noches en que Terry no llegaba a dormir. Días en los que me ignoraba por completo. En pocas palabras, comencé a pagar el precio de amar obstinadamente a un hombre al que yo no le intereso para nada.

-Pero... ¡Terry es un cretino! Jamás debió comportarse así.

-Eso fue por un tiempo. Después, extrañamente, comenzó a cambiar. Estoy segura que, el enterarse de tu boda, lo hizo cambiar. Tú ya estabas haciendo tu vida, pues era hora que él también se dedicara a poner cara amable con lo que estaba haciendo de su vida. Se volvió un buen esposo, aunque yo internamente sabía a que se debía. No me importaba. Decidí encerrarme en mi nube de fantasía y pensar que Terry en verdad comenzaba a quererme.

Las chicas tardaron un par de horas charlando. Susana le ofreció a Candy que finalmente Kathya se llevara a su bebé a dormir a una confortable cama, y así, estuviese más cómoda para platicar.

La chica le contó absolutamente todos los detalles del matrimonio que tuvo con Terry, matrimonio que terminó fracasando unos meses después, inevitablemente, por la soberbia de Terry y por la dignidad de Susana.

-¿Terry te abandonó?

-No. Yo le ofrecí su libertad. Éramos verdaderamente infelices. Nunca peleábamos, pero a veces la ausencia de comunicación es mil veces peor que las discusiones. Las discusiones al menos son una parte negativa de la comunicación en pareja, pero al fin es comunicación. Nosotros ni siquiera eso llegamos a tener.

-El niño que estaba con tu mamá ¿Es tu hijo? - terminó preguntando, finalmente

-Si, es mi hijo - respondió con un dejo de orgullo

-¿Y...?

-¿Y quieres saber si Terry es su padre? - la otra chica asintió. Susana guardó silencio por un largo lapso de un minuto - él no lo sabe - respondió, con nostalgia.

Continuará...