El frío le hizo consiente de su desnudez, no era como si lo hubiese olvidado, era obvio que no, pero por más que deseara no moverse y fingir estar muerta, tarde o temprano tendría que salir al menos para limpiarse el semen que yacía helado sobre su abdomen, tan asqueroso como se oía. Se removió sin importarle que el castaño estuviera aún sobre ella, empujándole como pudo para levantarse intentando no mirarse a sí misma ni mirarlo a él, pero de un momento a otro no pudo evitar lo último. De soslayó lo divisó ahí echado, se había quedado dormido boca abajo cual oso hibernando, enorme y desnudo.
El estómago de Alanis dio un vuelco, sus labios temblaban y sus puños se cerraron con fuerza presas del más grande remordimiento que alguna vez haya sentido.
"ojalá tuviera un bate…así te lo metería por el culo…" y sin dejar su coraje hacia él se dirigió al baño.
No prendió las luces, de hecho, lo único que hizo fue abrir la primera llave que su mano tocó para colocarse debajo del agua, sin fijarse si estaba caliente o fría porque, de todos modos, lo que en su conciencia se había manchado nada lo limpiaría. El odio que sentía era tanto que empezaba a acumularse en sus ojos, era como si aquel sentimiento quisiese salir de una u otra forma, en su cuerpo tembloroso como ya era costumbre, esta vez temiendo explotar.
No había persona más imbécil que ella, eso lo podía jurar. Se dejó llevar por un estúpido momento que seguramente fue falso, un anzuelo para que el tipo consiguiera tener sexo fácilmente y que ella le dio. Pero a pesar que aquel hecho dolía, no podía competir contra lo que no quería admitir, lo que su corazón le pedía callar, aunque su alma no dejara de regresarle a la mente que aquello era verdad: le había gustado.
-no, no, no, no… ¿por qué?... no, no, ¡no!…
Negó tantas veces hasta que se mareó y llegó al suelo, quedándose de rodillas y tapando su cara con las manos por la vergüenza. Lo sabía, Alanis sabía que era un error, lo supo desde el primer instante y no hizo mucho por detenerlo, si al menos hubiese gritado por ayuda o luchado por escapar, estuviera ahora mismo llorando por una violación y no por haber tenido relaciones con el mismo sujeto que la tenía amenazada de muerte en su propio departamento. Pero ¿realmente hubiese deseado haber sido violada? Quien en su sano juicio desearía eso, ¿no era mejor haberlo disfrutado que poder haber sido golpeada en el forcejeo? ¿Podía mentirse asegurando que solo se resignó? ¿Fue así realmente?
La distorsión de sus pensamientos la estaban hundiendo cada vez más en un inexplicable maremoto de tonalidades dolorosas. No paró de halarse el cabello y enterrar sus uñas en su cabeza hasta que el agua se tornó insoportablemente helada y tuviera que tantear la llave para cerrarla.
Un sonido tintineó contra las losetas del baño, volvió a pasar su mano a través de la pared en aquella oscuridad húmeda, tocando la llave y moviendo accidentalmente en su paso un objeto que colgaba de ahí, reproduciendo el mismo sonido. Cerró el agua sin levantarse, aun sin ver nada tomó el objeto y lo quitó de su lugar para palparlo mejor; era una cadena de pequeñas bolitas que tenían un dije plano colgando, ambos aparentemente de metal. Siendo más minuciosa percibió relieves en el dije que ahora ya no le parecía tan plano. No era de ella, no lo reconocía de ningún lado, entonces y por lógica debía pertenecerle a él y esos relieves no podían ser otra cosa que letras.
"Es una maldita identificación"
Se sostuvo de la llave para levantarse y buscar el interruptor de luz, prendiéndola y causándose dolor en los ojos por el repentino cambio, parpadeando un par de veces logrando ver con claridad.
"BUCHANAN BARNES JAMES
SERGEANT
Ser. No. 32557038
107TH
U.S.A.
C¨
-pero que mierda… ¿sargento? Este sujeto es…era sargento…pero…
¿Y eso que significaba ahora?...
Ahora, Alanis sabía más de él, un nombre y un rango con el cual asociarlo si resultaba ser de su propiedad porque claro, ya no cabía en su cabeza otra cosa que no sea duda e incertidumbre, por obvio que la situación pareciera, ahora no creería nada del todo. Bufó burlándose de ella misma, negó y colocó la placa en el lugar donde la encontró, repitiéndose mentalmente aquel nombre para no olvidarlo.
Respiró un poco más tranquila, cogió una toalla y prosiguió a secarse y vestirse ahí mismo, cansada de llorar. Solo deseaba tumbarse y despertar en el más allá, probablemente en el infierno por lo que había hecho con James, eso era lo que ella pensaba.
-sí, claro. Tienes cara de James…- él seguía echado en la cama, en la misma posición que lo dejara al irse, dormido al fin con los ojos cerrados- disfruta de tu sueño, imbécil…- dio media vuelta y se dirigió al sofá, acomodándose en posición fetal, obligándose a cerrar los ojos y no abrirlos hasta el amanecer.
Pero por supuesto, aunque los cerrara con toda la disposición del mundo, hoy no dormiría.
¿Tenía algo pendiente para la escuela? Que importa, tampoco haría por cumplir, su mente simplemente no le permitiría concentrarse lo suficiente como para hacer una sola línea, una sola letra, un solo punto. Imaginarse con un lápiz en la mano era verse a sí misma clavándoselo en el pecho.
Las primeras horas del amanecer se colaban por la ventana, una sombra paseó frente a los parpados de la chica, silenciosa y pesada. Entre abrió sus ojos cuando la puerta del baño ya había dejado pasar a alguien para luego, casi instantáneamente, escuchar el agua caer. Con cuidado se levantó del sofá y caminó descalza para asomarse por la puerta semi abierta y observar a aquel hombre que se mantenía quieto bajo la regadera, de espaldas a ella, observando sus manos.
"No entiendo como sigo viva"
Aquel pensamiento no surgió como todos los que últimamente tenía, del miedo y la inseguridad de dar un paso en falso, no. Surgió por observar más de la cuenta el cuerpo de James, de la cabeza a los pies; su cabello castaño y desarreglado, sus anchos hombros, su espalda bien formada, su brazo metálico idéntico en tamaño al otro de carne y hueso, ambos listos para matar, grandes y hermosos, su cintura y sus caderas rodeadas de curvas perfectas, su trasero en perfecta armonía con sus piernas largas y fuertes, su piel marcada con rasguños esparcidos por todas partes. Ahora observó sus propias manos, en sus uñas estaba la evidencia de que esas heridas las había hecho ella. Se estremeció. Negó levemente alejando más de esos pensamientos y se alejó del lugar así como llegó.
Su cama estaba desordenada, obviamente. Sacó la sábana que la cubría y la tiró como si estuviese contaminada.
-tengo hambre
En la labor estaba de colocar las almohadas en su lugar cuando el castaño hablase detrás de ella. Al girar su rostro para verle, enseguida lo regresó, nerviosa. El asesino seguía desnudo y se acercaba peligrosamente.
-i-iré enseguida por comida…
Se incorporó a un lado de la cama y sin mirarle, caminó alrededor de ésta, esquivándolo.
¿Por qué mierda no se ponía algo de ropa? Bastante tenía ya con los recuerdos más que frescos de esa misma noche, tenerlo detrás de esa manera le aceleraba el corazón, ponía sus manos a sudar. El mismo temor de sufrir por lo que sea que fuera capaz de hacerle.
- ¿por qué no me miras?
- ¿q-que? –negó sin saber que decir, le parecía obvia la respuesta, pero por algún motivo no quería decirlo. ¿Esa iba a ser acaso la típica escena donde él le dice a ella "ya me viste desnudo, no tengas pena"? ¡Eso no era pena por el amor de Dios! ¿o sí? –solo…no quiero verte…
- ¿y por qué me observabas en el baño? –Su voz era tranquila y profunda, fue la pregunta la que petrificó a la brasileña-
-yo no…yo…-la había descubierto, no entendía como, pero lo sabía. Sus ojos estaban abiertos y sus mejillas de pronto ardieron de vergüenza. Él no podía ver su rostro, pero, aun así, ella se cubrió con sus manos.
Llegó por detrás, tan sigiloso que lo único que ella pudo sentir antes de reaccionar fueron las grandes manos de James sobre las de ella, bajándolas. En su cuello ya se encontraba el aliento de él, erizándole, asustándole.
-tengo hambre…-volvió a decir, susurrando esta vez- no me conviertas en caníbal…
Tragó grueso, la chica abrió los ojos como platos, su respiración se detuvo unos segundos y sintió su cuerpo de gelatina rodeada por los brazos ajenos. ¿Cómo debía tomarse aquella última frase? ¿Fue amenaza o alguna especie de insinuación sexual por haberle visto mientras se bañaba? Si uno era peor que otro simplemente no quiso averiguarlo, pero su mente empezaba a hacerse ideas. Lo mejor sería darse prisa, claro, en cuanto decidiera soltarla y dejar de olfatearla como si de un platillo se tratara.
