Disclaimer
Los personajes no me pertenecen. Hacen parte de la genial mente de JK.R
Cap 10
La risa de él había cesado, ahora los dos se miraban fijamente. Tanteando el terreno. Habría dado todo lo que tenía por saber qué pensaba aquella bruja que tenía enfrente, que lo miraba como si fuera un bicho raro…tal vez y si era un bicho raro…Nadie había hecho lo que él había hecho después de la guerra.
Aun le ardían los labios, aun podía sentir el tacto de la piel de ella en las manos.
No había podido controlarse. Lo había intentado…bueno, tal vez no lo había intentado con demasiada voluntad admitió.
En cuanto la vio traspasar la puerta con esa firme determinación en el rostro, su castaño cabello al aire, su pequeño y curvilíneo cuerpo envuelto en una gabardina roja, sus mejillas y la punta de su respingada nariz de un adorable color rosa a causa del frío, mandó todo su plan al demonio.
La había llamado por su apellido, al puro estilo de los años en que los dos estaban en Hogwarts. Frío. Se había sorprendido de que esa faceta suya aun estuviera ahí, tal vez algunas costumbres no se perdían, aunque ya no fuera muy fan de ellas.
La había besado, la había pegado a su cuerpo y para su asombro ella no lo había apartado a punta de maldiciones o puños; no se arrepentía en lo absoluto, volvería a hacerlo una y otra vez en cuanto tuviera la oportunidad.
La había tenido tan cerca…sus ojos miel lo habían mirado con reconocimiento y tal vez un poco de rencor y miedo cuando se había percatado de que él los había engañado a todos…o tal vez su enojo se debía a que ella no había podido descubrirlo, así que prácticamente ella estaba enojada consigo misma. Sonrió de lado y vio como las mejillas de ella recuperaban el color carmín.
–Tienes que reconocerlo –dijo alejándose un poco de ella, corría el riesgo de volver a abalanzársele. –Era un plan perfecto.
– ¿Y exactamente cuál era el plan, Malfoy? – Había recuperado la voz, luego pensaría en ese beso, luego pensaría en lo que había sentido mientras él la besaba, luego pensaría en el deseo que la recorría en ese mismo instante, el deseo de besarlo de nuevo, de pegarse a su cuerpo. O tal vez no lo pensaría y listo. Lo dejaría pasar ¿Sería capaz? Sacudió la cabeza. Quería entender lo que Malfoy le decía, debía ser práctica, dejar sus estúpidas hormonas a un lado.
Malfoy la miró duramente durante un instante y luego caminó hacia ella, de nuevo; pensó que la volvería a besar, lo deseó; pero él paso de largo y ella sitió una punzada de desilusión, de dio la vuelta para ver que hacía y lo vio cerrando con llave la puerta, coger el cartelito que decía abierto por un lado y cerrado por el otro y darle la vuelta, dejando el cerrado mirando hacia la calle que se empezaba a llenar de gente.
–Mi madre podría llegar, y no sabría cómo explicarle el hecho de que estés aquí.
Hermione abrió los ojos asombrada.
– ¿Narcissa ha sabido todo este tiempo en donde has estado? ¿Por qué no ha respondido las preguntas del Ministerio? ¿Por qué se ve tan triste y demacrada en las fotos del Profeta, si sabe en dónde y cómo está su hijo? ¿Cómo es que no han dado contigo si estás prácticamente a la vista? – Llegado ese punto empezó a caminar por el invernadero haciéndose preguntas.
–No sé si eres consciente de que estoy aquí y puedo responderte esas preguntas Granger. –Si ella lo escucho, pasó de él.
Cinco minutos después Malfoy había perdió la paciencia y se disponía a interrumpir la diatriba de la castaña cuando ella lo miró fijamente y lo señaló con un dedo acusador.
– ¿Cómo es posible que teniendo un plan, como dices, tan perfecto –Moduló la voz para copiar la de él, lo que le hizo sonreír –Te dejaras ver por mí? –Ahora se señaló a sí misma.
–No fue planeado, fue un descuido. No sabía que tomabas el transporte muggle Granger.
–Luego te vi corriendo y me llamaste "preciosa"
– Lo estabas Granger, no te iba a gritar troll. –Notó como ella se sonrojaba.
–Dijiste que no sabías quienes eran Harry y Ginny. Y fuiste tomado por sorpresa. Pareció auténtico.
Malfoy pareció cavilar un momento antes de responderle.
–Ah…si…la cara rajada y la pobretona Weasley, eso fue difícil–Ignoró la mirada asesina que le dirigía la bruja.
–No tienes derecho a llamarles así.
Él le hizo un gesto con la mano restándole importancia.
– ¿Por dónde quieres que empiece? – Le preguntó mientras se dirigía una puerta apostada al lado de la caja registradora y la abría invitándola a entrar.
– ¿Qué tal, si empiezas por el principio de todo esto? –Le preguntó ella entrando por la puerta que el mantenía abierta para ella y que como vio comunicaba con una pequeña estancia que contaba con un mini bar en el que había botellas con líquidos que brillaban a la tenue luz amarilla que despedía un pequeño bombillo en el centro del techo. Cerró la puerta tras ella mientras él servía en dos vasos de cristal un líquido ámbar.
–Son las diez de la mañana, Malfoy, no pienso emborracharme contigo a esta hora.
–Lo que me da a entender que sí lo harías luego.
Fue una afirmación y la castaña sintió como se enfurecía un poco más. Una más, una más y no dudaría en sacar la varita y utilizar uno de esos hechizos que practicaba el padre de Harry en su época de estudiante.
–A veces, Granger, el licor no es solo para perder la cabeza, con un trago no te vas a poner a lloriquear ni vas a empezar a vomitar sobre mi lujosa alfombra.
Vio como ella llevaba la mano al interior de la gabardina y levanto ambas manos en las que llevaba dos vasos en los que repiqueteaba el whisky de fuego, había captado su amenaza.
–Esto solo es fuego contra fuego, Granger, relájate. El licor solo hará que te relajes un poco. Vas a necesitarlo si quieres escuchar mi historia.
Le tendió uno de los vasos y ella lo acepto escépticamente.
–Demasiadas vueltas y demasiadas precauciones. ¿Cómo sé que no has envenenado esto? – Alzó el vaso y el líquido chocó contra las paredes que lo retenían.
–Te acabo de besar, Hermione, y lo volvería a hacer. ¿Por qué haces preguntas tan irritantes? Pensé que querías saber cosas más…relevantes.
Vio como ella se sentaba, aun mirándolo con cautela y con las mejillas arreboladas por su declaración, en un asiento acolchado de tela verde. Lo miró fijamente y dejo el vaso sobre una mesita de centro que había a su lado. Puso su bolso sobre los muslos y se cruzó de brazos, mirándolo altivamente. Esperando.
–Vale – empezó – Al principio de verdad quería perder la memoria. Había mucho caos, muchos muertos, mucha sangre. Quería borrar todo eso, entiende que para los que fuimos los malos de esa guerra, por decisión o por obligación…
–Nadie estaba obligado a nada, Malfoy. Podías haber elegido –Lo interrumpió ella.
–No entiendes como era, amenazó con matar a mi familia, a quitarme todo, torturarme, dejarme vivir por un tiempo, para que viviera atormentado, luego me torturaría de nuevo y luego me mataría. Tal vez tengas razón en decir que tenía la opción de haber elegido la tortura, la muerte lenta; pero para mí, en ese momento no había escapatoria, quería demasiado vivir, quería que mi familia sobreviviera a ese demente…
–Dumbledore…
–Él no era una opción, tenía que matarlo. No podía pedir su ayuda.
–Dumbledore era el mago más poderoso que…
–Si hubiese sido así, nadie había muerto y no habría existido esa guerra. ¿No crees? – Se llevó el cristal a los labios y bebió un sorbo de su contenido antes de continuar – Cuando todo acabó decidí huir, no quería tener contacto con el mundo mágico, quería empezar de nuevo. Lo último que vi fue tu mirada. Estabas aterrada, me sentí como una mierda. Puse todo mi empeño en desaparecer sin dejar huella, fue difícil, tuve que dejar de utilizar magia, aprender a vivir como muggle, vaya mierda, por cierto. – Hermione alzó una ceja –Sin ofender Granger, pero seré mucho más feliz ahora que regrese al mundo mágico.
– ¿Vas a volver? ¿Por qué?
–Bueno, ya sabes que sigo vivo y que no he perdido la memoria, creo que es razón suficiente.
¿Cómo debía tomar eso? Hermione estaba perdiendo la paciencia. Malfoy no había dado detalles de su desaparición y ella seguía sin entender nada.
–Mi madre no supo de mi por un tiempo, hasta que un día entró al invernadero y me vio…Ella piensa, al igual que tú lo pensabas, que me borraron la memoria y que no sé quién soy. Tendré que hablar con ella…
–Así que básicamente sigues siendo un cobarde…
El asintió.
– No era capaz de vivir conmigo mismo Hermione… –La miró fijamente.
– Y me cuentas esto ¿por qué…?...
–Por que vi el perdón en tus ojos ese día.
– ¡No seas ridículo Malfoy! –su actitud la estaba hartando. No era posible, rayaba en lo ridículo, en lo absurdo. Se puso en pie y se dispuso a marcharse.
– Granger…
–Acepte hablar contigo porque pensé que tenías otro argumento para desaparecer, pero lo que dices es que no eras capaz de lidiar contigo mismo y lo que tus acciones habían provocado. Te desapareciste, engañaste a tu madre… ¡Merlín! ¡Engañaste a toda la comunidad mágica! ¿Y ahora dices que vas a volver porque viste el perdón en mis ojos hace ya casi tres años?
–No soy igual que hace tres años… ¡Por todos los demonios! ¡Mira qué tipo de vida estoy llevando! –Señaló la puerta que daba con el invernadero.
– ¿Qué tipo? ¿Esa es tu forma de referirte a la vida en el mundo muggle? ¿Tal mal es para ti vivir así? ¿Te has contagiado de algo, Malfoy? ¿Cómo fuiste capaz de engañar a la mujer que le mintió al mago más temido de toda la historia, solo para salvarte? ¿Esa es tu forma de agradecimiento? ¿Qué demonios estabas pensando maldito hurón? ¡Ah! Claro, olvidé que eres un cobarde, tan cobarde que no pudiste si quiera quitarte la memoria ¿Cómo has podido vivir con eso? ¿Y ahora vas a volver cómo si nada? ¿Qué estás esperando? ¿Lágrimas de agradecimiento por parte de tu madre? Y además ¿Te atreves a besarme? ¿Qué, en nombre de todos los dioses, estabas pensando Malfoy? –Hermione respiraba agitadamente, se había acercado a él, que se había parado y con cada palabra que salida de sus labios la palidez en el rostro de Draco se incrementaba. Ella lo fulminó con la mirada.
–Yo no pensé…
–Exacto Malfoy, no pensaste – Se dirigió hacia donde había quedado el vaso con el licor que él le había dado y se lo tomó sin respirar –Tenías razón, fuego contra fuego. –Dejó el vaso ya vació sobre la mesita y salió azotando la puerta del despacho del rubio dejándolo en una pieza.
Camino despacio hasta el mini bar y se sirvió otro vaso, escucho la campanilla y supo que ella se había marchado.
–Potter. Esto fue idea tuya.
El moreno salió debajo de la capa de invisibilidad con la cabeza agachada.
–No pensé que pasaría esto…
–Exacto Potter, no pensaste.
Gris y verde colisionaron en el aire
Bueno, ahora sí, aquí quedé hace tiempo! Que se venga lo bueno!
