A la mañana siguiente Bianca despertó en la cama de Campanilla, aunque no fue consciente de ello hasta que, al girarse perezosamente sobre su costado, se topó con un cuerpo de espaldas, de cabellera rubia recogida en un desordenado y prácticamente desecho moño. El hada parecía seguir durmiendo así que Bianca volvió a girarse, dejándola tranquila.
Se incorporó y apoyó los pies en el suelo, dispuesta a salir de la cama. Antes de hacerlo se frotó los ojos con las manos, estirándose después. Dejó escapar un bostezo.
-Por fin amaneces. -comentó una voz.
La rubia se sobresaltó, no esperaba que hubiese nadie en la cabaña fuera aparte de Campanilla y ella. Pero, para su sorpresa, Peter estaba apoyando cómodamente los brazos en la madera al pie de la cama, mirando hacía donde habían dormido ambas. Campanilla aún lo hacía, sin inmutarse de lo que pasaba a su alrededor.
- ¿Llevas mucho tiempo ahí? -inquirió Bianca, confusa, aún sin despertarse del todo.
-Un rato.
- ¿Has estado observándonos dormir? -preguntó frunciendo el ceño.
-Podría decirse. -respondió indiferente. -Tampoco había mucho más qué hacer. - el chico se encogió de hombros.
-Peter...eso es... perturbador.
Pan alzó una ceja, pero decidió ignorarlo.
-Venga, levanta. -instó al de unos segundos. -Tengo mucho que explicarte. Y el desayuno se va a enfriar.
Bianca alzó la cabeza, mirándole con cierta sorpresa.
- ¿Has preparado el desayuno?
- ¿No lo ves? -señaló al suelo Peter.
Había dejado una buena cantidad de comida sobre un mantel, como si se tratase de un picnic.
-Mm... supongo que esto te hace un poco menos perturbador. -sonrió burlonamente Bianca, levantándose de la cama.
Así, los dos adolescentes se sentaron cruzados de piernas en el suelo de la cabaña.
- ¿Eso son gofres? -exclamó ilusionada. - ¿Cómo es posible? En la isla no hay forma de...
Peter rió ante su confusión.
-Verás, Bianca, algunas de mis misteriosas desapariciones tienen detrás algo tan retorcido y malvado como conseguir comida en otros reinos. Vivir de lo que da la isla no está mal, pero...de vez en cuando...apetecen otras cosas. -dijo llevándose un gofre a la boca y dándole un mordisco.
Bianca lo imitó, empezando a comer con ansia. Hacía literalmente años que no probaba bocado tan delicioso.
-Esto es genial. -admitió Bianca, saboreando la comida. -Quiero que me prepares el desayuno todos los días, Peter. -bromeó.
Pan tenía la vista clavada en algún punto más allá de la ventana, como si algo hubiese llamado su atención. Sin embargo, no pareció darle mayor importancia. Se giró a Bianca y la miró fijamente.
-Así que a ti se te gana con espadas y comida, ¿eh? -se burló. - ¡Qué masculino!
-Serás tonto...-murmuró Bianca sacudiendo la cabeza y golpeándole en el hombro con el puño, suavemente. Después le lanzó una mirada de ceja alzada. -Además, ¿se puede saber quién te ha dicho a ti que me has ganado?
- ¿Acaso no lo he hecho? -le susurró en tono muy diferente al que había utilizado hasta entonces. Empezó a acercarse a ella provocativamente, posando una mano en su muslo.
Bianca, no esperándose para nada una reacción así, se había quedado muda. Vio claras sus intenciones y consiguió pararle a tiempo, posando una mano en su pecho. Sus rostros se quedaron muy cerca, Bianca podía sentir su aliento...
-Peter...
Un sonido de algo cayendo al suelo los sobresalto a ambos. Una manzana rodó hasta chocar con las piernas de Bianca. La chica levantó la vista para encontrarse con un incrédulo Félix que traía algo de fruta en los brazos.
-Esto...no quería interrumpir...-murmuró. -Dejo...dejo esto y me voy...
- ¡No! -se apresuró a decir Bianca.
Ambos chicos la miraron con el ceño fruncido.
-Quiero decir que... ¡no interrumpes nada! -aclaró con una sonrisa un tanto forzada en aquella más que incómoda situación.
- ¿Seguro? -preguntó Félix, no muy convencido y dirigiéndose especialmente a Pan.
-Sí, sí. -insistió Bianca. -Em... ¿por qué no despiertas a Campanilla?
Félix asintió, lo que fuese por intentar disminuir la tensión que cargaba el ambiente.
- ¿Tú sabías que vendría? -le preguntó Bianca a Peter, en un susurro.
-Sí. -respondió simplemente, ya que era la pura verdad.
Lo había visto llegar por la ventana, era precisamente su encapuchada figura lo que había llamado su atención instantes antes. Bianca le lanzó una mirada llena de sospecha, divagando sobre cuáles habían sido sus intenciones al intentar besarla.
-No, no.-rectificó Peter, dándose cuenta.
La chica alzó una ceja en respuesta.
-Sí sabía...quiero decir, no pensaba que... a ver...-empezó con cierto nerviosismo.
-Aclárate. No es tan complicado, Peter. ¿Lo sabías o no?
-Sabía que vendría porque yo se lo he pedido. Quería reuniros a los cuatro. -explicó. - No sabía que llegaría justo en este momento...tan...inoportuno. -fingió molestia con el "inesperado" giro de los acontecimientos.
Dejaron de susurrar pues Félix había vuelto a acercarse a ellos y meditándolo brevemente, acabó por sentarse al lado de su amigo.
-Campanilla me ha mandado al cuerno no demasiado sutilmente.
-Seguro que la has despertado con extrema delicadeza y por eso está de tan buen humor. -bromeó Peter.
El rubio dejó escapar una media sonrisa, dando a entender que era cierto que no había tenido mucho miramiento al despertarla. Aún así, el hada finalmente optó por aparecer, aún con el moño desecho y cara de adormilada.
-Espero que esto merezca la pena...-refunfuñó.
-Cierto, Peter, ¿para qué querías juntarnos?
-En estos momentos, somos las únicas personas que saben lo que le sucede a Nunca Jamás. Debemos mantenerlo en secreto.
-No será un problema. -murmuró Félix con comida en la boca.
Llevaba tiempo siendo conocedor de la noticia y nunca había tenido ni tan siquiera el pequeño impulso de compartirlo con nadie.
-Lo sé. -sonrió Pan. -Iba más bien para, aquí, las chicas. -extendió la mano a su derecha, donde se encontraban Campanilla y Bianca.
-No diremos nada. -aseguraron ambas.
-Bien, no quiero que cunda el pánico. Hace ya un tiempo, cuando me percaté del problema, fui a ver a una hechicera. Ella me dijo que lo único que puede salvar Nunca Jamás es el niño que tenga el corazón del creyente más puro.
- ¿Tiene que ser niño? -preguntó Campanilla, confusa.
-Hasta ahora no estaba seguro, lo cual dificultaba aún más la búsqueda. El elegido podía ser cualquiera, chico o chica, desde un bebé a un adolescente a punto de cumplir los 18.
-Con los chicos es fácil, la sombra los trae y podemos ponerlos a prueba. Pero con las chicas...
- ¿A qué te refieres con ponerlos a prueba, Félix? -quiso saber Bianca.
Estaba llena de preguntas. Había pasado tanto tiempo sin recibir respuestas que ahora que empezaba a tenerlas pensaba explotarlo al máximo.
-Se refiere a probar hasta qué punto llega su fe. -aclaró Pan.
Campanilla rodó los ojos, sabía los métodos que se empleaban en Nunca Jamás para probar la supuesta fe de los niños y los desaprobaba a más no poder. Es más, la horrorizaban completamente. Sin embargo, Peter siguió hablando sin darle oportunidad a replicar.
-Y como bien decía, con las chicas el asunto se complicaba. Hay pocas niñas perdidas. Además, sois más desconfiadas, más avispadas con estos temas...
-Entiendo. -asintió Bianca. -Antes has dicho que hasta ahora no estabas seguro. ¿Ahora sí lo estás?
- ¿Ves? A eso me refiero. Así sois las chicas. -rió Peter. -Efectivamente, ahora tenemos más información. Volví a visitar a la hechicera. La...-trató de encontrar una palabra políticamente correcta. -persuadí... para que fuese más específica.
Bianca no quería detalles. De verdad que no quería ser cómplice de los más que cuestionables métodos que Pan hubiese utilizado.
- ¿Y bien? -instó Félix. - ¿Qué tenemos?
-Esto. -mostró Pan un pedazo de pergamino que acababa de sacarse del bolsillo del pantalón.
- ¿Un dibujo de un muchacho?
-Exactamente. Este niño es a quien buscamos.
Félix le quitó el papel para analizarlo mejor.
-Mi sombra está sobrevolando todos los reinos en su busca. -explicó Peter. Después añadió con menor seriedad. - Incluso le he ordenado ir a la Tierra. Sería curioso que fuese terrestre, ¿no creéis?
-El creyente más puro, con el potencial que eso conlleva... ¿procedente de un mundo sin magia? -se planteó Campanilla, algo incrédula.
-Irónico, sí. -asintió Bianca con una sonrisilla.
-Peter...-llamó su atención Félix al de unos segundos de analizar el papel. -es cosa mía...o... ¿este chico se parece a Baelfire? -preguntó ligeramente confundido.
-Lo hace...-coincidió Pan, dándose cuenta de pronto.
- ¿Quién es ese tal Baelfire?
-Haces demasiadas preguntas, princesa.
-Y tú muy pocas, Félix. -le espetó, mirando fijamente en sus ojos azules.
-Sólo las necesarias. -respondió, sujetándole la mirada.
-Félix tiene razón, ya has tenido suficiente información por hoy. -rió Peter. Después adquirió un tono más serio. - Y Campanilla debería seguir trabajando en el polvo de duende ahora que tiene...la motivación necesaria.
Así, dieron por finalizada la conversación y según terminaron de desayunar; Bianca, Pan y Félix salieron de la cabaña de Campanilla.
-Bien pues ahora tenéis vía libre para hacer lo que queráis. A la noche nos reuniremos en la playa a ver lo que mi sombra trae.
-Supongo que yo iré a llenar baldes al río, en el campamento nos estamos quedando sin agua. -habló Félix, más bien pensando en alto.
-Voy contigo. -se unió Bianca. -No tengo otra cosa que hacer y si vamos los dos tardarás menos.
-Genial, entonces yo desapareceré un rato...
Bianca lo escuchó y se giró inquisitiva.
- ¿Qué vas a hacer, Peter?
-No pretendas saberlo todo, princesa...
Y dicho eso Pan se esfumó sin dar mayor explicación.
- ¿Por qué hace eso? -se exasperó la chica, mirando al otro en busca de apoyo.
-Si no te da explicaciones es porque no las necesitas. -explicó Félix monótona e inexpresivamente.
-Me gusta estar informada.
-Eso es diferente a necesitar la información. -repuso el chico adquiriendo un tono algo burlón.
-Veo que estas de su parte...-se cruzó de brazos, mirando al rubio con sus ojos bicolores entrecerrados.
- ¿Cuántos años tienes? ¿Seis?
- ¡Oye, un respeto! Soy mayor que tú.
Félix se colocó frente a ella, tuvo que mirar hacia abajo para clavar sus ojos azules en los de ella.
- ¿En serio? -le alzó una ceja.
-Mi cuerpo tiene dieciséis años. Casi diecisiete.
-Yo tengo diecisiete.
-Ya, pero mi cerebro tiene veinti... -dudó al instante. - veintidós o veintitrés. Más o menos.
-Buff... ¡estás hecha una vieja!
- ¿Me estás pidiendo una bola de fuego en la cara? -volvió a cruzarse de brazos la chica, en un gesto intento de intimidante. - ¿Es eso lo que me estás pidiendo?
-No te enfades, princesa. -le lanzó una sutil mirada de pies a cabeza y volvió a mirarla a la cara, concretamente a los ojos. - Estás muy bien. -Félix se sorprendió a sí mismo y evitó sonrojarse dándose la vuelta rápidamente. Con sobreactuada indiferencia y comenzando a andar hacía el campamento, añadió. -...para tu edad...
Bianca rodó los ojos exasperada. Después recordó que ésa sería la clase de piropo que le haría el Félix que ella conocía y sonrió, mirándole con cierta ternura.
Mientras, una parte de Félix seguía dando vueltas a cómo había encontrado a Peter y Bianca en la cabaña de Campanilla. Aprovechando que la chica estaba detrás de él y no podía verle, sacó el tema casualmente, con aparente indiferencia.
-Oye, princesa... ¿Pan y tú estáis...? Ya sabes. Quiero decir si tenéis...
- ¡¿Qué?!-exclamó Bianca, sorprendida porque lo preguntase.
Se había convencido a sí misma que ya no tenía ninguna posibilidad con Félix, aún así, se apresuró en negarlo todo.
-No, no, para nada. No tenemos nada. Ni estamos...ni nada.
-Bien. -asintió el rubio con un ligero esbozo de sonrisa que borró de inmediato.
- ¿Bien? -preguntó Bianca, frunciendo el ceño confusa y acelerando el paso.
-Bien porque te ahorrará problemas.
Justo en ese preciso instante, la chica se puso a su altura. Félix la miró de reojo, asintió para sí, dando su propia respuesta por válida.
-Y... oye... por qué... ¿por qué lo preguntabas?
Bianca le miraba fijamente, jugueteando con su pelo rubio. Félix estableció contacto visual con ella durante unos segundos, después apartó la mirada.
-Por nada en especial. -contestó con perfecto desinterés.
"Ya...lo suponía..." se dijo a sí misma tristemente, Bianca.
Se sumieron en un silencio absoluto, cada uno inmerso en sus propios pensamientos. No resultó incómodo. Dieron unos cuantos paseos llevando baldes de agua del río al campamento, finalmente hablando de cosas sin importancia que surgían al momento.
Bianca aprovechó para preguntarle sutilmente sobre su vida anterior a Nunca Jamás. Por un lado, porque quería saber qué recordaba el chico y por otro para no cometer ella el error de decir algo que se suponía que debía desconocer.
No quería que él supiese que se conocían de antes porque, que lo hiciese cuando no se acordaba, a ojos de Bianca, resultaba demasiado violento e incluso patético, pues ella sí que no podía olvidarlo. Y había tenido años para hacerlo...
-...pues...Eso es básicamente. -finalizó Félix.
"Se acuerda de todo...menos de mí..." pensó tristemente Bianca y entonces cayó en la cuenta de que no le había respondido. Dejó los baldes de agua en el suelo, deteniéndose. No podía quedarse callada como si lo que le había contado le resultase normal. Tenía que fingir que era la primera vez que oía de sus miserias. Pensó en qué decirle, pues el chico que se encontraba ante ella, tras esa aparente indiferencia, fuerza y seguridad; no era más que un niño perdido. Y si no se acordaba de ella, quería decir que tampoco se acordaba de que alguien le había apreciado alguna vez.
Félix se detuvo también al ver que Bianca no le seguía el ritmo, se giró a mirarla sin comprender. Para cuando quiso darse cuenta la chica le había quitado los baldes de agua de las manos y los había colocado en el suelo. Acto seguido, Bianca se sentó. Le estiró suavemente de las ropas al rubio, para que la imitase. Éste lo hizo con incomprensión.
-Lo que me has contado...-empezó Bianca, mirándole fijamente a los ojos. -...lo siento mucho, Félix.
El chico rodó sus ojos azules y soltó un bufido.
-Y eso que no te he contado los detalles...-murmuró amargamente, no le agradaba recordar su pasado y Bianca sabía que probablemente la estaría maldiciendo en sus adentros por haber sacado el tema.
"Tampoco es como si no los supiese..." se reprimió de decir. En su lugar, posó una mano cariñosamente en el brazo de Félix.
-Nadie debería pasar por...
Ni si quiera pudo terminar la frase, la interrumpió una risa sarcástica.
-Creo que te lo estás tomando demasiado en serio, princesa...-restó importancia Félix.
Fue Bianca quien soltó un bufido entonces. Incluso dejó escapar una media sonrisa entre divertida y resignada.
-Está bien, quieres hacerte el tipo duro. -sentenció levantándose. No pudo evitar imitar un tono varonil y añadir con cierta burla. - Mi pasado no me afecta, lo tengo superado.
Félix fue a abrir la boca para replicarle, pero la chica no le dio ocasión.
-No quiero ser mala, pero por algo sigues siendo un niño perdido. -sentenció.
Bianca sabía que culpar a un Félix con amnesia de que la hubiese abandonado para unirse a los niños perdidos no estaba bien. Así que lo intentó de otro modo, dulcificando el tono de voz.
-Sé que crees que Peter te salvó y por eso le debes lealtad...
-No lo creo, es un hecho.
"No, no lo es" se mordió la lengua Bianca.
-Tal vez en tu vida hubiese esperanza y nubes de arco iris...-siguió Félix con cierto tono cruel. -...pero en la mía no. Mi padre podía haber acabado matándome.
A Bianca le dolió lo que acaba de escuchar. Se arrepintió de haber empezado la conversación. Realmente, desde un principio, no había tenido ningún sentido que lo hiciese, ¿cómo le iba a convencer de que viese las cosas desde su punto de vista si él no recordaba las cosas como ella?
-Tú no sabes nada de mí. -le espetó con rabia y ofensa. -Aunque... tenías razón antes, parece que hago demasiadas preguntas. No debí haberte pedido explicaciones. -no podía evitar hablar con cierta sequedad. -Ahora vamos, el agua no irá sola al campamento. -dijo cogiendo dos baldes y comenzando a andar.
Félix no tardó en hacer lo mismo. En un par de zancadas la había alcanzado. Tragó saliva al ver el, en aquel momento, duro rostro de Bianca.
-Oye princesa...no quería ofenderte.
-Tranquilo...-intentó esbozar una sonrisa. -Al fin y al cabo, los niños perdidos ni piden perdón ni se arrepienten, ¿no? -le salió un tono manchado con más ironía de la que había pretendido.
Félix no supo qué podía contestarle y se quedó callado. Anduvieron en silencio hasta llegar al campamento. En esta ocasión, sí que resultó incómodo.
Llegaron por fin al Árbol del Ahorcado, dejando los baldes de agua junto con los que habían traído anteriormente. Bianca cogió una cáscara de coco y se la llenó. Bebió de ella con ganas, el agua estaba fresca y sació su sed rápidamente. Un par de gotitas escaparon de sus labios y se las secó con la mano. Los pequeños no tardaron en acercarse, abalanzándose sobre ella para darle un abrazo.
- ¡Estás bien! -exclamó aliviado Lelo.
- ¿Por qué no iba a estarlo? -se sorprendió Bianca, separando ligeramente a los niños, pues la estaban agobiando.
- ¡Habías desaparecido! -exclamaron los gemelos al unísono.
-A lo mejor te había pasado algo...-siguió Presuntuoso.
-Estábamos preocupados...-añadió finalmente Avispado.
-Estoy perfectamente...-tranquilizó, agachándose para ponerse a la altura de los niños. -de verdad que no tenéis que preocuparos por mí...-les dijo con una cariñosa sonrisa, en el fondo le hacía ilusión importarles tanto. Les acarició el pelo.
Los gemelos le dieron un beso, cada uno en una mejilla. Bianca soltó una risilla.
-Creía que estarías enfadados conmigo...-murmuró apenada al recordar la última interacción que había tenido con ellos.
-Sí, bueno...un poco. -asintió Lelo. Se rascó la mancha blanca en su pelo. -Pero se nos ha pasado...
Bianca iba a responderle cuando por el rabillo del ojo vio cómo un chico de piel morena y puntiagudo pelo negro se acercaba a donde se encontraba, aunque evidentemente, no se dirigía a ella. En su lugar se colocó frente al rubio.
-Eh, Félix. -lo llamó y yendo directo al grano, preguntó- ¿Dónde está Pan?
-No está. Ha ido a ocuparse de unos asuntos, deduzco que tardará.
-Perfecto. -murmuró el otro en respuesta, para sorpresa de Félix, quien lo miró con ojos entrecerrados.
Sin embargo, no tuvo que esperar mucho para aclarar sus sospechas.
- ¡Eh, chicos! ¡Pan no está y no lo estará en un buen rato! -anunció el moreno. -Me parece que es un buen momento para hacer una visitilla a la Isla de la Calavera...
Aunque la mayoría de los niños perdidos negaron con la cabeza o intercambiaron miradas de consternación, unos pocos de los adolescentes que lo escuchaban esbozaron una sonrisa traviesa.
Bianca observaba la escena sin comprender.
-Ruffio. -cortó Félix con tono firme, sujetándole de un hombro. -Tú no vas a ir a la Isla de la Calavera. ¡Ninguno de vosotros lo hará! -le gritó al resto. -Pan lo tiene prohibido.
-Por eso es bueno que Pan no esté aquí. -repuso Ruffio en tono chulesco.
-Pero estoy yo. -se impuso Félix.
-Mira lo mucho que me importa. -contestó y fue a darle la espalda, dispuesto a ignorarle.
-Podemos hacer esto por las buenas...o por las malas. -amenazó Félix mostrando el mazo, en señal de que no se andaba con juegos. -...la cosa es que no te voy a dejar ir.
-Quién eres, mejor dicho, ¿quién te crees tú para darme órdenes? -se le encaró Ruffio de mal humor.
-Félix y Ruffio siempre acaban discutiendo cuando Pan no está...-explicó Avispado a Bianca, que parecía sinceramente perdida con lo rápido que había explotado la tensión entre ambos chicos.
- ¡Qué pena no haber podido presenciar antes la guerra del macho alfa! -ironizó aburrida, sentándose en un tronco cortado.
Los niños perdidos la miraron sin comprender, aunque se colocaron a su alrededor, sin perder detalle de la pelea.
-Bah, Ruffio es tonto. -sentenció Presuntuoso. -Todos saben que cuando Pan no está manda Félix.
Bianca sin embargo no las tenía todas consigo. No le gustaban las formas de Ruffio y estaba claro que el chico y ella no se llevaban especialmente bien, pero... Bianca también tendría ganas de ir a un lugar al que Pan le prohibía ir sin dar ninguna explicación.
- ¿Te crees muy importante por ser la mano derecha de Pan? -le escupió el moreno a Félix.
-Es la segunda vez que lo recalcas en poco tiempo...noto cierta envidia, Ruffio. -contestó con una media sonrisa provocativa.
- ¿Envidia? Nah...-negó con la cabeza. - que yo sepa las manos derechas siempre han sido para hacerse pajas.
- ¿Qué es hacerse una paja? -preguntó en bajito Lelo, para que no lo oyesen más que Bianca y sus amigos.
-Bianca no puede saber lo que quiere decir, es una expresión de la Tierra. ¡No se usa en el Bosque Encantado! -exclamó Avispado, como si estuviese molesto porque Lelo no se hubiese dado cuenta de algo, en su opinión, tan obvio.
-La paja ya existe, no puedes hacerla. -murmuró Rizos, confuso, pensando en el tallo de cereal.
Bianca en cambio estaba más atenta a los adolescentes, alguno de los amigos de Ruffio había soltado una carcajada. Félix había dejado escapar un bufido divertido, como si le hubiese hecho gracia a él también. Parecía haberlo entendido, Bianca supuso que tanto tiempo conviviendo con gente de diferentes reinos había hecho que aprendiesen las expresiones que usaba cada uno.
De pronto, sin que nadie se lo esperase, Félix echó su mazo atrás y lo estampó contra la cara de Ruffio. Salpicó algo de sangre. Ruffio se la limpió de mala gana y mirando al alto con verdadero odio, sacó su espada.
- ¿Quieres otra cicatriz a la izquierda? -preguntó, atacándole con ella.
Félix fue más rápido y se protegió con el brazo, donde la espada le rompió la tela y le abrió una herida.
- ¡Ya vale!
Una bola de fuego pasó entre ambos chicos.
Bianca se había levantado de golpe, harta del absurdo espectáculo.
- ¡Estáis comportándoos como cri...- se dio cuenta de la estupidez que estaba a punto de decir -...verdaderos idiotas! - se auto corrigió. -Pan no está, hagamos algo que tiene terminantemente prohibido. ¡Brillante, en serio! -se burló. Toda razón que podía haberle dado a Ruffio anteriormente se había esfumado. - ¿Por qué no prendemos la isla en llamas? Sería menos suicida. -espetó sarcástica.
Inspiró aire. Gritar tanto le estaba dejando sin respiración. Le costaba acostumbrarse a respirar. Adquirió un tono ligeramente más amable y se acercó a los dos chicos.
-Ruffio, si tanto quieres saber sobre la Isla de la Calavera pregúntale a Peter, oblígale a darte una explicación. -lo pensó durante un segundo. Siguió hablando, era como si no pudiese parar. -Porque no lo sé, pero tal vez no se pueda ir por algún motivo del tipo...tu vida correría un grave riesgo. Que digo yo que por algo se llamará la Isla de la Calavera y tendrá forma de Calavera. Os recuerdo que esto no es un maldito paraje natural. ¡Nunca Jamás es una invención! Así que...no puede ser casualidad, tiene que haber una razón. Puede que se te quiten las ganas de ir si la descubres.
-No acepto consejos de alguien que sólo está aquí para ser el entretenimiento privado de Pan.
-Eh, trátala con más respeto. -intervino Félix volviendo a amenazarle.
-Perdón. -fingió disculparse. - ¿Debía haber añadido que también lo es para el tuyo?
-Estoy tan harta...-murmuró Bianca. -tan cansada...-siguió en el mismo tono inexpresivo. Repentinamente le propinó a Ruffio un fuerte puñetazo. El chico cayó al suelo semiinconsciente.
-Silencio...-disfrutó Bianca, cerrando los ojos y sonriendo.
Volvió a abrirlos y se giró sobre sus talones. Sus ojos bicolores se encontraron con los azules de Félix.
-Y tú...-ni siquiera sabía qué quería decirle. -simplemente intenta no ir pegando a la gente con el mazo.
-No prometo nada...-fue la indiferente respuesta del rubio, que se inspeccionaba la herida del brazo.
La sombra de Pan llegó en ese momento, colocándose a su lado.
-Peter os quiere en la playa. -informó.
-Pero...-Bianca estaba confusa. -aún no ha anochecido...
-Hay novedades.
Félix asintió, sabiendo que algo pasaba. Agarró a Bianca de un brazo, instándola a que no hiciese preguntas y lo siguiese.
Llegaron a la playa lo más rápido que pudieron y se encontraron con Pan, cruzado de brazos, mirando al horizonte. Se giró al notar que había alguien más y sabiendo que eran ellos, sonrió a modo de bienvenida. La más que notable herida en el brazo de Félix llamó su atención. Arqueó ambas cejas.
- ¿Y eso?
-Ruffio...-espetó. Sin embargo, acabó por esbozar una sonrisa ladeada. -él está peor, créeme.
Bianca rodó los ojos.
-No me cabía duda. -fue la respuesta de Peter.
-Vale, ya que habéis sacado el tema, ¿por qué no se puede ir a la Isla de la Calavera? -aprovechó Bianca.
- ¿Qué tiene que ver eso?
Pan estaba confuso.
-Tú simplemente contéstame. -exigió en tono firme.
-La Isla de la Calavera es el lugar clave de Nunca Jamás, marca la frontera con otros reinos. Fue el primer lugar en crearse de toda la isla y por eso la cueva contiene un gigantesco reloj de arena que marca el nivel de magia de Nunca Jamás, y, con ello su esperanza de vida. Ya apenas queda arena. -explicó brevemente.
- ¿Por eso les prohíbes ir a los niños perdidos? ¿Es porque no quieres que ninguno descubra que Nunca Jamás tiene fecha de caducidad?
-Sí, es la razón principal.
Bianca asintió, no dándole mayor importancia a la elección de palabras de Pan.
- ¿Y qué relación tiene esto con lo de Ruffio y Félix? -quiso saber el chico.
No necesitó respuesta, según lo dijo en alto una idea cruzó su mente.
-No me digáis que... ¡ese idiota! -exclamó con verdadero enfado. -Ya verá...
-No, Pan...-pidió Bianca. -déjalo estar...bastante tiene...
-Sí, aguantarse a sí mismo debería ser castigo suficiente. -asintió Félix.
Bianca no pudo evitar mirarle soltando una risilla.
-Está bien...sólo porque estoy de buen humor. -aceptó Peter, sonriendo también.
- ¿Por qué de buen humor?
- ¿Has encontrado al niño?
-No. Pero mi sombra me ha informado de que el Bosque Encantado ha desaparecido. Al menos gran parte de él. No se ha salvado más que una pequeña península inhabitada si no contamos a fugitivos y piratas... tal vez algún refugiado que se ocultaba de la reina.
- ¿¡Cómo es eso una buena noticia!?-exclamó Bianca horrorizada.
¿Se suponía que el reino en que había vivido toda su vida ya no existía? ¿Qué toda la gente que conocía estaba...muerta?
-Ha sido fruto de un maleficio de la reina malvada. Ha desterrado a todos a la Tierra. Y el hechizo, de alguna forma, ha paralizado el tiempo. En el Bosque Encantado y parcialmente, aquí. ¡La arena del reloj cae más despacio! ¡Tenemos tiempo! -Peter estaba eufórico. -Y no sólo eso, la Tierra es el lugar más fácil del que traer niños. ¡Es tan indefensa ante la magia! En el momento que ese niño nazca, en el momento que su fe alcance su estado más puro...será nuestro.
-Eso está bien. -aprobó Félix, asintiendo con la cabeza.
- ¿Bien? ¡¿Bien?! ¡Si tuviese a la Reina Malvada delante le daría un beso! -bromeó Peter. -Bueno, voy a ir a informar a Campanilla de que ya no necesitaremos el polvo de duende. -comenzó a andar hacía la jungla. - Aunque no estaría mal que lo activase. Su magia es poderosa, siempre puede venir bien. -pensó en alto.
Bianca permaneció seria y pensativa, dando vueltas a la información que Pan acababa de compartir con Félix y con ella. "Así que... Regina lo ha logrado." se dijo a sí misma.
La reina malvada tenía su victoria. Había conseguido la venganza, cumplido su propósito en la vida... Bianca no pudo alegrarse por ella y ese sentimiento iba mucho más allá del posible rencor que podría guardarle por haberla dejado a su suerte. Era más bien lástima. Pensó que su corazón estaría más vacío y negro que nunca. No tenía palabras para lo que Regina había hecho... y tampoco tenía vuelta atrás.
¡POR FIN HE SUBIDO UN NUEVO CAPI! PIDO MIL DISCULPAS POR NO HABERLO HECHO ANTES Y TAMBIÉN PIDO PERDÓN POR ADELANTADO PORQUE TAL VEZ TENGA QUE HACER UN PEQUEÑO PARÓN. SÉ QUE SOY MUY IRREGULAR PERO PROMETO QUE SIEMPRE VOLVERÉ
LILY: DE NADA, ME ENCANTA QUE TE HAGAN ILUSIÓN LOS DOS CAPIS. ¡OJALÁ TENGAS TIEMPO PARA ESCRIBIRME UN COMENTARIO LARGO DE LOS TUYOS QUE TANTO ME GUSTAN PRONTO! SÍ, LO SÉ, SOY UNA PEDIGÜEÑA :P
BCM: MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TU APOYO, DE VERDAD. ¡A MI TAMBIÉN ME GUSTA SU RELACIÓN CON REGINA! ES UNA DE MIS FAVORITAS. Y CON RUMPLE... BUENO, PUEDE QUE POR EL MOMENTO NO HAYAN TENIDO MUCHO CONTACTO PERO RECORDEMOS QUE LA CAJA SE LA DIO ÉL Y... JUGARÁ UN PAPEL IMPORTANTE EN LA HISTORIA. ESPERO QUE ESTÉS SATISFECHA CON LAS INTERACCIONES CON PAN Y FÉLIX EN ESTE CAPÍTULO jajaja Y SIENTO HABERTE DECEPCIONADO AL NO ACTUALIZAR, DE VERDAD QUE NO ES MI INTENCIÓN. NO PIENSO DEJAR ESTA HISTORIA, ES SIMPLEMENTE QUE NO SIEMPRE TENGO TODO EL TIEMPO QUE ME GUSTARÍA DEDICARLE.
BESOS!
