Disclaimer: todos los personajes pertenecen a la gran Rumiko Takahashi, yo solo los tomo para deleitar a quienes me leen y satisfacer mis perversiones.
Nota: Gracias a mi querida beta reader Kim, quien siempre me envía sus mensajes acosadores con palabras de ánimo! Eres grande mi Kim!
Capítulo 10
Trampa.
A la luz de la luna llena nada es lo que parece.
Sin darme cuenta, el amanecer nos llega disfrutando del cuerpo del otro. Su olor está tan impregnado en mí ser que no puedo olfatear nada más. Estoy hechizada, él me ha hecho caer en un embrujo en el que no puedo pensar nada más que en el placer.
Al entrar en la tienda me acuesta sobre las suaves y cómodas telas, acomodando mi cabeza en los suaves almohadones, que he conocido hasta el día en que he sido su prisionera. Me besa el cuello y luego toma mis labios con los de él, su beso es tierno uno que me derrite desde adentro.
—Te quiero a mi lado —su voz es tan suave y mis fuerzas están tan débiles que no sé si estoy soñando o él me lo está diciendo en realidad—. No me importa quien hayas sido en el pasado, quiero a tu yo presente y deseo que sea para siempre.
Con esas palabras baja por mis pechos dándoles pequeños besos a cada una de mis perlas erectas, yo me arqueo, no sé si por la sensación o porque sus palabras me llegan hasta lo más profundo. Sus labios besan con delicadeza mi vientre y luego estos se posicionan en mi intimidad brindándome uno de los placeres más corruptos y prohibidos para nuestra raza, pero que con él se convierten en un deleite y adicción.
Su lengua se posiciona en mi pequeña perlita sintiéndola hinchada de placer, mientras que uno de sus dedos se mete en mi interior, ¿será este placer real? ¿Será que puedo confiar en él?
—Confía en mí... —responde como si pudiera leerme el pensamiento y eso me hace gemir—. Kagome...
Por primera vez, en un encuentro carnal, él pronuncia mi nombre, no «humana» como siempre suele hacerlo, sino Kagome.
—Dilo otra vez... por favor... —suplico extasiada.
—Kagome...
—¡Oh!
El placer va inundando mi cuerpo, la manera en que me toca, el sonido de su voz me envuelven en un éxtasis que jamás he sentido, me siento cálida y húmeda, feliz y rebosante, así que me entrego por completo a él y al placer que me está regalando, porque una ofrenda como esta, estoy segura que el dios Demonio jamás se la ha entregado a alguien más, todas sus concubinas han servido para su placer, pero en esta ocasión él me lo está ofreciendo a mí.
—¡Oh! ¡Gran dios Sesshoumaru! —grito complacida al momento que mi orgasmo me recorre desde la punta de mis pies hasta mi cabeza, si esto es lo que ha sentido cada vez que él se ha hundido en mi interior, entonces entiendo el porqué de su adicción.
—Debes de descansar, de lo contrario, no me servirás más —muevo la cabeza casi como si fuese un ser sin voluntad.
Jadeante, exhausta y satisfecha caigo en un dulce sueño, pero lo más sorprendente es que él se queda junto a mí abrazándome, por primera vez me siento una mujer complacida.
Al término de la mañana, cuando el sol está en su punto más alto, Sesshoumaru por fin se aleja de mí dejándome al cuidado de las dos demonios. Ninguna de ellas me habla y me parece bien, la última vez que una lo hizo yo terminé siendo ultrajada y ella ejecutada ante mis ojos y ante la presencia de quien entendí, era su amante, engañando de esa manera a su dios y amo.
Las demonios me llevan a un pequeño lago cerca de allí, me bañan con cuidado perfumando cada una de las partes de mi cuerpo, lavando mi cabello como lo han hecho en el castillo también. Durante el resto del día y la noche no vuelvo a ver a Sesshoumaru, lo cual me hace descansar.
No puedo negar que él está conquistando mi corazón, aunque eso sea tan incorrecto como entregarse a un hombre sin que éste esté atado a una por el matrimonio, pero no puedo seguir negándome lo que estoy empezando a sentir, especialmente cuando creo que él también está sintiendo lo mismo por mí.
—Bebe —escucho una voz y me muevo suplicando porque me dejen descansar un poquito más—. Bebe.
La insistencia y la falta de emoción en aquella tonalidad, me hacen abrir los ojos para darme cuenta que es Kanna quien sostiene una sustancia verde frente a mí.
—¿Qué es?
—Bebe —insiste con sus ojos vacíos colocándome el cuenco en mi boca, ¿por qué quiero preguntarle algo a una mujer que no sabe ni siquiera que está viva?
La sustancia huele de manera espantosa, pero la bebo ya que sé que es mi obligación, así que luchando contra el rechazo que hace mi estómago por lo amargo y lo asqueroso, consigo ingerirlo todo. Al terminar, ella sale de la tienda dejándome sola.
Comienzo a escuchar como mi corazón late con fuerza, mis latidos resuenan a mí alrededor, ¿qué está pasándome?
—¡Sal! —me ordena Sesshoumaru al momento de correr la tela de la tienda para verme.
—¿Qué... ¿Qué me está pasando?
Su mirada se endurece, como si estuviese diciéndome con ella que no volverá a repetir su orden, ¿cómo podría saber algo así, si no me ha dicho nada? Quizás solo sea mi experiencia con él, sé que no es alguien que le guste repetir dos veces lo que solicita, así que hago lo que me ordena, sin embargo, cuando intento pararme mis piernas flaquean y me caigo sobre el suave pasto.
Gruñe y me imagino que es de frustración, sé lo que debe de estar pensando, que por eso odia a los humanos, porque somos débiles y frágiles, así que me apoyo sobre el pasto impulsándome con toda mi fuerza para poderme levantar y esta vez sí consigo salir de la tienda.
No sé qué está pasando, todos sus guardias me observan como si fuese una pequeña presa que está a punto de ir al peor ritual de su vida.
Me agarra del cuello separándome del suelo, me empiezo a asfixiar. Mis manos pelean contra sus enormes garras que amenazan con quitarme la vida, ¿por qué estoy peleando por algo que he buscado desde que caí en su poder? Porque los humanos somos de esa manera, cuando llega nuestro momento, a pesar de que lo hemos venido buscando, pero sabemos que con ese final no habrá marcha atrás, una vez que se consiga el cometido todo terminará, no queremos realmente perder nuestra vida.
—Harás lo que yo ordene humana y mi deseo es simple: aniquilar a tu prometido.
Ni siquiera puedo externar palabra alguna, él dijo que le perdonaría la vida si se retiraba, que no le haría daño, y a pesar de mis intentos, creí que él estaba enamorándose de mí así como yo lo estaba haciendo.
Mis ojos se cierran en contra de mi voluntad.
Todo está envuelto en penumbra, como si al caer la noche la princesa Yukki rodeara todo con una espesa neblina que no me deja ver más allá de mis brazos extendidos, pero voy caminando como si conociera el lugar, como si mis pies descalzos reconocieran el terreno que piso y estos me guiaran a mi destino.
Voy caminando por un inmenso páramo, desolado, un pasto seco que resuena en mis oídos indicándome que en algún momento alguien quemó el lugar, inclusive puedo sentir todavía el intenso olor.
Voy semi desnuda, mi vestimenta está desgarrada, inclusive con uno de mis senos a la vista de cualquiera, mi muslo izquierdo también al descubierto y con cada paso que doy, cualquier pudiera ver mi intimidad también, pero no hago ningún movimiento más que caminar, como si fuese alguna especie de fantasma o un muerto viviente que están manejando a una larga distancia.
En medio de aquel páramo me detengo y luego me arrodillo, observo que de mi brazo izquierdo sale mucha sangre, pero no me duele, eso es más que extraño, sin embargo, llevo mi mano derecha hasta la herida y comienzo a llorar, ¿por qué estoy llorando si no es eso lo que estoy sintiendo? De hecho, no siento ningún tipo de dolor, ¿qué está sucediéndome?
Con mi cabeza abajo no puedo observar nada, pero escucho unos gritos y cuando la levanto, veo que un hombre viene corriendo hacia mí, ¿quién es? ¿Será Sesshoumaru? Nunca lo he visto correr, ni tampoco preocupado, la única expresión que he conocido de él es la rabia, aquella con la cual aniquiló a Rin e hizo pagar a los malhechores que perpetraron aquel repulsivo acto, o sus engaños, por medio de los cuales en algún momento de debilidad me hicieron pensar, que podría importarle.
Se acerca cada vez más, gritando mi nombre, ¿cuál era? Él solo me llama por «tú» o «humana».
—«Kagome»
Grita el hombre de cabellera negra que se va acercando a mí, su rostro me es familiar, ¿quién es?
—«Kagome»
Repite mi nombre, el cual se expande contra el viento, y al momento en que me alcanza me estrecha entre sus brazos con tanto amor que en esta ocasión me dan ganas de llorar, su cuerpo es cálido y sincero, sus lágrimas mojan mis hombros que están desnudos. Se separa de mí colocándome parte de su ropa de batalla, sus manos son grandes y suaves, es alguien que nunca ha trabajado en el campo, un hombre con una buena posición, quizás algún feudal.
—«¿Qué te han hecho pequeña?»
Su voz es solo un susurro, lo puedo escuchar como el eco adentro de una enorme cueva, pero no lo puedo entender, y aunque deseo preguntarle quién es, quién soy, no puedo hacerlo, porque la única orden que tengo es que mis ojos lo engañen porque mi voz jamás podría hacerlo. ¿Engañarlo? ¿Por qué debería de engañarlo?
Con uno de sus dedos retira mis lágrimas instándome a pararme con suavidad, su tacto es amoroso, como si con él estuviera transmitiéndome sus sentimientos: te he extrañado, te quería a mi lado; pero, ¿quién es? ¿Por qué se preocupa de esa manera por mí?
Eso no debe de importarte, resuena una voz en mi cabeza, así que obedezco.
La intensa neblina continúa trastornando mis sentidos, pero una voz domina mi cuerpo, no puedo escucharla, pero la puedo sentir.
Me levanto con letargo agarrando un cuchillo que tengo oculto en el lazo que ciñe mi vestido, a la altura de mi espalda, el hombre de cabello negro largo en trenza, me da la espalda intentando huir conmigo, pero al instante en que siente como la hoja afiliada de mi pequeña arma se entierra en su espalda rasgándolo cae sobre sus rodillas. La neblina poco a poco va desapareciendo.
—«Ka...gome».
Repite el hombre que está postrado en el suelo escupiendo sangre, intentando huir de mí, pero yo no me muevo, me quedo inerte observándolo y sosteniendo el cuchillo ensangrentado. La neblina casi desaparece y a medida lo hace mi conciencia va regresando.
Todo se va volviendo más claro reconociendo al hombre que está tirado, mi mano suelta el arma y yo caigo al suelo asustada por mis actos.
—¿Por... qué Kagome...?
—Ban...Bankotsu... —gimo adolorida llevando mi mano derecha a mi boca para evitar gritar, ¿por qué he herido de esa manera a Bankotsu? ¿A mi propio prometido que venía a rescatarme?
No recuerdo nada, lo último que viene a mi mente es estar en el carruaje.
Veo como todos los hombres de Bankotsu salen corriendo de su escondite para intentar protegerlo, pero a mi espalda salen todos los demonios que están bajo el poder de Sesshoumaru para cazarlos, destruirlos y matarlos. Todos nos rodean dejándonos a nosotros dos sin tocarnos, no entiendo porque lo hacen hasta el momento en que el maldito del dios Demonio aparece a mi lado izquierdo y su dragón de dos cabezas al derecho.
—Díselo —me ordena, ¿decirle qué?
Que me amas.
—Lo... Lo siento Bankotsu... Lo siento... —le pido disculpas y a pesar que estoy llorando mi voz sale sin ninguna clase de emoción, como si la persona que está muriendo frente a mí no significara nada.
Díselo.
—Nunca debiste de haber venido, porque mi amor por ti nunca existió...
Me quedo callada y a pesar de que siento un terrible dolor en mi corazón mi voz continúa saliendo sin ninguna clase de sentimiento.
Continúa.
—El amor... lo conocí junto al dios Demonio y desde el momento en que conocí su hombría, supe que tú no estarías a mis pies —los ojos de Bankotsu se llena de lágrimas y su semblante cambia por uno de dolor y odio.
—¡Maldita seas Kagome! ¡Maldita seas! —sus gritos me aterran, mi alma, lo único que me quedaba intacto, también ha sido corrompida por el dios Demonio.
Sesshoumaru coloca una de sus garras en la frente de Bankotsu y al momento de decirle «Muere», un destello de luz lo atraviesa dejándolo su vida. Vuelve a ver a sus séquitos y todos se comienzan a retirar. Con su fuerza descomunal me monta sobre el dragón para salir volando.
En el aire, encima de todos los soldados de Bankotsu y con el cuerpo de él tirado a un lado, saca su espada dirigiéndola al cielo, éste se pone oscuro cubriéndose de nubes como si una terrible tormenta estuviese a punto de caer.
Un rayo cae sobre su espada y a su vez él lo deja caer sobre todos los soldados debajo de nosotros, incinerando el lugar y a cada humano con ello.
Nuevamente la penumbra me invade y caigo desmayada sobre el inmenso animal de pies escamosa que me lleva por los aires, solo puedo observar como aquel páramo empieza a arder calcinándolos a todos y algunos demonios con él, ¿hasta dónde llegará su crueldad?
Palabras de mi beta, hablando de lo corto del capítulo:
«Al inicio pensé ¿5 hojas? ¿Por qué?, pero luego de leerlo, me di cuenta que agregarle o quitarle sería un gran error»
Así que sí, este capítulo viene corto, pensé (aun así, como dijo ella) agregarle más; le ponía y le quitaba y no, no me agradó, así que preferí dejarlo así de corto, pero es que después de leerlo completo, ustedes mismas se darán cuenta que ya no necesitaba más, en sí, este capítulo solo tenía un propósito y fue cumplido.
Espero que les agrade este capítulo, sí, es posible que muchas quieran matarme, pero ni modo jejejeje por lo menos tienen algo que leer.
Así que gracias a quienes me han comentado: Luna, Andy taisho, Kristyn Herz, Blacklady Hyuuga, Ale keler de taisho, Veros, Sakata-2, mimato bombon kou y Joy, y al resto que solo lee pero no me deja nada, ¡vamos chicas! Ese es mi alimento, denme de comer por favor, si no, dejaré en eterno hiatus al oscuro secreto.
Y finalmente mis notas:
1) Todavía estamos en espera de lo que significan esos sueños, no se preocupen lo descubrirán a su debido tiempo.
2) Sí, a la pregunta de Veros. No diré más porque ya lo verás, eso se explicará en el POV de Sesshoumaru.
3) Me encanta que me digan que les gusta mucho cómo narro cada capítulo, espero que también puedan sentir algo aunque sea un poco de lo quiero transmitir.
