Capítulo X: El enemigo de mi enemigo

La vida en el Búnker durante la última semana había sido como unas pequeñas vacaciones para los chicos. Debido a la fractura de Sam en el brazo derecho habían decidido tomarse un tiempo lejos de la acción y se pasaban las horas investigando viejos libros de los Hombres de Letras, mejoraban su puntería en la galería de tiro e incluso veían capítulos de Juego de Tronos...

Toda esa relativa normalidad estaba volviendo loca a Emma. Desde que había llegado al mundo de Sobrenatural había estado tan ocupada que apenas se había planteado la posibilidad de no volver a ver nunca más a su familia y amigos. Pero, ahora que se pasaba los días encerrada entre cuatro paredes y la adrenalina había desaparecido, no dejaba de pensar en otra cosa. Cada noche, en la soledad de su habitación, rompía a llorar mientras veía las fotos de sus seres queridos en su viejo móvil. Sentimientos encontrados afloraban de su interior; por un lado, quería volver y dejar el mundo en el que se encontraba atrás. Por otro lado, no quería abandonar a Sam, ni a Castiel, ni siquiera al demonizado Dean, quería ayudarlos en todo lo que pudiera. No quería ser egoísta y simplemente abandonarlos ahora que sabía que realmente existían y no eran personajes de ficción.

Sam, por su parte, ignoraba por completo como se sentía Emma pues la chica no había mostrado nunca su debilidad frente a él. Siempre que estaban juntos ella ponía el mejor de sus semblantes y bromeaba con él, sabía que el menor de los Winchester ya tenía suficientes problemas como para ocasionarle uno más con sus penurias.

Era de noche, Emma y Sam se encontraban en la habitación de este último viendo la televisión. La chica hacía rato que no prestaba atención al aparato, y notó como las lágrimas empezaban a amontonarse en sus ojos, así que decidió retirarse antes de romper en llanto ahí mismo

-Voy a dormir. -dijo mientras se levantaba de la cama evitando que Sam le viera el rostro.

-¿Tan pronto? -preguntó Sam mirando el reloj, eran apenas las nueve de la noche.

-Estoy cansada. -fingió una sonrisa la chica mientras Sam se fijaba en los ojos hinchados de esta.

-Buenas noches entonces. -suspiró el chico.

-Buenas noches. -dijo Emma con la voz un poco quebrada antes de encaminarse por el pasillo hacia su habitación. En segundos, notó como las primera lágrimas empezaban a brotar de sus ojos y caían sin control por su rostro. Corrió hacia su habitación y de un portazo cerró la puerta mientras se dejaba caer abatida sobre el colchón.

Los pasos fuertes de la chica hacia su dormitorio y el portazo que le había seguido alertaron a Sam de que algo no iba bien. La puerta de la habitación de Emma sonó, el chico estaba picando con sus nudillos sobre ella.

-Emma, ¿te encuentras bien? -preguntó Sam desde el otro lado mientras Emma sollozaba sin parar. -Voy a entrar, ¿vale? -continuó hablando el chico, que entró en la habitación. Su corazón dio un vuelco cuando vio a su amiga tan desconsolada. -Eh, Emma. Estoy aquí. -dijo mientras se arrodillaba ante ella y con el brazo sano la atraía hacia él para abrazarla, Emma apoyó su cabeza sobre el hombro del cazador. -Todo va a salir bien, tranquila. -trataba de calmarla mientras le acariciaba el pelo. Ninguno de los dos fue consciente del tiempo que pasaron así, en la misma postura, sin moverse hasta que la respiración de la chica se volvió regular.

-Te he dejado la camisa arruinada con mis lágrimas, lo siento. -habló la chica mientras se separaba levemente del hombro de Sam. Este le acarició el rostro secando las lágrimas que quedaban. -¿Eso es lo que te preocupa? -le sonrió el chico mirándola a los ojos mientras apoyaba su frente en la de ella. No sabía que estaba haciendo, pero verla tan rota le había dañado el alma, no soportaba verla sufrir. Dirigió su mirada a los labios de la chica, se moría de ganas de besarla y de hacerle olvidar cualquier pensamiento doloroso que hubiera cruzado su mente. Pero no era justo para ella, no quería hacerle daño, en su vida no había lugar para el romance. Nunca acababa bien... Sam, siendo más fuerte que sus impulsos, se retiró levemente rompiendo la tensión que había surgido entre ambos y la besó con suavidad en la frente mientras Emma cerraba los ojos.

-¿Estás mejor? -preguntó el chico con preocupación.

-Eh... Sí, yo sólo... -logró articular Emma algo aturdida tras el acercamiento entre ambos. -Supongo que necesitaba estallar en algún momento. Después de todo, esto es demasiado...

-Todo esto es demasiado abrumador, lo sé. Quiero decir, en ocasiones hasta lo es para mí y llevo toda una vida lidiando con ello. Además imagino lo mucho que debes echarlos de menos... -habló Sam que se había sentado en el borde de la cama junto a ella. -Te prometo que encontraré la manera de devolverte con tu familia, aunque sea lo último que haga. -al pronunciar esta última frase una oleada de tristeza le inundo, no le gustaba pensar en la idea de no volver a ver a Emma nunca más.

-Gracias. -dijo mirándole agradecida. -Sam, no sé que hubiera sido de mi en este mundo sin ti. Doy gracias a que fueras tú el que casi me atropella. -sonrió débilmente la chica. Sam le devolvió la sonrisa.

-Yo también doy gracias porque te cruzarás en mi camino. -le contestó Sam mientras sintió esa conexión especial entre ambos cuando Emma le sonrió de nuevo. -¿Sabes? Deberíamos brindar por ello. -dijo poniéndose en pie, lo que provocó una leve carcajada en la chica.

-¿Qué dices? -preguntó Emma atónita. -Vamos te espero abajo, nos tomaremos algo para celebrar que nos conocimos. -dijo el chico saliendo de la habitación. -Puede que hasta nos emborrachemos. -se escuchó por el pasillo. Emma volvió a reír mientras negaba con la cabeza, se sentía liberada. Ya no tenía que ocultarse más de Sam, ya la había visto en el peor de sus momentos... Se puso en pie y se dirigió al baño para refrescarse la cara antes de bajar a por la copa que le había prometido el chico.

Bajando las escalera escuchó como Sam mantenía una conversación con una voz que le resultaba familiar, al llegar a la gran sala pudo ver que se trataba de Castiel. Ambos estaban sentados alrededor de la gran mesa, dónde descansaba una botella de whiskey.

-Me alegro de verte Cas. -saludó Emma mientras se dirigía junto a ellos. -¿Has venido a unirte a la fiesta? -dijo mientras se servía un poco de whiskey y tomaba asiento.

-Emma. -le devolvió el saludo el ángel. -Estaba hablando con Sam sobre la posibilidad de que me ayudarais a buscar una manera de revertir el hechizo que lanzó Metatrón.

-Metatrón sigue sin hablar. -informó Sam a la chica. -No sé cómo no habéis matado ya a ese hijo de puta...

-Es el único que conoce la manera de revertirlo... -empezó a decir Castiel.

-Sí, pero no habéis sido capaces de hacerlo hablar todavía. -dijo Sam muy molesto. -Si usaréis otros métodos...

De pronto el semblante inexpresivamente común de Castiel cambió, pero no debido a las palabras que Sam había pronunciado, sino a causa de una oscura presencia que presentía.

-¿Llego a tiempo para la fiesta de pijamas, alce? -habló Crowley. Castiel fue el primero en reaccionar y ponerse en pie adaptando una postura defensiva. Sam y Emma lo siguieron. -Te veo un poco pálido plumas. -dijo el demonio mirando al ángel. Y entonces reparó en la tercera persona que había frente a él. -Vaya, un placer querida. Veo que estáis muy bien acompañados por aquí. -guiñó un ojo a Emma.

-Llegas tarde Crowley, hace meses que te convoqué. Lárgate antes de que te mate por todo lo que has hecho. -habló Sam duramente.

-¡Oh, alce! Hieres mis sentimientos. -contestó Crowley en tono burlón. -He venido a hacer un trato donde todos saldremos ganando.

-¡Vete a la mierda! -dijo el cazador.

-Sam, Sam, Sam... -canturreó el demonio. -¿Te gustaría recuperar a tu hermano? Porqué yo puedo ayudarte... -soltó Crowley arqueando las cejas.

-¿Por qué demonios iba a creerte? .preguntó Sam. -Tú lo convertiste en lo que es ahora.

-Porqué no puede controlarlo... -habló Emma que miraba fijamente a Crowley. - Esperabas a un aliado pero Dean sigue siendo un obstáculo para ti, uno más poderoso que tú ¿Verdad?

-Vaya, ahora te rodeas de personas inteligentes... Te felicito, alce. -volvió a hablar el demonio con tono burlón. -La chica está en lo cierto, más o menos. Tu hermano es como un jodido grano en el culo para mí. Lo era como humano y lo es mil veces más ahora como Caballero del Infierno.

-Espera, pretendes entregárnoslo... -pensó Sam en voz alta.

-¡Bravo! -sonrió con sorna el Rey del Infierno. -Y no sólo eso, también me interesa que el cielo vuelva a abrirse, como comprenderéis mis esbirros no se encuentran muy cómodos con tantos angelitos a su alrededor. He oído que estáis teniendo problemas para que el escriba hable, bueno dejadlo en manos de un profesional. -Castiel, Emma y Sam se miraban atónitos ante el ofrecimiento de Crowley. -¿Lo veis? Todos ganamos.

-Ni de broma, no pienso trabajar contigo. -interrumpió Castiel.

-No te hagas el santo ahora conmigo, no sería la primera vez que tu y yo hacemos negocios... -fulminó Crowley al ángel con su mirada. -Piénsalo, haré hablar a ese idiota, recuperarás tu gracia, el cielo se abrirá, blah, blah, blah... y tú podrás estar fuerte para el reencuentro con tu querido Dean. Es un buen trato.

-Lo haremos. -dijo de pronto Sam. El ángel se giró a mirarlo en señal de desaprobación. -Cas, no tenemos nada que perder, vale la pena intentarlo. -El menor de los Winchester suplicaba al ángel con su mirada. Castiel suspiró.

-Está bien, sígueme. -dijo Castiel dirigiéndose al demonio para luego desaparecer de allí usando la poca Gracia que le quedaba. Crowley chasqueó sus dedos y se evaporó junto al ángel. Emma y Sam se miraron, volvían a estar solos.

-Creo que seguimos necesitando esa copa.-habló Emma mientras volvía a tomar asiento. -La mía que sea doble. -dijo Sam imitando el gesto de la chica.

Bebieron durante horas hasta que la botella quedó vacía, y pese a que ambos habían bebido la misma cantidad de whiskey, el cuerpo de Emma no estaba acostumbrado a tanto alcohol. La chica se levantó de la mesa con la intención de retirarse a dormir pero tropezó con la silla cayendo contra el cuerpo de Sam que seguía sentado.

-¡Auch! -se quejó este bromeando. -Ahora ya sé que he de emborracharte para que caigas en mis brazos. -soltó Sam sin pensárselo dos veces a causa del alcohol que corría por sus venas. Mierda, ¿había dicho eso en voz alta?

-Sam, no necesitas emborracharme para eso. -dijo Emma mientras se reincorporaba y sus mejillas se tornaban coloradas. -De- Debería irme a la cama... -balbuceó algo nerviosa. -Buenas noches. -añadió acariciando fugazmente la espalda del chico, al cual se le erizó la piel, y se encaminó hacia su dormitorio. Sam, que seguía en su asiento, observó como la chica se alejaba y sonrío tontamente al pensar que tal vez ella se sentía igual respecto a él.


¡Hola a todos! En primer lugar agradecer de nuevo las reviews que me van llegando, en especial la de ViWinchester y SinaKiev, las cuales me han animado a seguir con la historia. Por cierto, espero que hayan disfrutado de este casi beso entre Sam y Emma... Y le pregunto al resto: ¿Os gustan juntos?

Por otro lado, ya se han descubierto las intenciones de Crowley (ganarse la confianza de Dean para poder entregarlo y ayudar a los ángeles a volver al cielo). ¿Creéis que alguno de los planes saldrá bien?

Espero estar plasmando bien a cada uno de los personajes. La verdad es que el más sencillo de escribir para mi es Emma, pues es cosecha propia. Pero me preocupa no estar captando la esencia de los demás, sobre todo con Cas que me resulta bastante tedioso... Con Crowley me divierto mucho escribiéndolo, inclusive con el demonizado Dean que es todo un desgraciado.

En fin, gracias a todos los que me leéis me hacéis muy feliz!

C.