Hola Chicas que tal estan? les agradezco que continuen conmigo, y sus interesantes y enriquecedores reviews. me encantaria poder complacer sugerencias y responder preguntas, pero apenas yo misma estoy descubriendo la historia, cada dia los protagonistas vienen y me cuentan un pedacito de sus vivencias. Este capitulo que estan a punto de leer, yo misma lo encontre un poco irreal, le di varias vueltas a cambiarlo, pero asi quedo... tratare de subir un capitulo mas por ahi del martes, ya lo tengo. pero, en ocaciones tengo que volver y desviar sucesos o fechas, para acomodar hechos futuros... las dejo yo seguire, Albert esta por reaparecer y tiene mucho que contar...

Reecontrando el Pasado

Capitulo 10

La íntima conversación que habían tenido había abierto todas las puertas de la relación amistosa, familiar que siempre habían compartido. Sus debilidades no eran secreto para ellos, conocían sus vidas pasadas y sabían de los fantasmas que los perseguían.

- No me gusta escuchar mi nombre, Serge me ha venido muy bien y… lo prefiero. – respondió el hombre, franco y de frente a la rubia.

- Si así lo prefieres lo evitare, pero eso no borrara la forma en la que te veo y la persona que eres para mí. Serge es un hombre tan increíble como Stear, así que si es Serge el que quiere quedarse aquí conmigo, pues con el me quedo.

- ¿a ti te molesta que te llame Candy?

- Qué más da, así me has llamado por más de un año, ni siquiera a Dominic lo dejo llamarme así.

- Al doctor Leblanc lo mantienes en línea, ¿le has contado algo de los días en América?

- No, él no tiene por qué mezclarse en esa historia rancia, el pertenece a una vida nueva.

- Tienes razón, no hay por qué mezclar, yo intente hacer algo así en algún momento.

- ¿Ruth?

- Mmm, si… ya veo que recuerdas nuestro primer encuentro.

- Me impresionaste y me llamo la atención escuchar que dejabas atrás en las posibilidades de la guerra a quien supuse tu esposa, novia.

- Una acompañante nada más, una mujer que unió su mala fortuna con mi soledad.

- No debiste dejarla… - la frase de Candice se vio interrumpida por el sonido de la puerta abriéndose, para dejar entrar la figura fatigada de Dominic.

- Buenas tardes… - saludo con voz cancina

- Te ves cansado doctor- le saludo Candice, aceptando el tibio beso que el hombre le dedico

- Estoy muerto, jamás creí que el trabajo de construcción fuera tan cansado, al menos me pagaron mejor que la fábrica de la semana pasada.

- Serviré la cena, ustedes dos trabajaron mucho el día de hoy. Yo lamento decir que no pude encontrar nada.

- No te preocupes Serge, tu ayuda en la casa es más de lo que podemos pedir – respondió Dominic, tratando de aminorar el malestar del hombre. Mientras se recargaba en el sillón para dejar caer su cuerpo tal pesado era.

- Sé que lo dicen para hacerme sentir bien, pero no desistiré hasta encontrar un trabajo

- Deja de seguir con tus necedades, no quiero escuchar nuevamente eso, eres un miembro de la familia y contribuyes en casa, mejor será que cenemos, antes que me hagas enojar. -respondió Candice, poniéndose de pie, para servir la cena.

La conversación giró en torno a lo deliciosa que estaba lo que había preparado Serge y lo poco que añoraban la comida del hospital. El descanso llego tras una ducha. Tanto Dominic como Candice cayeron cansados, mientras Serge medito lo que había hablado con la rubia esa tarde.

Se había negado a pensar en su hermano, le dolía la separación con él, siempre habían sido una buena dupla. No podía negarse que le gustaría verlo aunque fuera de lejos, quería saber que era feliz.

Paty le dolería más, había soñado con ella en el pasado, había sentido el amor y dedicación que esa chica adolescente le había regalado. Nunca había vuelto a ver una mujer de la forma en la que había visto y sentido a Paty o a la misma Candy.

Cerró los ojos y se negó a pensar en ello, tenía que seguir adelante con la vida que ya había construido y seguir en la piel de Serge, después de todo la piel de Stear había muerto varios años atrás.

Los meses subsecuentes no fueron diferentes para ellos, el trabajo arduo y la poca paga, fue parte de su rutina. Habían caído en el receso económico y batallaban con sus finanzas al igual que una gran parte de los ciudadanos del país.

Recibieron el año 1941 precariamente, tenían poco que celebrar y también con que celebrar, el frio del invierno de Boston no lo tenían contemplado y tuvieron que adquirir ropa adecuada, para lidiar con las bajas temperaturas y las montañas de nieve.

Fue hasta una tarde de primavera que Candice llego agitada corriendo hasta el departamento, alertando a Serge.

-¿Qué sucede Candy?

-Alguien me está siguiendo… - respondió con el aliento entrecortado. – creí que eran ideas mías, pero ya son varios días que veo al mismo hombre siguiéndome.

- ¿Por qué no habías dicho nada? Yo pude ir por ti al trabajo.

- No estaba segura, pero hoy lo vi al salir del edificio y después me siguió todo el camino….

- ¿En dónde está?

- Corrí las últimas cuadras, no sé en donde quedo.

- ¿Quién puede ser? ¿Quién podría venir detrás de ti?

- No lo sé, no quiero pensarlo, pero tendremos que irnos.

- Tranquilízate, pensemos con la cabeza fría.

- Una hora más tarde, Dominic entraba al departamento, donde Candice en un manojo de nervios trataba de razonar con Serge, mientras sostenía la mano de la rubia.

- ¿qué sucede? - pregunto corriendo hasta Candice- ¿Qué te paso?

- Candy cree que la están siguiendo

- ¿Quién?

- No lo conozco, pero estoy segura, un hombre me esperaba fuera del trabajo y me siguió hasta aquí.

- ¿hablo contigo?

- No, no le di la oportunidad… pero tampoco me quedare a averiguar, ni quien es, ni que quiere.

- No sabemos quién es, tal vez haya sido una coincidencia…

- … O quizá sea la gente del duque.

- ¿el duque? ¿Por qué tendría ese hombre que venir tras de ti? - pregunto Dominic lleno de frustración

- No lo sé, pero es la única persona que sabe que estamos en América.

- Pero no me has respondido por que tendría que venir tras de ti. ¿Qué tienes tú que ver con ese hombre? – insistió Dominic más serio, Candice conocía ese tono de voz y sabía que esperaba una respuesta clara y directa.

- Por la misma razón por la que tuvimos que salir a hurtadillas de la mansión del duque de Loreto, porque esta demente.

- No creo que este demente, lo que creo es que no quieres decirme la verdad y así no sé cómo protegerte.

- Será mejor que nos calmemos, mañana yo podría acompañarte al trabajo y vigilar los movimientos de cualquier persona a los alrededores y también podría ir por ti al final de la jornada.-trato de bajar los ánimos Serge ante la evidente molestia del doctor.

- Lo que tenemos que averiguar es: quién es y qué es lo está buscando de nosotros. – respondió Candy, ignorando el mal humor de Dominic.

- ¿Quieres que lo enfrentemos?

Sin mediar palabra, Dominic se puso de pie y salió hasta el baño para ducharse y encerrarse en la habitación, estaba molesto. No podía entender por qué Candice insistía en seguir guardando sus secretos ante él, no había hecho otra cosa que apoyarla, amarla y estar con ella y simplemente no había logrado avanzar un solo paso.

Molesto y frustrado se hecho en la cama, dejo que la mujer por la que había volteado su mundo de cabeza siguiera tratando de componer el mundo en compañía de Serge, el hombre que había llegado de su pasado y lo había desplazado, ya no eran cómplices ni aliados, al parecer ya no tenía un lugar en la vida de esa mujer.

Una hora después Candice entro en la habitación acercándose a él en silencio. Se sentó en la cama y lo miro recostado con los ojos cerrados, inmóvil en la cama.

- ¿estas dormido?- pregunto Candice con voz suave, posando su mano delicadamente sobre el brazo de Dominic.

- … lo estaba... -respondió sin abrir los ojos.

- No cenaste, ¿quieres que te traiga algo de comer?

- No es necesario, se en dónde está la cocina.

- ¿estas molesto?

- ¿No tengo razones para estarlo?

- No las tienes, no es mi culpa que alguien nos siga.

- Nunca te he culpado de nada, más que de no ser sincera conmigo.

- ¿A qué te refieres?

- A que no eres sincera conmigo, eres hermética y me mantienes fuera de tu vida.

-Te equivocas en cada palabra, yo soy muy sincera y no tengo más vida que la que conoces.

-Bien sabes a lo que me refiero, pero si tú prefieres seguir en tu bunker de emociones, no insistiré más. No puedo obligarte a que sientas confianza en mí.

- Por favor doctor, estas exagerando esto, no hay nada que no sepas. América es un lugar que encierra una época de mi vida que prefiero dejar atrás. No entiendo quien pudiera estar siguiéndome, Boston no es un lugar en el que alguien pudiera reconocerme y definitivamente ni Serge ni yo hemos hecho contacto con nadie.

- ¿Qué tienes tú que ver con el duque de Granchester? Eso de que alguna vez coincidieron en un lugar no es creíble para nadie.

- Yo cruce palabra con el duque un par de veces en el pasado, no te he mentido.

- Entonces por qué está obsesionado por ti, porque tiene que perseguirte de esta manera, no tiene sentido.

- … Dominic de verdad no quiero ahondar en el tema, no es que no te tenga confianza, pero no quiero hablar de lo que paso hace tantos años, yo prefiero no tocar el tema.

- ¿Cómo puedo defenderte entonces? No sé de quién corremos tampoco por qué.

- El duque quiere que le ayude a restructurar su relación con su hijo, tiene la idea que yo puedo hacer que él lo escuche y le dé una oportunidad de relacionarse, pero esta equivocado.

- Eso ya lo escuche una vez de él, pero ¿Por qué cree que tú tienes tanta influencia en su hijo? ¿mantienes contacto con él?

- No, en lo absoluto. Ni siquiera sé dónde lo puedo encontrar.

- ¿entonces?

- Su hijo y yo… fuimos amigos en el pasado… - respondió Candice atragantándose con las palabras. Dejando al doctor en completo silencio por varios minutos.

- ¿… el hijo del duque, es aquel noviecito del colegio en Londres, por el que saliste corriendo hasta el puerto…?

- … si, es el – respondió Candice con la voz apagada, esquivando la mirada incomoda – el duque me recuerda de aquel entonces.

- ¿Es por el que saliste de América?

- … Dominic, de verdad no quiero traer recuerdos del lugar donde están, ya nada de eso importa, por favor déjalo así. Lo único que ahora tiene importancia es evadir al duque.

Dominic ya no respondió, se quedó en silencio y le dio la espalda a la rubia, se sentía celoso y temeroso de ese pasado, tenía que haber sucedido algo muy importante, para que la rubia se reusara a visitar esos recuerdos y para que el duque tuviera la certeza de que ella podía abrir la conciencia de su hijo.

A lo contrario de lo que pensó, durmió muy bien esa noche, no quería sufrir más de lo necesario, hacerse ideas no le ayudaría y de sobra sabía que Candice no le contaría nada.

No había cenado la noche anterior, por lo que se despertó con un apetito voraz, fue hasta la cocina y se preparó algo de pan tostado y café, no le sería suficiente, pero al menos mantendría su estómago ocupado por un rato.

- buen día Dominic. –saludo Serge que entro a la cocina.

- buen día Serge, ¿Cómo amaneciste?

- muy bien, tu cena se quedó en el refrigerador.

- deberías aprovecharlo para desayunar, yo comprare cualquier cosa en la calle.

- … no deberías de desquitarte con tu estómago, tu eres medico sabes eso mejor que nadie.

- tienes razón, lo sé, pero aparte de ser médico, soy hombre y no es fácil sobrellevar algunas situaciones.

- … no te molestes con Candy, ella se siente vulnerable y no quiere encontrarse de frente con su pasado. No te sientas molesto con ella.

- lo que me desequilibra es que no me haga participe de lo que está sucediendo y de sus temores.

- su temor es enfrentar lo que hace tiempo decidió dejar atrás y tampoco te quiere en medio de esa historia que la afecta. Tú eres alguien que vino a ayudarla a renacer y no quiere ensuciar su relación, tenle paciencia.

- la quieres mucho ¿verdad?

- Candy es una persona muy importante, es la única que sobrevivió a mi tormentoso pasado, haría lo que fuera por ella, luchare por su felicidad. Por eso te pido que le tengas paciencia, ella te ama más de lo que aparenta.

- gracias por tus palabras Serge, eres un buen amigo.

-me alegra que así lo veas doctor, he llegado a apreciarte – respondió sincero, mirándolo a los ojos - ¿Te llevas tu cena?

- no, te la cedo, ahora me voy. Por favor cuida mucho de Candice, sé que le llevaras al trabajo.

-no te preocupes, me hare cargo – respondió Serge con una sonrisa – gracias por comprender doctor.

-confío en ti Serge, dejame saber cualquier anomalía.

-lo hare, que tengas un buen día.

Dominic salió a trabajar, dejando atrás a su mujer en manos de Serge, sabía que muy a su pesar, debía darle su espacio. Miro por las calle, no pudo descubrir nada extraño por lo que siguió su camino deseando que lo que había pasado el día anterior fuera tan solo la imaginación de la rubia.

Candice y Serge hubieran deseado lo mismo, pero a pesar que por la mañana no habían visto a nadie. Por la tarde de regreso a casa, Candy identifico al mismo hombre del día anterior.

- Estoy segura que es el mismo. – respondió la rubia comenzando a ponerse nerviosa.

- Giremos en la siguiente calle y entremos a algún edificio. - sugirió Serge.

- Trataron de perderlo entre varias calles, sin conseguirlo. Cuando al fin pensaron no los seguía más, lo vieron en la acera opuesta al departamento que habitaban.

- No puede ser, lo perdimos hace rato.

- Quizá lo perdimos, pero sabe dónde vivo. Recuerda que estuvo aquí ayer.

- Lo mejor será que lo enfrentemos, salgamos de dudas de una vez por todas.

- Serge, se adelantó y fue hasta el hombre que aparentaba disimulo.

- ¿a quién busca?

- ¿yo… a nadie? – respondió tranquilo, pero sorprendido.

- Nos ha seguido por media ciudad ¿y viene a decirnos que fue casualidad? – Candice detrás de Serge, miraba atenta la actitud del hombre

-Por lo mismo digo, no busco a nadie, ya los encontré. – respondió un tanto irónico.

- ¿Qué es lo que quiere con nosotros?

- Nada en particular.

- Dejémonos de rodeos, ¿Quién lo mando a seguirnos?

- Eso no puedo decírselos, pero pueden estar seguros de que muy pronto lo verán.

- Será mejor que desaparezca de aquí o llamare a la policía.

- Llámela no estoy haciendo nada.

- Mirándolo retadoramente, Serge se alejó junto a Candy. En silencio subieron al departamento y se tumbaron en el sillón.

- Es el duque, es el.

- Debe ser él, pero por que la insistencia….

- Por qué él tiene la loca la idea que yo lo acercare a su hijo. Pero eso no es posible, yo no quiero acercarme a él y tampoco creo ser la influencia que una vez fui.

- Debiste decírselo.

- Se lo dije, pero… el duque dice que… aun puedo influenciar su opinión.

- supongo que hablo con el

- se encontraron hace algunos años y discutieron al parecer mi nombre salió a relucir nuevamente y eso hace pensar al duque que yo aún estoy vigente en la mente de su hijo.

- Será mejor hacer maletas.

- De igual forma no me gusto este lugar – respondió Candice.

Para cuando Dominic llego, las maletas de los tres estaban en la puerta, miro a Candice y Serge, inquietos esperando en la sala.

- ¿Qué sucede?

- Nos vamos.

- ¿nos vamos? ¿a dónde?

- No lo sé, pero nos vamos, ese hombre que esta allá abajo está aquí por orden del duque de Granchester y no me quedare hasta verlo aparecer a él.

- Pues yo no veo donde está la mala idea. Deberíamos encararlo de una vez por todas, no vamos a andar corriendo por su causa.

- Si quieres te puedes quedar, pero yo no te hare compañía.

- Candice te estas comportando como una chiquilla de 15 años.

- Me voy Dominic, no tengo el tiempo de quedarme a discutir contigo.

- Eres una testaruda, no podemos dejar así el apartamento.

- Ya hablamos con el conserje y entregamos el departamento. – respondió Serge.

- Vamos –urgió Candice a Serge

- Espera iré con ustedes.

Dominic suspiro pesadamente y cogió su maleta para ir detrás de ellos. Estaba agotado por el día de trabajo. Se sentía sucio, hambriento y muy molesto por la situación, comenzaba a sentir ridícula la obsesión de Candice por evadir su historia pasada.

Sin embargo había aceptado sus condiciones, con tal de sacarla de las garras de la guerra. Por lo tanto debía tenerle paciencia y apegarse lo más posible a sus deseos.

Como si de una película de acción se tratara, los tres evadieron la presencia del hombre que distinguieron en un auto frente al edificio, en la oscuridad pudieron alejarse del edificio sin ser vistos, llegando a calles más transitadas.

- ¿y ahora qué sigue?- pregunto Dominic un tanto frustrado.

- Lo mejor será que nos vallamos esta misma noche a otra ciudad.

- ¿Cómo? Salir de aquí…. ¿A dónde?

- A donde salga el primer tren.

- Es una locura.

- No tienes que venir si no quieres. – respondió Candice molesta.

- Dejate de niñerías Candice – respondió Dominic con voz fuerte, como cuando la dirigía en el quirófano. –vamos a salir de la ciudad, pero nos tenemos que sentar a hablar los tres – dijo seriamente el hombre, tratando de tomar las riendas de la situación.

- No necesito más presiones Dominic.

- No te presionare más por ahora, seguiré tu plan, pero no te dejare que enloquezcas.

Candice guardo silencio, habría querido refutarle su respuesta a quien fuera su mentor por tantos años, pero en el fondo sabía que él tenía la razón y estaba actuando errática.

Al llegar a la estación del tren, extrañamente encontraron mucha gente, al perecer en ese momento, convergían la salida de varios trenes, Candice y Serge fueron a comprar los boletos, mientras Dominic se refugió en el baño para refrescarse un poco y dejar ir su enojo y frustración hacia Candice, tenía que ser firme, pero comprensivo.

Apenas salió para encontrarse con sus acompañantes, los tres se dirigieron a comprar algo que comer. Dominic ni siquiera se interesó en saber a dónde iban, había perdido el entusiasmo que lo había movido en un principio.

Tan solo se dejó llevar por Serge y Candice que siguieron las instrucciones del vendedor de boletos, llegando al andén que les indicaron. Una vez en el tren, los tres tomaron asiento.

Candice se sintió aliviada, mientras Serge y Dominic estaban un tanto confundidos y sin saber cómo actuar. Ambos se dejaban llevar por su fuerte deseo de ayudar a Candice, pero era cierto que no podían pasar corriendo de un lado a otro.

El viaje les pareció extremadamente largo, ninguno de los tres se había enganchado en una conversación, el sueños los había visitado de una forma sutil, dejándolos descansar, apenas unas cuantas horas.

Inquietos comenzaron a moverse al ver que no llegaban a su destino.

- ¿A dónde vamos? – pregunto finalmente Dominic

- a Cleveland, debimos llegar hace rato – respondió Candice moviéndose inquieta, buscando a alguien del personal del tren.

- tranquilizate, llegara cuando tenga que llegar. – respondió Dominic, viendo venir a Serge con el rostro pálido.

- ¿Qué sucede? – pregunto Candice apenas llego el hombre.

- … tomamos el tren equivocado…

- fuimos al andén que nos dijeron, estoy segura.

- dejame ver los boletos – pidió Dominic, obteniéndolos de Candice.

- estos boletos no son para Cleveland.

-¿entonces...? ¿A dónde vamos?

-estos boletos son para Chicago.

La expresión en el rostro de Candice, le dejo ver a Dominic lo que exploto en el pecho de Candice...