Bleach
Rukia/Ichigo
Advertencia: capítulo descriptivo, insinuacion a consumo de estupefacientes, sexo, vocabulario soez y coloquial.
Capítulo IX
Ella sonrió tratando de verse más segura, pero lo cierto es que temblaba. Algo así no se suponía que nadie lo supiera, era algo tan íntimo como personal y de todas las personas mucho menos él… ¿lo sabría su hermana también? Quería morir y que se la tragara la tierra. La vergüenza era desproporcionada, nunca se había sentido así.
—Te debes de haber vuelto loco como para ir diciendo esa clase de cosas a las personas —aseguró ella.
La mirada de Byakuya en ella no cambió.
—Sé que tienes sentimientos por mí, Rukia —confirmó —. Negarlo no sirve de nada.
Se sentía atrapada, era como si no existiera un escape posible porque él sabía la verdad. No se atrevía a mirarlo.
—Déjame en paz, Byakuya —solicitó —. Por favor.
—Vuelve conmigo a casa —pidió él con una voz más suave —. Por favor.
Su estómago empezó a doler de nervios ¿qué significaba ese tono de voz? ¿Por qué no le molestaba el que tuviera sentimientos por él? ¿Consideraba que era como el amor de una niña que no tenía validez ante sus ojos? ¿Cómo el de esas niñas pequeñas que dicen que se quieren casar con su padre o su hermano mayor?
—No lo haré… no puedo ni quiero volver —se sinceró.
—Rukia… yo… —comenzó su cuñado.
La expresión del hombre frente a ella se suavizó y cuando estuvo a una distancia mínima el temblor se intensifico; no estaba segura de sí tenía que hablar la voz le saldría, pero hizo un esfuerzo sobrehumano para conseguirlo.
—No me iré contigo, Byakuya, compréndelo —expuso —. Necesito tiempo y por sobretodo distancia.
—¿Y ese tiempo que necesitas lo vas a tomar junto con ese hombre? —manifestó —. ¿Viviendo con él?
—Por ahora —afirmó.
Byakuya retrocedió y pudo ver que la calma que recién había vuelto en él comenzaba a disiparse.
—Toma tus cosas y ve a un hotel —ofreció demandante —. No te preocupes por la factura.
—Byakuya, no me voy a ir a un hotel —desestimó la oferta.
—Ya veo… simplemente quieres quedarte con él… —indagó —. ¿Lo quieres?
La forma en la que él averiguó de sus sentimientos por Ichigo la intrigó ¿estaba celoso? ¿Qué tanto le importaba a él saberlo? ¿Qué más le daba a él si se quedaba con Ichigo o con cualquiera? Y por primera vez se cuestionó ella también respecto a qué sentía por Ichigo. No lo amaba, pero si le gustaba y sentía que podía echarlo de menos si él no estuviera… sí, lo quería. La respuesta no fue difícil de dar después de todo.
—Sí, lo quiero —admitió segura de su respuesta.
—Ya la escuchaste —oyó detrás de Byakuya —. No parece que seas sordo.
Ichigo estaba ahí, mirando con seriedad toda la escena. Su cuñado se giró y por un momento temió que comenzaran una pelea. La testosterona podía palparse.
—Esta es una conversación privada —dijo con severidad Byakuya.
—Tú deberías comprender cuál es tu lugar —respondió Ichigo —. Tú eres el esposo de tu hermana y yo soy su novio. Deberías darte cuenta de quién es el que sobra aquí.
Él se acercó a Rukia y la tomó de la mano, besando sus dedos.
—No debiste ir a comprar sin mí —observó las bolsas que tenía en la otra mano y las tomó él —. Buenas noches, cuñado.
Rukia simplemente siguió a Ichigo que la dirigía de vuelta al apartamento y Byakuya no hizo ningún comentario más, tampoco impidió que se marchara, afortunadamente. Ella se dejó caer al suelo tan pronto cruzó el umbral de la puerta y esta estuvo cerrada. Ichigo seguía enojado o eso creyó, porque su expresión se suavizó luego de unos segundos.
—Es enserio, ese sujeto no tiene vergüenza —reclamó él —. Levántate, no dejes que esto te afecte... ¿Qué trajiste de rico?
Ichigo comenzó a buscar en las bolsas que había cogido de ella y encontró chocolate. Él amaba el chocolate, y comenzó a comerlo tan pronto lo abrió, acto seguido se agachó dónde estaba Rukia, pasándole el chocolate que tenía en la boca a ella por la cara. Ella se tocó el rostro sin poder creer que él hubiese hecho eso.
—¡Eres un asqueroso Ichigo! —dijo levantándose de inmediato asqueada.
Él se carcajeó y siguió comiendo el chocolate mientras la observaba ir al baño a lavarse.
—¿Quieres dormir de nuevo? —ofreció él.
Rukia se acercó dónde estaba él sentado.
—No, quiero chocolate –contestó —. Supongo que quedó…
Ichigo miró hacia otro lado, haciéndose el desentendido.
—¿Te lo comiste todo? Por favor dime que no… —rogó.
—¿Y qué harás si lo hice? —jugó.
—Obligarte a ir a comprar más —dijo.
—No serías capaz… —la retó él.
No mucho rato después Ichigo se marchó a comprar chocolate y ella se largó a reír. Él era la mejor persona que había tenido la fortuna de conocer, no sabía qué sería de ella si no hubiese llegado a su vida.
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Trató de recuperar el trabajo en la panadería pero no se lo regresaron, ya habían contratado una chica en su lugar, pero al menos le habían pagado lo trabajado sin que tuviera que reclamar por eso.
El aire después de una noche de lluvia se sentía tan limpio que llegaba a lastimarle los pulmones; tanta pureza dolía.
Caminaba buscando algún lugar en el que solicitaran trabajadores sin experiencia, cuando recibió un mensaje.
"Hola desaparecida"
"No estoy desaparecida, estamos a la misma distancia del teléfono"
"¿Estás de mal humor?"
"Un poco"
"¿Ni como para conocerme?"
Ella titubeó. Una cosa era establecer una relación amistosa con un desconocido por teléfono, y otra muy distinta era ir y encontrarse con esa persona.
"No"
"Vaya ni siquiera intentaste mentirme"
"No haría eso. No saco nada mintiéndote"
"No me mentirías… pero tampoco me conocerías..."
"Es complicado"
"¿No eres muy agraciada cierto? Si ese es el caso mejor… así te sigo imaginando como una mujer estupenda"
¿Lo decía en serio o era una broma? Decidió seguirle el juego. Ella no se consideraba una belleza ni mucho menos, pero eso no tenía que saberlo él.
"No es el caso. Te sorprenderías si me vieras"
"No te creo, no debes estar bendecida por ni por Venus ni por Afrodita. No te lo pregunté ¿o sí? Quizás lo olvidé… ¿cuántos años tienes?"
"Dieciocho"
"Vaya, creo que soy un poco mayor para ti. Podría ser tu padre"
¿Había estado comunicándose con un viejo decrépito todo ese tiempo? ¿Cómo no se le ocurrió preguntarle algo como eso antes? Dejó de contestarle por un rato, sintiéndose una tonta, hasta que volvió a recibir un mensaje:
"¿Te asustaste? No soy tan mayor, exageré. Disculpa"
"¿Cuántos años tienes, Kaien?"
"Veintiséis"
Eso no era demasiado mayor. El humor de Kaien era extraño y no llegaba a comprenderlo y es que era difícil hacerlo cuando no se conocía a la persona y las letras se podían interpretar de un modo subjetivo.
"¿Y tú? ¿Eres feo como un insulto?"
"¿Feo? No, ni un poco… si me vieras te enamorarías de mi"
"Lo siento, pero no te creo"
"¿Y si te mando una foto? La condición sería que tú me mandes una tuya también"
"Podrías engañarme y mandar cualquier otra foto"
"Videoconferencia"
"¿Cuándo?
"Ahora"
La llamada entrante comenzó a sonar y ella se debatió entre contestar o no y finalmente decidió declinar. No sabía el motivo pero se sintió nerviosa de pronto, de saber cómo era el rostro de ese hombre.
"No te atreviste"
"No"
"Tú te lo pierdes. Podría ser el hombre de tu vida…"
Él la hacía reír. Él siguió insistiendo en eso de que se conocieran pero ella no estaba nada convencida, sin embargo esa discusión de por qué no juntarse se convirtió en una lucha de argumentos sobre por qué verse o no verse y desde ese día comenzaron a hablar más y más seguido. Estaba todo el tiempo conversando con él y es que el debate era de lo más interesante.
—Suelta ese teléfono, Rukia —demandó Ichigo.
Él se había posicionado sobre ella con la firme idea de captar toda su atención y había comenzado a besarle el cuello de modo de distraerla del teléfono. No era la primera vez que recurría a esas artimañas para conseguirlo.
—¿Con quién hablas tanto? —indagó él
—Con un amigo —respondió.
Ichigo prestó atención a lo que ella acababa de revelar.
—¿Debería ponerme celoso? —averiguó, pero sin dejarla contestar cambió el tema —. ¿No ibas a ir a ver a tu hermana hoy?
Rukia miró la hora en su teléfono.
—¡Mierda! Sí ¡lo olvidé! —exclamó ella.
—Verás a tu cuñado hoy también… ¿quieres que vaya contigo? —ofreció.
—No, no siempre estarás para rescatarme. Necesito enfrentar esto sola —declinó.
Él asintió comprendiendo que ella tenía razón.
.
La visita a su hermana fue mejor de lo que esperaba. A ella se le veía bien y no parecía alterarse con los demás pacientes y es que de todos modos ella no se encontraba en el sector de alta complejidad. Byakuya por otro lado aunque intentaba no mostrarlo estaba intranquilo, así como ella misma, pero ambos trataban de que todo eso no les afectara. Ella no creía que ese fuera el lugar para Hisana y no creía estar demasiado lejos de lo que Byakuya pensaba.
La visita terminó y ambos prometieron volver a verla tan pronto fuera posible. Ella pareció contenta con aquel compromiso de visita, no obstante aunque había llegado en taxi, la vuelta era natural que fuera con Byakuya, le había salido además más caro de lo que había presupuestado. Byakuya le abrió la puerta del auto. No era algo que él no hiciera, pero para ella desde hacía tiempo que tenía otro tipo de connotación y deseó que no fuera tan cuidadoso con sus modales. No con ella al menos.
—¿Has estado bien? —preguntó ella.
—Sí —contestó él.
—Me alegra saberlo… —agregó ella.
—No me gusta ese lugar —espetó él.
—A mí tampoco… pero Hisana parece sentirse cómoda ahí —reconoció ella.
—Eso parecía —concordó —. ¿Crees que realmente esté bien? ¿Qué sea esto lo que ella necesite para sentirse mejor?
Rukia reflexionó un momento su respuesta y es que su cuñado no solía mostrarse así de inseguro frente a algo. No quería que un comentario estropeara el ambiente que se había establecido.
—Ella me dijo que se había dado cuenta de que sus problemas parecían menores que los de otros internos —relató —. Hay muchas personas que como ella están pasando por un mal momento… ella me dijo que había hecho una amiga ahí.
Él se sorprendió de eso. Ninguno de los tres tenía vida social… amigos ni hablar.
—De verdad tal vez necesitaba espacio… la estaba ahogando sin saberlo —se lamentó.
Ella no supo que decir.
—¿Sigues estando en ese lugar? —quiso saber él.
En ese momento temió que las cosas se tergiversaran y cambiaran.
—Sí —admitió.
No hubo comentario positivo ni negativo al respecto, lo que la tomó desprevenida. Ella se esperaba algo, no esa actitud.
—Podrías considerar lo de tus estudios, ¿por favor? —solicitó Byakuya.
El tono calmado con la que él habló era extraño, también el modo del cambio de tema.
—¿Sabes qué tan caros son los estudios en la universidad…? yo no puedo pagarlo y no hay modo que consiga alguna beca. Los costos de los exámenes de admisión no son una broma —expuso ella —. Es algo que está fuera de mi alcance; no quiero considerar algo que sé que no podré sustentar.
—Deberías saber que eso es algo que no debería preocuparte —la tranquilizó —. Si te he estado animando todo este tiempo a que estudies es porque puedo costearlo. ¿Por qué habías imaginado otra cosa?
Eso era algo que él nunca había mencionado.
—Eso es algo que no puedo aceptar —rechazó.
—Rukia, la vida es difícil para quien no está preparado para enfrentarla. Debes estudiar y aspirar a más —explicó él —. No tiene nada de malo trabajar en un supermercado o una panadería, pero no es lo correcto si es que tienes posibilidades de estudiar. Desaprovechar una oportunidad es una locura.
¿Él sabía incluso lo de la panadería…?
—Es demasiada la inversión —mantuvo su argumento.
—Puedes pagarme en el futuro —manifestó —. Cuando tengas tus estudios terminados y ganes un sueldo lo suficientemente bueno para vivir holgadamente y no estar sufriendo por llegar a fin de mes.
Su corazón se sintió hinchado de pronto. Nunca había considerado la posibilidad real, los consejos de Byakuya sobre el estudio ella los escuchaba pero no les prestaba mayor atención, pero después de haber experimentado la vida laboral de una persona común y corriente y cuánto había que trabajar por un sueldo que podría bien ser considerado una estafa le había servido para finalmente comprender lo que su cuñado había estado tratando de decirle.
—Lo voy a pensar —prometió —. Esta vez lo haré en serio.
—Con eso me basta —aceptó —. En cuanto lo decidas espero que me lo hagas saber… yo te puedo ayudar con todo eso.
Ella asintió. El auto ya estaba llegando al centro de la ciudad, donde ella quería pedirle que la dejara. No deseaba que la fuera a dejar hasta la puerta de donde vivía.
—¿Tienes algo que hacer ahora? —consultó su cuñado.
Debía decir que sí, que tenía algo que hacer, pero su boca respondió más rápido.
—No —negó.
Él siguió de largo del lugar en el que ella pretendía pedirle que la dejara y a través del espejo retrovisor veía como se alejaba.
—Hay un lugar al que quiero llevarte —explicó él.
Se detuvieron no mucho más allá, en un recinto que ella nunca había visto en su vida, pero que era parte del paisaje que veía a diario. La diferencia entre observar y sólo ver era grotesca.
Ella lo siguió en silencio, dos pasos por detrás de él, hasta que estuvieron frente a una puerta en la que él usó una llave. La abrió y dentro vio un lugar que era mucho más espacioso de lo que hubiese podido imaginar en un comienzo y que estaba elegantemente decorado.
—Este es el departamento en el que solía vivir antes de casarme con Hisana.
La instó a pasar y ella dudosa entró. Era un lugar muy bonito.
—Acepta vivir aquí, al menos hasta que Hisana vuelva —solicitó.
Rukia se sorprendió, primero de saber que él conservara aún ese lugar y lo otro de que viviera ahí temporalmente fue incluso algo más que inesperado.
—Antes de que digas que no —adivinó él —. Has esto como un favor para mí. No duermo tranquilo sabiendo que estás en ese lugar peligroso y… poco acogedor.
Estaba claro que trató de cambiar las palabras de lo que realmente pensaba que era el apartamento de Ichigo para no enfadarla.
—Pero esto es demasiado —contestó ella.
—Es mío y todos los gastos comunes los tengo que pagar de igual manera. Solía arrendarlo, pero la pareja que vivía acá se fue a un lugar más espacioso —explicó —. Por favor acéptalo.
Su mirada suplicante, junto con el suave y masculino tono de su voz la convencieron. No se había deslumbrado por el lugar, la perfecta iluminación, ni la decoración, había sido por él y las evidentes marcas bajo los ojos que evidenciaba lo que él había asegurado acerca de estar durmiendo mal.
—Hasta que Hisana vuelva acepto vivir aquí —aceptó —. Sólo hasta ese momento.
Él pareció conforme con su respuesta.
—Este es un lugar tranquilo que te permitirá reflexionar sobre lo que conversamos; piensa en lo que te dije sobre los estudios —planteó él —. Es importante.
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Tenía las llaves de su nuevo lugar de residencia en el bolsillo, que pesaban más que el más grande de los pesos de la consciencia. Tenía que decirle a Ichigo que se marchaba y aunque ella estaba bien viviendo con él, lo cierto es que él era solo su novio de nombre y aunque compartían la cama, lo cierto es que ella debía estar importunando en su vida. Recordó esa ocasión en la que lo descubrió con otra mujer y una opresión en su pecho de manifestó, pero la obvió. No podía decir que le daba lo mismo verlo con otra mujer, pero no se podía permitir confundir las cosas.
Ichigo había llegado contento trayendo consigo comida que le gustaban a ambos. Aquello le hizo más difícil decirle que se marcharía a la mañana siguiente, por lo que cuando él le ofreció –como casi todos los días– fumar, ella aceptó, lo que a él le agradó.
Rukia concentrada en ese estado abstracción miraba a Ichigo fijamente en sus detalles, sus pestañas, su mandíbula. Era sin lugar a dudas un hombre atractivo por donde se le miraba. Sus pezones se sintieron punzantes y necesitados.
—¿Por qué me estás mirando así? —interrogó él divertido.
—Me gustas Ichigo, te miro y me dan ganas de tener sexo contigo —admitió sin atisbo de vergüenza alguno.
Él sonrió y pareció complacido con lo que ella le había dicho.
—¿Quieres conseguir algo de mí al decirme eso? —murmuró aproximándose a ella.
—Sí; quiero sentirte dentro de mi ahora, sin juegos previos, ni rodeos, sólo te quiero dentro de mí —solicitó.
Ichigo no dudó en hacerle caso, tan pronto se bajó los pantalones notó que él estaba listo para ella.
—¿Estabas excitado de antes? —se atrevió a especular.
—Tan pronto aceptaste fumar, porque sabía que terminaríamos haciéndolo —reconoció.
Se besaron hasta que llegaron a la cama. Ella prefería estar abajo y a él parecía gustarle también. Ella lo sintió invadirla y cerró los ojos ante la intrusión tan bienvenida de ese hombre. Su interior parecía memorizar su forma porque se adaptaba a su ancho sin problemas.
—¿Te gusta? —quiso saber él —. ¿Esto era lo que querías?
—Sí —aceptó —. Justo así.
Él continuó penetrándola de un modo tortuosamente exquisito. Ella sentía sus paredes vaginales contraerse ante sus movimientos.
—Me gusta sentir como te corres dentro de mí —agregó —. Fue extraño al comienzo, la sensación no se parecía a nada que hubiese experimentado antes… y ahora no lo concibo de un modo distinto.
Ichigo estaba excitado, sus gemidos y sus movimientos lo delataban, y ese beso húmedo y necesitado mientras acababa en ella se lo había terminado de confirmar.
—A mí me gusta también —dijo colocando su frente con la ella —. Nunca lo había hecho sin condón antes de ti… para mí también fue nuevo.
Ella lo abrazó y lo besó. Él le respondió de igual modo.
Había sido muy apasionado su encuentro, apenas se habían desecho de lo necesario, estaban casi vestidos aún y había sido muy intenso. Demasiado.
—Gracias por todo lo que has hecho por mi, Ichigo —comenzó ella.
Ichigo se retiró y se sentó en la cama, acomodándose un poco y extrañado habló.
—Eso suena como a una despedida —se rio.
Rukia no correspondió la sonrisa y tampoco lo negó, por el contrario se lo confirmó.
—Me voy mañana… —corroboró.
Él se levantó bruscamente y ella aprovechó de arreglar su ropa también.
—¿Qué? ¿A dónde? ¿Por qué? —interrogó.
Era muy notorio que él no se estaba esperando que ella se marchara ¿por qué se exaltaba tanto? Era natural que aquello sucediera eventualmente… ellos sólo eran amigos.
—Mi cuñado tiene un apartamento disponible que me ofreció —contó —. Además no puedo seguir importunando en tu vida… ya has hecho demasiado por mí.
—¿Tu cuñado? —preguntó irónicamente —. Debí imaginar que él estaría detrás de esto, después de todo él chasqueará sus dedos y tú estarás ahí.
Las palabras del hombre frente a ella no parecían ser las del hombre que había estado besándola de esa forma mientras tenían sexo.
—¿De qué estás hablando? —se levantó ella también.
Una mueca de burla y enojo se apropió en el rostro de Ichigo.
—Creí que de verdad estabas preocupada por tu hermana, y que respetarías su matrimonio, pero al final eres una puta más como las hay en todos lados —escupió —. Eres igual que todas.
Ella no se creía que él le estuviera diciendo esas cosas. Se preguntó si estaba imaginándolo.
—Vete ahora, no esperes a mañana para volver a los brazos del esposo de tu hermana —expuso con rabia —. Ya te he retenido aquí lo suficiente. Ya he intervenido más de lo que has podido soportar.
Observó cómo tomó sus bototos y sin siquiera ponérselos salió del lugar dando un portazo estruendoso. A través de la pared Rukia escuchó a la vecina gritar algo por el sobresalto que de seguro aquel ruido le provocó.
Ella en un estado medio choqueada aún por la situación, buscó sus cosas y las guardó, de todos modos siempre había tenido sus cosas en la maleta y el bolso. Tiró sobre la cama el chocolate que había comprado para Ichigo y cerrando la puerta y habiendo cuidado de haberse llevado todo lo demás se marchó.
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Llegó a ese departamento que tan encantador le había parecido pocas horas antes, pero que al llegar le pareció frívolo y demasiado austero. Dejó sus pertenencias en el suelo y se tiró sobre el sofá. El teléfono comenzó a sonar; era una llamada entrante. Esperanzada miró la pantalla creyendo que podía ser Ichigo para disculparse por su reacción, pero no era él, sino Kaien y odió que fuera él. Rechazó la llamada o eso creyó, porque del otro lado se escuchó una voz.
—¿Rukia? ¿Eh, Rukia…?
Ella no se dio cuenta de que era una de las clásicas videollamadas que él intentaba establecer tratando de convencerla para que se juntaran. Rukia comenzó a llorar tan pronto escuchó que dijo él su nombre y no era la persona que ella esperaba que fuera.
—¿Qué está pasando Rukia? —preguntó preocupado.
—¿Quieres conocerme, Kaien? —interrogó.
—Llevo mucho tiempo intentándolo, por supuesto que quiero conocerte —aseveró.
—Ven ahora –solicitó —. Te pido que vengas.
Le envió su ubicación y después de tomar un baño se arrepintió de haber hecho eso. Esperaba que él no llegara, que le avisara que no iría finalmente, sin embargo no muchos minutos después, mientras temblaba de nervios y ansiedad, el teléfono sonó.
—Estoy afuera —anunció —. ¿Cuál es el número?
Ella supo que no podía echar pie atrás mientras escuchaba unos pasos aproximarse y detenerse justo tras su puerta…
Continuará...
Y llegó finalmente Kaien ¿cómo reaccionará Rukia al conocerlo? ¿Por qué Ichigo estaba tan indignado? La relación con Byakuya está muy ambigua...
Eso se aclarará más tarde... ¿les parecería bien un capítulo o un especial de parte de Ichigo? Es la mar de distinto, porque un especial es como una recopilación de lo que ha pasado hasta entonces desde su perspectiva y un capítulo es donde la historia avanza... ahí déjenme saber qué prefieren.
Vaya, ustedes si saben cómo hacer me ponga contenta. Gracias por los reviews.
Estoy oficialmete de vacaciones asi que si me siguen tratando tan bien, quien sabe y pasado mañana podría estar el capítulo siguiente :X
Ya saben cuál es su parte del trato jajaajaj
Hasta pronto...
Estoy muy agradecida con sus palabras y motivación :)
