Aquí regreso con la décima actualización de este fanfic!
Primero que nada, muchas gracias a todos aquellos que dan favorito, siguen y comentan mi historia, haciéndome saber que les gusta mucho en verdad!
Segundo, trataré de responder a sus comentarios a partir del siguiente capítulo.
Sin más preámbulos, no soy dueño de ningún personaje.
Nadine estaba quieta en su asiento mientras veía la situación que sus nietas y el joven mago callejero estaban padeciendo ahora luego del desastre que había llevado a cabo en la casa donde vivían. El agua había empapado por completo la alfombra de la sala principal, dejando marcas oscuras en los finos muebles de madera producto de la humedad. Pompas de jabón aún se podían ver bajo la luz de los candelabros, haciendo que enseñasen una notable gama de colores en formas psicodélicas antes de reventar sonoramente y ensuciar a los niños.
El pelinegro, vistiendo un delantal verde y un pañuelo en la cabeza, estaba sumamente concentrado en su tarea de secar todo aquello que se había mojado. Las rubias platinadas, por otro lado, estrujaban los paños en baldes de madera, escurriendo el agua jabonosa que previamente utilizaron para jugar. Los dedos de todos ellos se arrugaron, lo que les hizo sonreír levemente de forma cómplice, esquivando las miradas de advertencia que la Veela mayor les daba desde el fuerte que creó cuando el caos estalló.
-La próxima vez hay que tener más cuidado…- Fleur susurró a sus compañeros de crimen, recibiendo un asentimiento de la pequeña francesa y una mueca burlona por parte del inglés.
-Comenzando por quitarle el jabón, no crees Gaby? – el Potter murmuró en el oído de la menor de las Delacour, haciéndola reír incontrolablemente.
-Qué fue eso? – la blonda mayor se paró con los brazos en jarra, reclamándole a su mejor amigo.
-Nada! – negó presurosamente el ojiverde, girando su cabeza hacia el suelo para seguir secándolo.
-Harry…- advirtió la gala, acercándose de manera temeraria al niño.
-Fleur…- imitó el tono de voz el británico, mirándola de reojo.
-Gaby! Qué te dijo? – optando por otro plan de acción, la hermana mayor le cuestionó a la menor.
-Que tenemos que quitarte el jabón- confesó la jovencita Veela.
-Harry! – le gritó la ojiazul al mago callejero.
-Traidora…- masculló el ilusionista, chapoteando un charco y mojando a la infante.
Gabrielle emitió un chillido, para posteriormente fruncir el ceño y tirarle el paño que tenía en posesión directamente a la cara, lo que provocó que el mago resbalase y cayese de espaldas sobre el agua que tenía que secar. Él no se movía, hallándose en el suelo, con sus extremidades extendidas en distintas posiciones y el rostro tapado por el húmedo trapo de coloración naranja.
Las jóvenes féminas lo miraron con curiosidad en un principio, para luego pasar a la confusión y temor cuando se dieron cuenta que él no se movía. Soltando su propio paño, Fleur corrió velozmente hasta donde el pelinegro estaba, quitándole el retazo de tela, solo para gritar de sorpresa en el instante que el inglés abrió sus ojos y estiró sus manos para hacerle cosquillas, logrando subyugarla mientras miraba depredadoramente a la mini rubia, quien intentó ayudar a su hermana, pero fallando en el proceso y terminando en el suelo, encima de la ojiazul mayor.
-Niños! Dejen de jugar y limpien todo antes de que Sebastien y Apolline lleguen! – los retó Nadine, asomando su cabeza por encima de la muralla de sillones que puso entre el caos de la casa y su paz.
-Ella comenzó! – acusó el Potter, señalando a su mejor amiga.
-Cómo es eso?! – reclamó la Delacour, dándole un vistazo serio al mago.
-Quién quiso ver "Fantasía" en el cine y luego repetir lo mismo en casa? – como si fuese lo más obvio del mundo, dijo el pelinegro.
-Tú querías ver "101 Dálmatas"! – recriminó la rubia platinada desde el piso.
-Eran perritos bomberos! No te gustan los perritos? – cuestionó el ojiverde.
-No. Me gustan los gatitos! – negó Fleur por el placer de llevarle la contra.
-Oh! Monstruo! Me niego a seguir aquí si no te gustan los perritos bomberos! – cruzándose de brazos, dio media vuelta Harry dramáticamente.
-A mí me gustan los perritos…- tímida, dijo Gabrielle, siendo abrazada inmediatamente por el británico.
-Lo ves, Fleur? Ella si me quiere y a los perritos también, no como tú…Ya quisieras ver a un gato con gorro de bombero y ayudando a la gente- alzando el mentón, señaló él.
-…No puedo competir contra esa lógica- admitió derrotada la bruja, luego de haber presenciado todo lo que el Potter decía en sus visitas al París mundano.
-Harry, cuáles son los dálmatas? Los perritos marrones o los que parecen vaquitas? – tras darse cuenta de su ignorancia y confusión, le preguntó al niño que ayudaba a su hermana a ponerse de pie.
-Los perritos vaca. Los marrones atrapan ladrones y gente mala- aclaró el joven, agachándose a recoger los peños que estaban en el suelo para estrujarlos en un balde y continuar con la limpieza.
-No podemos tener uno de esos marrones? – Gaby le interrogó a su hermana.
-Deberías esperar a que llegue tu carta de Beauxbatons. Allí podrás tener tu propio familiar como papá y mamá nos llevaron a comprarlo- Fleur contestó, tomándole la mano e indicándole que ayude ya que era poco al agua que restaba.
-Solo espero que no hayan escobas andantes…- murmuró el Potter, recibiendo un zape por parte de su amiga.
-Te oí! – protestó la bruja de trece años recién cumplidos.
-Esa era la intención- le dijo nuevamente, Harry.
-Quieres otro golpe? – ofreció nuevamente la blonda, sonriendo suavemente.
-Eres una abusona…- acusó el niño, con cabellera como nido de cuervos, de manera acongojada.
-Soy mayo que tú! – dejó en claro la ojiazul.
-Te estás llamando vieja? – burlón, recalcó el mago callejero.
-Harry…- gruñó Fleur, enseñando sus blancos dientes.
-Fleur…- imitó Harry, divertido.
-Niños! Terminen ya! Quiero salir de aquí! – Nadine les gritó, sintiendo claustrofobia de su propio fuerte.
Los patriarcas de la familia Delacour entraban tomados de la mano y sonriendo al hogar que tenían, hallando que toda la sala poseía un aroma a cítricos y brillaba como si el mismísimo sol estuviese allí dentro, por lo que casi quedaron enceguecidos debido al reflejo que el suelo les daba. Los ojos del dúo mayor se enfocaron en el balde que reposaba a unos metros de un sofá donde su primogénita dormitaba al mismo tiempo que el infante inglés se lo veía desmayado sobre ella a causa de un par de delgados brazos alrededor del cuello. Gabrielle, por otro lado, roncaba suavemente al lado de su abuela, quien leía cómodamente un libro de los que el Potter conseguía en la zona céntrica de la capital francesa.
-Madre, estamos de regreso- habló Apolline con un bajo tono de voz para no despertar a los niños.
-Hija, Sebastien, no los había escuchado. Cómo les fue en su cena? – ubicando un señalador en la página que estaba leyendo, cerró el libro la Veela mayor.
-Dejando de lado a un mesero insistente, fue realmente agradable volver a tener un tiempo para nosotros- el Auror galo le respondió, recibiendo un beso en la mejilla por parte de su esposa cuando recordó al muchacho que quiso coquetear con ella.
-Me alegro que les haya ido bien, deberían hacerlo más seguido- feliz por la actitud renovada de su hija y yerno, la Veela adulta declaró.
-Y los niños? Se portaron bien=…Y por qué la casa huele a jabón? – la matriarca cuestionó, agachándose para besar la frente de su hija menor y luego repetir el proceso con los otros dos niños.
-Si…Harry las llevó a ver una película al cine- la bruja mayor dijo con un semblante que confundió al matrimonio.
-Alguna travesura hizo Harry, cierto? Juro que ese niño saca a flote el lado bromista de las niñas…- Sebastien comentó, suspirando como si hubiese perdido una larga batalla.
-De hecho…fue Fleur quien comenzó esta vez y Harry limpió el desastre- mirando a la culpable, la Veela adulta les reveló, haciendo que la pareja mire sorprendido a la joven adolescente que abrazaba posesivamente al británico.
-Me imagino que hay una explicación lógica para esto, no? – atónito, balbuceó el Delacour.
-Cuando fueron al cine, Fleur eligió ver "Fantasía". Al parecer, trataba de un ratón que era aprendiz de un mago e intentó limpiar su casa con magia que no sabía manipular, haciendo que esponjas, escobas y baldes tomasen vidas y terminasen inundando todo al perder el control- explayó la mujer rubia mayor, dejando con la boca abierta a su hija.
-Dime que ella no quiso imitarlo…- Apolline susurró.
-Ella hizo incluso un disfraz horrible de una túnica rojo chillón y un sombrero azul con lunas y estrellas, para después intentar ponérselo a Harry pero fallando, por lo que se lo puso ella- divertida con el recuerdo, comentó Nadine, señalando a un rincón alejado las vestimentas que describió, las cuales Apolline tomó y analizó.
-Solo Dumbledore vestiría algo como esto si lo que dicen es cierto...- la madre de las niñas blondas dijo.
-Muy bien, al menos sabemos que Harry tiene que elegir de ahora en más las películas que quieran ver- el hombre adulto de la casa dejó en claro.
-Yo no estaría tan segura de eso, Sebastien- la suegra del patriarca contestó con un tono dubitativo.
-Y eso por qué? – curioso, indagó el agente del Ministerio.
-Él quería ver una de perritos- replicó la dama anciana.
-Qué tiene de malo eso? – Apolline quiso saber.
-Eran ciento un crías…- reveló la mujer, silenciando por completo la sala.
-No…No…Ya basta…- las palabras salían de la boca de un inquiero Harry somnoliento, lo que despertó a su mejor amiga.
-Hmm? Harry? Quédate quieto…- le pidió la blonda mayor, retorciéndose en su lugar y apretando más su abrazo.
-No…Basta…No más…- volvió a murmurar el pelinegro, despertando por completo a la adolescente.
Preocupada por la actitud del Potter, la muchacha procedió a incorporarse en el sofá con cuidado sin llegar a soltar el abrazo, sino todo lo contrario, apretándolo con mucha más fuerza y comenzando a sacudirlo con el fin de despertarlo. Lográndolo finalmente, consiguiendo consecuentemente a un total desaliñado Harry que miraba atontado a todos lados, quien descubrió que estaba siendo asfixiado una vez más por su amiga, viéndose obligado a palmear su delicado brazo para que ella afloje un poco el apriete, dejándole dar una gloriosa bocanada de aire.
-Quieres matarme, Fleur? – quiso saber el niño, masajeándose el cuerpo.
-Tenías una pesadilla, Harry. Me cansé de llamarte y no te despertabas. Le reclamó la adolescente rubia, abrazando de nuevo al inglés pero con mucho más cuidado.
-Oh…eso explica muchas cosas- murmuró el joven británico.
-Explicar qué cosas? – curiosa por lo que dijo su mejor amigo, la ojiazul acercaba su cara a la del pelinegro, incomodándolo un poco.
-Que nada está inundado y tampoco hay escobas desordenando otra vez la casa- respondió el Potter, recibiendo inmediatamente un golpe en el brazo derecho.
-Ya basta! Es que nunca lo olvidarás!? – reclamó la primogénita Delacour.
-Jamás! Ah…No! – exclamó el mago callejero, para después intentar escapar pero hallándose aprisionado por la Veela y sus cosquillas.
Bien…se terminó el capítulo de hoy!
Espero que les haya gustado un poco de diversión entre la Veela y el Niño que vivió.
Ustedes se imaginaron a Dumbledore con el traje de Mickey en Fantasía, o no?
Tendrá pesadillas recurrentes con escobas el pobre Harry?
Gabby tendrá una mascota?
Qué sucederá en el tercer año de Beauxbatons?
POR FAVOR DEJEN SUS COMENTARIOS, REALMENTE SON DE AYUDA Y ME ALEGRAN EL DÍA AL SABER QUE LES INTERESA MI HISTORIA.
Saludos!
