Tras el camino.
Por Alisse.


X. Casualidad.


Si hubiera tenido oportunidad, Kenshin con toda la felicidad del mundo se hubiera saltado esa parte, pero como siempre, no tenía tanta suerte. Había llegado a la mansión Shishio hacía unos minutos atrás y ya sabía que tenía que darle las explicaciones correspondientes a Yahiko sobre por qué él dio la clase en el dojo. Aunque, si lo pensaba bien, había tenido suerte que el niño llegara después de las presentaciones y no escuchara que su padre era el sensei del dojo.

Por supuesto que cuando le contó lo ocurrido a Katsura, entre él y Shinzaku lo retaron durante un buen rato, hasta que Kenshin poco más les gritó que su deber en el dojo no tenía nada que ver con el trabajo con ellos, y que si bien era importante, también tenía obligaciones familiares que no podía dejar de lado… además, era tarde para lamentarse, tenían que inventar una buena excusa que dejara satisfecho al niño y a su familia.

-Buenas tardes, señor Himura- dijo Shishio, a la vez que lo invitaba a sentarse en frente de su escritorio. –Me alegro de verlo.

-Gracias por recibirme, señor Shishio- sonrió el pelirrojo, sentándose. –Je, mi padre me ha estado presionando, dice que me estoy distrayendo mucho de lo que realmente vine a hacer a Japón- agregó, y pensó que no estaba del todo mintiendo. Katsura ya parecía estar desesperado para saber noticias de lo que realmente le ocurrió a Ikumatsu, pero lo malo era que no podía llegar y preguntar a la familia, como si estuvieran hablando de Kaoru o de Yumi.

-Ah, estoy completamente de acuerdo con su padre- dijo Shishio amablemente. –He sabido que ha salido varias veces con Kaoru…- el hombre trató de esconder su sonrisa al ver la reacción de Kenshin, que se había quedado más pálido de lo normal. Poco después comenzó a reír, divertido. –Relájese, hombre, que no lo estoy retando, ni mucho menos. La verdad me alegra que usted esté interesado en mi hija, no creo que pueda dejarla en mejores manos…

El muchacho abrió levemente la boca, más que nada por la sorpresa. ¿Cómo se suponía que tenía que tomar esas palabras? ¿Tenía que tomar en serio las palabras del hombre? La verdad, él feliz de poder tener alguna oportunidad con ella (y con el permiso del suegro, además), pero también sentía un poco de temor cuando el plan de Katsura avanzara lo suficiente como para tener que admitir que él realmente no era hijo de empresarios, ni nada parecido, sino de un sensei de un dojo, con una técnica samurái antigua, y de una profesora de primaria.

-¡Papá!- de pronto, y como un bólido, Yahiko entró en la oficina de su padre, mirando con emoción a Kenshin. -¡Te pedí que me avisaras cuando Kenshin llegara!- el pelirrojo hizo un gesto de querer esconderse en el asiento, pero el niño lo quedó mirando con una sonrisa radiante. –Kenshin, ¿por qué no me dijiste que también eras sensei del dojo?- preguntó el niño, y el pelirrojo sintió la mirada de Shishio sobre él.

-¿Sensei?- preguntó el hombre, y Kenshin sonrió, como tratando de quitarle importancia al asunto.

-Hiko-sensei es amigo de mis padres- explicó el pelirrojo, tratando de no sonar muy nervioso por sus palabras. –Ellos se conocieron siendo jóvenes y tuvieron el mismo maestro. Mi padre me enseñó a luchar, por lo que de vez en cuando soy ayudante de Hiko, al menos cuando estoy en Japón.

-¿Y me puedes enseñar cuando estés aquí?- preguntó Yahiko, sin poner demasiada atención a la explicación de Kenshin. La verdad era que no le importaba mayormente.

-No sería justo para tus compañeros, Yahiko- contestó amablemente Kenshin, sonriendo levemente y acariciando su cabeza, cariñoso. –Además, los ejercicios que shishou hace son de acuerdo a tu edad y lo avanzado que vayas.

-Ou… vamos, Kenshin…- insistió Yahiko.

-Ya escuchaste su respuesta- dijo Shishio, que miraba atentamente a Kenshin. –Ahora, déjanos tranquilos, Yahiko, tenemos que hablar de negocios.

Haciendo pucheros, Yahiko dejó la oficina. Kenshin, en sus adentros, suspiró tranquilo. Se habían creído la mentira, ya tenía un problema menos sobre sus hombros.


Aoshi, en su oficina, sólo estaba sentado y mirando el techo. Era la primera vez que le ocurría eso, no podía concentrarse en su trabajo, y lo había intentado toda la mañana. En esos momentos, que se había rendido, esperaba la llegada de su novia, mientras meditaba en lo que haría.

Había hablado con Mei, que en esos momentos se quedaba en su casa, y de aquello había dos cosas que no podía sacarse de su cabeza: uno, que ella le dijera que estaba enamorado de Misao, lo suficientemente segura como para hacerlo darse cuenta y reconocerlo, también; y dos, que a momentos que podría decirse de lucidez, ella hablara como si fuera la propia Ikumatsu, su tía muerta un poco antes que él naciera.

Después de meditarlo, tenía que aclarar los dos temas, y ya sabía cómo lograrlo con cada uno. Debía permanecer tranquilo e ir de a un asunto a la vez.

-Señor- escuchó la voz de su secretaria por el comunicador. –La señorita Mizuki está aquí…

-Hazla pasar- dijo él.

La chica en sí entró, con su paso elegante de siempre, su perfecto cabello y porte. Aoshi, en una sola mirada, no pudo evitar compararla a ella y a Misao. Eran prácticamente todo lo contrario… quizás era eso lo que más le gustaba de ella.

-¡Hola, lindo!- dijo Mizuki, haciendo un gesto de querer ir a besarlo, pero Aoshi, que permaneció sentado, lo evitó con un leve movimiento de cabeza. La chica lo quedó mirando con completa extrañeza. -¿Qué ocurre?

-Eh… Mizuki, tú sabes que no suelo hacer rodeos cuando quiero decir las cosas- comenzó el muchacho, y sin darse cuenta ella comenzó a intuir lo que iba a decirle. –Lo he estado pensando mucho, y creo que…

-¿Quieres terminar conmigo?- lo interrumpió ella, a la vez que sus ojos se llenaban de lágrimas. -¿Por qué, Aoshi? Llevamos mucho tiempo juntos, nuestros padres son socios ¡Todos dicen que somos la pareja perfecta!- ella lo quedó mirando, esperando a que él le dijera cualquier cosa. Las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas, pero a Aoshi más que conmoverlo, parecía molestarlo.

-Quizás por eso mismo- dijo Aoshi, después de unos momentos, después de pensar en cuáles palabras podría decirle a ella. –Todos dicen que somos la pajera perfecta, pero la verdad yo nunca lo he sentido así.

-¿Qué quieres decir?- preguntó ella, seria. -¿Qué nunca me quisiste y estabas conmigo porque todos suponían que tenía que ser así?

-Tómalo como quieras- dijo él, con la frialdad de siempre. –He sido claro contigo, creo que no queda nada más…

Aoshi la quedó mirando y en parte no se extrañó cuando ella tomó una actitud completamente diferente con él. Se irguió y frunció el cejo, mientras que las lágrimas continuaban cayendo sin parar.

-Si crees que me voy a quedar tranquila con las pobres excusas que me dijiste, estás equivocado- y sin decir ninguna palabra más, se fue caminando con paso rápido, dando un portazo al salir. Aoshi sabía que después de eso vendría lo difícil, ya que seguramente ella iría a ver a su madre y le contaría todo el drama, y por supuesto, ella también se metería en el asunto.

Dejó pasar unos minutos, y luego él también se puso de pie. Una parte estaba hecha: había terminado con su novia, lo que significaba al menos para él, un avance en lo suyo con Misao, que definitivamente era quien lo llenaba completamente.

Salió de su oficina, y al pasar al lado de su secretaria, simplemente le dijo:

-Vuelvo al rato, tengo que salir- y se fue, antes que ella comenzara a recordarle la cantidad de cosas que tenía pendiente en esos momentos. Prácticamente estaba huyendo del trabajo, pero en esos momentos no le importó, no era la primera locura que cometía en el día.


Cuando Kenshin estaba saliendo de la mansión después de una no muy larga reunión con Shishio, se encontró de frente con Kaoru, quien enrojeció al ver al pelirrojo.

-Hola, Kenshin- dijo ella, en un murmullo.

-Buenas tardes, Kaoru- sonrió él, amable. –Me alegra verla nuevamente.

-A mí también- sonrió la chica, sintiéndose más animada para hablar. –Oye, te quería hacer una invitación que, espero, no rechaces.

-¿Y cuál sería?- preguntó, genuinamente interesado. La muchacha, esta vez, para hablar con él se acercó lo suficiente como para tomarlo del brazo y avanzar a su lado por el jardín. Kenshin quedó feliz por el simple contacto.

-Ayer hablé con Sanosuke, mi primo- aclaró, aunque supuestamente Kenshin ya había tenido algunos encuentros con él, para almorzar, siguiendo su plan para involucrarse en la investigación del pelirrojo. –Me dijo que el viernes por la noche quería salir, ¿qué te parece?

-Muy buena idea- sonrió Kenshin, contento. Ya había hablado del tema con Sanosuke anteriormente. –Me agradará volver a salir con tu primo, Kaoru, nos llevamos muy bien los dos.

-Sí, y me pidió que invitara a Megumi- Kaoru soltó una risita y se acercó a Kenshin. –Estoy segura que esos dos se traen algo, aunque no lo quieran reconocer.

Kenshin sonrió, divertido y pensando que Kaoru era bastante observadora. Al menos a Sanosuke sí le gustaba Megumi, y bastante. Lo que sí, ninguno de los estaba seguro de si ella sentía algo por Sanosuke. Y estaba también que pasaban la mayor parte del tiempo juntos discutiendo por nimiedades, lo que obviamente hacía todo mucho más complicado.

-Bueno, estamos hablando, entonces- dijo Kaoru, una vez que llegaron a la puerta. Se soltó de él y sonrió con coquetería. –Espero verte pronto.

-Tu padre me invitó a almorzar con ustedes mañana, así que será hasta muy pronto- sonrió Kenshin, sabiendo perfectamente que la chica estaba coqueteando con él. –Nos vemos, Kaoru.

-Adiós, Kenshin.

Los dos se quedaron viendo unos momentos, por lo que Kenshin sólo hizo una leve inclinación de cabeza para despedirse de manera más "formal" con la chica. Kaoru, un poco más atrevida que su compañero, después de pensarlo unos momentos, se acercó a él y le dio un leve beso en la mejilla (aunque mucho más cerca de su boca, en realidad) y después de unos momentos en que notó cómo ella se ponía completamente colorada, se dirigió corriendo hacia su casa, completamente abochornada.

Kenshin no se dio cuenta en qué momento se quedó solo, la verdad aún estaba un poco shockeado por lo que había hecho ella. Después de unos segundos, sacudió levemente la cabeza y continuó con su camino.

-Eso no me lo esperaba…- murmuró, caminando hacia su automóvil.

Había quedado con Katsura que, después de la reunión que tendría con Shishio, iría a verlo a su casa, y hacia allá se dirigió, para poder afinar detalles sobre los próximos pasos a seguir en adelante.

Llegó rato después, y se encontró que junto a Katsura, estaba Shinsaku también, este último leyendo el periódico, mientras que Katsura veía el noticiero de la tarde. Una vez que el muchacho llegó, toda la atención fue para él.

-Hola- dijo Kenshin, sentándose y sin poner mucha atención a la televisión. -¿Cómo están?

-Oh, muy bien- Shinsaku cerró el periódico y lo miró, sonriente mientras se acomodaba en el sofá. –Quiero que me cuentes todo.

-¿Todo?- preguntó Kenshin, confundido y sin estar seguro de a qué se refería.

-¿Qué? ¿Acaso crees que no sabemos que eres un pretendiente de la hija de Shishio?- Kenshin enrojeció, su cara casi tan colorada como su mismo cabello. Shinsaku se largó a reír, divertido por su reacción, mientras que Katsura lo miraba con una pequeña sonrisa.

-Yo… ¿de dónde saca eso? ¿Quién se lo dijo?- murmuró Kenshin, notablemente avergonzado, pero sin preocuparse de negarlo.

-Tenemos nuestros contactos- sonrió Shinsaku –y no creas que te estamos vigilando, para nada, chico. Sólo que Kaoru es una niña que tiene su importancia dentro de la sociedad, por lo que cualquier pretendiente que haya se conoce dentro de todo el medio…- lo miró con picardía. –Y déjame decirte, muchacho, que tú sí que has causado buena impresión.

-Ya déjalo, Shinsaku- sonrió Katsura, divertido por la situación y la vergüenza que mostraba el pelirrojo. –No le hagas caso, Kenshin, vino exclusivamente para molestarte con Kaoru.

-Le resultó…- murmuró Kenshin, aún bastante avergonzado.

Ya pasado el tema, Kenshin contó lo que había hecho esa tarde con Shishio, los acuerdos logrados y el avance en los negocios. Mientras que hablaba, tanto Shinsaku como Katsura ayudaban al muchacho con las dudas que tenía, y lo guiaban en los próximos pasos de la negociación.

Fue, mientras hacían un pequeño descanso, que Kenshin se dedicó a caminar alrededor del lugar. Habían sido pocas las veces que había ido a la casa de Katsura, y las veces anteriores, no tenía la confianza suficiente como para curiosear en todas partes. Aprovechando que los otros dos fueron por comida, Kenshin caminó alrededor del lugar, llamando su atención una de las fotos.

Mostraba a una muchacha de cabello negro, tez blanca y ojos oscuros. Eso no tiene nada fuera de lo normal, lo que sí lo hizo, era su rostro en sí, que ya lo había visto antes; no demoró mayormente en recordar el lugar donde la había visto.

Justo en esos momentos, los otros dos llegaban.

-Katsura-san- dijo Kenshin, tomando la fotografía en sus manos y mirándolo con la extrañeza pintada en su rostro. -¿Por qué tiene una foto de Mei con usted?


-Me sorprende verte aquí, Aoshi- dijo Souzo, recibiendo a su sobrino en su oficina. Ambos se sentaron en un sofá, tomando café.

-Tenía algunas cosas que preguntarle…- contestó el otro, tan directo como siempre había sido. –La verdad, me gustaría hablarlo con mis padres, pero sé que para ellos este es un tema prohibido, por lo que no me queda de otra que recurrir a usted.

-¿Qué tema?- preguntó Souzo, cada vez más sorprendido.

-Sobre Ikumatsu- contestó Aoshi, y después de unos momentos, se decidió a seguir hablando. Souzo no había mostrado mayor reacción al escuchar ese nombre. -¿Usted conoce a Mei, la hija de Hoji?

-¿Ese idiota tiene una hija?- preguntó entre risas.

-Sí, y debe tener más o menos su edad- contestó Aoshi, quien continuaba con el mismo rostro serio de siempre.

-Bueno, ¿y qué tiene que ver ella con Ikumatsu?- preguntó Souzo, tratando de adivinar las intenciones de su sobrino.

-Ayer estuve hablando con ella un rato- comenzó Aoshi, y sacó su celular. Souzo lo miraba con curiosidad. –Eso no tiene importancia, siempre que nos encontramos conversamos… pero hubo algo que me dijo, que llamó mi atención.

-¿Qué cosa?- preguntó el hombre.

-Me preguntó si estaba enamorado, y yo le respondí… luego comenzó a decir que Ikumatsu también había estado enamorada de un tal Katsura… amigo suyo, ¿cierto?

-Sí…- murmuró el otro, su mente comenzando a trabajar.

-Después dijo habló como si ella misma fuera Ikumatsu- continuó Aoshi, notando cómo Souzo se notaba cada vez más sorprendido. –Todos sabemos que Mei tiene problemas mentales, pero habló con tanta convicción que…

-¿Qué es lo que me estás diciendo, Aoshi?- interrumpió Souzo.

Por toda respuesta, Aoshi le entregó el celular, el cual tenía una fotografía de Mei. Observó muy bien su reacción… y era la que esperaba.


-¿Quién es Mei?- preguntó extrañado Katsura mientras se acercaba al pelirrojo. Él en su vida había escuchado ese nombre, por lo que no tenía sentido que entre sus cosas, hubiera una fotografía de ella.

-Ella…- dijo Kenshin, señalando la fotografía que estaba en sus manos. -La hija de Hoji…

Aún sorprendido por las palabras del pelirrojo, Kogoro se terminó por acercar y después de observar levemente la fotografía, terminó por sonreír.

-No, Kenshin, estás equivocado. Ella es Ikumatsu- dijo después de unos momentos.

Kenshin no contestó, abrió la boca, por la sorpresa de sus palabras, y volvió a mirar la fotografía. Estaba seguro que era Mei, no podía equivocarse.

-¿Qué ocurre con ella, Kenshin?- preguntó Katsura, con seriedad en su voz. Se había dado cuenta que era algo importante.

-… Señor… Ikumatsu está viva…


Hola a tod s los que siguen el fic.

Supongo que más de uno había supuesto lo de Mei, jajaja. Agradezco a Lica, Elisa e Isadi por sus comentarios.
Qué tengan una buena semana!